Mientras discuten la intervención a la AFSCA, veamos si no es mejor tener derechos de propiedad (II)

Por Martín Krause. Publicado el 28/12/15 en: http://bazar.ufm.edu/mientras-discuten-la-intervencion-a-la-afsca-veamos-si-no-es-mejor-tener-derechos-de-propiedad-ii/

 

La intervención de la AFSCA ha generado un debate acerca del método y la supuesta autonomía de la agencia. Pero no se discute el fondo: ¿debería existir? En el post anterior vimos los argumentos que se presentan para justificar la propiedad estatal de las frecuencias. Ahora comenzaremos a ver las que justifican la propiedad privada:

“Esta ha sido la justificación para la intervención estatal y el control del gobierno sobre el espectro electromagnético. Se pensaba que el mercado iba a llevar al caos, ya que los emisores se superpondrían, y era necesario poner “orden”. Esto también se basa en la experiencia de los primeros años de la radio, donde los TAF eran “propiedad común”, es decir, de nadie en particular, y los usuarios se lanzaban no sólo a emitir sino a interferir en las señales de sus competidores.

Sin embargo, lo que sucedía no era el “caos” del mercado, sino que no se había permitido la evolución de los derechos de propiedad sobre las unidades TAF, de tal manera que sus propietarios pudieran hacer valer sus derechos ante la justicia, así como el propietario de un inmueble puede hacerlo ante su invasión. El uso simultáneo de una unidad TAF no era diferente de los problemas que se plantean para el uso simultáneo de cualquier otro recurso[1].

Como todo recurso escaso, debe ser administrado su uso, ya que si fuera de acceso abierto nos encontraríamos nuevamente en presencia de la “tragedia de los comunes”, la que en este caso adquiriría la forma de interferencia entre las señales de unos y otros, entre los intentos de comunicarse de las distintas personas.

Nuevamente, como hemos visto antes, tenemos dos alternativas principales: la que hace uso de esa institución “evolutiva” que es el derecho de propiedad, tan utilizado para resolver otras “tragedias de los comunes”, el que termina definiendo el uso del recurso en forma descentralizada y con múltiples ensayos; o podemos intentar hacerlo a través de la regulación centralizada y la decisión de alguna agencia regulatoria.

La experiencia con este segundo método no es muy alentadora (Coase, 1959). La Federal Communications Commision es el organismo regulador del espectro de frecuencias en los Estados Unidos. La FCC, por ejemplo, se manejó con extrema lentitud para evaluar una propuesta para reducir la separación que existe entre las frecuencias de radio AM de 10 kHz a 9 kHz, lo cual hubiera significado el nacimiento de unas 1.000 estaciones de radio nuevas. Otro tanto ha sucedido con el desarrollo de la AM estéreo. En ambos casos, la lentitud se ocasiona por cuestiones “políticas”, en el sentido de que los licenciatarios de frecuencias AM se oponen al ingreso de nuevos oferentes, mientras que quienes tienen licencias de FM se oponen al desarrollo de la AM estéreo, en ambos casos para impedir una mayor competencia.

Otro ejemplo se relaciona con la LPTV (“Low Power TV”), conocida también como sistema MMDS o microondas[2].     A la FCC le llevó diez años finalizar los criterios de asignación de la TV convencional y otros 30 años modificarlos para permitir la aparición de la LPTV. También se demoró tres años en resolver una disputa entre la radio FM y la televisión VHF sobre ciertas frecuencias y diez años en reasignar ciertas frecuencias de la televisión UHF a los teléfonos celulares.

Una historia ya legendaria sobre el manejo político de la autoridad regulatoria se refiere al origen de la FM y al destino de su creador, Edwin Armstrong. Con la determinación de convencer sobre las bondades de la FM, Armstrong solicitó a la FCC frecuencias y un permiso para crear su estación de radio FM. En 1940 la FCC otorgó a la FM el uso de las frecuencias de 40 a 52 MHz. Para fines de la guerra, en 1945, existían ya más de 50 estaciones de FM y unos 500.000 receptores.

No obstante ello, la FCC cambió las asignaciones, trasladando a FM a las actuales bandas de 88-108 MHz y otorgando a la televisión las frecuencias 44-88 MHz (canales 1 a 6) y 174-216 MHz (canales 7-13). Las FM fueron así liquidadas, ya que los usuarios se encontraron con equipos receptores no aptos para captar las transmisiones en las nuevas frecuencias asignadas. Por supuesto que nadie los indemnizó por ello.

Por último, le costó a la empresa de comunicaciones a larga distancia MCI cerca de 2 millones de dólares y 7 meses de trabajo construir sus torres de microondas pero unos 7 años y 12 millones de dólares en costos legales y regulatorios hasta obtener la licencia. [3]

Según han observado muchos investigadores, las agencias regulatorias comienzan su vida como reguladores agresivos de la industria pero, con el transcurso del tiempo, son capturadas por los mismos regulados y terminan compartiendo sus puntos de vista e intereses.

[1] “La interferencia creada por el uso simultáneo de la misma unidad del espectro por dos o más usuarios no es diferente de la interferencia entre usos simultáneos competitivos de cualquier otro recurso. Una porción de tierra no puede utilizarse para cultivar trigo y como parque al mismo tiempo sin interferir un uso con el otro. Un ómnibus no puede transportar cargas desde A hasta B y pasajeros desde A hasta C al mismo tiempo. Los mismos cinco minutos de tiempo de una secretaria no pueden utilizarse para escribir a máquina o para hacer llamadas telefónicas sin cierta degradación de cada función”. (Fountain, John, 1989, p. 135).

[2] “El atractivo de la LPTV no es difícil de entender. Autorizando la construcción de alternativas de baja energía a las estaciones dominantes actualmente en el aire, la FCC no sólo abría una puerta a unas 8.000 estaciones transmisoras nuevas, sino también al relativamente exclusivo mundo capital-intensivo de la transmisión de TV a un nuevo grupo de emprendedores. La FCC empezó a investigar la LPTV hace varios años como una solución casi perfecta al problema de la escasez que había estado en el centro de muchas de sus decisiones regulatorias y que había guiado el otorgamiento de licencias por más de medio siglo. En teoría, otorgándole a una estación de LPTV suficiente energía para transmitir su señal, digamos, de 5 a lo millas, se resolvería el problema de utilización del espectro, que era la razón técnica para limitar las licencias en determinado lugar”.

“Pero la FCC, como otros proponentes de la LPTV, también vio un segundo impacto interesante: el bajo costo relativo de los equipos necesarios -una fracción del equipamiento de toda una estación de televisión- daría acceso a la LPTV a minorías, grupos comunitarios y otros que durante años han luchado mucho, tanto ante la FCC como en las cortes, para tener mayor acceso a la transmisión de TV regular.”

