Gobierno limitado vs. monopolio

Por Gabriel Boragina. Publicado el 23/1/16 en: http://www.accionhumana.com/2016/01/gobierno-limitado-vs-monopolio.html

 

1.                Liberalismo clásico y funciones “esenciales”.

Muchos liberales clásicos sostienen como “bandera” la defensa de un “gobierno limitado”. Sin embargo, esta expresión es de un alto grado de ambigüedad, que no permite inferir sus contornos, algunos de los cuales intentaremos aquí precisar, si nos resulta posible.

Cuando tales liberales clásicos dicen defender el gobierno limitado suelen dar por sentado que la expresión alude a las también llamadas funciones “básicas” o “esenciales” de un gobierno según el prisma liberal. Tampoco hay un acuerdo neto entre tales liberales en cuáles deberían ser dichas funciones “básicas” o “esenciales”, de tal suerte que algunos de ellos opinan que, dentro de las mismas deben incluirse la seguridad (policía) defensa (fuerzas armadas) justicia (tribunales); otros le agregan obras “públicas” (de infraestructura), y hay entre ellos quien les añade educación y seguridad social (salud, previsión, etc.) en fin, más o menos las posturas entre los liberales clásicos rondan entre las mencionadas. Todo ellos, sin embargo, están de acuerdo que todas o algunas de las funciones mencionadas deben ser ejercidas monopólicamente, es decir, con exclusión de cualquier otro agente, empresa o persona que este fuera de la órbita gubernamental.

2.                Monopolio

Defender la existencia de un gobierno “limitado” pero a la vez monopólico representa algunos problemas que creemos necesario examinar.

Todo monopolio tiende a expandirse por su propia característica monopólica. Esto ya representa una primera contradicción entre el pretendido carácter de “limitado” de un gobierno y el también pretendido carácter concomitante de monopólico, reunidos. Si se le otorga a un gobierno un monopolio en cierta área, por su propia naturaleza o -mejor dicho- por la propia naturaleza de los monopolios, dicho gobierno tenderá a expandirse y no a limitarse, lo que implicaría que, con el tiempo, dicho gobierno dejará de ser limitado y sólo conservará su carácter de monopolio, lo que desde mi óptica, sería una situación indeseable que ocurriera, ya que al final, tendremos no otra cosa que un monopolio enorme. Y a primera vista, parece insalvable la contradicción señalada entre “limitado” y a la vez monopólico, ya sea que se pretenda reunir ambas condiciones en un mismo ente (gobierno) persona o empresa.

Otra contradicción reside en lo siguiente: si a una persona, ente o gobierno se le otorga un monopolio, al mismo tiempo se le está otorgando la facultad exclusiva de fijar sus propios límites, y ya hemos visto que la característica de todo monopolio es a expandirse y está muy lejos de limitarse. Sigue, también desde este ángulo, surgiendo la insalvable contradicción entre monopolio y la pretendida limitación.

La cuestión no se resuelve como podría creerse, reduciéndose la lista de funciones “esenciales” o “básicas” que hemos enumerado más arriba, porque, aun suponiendo que se le redujeran todas esas funciones a una sola, por ejemplo, “seguridad”, teniendo el gobierno un monopolio sobre ella, podría asignarle por caso, el 100 % del presupuesto nacional a la misma, aun cuando la función pudiera satisfacerse digamos con un 20 % o un 30 % del presupuesto. La cuestión no es trivial, porque el gobierno, en tal caso, estaría cobrando impuestos a la población por un monto total al 100 % de un servicio que bien podría costearse sobradamente con un 20/30 % de los recursos. Es decir, ni siquiera en este caso podría hablarse de gobierno “limitado”, porque su poder fiscal seguiría siendo ilimitado aun cuando constitucionalmente sus funciones se redujeran a una sola.

Y adicionalmente es observable que, los gobiernos monopólicos presentan los problemas de todos los monopolios, a saber:

  1. Dan un servicio malo o pésimo en cantidad y en calidad.
  2. El servicio es caro, en relación con el punto 1.

Respecto de este punto, es bastante discutible si los gobiernos son monopolios naturales o artificiales. Si la gente desea tener gobiernos y hay un acuerdo explícito o implícito de una mayoría de la población sobre el tema, podría decirse con bastante exactitud que los gobiernos encuadrarían dentro de la clasificación de los monopolios naturales.

Sin embargo, este sería un caso curioso de monopolio natural, porque el gobierno -una vez constituido como tal- tiene la potestad de dictar leyes o constituciones que cierren toda posibilidad a la existencia de uno o más gobiernos paralelos o competidores en el ramo gubernamental y en el nivel de ese mismo gobierno (nacional). Tengamos en cuenta que los gobiernos provinciales (o estaduales) y municipales no son competidores del gobierno nacional, sino que se le subordinan.

Digamos que, una vez sancionada y promulgada la constitución que establece el monopolio gubernamental, lo que en remotos orígenes pudo haber constituido un monopolio natural pasará a ser -por decisión de ese mismo monopolio gubernamental- un monopolio artificial, entendiendo por este último a aquel creado por medio de una constitución o una ley derivada de esa misma constitución.

3.                 La constitución

Otra forma de entender la expresión gobierno “limitado” es la de fijarle límites a sus atribuciones en un texto constitucional. Esto, en principio, sería algo más preciso, porque se trataría de establecer de antemano las funciones a cumplir. Pero de nada serviría tampoco si, además de determinar las funciones, no se limita en el propio texto constitucional la cuantía y la extensión en la limitación de tales funciones. Una cláusula constitucional válida sería la que no sólo reduce las funciones del gobierno a unas pocas, sino la que –además- establece taxativamente cuánto puede y cuánto no puede el gobierno gastar en ellas. Esta sería una noción más clara y más exacta de limitación, ya que, en principio, estaría plasmada por escrito en un texto constitucional.

Sin embargo, la experiencia demuestra que los gobiernos no han tenido mayores reparos en utilizar dos caminos para evitar este escollo, a saber: 1º reformar la constitución para ampliar los límites del gobierno o (cuando ello no es posible), 2º directamente ignorar el texto construccional, pasándolo por alto, es decir, la práctica tan frecuente y reiterada de violar la letra de la constitución.

Aquí es importante recordar lo que dijimos en el punto del monopolio, ya que los gobiernos -en su inmensa mayoría, sino todos- tienen el monopolio de reforma del texto constitucional. Es decir, también son los gobiernos (entendidos como la suma de los tres “poderes”: el ejecutivo, el legislativo y el judicial) los que detentan el monopolio sobre la reforma constitucional. Podrían -y de hecho lo hacen a menudo- reformar la constitución política en desmedro de sus propios gobernados, blindando su propio monopolio. De todo lo cual, se deriva lo perverso que es el hecho de que los gobiernos disfruten de monopolios o sean en sí mismos monopólicos.

*Fragmento del libro del autor titulado Análisis económico del gobierno Ediciones Libertad. España. 2010

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Post a comment or leave a trackback: Trackback URL.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: