No sólo se trata de ganar

Por Mario Serrafero.

 

Las elecciones del 25 de octubre tuvieron un gran impacto. El kirchnerismo ingresó en un cono de sombras y Cambiemos obtuvo un resultado sorprendente. Scioli obtuvo el 36,86% y Macri el 34,33%. El oficialismo y Scioli esperaban ganar en primera vuelta. ¿Qué pasó? La pregunta tiene varias respuestas. En primer lugar, la fotografía de las PASO dieron la primera pista, con una oposición de más del 50% distribuida en dos espacios. Faltaba saber que, para la primera vuelta, Scioli había llegado a su techo, en cambio sus oponentes tenían para crecer.  Hubo errores en la campaña, pero todos los cometieron. Como se dijo oportunamente, la actitud y el comportamiento de Scioli podían ubicarlo como candidato oficial, pero ello no aseguraba su triunfo electoral. Scioli bajó el porcentaje de votos respecto de las PASO. ¿Lo abandonaron kirchneristas defraudados por ciertos gestos de equidistancia –como el gabinete que presentó- o independientes frente a la continuidad de su prokirchnerismo? El problema siempre fue el mismo: el lugar de Scioli. Su posición gelatinosa y su palabra siempre evasiva con un discurso obediente de Cristina, pero dando mensajes de diferencia. Discurso esquizofrénico que probablemente no retuvo a todo el kirchnerismo y seguramente no conquistó independientes. La sensación de fracaso tiene un nombre: Cristina. Ayudó mucho a los resultados prohijando la candidatura de Aníbal Fernández y de Martín Sabbatella, luego de la defección de Florencio Randazzo, quien se había rebelado frente al maltrato presidencial. María Eugenia Vidal logró un triunfo histórico en la Provincia de Buenos Aires. Ese bastión peronista iba a convertirse en el reducto del kirchnerismo duro. Vidal es una dirigente a quien se le reconocen no pocas virtudes. Y Aníbal es el prototipo de funcionario que hace gala de su contracción al trabajo, pero también de  algunos vicios como la soberbia, la prepotencia y el sofisma discursivo. Fue un espada importante para el estilo político preferido por Cristina: la confrontación y la humillación del opositor. No hacía falta un votante muy sofisticado para advertir estas características, sin entrar a considerar aspectos más turbios. Para Aníbal, parte de su derrota se explica por “fuego amigo”. En el peronismo/kirchnerismo ha comenzado un proceso de pase de facturas y de transformaciones.

Macri triunfó en Capital, Córdoba, Santa Fe y Mendoza y sus candidatos a intendentes destronaron a varios barones del cono urbano. ¿Fue exitosa la estrategia de campaña? Según los resultados, para muchos sí. No obstante, en vistas de los mismos resultados, también podría lanzarse la hipótesis de que podría haber ganado en primera vuelta, con el acuerdo adecuado. En todo caso, necesitará algo más que los votantes del 25 de octubre si quiere triunfar. Hasta ahora, Macri cosechó votos impensados incluso contra la estrategia diseñada por sus asesores de campaña. Pero algunos aciertos parecen propios: elegir bien a sus candidatos, como Vidal en la provincia y, en su oportunidad, Michetti para la vicepresidencia. Los acuerdos que no se hicieron antes, seguramente se harán en este tramo. Pero algo queda claro, los votos son de los electores y más allá de qué acuerdos se hagan, en esta instancia, si la cuestión es cambio o continuidad, el eje será votar por el kirchnerismo y su herencia aguada o un rumbo distinto con cambio de figuras incluido.

Margarita Stolbizer fue víctima del voto estratégico/voto útil y Massa resistió muy bien y hasta aumentó lo logrado en las PASO. Scioli y Macri apuntarán a sus electores. Los primeros discursos de los candidatos, luego de los resultados, iniciaron la campaña. Scioli se recostó aún más en el regazo kirchnerista y tensó la supuesta oposición entre el Estado representado por el kirchnerismo y el mercado, encarnado por Macri. ¿Cuántos más votos conseguirá en ese espacio y con ese discurso? Macri parece haber vuelto al lugar de donde partió: el cambio. Dejó atrás aquel discurso apresurado luego de la elección de Capital. Massa dio guiños de que está más cerca de Macri que de Scioli. En su discurso la palabra “cambio” se repitió varias veces.