“Después de abrir la puerta a la LPTV, la comisión fue inundada con 6.500 solicitudes, creándose tal desorden administrativo -literalmente una montaña de papeles con pocos lineamientos para decidir quién recibiría los 3.000 a 4.000 lugares disponibles- que congeló el proceso en forma temporaria. Esto demoró la llegada de la LPTV al mercado mientras la cantidad de papel crecía; la montaña creció hasta contener 12.000 solicitudes.” (Diamond, et al, 1983, p. 26).

[3] Confirmando lo anterior, comenta el Dr. John Fountain con respecto a Nueva Zelanda (1989, p. 18): “La vulnerabilidad a los grupos de presión no se elimina con procedimientos de salvaguardia. En verdad, éstos pueden inhibir la eficiencia económica al ser incorporados a los juegos estratégicos de los participantes en la actividad. Más aun, no importa cuán bien dirigidas estén, las agencias regulatorias inevitablemente se hallan limitadas en la sabiduría de sus decisiones por el flujo de información de que disponen”.

“Los grupos de interés que aparecen ante las agencias regulatorias proveen mucha información y análisis que a sus funcionarios les sería imposible o muy costoso obtener en forma independiente. Naturalmente, cada grupo presenta su evidencia de tal manera que sea favorable para su propio caso. Dada la legalidad y formalidad de los procesos, o la falta de acceso a influencias con costos reducidos, la participación en los procesos regulatorios por parte de gran número de consumidores es simplemente muy costosa. Como resultado, es extremadamente difícil -tal vez imposible- que las agencias regulatorias tomen decisiones que sean económicamente eficientes.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

 

Jaime Balmes contra el socialismo: todavía relevante

Por Alejandro Chafuen: Publicado el 29/12/15 en: http://www.redfloridablanca.es/jaime-balmes-contra-el-socialismo/

 

El Papa León XIII escribió que Jaime Balmes (1810-1848) fue el mayor talento político del siglo XIX y uno de sus más grandes escritores. Balmes consideraba a Barcelona, ciudad por excelencia de Cataluña, como más semejante a París y Londres que a otras ciudades españolas. Pero no apoyaba regionalismos o nacionalismos estrechos. Era un hombre de Barcelona, Europa y el mundo. En el campo de la economía, su principal enemigo no era “España” sino el socialismo. Sus críticas a estas doctrinas siguen siendo relevantes.

Como han demostrado las recientes elecciones generales, la escena política ha cambiado mucho en España. Las ideas socialistas más extremas son defendidas por “Podemos”, convertido hoy en la tercera fuerza política. El hecho de que sean “socialistas del siglo XXI” no los distancia de los fracasos a los que siempre han llevado estas ideas a lo largo de la Historia. Es decir, “Podemos” es una fuerza joven con ideas viejas. Por su parte, aunque obtuvieron menos votos de los que esperaban, Ciudadanos, partido que nació en la ciudad de Balmes, va a asumir un rol importante en el Congreso. El líder del partido, Albert Rivera, resumió su posición centrista: “Cataluña es mi tierra, España mi país y Europa nuestro futuro”. Posición no muy distinta a la de Balmes, uno de los primeros escritores en criticar con agudeza al socialismo.

Balmes dedicó siete ensayos a analizar y criticar esta “escuela que se propone destruir el orden social existente, constituirlo sobre nuevas bases y arreglarlo con diferente norma”. Consideraba que “todos los hombres pensadores y amantes de la humanidad” tenían que prestarle atención a estas peligrosas teorías. Mientras que muchos de los programas socialistas se habían quedado en teoría, en su tiempo empezaron a ponerlas en práctica.

Este presbítero catalán era un admirador de las personas productivas e industriosas, causándole gran preocupación que un industrial de éxito como Robert Owen (1771-1858), lo que le hacía más creíble y peligroso, promoviera proyectos socialistas.

El manifiesto socialista de Owen fue publicado en Londres en 1840. Balmes atacó la visión socialista de Owen, especialmente la noción de que este nuevo sistema crearía una nueva raza humana.

Balmes veía la libertad como un aspecto esencial de la acción humana: “En efecto, si suponemos que las acciones del hombre no dimanan del libre albedrío, sino de impulsos naturales a los que sea imposible resistir, tendremos que el ladrón, el homicida y todo linaje de criminales, no cometerán sus atentados con verdadera deliberación, y si solo obedeciendo a una ley de su naturaleza. De tal suerte que quien clava el puñal en el seno de su hermano o de su padre, no hace más que seguir el impulso a que le lleva su organización particular atendidas las circunstancias que le rodean”.

Para Balmes, Owen y los demás socialistas tenían una visión muy limitada de la persona humana. Las ideas socialistas “son la negación del espíritu del hombre, la negación de su libertad, la negación de su responsabilidad, la proclamación solemne de que no somos más que un puñado de materia organizada, y de que todos nuestros pensamientos, nuestras voluntades, nuestros actos, no son más que funciones necesarias sobre las cuales nada tenemos que ver, nada podemos; no siéndonos dado otra cosa que entregarnos a sus impulsos como el péndulo a sus oscilaciones”. En lugar de ver al ser humano como rey o partícipe de la creación, se lo reduce a sus instintos más bajos.

Balmes argumentaba que a los socialistas no deberíamos considerarlos solo como “despreciables fanáticos (…) víctimas de una ilusión exagerada por el orgullo”. Son más peligrosos porque “la semilla que ellos arrojan al acaso se deposita en tierra que la recoge con avidez, quizás para fecundarla el día que la Providencia quiera desencadenar sobre el mundo desconocidos y espantosos trastornos”. ¿Le ha dicho que sí la Providencia a los socialistas españoles? Al parecer los votantes no le dieron suficiente apoyo a Podemos y demás izquierdistas para avanzar rápidamente hacia socialismos más extremos. Pero el peligro sigue latente.

A mediano y largo plazo el socialismo fracasa porque va en contra de la naturaleza humana. En palabras de Balmes: “El sentimiento de la libertad está en el fondo de nuestra conciencia; en vano intentaremos sofocarle; una voz interior nos clama que somos libres; antes de obrar experimentamos que podemos dejar de obrar; cuando hacemos una cosa, sentimos que podríamos hacer otra; y si alguna vez nos proponemos ejercer adrede el libre albedrío, hallamos que no tiene límites, desde el acto más juicioso hasta el más extravagante y ridículo.”

