Saqueos: Más allá de la pobreza.

Por Gabriela Pousa: Publicado el 8/12/13 en:  http://www.perspectivaspoliticas.info/saqueos-mas-alla-de-la-pobreza/

Argentina parece condenada a caer en el lugar común de las frases hechas y la crónica viciada. Así, una nota escrita a comienzos de siglo parece estar describiendo la actualidad. Y es que esta coyuntura no es sino el corolario de una sumatoria de verdades que, en lugar de modificarlas porque no gustan, se prefirió ocultar.

La ola de saqueos, el acuartelamiento de la policía en algunas provincias, el desdén de la dirigencia, la conducta narcisista y resentida de gran parte de la sociedad, junto a los actos de vandalismo y violencia, responden a una realidad inexpugnable: la decadencia en la que estamos sumergidos desde hace más de una década.

Los gobiernos populistas han causado un daño excesivo, y el kirchnerismo cuando llegó se ocupó de poner ácido a las heridas que había. Destruyó el lenguaje – con sutileza y sin ella – para instalar vocablos que hacia tiempo no tenían cabida en Argentina.

De repente, empezamos a escuchar términos como “facho”, “nazi” o “genocida” con total naturalidad e incluso se reinstaló la idea de izquierdas y derechas obligando a ponerse una etiqueta. En consecuencia, la ciudadanía quedó partida. Fue el primer paso.

Simultáneamente la política volvió a los cuarteles so pretexto de una defensa de derechos que, en rigor, terminó siendo lo que fue desde el comienzo: una ruin estrategia para construir poder. Muchos necesitaron 10 años para darse cuenta.

Deshechas las Fuerzas Armadas, la política siguió viaje hacia las escuelas: las clases de historia se vaciaron de contenido. Aparecieron miembros de organizaciones sociales y militantes de La Cámpora adoctrinando en las aulas. Aquel video de un acto escolar que desdeñaba a las clases medias-altas fue un ejemplo concreto. Antes o después el costo iba a aparecer.

El revisionismo capcioso del kirchnerismo, a su vez, dejó sin raíces al pueblo. Los próceres dejaron de ser lo que siempre fueron. Se expusieron innecesariamente sus miserias, y a su pedestales se subieron figuras que, en lugar de heroísmo, ostentan soberbia y cinismo.

Las fechas patrias se transformaron en fines de semana largos o “feriados puente” con recitales banales y fiestas populares. La cultura del ocio reemplazó a la cultura del trabajo y a la tradición. Todo es show. La escenografía sólo deja a la vista trapos colorados y panfletos partidarios desplazando el celeste y blanco de la bandera de Belgrano.

Jean Jacques Rousseau tenía razón: esas prácticas confunden. “En un estado de permanente ocio, los hombres desarrollan costumbres similares a las de los actores. La gravedad de la pérdida de independencia está enmascarada porque la gente cree que también está actuando: experimentan placer al perderse a sí mismos“, sostenía. De pronto parece que el autor de “Emilio” está describiendo nuestro teatro.

La misma Presidente adoptó un histrionismo desmedido. Impuso un discurso meramente auto referencial, de modo que los anuncios y actos de gobierno se limitan a la anécdota personal. Finalmente, los datos adulterados terminaron de sellar un relato oficial signado de falencias y arbitrariedad.

El maquillaje se corrió pronto. El mar de palabras del jefe de Gabinete venía acompañado por un oasis de ideas. Así quedamos. Su “redención” se esfumó. Fue apenas un muñeco hecho con la última nieve del invierno.

Todo tiene que ver con todo en este caso. El hoy es la suma de ayeres bastardeados. Por eso, los resultados de las pruebas PISA también explican lo que está pasando.

El actual clima social dista de parecerse al del 2001 aún cuando comparta alguna metodología. Pero no es cierto que la economía sea la causa de lo que nos pasa. Si así fuera, un verdadero cambio de ministro, un programa económico coherente, lógico, y gente con pericia en la materia, podría modificar el actual estado de cosas. Y eso no es real.

En este contexto, por más que surgiera un Hayek o un Mises, el intento por modificar el escenario terminaría en fracaso. Hay países muchísimo más pobres que la Argentina donde sus habitantes se respetan entre sí. y priorizan la solidaridad y la vida en comunidad, por sobre sus necesidades. Existe la dignidad de la pobreza, como existe también la indecencia de cierta riqueza.

Esto de saquearse unos a otros no es hambre. Es carencia. Carencia de referentes, de ejemplos. El primer saqueo lo sufrió la pirámide social cuando el gobierno destruyó jerarquías y autoridad. Hoy los padres no saben cómo tratar a sus hijos, y los maestros en lugar de sentir responsabilidad y afecto, sienten miedo.

Las falsas banderas de la igualdad corrompieron la base de la sociedad. En democracia lo esencial es el respeto por las diferencias, no la igualdad que termina equiparando al hombre decente con el delincuente.

Hace diez años que la ignorancia es política de Estado. Hace diez años que el modelo es la impunidad. Si los funcionarios pueden llevarse el país puesto, robarse un plasma o un electrodoméstico pareciera una nimiedad.

La antinomia ‘civilización o barbarie’ se definió siempre por la educación no por la policía en las calles ni por la inflación. Desde luego que el proceso inflacionario hace mella, y que la pobreza crece más allá de la estadística. Eso obra como caldo de cultivo para el malestar general y el hartazgo colectivo, pero no es determinante de la anomia que caracteriza a nuestros días.

La responsabilidad política es absoluta. Se ha pecado por acción y por omisión. José Manuel De La Sota fue lento frente a la rapidez del gobierno nacional que no mide consecuencias a la hora de “disfrutar” el daño a sus adversarios. Sin embargo, esta vez, la administración central se abusó, comió de más. Ahora tiene que resolver la indigestión.

A esta altura, nadie pone en duda que hay tensión social, pero también se sabe que hubo ‘algo más’ detrás de los desbordes en Córdoba. Ese ‘algo más’ puede analizarse desde diferentes ópticas aunque todas convergen en una palabra: perversidad.

Pretender solucionar los problemas acudiendo a la ‘participación ciudadana’ es una chicana. Bajo el eufemismo de la participación lo que hacen es evadir su responsabilidad. De cuidarnos debe ocuparse el Estado en lugar de andar indagando qué hace cada uno con su plata o si viaja… No sea cosa que ahora vengan a hablar de la “democratización de la seguridad”

Restan pocos días para terminar el año, esta vez el corto plazo se le impone a la jefe de Estado. Cristina debe definir qué hacer y las alternativas no son muchas. A saber: O se pone seriamente a gobernar, o se va.

 

Gabriela Pousa es Licenciada en Comunicación Social y Periodismo por la Universidad del Salvador (Buenos Aires) y Máster en Economía y Ciencias Politicas por ESEADE. Es investigadora asociada a la Fundación Atlas, miembro del Centro Alexis de Tocqueville y del Foro Latinoamericano de Intelectuales.

