El Proceso Inflacionario

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 19/12/13 en:  http://www.libertadyprogresonline.org/2013/12/19/el-proceso-inflacionario/

 

La inflación es uno de los problemas económicos y sociales más graves. Es siempre producida por los aparatos estatales que con el curso forzoso y la banca central no dan salida a la gente para defenderse de ese flagelo. Es realmente llamativo que a esta altura del partido, con toda la bibliografía moderna disponible, no se haya decidido cortar amarras con los gobiernos en materia monetaria y no se haya percibido que la única razón por la cual el Leviatán administre la moneda es para succionar poder adquisitivo de la gente.

inflacion

Se ha dicho que la inflación es el aumento general de precios, lo cual revela dos errores garrafales de concepto. En primer lugar, pretende aludir a la causa de la inflación la cual consiste en la expansión exógena del mercado y, en segundo término, el efecto estriba en la alteración de los precios relativos y no en un aumento general. Si produjera un incremento generalizado, no se produciría el problema central de la inflación cual es la angustia por el desequilibrio entre precios e ingresos. Si mi salario (uno de los precios) se incrementara en un 50% mensual y el resto de los precios lo hace en la misma forma, no hay problema. Eventualmente habrá que modificar las columnas en los libros de contabilidad, habrá que expandir los dígitos en las máquinas de calcular y, tal vez, acarrear el dinero en carretillas pero no hay el problema central señalado.

La alteración en los precios relativos reviste la mayor de las importancias ya que se distorsionan todas las señales en el mercado, que son las únicas que muestran donde conviene invertir y donde desinvertir en los diversos sectores con lo que se consume capital y, por ende, bajan los salarios e ingresos en términos reales puesto que las tasas de capitalización son la únicas causas del nivel de vida.

Como hemos dicho en tantas ocasiones, la banca central solo puede decidir entre uno de tres caminos posibles: a que tasa contraer, a que tasa expandir o dejar inalterada la base monetaria. Pues bien, cualquiera de los tres caminos deterioran los precios relativos respecto de lo que hubieran sido de no haber intervenido (incluso, como decimos, si los banqueros centrales deciden no modificar la base monetaria habrán desfigurado los precios relativos en relación al mayor o menor volumen de moneda que se hubiera decidido en el mercado…y si se hace lo mismo que hubiera hecho la gente en el mercado no hay razón alguna para la irrupción de la banca central ahorrándose todos los gastos administrativos correspondientes).

Más aun, una banca central independiente del secretario del tesoro o de hacienda o del Parlamento inexorablemente errará el camino debido a las razones antes apuntadas que no cambian por el hecho de recibir instrucciones o proceder autónomamente, esto no modifica la naturaleza del problema. Sin duda, que si a la existencia de la banca central se agrega el curso forzoso la situación se agrava exponencialmente ya que no deja salida a la gente para sus transacciones diarias y deben absorber quitas permanentes en su poder adquisitivo.

Conviene también precisar que la cantidad de dinero de mercado, es decir, de los activos financieros que la gente elija para sus transacciones no tienen porqué ser constantes. Esto dependerá de las respectivas valorizaciones, del mismo modo que ocurre con cualquier bien o servicio, lo cual, en nuestro caso, si se decide expandir, se trata de una expansión endógena, a diferencia de la exógena al mercado, esto es, la que ocurre debido a decisiones políticas que son el origen del problema inflacionario.

No hay tal cosa como “expectativas inflacionarias” como causas de la inflación. Se podrán tener todas las expectativas que se quieran pero si no están convalidadas por la expansión monetaria exógena, no hay inflación. Tampoco “inflación de costos” por idénticos motivos, ni inflaciones provocadas por el incremento en el precio de un bien considerado estratégico como, por ejemplo,  el petróleo ya que si aumenta el precio de este bien y no hay expansión monetaria habrá dos posibilidades: o se reduce el consumo de otros bienes si se decidiera mantener el nivel de consumo del petróleo o se debe contraer el consumo de este bien al efecto de permitir el mismo consumo de otros bienes y servicios. En todo caso, no resulta posible consumir todo lo que se venía consumiendo si el precio del petróleo se incrementó.

La errada definición que hemos comentado, además, conduce a otras dos equivocaciones técnicas. En primer lugar, el consejo para la banca central de emitir a una tasa constante similar al crecimiento económico para “permitir la previsibilidad de los actores  en el mercado”. Este consejo pasa por alto el hecho de que si la expansión “acompaña” el crecimiento económico, manteniendo los demás factores constantes, por ejemplo, se anulará el efecto de algunos precios a la baja que generan las importaciones y al alza de las exportaciones ya que la masa monetaria en un caso disminuye y en el otro aumenta y así sucesivamente.

La segunda equivocación, aun más gruesa, es que la expansión a tasa constante no trasmite previsibilidad puesto que, precisamente, los precios no se incrementan de modo uniforme, sino, como queda dicho, se alteran los precios relativos de modo que una tasa anunciada de expansión no trasmite información a determinado sector como afectará en sus precios.

Este análisis, a su vez, se traduce en el pensamiento que es posible recomponer el problema inflacionario a través de indexaciones lo cual no es correcto ya que pretendidos índices de corrección solo suben los valores absolutos en los rubros del balance, pero las distorsiones relativas se mantienen inalteradas.

