El nuevo secretario de la ONU expresa un deseo de cambio

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 20/10/16 en: http://www.lanacion.com.ar/1948719-el-nuevo-secretario-de-la-onu-expresa-un-deseo-de-cambio

 

Las Naciones Unidas tienen ya un nuevo Secretario General que asumirá su cargo el 1º de enero de 2017. Es el socialista portugués Antonio Guterres. Reemplazará al surcoreano Ban Ki-moon, que a fin de este año completará una década como el más alto funcionario de la organización internacional.

El jueves pasado, 13 de octubre de 2016, la Asamblea General de la ONU designó a Guterres por aclamación. A los 67 años, el experimentado ex primer ministro de Portugal y ex Alto Comisionado para los Refugiados de las Naciones Unidas representa el deseo generalizado de cambio de rumbo que parece haber prevalecido entre los Estados miembros en la elección reciente. Ese deseo deriva no sólo de una etapa de protagonismo opaco, sino además del malestar que provoca el no haber podido detener la horrible guerra civil siria, ni la crisis de refugiados provocada por ella.

La elección de Antonio Guterres culminó un proceso de selección novedoso, dinámico y con un nivel de transparencia hasta ahora desconocido en las Naciones Unidas. Por lo demás supone haber dejado de lado el principio de la rotación regional cuando de elegir al Secretario General de la ONU se trata. Esta era -teóricamente- la hora de Europa del Este. No fue así. Además, la elección de Guterres se produjo pese a la presión por elegir para conducir a la ONU a una mujer, por primera vez. Al final, como era de suponer, se eligió al mejor candidato.

Guterres, de todas las alternativas, era quien más convocaba. Además su elección sugería que, después de diez años de presencia anodina de Ban Ki-moon, las Naciones Unidas necesitan una suerte de sacudón que asegure un nivel de protagonismo del que la organización internacional careció en los últimos años. En mi opinión, esta última es probablemente la razón central detrás de la elección del nuevo Secretario General. Los Estados miembros, en su mayoría, no estaban conformes con la continuidad de un estilo hipercauto, como el que caracterizara al mandato de Ban Ki-moon.

En ese deseo de “cambio” pudo haber estado el mayor escollo que debió enfrentar nuestra candidata, Susana Malcorra, en su frustrado empeño por tratar de alcanzar el puesto de Secretaria General de las Naciones Unidas.

Ocurre que, por su obvia cercanía con Ban Ki-moon, representaba -bien o mal- la “continuidad”. Más de lo mismo, entonces. Para algunos, ello suponía mantener el andar poco enérgico, casi desteñido. Diligente y tenaz. Pero sin un gramo de osadía. Lo que caracterizó a una gestión incolora, realizada como si se hubiera preferido estar de espaldas al protagonismo.

La oportunidad de Malcorra era, quizás, la de resultar la candidata “de compromiso”; aquella que hubiera podido ser útil para resolver una situación de parálisis por falta de consenso, pero sin variar demasiado el estado de cosas. Ese pudo bien haber sido su rincón. Aunque ello suponía pensar que el Reino Unido pudo estar dispuesto a votar a favor de una argentina; lo que es -por lo menos- dudoso.

Pero esa situación no se dio. La innegable calidad de Guterres al final alineó a todos detrás de su candidatura y terminó siendo aclamado. Resuelto, emprendedor, animoso y a la vez sencillo, el portugués era el candidato que mejor respondía al deseo de “cambio”. De renovación, entonces.

Para Ban Ki-moon, sin embargo, cabe un reconocimiento que no es menor: el de haber abierto, como nunca hasta ahora, el acceso a los más altos cargos internos de las Naciones Unidas a una fuerte e indispensable presencia, la de la mujer. Con todo éxito.

Al dirigirse a la Asamblea General de la ONU tras su designación, el nuevo Secretario General dijo que el verdadero ganador “es la credibilidad de la ONU”, comprometiéndose a trabajar “como un constructor de puentes” en la búsqueda de las soluciones necesarias. Esa afirmación fue recibida con un aplauso cerrado por los representantes de los Estados miembros, que se pusieron de pie en señal de apoyo y satisfacción.

Muchos esperan también que el nuevo Secretario General se anime a realizar las reformas internas necesarias, no sólo para hacer a la organización más eficiente, sino más vigorosa y efectiva.

Antonio Guterres sabe bien cuan complejo y riesgoso es trabajar en los conflictos armados y cuan profundas son las heridas que ellos provocan, particularmente en los civiles inocentes. En el particular mundo de los refugiados y desplazados sus instintos políticos, su coraje y su eficiencia han merecido siempre el aplauso de la comunidad internacional. De alguna manera Guterres compitió con una estatura distinta. Por eso el apoyo unánime final que recibió en el Consejo de Seguridad.

Alguno ha dicho que Guterres es “el mejor capitán posible” para un período de tormentas e inestabilidad. Es así. Tiene capacidad de unir y es particularmente hábil al tiempo de buscar consensos. En su trayectoria ha sido siempre un reformista en busca de mayor eficacia. A diferencia de Ban Ki-moon, cuyas dotes de comunicador no son altas, Guterres sabe ser convincente y hasta carismático. Por esto, la primera tarea del nuevo Secretario General deberá ser la de sacudir a la organización administrativa de las Naciones Unidas y realizar en ella los cambios necesarios para mejorar su accionar. Deberá también designar su equipo principal, con las potencias del mundo presionando como siempre para poner a sus respectivos nacionales en los más altos puestos de la nueva administración. De modo de no sólo participar, sino también influir.

Impulsado por el deseo de cambio, Guterres iniciará su mandato con la buena voluntad de quienes, esperanzados, lo prefirieron para el más alto cargo administrativo de las Naciones Unidas. Entre sus competidores, ya definitivamente relegados, hay personas de calidad excepcional a las que el nuevo Secretario General conoce bien. No es imposible que recurra a algunas de ellas por su capacidad y experiencia, para asegurar así una transición ordenada y conformar un equipo de primer nivel.

Para la República Argentina es hora de volver a cooperar en todos los frentes con las Naciones Unidas, organización que es mucho más que un podio desde el cual batir retóricamente el parche de ideologías que no se corresponden con el mundo de hoy. Por eso el apoyo argentino debe ser horizontal, incluyendo todos los frentes de acción en los que las Naciones Unidas trabaja. A lo antedicho debiera sumarse un cambio de actitud coherente con la necesidad de incrementar la colaboración, que debería expresarse evitando los largos atrasos en los pagos de cuotas y contribuciones que caracterizaron a nuestra conducta de la última década.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

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