¡Otra vez controles de precios!

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 1/5/16 en: http://www.rionegro.com.ar/columnistas/otra-vez-controles-de-precios-XB300415

 

El sábado pasado, el gobierno prorrogó el programa Precios Cuidados hasta el mes de septiembre y aseguró que será “inflexible” en el cumplimiento de las cifras estipuladas en el acuerdo. Al mismo tiempo, buscó legitimar esta medida bajo el argumento de que se trata de una política “valorada por la gente”.

Francisco Cabrera, el ministro de Producción, explicó que la suba promedio de los productos en estos cuatro meses será del 4,8% y que se amplía la cantidad hasta 400; las carnes se suman al programa entre los 83 nuevos productos. Luego, el ministro señaló: “No tenemos prejuicios de que todo esté mal o todo esté bien”, para finalizar de la siguiente manera: “No recuerdo nunca una crítica a un acuerdo de precios, porque son voluntarios. Lo que hubo (durante el kirchnerismo) fue patoterismo”.

Por su parte, Javier Tizado (h.), el subsecretario de Comercio Interior, resaltó que “el gobierno va a ser inflexible en el cumplimiento del programa Precios Cuidados” y sostuvo que va a ser muy severo con los comercios que no respeten el acuerdo.

Ahora, si los acuerdos son voluntarios, se debe poner el foco al menos en dos cuestiones: primero, ¿es necesario que el gobierno involucre ministros, subsecretarios, directores y un interminable número de empleados? Sobre todo, cuando ello implica una cuantiosa carga salarial que contribuye, además, a incrementar el déficit fiscal –uno de los problemas que más compromete a la actual administración–, tan sólo para refrendar la voluntad de las partes; luego, y no menos importante, la inflexibilidad frente al incumplimiento más lo severo de las penalidades dejan en claro que los “acuerdos” “no son voluntarios”.

Por otra parte, se debe señalar que la planificación si no es coactiva resulta superflua; pero no inofensiva debido a los gastos señalados que demanda.

Como dijo Milton Friedman, premio Nobel de Economía 1976: “Los economistas no sabemos demasiado, pero lo que sí sabemos es crear escasez. Si usted desea crear una escasez de tomates, por ejemplo, emita una ley por la que los negocios no puedan vender tomates a más de dos centavos por kilo. Instantáneamente tendrá escasez de tomates. Lo mismo sucede con la gasolina o el gas”.

Con diferencia de grados y matices, la experiencia histórica argentina se ha caracterizado porque hubo varios intentos de modificar la distribución de rentas. Para ello, reiteradamente, se ha intentado una y otra vez controlar a la baja los precios de algunos, varios o todos los bienes de la economía. Pero los resultados, y esto es inexorable, nunca fueron los buscados.

Distintas facciones defensoras de la intervención en los precios, como el peronismo, desarrollismo y todas las agrupaciones y partidos políticos a los que el lector imagine le cuadra el sufijo “ismo”, si bien no son iguales, poseen en común una ideología “nacionalista” y procuran seguir una política económica que satisfaga las aspiraciones de las mayorías populares. Como dijo Adolfo Canitrot, “a esa política se la llama, aquí, populista”.

Como objetivo se propone mejorar las condiciones de vida de los sectores de medianos y bajos ingresos, aunque, también se dice, sin alterar fundamentalmente la estructura de propiedad y las relaciones económicas vigentes. Pero los intentos de redistribución fracasan en cuanto se los pretende perdurables, ya porque operan las propias características que esas experiencias engendran al ponerse en marcha elementos objetivos que han de ponerles fin, ya porque son comidos por la inflación o trastrocados abruptamente por la aplicación de políticas de signo contrario.

En cambio, mal que les pese a los economistas, no se pueden moldear los hechos a su antojo. Sólo se puede apelar a escudriñar sobre las verdaderas causas que provocan determinados hechos económicos. Y los controles de precios, propiamente, pretenden sojuzgar las verdaderas causas generadoras de la inflación: la expansión monetaria por encima de la demanda del mercado.

Dicha política, lejos de solucionar el problema, acentúa los males. Porque a los problemas de escasez generados se les suma la mala inversión, que altera los márgenes operativos, ahuyentando capitales donde debía atraerlos y atrayéndolos donde no resultaba tan urgente su inversión. En síntesis, la medida que buscaba favorecer a los consumidores los termina perjudicando.

 

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), profesor titular e investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.

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