A toda esta situación debe agregarse que para contar con un sistema monetario saneado debe eliminarse el sistema bancario de reserva fraccional que no solo genera producción secundaria de dinero, sino que permite que los bancos operen en un contexto de insolvencia permanente, con lo que se hace necesario implementar el free banking o el sistema de encaje total para los depósitos en cuenta corriente y equivalentes.

Como han expresado tantos economistas de gran calado, es de esperar que no transcurra mucho tiempo antes de que se  perciban los inmensos daños de la banca central y sus consecuentes políticas. Cual es el dinero que preferirá la gente dependerá de las circunstancias ya que si todo es dinero no hay dinero y preguntarse cual es la cantidad de dinero que habrá es lo mismo que interrogarse cual es la cantidad de lechuga que habrá en el mercado.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE. 

Saqueos: desidia política

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 19/12/13 en:  http://opinion.infobae.com/nicolas-cachanosky/2013/12/19/saqueos-desidia-politica/

 

Desidia política, en el peor de los sentidos, es lo que describe a la dirigencia política Argentina en su conjunto a la luz de sus actos y omisiones en los últimos días. Sin que se interprete como una generalización de todos los funcionarios públicos, el oficialismo y la oposición han dejado mucho que desear y ambos grupos han contribuido a llegar al punto de tener medio país en anarquía con importantes daños económicos y materiales e inentendibles muertes innecesarias. ¿Cómo se describe un país con altos índices de pobreza, inflación con un piso del 25% anual y estado de anarquía en medio territorio nacional? ¿Qué dice de un país donde el jefe de Gabinete dice no haber enviado fuerzas de seguridad porque no le sonó el teléfono y sigue en funciones como si nada hubiese pasado? ¿Cómo se llegó a esto? Si bienes un tema muy complejo, hay tres puntos que creo no deben pasar por desapercibidos: (1) el económico, (2) el político y (3) el cultural.

En lo que respecta al problema económico, una década de consumo de stock de capital, ya con varios años de alta inflación y un asistencialismo fuera de control no hacen más que acumular tensiones que pueden estallar en modos y momentos inesperados. No es fácil saber cuál va a ser la gota que rebalse el vaso. La inflación no es sólo un impuesto, es un impuesto que recae con mayor incidencia sobre los más necesitados. Son las clases medias y altas las que tienen mayor facilidad de acceso a distintas alternativas para cubrirse de la inflación. Los sectores más golpeados, sin embargo, ven desaparecer sus posibilidades de movilidad social frente a sus ojos. La década ganada produjo la ilusión de crecimiento a tasas chinas a base de consumo de stock de capital en lugar de a base de inversiones de largo plazo. Los trenes chocan, las rutas están rotas, la telefonía fija está comenzando a funcionar mejor que la móvil, faltante de energía, son síntomas claros de consumo de stock de capital. El kirchnerismo hipotecó el futuro a expensas de financiar una fiesta de corto plazo y parte importante de la sociedad confundió la fiesta con genuino progreso económico.

En lo que respecta al problema político, tanto el oficialismo como la oposición cargan pesadas responsabilidades. Ambos han faltado, a mi entender, a sus funciones y obligaciones de servidores públicos. Las transgresiones institucionales del oficialismo, demasiado numerosas para recordar, no hacen más que predicar con el ejemplo el robo, la expropiación y el desinterés hacia la propiedad del prójimo al presentarlas como aceptables actitudes Nac&Pop. Si el gobierno se da el lujo de ignorar los fallos de la Corte Suprema de Justicia (cuando le conviene), de expropiar de manera inconstitucional, de intimidar desde la cadena oficial y con personajes como Guillermo Moreno y la AFIP, ¿por qué ha de aplicar una moral distinta al ciudadano a pié? Para bien y también para mal, la autoridad moral del gobierno es guía de parte importante de la sociedad. Los saqueos fueron la moral del “vamos por todo” puesta en práctica. La doble moral del oficialismo debería avergonzar al kirchnerista más radicalizado. Mientras se dedican días de duelo por la muerte de un dictador anacrónico como Hugo ChávezCristina Kirchner decide bailar al compás de cumbias y cacerolas a la par que argentinos eran saqueados y morían de manera innecesaria. Si los muertos no le importan a la máxima autoridad del Poder Ejecutivo, ¿por qué ha de importarle al policía mal pago? De ninguna manera estoy diciendo que la actitud de las fuerzas de seguridad haya sido aceptable. Tal concepción es imposible de aceptar cuando en una república el contrato social consiste en entregar las armas a las fuerzas de seguridad para que nos protejan a cambio del pago de impuestos. Que tal cosa haya sucedido habla, justamente, de la ruptura institucional en la que se encuentra el país. Ni el kirchnerismo ni la oposición pueden, sin embargo, hacer ajena a ellos mismos las críticas bien levantadas contra la actitud de las fuerzas de seguridad. El poder político, tanto como las armas, pueden ser utilizadas para levantarse contra el pueblo.

