Dame dólares, te doy tasa:

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 7/2/14 en: http://www.lanacion.com.ar/1661881-dame-dolares-te-doy-tasa

 

Al ver la estrategia del BCRA de limitar la tenencia de divisas en los bancos, obligándolos a vender parte de sus activos en moneda extranjera (dólares, bonos en moneda extranjera, futuros, etcétera) y viendo que sube la tasa de interés, inmediatamente me vino a la mente el Plan Primavera.

Para los más jóvenes, en 1988 Raúl Alfonsín había decidido adelantar las elecciones al mes de mayo. Luego del fracaso del plan austral (1985) y sus diferentes versiones, la inflación volaba y el tipo de cambio volaba más rápido. Para tratar de llegar lo más calmo posible a las elecciones, e intentando ganar tiempo, en septiembre de 1988 se lanzó lo que se conoció como el Plan Primavera. Ese plan, entre otras cosas, buscaba darle certeza al mercado que el tipo de cambio se iba a mantener estable, al tiempo que subían la tasa de interés. Lo que se armó, en definitiva, fue una timba financiera por la cual se le ponía a la gente la zanahoria de una tasa de interés que podía ser negativa contra la inflación pero era altamente positiva si el tipo de cambio se mantenía estable. Puesto en otras palabras, se ofrecía una gigantesca tasa de interés medida en dólares.

Ese plan duró solo 5 meses porque el famoso 6 de febrero de 1989 el BCRA dejó de vender dólares para mantenerlo calmo. Ese 6 de febrero de 1989 el BCRA dijo me rindo y al dejar de venderle dólares al mercado, el tipo de cambio se disparó, hubo corrida financiera y todo terminó en la hiperinflación.

¿Por qué el Plan Primavera estaba destinado a tener un final de estallido? Porque no existe en el mercado el inversor que devengue indefinidamente una ganancia. En algún momento la realiza.

Para ser más claro voy a dar un ejemplo. Supongamos que el tipo de cambio es $ 10 por dólar y que la tasa de interés es del 5% mensual. La idea es que el tipo de cambio se va a mantener estable en $ 10 y, por lo tanto, yo apuesto a vender mis dólares por pesos, y los pesos los coloco al 5% mensual especulando con que el dólar se va a mantener quieto, sin importarme que la tasa de inflación sea del 15% mensual. Mi apuesta es que la tasa de interés que me paguen le gane a la suba del tipo de cambio.

Supongamos, entonces, que alguien vende U$S 1.000.000, recibe $ 10.000.000 millones y los coloca a tasa de interés. El primer mes gana el 5% ($ 500.000). Al mes siguiente renueva la apuesta y coloca los $ 10.500.000 al 5%. A fin de mes ganó $ 525.000 más. Supongamos que al final del período el inversor decide realizar la ganancia. Va al banco y pide el capital más los intereses ganados, es decir, se lleva $ 11.025.000 y sale a demandar al mercado divisas no por los originales U$S 1.000.000 sino por U$S 1.102.500. La demanda de dólares, cuando el inversor realiza la ganancia, aumentó en este ejemplo el 10,25%. Si muchos hacen este juego financiero por un tiempo, cuando quieren realizar la ganancia, el sistema es explosivo sobre el mercado de cambios.

Lo que estamos viendo actualmente es parecido. Obligan a los bancos a vender su posición en dólares y ponen la zanahoria de la tasa de interés para que los productores que tienen soja no especulen con que va a subir el tipo de cambio de los $ 8, no retrasen la venta de granos y apuesten a la tasa de interés. El punto es que hoy la tasa de interés para inversiones grandes está en el 25%. Contra la tasa de inflación es negativa, pero contra un tipo de cambio quieto durante un tiempo es fenomenalmente positiva. Esto quiere decir que, suponiendo que el tipo de cambio se mantiene clavado en $ 8 y la tasa en el 25% anual, el rendimiento en dólares es del 25% anual, lo cual hace que esa tasa de interés sea absolutamente inconsistente con cualquier proyecto de inversión, salvo el narcotráfico, el tráfico de armas o alguna otra actividad ilícita. Por definición la jugada es inconsistente, aunque en el corto plazo logre calmar el mercado de cambios. El Plan Primavera también logró calmar el mercado de cambios por unos meses y luego terminó en el famoso 6 de febrero de 1989.

Ahora bien, si a esto le agregamos que el Central sigue emitiendo para financiar al Tesoro y paga una tasa de interés del 30% por los bonos que coloca en el corto plazo, se acumulan dos déficits: a) el déficit fiscal y b) el déficit cuasifiscal del BCRA. Una combinación explosiva hacia el futuro.

No nos engañemos, los problemas estructurales de alta presión impositiva, gasto público infinanciable, déficit fiscal y falta de previsibilidad en las reglas de juego no se solucionan con artilugios monetarios, financieros y cambiarios. Esta historia ya la conocemos y sabemos que es solo para ganar tiempo y que termina muy mal.

La pregunta es: ¿Ganar tiempo para qué, si no están dispuestos a corregir los problemas estructurales?

En síntesis, se ha armado una timba financiera que todos conocemos cómo se desarrolla y cómo termina. Han pasado 25 años desde aquel famoso 6 de febrero de 1989 y parece que no aprendimos.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Los grammy, daft punk y el espíritu cristiano

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 5/2/14 en: http://www.hoybolivia.com/Blog.php?IdBlog=39624&tit=los_grammy_daft_punk_y_el_espiritu_cristiano

¡Get Lucky! Me encanta, el tema que se llevó el Grammy a la Mejor Grabación del Año 2013 con el cual el dúo de música electrónica francés, Daft Punk, completó cinco premios incluido el de Mejor Disco por Random Access Memories. ¡Buenísimo! Toda la ceremonia -aunque algunas cosas no me convencieron- fue divertida y, como suele suceder en estos encuentros de artistas, hubo una carga social importante, una “onda” que los “hippies” de los 70 popularizaron pero que no era nuevo sino que, cuenta la leyenda, lo vivían las primeras comunidades cristianas. 
Este “espíritu cristiano”, durante los primeros años después de Cristo, suponía la sencillez del trabajo cotidiano, sin líderes mesiánicos, la familia y la cooperación voluntaria entre todos por el bien común. Ahora, dice la escolástica medieval, hay dos especies de justicia: la conmutativa, referida al intercambio pacífico y voluntario entre las personas como se da en el mercado cuando no interviene la coacción estatal, y la distributiva -que hace a la justicia social- y merece aclarase.

Recordemos que “justo es lo que le corresponde al sujeto según su naturaleza”. Por caso, un hombre tiene derecho a comer para poder ser tal, sobrevivir. Y, para que exista esta justicia, la distribución de los bienes queda confiada al mercado natural –las relaciones “económicas” del orden natural, creado por Dios según el tomismo aristotélico- es decir a las personas cooperando voluntariamente. Ahora, para santo Tomás de Aquino “La violencia se opone a lo voluntario y a lo natural, por cuanto lo voluntario y lo natural vienen de principio intrínseco, y lo violento de principio extrínseco” (S.Th., I-II, q. 6, a. 5).

