A raíz de la noticia de la internacion de la Presidente de la Argentina

Por Gabriela Pousa. Publicado el 2/9/13 en: http://www.perspectivaspoliticas.info/comunicado-a-los-lectores-de-perspectivas-politicas-info-a-raiz-de-la-noticia-de-la-internacion-de-la-presidente-de-la-argentina/

Considero que hay temas que no pueden ser tomados a la ligera. La salud de cualquier ser humano es uno de ellos, y la Presidente pertenece a ese género.. Más allá de las especulaciones, estamos frente a un asunto serio.

Ahora bien, en el contexto de la política argentina hay una realidad inexpugnable: la credibilidad adolesce. Así, lo que predomina en un vasto sector de la ciudadanía es una desconfianza supina sobre el cómo, el por qué y el cuánto pueda haber de verdad y cuánto de construcción de la misma en la repentina noticia. ¿Cuáles son las causas y cuáles las consecuencias? Faltan respuestas.

Aún está demasiado fresco en la memoria aquel “falso positivo” que también surgió muy próximo a unos comicios. No puede juzgarse de insensible a la gente si acaso descree. Hay razones que llevan a dudar y desconfiar. Y esas razones no son caprichosas, emanan de una dirigencia política que ha hecho de la falsedad y la manipulación una sistemática metodología.

No puede culparse al pueblo por su escepticismo, y menos aún descalificarlo si acaso ve en todo esto, otro intento de apelar a conseguir votos de piedad, a través de un manejo electoralista de algo que debería estar alejado sustancialmente de toda especulación política.

Lo cierto es que es muy pronto para aventurar cómo seguirá el día a día, máxime porque está década se ha caracterizado por un poder concentrado en una única figura, y esa figura es Cristina. Jamás se ha reunido el gabinete para definir el rumbo de una u otra política, no hay equipo, hay un excesivo individualismo.

Todo está digitado desde un sólo despacho de Balcarce 50. Estamos pues, frente a uno de los aspectos más negativos de vivir esa suerte de unicato sin sentido, y por capricho.

Este “desayunarnos” con la internación de la mandataria en un centro médico como lo es la Fundación Favaloro a través de redes sociales y rumores de particulares, en lugar de comunicados oficiales, y el pretender imponer luego que se trataba de un “exámen de rutina” no han cooperado a la tranquilidad de la ciudadanía.

Más allá del desarrollo que pueda tener la salud de la jefe de Estado, el hecho en sí mismo surge como uno de esos imponderables capaces de alterar hasta el mismísimo escenario electoral. Un escenario donde además, se define un asunto de sustancial trascendencia para el país puesto que en juego está ni más ni menos, la continuidad de las débiles bases republicanas que han quedado prácticamente dinamitadas tras diez años de destrucción institucional.

La gravedad de todo lo que implica está repentina noticia no parece estar siendo tenida en cuenta. Posiblemente haya que dejar pasar unos días para conocer con más detalles de qué trata la dolencia que sufre la Presidente Cristina, y entonces sí analizar escenarios posibles, y dejar que la sociedad distinga por sí misma qué es real y qué es mentira.

Seguramente, la campaña proselitista se ha de modificar. Eso sí es un dato que ya se puede aventurar. El tono y la belicosidad que caracteriza a la misma debe menguar si aún hay un ápice de respeto en dirigentes, y también en el pueblo. Eso no implica que no se pongan sobre las mesas las cartas con las que se tenía planeado jugar.

Hay que aguardar que se disipen ciertos misterios en torno a este nuevo suceso. Así lo haremos desde Perpspectivas Políticas.Info, por la simple y sencilla razón que no hay análisis posible sin información.

Sólo bregamos para que esta aparezca lo antes posible, sea fidedigna y no llegue con distorsiones mezquinas ni entrelíneas que oscurezcan todavía más un presente al cual ya le estaba faltando transparencia y claridad.

Gabriela Pousa es Licenciada en Comunicación Social y Periodismo por la Universidad del Salvador (Buenos Aires) y Máster en Economía y Ciencias Politicas por ESEADE. Es investigadora asociada a la Fundación Atlas, miembro del Centro Alexis de Tocqueville y del Foro Latinoamericano de Intelectuales.

Si se profundiza el modelo vamos a la era de las cavernas

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 2/10/13 en: http://economiaparatodos.net/si-se-profundiza-el-modelo-vamos-a-la-era-de-las-cavernas/

Argentina es el único país en que un par de zapatillas se compra en 12 cuotas y una casa al contado

No recuerdo muy bien dónde leí una frase que pinta perfectamente la política económica del gobierno. La frase decía: “Argentina es el único país en que un par de zapatillas se compra en 12 cuotas y una casa al contado”. Esta frase me pareció una clara expresión de la política populista del gobierno, que empuja artificialmente el consumo presente por sobre el consumo sostenible de largo plazo y la inversión.

Alguna vez escribí que el aumento del consumo que veíamos era el consumo de la desesperanza, lo cual generó las típicas descalificaciones de los impresentables militantes periodistas k. Se ve que no deben hablar con los jóvenes comunes que no tienen los privilegios de ellos ni los de La Campora, porque los jóvenes, hoy en día te cuentan que ven imposible poder comprarse un departamento propio para irse a vivir solos. Ni tampoco tienen chances de alquilar. Los números no les dan para mantenerse solos. Sí les dan para vivir con los padres y “ahorrar” comprándose un auto y consumir viajando los fines de semana largo a algún lugar de vacaciones. La desesperanza es no poder tener su propia casa y se limitan a conformarse con tener un auto en cuotas. ¿Para qué ahorrar si nunca voy a llegar a poder comprar un departamento de 1 ambiente? Con lo que gano en mi trabajo no llego nunca.

