Borges, los libros y los muros.

Por Alejandra Salinas:

Al recibir el Premio Cervantes en 1979, Borges afirmó que su héroe no era el Quijote, sino Alonso Quijano, el hidalgo español que “después de leer sobre Gran Bretaña, Francia y la gran Roma, se embarcó en la tarea de ser un “paladín”, de restaurar la justicia a un mundo corrupto”. Esta asociación entre los libros y los principios de la justicia y la libertad fue recurrente en los escritos y declaraciones del autor argentino, como también lo fue su crítica a las ideas y acciones políticas que violan esos principios.

Dos de las formas más evidentes en que esas violaciones se llevaron a cabo a lo largo de la historia humana a manos de los gobiernos han sido las guerras y conquistas y, con igual frecuencia, la construcción de guetos, muros, bloqueos, cuando  no la destrucción de libros y logros culturales.

Quisiera recordar brevemente aquí que el arte literario de Borges no fue ajeno a esas realidades: en “La muralla y los libros”, escrita en 1950 (en el contexto de la Revolución Cultural China) el autor argentino escribe que “quemar libros y erigir fortificaciones son las ocupaciones habituales de los príncipes”. Décadas después, en “El Congreso”, un cuento con trama similar a un complot político, el jefe ordena quemar todos los libros cuando se da cuenta de que su experimento ha fracasado. Por último, los libros y la cultura también son víctimas en “Juan López y John Ward,” una historia sobre la triste suerte de un soldado inglés y uno argentino, cuyas vidas y común interés en la literatura son inexplicablemente aniquilados en la guerra de Malvinas.

Así, en las letras de Borges los muros, la guerra y la quema de libros ilustran la trágica e ingenua pretensión de gobernantes de todos los tiempos y lugares intentando modelar la vida social a su antojo. Durante la mayor parte del siglo XX, esos intentos alcanzaron su punto máximo en las políticas totalitarias de variadas ideologías, que finalmente sucumbieron bajo el peso de sus propios e imperdonables errores.

El próximo 9 de noviembre se celebran 25 años de la caída del muro que separó físicamente las dos Alemanias y a las sociedades libres de las sociedades comunistas. Sin duda, se trata de una ocasión icónica para celebrar una fiesta global y renovar nuestra defensa de la libertad, la justicia y la dignidad humana. Para muchas personas, nuestro siglo comenzó esperanzado – quizás como todo otro siglo- de que esta tarea puede ser posible. Pero los peligros que la acechan hoy son los mismos de siempre; la política erige nuevos muros en la forma de antagonismos internos, murallas fronterizas, cárceles bolivarianas, cepos a la libertad del intercambio, o cercos intangibles sobre el ciberespacio. Éstos, y otros hechos y amenazas, nos interpelan con especial fuerza para decirnos que la causa de Alonso Quijano – restaurar la justicia a un mundo corrupto- debe ser la nuestra, y para recordarnos que la batalla entre los libros y los muros, tal como la retrató Borges, aún no ha terminado.

 

Alejandra M. Salinas es Licenciada en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales y Doctora en Sociología. Fue Directora del Departamento de Economía y Ciencias Sociales de ESEADE y de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas. Es Secretaria de Investigación y Profesora de las Asignaturas: Teoría Social, Sociología I y Taller de Tesis de ESEADE.

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