Así, Etienne Gilson –el mejor comentarista del Doctor de la Iglesia- asegura que para el Aquinate “Lo natural y lo violento se excluyen recíprocamente” (‘El tomismo’, 2da. Parte, Capítulo VIII). Aristóteles aclara que “…se puede obligar a un caballo a que se separe de la línea por donde corre… Y así, siempre que fuera de los seres existe una causa que los obliga a ejecutar lo que contraría su naturaleza o su voluntad, se dice que estos seres hacen por fuerza lo que hacen… Esta será para nosotros la definición de la violencia y de la coacción: hay violencia siempre que la causa que obliga a los seres a hacer lo que hacen es exterior a ellos” (‘La Gran Moral’, I, XIII).

De modo que cuando el Estado, haciendo uso de su monopolio de la violencia, “regula” o impone “leyes” al mercado natural destruye este orden de cooperación voluntaria, creando desorden y pobreza como cuando cobra coactivamente impuestos que empobrecen a los más pobres porque los empresarios los pagan subiendo precios o bajando salarios. Así, tienen razón los críticos del capitalismo “regulado” al decir que “no son los pobres los que han aprovechado la riqueza sino los poderosos” porque la violencia siempre favorece a los más fuertes. Así, con esos impuestos coactivamente retirados del mercado, por caso, la Reserva Federal de EE.UU. ha transferido a los bancos astronómicos recursos de los pobres.

En definitiva, la “regulación” del Estado, en tanto monopolio de la violencia, en tanto que violencia, es contraria al espíritu cristiano y gravemente inmoral ya que la moral es el conjunto de normas que el hombre, la sociedad, deben respetar para adecuarse al orden natural, querido por Dios diría la escolástica medieval.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

OBAMA Y EL ESTADO DE LA UNIÓN

Por Alberto Benegas Lynch (h)

Desde le época del segundo Bush insisto en que Estados Unidos se viene latinoamericanizando a pasos agigantados en el peor sentido de la expresión, con gastos y deudas públicas gigantescas en cuyo contexto no es una exageración decir que viven de prestado (de 2001 a 2008 G.W.Bush duplicó la deuda y Obama de 2009 al presente la volvió a duplicar, lo cual significa el 103% del producto) a lo que se agregan crecientes regulaciones absurdas y muchas veces contradictorias. Es cierto que la declinación viene de antes en ese país, pero el problema se ha acentuado enormemente en los últimos tiempos.

El discurso de Obama del 28 de enero de 2014 en el Congreso, para rendir cuentas sobre lo ocurrido en el ejercicio 2013, contiene afirmaciones que clara y contundentemente están en las antípodas de los extraordinarios principios y valores de los Padres Fundadores de esa notable nación en la que se produjo la revolución más exitosa de la historia de la humanidad como consecuencia de la libertad y el consiguiente respeto a los derechos individuales.

A diferencia del “State of the Union” pronunciado por Washington que consumió solo 800 palabras, la larga y por momentos extenuante presentación del actual Presidente no nos permite glosarla en su totalidad en una nota periodística por lo que nos concentraremos en ocho resumidos puntos que estimamos clave.

Antes entrar en materia, conviene resaltar que los reiterados aplausos de pie de los presentes en el recinto del Congreso estadounidense (casi después de cada párrafo) no está en consonancia con la tradición republicana en cuanto al necesario recato, sobriedad e independencia que las circunstancias exigen, más bien, como apunta Ron Paul, ex candidato a Presidente por el Partido Republicano en la última contienda electoral, se trata de “un lamentable circo” lo cual manifestó por televisión en entrevista con John Stossel. Esta completa desproporción de aplausos de pie nos retrotrae al Senado romano en la época de Calígula y, en nuestros tiempos, a la caricatura de Parlamento en Venezuela. Economistas de la talla de Walter Williams, Robert Higgs, Thomas Woods, Pascal Salin y Peter Schiff mostraron profundos desacuerdos con el mencionado discurso del Presidente.

Por nuestra parte, veamos entonces los ocho puntos anunciados. Primero, aunque parezca mentira, Obama reiteró lo que es moneda corriente en los países del tercer mundo donde se considera que puede aumentarse la riqueza de la gente por decreto (si esto fuera cierto no habría que proceder tímidamente y hacernos a todos millonarios de una vez). Frente a ambas Cámaras reunidas, Obama declaró muy suelto de cuerpo que incrementará el llamado salario mínimo por decreto y sin que pase el proyecto por el Congreso. Esta medida inexorablemente provocará desempleo (además de los diez millones actuales declarados oficialmente) puesto que salarios superiores a las tasas de capitalización existentes no permiten absorber empleo, desocupación que puede eventualmente disimularse con inflación monetaria la cual, a su vez, genera otros efectos indeseables al elevar salarios nominales y derretir los reales.

Segundo, en varios tramos de su alocución sostuvo que debe combatirse la desigualdad sin la menor comprensión del hecho de que ésta es una consecuencia directa de las preferencias puestas de manifiesto por el público en los supermercados y equivalentes al mostrar en grado diverso las opiniones de la gente según lo que estiman es la capacidad para satisfacer sus deseos en los diferentes rubros. Lo que si son políticas inadmisibles son los “salvatajes” que llevó a cabo esta administración que son recursos detraídos del fruto del trabajo ajeno para alimentar la irresponsabilidad e ineptitud de empresarios que tienen poder de lobby. Esta desigualdad no es el resultado del plebiscito diario en el mercado sino lisa y llanamente del pillaje.

Tercero, el aire de ejecutivo de una empresa denominada Estados Unidos y no el gobernante de una nación respetable lo hizo decir que seguiría dando órdenes y otorgando subsidios  en el área energética según sus inclinaciones y las de los burócratas que lo acompañan con total independencia de lo que ocurre en el mercado. Esto nos recuerda a la triste experiencia de Carter en los setenta que en plena suba en los precios de la energía decretó precios máximos con lo que estimuló que se consumiera más, al tiempo que hubo por vez primera filas de automóviles en las estaciones de servicio debido a la consecuente escasez y, al adulterar precios, se bloquearon las posibilidades de explorar fuentes alternativas de energía. En este caso, al subsidiar áreas energéticas por decisión política a espaldas de la economía se desarticula la asignación de los siempre escasos factores de producción.

Cuarto, volvió con la idea de obligar a las mutuales de medicina a tomar pacientes en base a “condiciones preexistentes”, es decir, aceptar a personas que no han realizado aportes al sistema, lo cual significa poner en peligro toda la estructura médica basada en el seguro. Es igual que a las compañias de seguro del automóvil: si se les impusiera la obligación de aceptar y cubrir a personas que se han accidentado pero que no han participado con el pago de las cuotas requeridas. Esto es desconocer los principios actuariales más elementales.

Quinto, le dedicó una parrafeada a la necesidad de continuar con la ayuda financiera gubernamental destinada a otros países, directamente o a través de organismos internacionales financiados con recursos de los contribuyentes. Esto como si no hubiera documentación suficiente en cuanto a que las referidas entregas han servido para consolidar políticas estatistas y corrupciones varias que provocan fuga de capitales y cerebros de los países receptores, en lugar de permitir que se modifiquen las políticas socializantes al efecto de repatriar las antedichos fugas y recibir así préstamos sobre bases sólidas. Así lo han señalado reiteradamente autores como Peter Bauer, Melvyn Krauss, Karl Brunner, Anna Schwartz, Doug Bandow y James Bovard.

Sexto, ha llamado poderosamente la atención la bravuconada de Obama en cuanto a que seguirá su rumbo “con o sin el Congreso”, lo cual significa un declarado y abierto desafío institucional y una decisión de quebrar tradiciones republicanas que hasta el momento básicamente solo ocurrían en países muy atrasados.

Séptimo, volvió a prometer el cierre de la pocilga inaudita de Guantánamo con detenidos sin juicio previo lo cual aseguró que haría en su primera campaña electoral y que aun no ha llevado a cabo. Este nuevo anuncio curiosamente estuvo sustentado en principios jurídicos cosa que está muy bien pero se da de bruces con lo que hemos subrayado en el punto anterior y con el bochornoso espionaje que el gobierno realiza sin orden de juez competente (esto ha sido especialmente denunciado y lamentado cuando se ejecuta contra gobernantes pero no se ha demostrado suficiente preocupación y alarma con lo que se viene realizando contra individuos indefensos que teóricamente son los mandantes del aparato estatal).

Y octavo, enfatizó que no hay más tropas estadounidenses estacionadas en Irak y menor cantidad de soldados apostados en Afganistán situación muy loable por cierto pero no aludió a las torpezas, invasiones y misiones militares que simultáneamente se han llevado a cabo en Egipto, Siria y Somalia.

 

Paralelamente ocurre un hecho gravísimo puesto de manifiesto por el Senador Mich McConnell -quien lidera a distinguidos denunciantes- en el programa de Fox News conducido por Megin Kelly. Es el documentado intento de Obama de utilizar la entidad fiscal (IRS) para perseguir a los críticos de su gobierno, lo cual ha constituido una de las herramientas de más baja estofa de los países totalitarios por lo que es de esperar que no prospere tamaña iniciativa.

Se acaba de publicar la segunda edición de mi libro Estados Unidos contra Estados Unidos por Unión Editorial de Madrid (la primera fue por el Fondo de Cultura Económica), donde me detengo a considerar con cierta amplitud los aspectos medulares por los que los últimos gobiernos estadounidenses se han apartado grandemente del espíritu que iluminó la existencia de esa nación y los consiguientes efectos negativos de ese apartamiento y de esas gestiones. El libro trata detenidamente la educación, la política exterior, la economía, las guerras, los servicios de inteligencia, la estructura jurídica, las drogas alucinógenas para usos no medicinales, la inmigración, los basamentos éticos y el terrorismo. Es de esperar que se reaccione lo antes posible puesto que si ocurriera otro traspié de peso en Estados Unidos, el resto del mundo entrará en un cono de sombra difícil de revertir.

En resumen, respecto al “estado de la Unión”, es como ha dicho Wiley Vaugh “es muy lindo decretar mejoras pero el dinero es sustraído de los vecinos”. Es como ha preguntado mi hijo menor: si más bien que “State of the Union” no debería denominarse “State Over the Union”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE

Príncipes y mendigos

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 5/2/14 en: http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/alejandrotagliavini/principes-y-mendigos-alejandro-a-tagliavini-columnista-el-tiempo-_13458624-4

La reunión anual del Foro Económico Mundial de Davos, y después, fue una buena ocasión para discutir sobre pobreza y desigualdades. Bill Gates pronosticó que para 2035 casi no quedarán países pobres, según el Banco Mundial, lo que resulta creíble definiendo como pobres a quienes viven con menos de US$ 1,25 diarios. A la vez, según Oxfam, las 85 personas más ricas del mundo tienen la misma cantidad de dinero que la mitad más pobre del planeta, es decir 3.500 millones de personas; y la riqueza del 1 % más adinerado del globo llega a US$ 110 billones, 65 veces más que lo que posee la mitad más pobre mundo.

El fundador de Microsoft asegura haber donado –a través de la Fundación Bill y Melinda Gates– más de 28.000 millones y planea seguir, según cuenta Jorge Ramos Avalos, “el trabajo que hemos hecho ha salvado 8 millones de vidas… ”. Pero muchos aseguran que los Gates tiran su dinero en países donde hay dictadores y sin efectos a largo plazo. Lo que resulta coherente con el hecho de que, como dice la doctrina católica, antes está la justicia que la caridad; es decir, es mejor un orden social que permita a todos vivir dignamente trabajando que tener que estar dando ayudas ocasionales.

Sin dudas, el mundo está mejor hoy. Ahora, está mejor por las “acertadas” políticas gubernamentales, pareciera que es al revés. Según cita Andrés Oppenheimer, tiene razón Marcelo Giugale, director de programas de reducción de pobreza del Banco Mundial, en que gran parte del progreso se debe, precisamente, el que los Estados chino e indio han dejado de hacer cosas que ahora realizan las personas dentro del mercado. Con lo que no se entiende, luego, que el mismo Giugale proponga que los gobiernos utilicen nueva tecnología para identificar a los pobres, suena a Gestapo.

Y en cuanto a desigualdad ocurre lo mismo. Al contrario de lo que muchos creen, asegura Peter G. Klein que “lo típico es que las grandes firmas surjan donde los mercados… sufren la interferencia gubernamental; estas circunstancias proporcionan ventajas” a las grandes corporaciones que, entre otras cosas, tienen gran capacidad de cabildeo con la que logran la promulgación de regulaciones que las benefician o que dificultan o impiden las operaciones de sus rivales pequeños. Así vemos cómo las multinacionales ocupan un lugar dominante en la economía de muchos populismos latinoamericanos.

O sea, que las exageradamente grandes empresas o fortunas no son un producto natural del mercado. Bill Gates, concretamente, ha hecho sus millones gracias a los “copyright” de Microsoft, “copyright” que son verdaderos monopolios “intelectuales” impuestos por el Estado. Si la “propiedad” resulta de una “ley” impuesta vía monopolio de la violencia estatal, significa que no se daría naturalmente.