Si uno mira el stock de créditos hipotecarios del sistema financiero en 1998, representaban el 27% del total de créditos al sector privado. En la actualidad representan solo el 9,6% del total. Este solo dato muestra que, salvo algunos casos muy especiales, no existe el crédito hipotecario. Y habría que ver cuánto de ese stock viene de fines de la década del 90.

¿Qué tipo de créditos al sector privado tiene hoy mayor peso? Los préstamos personales representan el 21,6% del total y el financiamiento de tarjetas de crédito el 16%.

Finalmente, el crédito al sector privado representaba el 22,5% del PIB en los 90 y ahora el 14%. El grueso del crédito es para bienes de consumo y muy bajo el destino a los créditos hipotecarios y la inversión.

¿Por qué ocurre esto? Porque el gobierno dejó sin moneda a la economía y solo hay financiamiento de corto plazo para consumo, pero el sistema financiero en particular y el mercado de capitales en general no existen para financiar créditos de largo plazo. Y no existen por dos grandes razones: a) no hay moneda y por lo tanto solo hay transacciones de corto plazo y b) destruyeron el mercado de capitales. El ahorro de la gente no se canaliza a financiar inversiones y créditos hipotecarios. Se refugia en el dólar. Otros compran autos importados a tipo de cambio subsidiado, pero nadie se queda en pesos cuyo poder de compra se derriten día a día.

Claro, Marcó del Pont y Kicillof creen que pueden sustituir el ahorro genuino (ingreso no consumido) por la impresión de billetes. Creen que el ahorro se imprime. No hace falta generarlo postergando consumo presente basta con emitir billetes y mágicamente se crea ahorro que se transforma en crédito.

Como dice mi amigo Armando Ribas, ni a Keyenes se le hubiese ocurrido aumentar el gasto público y financiarlo con emisión monetaria con un gasto público cercano al 50% y una inflación del 25%. Su receta, aunque yo no la comparta, era para tiempos de deflación y un gasto público que representaba el 10% del PBI. Ni siquiera leyeron bien a Keynes.

El dilema del gobierno es que el mercado de capitales es mínimo para financiar mucho más consumo y, encima, el Estado se mete en ese mercado de capitales desplazando al sector privado. El stock de bonos de corto plazo del BCRA (LEBACS, NOBACs y pases) es de $ 118.000 millones, casi tres veces el stock de créditos hipotecarios. Encima que el crédito es caro y escaso, el Estado se mete como un elefante en un bazar a llevarse parte del mismo.

Pero insisto, el dilema del gobierno es poder sostener el consumo de corto plazo sin que crezca el stock de ahorro genuino para financiarlo. Sin sostener ese consumo, no le queda margen para sostener la fiesta artificial. Solo podría intentarlo si continúa llenando el mercado de papeles llamados pesos generando más inflación e impactos indirectos sobre el tipo de cambio real, lo cual le pegaría en el sector externo que, por cierto, ya lo tiene bastante complicado.

Si a esto le agregamos que no hay acceso al crédito internacional o, en el mejor de los casos, hay acceso a tasas descomunales, la economía argentina vive al día. Es como si hubiésemos vuelto a la era de las economías autosuficientes y de baja productividad, donde la gente vivía de su huerta, se hacía su propia ropa y no existía el largo plazo, sino el hoy.

En síntesis, si como dice CFK vamos por 10 años más de modelo, terminaremos con una economía equivalente a la era de las cavernas. Seremos autosuficientes con el modelo de sustitución de importaciones, pero pobres porque tendremos muy pocos bienes y de baja calidad para consumir.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA)y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

El fin del patrón dólar

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 6/10/13 en:

http://www.eluniversal.com/opinion/131006/el-fin-del-patron-dolar

Los más optimistas dicen que pasarán décadas, los más pesimistas pocos años, en cualquier caso dos cosas son seguras, que el dólar como moneda patrón global “tiene los días contados” porque es la ley de la vida que todo lo que crece muere y que los políticos están yendo con prisa por “el camino correcto” para destruirlo. Recordemos que la libra esterlina ocupó su lugar durante 200 años hasta que la Segunda Guerra Mundial (SGM), dicen los mejores historiadores, selló su muerte: los costos y la destrucción, además del triunfo ideológico de la izquierda, ergo, el aumento del gasto estatal que trajo destruyeron a la economía inglesa y a la libra.

Dicho sea de paso, vista ahora en perspectiva, la SGM no alcanzó su objetivo de terminar con la tiranía, por el contrario fortaleció a la más poderosa de la historia, la soviética (luego desmontada sin violencia), que apoyó a guerrilleros hoy convertidos en gobernantes populistas por todo el mundo. La SGM significó el triunfo ideológico del marxismo y un nivel de destrucción en vidas humanas (60 millones, además de los 30 millones que asesinó Stalin) y material, un empobrecimiento global, que jamás hubiera logrado el tirano Hitler por su cuenta antes de caer como cayó pacíficamente la mucho más poderosa URSS.