El socialismo yerra no porque los seres humanos sean imperfectos y fracasan en el intento de vivir de acuerdo a sus principios, sino por sus suposiciones y la manera de ponerlas en práctica: “Lo acontecido en New Harmony no es un caso excepcional, sino un ejemplo de lo que por necesidad se verificará en todos [los] tiempos y países. M. Owen empeñado en no reconocer los vicios radicales de su sistema, achaca el mal éxito de su tentativa a los elementos de que se componía su colonia; mas no advierte que el mismo mal que se halló en ella se encontraría en todas las otras en grado más o menos intenso; y que si bien suponiendo una reunión de hombres más inteligentes y morigerados los inconvenientes no serían por de pronto tan graves, el maligno germen se desarrollaría a la sombra de la misma institución, y lejos de mejorarse los individuos de que constaría la humanidad, se irían maleando cada día más, hasta parar a un estado que les imposibilitaría de continuar reunidos”.

En 1825, para llevar a la práctica sus ideas, Owen compró Harmony, un pueblo en el suroeste de Indiana. Y lo rebautizó New Harmony. Fue un fracaso como la mayoría de los esfuerzos socialistas. En Febrero de 1826, la ciudad adoptó una nueva constitución: “La Comunidad de la Igualdad de New Harmony”. El objetivo era el de alcanzar la felicidad a través de un sistema basado en la propiedad común, la cooperación, y la libertad de expresión y acción, pero todo dentro de un contexto de obediencia a las leyes. Estas leyes dividían a los miembros en grupos y estipulaban en forma minuciosa lo que cada persona de cada grupo podía hacer. En 1827 este experimento socialista fue declarado un fracaso.

Además de su extensa crítica al socialismo, Balmes dedicó un capítulo de su “Curso de Filosofía Elemental”, un clásico en su campo, a defender la propiedad privada: “en la actualidad es más necesario que en otros tiempos el estudiar a fondo el principio del derecho de propiedad, porque se halla vivamente combatido por escuelas disolventes y amenazado por sectas audaces que probablemente causarán profundas revoluciones en el porvenir de las sociedades modernas”. Y concluye: “en el derecho de propiedad se combinan los eternos principios de la moral con las necesidades individuales, domésticas y públicas, y con miras económicas, y también con el fin de evitar que la sociedad esté entregada a una turbación continua”. Amén.

Las ideas socialistas tomaron fuerza cuando sus líderes convencieron a los trabajadores que el sistema capitalista llevaba inexorablemente a su explotación. Adam Smith exageró la importancia del trabajo en la creación de valor económico, y el marxismo llevó el argumento al extremo: toda remuneración no destinada a los salarios es explotación. La teoría del valor de este catalán anticipó las contribuciones de los economistas de la Escuela Austriaca. Explicó cómo el valor económico se basa en la utilidad, la escasez, la oferta y la demanda, y no la mano de obra y otros costos. Esto le dio una base sólida para criticar el socialismo.

Las generaciones jóvenes han ignorado a Balmes. Martín Gurría, un activista catalán defensor de la economía libre, me decía: “Estoy sorprendido por la ignorancia generalizada que existe sobre nuestros grandes pensadores. Tenían ideas avanzadas e innovadoras. El caso de Balmes es más llamativo porque una de las calles más concurridas de Barcelona lleva su nombre. Olvidamos con demasiada rapidez. Y nos cuesta caro”. Los más antiguos concuerdan. Lorenzo Dionis, uno de los cofundadores de IESE, vive en la calle Balmes. Para Dionis, parte de esta ignorancia proviene del “mundo secular de hoy, donde hay un rechazo del conocimiento que proviene de figuras religiosas”.

Los resultados de las elecciones del 20 de diciembre de 2015 alimentan un clima de incertidumbre y cambio. La historia muestra que cada vez que en España se respetan más las libertades económicas de sus ciudadanos, su economía crece más que la europea. Para nutrir esas libertades los españoles tienen valiosas fuentes que salieron de lo mejor de su cultura y tradiciones. Releer a Balmes es un buen paso para evitar errores del pasado y construir el futuro.

 

Alejandro A. Chafuén es Dr. En Economía por el International College de California. Licenciado en Economía, (UCA), es miembro del comité de consejeros para The Center for Vision & Values, fideicomisario del Grove City College, y presidente de la Atlas Economic Research Foundation. Se ha desempeñado como fideicomisario del Fraser Institute desde 1991. Fue profesor de ESEADE.

“La salida del cepo permitirá el crecimiento”

Por Aldo Abram: Publicado el 28/12/15 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2015/12/28/la-salida-del-cepo-permitira-el-crecimiento/

 

El economista Aldo Abram estimó que “los primeros seis meses del año 2016 serán difíciles porque estamos en una economía en recesión” pero auguró “un promisorio segundo semestre porque a partir del fin del cepo entramos en un sinceramiento de las condiciones de producción nacional que significan un fuerte impulso a las economías regionales de todo el país”.
El director de la Fundación Libertad y Progreso explicó que “desde el punto de vista económico, la salida del cepo cambiario fue el hecho político más importante del año que termina porque significó salir de un estado de ficción para ingresar a un plano de realidad, del cual nunca debimos haber salido porque eso le hizo mucho daño a los sectores productivos de nuestra economía”.
En ese sentido, el economista explicó que “al vivir en un sistema con el tipo de cambio totalmente retrasado como estuvimos en los últimos cuatro años, las economías regionales se encontraban en una situación de asfixia constante porque, por un lado, los bienes que producían lograban una suba muy leve porque el valor oficial del dólar estaba frenado pero, al mismo tiempo, los costos de producción aumentaron vertiginosamente” y, según Abram, “ese combo fue letal para las industrias y para las economías regionales que son el gran motor del país”.
Para graficar su pensamiento sobre lo que significó el cepo cambiario en los últimos años, Abram dijo que “fue similar a hacer un riquísimo guiso con las gallinas de los huevos de oro porque se liquidó a las economías regionales cuando en verdad lo que siempre hay que hacer es cuidar a este sector porque de él depende el resto del país”.
Según las estimaciones de Abram, “la liberación del tipo de cambio beneficiará principalmente a las economías regionales porque puso un manto de verdad sobre lo que efectivamente vale en pesos cada dólar y eso ayuda a revalorizar los productos que se elaboran en cada región del país y eso -por ejemplo en el caso específico de Misiones- ayudará a lograr mejores precios para la yerba, el té, los cítricos, la madera y todo lo que se genera en esa provincia”.
Abram también se refirió “a la terrible herencia que dejó el gobierno anterior con un déficit fiscal que ronda los ocho puntos del Producto Bruto Interno (PBI) y que si bien esta cifra al común de los lectores no le significa nada, es necesario aclarar que este tipo de situaciones son las que nos llevaron a la hiperinflación de 1989, por eso es necesario decir la verdad a la población para que se sepa en su real dimensión el estado de las cuentas públicas”.