Esta “propiedad” suelen ser monopolios, garantizados por el Estado a grandes grupos económicos, que realizan millonarios cabildeos esgrimiendo que la libre distribución desincentivaría la creatividad, cuando está muy claro que, por el contrario, la libertad provoca que, sobre trabajos ya realizados, se sumen otros impulsando exponencialmente el desarrollo. Por caso, dicen serios historiadores, Thomas Alva Edison era un astuto “patentador” con el fin de hacer fortunas. La lámpara incandescente, en rigor, sólo fue perfeccionada por él y patentada en 1879.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Que hacer para evitar una crisis:

Por Aldo Abram. Publicado el 3/2/14 en: http://www.ambito.com/diario/noticia.asp?id=727028

 

Cada vez se generaliza más la percepción de que la economía argentina se encuentra en un rumbo de colisión. Por eso, es útil proponer qué debe hacerse en este contexto para evitar estrellarnos y naufragar.

valor del dolar

Lo primero, un buen diagnóstico. Como casi todos los anteriores, este Gobierno hizo crecer fuertemente el gasto público. Arribamos a los comicios presidenciales de 2011 y, para ganarlos, se intentó que el tipo de cambio no creciera al ritmo al que depreciaban el peso para cobrarnos el impuesto inflacionario que necesitaban para gasto electoral. Conclusión, perdieron más de u$s 6.000 millones de reservas. En vez de corregir el rumbo, después de una contundente victoria electoral, priorizaron seguir diluyendo la solvencia del Banco Central con una reforma de su carta orgánica para habilitar mayor financiación de más aumento excesivo de erogaciones. Para evitar la disparada del dólar que esto hubiera generado, pusieron el cepo. Es evidente que en los últimos meses el Gobierno ha venido reaccionando como pudo para moderar la caída del stock de divisas del Central. El problema es que es necesario que los exportadores, los importadores y otros demandantes de divisas de ese mercado le crean al Gobierno que el actual tipo de cambio oficial es un valor de equilibrio y que, a futuro, subirá moderadamente. La continuidad de la caída de reservas indica que no le creyeron ambas o alguna de esas premisas.

Con el diagnóstico correcto, podemos dar con el remedio adecuado. El objetivo debe ser volver a un mercado único y libre de cambios. Para eso, deberíamos recuperar el tipo de cambio oficial hasta que refleje el verdadero valor del peso. Eso implicaría un alza de cerca del 50%, que esta gestión sólo admitirá ante la misma crisis. Habrá que recetar algo más gradual, desdoblar el tipo de cambio, luego de un salto que permita una parte importante de lo que ya devaluaron el peso para cobrar el impuesto inflacionario y gastárselo. El comercio exterior quedaría en el oficial o “comercial” (excepto, quizá, algunos bienes de lujo importados) y todas las demás operaciones se harían libremente en lo que es hoy el paralelo, que pasaría a ser formalizado. En un plazo razonable, ambos deberían converger, para lo que todavía falta curar la verdadera enfermedad: el excesivo crecimiento del gasto público.

No vamos a pedir siquiera que congelen el gasto primario, sólo que se suba a una tasa más cercana al 20% (que igual es mucho) y no de más del 30%, como sucede actualmente. La devaluación mejora ostensiblemente los ingresos públicos, pero será necesario licuar una parte de las erogaciones y reducir al mínimo posible la inversión pública.

Sin embargo, el mayor esfuerzo lo deben hacer los que más tienen, y más del 70% de los subsidios a las tarifas públicas van a quienes pueden pagarlas. Por lo tanto, hay que ayudar a los más necesitados; pero subir lo que efectivamente pagamos de las tarifas gradual, pero rápidamente.

Si logramos contener la necesidad de financiamiento total del Banco Central a un monto en pesos (incluidas las divisas y ganancias transferidas) de $ 100.000 millones o menos, podemos lograr que la inflación y el alza del dólar financiero se moderen, permitiéndole al “comercial” que lo alcance con un mayor ritmo de suba. Esto tendrá otra consecuencia coyuntural que generará picazón a algunos funcionarios, un alza de las tasas de interés.

Hasta acá, ordenamos la parte fiscal y monetaria para, con suerte, evitar la crisis. Sin embargo, otras materias pendientes ayudarían a disminuir el costo social. Por ejemplo recuperar la seguridad jurídica, reinsertarse en el mundo, reducir la presión tributaria, desarmar la maraña de controles que dificultan la producción y la generación de empleo en el sector privado. Todo esto lo debe hacer un Gobierno que pierde poder en el presente proceso de transición política y que, con su actual gestión, diluye rápidamente su credibilidad. Así que no queda mucho tiempo, ya que, sin credibilidad, no hay solución posible, por buena que sea. Ojalá que escuchen y pronto.

 

Aldo Abram es Lic. en Economía y director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

Precios cuidados en el Imperio Romano

Por Alejandro O. Gomez. Publicado el 4/2/2014 en: http://opinion.infobae.com/alejandro-gomez/2014/02/04/precios-cuidados-en-el-imperio-romano/

La idea de querer controlar los precios no es algo nuevo ni exclusivo de nuestro país. Como muy bien lo consignan Robert Schuettinger y Eamonn Butler en su libro “Forty Centuries of Wage and Price Controls” (editado por The Heritage Foundation en 1979), la quimera de querer establecer precios controlados (o cuidados como se ha decidido llamarlos en estos días) es algo que tiene sus orígenes en épocas previas a la era cristiana. Ya en las antiguas civilizaciones mesopotámicas encontramos indicios de este tipo de controles. Lo que se busca en todos los casos, de acuerdo al gobernante de turno, es lo mismo: evitar la especulación de comerciantes y empresarios que aumentan sus precios con el único fin de aprovecharse de los consumidores. Como se verá la situación no es novedosa. El gobierno excede su gasto por sobre sus ingresos y recurre a la expansión monetaria o depreciación del metálico, con lo cual el poder de compra de la moneda disminuye, reflejándose directamente en un aumento de precios. Así las cosas, al gobierno le quedan, básicamente, dos opciones: reconocer que han defraudado a los tenedores de moneda al haberle quitado valor o culpar por ello a los productores, acusándolos de aumentar descaradamente los precios. Pues bien, la opción a lo largo de la historia ha sido la segunda. Por eso el “remedio” que se les ha ocurrido ha sido siempre el mismo: controlar los precios.

Lamentablemente, los ejemplos ilustrados en el libro de Schuettinger y Butler no han servido de mucho, ya que a pesar del fracaso que reflejan los intentos de controlar precios a lo largo de la historia, la fórmula se repite una y otra vez con el mismo resultado. Quizás el “más famoso y el más extensivo intento de controlar precios y salarios ocurrió durante el reinado de Diocleciano” quien fue emperador de Roma entre los años 284 y 305 de  la era cristiana. A éste, le tocó gobernar en un período de una creciente inflación, la que “atribuyó enteramente a la avaricia de mercaderes y especuladores”; aunque claramente el diagnóstico era equivocado, ya que la causa de la creciente inflación estaba dada en el descontrolado gasto público en el que se había incurrido para sostener una burocracia y un ejército cada vez más grandes. La acuñación de monedas de oro y plata degradadas en su pureza, era el medio más sencillo para “resolver” este problema del gasto público en alza constante (a diferencia de lo que pasa en la actualidad, donde el problema se resuelve con facilidad emitiendo más billetes, en la antigüedad había que retirar las monedas circulantes y disminuir su contenido original mezclándolo con metales de menor valor con lo cual el proceso era bastante más costoso y lento que en el caso  de los billetes). Pero hasta el propio Diocleciano se daba cuenta de que el mercado “ajustaba por precio” cada vez más velozmente. Por tal motivo, el emperador se vio ante la siguiente disyuntiva: o continuaba acuñando monedas cada vez más depreciadas, o cortaba los gastos del gobierno. La respuesta no es difícil de imaginar: “Diocleciano decidió que la deflación, reduciendo los costos del gobierno civil y militar, era imposible”.

Ante esa desesperante situación, el emperador tomó una medida que “resolvería” el problema de una vez: seguiría acuñando monedas degradadas al tiempo que impondría controles de precios. Para ello, sancionó el famoso Edicto del año 301, que establecía una lista de los precios máximos  para determinados bienes y servicios. Pero como el emperador sabía que la medida acarrearía retención de mercaderías y desabastecimiento, dispuso una serie de penas para quienes se resistieran a cumplir las medidas establecidas en el edicto.  El castigo sería tanto para el que vendiera como para el que comprara por encima del precio establecido. A tales efectos se llegaron a confeccionar más de 30 listados cubriendo más de mil precios y salarios. El resultado de la aplicación de dicho edicto fue el que todos pueden imaginar. Al decir de un relato contemporáneo, “…hubo mucha sangre derramada sobre cuentas triviales e insignificantes; y la gente no llevó más provisiones al mercado, ya que no podían obtener un precio razonable por ellas y eso incrementaba la escasez tanto, que luego de que varios hubieran muerto por ella, fue dejada de lado”.

No se sabe exactamente cuánto tiempo estuvo en vigencia el Edicto de Diocleciano, pero sí se sabe que a cuatros años de sancionada la reforma monetaria, el precio del oro en términos de denarios había subido 250 %. “Diocleciano había fracasado en su intento de engañar al pueblo y en suprimir la habilidad de éste para comprar y vender como les pareciera conveniente”.

Este caso puede ser una de las tantas muestras que podemos encontrar en la historia de gobernantes que confunden las causas con las consecuencias, y que en su intento de mantener un excesivo gasto público pretenden culpar a los ciudadanos por los males que la clase dirigente crea por su falta de límites a la hora de gastar. Hoy nos encontramos en una situación de naturaleza similar a la descripta en estas líneas. Por lo visto en la obra citada, a lo largo de dos mil años, los controles de precios han fracasado en todos los lugares y épocas.

Alejandro O. Gomez se graduó de Profesor de Historia en la Universidad de Belgrano, en el Programa de Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Master of Arts in Latin American Studies por la University of Chicago y Doctor en Historia por la Universidad Torcuato Di Tella.

Gutierrez: Teologo de la liberacion.

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 31/1/14 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2014/01/30/gutierrez-teologo-de-la-liberacion/

 

Siempre me ha resultado digno de respeto la persona que es fiel a su pensamiento y lo expone sin tapujos, por el contrario, el timorato y vergonzante que busca interpretaciones retorcidas a hechos y textos para esconder sus pareceres es desde todo punto de vista reprobable y no merece la más mínima confianza. El Padre Gustavo Gutiérrez es sin duda del primer tipo.  La honestidad intelectual constituye el requisito básico de una persona íntegra, sin perjuicio del contenido de sus ideas.

El trabajo más conocido del Padre Gutiérrez es Teología de la Liberación, libro publicado en 1971 inmediatamente después de la reunión fundacional de la novel teología de la liberación ocurrida en Chimbote (Perú), en 1968, que influyó notablemente en las reuniones de Obispos y sacerdotes en Medellín primero y Puebla después. El libro de referencia cuenta con doce ediciones en castellano, obra traducida al inglés, francés, italiano, alemán, portugués, holandés, vietnamita, coreano, japonés y polaco.

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El eje central del libro consiste en señalar que la teología tradicional (“lírica” dice el autor) no se ha comprometido con las políticas concretas de este mundo y que las mismas son capitalistas, lo cual estima significan la explotación a los relativamente más pobres. Respecto a esto último, no menciona el hecho que hoy día no existen prácticamente vestigios de capitalismo puesto que los entrometimientos del Leviatán con las vidas y haciendas ajenas es permanente y creciente a través de alianzas con mal llamados empresarios (que son en verdad ladrones de guantes blancos) que viven del privilegio con el apoyo de instituciones internacionales nefastas como el FMI, a través de gastos estatales elefantiásicos, deudas públicas descomunales que comprometen el patrimonio de futuras generaciones que ni siquiera han participado en la elección del gobernante que contrajo la deuda, a través de impuestos insoportables y de regulaciones absurdas y asfixiantes que, entre otras muchas cosas, generan un desempleo colosal.

Tampoco Gutiérrez considera que la inmensa ventaja de la sociedad abierta inexorablemente se traduce en mejoras en la condición de vida de la gente, especialmente de la más necesitada puesto que las inversiones constituyen la única razón para el incremento en salarios e ingresos en términos reales. Y no se trata de la sandez del “efecto derrame” como si se tratara de saciar la sed de los opulentos y lo que rebalsa lo beben los miserables de la tierra. El fenómeno de las mejoras de quienes están en el margen  es un proceso paralelo: cada incremento en la tasa de capitalización (herramientas, maquinarias, instalaciones y conocimientos pertinentes) hace de apoyo logístico para aumentar la productividad del trabajo, lo cual significa ingresos más altos.

Todos provenimos de la caverna, cuando no del mono, la forma de progresar es contar con marcos institucionales que resguarden el respeto recíproco, lo cual significa el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad. Esta última institución resulta indispensable puesto que los bienes son escasos en relación a las necesidades, por lo que la asignación y reasignación se lleva a cabo vía las compras y abstenciones de comprar, es decir, como hemos destacado antes, se premia a quien ha dado en la tecla con las preferencias del prójimo y los que yerran incurren en quebrantos. Así es como los factores de producción se van adaptando a los requerimientos de la gente. Si se opta por los bienes en común sucede “la tragedia de los comunes” (lo que es de todos no es de nadie y los incentivos se pervierten) y no hay manera de conocer cuales son las cambiantes prioridades de la gente para asignar recursos.

Vamos ahora resumidamente a lo que aconseja el Padre Gutiérrez en su afamado libro. En este sentido, escribe que “Marx irá construyendo un conocimiento científico de la realidad histórica. Analizando la sociedad capitalista en la que se dan en concreto la explotación de unos seres humanos por otros, de una clase social por otra y señalando las vías de salida hacía una etapa histórica en la que la persona humana pueda vivir como tal […] Iniciativa que debe asegurar el paso del modo de producción capitalista al modo de producción socialista […] creadas las condiciones de una producción socializada de la riqueza, suprimida la apropiación privada de la plusvalía, establecido el socialismo, las personas puedan comenzar a vivir libre y humanamente”, para lo cual recomienda “una revolución social” y “una radicalización política” y que “la revolución cubana ha cumplido un papel acelerador” e insiste en los beneficios del “foquismo guerrillero” y “nuevas formas de lucha armada” y que “ello supone y facilita, por otra parte, un diálogo doctrinal con el marxismo” ya que “un sector importante del clero latinoamericano pide” que no hay que “confundir violencia injusta de los opresores que sostienen este ´nefasto sistema´ con la justa violencia de los oprimidos que se ven obligados a ella para lograr su liberación”.