Sucedió que, debido a que comenzó el año fiscal y el presupuesto no fue aprobado por el Congreso, el Gobierno se quedó sin fondos y se “cerró” lo que, en rigor, ya sucedió 17 veces en la historia solo que ahora la crisis económica es mucho más seria. Llama la atención que Obama, aunque se suspenderá el pago a los civiles en Defensa, aseguró por ley los fondos para las Fuerzas Armadas y subrayó que las tropas en todos los países se quedarán, con acuerdo entre demócratas y republicanos ya que nadie quiere ser culpado de que los militares (1.400.000 en servicio) no reciban su paga.

Esto viene al caso porque el militar total de EEUU llega casi al 20% del gasto del Gobierno Federal cuya deuda crece a razón de US$200 millones por hora y que, incluidos organismos y empresas descentralizadas, supera los US$20 billones. EEUU debe más que cualquier otro país en la historia, más que toda la Unión Europea junta. Considerando una tasa en torno al 4% anual, debería pagar solo de intereses casi un billón por año. Su gran “ventaja” es que puede imprimir dólares para pagar su deuda, y es lo que ha venido haciendo la Reserva Federal (Fed) a un ritmo de US$85 millones mensuales. Pero esto tiene un límite y la gran pregunta es ¿qué sucederá cuando se termine esta ventaja?

La trampa es que hoy Washington no puede dejar de imprimir porque no tiene con qué pagar la deuda, a menos que reduzca muy drásticamente los gastos, empezando por el militar (de casi US$2 billones anuales) o venda, privatice propiedades masivamente. Pero es muy improbable, vista la situación política, que algo de esto ocurra, con lo cual la caída del patrón dólar parece inevitable en un plazo no muy lejano, de hecho, hace un tiempo que hay movimientos lentos de países como China que, irónicamente, no desean acelerar demasiado los plazos precisamente porque tienen fuertes posiciones en divisas de EEUU y una devaluación del dólar (que ya cayó 10% desde junio 2010 gracias a la aceleradísima tasa de emisión de la Fed) conllevaría grandes pérdidas.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Pobreza vs desigualdad:

Por Gabriel Boragina. Publicado el 27/9/13 en http://www.accionhumana.com/

Es bastante frecuente que en la sociología político-económica los términos pobreza e igualdad se traten como sinónimos. Asimismo, ambas suelen relacionarse como un verdadero problema socio-político-económico. Sin embargo, darles este empleo sinónimo es bastante desacertado. La pobreza y la desigualdad son cosas distintas. También es incorrecto tratar ambos conceptos como “problemas sociales”, ya que si bien la pobreza si es efectivamente un problema -y por cierto muy severo-, la desigualdad -en cambio- no lo es. Intentaremos de ilustrar lo hasta aquí dicho con un ejemplo.

Supongamos que tenemos cuatro personas: A, B, C, y D. Imaginemos que A tiene una mansión, B posee una fábrica, C un caballo y D cinco gallinas. Lo primero que salta a la vista es que A, B, C y D son todos ellos desiguales entre sí, tanto en lo que respecta a sus propias personas como en lo que se refiere a sus bienes. Si A es Juan y B es Pedro, resulta evidente que Juan no es igual a Pedro.

En cuanto a sus posesiones, a pesar de tener bienes mas “valiosos” que los que poseen C y D, A y B son desiguales entre si y, recíprocamente, pese a tener bienes menos “valiosos” que los que poseen A y B; C y D también son desiguales entre sí. Considerada, ya sea en forma horizontal o vertical, en forma cruzada o directa, entre los cuatro existe la más completa desigualdad. Ahora bien, desde otro ángulo, puede decirse que C y D son “pobres” respecto de A y B, y que estos últimos son “ricos” respecto de los primeros, donde las mansiones y las fábricas se consideran “mayor riqueza” que los caballos y las gallinas.

Figurémonos ahora que el gobernante de la isla donde viven A, B, C, y D, (que llamaremos G) decide -en un emotivo acto de “justicia social”- “limar las desigualdades” entre los primeros, trasfiriendo -como hacen todos los gobiernos del mundo- la riqueza o los ingresos de los “ricos” en dirección hacia los “pobres”, para lo cual resuelve entregar media mansión de A a C, y media fábrica de B a D. Con lo que C pasará a tener un caballo y media mansión (que antes pertenecía a A) y D ahora tendrá en propiedad media fábrica y las cincos gallinas que antes poseía, en tanto que A sólo le quedará media mansión y a B media fábrica. ¿Ha eliminado o reducido G las desigualdades entre ellos? Obviamente la respuesta es no. Siguen siendo los cuatro tan desiguales como lo eran antes del reparto del “estado social” o “benefactor”. No obstante lo cual, ha habido un cambio significativo ¿cuál es? Podría decirse que ahora -a primera vista- A y B son más pobres que antes y C y D menos pobres que antes del reparto del “justiciero social”, pero si miramos más de cerca notaremos que media mansión no tiene utilidad alguna y -por lo tanto- ningún valor en el mercado, como no lo tiene medio auto, sino el coche completo. Lo mismo sucede con la media fábrica de B (y ahora de D) a ninguno de ellos le servirá para nada, porque lo útil y valioso era la fábrica entera y no las mitades divididas de ella. Ni media mansión le sirve para vivir a nadie, ni media fábrica le sirve para producir ni trabajar a nadie. Con lo que, en suma, los cuatro A-B-C y D han resultado hundidos todos ellos en la más absoluta pobreza. Moraleja: el redistribucionismo y las “políticas sociales de reparto” y de “justicia social” lo que redistribuyen y reparten es más miseria para todos. Pero, y esto es lo más relevante y significativo: no disminuyen las desigualdades, que ya existían antes, existen ahora y seguirán existiendo en el futuro, con o sin la intervención del gobierno. Lo que sí hizo el gobierno es agudizar las desigualdades entre los cuatro, y destruir la riqueza que existía antes de la intervención.

