Argentina: Porqué el gobierno no debe endeudarse

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 25/4/16 en: http://independent.typepad.com/elindependent/2016/04/argentina-porqu%C3%A9-el-gobierno-no-debe-endeudarse.html

 

La mayoría de los economistas, que pretenden imponer planes de vida a los demás, afirman que no es bueno ni malo que lo gobiernos se endeuden y,  continúan diciendo, que todo depende cuáles son los motivos que dan origen a la deuda en cuestión. En la Argentina de hoy, el gobierno tuvo que acudir al empréstito externo ante un fallo judicial adverso, consecuencia de  15 años de default, pero en modo alguno una situación extraordinaria debe convertirse en regla de política económica.

Desde el sito oficial del Ministerio de Hacienda y Finanzas Públicas, se afirma que el ministro Alfonso Prat-Gay calificó como “tremendamente exitosa” la emisión de bonos de deuda que lanzó la Argentina (con una demanda de más de 60 mil millones de dólares), del pasado martes 19 de abril. Al mismo tiempo, la principal autoridad del ministerio afirmó que ahora “empieza un nuevo camino que nos llevará a la inversión y al trabajo digno”.

Con igual fuente, se destacan otras opiniones del ministro: “Esta es la demanda más grande de la historia para un bono o acción de un Gobierno o empresa de mercados emergentes. Está posiblemente entre las 20 más grandes de la historia para una emisión de un país que todavía hoy está en default”. Prat-Gay también resaltó que el Gobierno no está “en una etapa de ajuste; al contrario, estamos poniendo el foco fiscal en los más débiles y vulnerables”, “la salida del default supone un impulso para la atracción de inversiones que permitirán el desarrollo del ambicioso plan de infraestructura que tiene el Gobierno del Presidente Mauricio Macri”.

En razón de lo expuesto, el ministro estaría dispuesto a volver a colocar deuda en el segundo semestre del año si observa (como estima el equipo de Finanzas) que las tasas posteriores al pago a los holdouts se reducen considerablemente. Todo ello, presuntamente sujeto a una hipotética mejora de los indicadores económicos.

Pues bien, ¡las cartas están echadas! Como indica el antiguo y popular axioma del derecho: a confesión de parte, relevo de pruebas. El gobierno implementará medidas activas de política económica sustentadas en la fundamentación keynesiana, dicho sea de paso, a pesar de los esfuerzos realizados por el Banco Central y a pesar de la generalizada creencia de que el gobierno de Macri es de raíz liberal.

Este tipo de argumentación sugiere que se formule la siguiente pregunta, ¿es necesario confiar al gobierno, una vez más, como en los últimos setenta años, el tipo de políticas que nos llevaron a esta crisis? La opinión de Axel Leijonhufvud deja en claro una interesante visión al respecto: “En nuestros días, muchos economistas prominentes entienden que la obra de Keynes tiene fallas tan profundas, está incluso tan colmada de errores, que no es necesario estudiarla. De hecho, prevalece la opinión de que la revolución keynesiana en lo tocante a la política macroeconómica fue un interludio infortunado que hoy ya ha sido superado”.

Pero no es cierto que “Keynes ha muerto”, el intervencionismo de los gobiernos es una amenaza cierta y creciente para la economía del globo. Y el keynesianismo, en sus múltiples vertientes, representa la más sofisticada estrategia para socavar los derechos de los contribuyentes. En los hechos, su síndrome florece en las oficinas de Hipólito Irigoyen 250 de la ciudad Autónoma de Buenos Aires, el Ministerio de Hacienda y Finanzas Públicas de la República Argentina −antes con Axel Kicillof, ahora con Alfonso Prat-Gay−.

Kicillof, en su infructuoso intento de financiar el déficit con endeudamiento externo, tuvo que ajustarse al único instrumento que le quedaba, la expansión monetaria. Prat-Gay, en cambio, hará realidad el sueño de su antecesor: dar rienda suelta a la deuda pública.

Se debe tener bien presente que la deuda pública a largo plazo es un argumento extraño y perturbador, principalmente, porque en ninguna empresa humana existen valores eternos. La deuda pública a largo plazo presupone la estabilidad del poder adquisitivo del dinero. Y esa idea de estabilizar el poder adquisitivo de la moneda surgió del deseo de crear una esfera inmune al incesante fluir de las cosas humanas, tal la soberbia exposición de Ludwig von Mises.

Manera extraña, si la hay, de ver a la ciencia económica, y que llevó a conjeturar la asunción de una tasa libre de riesgo. Un concepto teórico de la economía que consiste en la existencia de una alternativa de inversión sin riesgos para el inversionista. El planteamiento ofrece un rendimiento seguro en unidades monetarias a plazos prefijados, donde no existen riesgos crediticios ni de reinversión ya que, vencido el período, se dispondrá inexorablemente del efectivo. En la práctica, se suele asociar el concepto con el rendimiento de los bonos a diez años del Tesoro Estados Unidos. Como la inversión es libre de riesgo, se considera que la probabilidad de no pago de un bono emitido por Estados Unidos, al plazo indicado, es cero.

Países como el nuestro, en cambio, y todos los demás del orbe, según su riesgo implícito serán catalogados conforme la metodología del J. P. Morgan Chase. Un estándar de puntos básicos que expresa la prima de riesgo con base al comportamiento de la deuda soberana. La penalidad será más alta cuanto menor sea la certeza de que el país honre sus obligaciones, y viceversa.

Los préstamos públicos rara vez han sido redimidos honrando el reembolso de su capital. Más bien, la corriente ha sido siempre ir acumulando nuevas deudas sobre las antiguas, así lo refleja la historia financiera del último siglo. Y su resultado, además de ahuyentar los capitales privados invertidos en esos países, son la pobreza y el atraso de los supuestos beneficiarios.

 

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), profesor titular e investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.

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