Hay que salir del agujero interior

El economista también se refirió al acompañamiento de la mayoría de la población argentina a las primeras medidas de gobierno. “En general se nota un alto grado de conciencia en la mayoría de los habitantes del país sobre la necesidad de salir del viejo esquema de relato oficial mentiroso para poder saber bien dónde estamos parados y cuál es el grado de emergencia del caso”.
Según Abram, eso se notó muy bien en “la decisión del Gobierno de declarar la emergencia energética y la de seguridad y aún más en la salida del cepo, donde no se dio la estampida tan temida a la compra de dólares, lo que de por sí está señalando cierto grado de confianza social en las medidas que se están tomando”.
Sostuvo que luego de la eliminación de las retenciones y el fin del cepo al dólar, el balance “es positivo” y añadió que “no se dio una devaluación porque en realidad la devaluación del peso se venía haciendo desde hace cuatro años y eso lo sentía la gente en la billetera diariamente”.
De acuerdo al economista, “lo que el Banco Central estaba haciendo era quitarnos con el impuesto inflacionario un pedazo de poder adquisitivo con los pesos en el bolsillo para financiar los excesos de gastos del Gobierno. Y para que no se reflejara en el valor del dólar oficial, lo que hicieron fue poner el cepo y fijarlo artificialmente con valores que no reflejaban la realidad”.

Pérdida del poder adquisitivo
El economista de la Fundación Libertad y Progreso también pronosticó que el nuevo año arrancará con “una pérdida del poder adquisitivo y por eso las familias controlarán sus gastos”.
Esto significa que “la gente priorizará las cuestiones básicas y reducirá sus erogaciones en los productores de servicio que ahora ganarán lo que corresponden que ganen”.
“En el supermercado se tendrá que pagar más por la cosas. Por tanto, la gente deberá bajar un poco los gastos en el sector de los servicios que fueron los grandes beneficiarios de este modelo, como por ejemplo la compra de electrónicos, viajes, cine y comidas en restaurantes”.
Consultado sobre si es posible evitar la suba de precios en supermercados, Abram dijo que no cree que “se puedan atajar los precios en algunos productos” pero advirtió que “luego del trance que implica sincerar la economía la inflación comenzará a bajar por la austeridad de la política monetaria del Banco Central y comenzarán a sentirse los primeros vientos de crecimiento económico ya poco antes de mitad de año”.

 

Aldo Abram es Lic. en Economía y director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

Información asimétrica y conflicto de objetivos en el Banco Central

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 23/12/15 en: http://www.rionegro.com.ar/diario/informacion-asimetrica-y-conflicto-de-objetivos-en-el-banco-central-8031812-9539-nota.aspx

 

El fundamento de la conducta individual bajo incertidumbre se caracteriza porque las decisiones derivadas de esos comportamientos −maximizadores de utilidad−, ya sean en la contratación de un seguro, un juego de azar y la compra o venta de derechos contingentes a determinado evento, encuentran en el mercado su adecuada contrapartida.

Sin embargo ahora, además de contribuir a determinar los ingresos, rentas o recompensas, se tienen que distribuir los riesgos. Por ello es preciso analizar cómo se requiere una mutua coincidencia de disposiciones entre varios agentes económicos, ya sea para llevar a cabo una negociación bilateral o bien para ilustrar el comportamiento altamente polarizado de las múltiples transacciones en el mercado.

La eficiencia de esta nueva tarea es tan importante como las demás funciones. Pues en incontables situaciones, en sus aspectos económicos o no, el riesgo, la incertidumbre o la información imperfecta son insoslayables y afrontarlos adecuadamente es un elemento básico del orden institucional.

Justamente este es el caso particular que debió atender el presidente del Banco Central de la República Argentina, Federico Sturzenegger, luego de que la administración de Alejandro Vanoli, extitular de la entidad, usara los contratos de dólar futuro (acuerdos por los cuales el vendedor, en este caso la autoridad monetaria, se compromete a entregar en una fecha futura una cantidad de divisas a un precio preestablecido) para mantener subvaluado el tipo de cambio y se abrió así un nuevo frente de conflicto con el sistema financiero.

Debe advertirse que una parte importante de las dificultades, asociadas a problemas de información, proceden del conflicto entre la función de distribución eficiente de riesgos y la provisión de incentivos para la consecución de rentas o ventajas del intercambio. Además, tan importantes como los problemas son las soluciones que han generado el propio mercado u otras instituciones y contratos, implícitos o explícitos, en la relación.

La consideración de la eliminación del riesgo es obvia: para que un agente pueda aceptar el contrato, alguien tiene que estar dispuesto a ofrecer el seguro como contrapartida. En el mundo actual este rol lo desempeñan las compañías de seguro. Pero en este escenario, mediante una inédita práctica de excepción, actuó como contrapeso de aseguramiento la autoridad monetaria de la Nación, el Banco Central de la República Argentina (BCRA). Debe aclararse que este contrapeso debe estar dispuesto a ofrecer contratos equitativos que reúnan la siguiente condición: no valorar el riesgo negativamente, ya que acepta voluntariamente incurrir en él.

Con el fin de acordar un plan para desbaratar los pactos de futuros, Sturzenegger se reunió primero con los representantes del Mercado Abierto Electrónico (MAE) −el mercado en el que operan mayoritariamente los bancos−, ya que ante una inminente devaluación podrían costarle al BCRA hasta $ 80.000 millones.

En el mercado local, tanto en el Rofex como en el MAE, los contratos se negocian en pesos al tipo de cambio oficial. Así, frente a un ajuste del tipo de cambio –inevitable en la actualidad−, el Central tiene que emitir miles de millones de pesos para pagarlos. Y esa cantidad de pesos no sólo podría presionar en el mercado cambiario, sino que pondría en riesgo cualquier plan de contención contra la inflación.

En un esquema microeconómico, la distribución eficiente de riesgos tiene lugar en el punto de intersección de las curvas de indiferencia –solo si se asumen agentes aversos al riesgo, lo que ilustra el comportamiento más frecuente o racional para la ortodoxia económica−, lo cual sugiere la condición de eficiencia de Pareto. Básicamente, la tangencia de los arcos nombrados da lugar a la curva de contrato en la distribución de riesgos o el proceso de negociación que agota las posibilidades de intercambio mutuamente ventajosas; por ejemplo, los 15 pesos libres de intervenciones que se pautaban en el mercado de Wall Street para enero del 2016. El tipo de cambio que resulta del proceso descentralizado del mercado. Sin embargo, en la entidad presidida por Vanoli se ofrecían contratos de futuro a 10 pesos por dólar para enero próximo y, naturalmente, se asumían las perdidas.