No se redujo la pobreza sino que simplemente se le dio otra dirección diferente. Incluso si la mansión y la fábrica pasan íntegras a C y D, tendremos invariable desigualdad y a la vez más pobreza.

Por supuesto, A, B, C, y D pueden ser una, ciento, miles o millones de personas y, de la misma manera, las mansiones, fábricas, caballos y gallinas pueden ser 1, 100, 1000 o millones. Podrán ser aviones o frutas, buques o zapatos, o sus equivalentes en dinero. El resultado final siempre será el mismo, se traten de los bienes o servicios que se traten.

El verdadero problema social es la pobreza y no la desigualdad, y en tanto la pobreza tiene solución incrementando la riqueza existente mediante la producción, el ahorro y la capitalización del mismo como sólo lo hacen –y pueden hacerlo- los mercados libres, la desigualdad no constituye “problema” alguno, como acabamos de demostrarlo. La desigualdad sólo consiste en un dato de la realidad y nada más que eso. Es cierto que mesiánicos megalómanos pueden llegar a ver (y proclamar a) la desigualdad como “problema”, pero tarde o temprano habrán de convencerse que, si así quieren considerarlo, comprobarán que como tal, no tiene “solución” alguna. Y no tiene “solución” porque no es un “problema”. La “desigualdad” es meramente la excusa perfecta que tienen los envidiosos del éxito ajeno para tratar de arrebatarles por la fuerza o mediante artilugios político-legales, los bienes que los envidiados poseen en legítima ley.

Mientras los pretensos reformadores sociales de buena fe (de los de mala fe no hay nada que decir, excepto que parece ser que cada vez son más) no se concentren en la solución del verdadero problema que es la pobreza y -en cambio- erróneamente sigan enfocados en el falso de la desigualdad, la pobreza será cada vez mayor y más extendida en un mundo que fue, es y será siempre desigual. Y la solución a la pobreza es la creación de riqueza, la que sólo el mercado libre y el capitalismo garantizan.

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. 

ZOOM A LAS PROTESTAS MASIVAS

Por Alberto Benegas Lynch (h)

En nuestra época surge una modalidad diferente, principal aunque no exclusivamente debido a la comunicación instantánea y vertiginosa que permiten las redes sociales. No es que las manifestaciones multitudinarias constituyan una novedad en la historia. Las ha habido en muchísimas ocasiones para los más variado propósitos, pero las que tienen lugar en nuestros días aparecen con características peculiares y es de interés hurgar sus componentes sociológicos para entender mejor su sentido.

Sin duda que tal vez se corre el riesgo de sobresimplificar si se analizan todas las protestas masivas de los últimos tiempos en forma conjunta. Sin embargo, a riesgo de esquematizar demasiado es de interés estudiarlas a todas debido a que cuentan con comunes denominadores aunque con pesos relativos distintos y expresiones y anhelos en algunos casos tácitos y en otros directos. Claro que no han sido calcadas unas de otras. Cada una ha mostrado signos distintivos y sobresalientes, sea las Egipto,  Grecia, España, Francia, Turquía, Estados Unidos, Brasil, Chile o Argentina para citar las más sobresalientes. De todos modos, insistimos que el fenómeno comparte rasgos similares aun con reclamos que varían en su jerarquía y, como queda dicho, algunas características se mantienen en el trasfondo y otras salen a la superficie.

Lo primero que debe subrayarse en estas protestas es el grado de enfado y hartazgo de los participantes. En algunas ocasiones la mecha que inicia el incendio muta con el tiempo para reclamar otras cosas, sobre todo cuando la sensación de aglomeración infunde renovado entusiasmo.

Lo segundo es que por más que no sea la razón central de la marcha, casi siempre subyace el descontento con el nivel de vida de los manifestantes y en este punto debemos detenernos. No pocos son los jóvenes que se ven frustrados por lo que les ocurre en el mercado laboral, lo cual habitualmente se endosa a que no son suficientes las llamadas “conquistas sociales” o, en otros casos, las demandas se dirigen a empresarios que se estima los devora la afán de lucro. Ni lo uno ni lo otro tiene que ver con el problema.

Precisamente, el desempleo es consecuencia de promesas absurdas de demagogos irresponsables que a legislar  salarios e ingresos superiores a los de mercado naturalmente se expulsan empleados. Es imperioso que se comprenda que el nivel de vida no depende de voluntarismos sino exclusivamente de las tasas de capitalización que hacen de apoyo logístico al trabajo para aumentar los rendimientos (no es lo mismo arar con las uñas que hacerlo con un tractor). Esa es la diferencia entre un país próspero y uno pobre. No es el clima, las etnias, la geografía, los recursos naturales, ni la buena voluntad de burócratas, son marcos institucionales que respetan y garantizan los derechos de todos, muy especialmente los derechos de propiedad al efecto de asignar eficientemente los siempre escasos recursos.

