Cervantes y Shakespeare en Borges

Por Alejandra Salinas: Publicado el 22/4/16 en:  https://es.scribd.com/doc/310098328/Cervantes-y-Shakespeare-en-Borges

 

En estos días se cumplen 400 años de las muertes de Cervantes y de Shakespeare, y me pareció oportuno compartir y comentar algunas de las opiniones de Borges sobre estos dos “genios” de la literatura.

Primero, Cervantes y el Quijote. En su Discurso de aceptación del Premio Cervantes (1979) Borges comenta: “(…) recuerdo la primera vez que leí el Quijote, allá por los años 1908 o 1907, y creo que sentí, aun entonces, el hecho de que, a pesar del título engañoso, el héroe no es don Quijote, el héroe es aquel hidalgo manchego, o señor provinciano que diríamos ahora, que a fuerza de leer la materia de Bretaña, la materia de Francia, la materia de Roma la Grande, quiere ser un paladín, quiere ser un Amadís de Gaula, por ejemplo, o Palmerín o quien fuera, ese hidalgo que se impone esa tarea que algunas veces consigue: ser don Quijote, y que al final comprueba que no lo es; al final vuelve a ser Alonso Quijano, es decir, que hay realmente ese protagonista que suele olvidarse, este Alonso Quijano.”

Algunos años más tarde, durante  una conversación con el público que tuvo lugar en ESEADE el 23 de septiembre de 1985, Borges comenta:

“Me gustaría no perder la segunda parte del Quijote. La primera es percances físicos, esa sí la pierdo; el primer capítulo es tan abominable. No, ¿para qué perder algo? Tratemos de conservar lo poco que tenemos. No sé si se ha insistido en que las dos partes son esencialmente distintas. Ya que en la primera Alonso es un intruso, Alonso Quijano llega y tiene que sobrellevar una España hostil: recibe palizas, insultos, improperios. En la segunda parte han pasado diez años, España entera lo está esperando, se hace cómplice de su locura. Por eso es tan terrible el último capítulo cuando Quijote a pesar de haber sido alentado por toda España, se da cuenta de que no ha sido nunca Don Quijote, que ha sido Alonso Quijano. Por eso es tan terrible su muerte, el hecho de que se arrepienta de esa locura: no muere – como decía Almafuerte – en la ley de su locura, que es lo que uno hubiera querido, que muriera creyendo que era Quijote. Se resigna a haber soñado, a haber sido todo el tiempo Alonso Quijano el bueno. Por eso es tan patético el último capítulo”.

Lo que me resulta interesante de estas citas es el retrato de Alonso Quijano y de su proyecto inspirado en lo que Borges llama la “materia” de Bretaña, Francia, y Roma. Esta materia no es otra que la civilización occidental y sus valores. Al fin de la Segunda Guerra Mundial el autor argentino escribe: “Decir que ha vencido Inglaterra es decir que la cultura occidental ha vencido, es decir que Roma ha vencido; también es decir que ha vencido la secreta porción de divinidad que hay en el alma de todo hombre, aun del verdugo destrozado por la victoria” (“Nota sobre la paz”, Sur, 1945). Podría decirse que el Quijano de Borges también sueña con difundir y defender esa “secreta porción de divinidad” y que, si bien muere desencantado por no haber triunfado como Quijote, su figura sobrevive triunfal en la lectura de Borges, que lo asocia a un proyecto político tan noble (y tan loco) como el de promover la paz, la libertad y la dignidad.

Una asociación similar entre ficción y política se desprende de la mención de Shakespeare en un poema escrito también en tiempos bélicos. Borges vincula al dramaturgo inglés con la defensa de la civilización occidental y con la “cíclica batalla de Waterloo”: “Que no profanen tu sagrado suelo, Inglaterra, el jabalí alemán y la hiena italiana. Isla de Shakespeare, que tus hijos te salven” (“A cierta sombra”, 1940).  Creo que la imagen del suelo inglés a punto de ser “pisoteado” –y hasta “devorado”- por bestias es bastante fiel al Shakespeare de las tragedias políticas con tono más brutal (Ricardo III, Macbeth, Julio César). Al sugerir que la cultura occidental simbolizada en Shakespeare y en Inglaterra podía ser víctima fatal de la barbarie, Borges nos invita a reflexionar sobre el vínculo íntimo entre libertades civiles y libertad política: sin ésta, no existen aquellas.

En suma: creo que el valioso aporte de Cervantes, Shakespeare y Borges- y de la buena literatura en general- es ayudarnos a reflexionar sobre estos y otros temas retratando con belleza literaria las grandezas y las miserias de la política, que no son otras que las grandezas y las miserias de la condición humana.

 

Alejandra M. Salinas es Licenciada en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales y Doctora en Sociología. Fue Directora del Departamento de Economía y Ciencias Sociales de ESEADE y de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas. Es Secretaria de Investigación y Profesora de las Asignaturas: Teoría Social, Sociología I y Taller de Tesis de ESEADE.

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