Al fin y al cabo nos dice este sacerdote dominico que la liberación del pueblo judío de Egipto y que Jesús haya muerto en manos del poder político son hechos de gran importancia, a lo que replicamos nosotros que no se trataba para nada de salir de una esclavitud para ir a otra en el caso egipcio y el conflicto con el poder político no es para imponer un sistema totalitario.

Finalmente el Padre Gutiérrez, por un lado, subestima el mensaje evangélico en cuanto a la “pobreza espiritual” y, por otro, le atribuye un significado que convierte en un galimatías la idea de pobreza en el contexto de “la opción preferencial por los pobres” puesto que si se toma la pobreza material como una virtud habría que eliminar la caridad puesto que mejora la condición del receptor y, además si la Iglesia fuera de los pobres habría que concentrarse en los ricos puesto que los primeros estarían salvados.

En otra oportunidad hemos citado algunos pasajes bíblicos al efecto de subrayar la importancia de la pobreza de espíritu. Ahora lo hacemos nuevamente como la antesala del fin de esta nota periodística: en Deuteronomio (viii-18) “acuérdate que Javeh tu Dios, es quien te da fuerza para que te proveas de riqueza”. En 1 Timoteo (v-8) “si alguno no provee para los que son suyos, y especialmente para los que son miembros de su casa, ha repudiado la fe y es peor que una persona sin fe”. En Mateo (v-3) “bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos” fustigando al que anteponga lo material al amor a Dios (amor a la Perfección), en otras palabras al que “no es rico a los ojos de Dios” (Lucas xii-21), lo cual aclara la Enciclopedia de la Biblia (con la dirección técnica de R. P. Sebastián Bartina y R. P. Alejandro Díaz Macho bajo la supervisión del Arzobispo de Barcelona): “fuerzan a interpretar las bienaventuranzas de los pobres de espíritu, en sentido moral de renuncia y desprendimiento”  y que “ la clara fórmula de Mateo -bienaventurados los pobres de espíritu- da a entender que ricos o pobres, lo que han de hacer es despojarse interiormente de toda riqueza” (tomo vi, págs. 240/241). En Proverbios (11-18) “quien confía en su riqueza, ese caerá”. En Salmos (62-11) “a las riquezas, cuando aumenten, no apeguéis el corazón”. Este es también el sentido de la parábola del joven rico (Marcos x, 24-25) ya que “nadie puede servir a dos señores” (Mateo vi-24).

Por último, debe subrayarse una vez más que la influencia de este autor y de la Teología de la Liberación ha sido y es muy grande y profunda, pero ocurre que hay muchos que les resulta chocante la violencia recomendada y la declarada simpatía por Marx, Lenin, Trotsky, Marcuse, Hegel y Gramsci por lo que prefieren no hacer referencia a esta escuela de pensamiento pero toman el nudo de las reflexiones de Gutiérrez y sus numerosos discípulos para difundir el núcleo de sus metas, siempre articulando un discurso recubierto con las expresiones de amor, solidaridad, compasión, Dios, las maravillas de la creación, paz y la llamada justicia social (Gutiérrez escribe que “El sentido de la comunidad de bienes es claro: suprimir la pobreza por amor al pobre”).

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE. 

Lo que no se discute del anuncio de Capitanich y Kicillof

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 29/1/14 en: http://opinion.infobae.com/nicolas-cachanosky/2014/01/29/lo-que-no-se-discute-del-anuncio-de-capitanich-y-kicillof/

 

Los últimos días han mostrado una gran intensidad por parte del gobierno. Desde un intento de aumento de impuestos a los bienes personales que duró menos de 24 horas, pasando por la contramarcha en la importación de tomates hasta el anuncio de la flexibilización del cepo para el atesoramiento de dólares a las pocas horas de comunicar que sólo se podían realizar hasta dos compras online en el exterior para cuidar las reservas. Que el cepo vaya a ser flexibilizado aún está por verse. Si hay algo que la experiencia del kirchnerismo muestra es que lo único que se hizo fue dar la libertad de ser rechazado por la AFIP, que no es lo mismo que liberar el cepo. Si bien el problema del tipo de cambio y reservas apremian, y los anuncios y contra-anuncios se han vuelto casi moneda corriente, una expresión particular del anuncio que hizo Capitanich con Kicillof es muestra clara de la falta de republicanismo en la que ha caído el país.

Según Capitanich y Kicillof el viernes pasado, el gobierno ha decidido “autorizar” la compra de dólares para atesoramiento. Este acto fallido denota un serio problema. ¿Desde cuándo en una república es el gobierno de turno quién decide qué es lo que el pueblo (el soberano) puede y no puede comprar? El kirchnerismo está profundamente confundido si cree que las libertades individuales son concesiones del Estado. Hace tiempo que esta concepción medieval fue dejada de lado. Las restricciones a las importaciones y la compra de dólares son sólo dos de las manifestaciones de esta confusión conceptual. Por eso algunos tanto insistimos con la importancia de las instituciones. Hoy esta confusión institucional se traduce en cierre de importaciones y cepo a la compra de dólares, mañana puede ser cualquier otra cosa. Límites a los bienes personales que se puede tener, limite a la tenencia de propiedades, etcétera. Basta darse una vuelta por los países populistas para ver que la falta de republicanismo puede manifestarse de varias maneras distintas. Creer que las libertades son una concesión del Estado, y no un derecho de las personas que impone límites al Estado es, en el fondo, más grave que cualquier cepo.

Pero esta confusión institucional no podría tener lugar sin otros dos factores. Una cultura que lo permita y un poder judicial incapaz o falto de voluntad de poner los límites que le corresponde institucionalmente. Que los dichos de Capitanich hayan pasado inadvertidos y hasta aceptados hablan de la educación cívica en parte importante de la sociedad. Sería interesante ver un estudio que busque el origen de este deterioro institucional-cívico. Sólo a modo de ejemplo, una pregunta para la que no tengo respuesta, ¿qué rol juegan en esta devaluación republicana programas como el de “Sociedad y Estado” en el CBC? ¿Cuántas personas han pasado por este curso desde que se hizo la reforma educativa? ¿Es posible que el contenido de esta materia contribuya a creer que las libertades son concesiones del Estado y no potestades autónomas de las personas? A todo esto, ¿Qué hace el Ministerio de Educación que permite tremenda devaluación conceptual en los votantes? Los ministros de Educación deben recordar que de acuerdo a la Constitución Nacional, Argentina es una república y que su trabajo consiste en velar por la protección de ese marco institucional. Mientras los argentinos sigamos creyendo (quizás por temor a ser genuinamente libres) que nuestras libertades y derechos son potestades del Estado lo único que conseguiremos es cambiar el color de los gobiernos populistas, pero no sus políticas de fondo.

