Efectos de comprimir el tipo de interés

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 17/10/15 en: http://www.rionegro.com.ar/diario/efectos-de-comprimir-el-tipo-de-interes-7970830-9539-nota.aspx

 

A fines de septiembre, el presidente de China, Xi Jinping, realizó su primera visita oficial a Estados Unidos en su carácter de primer mandatario del gigante asiático. Como es natural, lo esencial de su agenda fue la reunión que mantuvo con el presidente Barack Obama, considerada un encuentro crucial en momentos de gran incertidumbre.

Xi llegó a Estados Unidos en medio de tensiones entre Pekín y Washington sobre la seguridad cibernética y disputas del Mar de China Meridional; no obstante, lejos de desestimar la importancia de las dificultades de mención, el presente artículo pone el foco sobre los aspectos económicos, en particular la volatilidad de los mercados y sus causas, que alcanzan a las dos economías más grandes del mundo.

Tras la crisis financiera subprime, el crecimiento de China sostuvo la economía mundial ante la caída de Estados Unidos y otras naciones avanzadas, pero el aumento de señales de una desaceleración del líder de Oriente ha dejado al descubierto la fragilidad de todo el sistema.

Con escasa demanda global, las manufacturas chinas son cada vez más dependientes de los consumidores y empresas estadounidenses. De hecho, si las tendencias actuales se mantienen, China desplazará a Canadá este año como el mayor socio comercial de Estados Unidos. Las exportaciones chinas al país del Norte subieron un 6,1% en los primeros ocho meses del 2015 respecto del año anterior, en comparación con una caída del 1,4% de las exportaciones al resto del mundo. En este contexto, las presiones sobre Xi, quien debe garantizar que Estados Unidos siga siendo un cliente satisfecho, son más grandes que las del presidente Barack Obama, quien puede descansar más tranquilo desde el punto de vista comercial ya que las exportaciones estadounidenses a China son una tajada mucho menor, proporcionalmente, de la economía de su país.

Debido al fuerte retroceso de la inversión, China se ha convertido en un exportador neto de capitales. El flujo de capital pasó a ser negativo por una cifra de 610.000 millones de dólares en los últimos doce meses, en comparación con el ingreso neto de 224.000 millones para igual período del 2014. El cambio de escenario impulsó al gobierno del país asiático a intervenir su política monetaria. Tan pronto como devaluó el yuan, el auge de las acciones fomentado por el Partido Comunista se derrumbó con la misma rapidez. Entre sus consecuencias, el derrotero de los índices de referencia de China (Shanghai Stock Exchange Composite Index, Shenzhen Stock Exchange Composite Index, Chinex Price Index, etcétera) se ha vuelto mucho más volátil que el de sus homólogos de Estados Unidos (Standard & Poor’s 500 Index, Nasdaq Composite Index, Dow Jones Industrial Average…), lo que socava la percepción de que el gobierno chino está administrando hábilmente la transición hacia los mercados financieros más abiertos.

Los precios de las acciones de Estados Unidos, hoy en día, aparecen elevados en términos históricos. Los mercados de renta variable enfrentan problemas de estabilidad financiera asociados a diversas causas contingentes. Los recientes picos de volatilidad pueden presagiar aún tiempos más turbulentos por delante. El mercado alcista desde marzo del 2009 hasta mediados del 2015 se ha beneficiado de los tipos de interés excepcionalmente bajos durante todo el período –”too low for too long” es la expresión preferida para los tipos de interés– y los precios de las acciones de Estados Unidos se triplicaron a pesar de una recuperación macroeconómica más débil de lo normal. Según datos históricos, los períodos de valoraciones extremas son eventualmente seguidos de grandes caídas de los precios de mercado, algunos de los cuales han desembocado en crisis sistémicas.

La razón CAPE, cyclically adjusted price-to-earnings ratio (relación precio/ganancia ajustada cíclicamente), desarrollada por Robert Shiller –premio Nobel de Economía 2013– y John Campbell compara el índice Standard & Poor’s 500 con las ganancias promedios de acciones en los últimos diez años. Dicha proporción se encontraba en 25,4 el 14 de octubre, un 53,3% más alta que su media histórica, de 16,6. Su banda superior de dos Sigma (desvío estándar, volatilidad o medida de dispersión) es de 30. Lecturas de más de 27 ocurrieron antes de los picos de mercado en 1929, 1999 y 2007. Cada una de estas cimas fue seguida por una fuerte disminución de precios de las acciones y consecuencias adversas para la economía real. La razón Q de Tobin, que es la relación entre el valor de mercado de acciones corporativas no financieras dividido por su valor neto, sugiere un mensaje similar en torno de la valoración de acciones: se acercan a niveles críticos. Asimismo, la relación entre el valor de mercado corporativo con el producto bruto nacional (PBN) está en su nivel más alto desde el 2000 y se acerca al umbral de dos Sigma. Este indicador se conoce, informalmente, como “índice Buffett”, ya que es utilizado habitualmente por el presidente de Berkshire Hathaway, Warren Buffett.

Los mercados pueden cambiar de manera rápida e impredecible toda vez que se producen zozobras y estos cambios son más nítidos y perjudiciales cuando el precio de los activos se encuentra en máximos extremos. Altas valoraciones tienen importantes implicancias para los rendimientos esperados de inversión y, potencialmente, para la estabilidad financiera. Al recargar una parte de la balanza se interrumpe el equilibrio del sistema, alterando el rígido mecanismo de su reacción y alejando las tendencias de su saludable ecuanimidad. Como teoría de las influencias unilaterales, la teoría monetaria debe poder explicar la aparición de fenómenos que serían inconcebibles en una economía de trueque y, en particular, los desproporcionados acrecentamientos que dan lugar a las crisis. Se está de acuerdo en que para prevenir la depresión el único medio efectivo es prevenir el boom.

Un punto de partida para tales explicaciones debe buscarse en la posibilidad de que se den, con el curso normal de los acontecimientos, ajustes automáticos de la cantidad de dinero, con la presente organización del dinero y del crédito, sin necesidad de acción alguna con carácter artificial o violento del agente externo. Así, surge una idea secundaria estrechamente relacionada con la de que las fluctuaciones dependen directamente de alteraciones del valor del dinero. Al cambiar la relación monetaria –es decir, la relación entre la demanda de dinero, de un lado, y las existencias monetarias, de otro– también varían los precios de todos los bienes y servicios. Sin embargo, no cambian los precios de los diversos bienes en la misma proporción ni en la misma época. Ello, como se sabe, provoca que a su vez pueden modificar las circunstancias determinantes del tipo de interés. El propio Mises ha aportado amplia justificación para su teoría, al atribuir la periódica reproducción del ciclo económico a la tendencia general de los bancos centrales a deprimir el tipo monetario del interés por debajo del tipo natural.

El tipo de perturbación que la experiencia demuestra se produce con periódica regularidad: se llama propiamente ciclo económico y se da cuando es elástico el volumen del dinero y puede existir falta de rigidez en la relación entre el ahorro y la creación de capital fijo. Como dijo John Kenneth Galbraith, “El capitalismo moderno y el socialismo moderno coinciden en lo tocante a sustraer el ahorro de manos de aquellos que poseen la libertad de gastarlos a su antojo. Tanto en un sistema como en otro, las decisiones acerca del montante a ahorrar y de la magnitud de lo que hay que invertir no son tomadas por los interesados, sino en su nombre”.

 

 

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), Profesor Titular e Investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.

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