Este kirchnerismo de doble moral y discurso adaptado a las conveniencias ha crecido a la sombra de una oposición que le permitió llegar a ser lo que es. Es cierto que en la medida que la oposición no es mayoría posee límites a los frenos institucionales que puede poner a un gobierno de inocultable sesgo autoritario, pero no es menos cierto que es la misma oposición que acompañó con su voto expropiaciones como las de las AFJP y Repsol-YPF entre otras iniciativas. Algunos opositores confesaron votar a favor de expropiaciones por lo que dice el corazón y no lo que indica la razón. ¿No es esto, acaso, un mensaje similar al de obediencia debida de Pichetto? Ya sea que el voto, a sabiendas erróneo, se hace por un corazón nacionalista o un corazón partidario, el daño institucional es ineludible. La oposición parece estar jugando la peligrosa apuesta de que el “vamos por todo” continúe hasta el 2015 con la esperanza de que el gobierno no tenga más remedio que hacerse cargo de los ajustes y costos políticos necesarios. El costo de esta apuesta política recae en el ciudadano, como si las muertes en saqueos y repetidos accidentes en trenes no fuesen lo suficientemente explícitos de quien paga la factura del juego político. No deja de ser, incluso, una apuesta que me cuesta entender. Los últimos días muestran que el gobierno prefiere dejar un país en llamas a hacerse cargo de sus propios errores. Mientras el gobierno de Cristina Kirchner bate récords de causales de juicio político, la oposición habla de dialogo con un gobierno que ofrece menos retorno que una pared de concreto. Ser políticamente correcto pero institucionalmente irresponsable no deja de ser signo de una clase política corrupta en sus principios institucionales. La oposición da la sensación de estar institucionalmente tan confundida como el oficialismo si cree que una elección da inmunidad institucional frente a los ciudadanos y sus pares.

Por último, pero no por ello menos importante, el factor cultural también ha jugado un rol central. Los saqueos no son nuevos, son parte de la cultura Argentina. ¿No es saqueo al pueblo una carga tributaria récord sin contraprestaciones? ¿No es saqueo acaso una inflación descontrolada por un gobierno que le falta a la verdad en la cara al ciudadano (incluido su votante) la negar el problema? ¿No es saqueo que el gobierno le de beneficios al pseudo-empresariado del país cargando así sobre las libertades y bolsillo del consumidor? Este saqueo institucional es manifestación de las preferencias políticas del votante medio, o al menos de una parte importante de la sociedad. La misma sociedad Argentina no deja de tener parte de responsabilidad al apropiar y cultivar una cultura de “vivir del otro.

Una sociedad que sospecha en lugar de admirar al empresario exitoso difícilmente disfrute de una cultura emprendedora. En su clásico “El Estado”, Frederic Bastiat decía que el “Estado es la gran entidad ficticia por la que todos buscan vivir a expensas uno del otro.” En Argentina se ha hecho de esto una máxima. ¿Cuántos Argentinos se creen con derecho a recibir por parte del estado fondos provenientes del prójimo? ¿No es esto usar la fuerza del estado para saquear la propiedad de terceros? Lamentablemente esta concepción es insostenible como filosofía de vida en sociedad y cuando los recursos escasean pasa a imperar la ley de la selva sobre el estado de derecho. La sociedad argentina se debe una seria mirada interna en su responsabilidad de demandar y fomentar populismo por parte de una dirigencia política dispuesta a proveerla, después de todo es el mismo ciudadano, no el político, quien debe afrontar el costo. Esto no debe entenderse como una excusa a la clase política cuyo deber es proteger las instituciones y no permitir que el voto de la mayoría sea herramienta de expropiación de la minoría. La desidia política de confundir democracia ilimitada con democracia limitada por los principios republicanos llevan un rol protagónico en los tristes eventos de días anteriores.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

El anacronismo del socialismo y de la política de control de costos

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 3/12/13 en:

http://economiaparatodos.net/el-anacronismo-del-socialismo-y-de-la-politica-de-control-de-costos/

 

Los cambios en el equipo económico del Gobierno dieron aún más trascendencia mediática a las políticas e ideas de Kicillof. El nuevo ministro de economía se define así mismo como marxista y keynesiano. Tampoco ha guardado energía en criticar a las “teorías ortodoxas”, sea lo que sea que Kicillof entienda por ortodoxia económica. Si sus actos algo sugieren, es un corte marxista más que keynesiano. Confiscaciones como las hechas a Repsol-YPF y la política de controlar la economía a través de grandes planillas de costos tiene bastante más de marxista que de keynesiano. Es importante, sin embargo, distinguir entre el socialismo de inicios del siglo XX y el socialismo actual. El retroceso que el último ha visto frente a los argumentos en defensa de economías libres no es menor; al punto tal la política de Kicillof de controlar los precios es peligrosamente anacrónica.

 

En 1920 Ludwig von Mises publica un artículo crítico al socialismo que iniciaría un debate de varias decadas sobre la viabilidad de las economías centralmente controladas. Si bien es cierto que Mises no fue el único en realizar este argumento, fue su artículo el que sacudió la postura socialista. Por socialismo se entiende una comunidad donde, si bien los bienes de consumo pueden ser privados, no existe propiedad privada sobre los factores de producción. El argumento de Mises es simple pero certero: Ante ausencia de derechos de propiedad en los factores de producción no es posible realizar el cálculo económico de ganancias y pérdidas. Por supuesto, una sociedad pequeña como una familia o una pequeña tribu puede organizarse sin un sistema de precios, pero este ya no es el caso de las grandes sociedades sobre la que se centraba el debate del cálculo económico en el socialismo. La Unión Sovietica, por ejemplo, logró mantenerse a flote permitiendo operar a los mercados negros y observando los precios de otros países para realizar sus propias planificaciones. Es decir, lo pco que funcionó la Unión Soviética se lo debe al sistema al que tanto se oponían. En China comunista las hambrunas eran tan graves que, a pesar de serias pena de cárcel, grupos de agricultores decidieron no obstante firmar un acuerdo secreto por el cual iban a resguardar parte de la producción para ellos mismos en lugar de distribuirlo según los planes centrales. La donación al estado pasó a ser como un impuesto, quedando el resto para el propio productor. El acuerdo obligaba a la comunidad a hacerse cargo del cuidado de la familia de quien fuese capturado por el gobierno. El éxito del este experimento de mercado hizo que el gobierno Chino decidiese dejarlo expandirse en las sombras dando origen a la revolución en la economía China que todavía hoy sorprende a no pocos. El gobierno Chino encontró en este sistema incipiente de mercado una solución a las hambrunas que el planeamiento central no podía solucionar. Vale la pena resaltarlo, los problemas en la Unión Soviética y China comunista no era en al producción de bienes de lujo para unos pocos, era en al producción de bienes tan básicos y necesarios como alimentos.

 

Uno de los tantos problemas de la obra de Marx y Engels es que no ofrece una descripción de cómo funcionaria la sociedad post-capitalista. El marximo es silencioso en uno de los puntos más importantes. Aquellos que se atrevían a hipotetizar sociedades socialistas eran denominados “utópicos.” Si bien los utópicos se atrevieron a pensar cómo funcionaría una sociedad socialista, obviaron el problema de la coordinación social a gran escala. Este fue le punto de critica de Mises, que no es otra cosa que una aplicación de la lección número uno del primer curso de economía: Buenas intenciones no garantizan buenos resultados. Las políticas públicas y económicas deben analizarse por sus resultados, no por sus intenciones. El argumento de Mises fue tan certero que el socialismo tuvo que modificar sus argumentos.

 

Luego de Mises, el socialismo ya no podía evitar referirse al problema económico, por lo que la estategia fue argumentar que el socialismo es posible si asumimos que tenemos información perfecta. Es de este debate de donde proviene el supuesto de información perfecta tan común en los manuales de economía aún hoy día. Este fue el argumento al que se enfrentó Hayek quien, con cierto sentido común, re-preguntó ¿información perfecta provista por quién exactamente..? Es decir, asumir información perfecta es asumir la solución del problema. Seguramente Kicillof no puede recurrir al supuesto de información perfecta para completar la gran planilla de costos de la economía Argentina. El problema, aclara Hayek, no es que la información este ahí afuera en el mercado esperando a ser capturada, sino que esa información surge del mismo proceso de mercado. Eliminar el mercado es eliminar también la información necesaria para la coordinación de mercado. Este es el dilema que presenta Mises y Hayek repite. Mirar los precios de otros países no sólo es hacer trampa al sistema que se dice defender, sino no preciso dado el diferente marco institucional. Cuando, por ejemplo, el equipo económico habla de regular las rentabilidades para que sean “normales” o “aceptables”, ¿se tiene en cuenta el reisgo agentino, es decir, el “riesgo Kicillof”? La rentabilidad de las empresas en Canadá o Suecia poco tienen que ver con las condiciones institucionales argentinas.

 

Si pensamos en el socialismo hoy día, la imagen es muy distinta a la del socialismo de la época de Mises y Hayek. Salvo excepciones, el socialismo se ha retirado a una posición donde se deja al mercado operar y se corrige de manera marginal al sistema “problemas” de distribución del ingreso; o el estado de bienestar ofrece servicios sociales como educación, pensiones y salud pública. Este es un socialismo muy distinto a la versión donde no se permite la propiedad privada de los factores de producción. El socialismo acepta que el mercado libre no es perfecto, y asume que los socialistas son los suficientemente inteligentes como para corregir los erroes. Los defensores del libre mercado tampoco creen que el mercado sea perfecto, pero son más humildes al momento de creerse con el conocimiento necesario para corregir imperfecciones inevitables del mundo en el que vivimos. En palabras de Hayek, el socialismo, si bien en notable retirada desde principios del siglo XX, aún sufre de pretención de un conocimento que no posee.

 

Al escuchar a Kicillof, y no pocos simpatizantes del gobierno, uno tiene la impresión de haber sido transportado por una máquina del tiempo unos cien años al pasado. El problema de anacronismo del equipo económico se transfiere a serios problemas de teoría económica. Uno de los puntos más delicados (y contraintuitivos) de principios económicos es que los costos no determinan los precios, sino que son los precios de bienes finales los que determinan los costos. Es por esto que la teoría del valor marginal es tan importante en economía. Si los costos determinasen los precios, entonces las empresas no tendrían pérdidas y no tendrían problemas cuando sus costos aumentan. Lo que el empresario debe hacer es estimar cual es la estructura de costos que puede afrontar dado los precios a los que espera poder vender su producto. Es la competencia entre empresarios la que en última instancai determina los precios de los factores de producción. Kicillof no sólo se equivoca al creer que puede controlar de manera centralizada la economía, se equivoca además al mirar los costos en lugar de los precios finales. En pocas palabras, la economía argentina está en manos de un equipo económico que entiende el proceso de mercado de manera inversa. Como en todo experimento histórico de control centralizado de la economía, el proyecto K de control de costos está determinado al fracaso.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

EL PAPA FRANCISCO Y LOS ECONOMISTAS

Por Alejandro A. Chafuén. Publicado el 8/12/13 en: http://www.elojodigital.com/contenido/12798-el-papa-francisco-y-los-economistas

 