Chile sigue creciendo, a toda marcha

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 9/12/13 en:  http://www.rionegro.com.ar/diario/chile-sigue-creciendo-a-toda-marcha-1414249-9539-nota.aspx

La economía de Chile sigue creciendo y a muy buen ritmo. Con el de Perú, uno de los mejores de nuestra región. El “modelo” chileno, abierto y basado en una economía de mercado, funciona bien. Hace progresar. La democracia chilena, bien consolidada, acompaña con instituciones sólidas, respetadas por todos. Todo lo contrario al caos venezolano que muestra, en cambio, el fracaso rotundo del populismo, del dirigismo, de la ignorancia, del capricho y de las mendaces fantasías de Hugo Chávez y Nicolás Maduro.

Es cierto, Chile ingresa ahora en una nueva etapa, después del esperado triunfo (en primera vuelta) de Michelle Bachelet. Pero lo hace en una envidiable situación económica, sin mayores sorpresas o herencias bajo la alfombra.

Arrastra todavía, pese a lo mucho que ciertamente ha adelantado todo a lo largo de las últimas décadas, un problema de pobreza y desigualdades que deberá corregir. También una cierta dependencia del precio del cobre y un sector energético con su oferta y su demanda demasiado ajustadas.

Chile tiene, cabe destacarlo, el más alto PBI per cápita de toda América Latina. O, lo que es lo mismo, el más alto ingreso per cápita de nuestra región. Unos 22.362 dólares, promedio.

Está entonces al nivel de los países ya desarrollados. En esto nos ha reemplazado en el liderazgo regional que alguna vez tuviéramos y sigue ampliando la distancia. Ocurre que mientras ellos acertaron con su modelo de desarrollo y lo mantuvieron con la necesaria coherencia, nosotros nos equivocamos cada vez que pudimos y nos hemos hundido en el populismo.

La calidad de la dirigencia política (de todos los colores, por igual) en ambos países ha sido –al menos en mi opinión– uno de los importantes factores diferenciales. Obviamente, en claro beneficio de Chile.

La inflación chilena es razonable: del 3% anual. La argentina, en cambio, del 2% mensual. El desempleo chileno está algo por debajo del 6%. El argentino, sólo Dios sabe.

En el 2012, Chile creció un 5,6% de su PBI. Este año lo hará presumiblemente a cerca del 5%. La Argentina está estancada, creciendo a menos del 2% anual de su PBI. Chile avanza al ritmo de su producción de cobre (es el mayor productor del mundo, al menos por ahora, desde que Perú se le está acercando rápidamente) y de su fuerte consumo interno.

Chile tiene una clase media fuerte, pero algo endeudada. Con altas expectativas de progreso, que se han estado cumpliendo. Salvo en materia de salud y educación, servicios ambos que están en manos privadas y son, por ahora, factores que contribuyen a las desigualdades, puesto que el acceso a las mejores oportunidades depende –en estos capítulos– del nivel de ingresos de cada persona.

La pobreza chilena afecta oficialmente en el 14,4% de la población total. Ésa es una franja de gente que todavía gana menos de 500 dólares mensuales. El 1% más rico de la sociedad se lleva el 31,5% de los ingresos totales. Vive muy bien, como en pocas partes del mundo. Un ajuste tributario parecería, entonces, estar en el radar de los políticos. Hecho con prudencia y coherencia, debiera contribuir a mejorar este particular perfil, aun algo opaco, de Chile.

Para celebrar lo de Chile, pese a que nuestros políticos parecerían estar empeñados más en buscar las razones para no imitar a Chile, que en animarse a emular todo lo bueno que el país vecino ha hecho, más o menos silenciosamente.

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

El intervencionismo

Por Gabriel Boragina. Publicado el 8/12/13 en: http://www.accionhumana.com/2013/12/el-intervencionismo.html

Resulta prácticamente muy difícil encontrar personas que no estén de acuerdo con el intervencionismo, que el Dr. C. Sabino define de la siguiente manera:

“intervención estatal. Acción de los gobiernos que tiene por objeto afectar la actividad económica. El término es lo suficientemente amplio para incluir tanto la regulación y control de los mercados como la participación directa en la actividad económica.”[1]

 

Este intervencionismo se ha querido justificar desde distintos ángulos y diferentes puntos de vista, de algunos de los cuales pasaremos rápida revista. Uno de ellos es el de su “necesidad” para la provisión de bienes públicos:

“En otros términos, el bien público constituye el argumento central del intervencionismo estatal, ya que en esta línea argumental, el gobierno produciría la cantidad óptima del bien en cuestión que sería financiado por todos a través de impuestos con lo cual se internalizaría la externalidad y no habría free-riders ni costos ni beneficios externos sin internalizar. Tal vez el resumen más claro de esta posición esté expresado por Mancur Olson quien sostiene que “Un estado es, ante todo, una organización que provee de bienes públicos a sus miembros, los ciudadanos”. [2]

Pero, el mismo profesor señala que:

“Las externalidades positivas y negativas se internalizarán o no en el proceso de mercado según sean los gustos y las preferencias del momento y, en su caso, según los costos involucrados pero en modo alguno pueden considerarse “fallas de mercado”. Sin embargo, el intervencionismo gubernamental constituye una falla (o una tragedia para utilizar la expresión de Garret Hardin) al recurrir a la fuerza para internalizar aquello que, tomados todos los elementos disponibles en cuenta, se considera no internalizable al tiempo que se distorsionan los precios relativos con lo que, según el grado de intervención, se obstaculiza o imposibilita la asignación eficiente de recursos.”[3]

 

Ciertos autores consideran que la globalización es una suerte de barrera contra el intervencionismo:

“Otro resultado de la expansión de la división internacional del trabajo — llamada globalización — es que los estados participantes y sus políticas son controlados cada vez más por la competencia internacional. Debido a esta competencia, pierden parte del poder sobre sus ciudadanos, y el intervencionismo estatal debe ceder.”[4]

 

Ciertamente, apuntamos a esta cita, que no resulta simple hacer ceder a los gobiernos su intervencionismo. De allí, las trabas que normalmente han impuesto y siguen imponiendo al comercio internacional único medio este por el cual esa división internacional del trabajo podría encauzarse. Frente a la división internacional del trabajo no con menor vigor los estatistas le oponen sus barreras proteccionistas.

El Dr. Mansueti analiza este tema desde otro ángulo diferente intentando una clasificación. Para él:

“una clasificación aproximada (no perfecta) de los sistemas de Economía Política sería así: …De centro, el intervencionismo distributivo (Welfare State), por la igualdad a través el voto. Es el de las “Terceras Vías”: socialismo democrático, socialismo cristiano, y populismo.

– De derecha es sin duda el sistema de mercado; pero hay tres modelos distintos: el intervencionismo de privilegios corporativos (“crony capitalism” o mercantilismo); el capitalismo liberal, de gobierno limitado, que es de derecha porque busca la libertad dentro del orden; y el anarcocapitalismo, que resulta la verdadera “extrema” derecha.”[5]

La clasificación ensayada por el Dr. Mansueti, si bien es bastante original, nos ofrece algunas dudas que no es del caso tratar aquí de momento. La citamos sólo con fines expositivos.