Otra mirada moderna la aporta la teoría de la agencia de la economía industrial. La separación entre propiedad y administración es muy ventajosa porque se permite contratar a personas calificadas para asumir la dirección con el compromiso de cooperar. El conflicto puede suscitarse cuando los intereses de los propietarios o accionistas, representados en este caso por los cuarenta y dos millones de argentinos, difiere del de los directivos del Banco Central. Originariamente, según el artículo 3 de la Carta Orgánica, el BCRA debía mantener el valor del dinero.

Pero ese objetivo ha sido modificado y ampliado en el 2012 por el siguiente texto: “El banco tiene por finalidad promover, en la medida de sus facultades y en el marco de las políticas establecidas por el gobierno nacional, la estabilidad monetaria, la estabilidad financiera, el empleo y el desarrollo económico con equidad social”. Todo lo cual disminuye la independencia y, consecuentemente, los grados de libertad de la entidad monetaria.

Ahora, el conflicto en cuestión ocurrió cuando el presidente del BCRA, Alejandro Vanoli, dio lugar a que se persiguieran objetivos de corto plazo con el fin de beneficiar al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner; así lo explicitó y, al mismo tiempo, buscó deslindar su responsabilidad en la renuncia presentada el pasado 9 de diciembre: “Hay que tener en cuenta, por lo demás, que está vigente una ley de Emergencia Económica que delega en el Poder Ejecutivo la formulación de la política económica ejecutada por el Banco Central”.

Y las consecuencias de las asimetrías informativas –que se prestan a un sinnúmero de arbitrariedades− se enfrentan a diversos tipos de problemas tales como: selección adversa, riesgo moral y screening (la estrategia para combatir la selección adversa o selección negativa).

 

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), Profesor Titular e Investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.

La pobreza cero se consigue con apertura económica

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 27/12/15 en: http://economiaparatodos.net/la-pobreza-cero-se-consigue-con-apertura-economica/

 

Es abriendo la economía que se fuerzan inversiones y se termina con la pobreza

Uno de los argumentos centrales del macrismo, argumento que comparto, es que una de las prioridades de su gestión consistirá en llegar a la pobreza cero, y que para lograr ese objetivo hace falta crear más puestos de trabajo atrayendo inversiones. Es decir, no solo estoy de acuerdo en el objetivo, también estoy de acuerdo en la secuencia.  No es posible terminar con la pobreza sin previamente atraer inversiones. Es imposible combatir la pobreza en un país en el que todos los puestos de trabajo los crea el estado porque, en rigor, no son puestos de trabajo, sino que son subsidios para sostener a gente que consume y no produce riqueza. Una forma de mentir estadísticamente sobre la verdadera desocupación.

Confieso que me llamó la atención la afirmación del presidente Macri y luego de alguno de sus funcionarios sosteniendo que si las empresas no bajaban los precios iban a abrir la economía. Es decir, un intento por frenar la inflación vía una mayor oferta de bienes importados. Una advertencia del gobierno a los productores locales para que no subieran los precios.

Es que la apertura de la economía no es un instrumento para frenar la inflación. Cada herramienta económica sirve para objetivos diferentes. Pretender frenar la inflación abriendo la economía es como querer clavar un clavo con un destornillador.

La inflación se domina teniendo disciplina fiscal para poder tener disciplina monetaria. En otras palabras, la inflación se domina eliminando o bajando el déficit fiscal para que el BCRA no tenga que emitir tanta moneda para cubrir el rojo del tesoro. Nada tiene que ver la apertura de la economía en ese proceso.

La apertura de la economía sirve para hacer más eficiente la economía.  Con la apertura de la economía se logra forzar mayores inversiones para mejorar la calidad de los productos y bajar sus precios. En la medida que las empresas tengan que producir no solo para el mercado interno, sino también para exportar, aumentan los volúmenes de producción y bajan los costos fijos por unidad producida. Ejemplo, en una economía cerrada que produce solo para abastecer el mercado interno, el costo de la secretaria se divide por, digamos, 10.000 unidades producidas. En una economía abierta que apunta a exportar y produce 100.000 unidades, el sueldo de la secretaria se divide por esas 100.000 unidades. No hace falta ser Einstein para advertir que los costos fijos por unidad producida disminuyen y se hace más eficiente la empresa. Si uno traslada este criterio a toda la economía, mejora notablemente la productividad.

Además, para pasar de producir solo 10.000 unidades a 100.000 unidades, hacen falta inversiones y es así como se crean más puestos de trabajo, más demanda laboral y primero baja la desocupación y luego mejoran los salarios reales.

Es falso que primero haya que proteger a la industria nacional y luego abrir la economía para que compita. En la medida que un sector productivo sea protegido, no tendrá ningún interés para hacer inversiones y mejorar su productividad. Sabe que tiene un mercado cautivo al cual venderle productos de mala calidad y a precios más elevados. Cuando llega el momento de obligarlos a competir siempre saltan con el argumento de defender los puestos de trabajo, de protegerse de la invasión de productos importados y palabras que parecen reflejar más una guerra que una competencia económica.

Recuerdo que en los 90 tuve un fuerte debate por el famoso régimen automotriz que protegía a los productores nacionales. La restricción a las importaciones de autos era para todos los países pero el argumento para ponerle cupo a la cantidad de autos importados era que los coreanos hacían dumping social,  es decir, les pagaban poco a sus trabajadores. Los explotaban. La realidad es que, aun aceptando ese loco argumento, el cupo regía para los autos que se producían en cualquier país, con lo cual se suponía que los alemanes con el BMW, los suecos con el Saab, los italianos con el Alfa Romeo o los ingleses con el Rover, también hacían dumping social para destruir a los productores locales. Una versión modelo 90 del discurso k según el cual en Alemania hay más pobres que en Argentina.

Volviendo a las declaraciones de Macri y sus funcionarios del área, me parece que para frenar la inflación no hace falta hablar de la apertura de la economía como una amenaza hacia los empresarios. Solo hay que tener disciplina fiscal para lograr la disciplina monetaria que frene la inflación. Esa es la madre de todas las batallas contra la inflación. No la amenaza de abrir la economía.

Ahora bien, si el objetivo es ir a la pobreza cero, Argentina necesita grandes volúmenes de inversiones y esos grandes volúmenes no se consiguen para abastecer solo a un mercado interno de 40 millones de habitantes. La gran batalla contra la pobreza y la desocupación se gana con más puestos de trabajo para producir volúmenes de producción que apunten a abastecer al mundo. Para eso se necesita ser competitivo y ahí el estado tiene mucho para hacer.

El primer paso,  a mi juicio,  sería salir del MERCOSUR y establecer un arancel único para todos los productos. Digamos del 11 o 12 por ciento y hacer un cronograma de reducción anual de aranceles para forzar cada vez mayores grados de eficiencia.