Las recientes expresiones de orden económico emitidas por el Papa Francisco en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium representan un llamado a aplicar un sistema de “Tercera Posición” “Tercera Vía” diseñado y administrado por expertos. Eso es lo que implícitamente se desprende de su conclusión: “El crecimiento en equidad exige algo más que el crecimiento económico, aunque lo supone, requiere decisiones, programas, mecanismos y procesos específicamente orientados a una mejor distribución del ingreso, a una creación de fuentes de trabajo, a una promoción integral de los pobres que supere el mero asistencialismo.”
El Papa Francisco no llama a la socialización del sistema económico ni nos brinda como ejemplo a naciones totalitarias o populismos irresponsables. El expresa “éste no es un documento social”, y recomienda el “Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia” como guía sustancial para el estudio y la reflexión sobre temas de economía. Sin embargo, como el Santo Padre no citó el punto 42 de la encíclica Centessimus Annus de Juan Pablo II, que legitima un sistema de libre empresa basado en el estado de derecho y el respeto de la dignidad humana y, dado que el lenguaje de esta exhortación a veces aparece como hostil hacia los mercados libres, numerosos economistas cristianos se han mostrado alarmados. Muchos se han preguntado si el Papa ha sido influenciado negativamente por la cultura peronista de la Argentina. El peronismo tiene, como uno de sus pilares, un sistema económico situado entre socialismo y capitalismo. Juan Domingo Perón fue un pionero de la “Tercera Posición”.
En Evangelii Gaudium, el Sumo Pontífice reafirma que “ni el Papa ni la Iglesia tienen el monopolio en la interpretación de la realidad social o en la propuesta de soluciones para los problemas contemporáneos.” La jerarquía consulta con muchos economistas. Uno de ellos es el Premio Nobel Joseph Stiglitz, quien tiene gran influencia en el Vaticano; muchos le dan crédito por haber vestido a las propuestas de Tercera Posición con un ropaje académico.
Los escritos de Stiglitz han tenido impacto en otro argentino muy influyente en el Vaticano: Monseñor Marcelo Sánchez Sorondo, canciller de la Pontificia Academia de las Ciencias. Stiglitz fue designado como miembro de la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales, “hermana” menor de la Academia de Ciencias, en 2003, (Juán José Llach es miembro de la misma academia). Stiglitz ofició de presidente del Consejo de Consultores Económicos bajo el ex presidente estadounidense Bill ClintonJohn Allen, respetado observador del Vaticano, escribió en 2003 que Stiglitz “desde ese rol, ayudará a guiar las políticas del Vaticano en el terreno de los asuntos económicos”. Allen agregó que Stiglitz era el favorito de Sánchez Sorondo. Durante un programa patrocinado por el Acton Institute, tuve el privilegio de sentarme junto a Sánchez Sorondo, y me comentó que Stiglitz era, en efecto, su economista predilecto. John Allen iría aún más lejos, al afirmar: “Stiglitz interpreta que el equipo de Clinton cometió un error al aceptar que el gobierno debía mantenerse al margen de la política económica, permitiendo que el sector financiero dictase las reglas de juego. Por ende, es probable que Stiglitz le dé un mayor empuje a los lineamientos ya prefigurados con firmeza por Juan Pablo II, esto es, que las autoridades públicas deben intervenir en los asuntos económicos para garantizar que los beneficios de la globalización sirvan al bien común”.
La mayoría de las sentencias de alcance económico surgidas del Vaticano que perturban a los defensores y promotores del libre mercado se han visto precedidas de expresiones similares de parte de economistas notables. Esto es lo que sucede con la exhortación apostólica de Francisco. El párrafo que se ha ganado un mayor número de críticas entre los liberales es aquel que pone en duda  “las teorías del «derrame», que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo.” En inglés, la Exhortación usó el término “trickle-down”. Es difícil hallar economistas que sostengan que no existen excepciones para esta teoría. Es fácil encontrar altas tasas de crecimiento que coexisten con injusticia y falta de inclusión. La República Popular China y la India son buenos ejemplos en este sentido. Pero como señala un nuevo estudio del Fraser Institute, de reconocida reputación en el mundo liberal, hasta en Canadá existen aproximadamente 1.6 millones de personas que no puede cubrir sus necesidades básicas.
El uso de la expresión “trickle-down” -difícil de traducir y generalmente empleada para denigrar al libre mercado, dio lugar a muchas discusiones. Es probable que Evangelii Gaudium haya sido escrita originalmente en español. El Papa utilizó el término “derrame” que en inglés se traduce mejor bajo “spill-over” y resulta ser una palabra mucho menos politizada, pero que proviene de una traducción no tan buena de una de las versiones más populares en español del libro sobre la Riqueza de las Naciones de Adam Smith, supuesto padre de la economía liberal. En esta se tradujo la palabra extend (extender) como derrame. Adam Smith escribió que la gran multiplicación de la producción, que resulta de la división del trabajo “da lugar, en una sociedad bien gobernada, esa opulencia universal que se extiende [derrama] a los estratos más bajos de la población.” Smith jamás defendió la “autonomía absoluta del mercado”. Al remarcar la importancia de “una sociedad bien gobernada” daba prueba de no tener una confianza absoluta en las “fuerzas invisibles y la mano invisible del mercado.” 
Una letanía incompleta de otros lamentos en lo relacionado con admoniciones económicas del Papa incluyen: tener “una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante”; apoyarse en “el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin un rostro y sin un objetivo verdaderamente humano”; la existencia de “una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta”; y el “deterioro de las raíces culturales con la invasión de tendencias pertenecientes a otras culturas, económicamente desarrolladas pero éticamente debilitadas.”
Desde la publicación de la exhortación apostólica Evangelii Gaudium, los economistas católicos han estado aportando respuestas y análisis a cada uno de estos puntos. Yo enfatizaría los estudios empíricos que muestran que la libertad económica es el mejor antídoto para la corrupción. Aunque en tiempos de la presidencia de Carlos Saúl Menem parecía que Argentina era una excepción, con mediciones mostrando alta libertad económica y alta corrupción, pronto se volvió a la triste realidad, la menor libertad llevó a mucha más corrupción. También le haría recordar al Vaticano las contribuciones tan valiosas del desaparecido Wilhelm Roepke, que siempre enfatizó una “Economía Humana”, respetuosa de la libertad. Cada uno de nosotros ofrecerá distintos estudios y análisis.
La mejor contribución que los campeones de los mercados libres pueden efectuar es convertirse en economistas sobresalientes y convincentes, y captar la atención de los líderes más influyentes con la esperanza que estos incorporen sus verdades económicas a sus admoniciones morales. Un buen ejemplo a seguir es el de Gary Becker, Premio Nobel de la Universidad de Chicago, que ha sido miembro de la Pontificia Academia de las Ciencias desde 1997, o del español José T. Raga, que es miembro de la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales. Al igual que Raga, la calidad de las investigaciones económicas de Becker y su respetuoso comportamiento en el Vaticano lo hicieron acreedor a esa posición. Los escritos de Premios Nobel procedentes de otras escuelas de pensamiento cercanas a la libre empresa, como ser F.A. Hayek y James Buchanan -de la Escuela Austríaca y las escuelas de Elección Pública, respectivamente- también merecen mayor atención de parte del Vaticano.
Juan Carlos de Pablo, uno de los mejores profesores en la Pontificia Universidad Católica (UCA) de Buenos Aires, -en donde he asistido y dado clases- les decía a sus alumnos que “si los economistas no saben de economía, ¿cómo pueden culpar a los obispos por sus conocimientos económicos insuficientes?”. El Papa Francisco ha reconocido la labor de los laicos en numerosas áreas, no solo en economía. Aquellos que profesamos la fe católica y estamos convencidos de la superioridad moral y económica del libremercado, tenemos el deber de acercarnos al Vaticano a través de un diálogo respetuoso y educado, única manera para que pueda resultar provechoso.

 

Alejandro A. Chafuén es Dr. En Economía por el International College de California. Licenciado en Economía, (UCA), es miembro del comité de consejeros para The Center for Vision & Values, fideicomisario del Grove City College, y presidente de la Atlas Economic Research Foundation. Se ha desempeñado como fideicomisario del Fraser Institute desde 1991. Fue profesor de ESEADE.

El presupuesto refleja un país de saqueadores

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 15/12/13 en:

http://economiaparatodos.net/el-presupuesto-refleja-un-pais-de-saqueadores/

Argentina tiene un doble saqueo en este momento. Saquea la gente a los comercios y las casas de las personas y saquea el Estado a la población con impuestos y el impuesto inflacionario

La primera razón para que exista el Estado es que todos nos desarmamos y le delegamos el monopolio de la fuerza a un grupo de personas, elegidas mediante el voto, para que ejerzan ese monopolio, dentro de los límites que marca la constitución. Es decir, no le otorgamos el monopolio de la fuerza para que luego lo utilice en contra de nuestras libertades. Por el contrario, la primerísima función del Estado es utilizar ese monopolio de la fuerza para defender el derecho a la vida, la propiedad y la libertad de las personas. Defendernos del crimen común. Si esta condición no se da, no le encuentro sentido a la existencia del Estado. ¿Para qué delegar el monopolio de la fuerza a un grupo de personas elegidas, si no defienden el derecho a la vida, a la libertad y la propiedad de la gente?

El presupuesto nacional tiene previsto un gasto para 2013 de $ 628.712 millones. De ese monto solo $ 34.904 millones está en el rubro Servicio de Defensa y Seguridad, es decir solo el 5,6% del total de lo que gastará el gobierno nacional va a la función más elemental del Estado, y ojo que dentro de esa cifra están incluidos $ 1.439 millones para Inteligencia, algo que nadie sabe, salvo los que usan esos recursos, para qué sirve y qué hacen con ese dinero.

El 63% del gasto total de la administración nacional está englobado en lo que se denominan servicios sociales, que incluye las jubilaciones y pensiones más una serie de gastos llamados sociales, como subsidios a desocupados, AUH, etc.

En el rubro Servicios Económicos se gastarán, según el presupuesto inicial, sin incluir las modificaciones posteriores, $ 102.656 millones. ¿Qué comprende este rubro? Energía y combustibles, transporte (entre estos dos rubros se llevan más del 80% de los $ 102.656 millones) y otros ítems como agricultura, industria, comercio, turismo, etc. La deuda pública está en otro rubro aparte y representa el 9% del presupuesto.

Finalmente están los gastos destinados a la Administración Gubernamental, Legislativa, Judicial, Relaciones Exteriores, Administración fiscal, etc.

Para tener una idea del desmadre del gasto público, en el presupuesto de 2001 se preveía un gasto de $ 51.232 millones y caímos en default. Pero el dato relevante es que el actual gasto es 12 veces mayor al del 2001.

Si lo medimos en dólares, en 2001 se gastaban U$S 51.232 millones y en 2013 U$S 117.670 millones al tipo de cambio oficial promedio del año. Es decir, en dólares oficiales se  más que duplicó. Y la comparación es válida porque el tipo de cambio real oficial es casi igual al de diciembre de 2001.

Ahora bien, analizando estos datos está la definición del país que tenemos. Los recursos destinados a la defensa y la seguridad son mínimos y gastamos una fortuna en planes sociales, en actividades económicas del Estado que deberían ser realizadas por el sector privado y en miles de millones de pesos destinados a tener tarifas artificialmente bajas.

Es decir, Argentina tiene un doble saqueo en este momento. Saquea la gente a los comercios y las casas de las personas y saquea el Estado a la población con impuestos y el impuesto inflacionario para financiar una serie de gastos que apuntan más al clientelismo político que a la llamada solidaridad social.

De acuerdo a un trabajo de la Fundación Libertad y Progreso, en 2012 el Estado Nacional manejó 58 planes “sociales” llegando a 18 millones de beneficiarios. Estamos hablando del 44% de la población. A estos planes habría que agregarles los planes sociales provinciales y municipales y veríamos cifras siderales que, supuestamente, están destinados a contener a la gente más humilde. Sin embargo, la gente humilde no tuvo problemas en salir a saquear comercios, lo cual nos lleva a la conclusión que ese gastadero de dinero no contiene a nadie.

¿Y por qué no se contiene a nadie? Porque Argentina es una país de saqueadores, con el Estado a la cabeza dando el ejemplo. Buena parte de la población y empresarios quieren vivir a costa del trabajo ajeno. Pretenden ser mantenidos por el otro. Empresarios que se creen con derecho a tener mercados cautivos para saquear a los consumidores, gente que se cree con derecho a vivir sin trabajar y que otros lo mantengan o le paguen la casa y cosas por el estilo.

Alguna vez un presidente uruguayo dijo, sin advertir que la cámara de televisión estaba grabando, que los argentinos éramos todos unos chorros, del primero al último. Aunque nos duela, la realidad es esa. Todos queremos vivir a costa del trabajo ajeno, que es lo mismo que ser un ladrón, con la diferencia que en vez de ir con un revolver a robar le pedimos al Estado que use el monopolio de la fuerza para que le robe a nuestros semejantes para que nos entregue el fruto del botín. El Estado se vuelve cómplice del ladrón que quiere vivir del trabajo ajeno, y para eso utiliza la expoliación legal.

Como dice Bastiat en su ensayo La Ley:

Es absolutamente necesario que este asunto de la expoliación legal se resuelva, y no hay más que tres soluciones:

Que los menos expolien a los más.

Que todos expolien a todos.

Que ninguno expolie a nadie.

Hay que elegir entre expoliación parcial, expoliación universal o ausencia de expoliación.

La ley no puede perseguir sino uno de aquellos tres resultados.

¿En qué situación estamos? En que todos expolien a todos. Expolición o saqueo universal  en términos de Bastiat. Los ladrones comunes nos saquean y el Estado nos saquea para “planes sociales” (clientelismo político) y políticas económicas activas, mientras tanto, el Estado gastando escasos recursos en seguridad, tenemos a los ladrones comunes que también nos roban y matan aun cuando la policía no está de huelga.

En todos contra todos, nadie tiene interés en invertir. Produce lo necesario para vivir, pero la Argentina no ofrece, en este sistema de saqueo generalizado, un futuro de progreso. Por el contrario, genera más pobreza porque cada vez se produce menos. ¿Para que producir si el Estado me saquea con impuestos y la inflación?

En definitiva, los saqueos que vimos la semana pasada, son solo parte de un saqueo generalizado, claro que más violentos.

Pero al ver cómo ante la huelga de la policía la gente se organizó en defensa propia para frenar los saqueos, concluimos que aún sin este Estado custodiándonos la gente termina defendiéndose. Eso sí, defenderse del saqueo de los ladrones parece ser más fácil que defenderse del saqueo del Estado, porque el Estado tiene el monopolio de la fuerza y lo usa contra de la gente decente que trabaja y produce diariamente.

El día que se termine con el saqueo del Estado universal, entonces el presupuesto asignará los recursos para lo que fue creado, esto es: defender la vida,  la libertad y la propiedad de las personas. Y no harán falta planes sociales de contención. La contención la darán las inversiones que crearán puestos de trabajo para que cada uno viva del fruto de su esfuerzo personal. Tenemos que pasar del saqueo universal al vivir del fruto de nuestro trabajo. Así de simple.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Argentina: estatismo y anarquía

Por Martín Krause, publicado el 15/12/13 en:  http://www.latercera.com/noticia/opinion/ideas-y-debates/2013/12/895-556299-9-argentina-estatismo-y-anarquia.shtml

PARA THOMAS Hobbes, el contrato social que creaba al Estado permitía salir del estado de naturaleza, donde la vida era pobre, corta, bruta, infeliz; donde prevalecía la lucha de todos contra todos. Qué diría el filósofo inglés si viera a la Argentina acercarse a esa misma situación, ahora con un Estado que pretende ser omnipresente, pero que no logra cumplir sus funciones más básicas.

Es que en la visión de su actual gobierno, el Estado tiene una función fundamental a la cual todas las demás han de subordinarse: redistribuir ingresos. No siempre de arriba para abajo, por supuesto, y debe incluir también en el reparto a los mismos gobernantes. Por eso la negación del problema de la seguridad, que llegara a convertirse en el más importante para los ciudadanos.

La inseguridad es también un problema de distribución, y cuando ésta se solucione ya no habrá más crímenes ni robos. Por eso la inexistencia de mecanismos institucionales para determinar el sueldo de los policías, los que terminan abandonando sus funciones y dejando “zonas liberadas”. Por eso su falta de recursos en tiempos de gasto público récord.

Este es un lado del problema. El otro tiene que ver con la premura con que muchos aprovechan la situación para desarrollar su propia “política de inclusión social”, destruyendo un supermercado para llevarse un televisor LCD. ¿Qué es lo que explica la facilidad con que estas personas justifican el robo a un supermercado del que han sido clientes por años y al que seguramente intenten volver en una semana? ¿A qué se debe semejante crisis de valores?

La respuesta, por supuesto, es compleja, pero está claro que quienes están “arriba” (y no sólo en el gobierno), tienen más exposición social y transmiten más mensajes con sus ejemplos que el resto de los mortales. El actual gobierno, en particular, se ha encargado de fomentar la creencia de que los “derechos” se defienden en la calle, no en la justicia. Y no es un juez quien decide si un derecho ha sido violado, sino solamente el que se siente agraviado. Y en esa forma de defender “derechos” no importa que se violen los derechos de los demás. En todo caso, ellos deberían salir a la calle también.

Por otro lado, se ha encargado de enfatizar que el derecho de propiedad es relativo. Si ellos expropian empresas petroleras sin pagar, ¿por qué no podré yo expropiar a un supermercado chino? La distribución del ingreso no depende de lo que uno obtenga ofreciendo algo a los demás, que ellos estén dispuestos a pagar; depende de la fuerza y de la violencia, de los contactos con el poder o del clientelismo, del empleo público, los subsidios.

Si la corrupción es noticia permanente, en éste y en anteriores gobiernos, y nadie va preso, ¿es justo que vaya preso yo por romper un vidrio?

Y Hobbes que pensaba que ese Leviatán nos iba a dar la paz. Pero si viera a la Argentina de hoy tal vez se acercaría a Locke. El problema es limitar al Leviatán, que comparte aquella definición de la guerra que nos brindara en su mejor canción el hoy muy oficialista León Gieco (Sólo le pido a Dios): “es un monstruo grande y pisa fuerte, toda la pobre inocencia de la gente”.

El actual gobierno ha fomentado la creencia de que los “derechos” se defienden en la calle. Y no es un juez quien decide si un derecho ha sido violado, sino solamente el que se siente agraviado.

 

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

La incontinencia estatal

Por Enrique Aguilar: Publicado el 13/11/13 en:  http://www.elimparcial.es/america/la-incontinencia-estatal-130651.html

Un estudio reciente llevado a cabo por el Instituto Argentino de Análisis Fiscal y divulgado por el diario La Nación, reveló que el Estado argentino aumentó su tamaño en un 60 % desde el año 2000, medido este incremento sobre la base del “gasto primario nacional, provincial y municipal en relación al producto bruto interno”.

Según se afirma también en el informe, lo dicho significa que si durante el período 2000-2006 la estructura estatal representaba el 26,5% de la economía del país, ese porcentaje se ha elevado hoy a una cifra que representa más del 42%, con la administración nacional ostensiblemente a la cabeza de ese crecimiento, seguida por las provincias y, en tercer lugar, los municipios.

Por cierto que semejante incremento no se vio reflejado en estos años en la generación de una nueva infraestructura vial, ni en el mejoramiento de los servicios educativos, ni en una adecuada cobertura sanitaria, una disminución de los índices de inseguridad o una mayor equidad distributiva, sino en el reparto indiscriminado de subsidios y una gran expansión del empleo público que los ciudadanos han debido financiar mediante impuestos de diferente género (a las ganancias, a los débitos y créditos bancarios, a los ingresos brutos, etc.) y derechos de exportación: una presión tributaria que se ha vuelto, además, manifiestamente distorsiva y que, al ser en gran medida no co-participable, no beneficia a los niveles subnacionales que se ven, por consiguiente, obligados a imponer nuevos tributos propios para costear sus erogaciones.

Pienso que tarde o temprano estos números se volverán insostenibles y que el Estado no tendrá más remedio que ordenar sus cuentas en virtud de los límites que de seguro le impondrá la propia realidad. Que hayamos perdido prácticamente la lucha contra el narcotráfico, o que nos desayunemos hoy con el dato, verificable a ojos vistas, de que el 5% de la población argentina (más de 2,5 millones de personas) vive en condiciones de absoluta precariedad en villas de emergencia radicadas en distintas provincias y, en particular, en el llamado conurbano bonaerense, son testimonio paradójico (o no) de este Estado que ha crecido enormemente a expensas de la sociedad, en la cual no reinvierte lo necesario.

Enrique Edmundo Aguilar es Doctor en Ciencias Políticas. Decano de la Facultad de Ciencias Sociales, Políticas y de la Comunicación de la UCA y Director, en esta misma casa de estudios, del Doctorado en Ciencias Políticas. Profesor titular de teoría política en UCA, UCEMA, Universidad Austral y FLACSO,  es profesor de ESEADE y miembro del consejo editorial y de referato de su revista RIIM.