Entonces, los manifestantes de marras no solo deben entender el tema mencionado del mercado laboral sino que deben comprender las ventajas de contar con instituciones civilizadas y políticas concordantes con la sensatez y la prudencia financiera. Tampoco se trata del lucro empresario que es otra manera de decir que les interesa mucho obtener ganancias, lo cual es absolutamente indispensable para lograr los objetivos de mejorar la condición de los más necesitados debido a las referidas tasas de inversión. Es de interés destacar que nadie declara que sus ingresos son demasiado altos, aunque se diga que es un deseo “desmedido”, no aparecen muchos candidatos a inculparse personalmente de ese mal puesto que siempre está referido al prójimo. El tema de las necesarias prioridades a los temas de la vida es otro asunto, pero hay mucho de hipocresía en esta materia.

La tercera cuestión está referida a la educación o más bien des-educación puesto que muchos de los que protestan lo hacen para reclamar más de lo mismo, a saber, mayor intervención estatal en los asuntos privados en lugar de permitir arreglos libres y voluntarios y liberar energía creadora. En esta plano resulta que se reclaman mayores prebendas por parte del gobierno, es decir, pedido de una más intensa succión al fruto del trabajo ajeno. En este contexto es que suelen aparecer quejas y críticas furibundas contra un capitalismo inexistente, al tiempo que se exige que se acelere el intervencionismo de los aparatos estatales en las vidas y haciendas privadas.

El cuarto tema es la corrupción de los gobernantes, situación que resulta contradictoria puesto que esta surge de poderes discrecionales del gobierno de turno, lo cual es contrario a la clara definición de las funciones gubernamentales limitadas a la Justicia y la seguridad que son faenas que habitualmente no proporcionan los gobiernos. Al exigir mayor entrometimiento de los funcionarios públicos necesariamente aumenta la discrecionalidad y, por ende, los espacios para la corrupción por más nobles que puedan ser las intenciones de muchos manifestantes.

Por último, para resumir apretadamente esta gimnasia por disecar el fenómeno que comentamos, debe subrayarse el creciente clima de reiteradas demandas para que se otorguen servicios “gratis”, es decir, demandar que se arranquen recursos a otros para entregarlos a quienes protestan. Este ejercicio dañino conduce al desmembramiento de la sociedad para convertirla en una tribu salvaje en la que se torna insoportable e imposible de establecer las mínimas condiciones para la cooperación pacífica entre las personas.

Esto nada tiene que ver con las intenciones, puesto que como queda dicho entre los manifestantes hay mucha gente con los propósitos más abnegados pero los resultados no siempre se encaminan en la buena dirección, a lo que se agrega la frecuente infiltración de grupos de facinerosos que suelen cometer todo tipo de desmanes. Sin duda que también ha habido marchas pacíficas que se limitan a protestar por actitudes inauditas de sus gobiernos, pero en la mayor parte de los casos flotan algunos de los aspectos que hemos mencionado telegráficamente en esta nota. Como decíamos al comienzo, no es posible tomar todas las manifestaciones de protesta como si fueran homogéneas, estrictamente ni siquiera dentro de la misma marcha pueden considerarse a todos con idénticos propósitos puesto que cada uno tiene su personalidad, historia de vida e intenciones últimas.

La idea básica de este pantallazo es esbozar lineamientos generales que suelen tener lugar en estas expresiones modernas y tener en cuenta que la protesta es una manifestación de salud siempre que su objetivo sea noble como las beneméritas marchas por la rebelión fiscal cuando los gobiernos se extralimitan en sus atributos.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.

El fracaso del blanqueo

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 2/10/13 en: http://www.lanacion.com.ar/1624951-el-fracaso-del-blanqueo

A pesar de las condiciones tan favorables ofrecidas para el último blanqueo, tanto el Cedin como el Baade resultaron ser un fracaso. Muy lejos de las expectativas que tenía el Gobierno , los dólares ingresados estuvieron a años luz de las estimaciones inicialmente pronosticadas.

En rigor, era el previsible el fracaso que acaba de reconocer el director de la AFIP. Es que no solo se trata de ofrecer no pagar multas y otras ventajas. El problema está en las condiciones en que se lanzó. Eso que Axel Kicillof llamó horrible seguridad jurídica. El Gobierno ha podido comprobar que la calidad institucional es fundamental a la hora de atraer capitales. Que no busquen otra explicación, el problema está fundamentalmente en ese punto.

La primera pregunta que deberían haberse formulado quienes diseñaron este blanqueo era: ¿por qué alguien fugó sus capitales de la Argentina y no los tiene declarados? Más allá de los casos particulares de corrupción o actividades ilícitas, hay todo un segmento que, en primer lugar, no está dispuesto a pagar la enorme carga tributaria que se paga en la Argentina.

Hasta el mismo gobierno sabe que la presión tributaria es asfixiante porque no se permiten los ajustes por inflación. Hoy las empresas pagan impuesto a las ganancias sobre utilidades que no existen porque no se permite el ajuste por inflación. Es decir, el fisco aplica el impuesto a las ganancias sobre el stock de capital de las empresas.

Tal es el grado de presión tributaria que hasta la gente que trabaja en relación de dependencia se queja del impuesto a las ganancias que tiene que afrontar. De manera que una de las causas del fracaso del blanqueo, a pesar del nulo costo de ingresar al mismo, estuvo en el futuro costo impositivo a soportar por quienes optaran por blanquear. En la medida que la presión impositiva no disminuya sensiblemente, es poco probable que alguien esté dispuesto a blanquear con el sistema tributario vigente.

