El matrimonio Kirchner y la ambigüedad del término “social”

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 5/4/16 en: http://www.rionegro.com.ar/diario/el-matrimonio-kirchner-y-la-ambiguedad-del-termino-social-8114236-9539-nota.aspx

 

Cuando se admite la existencia de determinadas convenciones es evidente que no resultará fácil apartarse de ellas y formular con precisión cualquier idea que difiera de la tradicional manera de ver las cosas. Por ello, son numerosas las dificultades con que tropieza el análisis y juicio de nuestras propias concepciones, ya que muchas de las más difundidas convicciones se encuentran a cubierto de toda crítica.

Este es el caso particular de la cuestión social. Desde este punto de vista, Carballeda se anima a decir que lo social refiere a un conjunto de circunstancias que interpelan a la sociedad (no sólo se relaciona con la pobreza, sino también con sus formas, procesos e impactos que toman forma cotidianamente en la vida de las personas); o Grassi, en “Políticas y problemas sociales en la sociedad neoliberal. La otra década infame”, alude a la política social como “la denominación genérica de la forma política de la cuestión social”, opinión que en su universo teórico, también discutible por cierto, muestra el sentido de la acción estatal en la “producción de la vida”.

Dichas interpretaciones anclan en el análisis de la problemática social en las sociedades capitalistas modernas, prestando atención al proceso político de “producción de la realidad de la pobreza” y el desempleo. Tal como se supone, un principio de desigualdad cuya génesis se halla en la relación de subordinación directa del trabajo con respecto a la primacía del capital.

Según se dice, la cuestión social acompaña la evolución del capitalismo desde sus orígenes, como efecto y causa de sus procesos de creación y desarrollo. De allí que los cambios y transformaciones en todos los campos de la vida social que esta implicaba, las intervenciones sociales del Estado a que dieron lugar y sus consecuencias recientes (las políticas sociales que dieron lugar a los más grandes abusos de la historia económica en la República Argentina) fueron y serán objeto de debate entre las distintas miradas y posturas teóricas y políticas.

Hayek por su parte, en su obra “The Fatal Conceit: The Errors of Socialism”, explica que, aun cuando es equívoco el sustantivo sociedad, mucho más lo es el adjetivo social, probablemente la principal fuente de confusión del vocabulario moral y político. La perplejidad provocada por la clase de palabra que denota cualidades, propiedades y relaciones de diversa naturaleza es la respuesta al intento de describir no sólo determinadas circunstancias de algún fenómeno de colaboración, sino de ciertas modalidades que promueven la creación y preservación de diversos órdenes de la sociedad.

Desde el carácter dicotómico del término social se intenta reemplazar el concepto de bueno mediante lo que se considera aceptable desde el punto de vista moral. Pero Wieser nunca dejó de insistir en que ser social nada tenía que ver con ser justo o bondadoso, ni probo a la luz de Dios. La extensión de tal proceso ha tenido lugar a partir de la Alemania de Bismark y su poderosa influencia ha alcanzado todas las regiones de mundo, incluso en la actualidad.

En efecto, una vez creadas las condiciones, la facción guiada por el impulso de oscuros intereses en nombre de la cuestión social conculcó los derechos de ciudadanos y subvirtió la protección y garantías de sus gobernados. La planificación consciente supone autorizar al gobernante para que, por su exclusiva decisión y amparo, resuelva e imponga: el método de Néstor y Cristina Kirchner.

En este sentido, el adjetivo social se ha convertido, cada vez más, en un conjunto de exhortaciones o consignas tendientes a desplazar la idea moral tradicional (aun cuando sea tan equívoco su significado) por los beneficios de unos pocos. Así se ilustra en el grotesco de La Cámpora o modo nacional y popular que permite calificar por sí mismo a cada uno de sus integrantes, pero que proscribe al resto de las personas de hacerlo −implícita o explícitamente−, quienes por oposición a los intereses en juego no serían ni nacionales ni populares. “A defender al gobierno nacional y popular. No a la extorsión de la Sociedad Rural. Sí a la redistribución de la riqueza. Sí a las retenciones. ¡Viva Cristina!” Agrupación La Cámpora, 2008.

“El término social se ha convertido en lo que algunos norteamericanos suelen denominar un ‘término comadreja’, expresión sin duda derivada del verso de Shakespeare: ‘De cualquier canción puedo extraer la melancolía, al igual que la comadreja sorbe el jugo del huevo’. La comadreja, en efecto, es capaz de vaciar un huevo sin perturbar la envoltura. Pues bien, de manera semejante, también el término ‘social’ suele vaciar de contenido a cualquier palabra que se le aplique, aunque aparentemente nada anormal haya sucedido. Se recurre a la palabra comadreja cuando se quiere seguir haciendo uso de vocablos de los que no es posible prescindir y, al mismo tiempo, evitar las implicaciones de las propias premisas ideológicas”.

Parafraseando a Hayek: ¡la comadreja es al huevo lo que la justicia social, a la ecuanimidad; o la corrupción, a la obra pública!

 

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), profesor titular e investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.

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