Más adelante certeramente añade:

“Es un principio general: si el Estado se entromete en una actividad privada cualquiera, es para imponer opiniones y reglas a sus protegidos, y a cambio conferirles ventajas frente a sus competidores. Así es en las cuatro actividades vistas hasta aquí –economía, prensa, educación y atención médica–; y la política no es una excepción. El intervencionismo estatal es un atentado contra la libertad: no debe ser.”[6]

Estamos de acuerdo con esta última observación.

Un importante partidario del intervencionismo como K. R. Popper debe, sin embargo, reconocer que:

“la intervención económica, aun me­diante los métodos graduales aquí defendidos, tiende a acrecentar el poder del Estado. Se desprende, pues, que el intervencionismo es en extremo peligroso. Esto no constituye, sin embargo, un argumento decisivo en su contra, pues el poder del Estado, pese a su peligrosidad, sigue siendo un mal necesario. Pero debe servir como advertencia de que si descuidamos por un momento nuestra vigilancia y no fortalecemos nuestras instituciones democráticas, dándole, en cambio, cada vez más poder al Estado mediante la “planificación” intervencionista, podrá sucedemos que perdamos nuestra libertad. Y si se pierde la libertad, se pierde todo, incluida la «planificación». En efecto, ¿por qué habrán de llevarse a cabo los planes para el bienestar del pueblo si el pueblo carece de facultades para hacerlos cumplir? La seguridad sólo puede estar segura bajo el imperio de la libertad.”[7]

Lamentablemente los temores de K. R. Popper se vieron cumplidos en la mayor parte de los países del mundo. Sucede que parece no haber advertido (al menos en la obra de la cual tomamos esta cita) que el poder tiende a su propia expansión tanto en el tiempo como en el espacio. Mucho antes de K. R. Popper Lord Acton ya exclamaba que el “El poder tiende a corromper. El poder absoluto corrompe absolutamente”. Fue Acton quien demostró tener razón.

Hoy vivimos épocas de intervencionismo extremo, particularmente en Latinoamérica donde ha adoptado la forma de populismo en varios países como Argentina, Venezuela, Ecuador y Bolivia.


[1] Carlos Sabino, Diccionario de Economía y Finanzas, Ed. Panapo, Caracas. Venezuela, 1991. Voz respectiva.

[2] Alberto Benegas Lynch (h), “Bienes públicos, externalidades y los free-riders: el argumento reconsiderado”. Exposición ante la Academia Nacional de Ciencias. Noviembre 28 de 1997. Pág. 3

[3] Alberto Benegas Lynch (h), “Bienes….” Óp. Cit. Pág. 13.

[4] Hubertus Müller-Groeling-“La Dimensión Social de la Política Liberal”-Publicado por Fundación Friedrich Naumann (FFN)-Oficina Regional América Latina. pág. 18

[5] Alberto Mansueti. Las leyes malas (y el camino de salida). Guatemala, octubre de 2009, pág. 258.

[6] Mansueti A. Las leyes….ob. cit. pág. 310

[7] Karl R. Popper. La sociedad abierta y sus enemigos. Paidos. Surcos 20. Pag. 345

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. 

Kicillof

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 8/12/13 en:  http://www.libremercado.com/2013-12-08/carlos-rodriguez-braun-kiciloff-70194/

 

Dice Alejandro Rebossio en El País que Axel Kicillof, flamante ministro de Economía en la nueva etapa pretendidamente moderada del régimen kirchnerista, se define como keynesiano y no como marxista. Esta confusión seguramente deriva de quienes no lo han leído, porque su keynesianismo es un mero disfraz del marxismo.

Para mayor desconcierto, Rebossio resume así los objetivos intelectuales de la política del nuevo ministro:

Emplear todos los medios e instrumentos de la política económica e industrial para consolidar el proceso de industrialización, de sustitución de importaciones y de avance en la diversificación y crecimiento de las exportaciones, con el objetivo irrenunciable de sostener elevados niveles de empleo y una mejora en las condiciones de vida de los trabajadores que resulte sostenible en el tiempo.

Como decía el clásico, lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible.

Una larga experiencia y numerosos análisis teóricos demuestran que ninguna industrialización puede consolidarse mediante la sustitución de importaciones, que por definición comporta proteger a determinadas empresas y sectores o subsectores a costa de los ciudadanos, a quienes el poder fuerza a pagar precios más elevados que los que regirían en libre competencia.

Con la estrategia proteccionista, la industria se debilita, no se fortalece. Al encarecer artificialmente los insumos, las exportaciones ni se diversifican ni crecen, sino al contrario, porque la competitividad de la economía se contrae, y con ella las exportaciones. Por consiguiente, la estrategia impide conseguir el objetivo “irrenunciable” de aumentar el empleo. Las condiciones de vida de los trabajadores, en consecuencia, resultan insostenibles en el tiempo.

En resumen, la estrategia intervencionista de Kicillof conspira contra sus propios objetivos, lo que es típico del populismo, y de hecho ha sido ratificado de manera cada vez más visible por los deplorables gobiernos de la dinastía Kirchner.

 

El Dr. Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

El principio de los derechos humanos

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 9/12/13 en:

http://www.laprensa.com.ni/2013/12/09/voces/173644-principio-derechos-humanos#.UqWuDzvg6TU.facebook

Los derechos humanos empiezan, es una obviedad, en el derecho a la vida. Y la vida, ya lo sabían los clásicos griegos, se desarrolla de manera intrínseca, de adentro para afuera, como cuando los niños ganan altura no es cierto que suceda porque, durante las noches, las madres los cuelgan del perchero.

Pero dicen las malas lenguas que en la Casa Rosada hay vampiros de los que duermen colgados. Será por eso que el gobierno argentino provoca situaciones desopilantes como arrancarles dólares a los exportadores a precio vil, desalentando la producción, para ofrecerlos a viajeros por placer y compras superfluas. Pero en esto de desalentar la producción para alentar la vagancia el chavismo se lleva las palmas. Entre otras causas, debido a las súper rebajas socialistas decretadas por Maduro, decenas de miles de personas han esperado 10, 20, 40 horas o más en colas para comprar bienes prescindibles. Calcule las horas malgastadas en total.

Según estimaciones, 13 millones de personas han sido afectadas por el tifón Haiyan, en Filipinas. Las pérdidas globales relacionadas con el clima han aumentado desde los US$48,000 millones anuales durante los ochenta, hasta US$195,000 millones durante la última década, según el grupo asegurador Munich Re. El total de daños llega a US$3.7 billones entre 1980 y 2012. De ellos, el 74 por ciento se relaciona con las condiciones meteorológicas extremas. Según el Banco Mundial, invertir preventivamente antes de los desastres conllevaría un ahorro de hasta el cincuenta por ciento.

El huracán que inundó Nueva Orleáns, por caso, no hubiera tenido efectos tan desastrosos de no ser porque las defensas diseñadas en una oficina burocrática estatal no eran las adecuadas que hubieran podido construir las personas afectadas, a través de compañías aseguradoras, por ejemplo, si el Gobierno lo hubiera permitido. No es casual que 85 por ciento de las víctimas mortales por catástrofes ocurren en países con ingresos bajos o medios, según NacCatService. Es que, precisamente, el flojo crecimiento económico muestra que el desarrollo natural de esa sociedad está siendo coartado extrínsecamente.