Uno de los roles fundamentales del Poder Judicial es proteger a las minorías de las mayorías. El motivo es claro, vivir en democracia no es lo mismo que vivir en libertad. La mayoría no puede utilizar el método del voto para oprimir a las minorías. Mal que le pese a los sectores oficialistas, el 54% no es argumento válido para “ir por todo” ni imponer su autoritarismo. Los sectores de la oposición que aceptan esta postura porque “son las reglas del juego” confunden democracia con república y no hacen más que contribuir al daño institucional al validar una actitud anti-republicana por parte del gobierno de turno. Es la democracia la que tiene como límite las libertades individuales, y no las libertades individuales las que son limitadas por la democracia. Si bien no soy abogado y los temas judiciales no son mi especialidad, creo igualmente válido compartir algunas impresiones. ¿En qué tipo de república el Poder Judicial no tiene oportunidad en un período de diez años de poner freno a los avances autoritarios de un gobierno? ¿En ningún momento de la década kirchnerista el Poder Judicial tuvo oportunidad de recordar al Poder Legislativo y al Poder Ejecutivo que la ley debe ser acorde a derecho? Sin que se interprete como una generalización, el siguiente ejemplo puede aclarar el problema que veo de fondo. Ningún argentino tiene el derecho de autorizar o no la compra de bienes (por ejemplo dólares) que quieren realizar otros argentinos. Si este no es un derecho de las personas, entonces no puede ser un derecho delegado al Estado. No está en discusión que el Estado tiene los mecanismos y el poder para imponer un cepo, pero tener el poder y tener el derecho no es lo mismo. La justicia no puede iniciar de oficio una causa contra el Estado, necesita que un ciudadano la presente. Si usted inicia, entonces, una causa judicial contra el Estado por el tema del cepo, ¿tiene la certeza de que el juez fallará a su favor por inconstitucionalidad del cepo? Si usted no tiene esa certeza, entonces el Poder Judicial bien puede ser parte del problema.

Como agudamente decía Frederic Bastiat, “cuando el saqueo se vuelve un modo de vida para un grupo de personas en la sociedad, con el paso del tiempo crean para sí mismos un sistema legal que les autoriza el saqueo y un código moral que lo glorifica.”

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Era para el otro lado. El nuevo colapso de las recetas “antinoventistas”

Por José Benegas. Pubicado el 2/2/14 en:  http://josebenegas.com/2014/02/02/era-para-el-otro-lado-el-nuevo-colapso-de-las-recetas-antinoventistas/

 

La década del 90 terminó con dos grandes crisis. Una de carácter económico institucional y la otra moral. La primera protagonizada por el estado manejando la moneda e inundando el mercado de dólares como endeudamiento para sostener el gasto público, la segunda desatada por el estatismo reivindicativo representado por la izquierda nacionalista. Fue el estatismo el que impuso su explicación del 2001 y es el estatismo el que trajo esta crisis de la Argentina progre. Se estableció como dogma que lo que estaba mal era lo que estaba bien y viceversa. No fue lo que criticaron sino lo que aplaudieron lo que generó el cataclismo del 2001.

Por un lado en los 90 el estado se quitó todo el lastre de las empresas públicas y por el otro el gasto público combinado con convertibilidad sobre el dólar, generó crecimiento de los precios de los bienes no transables y el deterioro del valor de las exportaciones, lo que terminó en una gran recesión[1]. Las exportaciones fueron reemplazadas por el ingreso de dólares como deuda pública dirigido hacia el gasto estatal.

Esa inconsistencia no podía sino terminar como terminó, pero eso no formaba parte del discurso crítico de aquella década salvo para una pequeña minoría. El resto pensaba que en primer lugar Menem era malo. El pecado era la primera explicación y se manifestaba de distintas formas: en las denuncias corrupción de la “entrega del patrimonio nacional”, en la presencia de los de la UCEDE que habían contaminado al puritano peronismo, en las “privatizaciones mal hechas” y en otras causas en general morales.

Solo para aclarar, privatizar es sinónimo de liberar, de quitar la intervención de la autoridad, de permitir al sector sin poder actuar en una determinada área. La “privatización mal hecha” es un sinsentido conceptual. En todo caso una  privatización puede ser insuficiente, parcial, pero el problema no es la parte privatizada sino la no privatizada. En muchos casos aquellas privatizaciones fueron si insuficientes, temerosas o rodeadas de tantas regulaciones que no se pudieron apreciar tanto sus beneficios, pero el cambio en los servicios fue impresionante en muy poco tiempo. Si se podría haber avanzado más es una cuestión contra fáctica inútil de analizar, lo que estaba claro al fin de ese período era que había que avanzar más pero se eligió retroceder.

Uno de las mayores errores que se cometieron en las privatizaciones fueron los organismos de control diseñados para tranquilizar los espíritus de los que se ponen a llorar si no ven un comisario cerca. En el mercado el control lo hace el consumidor si se le permite ser único e inapelable árbitro. Pero al contrario parte importante de la crítica a las “privatizaciones mal hechas” era la “falta de controles”. Los problemas en los servicios no eran por falta de vigilancia de burócratas, sino por la parcialidad de las privatizaciones, es decir, por la subsistencia de controles. Los organismos controladores famosos cuya omnipresencia pedían los que reclamaban “calidad institucional” (concepto hueco como pocos), no solo no servían para nada sino que terminaban siendo una forma de justificación de las empresas monopólicas ante sus incumplimientos, mientras la gente no podía cambiar de proveedor, que es el único control necesario.

Sin embargo la gran falta moral de aquella época no tenía nada que ver con coimas sino que era aquella en la que los críticos estaban más de acuerdo, esto es, el gasto público. Por eso la Alianza encaró el problema intentando aumentar la recaudación fiscal y así fue como De la Rúa derrapó definitivamente, sin Cavallo primero, con Cavallo después.

En paralelo crearon lo que llamó Chacho Alvarez el “circo” para entretener con cazas de brujas a la gente a la que habían enardecido. La persecución del mal es el expediente perfecto de todo mediocre desorientado. Y si hubo un ejemplo perfecto de mediocridad y desorientación en nuestra historia, ese fue Chacho Alvarez.

En materia de privatizaciones lo que hizo de la Rúa fue eliminar para siempre toda posibilidad de desregulación del sector telefónico, que era automática a partir del año 2000. La Alianza hizo eterno el monopolio con el que se había pagado a las empresas el hacerse cargo de los empleados de ENTel.

La segunda contrarreforma, por llamarla de alguna forma, fue protagonizada por un señor muy enojado en lo personal con Menem que fue Eduardo Duhalde que había fundido a su provincia y puesto al banco oficial en situación de quebranto como uno de los causantes de la crisis bancaria del 2001. Duhalde aliado con Alfonsín que había fundido al país en los 80 quería terminar con la convertibilidad, pero para desatar el gasto público. Contó con mucha ayuda del diario Clarín, de los cruzados de la moralidad que explicaban que el deterioro de las finanzas públicas se debía a “operaciones de lavado de dinero” (Carrió, Cristina Kirchner, Ocaña, etc.) y que sirvieron para desviar la atención.