Mientras tanto, el gobierno tendrá que eliminar las trabajas que le impiden a las empresas ser competitivas. Bajar el gasto público, la carga tributaria, eliminar la legislación laboral que encarece los costos de producción, generar una fuerte corriente inversora en infraestructura (trenes, rutas,  puertos, energía, etc.) para abaratar los costos de producción, eliminar trámites burocráticos y otras medidas por el estilo. Es decir, el estado debe dejar de ser un estorbo para el que produce y, como contrapartida, forzarlo a competir.

Si queremos cambiar en serio, Argentina tiene que generar un verdadero tsunami de inversiones para ir a la pobreza cero. Pero ese tsunami de inversiones se va a producir compitiendo con el mundo. No seguir mirándonos el ombligo y siempre poner un argumento para decir que no se puede competir.

Cambiar es hacer de la Argentina una gran exportador como lo fue a fines del siglo XIX y principios del siglo XX. A diferencia de cambiar, Continuemos es seguir con este nefasto modelo de sustitución de importaciones.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

PREFACIO A MI “COMENTARIO A LA SUMA CONTRA GENTILES, un puente entre el s. XIII y el s. XXI”.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 27/12/15 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2015/12/prefacio-mi-comentario-la-suma-contra.html

 

Hay un uso autónomo de la razón que ha llegado a su fin. No porque cierta interpretación de Heidegger sea correcta: el “no fundamento” que ha dado lugar a los escepticismos posmodernos; no porque no haya problemas filosóficos; no porque se hayan acabado los grandes relatos; no porque la metafísica sea racionalmente imposible; no porque la razón haya entrado en crisis. Es verdad que muchos, al haber confundido la modernidad con el iluminismo, han rechazado la razón o la han reducido al cálculo algorítmico. Es también verdad que hoy la razón humana se diluye en una babel, un sinfin de renuncias a sí misma y un escepticismo generalizado, por el que la filosofía resulta, como mucho, su historia sin pasión y sin sentido: una erudición insípida, un culto florero de nombres y teorías, que se apoya sobre una mesa que no se apoya en ningún lado. Pero nada de eso se debe a la razón en sí misma.

Santo Tomás distinguió entre los argumentos que concluían a partir de premisas reveladas y los que no: a los primeros los llamó Teología o Sacra Doctrina y a los segundos argumentos de razón. Pero la filosofía no era como la consideramos hoy. Es cierto que, comentando a Aristóteles, se refirió a la metafísica, la teología natural, la “física” y las matemáticas, pero estas eran clasificaciones de Aristóteles, pasadas por su interpretación cristiana. “La filosofía” era la filosofía de Aristóteles; la razón era la razón, pero ya en armonía con la fe. La llamada “filosofía medieval” no era filosofía como la entendemos hoy. Los cristianos tuvieron que defenderse de dos acusaciones: la que los calificaba de “subversivos” y la que los calificaba de “absurdos”. Para eso usaron la razón: razón que siempre fue apologética y medio de comunicación con el que no tenía fe. Defendiéndose de lo absurdo, desarrollaron una razón en armonía con la fe: las razones para la fe; o sea, dieron razones de su esperanza, como virtud teologal. La razón fue siempre en ellos “razones para la fe”: la armonía razón-fe; es decir, una fe que busca la razón y una razón que busca la fe; un círculo hermenéutico, perfectamente vivido, como si hubieran leído a Gadamer o, mejor dicho, como si no lo necesitaran. La razón no era condición de posibilidad de la fe; razón y fe se movían juntas, en una misma caminata, como las piernas de una misma persona, el creyente, y por ende de una persona que razonaba su fe.

Al comenzar a escindirse la razón de la fe, al iniciarse su divorcio, todo lo que sucede después es un diálogo de la razón con ella misma, buscándose a sí misma nuevamente. O sea: un monólogo. No, no es Hegel. Es que los pensadores dialogan entre ellos más de lo que parece, y la historia de la filosofía es una película llena de sentido, no una serie de documentales autónomos. La historia de la filosofía siempre fue la búsqueda de Dios. Después de la crisis razón-fe, había que recorrer un camino para volver, que aún no ha terminado. Descartes intenta poner nuevamente las cosas en su lugar, pero algo falla y Hume lo advierte. También Kant intenta poner orden nuevamente, pero se queda sin metafísica racional. Hegel intenta reconstruirla “absolutamente”, pero se olvida de una cosita —nada menos que del ser humano concreto, que sufre— y comienzan las reacciones existencialistas. Pero estas le dejan la razón a una ciencia que, mientras tanto, la había reducido a física y matemática; una ciencia que intenta re-construirse a sí misma nuevamente, de Popper a Feyerabend, señalando sus límites, pero, al sacar a la reina-ciencia de su trono, el hombre contemporáneo se queda sin rey. Los más fuertes resisten la vida sin una metafísica que les proporcione sentido, con una ética neokantiana y una ciencia en sus justos límites; los más escépticos se van al escepticismo posmoderno; los demás vagan y devanean en un sincretismo absurdo de new age, fundamentalismos, abaratamientos del gran pensamiento oriental o religiones sostenidas en nada: o sea, en el solo sentimiento o en la sola costumbre. ¡Un caos! La filosofía queda reducida a historia de la filosofía, tan interesante y desgajada de la vida humana como la historia de los pajaritos verdes, que debe ser, efectivamente, muy compleja.

Pero la razón humana siguió su curso: la modernidad ha sido un despliegue impresionante de filosofía de la física, el lenguaje, las matemáticas, la lógica, la historia, las ciencias sociales, la política, la economía, la psiquis, y muchas otras maravillas más, pero sin un punto de unión, porque la razón sigue buscando su unidad. La fenomenología de Husserl estuvo muy cerca de lograrlo, si no se hubiera quedado (comprensiblemente) enredada en el problema del idealismo trascendental.

Para colmo, gran parte del pensamiento moderno y contemporáneo da al término “demostración” un sentido logicista y cientificista que ya fue abandonado por la misma lógica (Godel) y por la misma ciencia (Popper, Kuhn, Lakatos, Feyerabend). Sin embargo, se le sigue pidiendo a la metafísica, cada vez que esta intenta dar el paso a lo trascendente. El intento de responder a esa demanda en dichos términos fue inútil: nadie se convence de ciertas demostraciones metá-fisicás, porque son presentadas en términos de dar lo que no se puede, excepto que sean  presentadas en términos de una metafísica “minimalista”, con plena conciencia de los límites del lenguaje y de las demostraciones; pero, claro, ello implicaba dar el paso que no se quiere dar: asumir plenamente el círculo hermenéutico entre razón y fe.