En estos ejemplos se ve la ineficiencia cuando pretende desarrollarse la vida humana extrínsecamente. Lo más eficiente, finalmente, es aquello que hace que el hombre se desarrolle lo mejor posible, pero como el desarrollo natural es intrínseco la eficiencia también lo es, no puede ser impuesta desde afuera. “De cuántas acciones ejecuta el hombre, solo aquéllas pueden decirse propiamente humanas… (cuando) él es dueño de sus actos… Son, pues, en realidad humanas las acciones que provienen de voluntad deliberada, y si otras ejecuta, serán acciones del hombre, más no acciones humanas, ya que no obra en ellas como hombre en cuanto tal”, dice Santo Tomás en la Suma de Teología (I-II, q. 1, a. 1.).

 

Aristóteles distingue el ser humano en acto y en potencia (la posibilidad intrínseca de llegar a ser lo que aún no es). Consecuentemente, el movimiento, las acciones  —el desarrollo— es, precisamente, el paso de la potencia al acto, es decir, “el acto del ente en potencia en tanto está en potencia”, dice en la Física (III, 1). En definitiva, la verdadera autoridad existe cuando el obediente decide libremente, en cada acto, obedecer como cuando los niños van por la vida imitando a los padres o el aprendiz sigue al maestro para conseguir la excelencia. Así, la “autoridad” por imposición coactiva es inmoral, ineficiente.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Semana de furia y el doble efecto Sobremonte

Por José Benegas. Pubicado el 8/12/13 en:

http://josebenegas.com/2013/12/08/semana-de-furia-y-el-doble-efecto-sobremonte/

Los cordobeses vivieron en carne propia la paradoja política de sostener con altísimos impuestos e inflación un estado nacional que se declara prescindente cuando sus vidas y propiedades están en peligro. El kirchnerismo ha provocado por su torpeza y espíritu vengativo el “efecto Sobremonte”.

Así como el marqués de Sobremonte, virrey del Río de la Plata, abandonó la ciudad en 1806 con “la caja”, dejándola librada a su suerte, Cristina Kirchner dijo una vez más “el estado es mío”, pero cometió el mismo error de aquel personaje histórico. Aquella vez los porteños entendieron su realidad, el sometimiento era sin contraprestación. Tres años después de la segunda invasión inglesa ocurrió la Revolución de Mayo.

Como si hubiera querido sumar motivos a mi afirmación de que las provincias deben independizarse, lo que hizo el oficialismo fue como Sobremonte emprender la retirada y develarse.

Pero hay algo más. Parte del mito fundante del despotismo nacional socialista en el que estamos es el odio a la policía por su función de detener al crimen. El neo-patriotismo que se enseña en las escuelas se identifica con bandas armadas que buscaban instalar un sistema totalitario en los 60 y 70 y la policía representa el aspecto del estado que los pone en evidencia como enemigos de la vida y la propiedad de la gente indefensa. Esto ya no tiene que ver con crímenes en particular que se hayan cometido desde la policía para responder a aquella violencia. En un proceso que lleva ya más de treinta años lo que se ha hecho es deslegitimar a la función policial en sí, así como hemos pasado de castigar la ilegalidad de la represión a conceder honores a los terroristas. Que tengamos seguridad y que los de la policía sean “los chicos buenos” pone en peligro la pretensión de heroicidad de los delincuentes jubilados, reduce la “revolución” a una serie de tipicidades del Código Penal.

Sin embargo el punto al que ha llegado la política de inseguridad ya permite hacernos preguntas más profundas sobre el rol del poder público, como una segunda parte del efecto Sobremonte. Hasta acá estamos pagando unos aparatos policiales gigantes, con gente mal remunerada, insatisfecha, mal tratada, atada de manos, tentada cuando no ganada por el narcotráfico. Son capaces de autoacuartelarse y permanecer impávidos mientras Córdoba es saqueada, lo que demuestra su deterioro moral profundo. La pregunta que sige es ¿Cuánto tardaría la gente en organizarse por si misma para defenderse de un modo más eficiente, seguro, barato y confiable que el estado por medio de la policía?

Anarquía fue la palabra más usada por los observadores cercanos del problema, pero ampliemos la mirada. La retirada (explícita) de la policía estatal no dio tiempo a nada. Hubiera sido lo mismo si un día ENTel hubiera cerrado y con una visión corta llegáramos a la conclusión de que el estado no era tan malo en la materia, algunos teléfonos al menos funcionaban ¿Hubiéramos dicho que el cierre de ENTel era anarquía o el propio fruto de la inoperancia?

Lo que vivimos fue la última deserción de un sistema policial acabado y gente que vive bajo la ilusión de ser protegida pero no lo está, más allá de la pizzería que paga su peaje. La indefensión de la población es parte vital del monopolio policial y también del negocio de los delincuentes (me refiero esta vez a los de calle, no a los electos).

Los ciudadanos son incentivados a renunciar a su defensa y dan como un hecho la omnipresencia estatal. También ha deslegitimado el nofascismo el derecho a defenderse, porque si la gente se defiende quiere decir que está mal atacar, mientras ellos nos quieren convencer de que era una muestra del amor que tenían por el país. Su auto-indulgencia requiere que defenderse también esté mal.

El hecho es que nadie estaba preparado para un cierre policial pero a pocas horas de desatada la violencia se organizaban empalizadas para detener a delincuentes en motos. Así se reaccionaba al vacío dejado por la policía. Si alguien imagina que una Córdoba sin policía hubiera perpetuado el dominio de las bandas de las primeras horas, se equivoca. Esos grupos son la contrapartida del equilibrio que la policía estatal supone, que avanzan ante el retiro de su contrincante y muchas veces socio. Son cazadores en el gallinero armado por el propio estado.

Con mucho menos esfuerzo de lo que hacen los cordobeses para mantener a la policía podrían organizar la seguridad de sus barrios, aunque no todos contribuyeran (igual que ahora). Los decentes son muchos más que criminales, solo necesitan tiempo para organizarse, pero no hay duda de que es gente más inteligente, creativa y productiva. Las bandas  perderían toda rentabilidad porque no entrarían en los barrios de clase media así como no pueden actuar con impunidad en las zonas marginales porque ahí, donde no hay policía, se les responde en sus propios términos y hay poco de qué servirse. La importación de botines desde los mejores barrios terminaría y con ella el negocio del delito. El robo al vecino es de altísimo costo.

Hoy por derivación de este segundo efecto Sobremonte millones de personas honestas y pacíficas están pensando en todo el país en cómo defenderse. Habilitar esa inteligencia el sentido de autodefensa tendría un efecto sobre el crimen fulminante.

Hasta aquí la policía apenas viene sirviendo como chivo expiatorio entre los que glorifican sus delitos del pasado y los que tienen la ilusión de la caballería llegando. Cada vez que actúan o lo hacen mal de verdad o son culpabilizados de manera injusta. La fuerza policial que haría real el sentido protector del estado sólo concentra el pecado y se asocia al crimen porque de todo lo que los rodea parece ser el orden que les resulta más confiable.

