¿Postransición de cornisa?

Por Mario Serrafero. Publicado el 16/12/15 en http://elestadista.com.ar/?p=9445

 

El Presidente ha dado motivos para que el kirchnerismo, paradójicamente, levante las banderas de la República.

El Gobierno asumió sin transición. Sean cuales fueren las razones, la ex Presidenta decidió vaciar el acto de traspaso del mando ordenando a sus filas en el Congreso a no integrar la Asamblea Legislativa. Ya es pasado. Pero la actitud de Cristina será histórica. Quita de colaboración en un momento inaugural. Apenas hace falta señalar que tampoco lo realizado por la ex Mandataria, desde la primera vuelta, poco tiene que ver con el comportamiento esperable de un presidente que se retira. Nombramientos, designaciones, gastos que serán un gran peso para el nuevo Gobierno, etcétera. Aquí se mencionó que la Argentina necesita una ley de transición presidencial. Ya no cabe ninguna duda.

El nuevo Presidente comenzó su mandato con una gran cantidad de gestos. Como también se dijo aquí, el electorado más que cambio de políticas tuvo en mente renovación de la dirigencia, esto es, personas, estilos y comportamientos. Y entre esos gestos cabe mencionar su discurso que puso fuerte acento en el diálogo y la integración de los argentinos, la Justicia independiente, la lucha contra el narcotráfico y la intolerancia frente a la corrupción. En pocos días hubo predisposición abierta hacia la prensa, reunión con los candidatos derrotados, encuentro con todos los gobernadores y posterior conferencia con los medios. Habrá regulares reuniones de gabinete y un trabajo en equipo. Gestos y actitudes que intentan delinear un nuevo estilo.

Hasta ahora fueron gestos y actitudes que, además de delinear un nuevo estilo, intentan articulaciones políticas e institucionales para construir un tejido de gobernabilidad. Pero no sólo se trata de gestos de diferenciación con el anterior Gobierno. También parece que será el modo de construcción política. Néstor Kirchner construyó poder para contrarrestar su exiguo 22% electoral con la confrontación y el conflicto como costumbre y método. Mauricio Macri se presenta como un componedor que enhebrará los consensos que sean necesarios. Los Kirchner construyeron con el discurso de la inclusión del mayor número de gente en sus políticas. Macri intentará incluir la mayor cantidad de dirigencia, al menos en este primer momento de gestión. La reunión con gobernadores y distintos sectores tiene también este objetivo. El tiempo presente y próximo que viene se utilizará para hacer la transición que no fue, conocer a fondo los números del Estado, realizar y presentar el balance de lo recibido, calcular los tiempos para lanzar políticas y ver cómo va reaccionando una ciudadanía expectante.

¿Cabe esperar medidas de shock? ¿O el nuevo Presidente transitará el gradualismo? Probablemente utilizará ambos ritmos, según los temas y los tiempos. ¿Seguirá el método de publicidad de propuestas, ensayo y error y, en su caso, pronta rectificación? El método Cristina era el previo secreto, la decisión consumada y la ausencia de rectificaciones. La neutralización de los organismos de control y su mayoría en el Congreso lo permitían. Solo podían existir ecos en los medios de aquellos errores que nunca se corregían. El principal objetivo del Gobierno es crear confianza, lo cual significa evitar bolsones de incertidumbre y cambios drásticos de políticas, pero en equilibrio con la necesidad de comenzar a cumplir promesas electorales. Algunas son de fácil inicio como la reorganización del Indec, la desactivación del Memorándum con Irán o la quita de retenciones a las exportaciones industriales y a la mayor parte de la producción agropecuaria con una baja gradual (5%) de la soja. Otros más complejos como la resolución del cepo cambiario, una inflación que se ha disparado, la resolución de la crisis energética, el aumento de las tarifas o los problemas de inseguridad.

Por ahora no se convocarán sesiones extraordinarias. El Presidente deberá recurrir al acercamiento entre dirigentes y sectores para compensar la vía de la acción unilateral. Sin Congreso reunido, hasta comienzos de marzo –como ya se ha adelantado en otra columna anterior– cabe esperar la recurrencia a decretos de necesidad y urgencia para los casos y situaciones que se consideren necesarios. Aquí también hay una dinámica de gobierno que es el reverso de la era Cristina. La ex Presidenta no acordaba sus políticas con nadie y obtenía sus leyes de un Congreso oficialista, sordo y mudo. Macri deberá consensuar sus políticas con distintos sectores, pero la norma será la acción unilateral plasmada en decretos.

Macri deberá ser prudente para que la oposición le permita que en la postransición pueda generar recursos institucionales y políticos de poder. Deberá evitar errores cruciales. ¿Cómo explicar la designación de dos magistrados de la Corte por decreto? El artículo 99 inciso 4 establece que el Presidente “nombra los magistrados de la Corte Suprema con acuerdo del Senado por dos tercios de sus miembros presentes, en sesión pública, convocada al efecto”. Aquí el texto de 1994 fue más riguroso que el artículo 86, inciso 5, de 1853/60 al exigir mayoría calificada y sesión pública, que no las requería el anterior. Pero el Presidente –al no contar con ese número en el Senado- recurre al inciso 19 que dice que “puede llenar las vacantes de los empleos, que requieran el acuerdo del Senado, y que ocurran durante su receso, por medio de nombramientos en comisión que expirarán al fin de la próxima Legislatura”. La medida así es legal –siempre que consideremos a un juez de la Corte “un empleado”–, pero no parece coherente con el discurso presidencial. Ni con la Historia. Ni con las prácticas institucionales. Se atrevió a hacer algo que Cristina no hizo, quizá por la ignorancia y el amateurismo de sus funcionarios del área de la Justicia. Que no se recurriera a este expediente fue una práctica paraconstitucional que quedó establecida. Salvo Bartolomé Mitre –y por razones obvias–, ningún presidente llenó una vacante de estos “empleos” en la Corte Suprema por decreto. De nada sirve decir que se trata de dos respetados juristas –que lo son–, y que uno se encuentra cercano al radicalismo y otro al peronismo. El problema es otro. Aquí el Presidente no es el reverso de Cristina. Macri parece tan kirchnerista como Cristina. La acción de Macri, ¿llega como prevención contra una Corte que dictó un fallo –el de la coparticipación– que le puede alterar la ecuación de recursos financieros al Gobierno? ¿Será para respaldar futuras medidas unilaterales de la Presidencia? Sea lo que fuere, el precedente puede ser nefasto para el futuro. Además, ¿era necesario ahora hacer estos dos nombramientos en comisión? Seguramente surgirá una polémica que no será beneficiosa para Macri. Probablemente el Presidente ha dado motivos para que el kirchnerismo, paradójicamente, levante las banderas de la República. Y también podría provocar división en el propio frente. En la tarea de engrosamiento de la legitimidad y la construcción de gobernabilidad rifar capital político no es una virtud, ni menos aún una demostración de prudencia política. ¿Tendrá Macri un período de “luna de miel” en su Gobierno o comenzó a transitar una postransición de cornisa?

 

Mario D. Serrafero es Doctor en Ciencia Política y en Sociología, por la Universidad Complutense de Madrid y Doctor en Derecho por la Universidad de Buenos Aires. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas. Es investigador del Conicet. Escribió el libro Reelección y sucesión presidencial . Es profesor de Análisis Institucional en ESEADE.

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