La segunda causa del fracaso tiene que ver, a mi juicio, con el cepo cambiario, que si bien la Presidenta insiste en negar su existencia, la realidad es que la gente no puede comprar moneda extranjera como refugio de valor ante una inflación que el Gobierno también insiste en negar.

¿Por qué alguien que tiene dólares en el exterior los va a traer a la Argentina para luego no poder llevarlos nuevamente al exterior si así lo desea? ¿Por qué confiarle los dólares del blanqueo a la misma institución que impone todo tipo de trabas para comprar divisas? Nadie en su sano juicio se mete en la cárcel, cierra la puerta con la llave y luego la arroja bien lejos para no poder salir. El solo hecho de no poder girar utilidades y dividendos es suficiente evidencia como para espantar a cualquiera que piense en traer sus ahorros desde el exterior.

La tercera causa tiene que ver con las arbitrarias medidas que toma el Gobierno. El secretario Guillermo Moreno se caracteriza por manejar la economía con amenazas, presiones y todo tipo de arbitrariedades. ¿Quién iba a comprar Cedin en el mercado secundario para invertir en cualquier rubro pagando con Cedin si aquí no hay reglas de juego, previsibles y estables? Solo hay medidas que no son otra cosa que parches que vienen a tratar de “arreglar” el lío que hicieron el día anterior, lo cual impide realizar el cálculo económico de una inversión. Es más, la ausencia de una moneda en el estricto sentido de la palabra hace imposible evaluar un proyecto de inversión.

Mal que le pese al Gobierno, las regulaciones impuestas al mercado de cambios en particular y a la economía en general, la elevada carga tributaria imperante y la falta calidad institucional tuvieron un peso mayor a los beneficios ofrecidos por el blanqueo. En otras palabras, la falta de confianza en el Gobierno pesó más que la zanahoria de no aplicar multas ni ningún tipo de recargo al que blanquera.

Una vez más vuelve a quedar en evidencia la importancia de tener calidad institucional. Sin ella los capitales no vienen, por más zanahorias que se pongan para atraerlos.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA)y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

¿De qué sirve la propiedad privada?

Por Gabriel Boragina. Publicado el 30/9/13 en http://www.accionhumana.com/

Si bien el concepto de propiedad es tan antiguo como el hombre mismo, el de propiedad privada puede decirse que es –en una comparativa histórica- relativamente reciente. La propiedad privada se generaliza (y populariza) con el auge del liberalismo, aproximadamente a partir especialmente desde fines del siglo XVIII y hasta los comienzos del XX.
Explica el Dr. A. Benegas Lynch (h):
“Es habitual sostener que no es posible “dejar todo a las fuerzas ciegas del mercado”. Se piensa que si eso fuera así podría ocurrir que todo el mundo decida producir leche y no haya pan disponible o que todo el mundo se incline por la profesión de la ingeniería y no haya médicos. Estas preocupaciones resultan cuando no se comprende el significado del mercado que está basado en la institución de la propiedad privada y trasmite información dispersa a través de los precios. La propiedad privada, es decir, la facultad de usar y disponer de lo propio, se asigna debido a que los recursos son escasos y las necesidades son ilimitadas. Esos recursos escasos pueden asignarse a muy diversas actividades por muy diversas personas. El sentido del primer ocupante y luego la transmisión de la propiedad por medio de arreglos libres y voluntarios hace que se asigne a quienes son más eficientes para atender las necesidades de los demás.”[1]. Mayor claridad es imposible.
La propiedad privada es lo opuesto al socialismo, lo cual es una de sus características distintivas:
“socialismo significa abolición de la empresa privada y de la propiedad privada de los medios de producción y creación de un sistema de «economía planificada», en el cual el empresario que actúa en busca de un beneficio es reemplazado por un organismo central de planificación.”[2]
Esta es una de las razones por las cuales resultan absurdas -por autocontradictorias- expresiones tales como “socialismo libertario”, o la igualmente ridícula de “socialismo de mercado” o “competitivo”.
Que la ley reconozca el derecho de propiedad privada no es, en modo alguno, garantía bastante de que dicho derecho sea respetado. De hecho, la mayoría de las legislaciones del mundo reconocen formalmente el derecho de propiedad, no obstante lo cual se verifica a menudo que el mismo es repetitivamente violado por muchos otros medios. Todo lo cual ya lo había advertido F. A. von Hayek hace tiempo con estas palabras:
“No es en modo alguno suficiente que la ley reconozca el principio de la propiedad privada y de la libertad de contrato; mucho depende de la definición precisa del derecho de propiedad, según se aplique a diferentes cosas.”[3]
Del mismo modo, ya antes, en el siglo XIX, el genial pensador francés Frédéric Bastiat nos demostró como la ley también podía destruir el derecho de propiedad, tal y como lo vemos hoy en día.
Alberdi alertaba, también en el siglo XIX, sobre como el gobierno podría demoler la economía  y la propiedad de un país:
“El poder de crear, de manejar y de invertir el Tesoro público, es el resumen de todos los poderes, la función más ardua de la soberanía nacional. En la formación del Tesoro puede ser saqueado el país, desconocida la propiedad privada y hollada la seguridad personal; en la elección y cantidad de los gastos puede ser dilapidada la riqueza pública, embrutecido, oprimido, degradado el país.”[4]
Las lúcidas advertencias alberdianas no fueron lamentablemente escuchadas, sobre todo a partir de las primeras décadas del siglo XX, donde sus brillantes ideas fueron injustificadamente relegadas al más infundado olvido.
Los gobiernos socialistas o socialdemócratas, o del tipo “estado” -mal llamado- “de bienestar” o “benefactor”, siempre son gobiernos cuyo tamaño tiende a crecer indefectiblemente. A la larga, se trasforman en gobiernos grandes o elefantiásicos (como la mayoría de los gobiernos de hoy) y perjudican la propiedad:
“El gobierno pequeño es hermoso. El gobierno pequeño es simple y barato y bueno. El gobierno pequeño responde por sí mismo. No hay lugar para esconder el dispendio y la corrupción en el presupuesto de un gobierno muy pequeño. El gobierno pequeño respeta la libertad individual y la responsabilidad personal y la propiedad privada.”[5]
Para que exista democracia ha de estar precedida antes de un sistema capitalista y –además- incluida por este, y -a su turno- para que tenga lugar este último también es condición imprescindible que exista propiedad privada:
“Se dice ahora con frecuencia que la democracia no tolerará el «capitalismo». Por ello se hace todavía más importante comprender que sólo dentro de este sistema es posible la democracia, si por «capitalismo» se entiende un sistema de competencia basado sobre la libre disposición de la propiedad privada. Cuando llegue a ser dominada por un credo colectivista, la democracia se destruirá a sí misma inevitablemente.”[6]
Estas proféticas palabras de Hayek se han visto cumplidas hoy por doquier, donde quiera que observemos el mundo vemos pseudodemocracias u otras mal llamadas así, dominadas por diferentes credos colectivistas. Sin propiedad privada no hay democracia de ninguna índole.
Generalmente, -y ya en la vida diaria- la propiedad privada es aquello que la mayoría de la gente critica en los demás, pero –por el contrario- no critica en ellos mismos, demostrando tales fustigadores una buena dosis de envidia. Es más fácil, por supuesto -para muchos- esperar que sean “los otros” los que se desprenden generosamente de sus posesiones que los primeros.
La propiedad privada es el único medio por el cual se puede combatir eficazmente la miseria y la pobreza que aun asola el mundo. Todos los demás sistemas han fallado irremediablemente. Por ello todo ataque a ella conduce a la miseria.