De los problemas no siempre se sale por el lado de dónde vienen, a veces hay que saltar por encima de ellos como en 1810.

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.

El dilema cambiario del gobierno: precio o cantidad

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 8/12/13 en: http://economiaparatodos.net/el-dilema-cambiario-del-gobierno-precio-o-cantidad/

 

Los economistas solemos decir que sobran pesos y faltan dólares, lo cual es cierto, pero incompleto para explicar el problema 

Basta con seguir diariamente la evolución de las reservas del BCRA para ver que la sangría se acelera. El cambio de gabinete solo trajo unos pocos días de menor crispación, pero lejos estuvo de generar la confianza que necesita el país para recuperar la economía. Ni el anuncio, que por ahora no pasó de ser un simple anuncio, del acuerdo con Repsol detuvo la caída de las reseras ni las expectativas de los agentes económicos.

Habiendo aceptado que la caída del tipo de cambio real está destruyendo la economía y desangrando al BCRA a pesar del CEPO y demás restricciones cambiarias, el gobierno aceleró la tasa de devaluación, el problema es que todavía está muy lejos del precio de equilibrio. Es más, con esta tasa de inflación, el precio de equilibrio, aunque se alcanzara alguna vez, se movería todo el tiempo hacia arriba.

En rigor los economistas solemos decir que sobran pesos y faltan dólares, lo cual es cierto, pero incompleto para explicar el problema. ¿Faltan realmente dólares o es un problema de precio? Desde mi punto de vista el problema es que a este tipo de cambio faltan dólares, si el tipo de cambio flotara libremente no faltarían dólares porque el mercado siempre ajusta por precio o por cantidad. Si el mercado fuera libre ajustaría por precio y no por cantidad con lo cual no faltarían dólares, aunque sí sobrarían pesos si continuara el déficit fiscal.

La realidad es que al tipo de cambio de $ 6,25 la oferta no está dispuesta a vender y la demanda aumenta. Es la historia de los controles de precios. Cuando el Estado pone un precio máximo artificialmente alto para algún producto, aumenta la demanda y se contrae la oferta y lo tradicional es que aparezca el mercado negro que se encarga de abastecer la demanda insatisfecha pero a un precio mayor al artificialmente bajo fijado por el gobierno.

Otra de las características de los precios máximos que se estudia en introducción a la economía es que los precios máximos generan desabastecimiento a precio artificialmente bajo y los gobiernos suelen racionar la oferta del bien o los bienes en cuestión. En definitiva, lo que está pasando con el mercado de cambios con el precio máximo que le pusieron al tipo de cambio, es de manual de economía. Se contrae la oferta, aumenta la demanda, el gobierno raciona la entrega de dólares (cepo) y aparece el mercado negro.

En este lío que han armado con el tipo de cambio, desde mi punto de vista el gobierno ha tomado la peor decisión: acelerar la tasa de devaluación en dosis diarias. ¿Por qué? Porque los que tienen que importar anticipan las importaciones para no tener que pagar más caro el dólar en el futuro. Y los que tienen que vender dólares, los exportadores, postergan la venta a la espera de un tipo de cambio más alto, con lo cual la brecha entre cantidad ofrecida y demandada se agranda y el Central tiene que salir a abastecer el mercado perdiendo más reservas.

Con estas devaluaciones diarias crean la expectativa  de que el dólar seguirá subiendo, enviándole al mercado la señal de postergar venta de divisas al tipo de cambio oficial y adelantar la compra de divisas al valor oficial.

Si a esto le agregamos que el déficit fiscal genera una alta tasa de expansión monetaria que aumenta la tasa de inflación, el tipo de cambio esperado no tendrá techo, porque la gente descontará la suba inflación futura y se la aplicará al tipo de cambio nominal.

¿Qué pasaría si hoy, bajo estas condiciones macroeconómicas e institucionales, el gobierno dejara flotar libremente el tipo de cambio y eliminara el cepo? Seguramente habría un overshooting del tipo de cambio como ocurrió en el 2002. Sin duda tiene su costo político, económico y social.

Si, por el contario, no elimina el cepo y sigue con estas devaluaciones diarias, seguirá la sangría y, al ritmo que viene perdiendo reservas, tal vez aguantaría menos de un año hasta informar que ya no quedan reservas en el Central. En ese caso habría que ir a buscar el tipo de cambio a otra galaxia.

El gobierno, puede intentar buscar un puente para seguir aguantando con esta estrategia mediante el crédito externo, abandonando el relato del desendeudamiento. Tomar deuda para sostener el tipo de cambio, lo mismo que se hizo infinidad de veces en el pasado, y terminar sin reservas pero con la deuda contraída. Si fuera asesor de CFK no se lo recomendaría, salvo que piense dejar el gobierno antes y obsequiarle a su seguidor un de lío económico mayor al actual.

Una tercera opción sería bajar el gasto, para dejar de emitir, reducir notablemente la inflación y liberar el tipo de cambio. Claro que hecho esto en un contexto institucional de falta de confianza tampoco resuelve el problema. Nadie entraría divisas para ser esquilmado impositivamente y sometido a todo tipo de controles y regulaciones por parte del Estado.

Me parece que, dada su larga trayectoria de estatizaciones, regulaciones, confiscaciones y ausencia de seguridad jurídica, el cristinismo no tiene forma de evitar una crisis cambiaria, porque en el fondo el problema no es solamente económico sino de falta de confianza de los agentes económicos en un gobierno que ha demostrado en infinidad de  oportunidades redoblar la apuesta por el lado de los controles y las regulaciones. Si como toda solución al problema cambiaria tenemos a un gobierno que tiene que estar mendigando que los exportadores le traigan por anticipado U$S 2.000 millones, quiere decir que el problema no es transitorio, sino estructural, en lo económico y en la confianza que genera. Especialmente el segundo punto.

¿Entonces? Me parece que el gobierno difícilmente pueda resolver el problema cambiario y pérdida de reservas (podrá intentar pedir préstamos en el exterior pero para seguir perdiendo reservas) porque el modelo populista está agotado y el cristinismo carece de la confianza de los agentes económicos.

Intentar solucionar el problema cambiario ignorando la deteriorada calidad institucional es una utopía. Los dislates de Moreno, Kicillof, Marcó del Pont y la misma presidente tienen su costo que hoy aparece con toda la fuerza.

A esta altura del partido, en Olivos deberían pensar seriamente si están dispuestos a pagar el costo de tantos destrozos económicos o prefieren pasarle la cuenta a otro lo antes posible.