El experimento de una razón metafísica que prescinda del círculo hermenéutico entre razón y fe (“creo para entender y entiendo para creer”) no ha dado resultado ni ha sido eficaz como cura de la escisión razón-fe, porque fue parte de esa escisión. O sea: fue parte de un proyecto imposible. Después de Cristo, se piensa a Dios (sobre todo en la filosofía occidental) en términos judeocristianos. Dios es Dios creador, lo cual presupone la revelación como horizonte de pre-comprensión inexorable. El agnóstico dice que no sabe si ese Dios “existe o no”; el ateo dice que está seguro de que ese Dios “no existe”; pero ambos piensan en ese Dios judeocristiano; incluso los pensadores orientales ilustrados, que conocen la filosofía occidental y no tienen más remedio que afirmar o negar a ese Dios judeocristiano. O sea: después de Cristo, todos son cristianos-culturales, porque —ya sea que afirmen, nieguen o duden— están pensando en Dios como Dios personal y creador del universo, que depende de Dios como causa y a la vez es esencialmente distinto a Dios. Incluso el panteísta se enfrenta con la misma disyuntiva.

La razón no puede “partir” de algo como si no fuera necesario el horizonte de Dios creador. Si parto de una hormiguita para llegar a Dios, ¿cómo sé que la hormiguita no es Dios, excepto que habite un horizonte judeocristiano, en el que se me diga desde antes que la hormiguita no es Dios? Antes de Cristo, había efectivamente un horizonte cultural que desconocía a Dios, porque no había habido revelación cristiana que sacara al judaísmo de su esoterismo. Aristóteles desconocía, en efecto, a Dios creador. O sea, a Dios. Pero después de la revelación, la razón humana recibe un impacto del cual nunca más se puede separar. Dios habla a la razón del hombre y la razón debe responder. No responder, o hacer como si Dios no hablara, o creer que no habló, es una respuesta. La razón humana está envuelta en el diálogo con Dios y, cuando lo corta, se desconoce y se busca a sí misma. La razón debe, pues, re-encontrarse. Para ello debe hablar a una razón que crea que es posible una razón sin Dios, con analogías, con preguntas, con un diálogo sereno, sin estrategias. Pero nunca negando la relación razón-fe. El cristiano que dice “yo te hablaré solo desde la razón, no desde la fe”, se engaña a sí mismo y engaña también al otro que, además, se da cuenta de ello. Lo que sí puede hacer es ofrecerle al otro puentes y analogías desde los cuales mostrar, con calma, cuál es la razón de su esperanza y, por ende, qué es la razón. Ello no es fideísmo, porque el fideísmo niega precisamente el diálogo de la fe con la razón, con lo cual es la fe la que se pierde.

Un libro como la Suma contra gentiles, de Santo Tomás, nos ofrece una gran oportunidad para re-encontrar la razón y ofrecérsela a todo el mundo. Está escrito desde su corazón judeocristiano aunque aún se discuta por qué y para quiénes lo escribió. Por suerte, no es nada clasificable en los parámetros de hoy y nos permitirá plantear un diálogo de la razón consigo misma, para que ella se re-descubra nuevamente.

Por consiguiente, los destinatarios de mis comentarios son todos. Cuando escribo, pienso en los que no conocen a Santo Tomás, pero también en quienes lo conocen y lo confunden con un simple comentarista de Aristóteles. Así pretendo guardar la distancia y explicar todo desde la armonía razón-fe en la creación, que es lo que hacía él. Espero que mis explicaciones sean escuchadas por los formados en la filosofía analítica, pero que también despierten el interés de los que piensan que Santo Tomás es responsable de una manera de exponerlo que es un racionalismo más. Para eso he tenido que cruzar ciertas fronteras. Feyerabend nunca dijo que no hubiera método, sino que todas las metodologías, incluso las más obvias, tienen sus límites. Creo que estamos en ese límite. Mi comentario no encajará en las clasificaciones actuales; mis métodos seguramente no encajarán en los journals de hoy, pero tampoco estoy reinventando la rueda: solo trato de echarla a rodar nuevamente. No tengo ninguna estrategia especial. Siempre tuve este libro in mente, desde la primera vez que comencé a leer la Suma contra gentiles, hace más de treinta y ocho años. Este libro es, en pocas palabras, yo mismo: ese yo que se conmovió (¿habrá sido la premoción física de Báñez o la ciencia media de Molina? 🙂 ) hasta los huesos, cuando vio el plan de estudios dela Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino; ese yo que, en sus textos introductorios, siempre puso a Dios por delante, nunca por detrás. Es desde esa providencia escribo y a esa misma providencia me abandono.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

La objeción de conciencia

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 26/12/15 en http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2015/12/26/la-objecion-de-conciencia/

 

Hace un tiempo escribí una larga columna titulada “Acerca del contragolpe de estado” (estado con minúscula, ya que individuo va de esa manera y es precisamente el objeto del cuidado de sus derechos por parte del aparato estatal, por lo menos en teoría). En ese trabajo —que se incluirá como parte de una selección en un libro que he titulado Nada es gratis que publicará próximamente la Fundación Libertad y Progreso de Buenos Aires— me refería a los antecedentes de la resistencia contra los Gobiernos opresivos, argumentos esgrimidos inicialmente por algunos miembros prominentes de la escolástica tardía, por Algernon Sidney y por John Locke, luego retomados por Gobiernos republicanos, como es el caso paradigmático de Estados Unidos en su declaración de la independencia.

Ahora aludo a otro aspecto de la resistencia a los abusos del Leviatán y es desde otra perspectiva, la cual es fundamental, aunque, como se verá, no exclusivamente religiosa. Como es sabido, los padres de la Iglesia cristiana fueron principalmente los griegos Atanasio, Basilio y Juan Crisóstomo y los latinos Ambrosio, Agustín, Jerónimo y Gregorio Magno. Pero hay otros muchos que habitualmente no aparecen en primera fila. Por ejemplo, Lucio Cecilio Lactancio, conocido como “el Cicerón cristiano” (250 d. C.), quien, entre otras cosas, escribió: “Cuando Dios prohíbe matar, no sólo prohíbe el bandidaje que las propias leyes no permiten, sino que nos advierte que ni siquiera hagamos lo que los hombres consideran lícito. Así, a un hombre justo no se le permitirá servir como soldado, ya que su servicio militar es la justicia”.

Con base en esta línea argumental, la objeción de conciencia se centró principalmente en la abstención de participar en guerras y, consecuentemente, en el mandamiento de no involucrarse en el servicio militar, más adelante idea reforzada por algunas denominaciones cristianas mientras otras elaboraron sobre la noción de la guerra justa. Una de aquellas denominaciones que se mantuvieron fieles a los preceptos originales fueron los cuáqueros. Dice Jean-Pierre Cattelain en su libro La objeción de conciencia: “Con los cuáqueros se afirmará el derecho de cualquier individuo, en conciencia, a resistirse al poder civil si le parece que este va en contra de la ley divina, o contra el simple sentido común”.