[1] Alberto Benegas Lynch (h) “El liberalismo como respeto al prójimo”. Especial para “Contribuciones”, Fundación Adenauer. pág. 4.
[2] Friedrich A. von Hayek, Camino de servidumbre. Alianza Editorial. España. pág.  pág. 62.
[3] Hayek, Camino….ob. cit. pág. 68
[4] Juan Bautista Alberdi. Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina según su Constitución de 1853. pág. 181
[5] Michael Cloud. Secretos de la persuasión liberal. Instituto de Libre Empresa 2008. Pág. 132
[6] Hayek, Camino….ob. cit. pág. 103

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. 

Tres clases de economistas y lo mínimo que hay que hacer

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 15/9/13 en: http://economiaparatodos.net/tres-clases-de-economistas-y-lo-minimo-que-hay-que-hacer/

No se deje engañar, de esta fiesta populista no se salen sin pagar costos.

Luego de tantas crisis económicas que hemos vivido, la gente presiente que, más temprano que tarde, llegará algún ajuste. Por supuesto que el gobierno niega tal posibilidad, por otro lado buena parte de la oposición minimiza el problema económico diciendo que puede resolverse sin grandes sacrificios para la población y, finalmente, algunos economistas sostienen que si bien el panorama económico es complicado, la solución no tiene porqué ser dolorosa.

Que el gobierno niegue el ajuste no es ninguna novedad. Que los políticos opositores digan que la solución no es tan grave, también es entendible (digo entendible y no justificable) porque ellos no van a tener el control del Ejecutivo luego de las elecciones de octubre y, además, ¿para qué asustar a la gente y perder votos mientras el gobierno niega el ajuste? En todo caso que sea el oficialismo el que se haga cargo del ajuste llegado del momento.

Ahora bien, donde la gente puede tener más confusión es en las declaraciones de los economistas, lo cual es entendible porque hay tres tipos de discursos dependiendo del economista que hable.

Como no soy corporativo, me parece que hay que distinguir, al menos, entre tres clases de economistas. Están los que siempre van a hacer declaraciones light porque su negocio es hacer lobby o bien entretener a la gente con un discurso suave para que las empresas los sigan contratando. No vaya a ser cosa que advierta sobre los peligros económicos y la empresa deje de contratarlo por miedo al gobierno. Lo he padecido en carne propia.

Luego están los economistas cuya función es siempre estar metidos en los partidos políticos con mayores expectativas de llegar al poder. Esos economistas pueden un día estar con Menem, luego con Duhalde, después con Kirchner y hoy con Massa. ¿Cuál es su negocio? Generar la expectativa de que pueden estar en el poder o muy cerca del poder para que empresarios buscadores de privilegios los contraten con el solo objeto de tenerlos como “amigos” llegado el momento de pedir alguna protección, un subsidio o cualquier otro “beneficio”. Incluso tener información privilegiada. Estos economistas en realidad son traficantes de influencias y, por lo tanto, su discurso económico se va acomodando a las necesidades políticas del partido político en el cual recalen. Van saltando de partido político en partido político y acomodando su discurso de acuerdo al perfil de su nuevo socio político. Obviamente, en este caso, sus discursos no tienen nada que ver con las perspectivas económicas, y el lector habrá notado lo difusas que son sus respuestas al momento de responder cómo solucionaría determinado problema. Responden como políticos en busca de votos y no como profesionales de la economía.

