La ola de inmigrantes sirios hace temblar políticamente a Ángela Merkel

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 13/11/15 en: http://www.lanacion.com.ar/1845059-la-ola-de-inmigrantes-sirios-hace-temblar-politicamente-a-angela-merkel

 

Es la mujer más influyente del mundo, ha sobresalido entre los líderes europeos; sin embargo, la falta de acuerdos ante la crisis migratoria la volvió vulnerable.

 

Angela Merkel es la mujer más influyente del mundo. De Europa ciertamente lo es, sin la menor duda. En los últimos años ella ha mantenido en sus manos tanto el timón de Alemania, como el de la Unión Europea. Firmemente. Y con éxitos reiterados. Que incluyen atravesar la última crisis financiera global, moderar la situación en Ucrania mediante la imposición de duras sanciones europeas a la Federación Rusa y la defensa de la asediada zona del euro. Lo logró con una inusual mezcla de firmeza, serenidad y ejecutividad. Con un carisma muy particular, edificado sobre su tesón y su atractiva sencillez personal. Por eso, precisamente, ha sobresalido entre los líderes europeos.

En Alemania, ella ha sido responsable de mantener intacta a la coalición de gobierno que ha encabezado personalmente durante los últimos diez años. Hablamos de una alianza estratégica de centro entre la Unión Cristiana Democrática, que Merkel lidera, y la Unión Social de Baviera. Unión que Ángela Merkel ha sido capaz de liderar con eficiencia.

No obstante, esa alianza está, de pronto, amenazada. Como nunca hasta ahora, realmente. En rigor, atraviesa lo que el propio ministro de finanzas de Baviera califica como “la situación más difícil en décadas”.

¿Por qué? Por el diferendo que existe entre los dos aludidos miembros principales de la actual coalición de gobierno sobre cómo enfrentar la ola de inmigrantes sirios e iraquíes que está precipitándose sobre Alemania, país que atrae por su estabilidad y por sus oportunidades económicas. Así como por su generoso sistema de seguridad social.

Ocurre que las visiones de ambos partidos difieren. El líder de la Unión Cristiana Social, Horst Seehofer, es enemigo declarado de la política de “puertas abiertas” a la que califica de irresponsable. Ángela Merkel, en cambio, proclama que la apertura es -y seguirá siendo- el eje central de su política migratoria. El debate, que comenzara en el 2014 respecto de los inmigrantes rumanos y búlgaros, ha subido de tono y se ha transformado en una preocupación seria para todos los alemanes con la reciente llegada masiva de los refugiados sirios.

Tan es así, que si de pronto las soluciones de fondo no se acuerdan, la Unión Cristiana Social podría retirar sus miembros del gabinete de Ángela Merkel, precipitando una crisis política con impacto en toda Europa. Esto puede suceder en cualquier momento, desde que por ahora sólo se ha logrado avanzar en el tema mediante puentes y parches, sin poder acordar soluciones de fondo, con un horizonte que supere el corto plazo. Como parece haber ocurrido con la reciente decisión de la administración alemana de demorar los llamados de los refugiados a sus familiares para reunirse en Alemania.

La imparable ola de los inmigrantes sirios golpea particularmente duro a Baviera, que es la puerta de entrada del flujo sirio que avanza incesantemente desde Austria. Se trata de unas 10.000 personas que ingresan a Alemania por día y que exigen una atención compleja, inmediata y, además, cara. En el año en curso se estima que ingresarán a Alemania nada menos que un millón de personas provenientes de Siria e Irak. Una cifra similar llegaría, además, anualmente a lo largo del 2016 y del 2017.

Para Seehofer, esto impone la necesidad de restringir y ordenar la política de puertas abiertas. Ya mismo. Por dos razones. Primero, por el enorme costo del esfuerzo que recibir a un contingente tan grande de inmigrantes supone. Y, segundo, por el impacto que la ola tiene inevitablemente sobre la identidad y la cultura local. El ministro de finanzas, Wolfgang Schäuble, tiene una visión parecida.

Ocurre que no todos los alemanes están de acuerdo con la generosidad y con la grandeza moral de Merkel, que se expresa en una frase suya particularmente gráfica, que ha suscitado polémicas: “El Islam pertenece a Alemania”. Con todo lo que ella, más allá de su contendido intrínseco, sugiere e implica.

Recordemos que la industrializada Baviera es conservadora y mayoritariamente católica. Particularmente ordenada, además. Tiene los niveles de ingresos más altos de Alemania y sus impuestos conforman la contribución más alta al Tesoro Nacional. De allí su importancia relativa.

Por la crisis inmigratoria, Ángela Merkel luce vulnerable. En función de las convulsiones de todo orden que su decisión de apertura genera. Incluyendo el resurgir de los peligrosos extremismos de izquierda y derecha. Y de la cuota de xenofobia y fanatismo que ello supone.

Merkel luce casi indispensable ante la situación actual. Por dimensión propia. La hija de un pastor luterano tiene una posición admirablemente generosa. Y, por su pragmatismo y eficiencia, es capaz de conducirla eficazmente, construyendo los equilibrios requeridos para que los esfuerzos se compartan.

El camino a seguir es el de la búsqueda de consensos y no el de las confrontaciones airadas. Merkel habla poco, pero resuelve mucho. De allí su importancia. “Mutti” (“Mamá”), como la llaman sus conciudadanos, puede encauzar la solución que el momento exige y convocar a todos a participar en ella, dentro y fuera de Alemania. Su ausencia, en cambio, alimentaría los populismos que desgraciadamente se han asomado al escenario.

Pero lo cierto es que, como en su momento ocurriera con Margaret Thatcher, Ángela Merkel puede parecer invencible. Nadie realmente lo es. Y que una década de intensa gestión cansa siempre a la gente. No obstante, lo cierto es que su ausencia del gobierno alemán provocaría inestabilidad y abriría interrogantes de peso en un continente lleno de dudas.

Además, provocaría fisuras en el proyecto integrador europeo, en momentos en que ha crecido la desilusión con el rumbo común. Por todo esto, las preocupaciones.

Dentro de su propio partido, Merkel es inmensamente popular y goza de un 82% de apoyo. Más allá del mismo, las cosas, sin embargo, no son para ella tan confortables. Esta es, quizás, la crisis más seria en toda una generación europea. Merkel, que insiste en una Europa sin fronteras, está en condiciones de navegarla. Pero cuidado, sólo si su propia tropa la acompaña desde la cooperación y la racionalidad. En lugar de enfrentarla desde las emociones.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

 

Post a comment or leave a trackback: Trackback URL.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: