El populismo: falaz, incluso en el lenguaje

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 7/6/16 en http: http://www.rionegro.com.ar/columnistas/el-populismo-falaz-incluso-en-el-lenguaje-IY472138

 

Según la célebre frase de John Emerich Edward Dalberg Acton (conocido como Lord Acton), un historiador católico y liberal y político inglés, “Power tends to corrupt, and absolute power corrupts absolutely” (literalmente: “El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”).

La frase se suele utilizar para remover las dificultades provocadas por los casos de corrupción que se dan en instituciones o ámbitos políticos, corroborándose que el control del poder no existe o se encuentra maniatado por miedo o por interés. Justamente, el conjunto de preceptos que rigen el desarrollo del populismo.

El populismo latinoamericano es una viva manifestación que utilizan algunos especialistas para calificar a movimientos o expresiones políticas de América. En muchos casos, la locución se ha utilizado como la obtención de clientela electoral, los movimientos sociales, e incluso se ha dicho que es un modelo de Estado.

El fenómeno populista se concentra en estudiar la conformación social y mental de la base popular, principal sostén de los regímenes de poder. La organización popular, también llamada subalterna, es fundamental para comprender las subjetividades y, mediante el acercamiento del lenguaje, definir la estrategia más efectiva que se ha de emplear entre gobernantes y gobernados.

El análisis del discurso, como manifestación de causas, acapara gran atención y ayuda a construir fines e interpretaciones del fenómeno. Por este medio, se detecta que la personalidad del líder, asociada con elementos culturales del pueblo, se hace evidente en la retórica política. Se puede advertir, entonces, que el líder no es un simple tipo ideal, manipulador, demagogo, artero, movido por la racionalidad, sino que en él confluyen fundamentos míticos y el lenguaje cotidiano de la gente común.

“A todos y a todas”, “argentinos y argentinas”, “ciudadanos y ciudadanas” y otros tantos latiguillos lingüísticos tan comunes en las expresiones de la expresidente Cristina Fernández y del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, quienes comienzan siempre sus discursos dirigiéndose “a todos y a todas” como una forma de vender un falso populismo.

Frente a ese uso del lenguaje, la Real Academia Española, también conocida por sus siglas RAE −que se dedica a la regularización lingüística normativa de la unidad idiomática (entre o dentro de los diversos territorios que componen el llamado mundo hispanohablante)−, llamó a la reflexión y defendió el uso genérico del masculino para designar los dos sexos, pues está muy asentado en el sistema gramatical y no tiene sentido forzar las estructuras lingüísticas.

También se opuso a aquello que considera artificial y derivado de la exposición pública. “Los ciudadanos y las ciudadanas”, “los niños y las niñas”. Estos desdoblamientos son ficticios e innecesarios desde el punto de vista lingüístico. “En los sustantivos que designan seres animados existe la posibilidad del uso genérico del masculino para designar la clase, es decir a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos”. Por ejemplo: todos los ciudadanos mayores tienen 21 años o más.

La mención que expresa clara y determinadamente una cosa del género femenino sólo se justifica cuando la oposición de sexos es relevante en el contexto. Por ejemplo, la incidencia de tal enfermedad es similar en los ancianos y las ancianas de esa edad. La tendencia populista del desdoblamiento indiscriminado del sustantivo, en su forma masculina y femenina, “va contra el principio de economía del lenguaje y se funda en razones extralingüísticas”. En consecuencia, deben evitarse estas repeticiones que, además de provocar yerros sintácticos y de concordancia, dificultan innecesariamente la redacción y lectura de textos.

“El uso genérico del masculino se basa en su condición de término no marcado en la oposición masculino/femenino”. En tal sentido, no es correcto utilizar el femenino para aludir conjuntamente a ambos sexos y no es relevante el número de individuos de cada sexo que formen parte del conjunto. Por consiguiente, los niños es la única forma acertada de referirse a un grupo mixto, aunque el número de niñas sea superior al de niños varones.

El populismo en sí no tiene una base organizativa característica, pues, lejos de subsumirse a una doctrina unificadora, actúa en relación directa con la masa a partir de la utilización del lenguaje mediante diversos mecanismos de comunicación. Y cuestiona con contundencia e ironía su contexto vivencial.

En síntesis, el populismo cambia las formas en la que los líderes políticos, de pretendidas tendencias mesiánicas, se relacionan con las masas. Esa suerte de ídolo ejerce el poder en términos personalísimos y se sirve de adláteres que subordinaron su dignidad, o falta de ella, a ocasionales ventajas cuantitativas. Aun peor, lo que más pena da son los ejércitos de militantes que abultan y ofician de carnaza, pues cargan sobre sí el riesgo o daño que incumbe a otros; al tiempo que, sin saber por qué, sucumben ante el encantamiento del líder, a la vez accesible, altivo, pasional y estremecedor, ¡pero esencialmente falaz, incluso en el lenguaje!.

 

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), profesor titular e investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.

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