 

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

LAS NOTAS QUE NO SE NOTAN

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 8/12/13 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2013/12/las-notas-que-no-se-notan.html

Como he dicho varias veces, las notas son a la educación lo que la ausencia de precios al cálculo económico. O sea, así como el cálculo económico es imposible bajo el socialismo, por la ausencia de precios, la evaluación de la educación es imposible en el sistema formal, por la presencia de notas.
Llevo muchos años de no llevarle el apunte a las notas, dentro de un sistema que me las exige (bueno, en mis cursos de filosofía en casa no hay notas). No solamente yo mismo me vuelvo loco todo el tiempo, sino que colegas, autoridades, alumnos y padres creen firmemente que estoy loco y, como ven, tienen razón.
Pero yo coloco MIS notas. Nadie se da cuenta, pero yo evalúo. Yo sé por dónde va cada uno, a qué velocidad corre, en qué etapa de su vida está, qué debo perdonar y qué no. Sé quién ha hecho el esfuerzo de comprender, sé quién comprende, quiénes no entienden pero repiten, etc. Pero claro, todo ello es invisible ante el sistema, ciego que lo único que puede ver es “10”, “2”, “7”, etc.
Este año, creo que era Agosto, una alumna se encontró, cuando salía del aula, con una de las chicas que hacen la limpieza. No sólo la saludó, sino que la abrazó como si fuera la hermana.
 Y ya está. Fueron menos de 10 segundos de santidad. Menos de 10 segundos por los cuales se filtraron las luces de Dios. Ella no se dio cuenta, pero yo la vi. Son las notas que no se notan. Son las notas que no se buscan. Son las notas que no se ven. Pero yo, que estoy loco, sí lo vi: era el aula de Dios. En la mesa estaba El, sonriendo, delante de un pizarrón lleno de lo que los ojos no ven, los oídos no escuchan y la mente no concibe.
 Se sacó 10.
Gabriel J. Zanotti es Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA).  Es profesor full time de la Universidad Austral y en ESEADE es Es Profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

 

 

Elogio de Nelson Mandela

Por Mario Vargas Llosa. Publicado el 30/6/13 en http://elpais.com/elpais/2013/06/27/opinion/1372345409_851455.html

Transformó la historia de Sudáfrica de una manera que parecía inconcebible y demostró, con su inteligencia, honestidad y valentía, que en el campo de la política a veces los milagros son posibles.

Nelson Mandela, el político más admirable de estos tiempos revueltos, agoniza en un hospital de Pretoria y es probable que cuando se publique este artículo ya haya fallecido, pocas semanas antes de cumplir 95 años y reverenciado en el mundo entero. Por una vez podremos estar seguros de que todos los elogios que lluevan sobre su tumba serán justos, pues el estadista sudafricano transformó la historia de su país de una manera que nadie creía concebible y demostró, con su inteligencia, destreza, honestidad y valentía, que en el campo de la política a veces los milagros son posibles.

Todo aquello se gestó, antes que en la historia, en la soledad de una conciencia, en la desolada prisión de Robben Island, donde Mandela llegó en 1964, a cumplir una pena de trabajos forzados a perpetuidad. Las condiciones en que el régimen del apartheid tenía a sus prisioneros políticos en aquella isla rodeada de remolinos y tiburones, frente a Ciudad del Cabo, eran atroces. Una celda tan minúscula que parecía un nicho o el cubil de una fiera, una estera de paja, un potaje de maíz tres veces al día, mudez obligatoria, media hora de visitas cada seis meses y el derecho de recibir y escribir sólo dos cartas por año, en las que no debía mencionarse nunca la política ni la actualidad. En ese aislamiento, ascetismo y soledad transcurrieron los primeros nueve años de los veintisiete que pasó Mandela en Robben Island.

En vez de suicidarse o enloquecerse, como muchos compañeros de prisión, en esos nueve años Mandela meditó, revisó sus propias ideas e ideales, hizo una autocrítica radical de sus convicciones y alcanzó aquella serenidad y sabiduría que a partir de entonces guiarían todas sus iniciativas políticas. Aunque nunca había compartido las tesis de los resistentes que proponían una “África para los africanos” y querían echar al mar a todos los blancos de la Unión Sudafricana, en su partido, el African National Congress, Mandela, al igual que Sisulu y Tambo, los dirigentes más moderados, estaba convencido de que el régimen racista y totalitario sólo sería derrotado mediante acciones armadas, sabotajes y otras formas de violencia, y para ello formó un grupo de comandos activistas llamado Umkhonto we Sizwe, que enviaba a adiestrarse a jóvenes militantes a Cuba, China Popular, Corea del Norte y Alemania Oriental.

En la soledad de la cárcel revisó sus ideas e hizo una autocrítica radical de sus convicciones

Debió de tomarle mucho tiempo —meses, años— convencerse de que toda esa concepción de la lucha contra la opresión y el racismo en África del Sur era errónea e ineficaz y que había que renunciar a la violencia y optar por métodos pacíficos, es decir, buscar una negociación con los dirigentes de la minoría blanca —un 12% del país que explotaba y discriminaba de manera inicua al 88% restante—, a la que había que persuadir de que permaneciera en el país porque la convivencia entre las dos comunidades era posible y necesaria, cuando Sudáfrica fuera una democracia gobernada por la mayoría negra.

En aquella época, fines de los años sesenta y comienzos de los setenta, pensar semejante cosa era un juego mental desprovisto de toda realidad. La brutalidad irracional con que se reprimía a la mayoría negra y los esporádicos actos de terror con que los resistentes respondían a la violencia del Estado, habían creado un clima de rencor y odio que presagiaba para el país, tarde o temprano, un desenlace cataclísmico. La libertad sólo podría significar la desaparición o el exilio para la minoría blanca, en especial los afrikáners, los verdaderos dueños del poder. Maravilla pensar que Mandela, perfectamente consciente de las vertiginosas dificultades que encontraría en el camino que se había trazado, lo emprendiera, y, más todavía, que perseverara en él sin sucumbir a la desmoralización un solo momento, y veinte años más tarde, consiguiera aquel sueño imposible: una transición pacífica delapartheid a la libertad, y que el grueso de la comunidad blanca permaneciera en un país junto a los millones de negros y mulatos sudafricanos que, persuadidos por su ejemplo y sus razones, habían olvidado los agravios y crímenes del pasado y perdonado.

Habría que ir a la Biblia, a aquellas historias ejemplares del catecismo que nos contaban de niños, para tratar de entender el poder de convicción, la paciencia, la voluntad de acero y el heroísmo de que debió hacer gala Nelson Mandela todos aquellos años para ir convenciendo, primero a sus propios compañeros de Robben Island, luego a sus correligionarios del Congreso Nacional Africano y, por último, a los propios gobernantes y a la minoría blanca, de que no era imposible que la razón reemplazara al miedo y al prejuicio, que una transición sin violencia era algo realizable y que ella sentaría las bases de una convivencia humana que reemplazaría al sistema cruel y discriminatorio que por siglos había padecido Sudáfrica. Yo creo que Nelson Mandela es todavía más digno de reconocimiento por este trabajo lentísimo, hercúleo, interminable, que fue contagiando poco a poco sus ideas y convicciones al conjunto de sus compatriotas, que por los extraordinarios servicios que prestaría después, desde el Gobierno, a sus conciudadanos y a la cultura democrática.

