¿Un acierto estratégico o un matrimonio mal avenido?

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 26/4/16 en: http://www.rionegro.com.ar/diario/un-acierto-estrategico-o-un-matrimonio-mal-avenido-8138413-9539-nota.aspx

 

La importancia histórica de la relación comercial entre Argentina y Brasil constituyó desde el inicio un hecho subyacente, pues se podía observar que la intensidad de los intercambios entre ambos países estaba sujeta a la tensión latente de sus relaciones y a las circunstancias que súbitamente derivaban en situaciones de conflicto.

En parte, dicha ambivalencia se explica por el pasado colonial. Ambos países heredaron una rivalidad existente entre dos imperios europeos, español y portugués, cuyo punto de encuentro en América del Sur fue la frontera que osciló durante más de tres siglos bajo las formas de migraciones, tratados y armas.

Más tarde, la emancipación de Argentina y Brasil −en más y menos doscientos años de historia, respectivamente− no produjo grandes cambios en el proceso de intercambio comercial entre ambos países, ya que también estuvo caracterizada por turbulencias y disputas, y no por una correspondencia mutua de armonía y cooperación. Sin embargo, a pesar de sus gobiernos, ambos países se han convertido en la actualidad en los principales socios comerciales de Latinoamérica.

La relaciones comerciales argentino-brasileñas siempre fueron muy relevantes, pero rara vez han figurado en el primer plano de las prioridades estratégicas de los dos países. Así lo expresó el empresario Fernando Barra en importante evento privado, semanas atrás, en la sala del Paraninfo –Rectorado de la Universidad Nacional del Litoral−, edificio que ha trascendido porque ha sido sede en dos oportunidades de la Convención Nacional Constituyente, 1957 y 1994.

La tensión bilateral, lejos de terminar con la independencia de ambos países, se puso de manifiesto por la creciente presencia del Estado y, consecuentemente, menor esfera del mercado. Quizás no se ha advertido con el debido rigor que para poder importar es necesario exportar; de lo contrario, no habrá posibilidades de comprar en el extranjero.

Al eliminarse las barreras aduaneras, la mayor cantidad de bienes y servicios disponibles reportará mayores ingresos y salarios en términos reales, pues se podrán comprar bienes a un precio más bajo e incluso artículos de mejor calidad. Como se ha dicho, el nivel de importación dependerá de las posibilidades previas de exportación y esa es la razón por la cual resulta imperativo comprender que proteccionismo significa protección para unos pocos y desprotección para el conjunto de la comunidad.

Frente a los hechos, la solución intentada por los gobiernos ha sido implementar una especie de colusión regional. El Tratado de Asunción, de 1991, sentó las bases para la constitución de un mercado común entre la Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, el Mercosur. Naturalmente, se erigieron barreras y aranceles externos hacia otros países.

Alianzas de este tipo se caracterizan por perseguir diferentes tipos de objetivos, tales como: reducir y eliminar gradualmente las trabas al comercio; impulsar el desarrollo de vínculos de solidaridad y cooperación; promover el desarrollo económico y social de la región en forma armónica y equilibrada a fin de asegurar un mejor nivel de vida para sus pueblos; renovar el proceso de integración y establecer mecanismos aplicables a la realidad regional; crear un área de preferencias económicas, teniendo como objetivo final una armonización plena de sus políticas macroeconómicas, con el fin del establecimiento real de un mercado común.

Pero la globalización no se trata de crear bloques defensivos contra otras regiones, sino de abrirse al mundo y aprovechar en su magnitud y cuantía las ventajas del comercio.

No es el Mercosur la manera más eficiente de abrirse al mundo, sobre todo porque las prácticas recientes de ambos lados de las fronteras no obedecen a una estrategia de largo plazo sino, simplemente, a un sinnúmero de atajos para atender la coyuntura. Medidas que encajan exactamente en el viejo aforismo popular que dice: “De buenas intenciones está empedrado el camino del infierno”. Pues de nada sirven los “buenos propósitos” si no se tienen en consideración los derechos de sus socios comerciales y se vulnera reiteradamente el marco institucional.

Tanto Brasil como Argentina, con gobiernos fuertemente populistas (al menos hasta los mutuos escándalos de corrupción), han convertido la justicia social en el argumento más efectista de la discusión política. Y, al amparo de esas prácticas, se ha defendido todo tipo de abusos, arbitrariedades y caprichos. Quizás como el matrimonio mal avenido, de reflejo correcto para la sociedad, se obligan a continuar la relación muy a su pesar.

 

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), profesor titular e investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.

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