Esto último me toca de cerca porque la rama Lynch, que fue a Estados Unidos desde Irlanda, era cuáquera, a diferencia de la rama que fue a Chile y la Argentina, que eran católicos, por lo que el capitán Charles Lynch abandonó aquella religión que no le permitía participar en guerras y tener esclavos y se convirtió al catolicismo, que sí permitía ambas cosas. Fue el creador de la lamentable ley Lynch, es decir, el linchamiento, lo cual implica el abandono del debido proceso (en todas las familias se cuecen habas, también soy primo del Che Guevara, quien se definía a sí mismo y a sus huestes como máquinas de matar).

En esta nota periodística me quiero detener muy telegráficamente en tres autores de gran valía y son Étienne de la Boétie, León Tolstói y Henry David Thoreau. Es de gran interés prestar atención a sus propias voces.

Étienne de la Boétie (1530-1563) escribió la obra titulada El discurso de la servidumbre voluntaria, donde sostiene: “¿Acaso no es una desgracia extrema estar sometido a un amo del que jamás podrá asegurarse que es bueno, porque dispone del poder de ser malo cuando quiere? Y, obedeciendo a varios amos, ¿no es tantas veces más desgraciado? […] [El] tirano no dispone de más poder que el que se le otorga […] [Es lamentable] ver cómo millones y millones de hombres son miserablemente sometidos y sojuzgados, la cabeza gacha, a un deplorable yugo […] ¿Acaso no es vergonzoso ver a tantas y tantas personas, no tan sólo obedecer sino arrastrarse? […] si un país no consintiera dejarse caer en la servidumbre, el tirano se desmoronaría por sí solo, sin que haya que luchar contra él, ni defenderse de él. La cuestión no reside en quitarle nada, sino tan sólo en no darle nada […] Son pues los propios pueblos los que se dejan o, mejor dicho, se hacen encadenar, ya que con sólo dejar de servir, romperían sus cadenas. Es el pueblo el que se somete y se degüella a sí mismo; el que, teniendo la posibilidad de elegir entre ser siervo o libre, rechaza la libertad y elige el yugo; el que consiente su mal o, peor aun, lo persigue”.

Por su parte, Tolstói (1828-1910), en su ensayo titulado The Law of Love and the Law of Violence, apunta que cuando una persona gobierna sobre el resto, se dice que es despotismo, cuando diez lo hacen, se dice que es la oligarquía, pero cuando el cincuenta y uno lo hace sobre el cuarenta y nueve, se dice: “Es la libertad. ¿Puede haber algo más gracioso por lo absurdo del razonamiento?”. Y en su libro The Kingdom of God Is Within You afirma: “Nuestro país es el mundo, nuestros conciudadanos son la humanidad […] consideramos como anticristiano e ilegal todos los edictos gubernamentales que requieran el servicio militar […] el cristiano no sólo no está obligado a las directivas [dictatoriales] del Gobierno, sino que está obligado a la oposición en defensa de sus vecinos y a recurrir a la fuerza contra los trasgresores de la fuerza […] Mayores son las ventajas que se ganan al no someterse a las demandas del Estado que el someterse a ellas […] La corrupción consiste en robar a las personas industriosas de sus patrimonios a través de impuestos, distribuyéndolos en dirección a la avaricia de los funcionarios, quienes, como contrapartida, están obligados a mantener la opresión sobre la gente”.

En este último libro, Tolstói desarrolla en detalle el concepto de poder político, lo cual, debido a su extensión, no resulta posible incluirlo en una nota periodística, pero es del todo aconsejable consultar ese texto, que es poco conocido, debido a que los lectores han sido encandilados por Ana Karenina y La guerra y la paz. Dicho sea al pasar, en la misma línea argumental de lo que veníamos citando es muy recomendable detenerse en el segundo anexo de esta última obra, porque puede conciliarse con el análisis de los miembros de la escuela escocesa y, más contemporáneamente, de Michael Polanyi y del premio Nobel en Economía Friedrich Hayek en cuando al orden espontáneo.

Finalmente, Henry David Thoreau (1817-1862), en su trabajo titulado Civil Disobedience , después de burlarse de aquellos ingenuos que creen a pie juntillas la propaganda de los Gobiernos en cuanto a que los sumisos son en realidad “buenos ciudadanos” (al efecto de poder explotarlos mejor), afirma: “Los hombres reconocen el derecho a la revolución, esto es, el derecho a rechazar la obediencia y a resistir al Gobierno cuando la tiranía o su ineficiencia es grande e insoportable […] [Lo peor] son aquellos que se sientan con las manos en los bolsillos y no hacen nada […] hay quienes piensan que el remedio puede ser peor que la enfermedad, pero la culpa es del Gobierno que hace las cosas peor […] Bajo un Gobierno que pone en la cárcel injustamente, el lugar apropiado para un hombre justo es la cárcel […] Yo no he nacido para ser forzado […] Ningún Gobierno debería tener derecho sobre mi persona ni sobre mi propiedad”.

Por supuesto que también desde la perspectiva de quienes integran el aparato estatal no hay justificativo para la opresión, la obediencia debida es una pantalla inaceptable para cualquier persona con un mínimo de decencia y sentido común. En el libro antes mencionado de Cattelain, referido a las fuentes de jurisprudencia que tomó el tribunal internacional de Nurenberg para juzgar a los asesinos nazis, contradijo la defensa de estos sicarios: “Acordémonos de que la mayoría de los acusados alegaron su deber de obedecer a las órdenes recibidas de la autoridad legítima. No obstante, el procurador británico observó que ‘llega un momento en que el hombre debe negarse a obedecer a un jefe si quiere ser fiel a su conciencia’. En sus disposiciones, el tribunal de excepción estableció claramente que la obediencia a las leyes y a las órdenes podía ser criminal y que el subordinado debía examinar en conciencia las implicaciones que tendría su sumisión y en caso necesario desobedecer”.

En resumen, la objeción de conciencia, que comenzó en un plano puramente religioso, se extendió a otras esferas, tanto para gobernados, cuando el Leviatán se excede en sus facultades legítimas, como para las órdenes estrafalarias que reciben funcionarios del poder. Desafortunadamente, en la actualidad el positivismo legal ha hecho estragos, incluso en muchas de las Facultades de Derecho, donde la ley vigente no se juzga con mojones o puntos de referencia extramuros de la ley positiva. Ninguna persona razonable puede soportar que el monopolio de la fuerza que denominamos Gobierno pueda hacer lo que le venga en gana con las vidas y las haciendas de la gente basado en leyes que por sus características son a todas luces injustas.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.