Como la gota persistente que horada la piedra, fue abriendo puertas en esa ciudadela de desconfianza

Hay que recordar que quien se echó sobre los hombros esta soberbia empresa era un prisionero político, que, hasta el año 1973, en que se atenuaron las condiciones de carcelería en Robben Island, vivía poco menos que confinado en una minúscula celda y con apenas unos pocos minutos al día para cambiar palabras con los otros presos, casi privado de toda comunicación con el mundo exterior. Y, sin embargo, su tenacidad y su paciencia hicieron posible lo imposible. Mientras, desde la prisión ya menos inflexible de los años setenta, estudiaba y se recibía de abogado, sus ideas fueron rompiendo poco a poco las muy legítimas prevenciones que existían entre los negros y mulatos sudafricanos y siendo aceptadas sus tesis de que la lucha pacífica en pos de una negociación sería más eficaz y más pronta para alcanzar la liberación.

Pero fue todavía mucho más difícil convencer de todo aquello a la minoría que detentaba el poder y se creía con el derecho divino a ejercerlo con exclusividad y para siempre. Estos eran los supuestos de la filosofía del apartheid que había sido proclamada por su progenitor intelectual, el sociólogo Hendrik Verwoerd, en la Universidad de Stellenbosch, en 1948 y adoptada de modo casi unánime por los blancos en las elecciones de ese mismo año. ¿Cómo convencerlos de que estaban equivocados, que debían renunciar no sólo a semejantes ideas sino también al poder y resignarse a vivir en una sociedad gobernada por la mayoría negra? El esfuerzo duró muchos años pero, al final, como la gota persistente que horada la piedra, Mandela fue abriendo puertas en esa ciudadela de desconfianza y temor, y el mundo entero descubrió un día, estupefacto, que el líder del Congreso Nacional Africano salía a ratos de su prisión para ir a tomar civilizadamente el té de las cinco con quienes serían los dos últimos mandatarios delapartheid: Botha y De Klerk.

Cuando Mandela subió al poder su popularidad en Sudáfrica era indescriptible, y tan grande en la comunidad negra como en la blanca. (Yo recuerdo haber visto, en enero de 1998, en la Universidad de Stellenbosch, la cuna del apartheid, una pared llena de fotos de alumnos y profesores recibiendo la visita de Mandela con entusiasmo delirante). Ese tipo de devoción popular mitológica suele marear a sus beneficiarios y volverlos —Hitler, Stalin, Mao, Fidel Castro— demagogos y tiranos. Pero a Mandela no lo ensoberbeció; siguió siendo el hombre sencillo, austero y honesto de antaño y ante la sorpresa de todo el mundo se negó a permanecer en el poder, como sus compatriotas le pedían. Se retiró y fue a pasar sus últimos años en la aldea indígena de donde era oriunda su familia.

Mandela es el mejor ejemplo que tenemos —uno de los muy escasos en nuestros días— de que la política no es sólo ese quehacer sucio y mediocre que cree tanta gente, que sirve a los pillos para enriquecerse y a los vagos para sobrevivir sin hacer nada, sino una actividad que puede también mejorar la vida, reemplazar el fanatismo por la tolerancia, el odio por la solidaridad, la injusticia por la justicia, el egoísmo por el bien común, y que hay políticos, como el estadista sudafricano, que dejan su país, el mundo, mucho mejor de como lo encontraron.

Mario Vargas Llosa es Premio Nobel de Literatura y Doctor Honoris Causa de ESEADE.

ORIGENES DE LA EDUCACIÓN ARGENTINA

Por Alberto Benegas Lynch (h)

Hay mucho escrito sobre el caso de la enseñanza formal argentina. En todas partes del mundo, naturalmente cuando los aparatos estatales cuentan con “ministerios de educación” y equivalentes, los gobernantes tienen sus planes curriculares que imponen en los colegios estatales (mal llamados “públicos” puesto que los privados también son para el público) y deciden pautas para los niveles universitarios también dependientes del gobierno. Incluso, tal como ocurre en la Argentina desde hace mucho tiempo, las referidas pautas también son aplicables al ámbito privado con lo que las respectivas instituciones educativas están privadas de toda independencia.

 

El proceso educativo requiere la prueba y el error en un contexto evolutivo y competitivo y, sin embargo, no es lo que se autoriza cuando está en manos de la burocracia. Afortunadamente, en la actualidad está el home schooling, el MOOC, los métodos por aulas virtuales en todos los niveles y similares que se saltean las trabas burocráticas estatales para navegar en libertad con acreditaciones por parte de entidades privadas de prestigio como Academias y centros – también en competencia- dedicados al seguimiento cualitativo de quienes se dedican a la educación que son elegidos, precisamente, por su excelencia y no por grados de politización forzosa, y con programas de actividades sociales sumamente atractivas (hace poco, The Economist le dedicó bastante espacio a una tarea de investigación al antedicho home schooling en el que concluye que los oficiales de admisión de las universidades del Ivy Leage estadounidense declararon su admiración por estudiantes que aplicaban y que provenían de ese sistema “por sus altos niveles educativos, por sus muy buenos modales y por sus cuidadas vestimentas”).

 

En el contexto argentino, Carlos Newland en Buenos Aires no es Pampa: La educación elemental porteña 1820-1860 (Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1992) muestra la cantidad de colegios privados que existían antes del plan del gran Sarmiento, que con su educación estatal y “gratuita” las obligó a cerrar. Como es sabido, nada es gratuito el asunto consiste en detectar quienes pagan, lo cual recae especialmente en los más pobres ya que vía la reducción de sus salarios finalmente se hacen cargo por las disminuciones en las tasas de capitalización de los contribuyentes de jure. Recordemos que la inexorable politización conduce al consejo de Marx y Engels en el Manifiesto Comunista de 1848 en el sentido de imponer la “educación pública y gratuita de todos los niños” al efecto de lograr sus propósitos y por eso es que el marxista Antonio Gramsci sostenía con razón que se “tome la cultura y la educación y el resto se dará por añadidura”.

 

Hasta en el baluarte del mundo libre es muy ilustrativo comprobar los tremendos desaguisados del Departamento de Educación, por ejemplo, en la obra de Thomas Sowell Inside American Education (New York, Macmillan, 1993) para que el lector conjeture que ocurre en otros lares menos civilizados. A las estructuras curriculares impuestas por el referido departamento gubernamental de Estados Unidos, se debe agregar la alarmante participación del gobierno en los presupuestos de las casas de estudio privadas de ese país, tal como lo explica Richard Pipes en Propiedad y libertad. Dos conceptos inseparables a lo largo de la historia (México, Fondo de Cultura Económica, 1999/2002).

 

A continuación vamos a dedicarnos al caso argentino muy anterior a los fenómenos de los textos obligatorios de “Evita me ama” y los engendros de La Cámpora, al efecto de bucear en las raíces del problema. Para ello nada mejor que extraer brevemente información del notable ensayo de Carlos Escudé con el apoyo de una nutrida bibliografía, titulado El fracaso del proyecto argentino. Educación e ideología editado en 1990 conjuntamente por el Instituto Torcuato Di Tella y la Editorial Tesis, en el que todo el eje central apunta a mostrar que las faenas educativas estaban (y están) dirigidas a “subordinar el individuo al Estado” donde “el Estado no es la defensa del individuo y sus derechos” situación en la que “el individuo vive para servir a su Patria [generalmente con mayúscula]; así y no al revés, se define la relación esencial entre el individuo y estado-nación”.