La tercera versión de antinoventismo vino con el kirchnerismo, otro invento de Duhalde para enterrar de manera definitiva toda posibilidad de la Argentina de ser normal. Con el kirchnerismo ocurrió la reivindicación definitiva del estado, la glorificación del comisario del pueblo y la demonización del sector privado en el sentido más fascista posible y se instaló la corrupción pero no ya como una cuestión marginal sino como sistema político. Oligarquía y poder, manejo de lo público como privado se hicieron tan normales que en este momento asistimos al traspaso al señor Tinelli del fútbol estatizado como si perteneciera a la señora Kirchner. El estatismo por el estatismo mismo fue ayudado por un cambio tal en las condiciones del comercio exterior que hasta de la Rúa podría haber sido convertido en genio y por el piso en el que había quedado la economía Argentina después del 2001. Sin embargo con tanta irracionalidad no desafiada nunca por una oposición que acompañó acobardada la construcción de una dictadura sin uniforme, la fiesta se acabó otra vez.

Sería triste que no se entendiera cuál es el “modelo” que colapsa ante nuestros ojos y en eso por desgracia la influencia del Papa con su visión antimodernista en este momento es nefasta. Los noventa terminaron en una gran crisis, pero los motivos eran los opuestos a los que esgrimió la izquierda nacionalista autoritaria. Era el estado y su gasto, el endeudamiento público, las regulaciones remanentes del sector servicios, la hegemonía del gobierno nacional y la incompatibilidad de todo eso con la convertibilidad. No era la maldad, ni la falta de izquierdismo, ni mucho menos ningún “capitalismo salvaje” porque el sistema de “estado de bienestar” nunca se tocó y fue gran parte del problema. Había un obstáculo serio pero estaba mal lo que se pensó en estos diez años que estaba bien y estaba bien lo que en estos diez años se supuso que estaba mal. Por desgracia todos hicieron seguidismo de la locura oscurantista de la época de estatismo más idiota que se pueda recordar, incluida por supuesto la prensa que ahora está inventando que hubo un kirchnerismo bueno como el relato que los dejaría a salvo de su complicidad.

La Argentina necesita volver al punto de partida y tomar el otro camino. El que descartó por el pánico del 2001.

Tal vez haría falta empezar esta historia por el desastre ocurrido durante la década del 80 en el populismo alfonsinista, pero sería muy largo. Alcanza con decir que el rumbo tomado por Menem fue inevitable con todo sus tropiezos por la experiencia que lo precedió. No se trató de una comprensión profunda de 60 años de estatismo con alta inflación, por lo tanto esperar una gran coherencia en el cambio era una verdadera tontería.

Ahora si, después de haber ensayado todas las formas posibles y no posibles de estatismo suicida para reaccionar contra aquella década es hora de dejar de probar con la misma receta.

 

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.

UNA VIDA SANTA DEDICADA A LA LIBERTAD: Ensayos en Honor de Joe Keckeissen

Con el trabajo de compilación de los Dres. Juan Carlos Cachanosky, Ph.D., Christopher Lingle, Ph. D. y Kurt Leube, Ph. D. y la muy cuidad edición de Mario Silar, acaba de presentarse esta colección de ensayos que apunta a reconocer y recordar a una descollante economista, valiente oficial de artillería aerotransportada y devoto hermano salesiano que dedicó su vida a cumplir tan diversos y exigentes roles.

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Los trabajos incluidos son:

– The legacy of Joseph Keckeissen. By Juan José Ramírez Ochoa.

Juan José Ramírez Ochoa is a professor at Henry Hazlitt Center of Francisco Marroquín University. He holds a B.A in business psychology and M.A. in Business Economics,  both titles from UFM;  besides those he holds an M.A. in International Economics  from State University of New York at Albany. He worked as assistant to Joe Keckeissen.   He can be reached in the e-mail: estratega@ufm.edu

– Happy 60th Birthday! A Short Appreciation of F. A. von Hayek’s The Sensory Order. By Kurt R. Leube.

Kurt R. Leube is Prof. emeritus; Fellow, Hoover Institution, Stanford University (USA); Academic Director, ECAEF, European Center of Austrian Economics Foundation, Vaduz (FL).

 – Economic Environment: A preliminary conceptual model of money, credit and currency from the basics of monetary theory in the Austrian School of Economics. By  Daniel Fernandez Mendez. y Ruben Mendez Reategui.

Daniel Fernandez Mendez is Ph.D. in Applied Economics  (c) at URJC  (Spain) and lecturer in the Faculty of Economics at Manabí University of Technology (UTM) – Ecuador.

Rubén Méndez Reátegui is Ph.D. in Economics (c) and lecturer at Macquarie University – Australia and Ph.D. in Applied Economics  (c) at URJC.

 – ¿Que había opinado Santo Tomás de Aquino sobre el caso Galileo? Por Gabriel J. Zanotti.

Gabriel J. Zanotti es profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral (Argentina) y Profesor visitante en le Universidad Francisco Marroquón (Guatemala).

 – Joe Keckeisen: teaching economics by Jacco van Seumeren.

Jacco van Seumeren is Professor at the University of St. Gallen.

 – La Concepción Monetaria de Ludwig von Mises, en el marco de su Teoría del Ciclo Comercial: Por Guillermo Luis Covernton.

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Es profesor de Macroeconomía, Microeconomía, Economía Política y de Finanzas Públicas en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Es director académico de la Fundación Bases. Fué profesor titular de Proceso Económico en l Universidad Francisco Marroquín de Guatemala.

 – La guillotina horizontal y las instituciones libres. Por Alberto Benegas Lynch (h)

Alberto Benegas Lynch (h) es presidente de la sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Argentina.

 – A Catholic and a Misean economist by Carroll Ríos de Rodriguez.

Carroll Ríos de Rodriguez is a Member of the Board of Trustees and Professor at Universidad Francisco Marroquín, (Guatemala).

 – Análisis sobre el rol del intervencionismo gubernamental ante la crisis económico-financiera: El legado del Dr.Joseph E. Keckeissen Por Eneas A. Biglione.

Eneas Biglione es director ejecutivo del Hispanic American Center for Economic Research de Washington (DC).

 – La Ley de Say y el Atesoramiento de Dinero por Juan C. Cachanosky.

Juan C. Cachanosky es director para América del Sur de CMT Group, Partner de Edimburgh Business School.

 – Rawls + Economics = Buchanan by Jacco van Seumeren.Jacco van Seumeren is Professor at the University of St. Gallen. – Entrepreneurial Change of Institutions by Martin Krause.Martin Krause es Profesor de Economía en la Universidad de Buenos Aires y Profesor Visitante en la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala.

 – In Memorian by Julio Cole.

Julio Cole es Profesor de Economía en la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala.

Los interesados en esta obra pueden comunicarse al +5493416191375.