“No alcanza con solo ajustar las tarifas de luz”

Por Belén Marty: Publicado el 31/1/16 en: http://cadenaba.com.ar/nota.php?Id=35168

 

¿Es normal que en un país aumente cualquier tarifa un 500 por ciento? En Argentina sí. Al menos no sorprende. Hemos aprendido a incorporar estas vicisitudes en nuestra rutina. Las tomamos como se toman a las catástrofes naturales: sabemos que llegan y no podemos hacer nada para impedirlo.

Sin demasiada precisión, como un cirujano de primer año de residencia, el ministro Juan José Aranguren, dictaminó el fin de las tarifas congeladas. Estiman que con mayores ingresos por las nuevas tarifas estarán en condiciones de mejorar el servicio.

“Esta actualización tarifaria reconoce los verdaderos costos de las empresas, lo que permitirá retomar un camino de normalidad para brindar previsibilidad e inversión al sector”, aseguró el presidente de Edesur.

Como parte de esta normalidad pretendida, la Cámara Argentina de Industrias Electrónicas, Electromecánicas y Luminotécnicas (Cadieel) publicó una guía para el uso racional de la energía. Es decir, para que uno no abuse de la electricidad deberá, por ejemplo, poner su aire acondicionado en 24 grados.

La discusión que está en cada mesa hoy es ¿había alguna otra solución al problema energético argentino? ¿Se podría haber solucionado sin aumentar tanto las tarifas? La respuesta es no. Como a todos nos gusta que nos paguen por lo que valemos, lo mismo sucede con los servicios. Como dijo por twitter el economista ortodoxo José Luis Espert hay que pagar las cosas por lo que valen.

Pero más allá de que está bien (es lo correcto) haber sacado los subsidios, ¿alcanza eso para desactivar la bomba que dejó 12 años de kirchnerismo? El gobierno de Macri recibió la bomba y ha decidido hacer el ajuste (necesario) de manera gradual. Están pagando los costos del desastre kirchnerista.

Pero no todo está bien. Suben las tarifas pero no tienen planes de recortar el despilfarrado gasto público. Por tanto, se espera que este año la inflación sea aún más alta que la del 2015. Con ocho puntos del PBI de déficit fiscal hacer solo un ajuste de tarifas de energía zampándole a la gente un monstruoso tarifazo no alcanza. Además, el costo recayó en la gente y no en los políticos. El costo político fue casi nulo.

El punto es que no se puede tener la chancha, los 20 y la máquina de hacer chorizos. No se puede subir de un mantazo las tarifas sin asimismo bajar la carga impositiva. Hay que tener presente que nuestro país tiene una carga impositiva nefasta.

Necesita recaudar tanto para mantener este gasto público. El gasto se va, más que en subsidios a la energía, en sueldos de trabajadores del Estado.  Recordemos que en la última década se incorporaron al menos 2 millones de nuevos trabajadores al sector público. Y como el Estado no tiene recursos que nacen de un árbol, los sueldos de esos 2 millones extras salen de los bolsillos de todos los argentinos, incluido el bolsillo de los más humildes.

Además, hoy, por ejemplo un trabajador que se sube a las 5.30 de la mañana al tren está pagando alimentos que tienen en su costo un 40 por ciento de impuestos.

El verdadero ajuste fiscal que necesita hacer el gobierno no es (solamente) sacar los subsidios a la oferta de energía sino achicar el gasto. Los subsidios energéticos no llegaban a ser el 10 por ciento del gasto. El problema, entonces, no son solo estos subsidios.

La política kirchnerista decidió subsidiar la oferta (Edenor y Edesur) con el objeto de ganar la simpatía de los sectores populares de la Capital Federal. Y sin dudas lo logró.

Pero uno no puede evitar la realidad (el ajuste) a todos todo el tiempo. Este ahorro de US$4000 millones en subsidios ayudará solo un poco a mejorar las finanzas del arca pública y le complicará la vida a muchos otros porteños que se verán forzados a pagar subas extraordinarias impensadas en otros países del mundo.

Por el contrario, se podría haber hecho subas graduales y pensar en ir achicando el gasto en otros sectores más prescindibles como eliminar los subsidios a Aerolíneas Argentinas que pierde por año entre US$750 y US$1.000 millones. No creo que los sectores más populares lamenten mucho perder una aerolínea a la que nunca pudieron siquiera acceder a tomar.

Reiterando lo mencionado arriba, está bien la quita de subsidios pero eso es claramente innecesario al mirar la pintura completa. Es decir, se atacó al árbol y no al bosque. El primer paso, como le sucede a los adictos (en este caso, adictos al gasto) es admitir el problema. Lo demás siempre es más sencillo.

 

Belén Marty es Lic. en Comunicación por la Universidad Austral. Actualmente cursa el Master en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE. Conduce el programa radial “Los Violinistas del Titanic”, por Radio Palermo, 94,7 FM.

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