 

Todo el desbarajuste educacional -a contramano de las ideas, principios y valores alberdianos-  comenzó a manifestarse con crudeza durante la tiranía rosista. La revista “El Monitor de la Educación Común” fundada en 1881 y distribuida gratuitamente a todos los maestros, fue paulatinamente aumentando su nacionalismo e intervensionismo estatal en la educación, aun con las mejores intenciones que rodearon al Primer Congreso Pedagógico de 1882. Incluso la ley de Educación Común (la 1420) de 1884 subraya la importancia de la educación obligatoria y gratuita.

 

En los sucesivos artículos de la mencionada revista se advierte sobre la “desnacionalización que sufría la Argentina” diagnóstico que logró imponer una ley en 1908  “de ingeniería social” al efecto de “deseuropeizar” el país, “pero el objetivo primordial del proyecto educativo argentino, más que impulsar el progreso, fue el de adoctrinar a la población en un argentinismo retórico y esencialmente dogmático y autoritario, cuando no militarista” anticipada por la Ley de Residencia de 1902 por la que podía expulsarse a inmigrantes si juicio previo y las arbitrariedades del creado Consejo Nacional de Educación que incluso tenía las facultades de reglamentar los programas de las escuelas privadas por medio de la Ley Lainez de 1905.

 

Las ideas vertidas en esa revista (“una paranoia”, dice Carlos Escudé) eran las de “el espíritu de raza” (Ernesto Quesada), “la pureza del lenguaje” (Mario Velazco y Arias), los inconvenientes de las escuelas de comunidades extranjeras “como la galesa” (Raúl B. Díaz), “homogenizar los estudios” (José María Ramos Mejía), “forjar una intensa conciencia nacionalista” y “el individualismo anárquico es un peligro peligro en todas las sociedades modernas, reagravóse como tal en la República Argentina por la afluencia del extranjero inmigrante” (Carlos Octavio Bunge), ”en la conversación, en todos los grados, incluir con frecuencia asuntos de carácter patriótico” y “el extranjero que incesantemente nos invade” (Pablo Pizzurno), el “catecismo patriótico” en el que se leía el siguiente diálogo: “maestro-¿cuáles son los deberes de un buen ciudadano, alumno- el primero el amor a la patria, maestro- ¿antes que a los padres?, alumno- ¡antes que todo!” (Ernesto A. Bavio), el “Canto a la Patria” de Julio Picarel sobre el que Escudé aclara que “cito estos pésimos versos a riesgo de alinear al lector” y agrega el poeta de esta xenofobia que “los sonidos ejecutados por una banda militar llegan al oído del niño como un lenguaje fantástico y fascinador”, “el Honorable Consejo Nacional de Educación, al inaugurar la bien meditada serie de medidas tendientes a fortificar el alma de los niños argentinos, el sentimiento augusto de la Patria y a convertir la escuela en el más firme e indiscutible sostén del ideal nacionalista” (Leopoldo Correijer), “la escuela argentina tiene un carácter completamente definido, ella es el agente de nuestra formación nacional” (Juan G. Beltrán), “formemos con cada niño un idólatra frenético por la República Argentina” (Enrique de Vedia), “la escuela oficial, única que mantiene puro el espíritu de la nacionalidad en pugna con la particular cuyo florecimiento es de profusión sospechosa” (Bernardo L. Peyret), “quienes no están conformes con la orientación nacionalista que el Consejo ha dado a la enseñanza, deben tener la lealtad de renunciar al puesto que desempeñan en el magisterio” (Ángel Gallardo), nacionalismo solo realizado eficazmente “en la escuela porque es allí donde hemos de realizar la unidad moral de la raza argentina” (Ponciano Vivanco), “el amor a la patria para ser fecundo debe tener carácter de una religión nacional y ese culto a la Patria no se concibe sin la fuerza nacional” (Francisco P. Moreno).

 

Por supuesto que a la abundante lista referida por Escudé -casi todos antisemitas- no faltan los nombres de los nacionalistas Ricardo Rojas (“las escuelas privadas son uno de los factores activos de la disolución nacional”) y Manuel Carlés, ambos con escritos absolutamente contrarios al cosmopolitismo y al respeto recíproco adornados como es el caso de este último autor con cánticos inauditos como el del “Himno a la Nueva Energía”.

 

En los dos últimos capítulos Escudé se refiere a “la irracionalidad en la cultura” llevada a la política en el gobierno militar de Uriburu (un corporativista-fascista que afortunadamente no pudo plasmar sus ideas en una reforma constitucional como era su declarada intención) y el peronismo, pero es del caso señalar a título de ejemplo un eslabón que conecta ambos experimentos (aunque el peronismo fue mucho más autoritario y estatista que el sucesor de Uriburu a pesar de la implantación del control de cambios, el impuesto progresivo, las juntas reguladoras y la banca central). Se trata del nombramiento del General Justo al nazi Gustavo Martínez Zuviría (que escribía con el pseudónimo de Hugo Wast) como Presidente de la Comisión Nacional de Cultura, personaje que fue designado Ministro de Justicia e Instrucción Cívica en la revolución militar de 1943 que desembocó en el peronismo que fue imitado, con diversos estilos, por todos los gobiernos que siguieron, los cuales, todos, agrandaron el Leviatán a través del aumento del gasto público, la deuda, la manipulación monetaria, cambiaria y arancelaria junto a planes para influir en la educación.

 

A los nombres mencionados cabe agregar todavía muchos otros como los de Carlos Ibarguren, el sacerdote ultra nazi Julio Meinvielle, Leopoldo Lugones y tantos otros que sentaron las bases para que luego penetrara el cepalismo, el keynesianismo, el marxismo y todas las variantes totalitarias y planificadores de las vidas y haciendas ajenas donde “lo nuestro” es siempre un valor y lo foráneo siempre un desvalor por lo que se incita a la pesadilla de un sistema de cultura alambrada. Una vez que se idolatra la patria escindida del respeto recíproco y las libertades individuales, está preparado el camino para el mesías del momento indefectiblemente encarne la patria.

 

Aunque circunstancialmente enfrentados, como ha demostrado J. F. Revel en La gran mascarada (Madrid, Taurus, 1999/2000), el nacionalsocialismo y toda laya colectivista-estatista están íntimamente vinculados en sus objetivos últimos y con el común enemigo del liberalismo, el primero prepara el camino para que el segundo intensifique las tropelías (recordemos que el nazi-fascismo significa que la propiedad está básicamente registrada a nombre de particulares pero el aparato estatal administra su flujo de fondos, mientras que el comunismo, más sincero, hace que use y disponga de la propiedad el monopolio de la fuerza sin que nadie tenga propiedad). En la Argentina, el nacionalismo dio cabida a las variantes socialistas bajo diversos ropajes. Este es el origen de la sandez de “vivir con lo nuestro” y de la actual “soberanía de las heladeras” y otros esperpentos consubstanciados con “los modelos nacionales y populares”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.