Ciencia y las falsedades

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 30/3/16 en: http://www.eldiarioexterior.com/ciencia-y-las-falsedades-47480.htm

 

Hoy la mayoría de los postulados que pasan por científicos no resisten el menor análisis. Es muy común, por caso, que “prestigiosas” instituciones lancen estadísticas, con ánimos de probar determinadas hipótesis, y suelen ser creídas por la opinión pública debido a una abrumadora propaganda. Un postulado científico necesita de tres condiciones necesarias mínimas, pero no suficientes. ¿Cuál es la condición suficiente? Al contrario de lo que pregona el racionalismo, no existe condición suficiente, es decir, que en la ciencia humana nada es definitivamente -absolutamente- verdadero jamás. Solo tenemos hipótesis que utilizamos en tanto sean útiles y, de base, cumplan con las tres condiciones necesarias que mencionaba. Estas tres condiciones son las siguientes: primero, no debe contradecir principios básicos, para decirlo de forma muy elemental, no puede decirse que lo malo es bueno. Segundo, debe tener una demostración lógica simple y razonable y, tercero, debe quedar corroborado por datos empíricos independientes y reiterados.

Veamos un caso de falsedad científica. La OCDE y la CEPAL son organismos -multi- estatales y, por tanto, deben justificar los impuestos porque de eso viven los Estados que los financian, sobretodo hoy cuando los enormes déficits, de los gobiernos alrededor del mundo, necesitan justificar un aumento impositivo. Así, acaban de lanzar documentos, que pretenden que son “científicos”, donde insinúan que cobrar más impuestos enriquece a los países y que -viva la demagogia- cobrarles más a los ricos es de justicia. Según el documento “Tributación para un crecimiento inclusivo” de la CEPAL y OXFAM, en algunos países de Latino América, el estrato de mayores ingresos paga entre el 1% y el 3% de su ingreso bruto, cuando en EE.UU. la tasa para el 10% más rico es de 14,2% y en algunos países de la Unión Europea (UE) supera el 20%. Según el informe, en la región el impuesto sobre la renta de las personas físicas logra una reducción de la desigualdad de 2,1% medida por el coeficiente de Gini mientras que en la UE es del 11,6%.

La recaudación de impuestos sería, en general, demasiado baja para las necesidades mínimas en salud y educación públicas. La tasa media de recaudación tributaria en términos porcentuales del PBI se elevó en la región del 21,5 % registrado en 2013 al 21,7 % en 2014 quedando lejos de los países de la OCDE, donde el coeficiente alcanzó en 2014 un promedio del 34,4 %. No hay duda de que estos porcentajes y cifras -en alguna medida- están dibujados o calculados caprichosamente, pero supongamos que son reales. La presión real del Estado sobre el mercado no termina en la recaudación impositiva. Debe sumársele la inflación -y la corrupción- entre otras cosas. Es imposible calcular cuánto significa la inflación en términos de “presión fiscal”, pero si al 32,2% que dicen que tiene Argentina le sumamos lo que se “recauda” por vía del 35% de inflación, sin dudas la presión fiscal total supera a la europea y de aquí, al contrario de lo que dicen estos organismos, procede la pobreza argentina.

Pero volvamos a los tres principios fundamentales. Primero, la recaudación impositiva no puede ser buena porque contradice un principio básico: la violencia siempre destruye. Segundo (y explico el primero), al contrario del mercado, donde las personas pagan por aquello que les conviene -y se produce la eficiencia porque cada parte recibe lo que mejor le viene- el Estado fuerza a pagar, utilizando su monopolio de la violencia, aunque lo que se ofrece no convenga. Y al tercer principio, ya lo vimos. Aun suponiendo que las cifras, los datos empíricos, dados por estos organismos sean ciertos, la presión fiscal total -impositiva, inflacionaria, corrupción, etc.- es muy superior en los países pobres y así, precisamente se produce su pobreza porqueel Estado malgasta los recursos ya que, siendo coactivo, evita la eficiencia que se produce cuando cada persona tiene la posibilidad de utilizar voluntariamente sus recursos en aquello que le conviene. Hablando de inflación, recordemos que no es el aumento “generalizado” de precios. La variación de precios es necesaria para la eficiencia del mercado. La inflación es la oferta de dinero por sobre lo que el mercado demanda en tiempo real, de modo que nunca puede ser responsabilidad del empresario, ni siquiera secundaria como dice el gobierno. Por tanto, basados en argumentos falaces, no es creíble que logren bajar la inflación en el segundo semestre, como dice Macri.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

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