El equilibrio general y las fallas de Mercado: ¿si elaboramos la teoría, cómo no va a existir?

Por Martín Krause. Publicado el 7/6/15 en: http://bazar.ufm.edu/el-equilibrio-general-y-las-fallas-de-mercado-si-elaboramos-la-teoria-como-no-va-a-existir/

 

Con los alumnos de Economía e Instituciones de OMMA-Madrid vemos los capítulos 2 y 3 sobre la teoría de las fallas de mercado. Algunos párrafos sobre el equilibrio general:

Si el punto de equilibrio de un mercado es óptimo en el sentido de Pareto, ¿no ha de ser óptima una situación en la que todos los mercados estén en equilibrio? Imaginemos una situación así: se maximiza el superávit de los demandantes y el de los oferentes; no existen excedentes involuntarios en el mercado, ya que todo el que quiso comprar lo hizo, y todo el que quiso vender también, y los productos quedaron en manos de quienes más los valoran: los compradores, que adquirieron de los oferentes que los valoraban en menos, y los vendedores, cuando sus valoraciones eran superiores a las de los compradores.

Por supuesto que el equilibrio general es un modelo “ideal”, una configuración imaginada, no descubierta en el mundo real. ¿Cuál sería el sentido de considerar mundos ideales que no existen? Pues como en las ciencias sociales no pueden realizarse experimentos como en las ciencias naturales, el uso de este tipo de construcciones imaginarias permite llegar lógicamente a determinadas conclusiones, suponiendo algún tipo de cambio, mientras que todo lo demás se mantiene igual. Esto es lo que solemos describir con las palabras latinas ceteris paribus, con lo cual se quiere decir que todo lo demás sigue igual, no ha cambiado. Un modelo ideal de este tipo nos permite deducir cuáles son los efectos de alguna modificación en alguna de las variables.

Volviendo al equilibrio general, el problema es que el modelo del mercado competitivo en equilibrio, como suele ser presentado, demanda unas condiciones de imposible realización en el mundo limitado y real en el que los humanos vivimos.

Esto exige que ni las dotaciones de recursos, ni las posibilidades tecnológicas, ni las preferencias de los consumidores cambien. No existe un beneficio empresarial, sino una tasa de remuneración de los factores, que es igual a todos ellos. Es una economía sin cambios, sin innovación, sin emprendedores. Demanda, adicionalmente, un conocimiento omnisciente: todas las decisiones antes mencionadas solo pueden cumplirse si se tiene un conocimiento perfecto y anticipado de las acciones y reacciones de los demás actores del mercado.

El precio del mercado nunca coincidirá con ese precio final, pero es necesario considerar a este último para comprender el mecanismo de ajuste del mercado hacia el mismo. Ese precio será un blanco móvil que nunca será alcanzado, debido fundamentalmente a que los cambios en los factores que determinan la formación de los precios no suceden en forma simultánea, sino que requieren tiempo, y es durante ese tiempo cuando se producen nuevos cambios.

Esa construcción imaginaria de un “estado final de reposo” o equilibrio general walrasiano continúa funcionando como una “economía de giro uniforme”, donde existe…

… un conjunto de precios tal que cada consumidor elige la cesta que prefiere de entre las que son asequibles y todas las decisiones de los individuos son compatibles en el sentido de que la demanda es igual a la oferta en todos los mercados. (Varian 1993, p. 509).

… fue elevada posteriormente a la categoría de “óptimo”, según el Primer Teorema de la Economía del Bienestar, al lado de la cual todo lo demás es un “fracaso”:

Este teorema garantiza que un mercado competitivo obtiene todas las ganancias derivadas del comercio: la asignación de equilibrio lograda por un conjunto de mercados competitivos es necesariamente eficiente en el sentido de Pareto. Quizá no tenga ninguna otra propiedad deseable, pero es necesariamente eficiente. (Varian 1993, p. 518).

Se pregunta Varian: “La existencia de un equilibrio competitivo es importante en la medida en que sirve para comprobar la coherencia de los diferentes modelos que hemos analizado en los capítulos anteriores. ¿De qué serviría desarrollar complejas teorías del funcionamiento de un equilibrio competitivo, si este normalmente no existiera?” (p. 515).

Parece un razonamiento de este tipo: tenemos una linda teoría, la realidad tendría que ser como ella indica… y, si así no es, será la realidad la que tiene problemas. La teoría, sin embargo, tiene que ayudarnos a comprender la realidad, lo cual es muy distinto de pretender que esta se acomode a ella.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

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