EL ATAQUE A LA INFLACIÓN NO DA MÁRGEN DE ERROR

Por Bertie Benegas Lynch. Publicado el 15/2/16 en: Ámbito Financiero.

 

Descuento que las intenciones del nuevo gobierno son buenas y están enfocadas a revertir la delicada situación del país pero, para cualquier orden de la vida, los balances parciales o previos a decisiones importantes, deben ser siempre coherentes con la dirección hacia el objetivo final.

 

En materia económica, le toca a los gobernantes actuales menudo desafío, no porque tenga difícil solución sino porque tiene un alto costo político. Es como una final de fiesta de adolecentes en la que, el último que se quedó, debe dar a los padres la noticia de que su casa está hecha añicos. No habrá soluciones mágicas ni forma de volver atrás. Habrá que ponerse a barrer, limpiar las paredes y volver a ahorrar para comprar vasos, platos y algunos muebles. Si se pretende no enfrentar la realidad dándole información falsa o engañosa a los dueños de casa respecto de los sucesos, no solo no se tomará el camino hacia una solución sino que se gastarán energías en direcciones contraproducentes.

 

El gobierno no debe quedar atrapado en el tiempo abordando el mismo problema con el mismo enfoque de sus muchos antecesores porque llevaría al mismo fracaso. Desde que tengo uso de razón, los equipos económicos gobernantes quieren combatir la inflación con “controles de precios por subas injustificadas”, tal como señalara el gobierno actual hace pocos días. El preparado equipo económico, no ignora que la inflación es una distorsión en los precios relativos provocada únicamente por un aumento en la masa monetaria ajena al mercado. En resumen, la falsificación legal de moneda a manos del gobierno es la que produce la pérdida en el poder adquisitivo y distorsiones en las señales del mercado. En ningún sentido ni grado tienen que ver en ello el productor, el minorista, el consumidor, el intermediario o cualquier otro chivo expiatorio que facilite, al verdadero responsable, pasar inadvertido.

 

Tampoco existe tal cosa como inflación de costos ya que el precio está determinado por el valor que el comprador otorgue al bien o al servicio y a nadie le importará los costos que ha debido asumir el productor para poner el producto en la góndola. También resulta falaz la llamada inflación de expectativas. Si un eventual aumento en el precio guiado por expectativas no se plasma en una demanda concreta, simplemente no tendrá las ventas estimadas. Por último se argumenta que la velocidad de circulación del dinero es causante de inflación. En este caso, si aumenta la velocidad del dinero, también aumenta la velocidad de circulación de los bienes sobre los que se hacen las transacciones. Como queda dicho, la depreciación monetaria es consecuencia de su expansión. La inflación se detiene cuando los gobiernos se abstienen de falsificar dinero para financiar su gasto.

 

Bertie Benegas Lynch. Licenciado en Comercialización en UADE, Posgrado en Negociación en UP y Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE.

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