Muestra de la Profesora Malena Babino: Pintura y literatura para disfrutar

Por Hugo Beccacece: Publicado en http://www.lanacion.com.ar/1830935-pintura-y-literatura-para-disfrutar

 

En el jardín del Museo Sívori, Malena Babino, la curadora de la hermosa muestra El grupo de París, hablaba sobre lo que había sido la investigación previa. “Ya había trabajado sobre este tema en 2010 y el resultado de esa tarea fue el libroEl grupo de París, donde me ocupé de la estadía de Héctor Basaldúa, Aquiles Badi, Horacio Butler, Raquel Forner, Alfredo Bigatti y Leopoldo Marechal en Francia. Pero a todo eso, en esta oportunidad, se agregó un material nuevo. En sus memorias La pintura y mi tiempo y Las personas y los años, Butler se refiere al período que pasó en Worpswede, Alemania, en 1922. Fueron ocho meses de los que no se sabía mucho. El año pasado, resolví visitar esa ciudad para ahondar en el tema. Butler viajó a Europa en 1922. Pensaba desembarcar en Vigo, pero un compañero de travesía, un alemán, le sugirió que siguiera hasta Hamburgo. Butler aceptó ese consejo y, ya en Hamburgo, alguien le recomendó que visitara la pequeña ciudad de Worpswede, donde desde fines del siglo XIX se había desarrollado una colonia artística.”

El movimiento de Worpswede estaba animado por un espíritu místico y panteísta. Se trataba de salir del taller y explorar la naturaleza, a la manera de los pintores de la escuela de Barbizon. Las figuras sobresalientes de Worpswede fueron Otto Modersohn, Fritz Mackensen, Fritz Overbeck, Heinrich Vogeler, Paula Modersohn-Becker, Clara Westhoff, que se casaría con el poeta Rainer Maria Rilke, y Martha Schröder, casada con Vogeler. Éste había levantado una casa, la Barkenhoff, (Casa de los abedules), que devino el centro de reunión del grupo. Cuando Vogeler se divorció de Martha al final de la Primera Guerra, ella desarrolló una especie de comunidad paralela, que funcionaba como pensión y, a la vez, como taller: la Haus im Schluh (Casa en el pantano).

Cuando Butler llegó a Worpswede, varios de los miembros de la colonia ya habían muerto o se habían ido. Se hospedó en la Haus im Schluh, regenteada por Martha Vogeler, y se sintió tan a gusto que se quedó allí durante ocho meses. Pintó una serie de retratos y paisajes que quedaron en Alemania. Algunas de esas obras se conservan en la Haus im Schluh y otras pertenecen al coleccionista Peter Elze. Las pinturas alemanas del argentino se pueden ver en un video que se proyecta en el Museo y que también está en el sitio on line de la institución.

“En Worpswede -contó Babino- tuve acceso a la correspondencia de Butler con Martha Vogeler. Las cartas traslucen una amistad muy íntima. Además de esos hallazgos, tuve un premio. Me alojé en la Haus im Schluh. Mi habitación era la misma que había ocupado Butler.”

Ya el lunes, habían llegado escritores extranjeros para el Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires. Esa noche, María Eugenia Romero, la responsable de la editorial Letra Nómada, organizó en su casa un cóctel para dos de sus autores: el portugués Gonçalo Tavares (Una niña está perdida en su siglo en busca de su padre) y el colombiano Andrés Burgos (Manual de pelea). Los dos tienen mucho sentido del humor, pero son social y literariamente muy distintos. Tavares tiene la discreción, la reserva y la actitud más bien introvertida que se les atribuye a los portugueses; también despliega el arte de ser muy simpático sin buscarlo. Más que hablar, susurra.

Burgos, por su parte, es mucho más extrovertido. Es cineasta, además de escritor: dirigió a Carmen Maura en Sofía y el terco. “Carmen es una actriz y un personaje formidable -comentaba en la reunión-. Me parecía imposible que aceptara trabajar en mi primer largometraje, pero sucedió.” El film narra la historia de una mujer que, con más de sesenta años, nunca ha visto el mar. Ése es su sueño: ver el mar. Para su esposo, en cambio, la palabra “sueño” sólo remite a sus pesados ronquidos nocturnos. Burgos, entre risas, dijo: “Eso tengo en común con mi personaje: ronco y ¡cómo!”.

Romero descubrió a Tavares hace ya unos años y, de inmediato, le ofreció publicar en su sello. Varias de las tapas de Letra Nomada son del artista Remo Bianchedi, entre ellas la de Una niña está perdida? Hace años que él y María Eugenia Romero viven en Córdoba. Desde allí, Bianchedi mandaba sus ilustraciones para el Suplemento Cultura de este diario.

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