Finalmente estamos los que nos dedicamos a la economía como consultores, profesores, investigadores, etc. En esta tercera clase de economistas hay de diferentes tendencias o escuelas económicas. Puede haber diferentes posiciones entre nosotros, pero decimos libremente lo que pensamos sobre lo que está ocurriendo y qué puede llegar a ocurrir. Obviamente que podemos equivocarnos tanto en el diagnóstico como en el pronóstico, pero lo que no hacemos es un discurso para entretener a la tribuna para no perder el contrato o bien hablar como políticos para traficar influencias.

Como pertenezco a esta última clase de economistas, al igual que muchos otros colegas, es que me animo a decir que luce muy difícil que pueda salirse de este embrollo económico con dos medidas menores y sin ningún impacto en la sociedad. Solo con ver los $ 110.000 millones en subsidios que se gastan anualmente para financiar  las tarifas artificialmente bajas de los servicios públicos y que dada la inflación existente ni siquiera pueden quedar congelados, uno tiene idea de la magnitud del ajuste tarifario que en algún momento habrá que hacer en energía y transporte público (trenes, subtes, colectivos, etc.).

El tema del tipo de cambio real es otro problema. Dado que difícilmente alguien se anime a hacer reformas estructurales profundas que permitan ganar productividad en la economía y hacer fuerte el peso en forma genuina, las probabilidades de una mega devaluación son altas. Solo un dato, si el dólar de $ 1,40 con el que se salió de la convertibilidad hubiese aumentado al ritmo de la tasa de inflación interna menos la inflación de EE.UU., para no caer en términos reales hoy tendría que estar en $ 9,30. Es solo un indicador para advertir cómo cayó el tipo de cambio real.

La enorme carga tributaria que soportamos en el sector formal de la economía es la contrapartida de un gasto público récord, tanto en cantidad cómo en baja calidad. Encima ni siquiera alcanzan los impuestos para financiarlo y el BCRA sigue aplicando el impuesto inflacionario para sostener al tesoro. Esa situación no se arregla con maquillaje o dos curitas y una aspirina. Se arregla con cirugía mayor en el gasto público.

No nos engañemos, si bien no soy keynesiano, el economista inglés propuso su fórmula de aumentar el gasto público para reactivar la economía cuando el gasto representaba el 10% del PIB. Jamás se le hubiese ocurrido sugerir semejante receta con un gasto público que orilla el 50% del PBI. A mi juicio Keynes estaba equivocado pero no era un delirante como para formular semejante disparate.

Y la disciplina monetaria depende, en gran medida, de la disciplina fiscal. Para frenar este creciente proceso inflacionario hace falta poner orden en las cuentas públicas.

Pero el tema más complicado va a consistir en recuperar la confianza en las instituciones, entendiendo por instituciones respeto por los derechos de propiedad, estabilidad en las reglas de juego, etc. Si CFK se va a fines del 2015 sin que le explote la economía antes, el que venga tendrá que asumir el costo de poner orden económico y recuperar la confianza de una Argentina que hoy es una marginada en el mundo.

Arreglar el tema energético, la infraestructura (rutas, trenes, puertos, etc.) va a requerir de grandes inversiones que solo vendrán cuando tengan la certeza de que aquí se acabó esta locura confiscatoria, reguladora y apretador. Cuando sepan que pueden girar sus utilidades y dividendos. Cuando no haya más cepo cambiario, lo cual es todo un tema eliminarlo porque ya se transformó en otro corralito. Si la salida del corralito era traumática, la del cepo también lo será. Por lo menos con este nivel de dólar oficial.

El listado de problemas económicos a arreglar es muy importante y nada fácil de esquivar los costos de 11 años de populismo desenfrenado. Pero atención que no se puede arreglar la economía si no se recupera la confianza en el respeto por las reglas de juego.

No estoy diciendo que nos espera un tsunami económico luego del kirchnerismo, pero a diferencia de las otras dos clases de economistas que mencionaba anteriormente, ningún economista serio puede afirmar que de esto se sale suavemente.

Sí reconozco que del total de medidas económicas que yo tomaría, muchas de ellas serían inviables políticamente. Ahora bien, aun aceptando ciertas restricciones políticas a las medidas económicas que personalmente considero óptimas, hay un mínimo de medidas que sí o sí habrá que tomar.

Cuando tomaba examen a mis alumnos en los post grados, mi principio era que había un mínimo de conocimientos de la materia que tenían que saber sí o sí. Si no conocían ese mínimo, no podían pasar. El resto  de lo que sabían era el lujo de la excelencia académica. Pero había un mínimo que no podía no conocer.

Con las medidas económicas para salir de este berenjenal pasa lo mismo. Hay un óptimo que dudo que alcancemos, pero ojo que el mínimo de medidas a adoptar es cada vez más elevado porque la destrucción económica va avanzando a medida que se profundiza el “modelo” y va pasando el tiempo.

Muchos no podrán estar de acuerdo con lo que acabo de expresar. Otros creerán sinceramente que puede salirse suavemente. Pero de lo que puede estar segura la gente es que acabo de escribir estas líneas cómo economista y no como traficante de influencias que se hace pasar por economista.

No se deje engañar, de esta fiesta populista no se salen sin pagar costos.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA)y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.