El  22 de noviembre habrá nuevas elecciones. Será el primer ballotage que se llevará a cabo en el país. En 2003, Menem no concurrió a la segunda vuelta y Néstor Kirchner fue ungido presidente. Esta vez, los dos candidatos concurrirán a la contienda. La clave de la elección son los votos de Massa, más del 21%. Los dirigentes del massismo –aunque no Massa- pueden estar más cerca de Scioli, pero sus votantes probablemente no. ¿Qué hará Massa? Podría hacer un acuerdo con Scioli o con Macri, pero ello no será concluyente para los comicios. Los votos son de los electores y un aire de cambio se ha expresado en las urnas. La masa flotante de votantes responderá al supuesto cambio de época –o no- más allá de los que digan los dirigentes.

No sólo se trata de ganar. Los acuerdos serán más importantes para la gobernabilidad de la futura gestión que para el triunfo en la próxima elección. En este sentido, quien más requiere un acuerdo es Macri. Scioli necesita captar el voto que le es esquivo por su cercanía con Cristina, pero si ganara la gobernabilidad no estaría amenazada. Fue el candidato que ganó en las PASO con el 38,4%, que triunfó en la primera vuelta con el 36,86% y si gana en la segunda, su legitimidad saldrá fortalecida por la ciudadanía. Cuenta además con el apoyo de gobernadores peronistas y la primera minoría de la Cámara Baja y la mayoría en el Senado. A esta altura, su triunfo en segunda vuelta sería una suerte de gesta y hasta el kirchnerismo lo vería con mejores ojos. Revertiría un cambio de expectativas. Para él, sólo se trata de ganar. Pero para Macri no es suficiente. La teoría del “PRO puro” siempre tuvo patas cortas, más allá del espacio común construido con el radicalismo y la Coalición Cívica. Y más allá de que una masa flotante de votantes se decante naturalmente hacia él por hartazgo o sensación de fin de ciclo del kirchnerismo.

No se trata sólo de ganar, sino de asegurar las condiciones que le permitan gobernar. Si ganara, Macri habría revertido sus resultados anteriores. Sería un presidente que obtuvo en las PASO  24%,  que perdió en primera vuelta con el 34,33% sostenido por una coalición conformada presumiblemente por un 30% de su espacio y un 4% de votantes útiles que, si gana en segunda vuelta, se incrementaría en más de un 16%. Habrá triunfado por un mix de coalición real y coalición negativa. Un presidente que revierte los resultados de la primera vuelta significa que tiene menos rechazos de quien sale segundo en esta instancia, pero no necesariamente tiene resuelto el tema legitimidad. Deberá construirla a lo largo de su gestión y para ello tendrá que tener la posibilidad de gobernar adecuadamente. Pero a nivel federal tendrá inexorablemente un gobierno dividido con un Senado opositor y con una Cámara Baja donde no es mayoría. Su fortaleza es la Ciudad de Buenos Aires y en el gobierno de la Provincia necesitará aliados. Un acuerdo con Massa, en esta instancia y frente a la segunda vuelta no parece absolutamente necesario. Si es que existe un cambio de época los votantes fluirán casi naturalmente.  Pero tarde o temprano deberá realizarse un acuerdo que podrá ser una coalición legislativa o una coalición de gobierno. El principal fantasma que revolotea sobre un presidente que ha revertido los resultados de la primera vuelta, ha obtenido una mayoría (artificial) en la segunda y que obviamente no cuenta con un respaldo equivalente en las instituciones de gobierno es creer en la (inexistente) solidez de su triunfo. La segunda vuelta determina ganadores, pero no presidentes con relativa capacidad de gobierno.

 

Mario D. Serrafero es Doctor en Ciencia Política y en Sociología, por la Universidad Complutense de Madrid y Doctor en Derecho por la Universidad de Buenos Aires. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas. Es investigador del Conicet. Escribió el libro Reelección y sucesión presidencial . Es profesor de Análisis Institucional en ESEADE.

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