¿Logrará el terrorismo de izquierda chileno setentista permanecer en la impunidad?

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 25/9/13 en: http://www.eldiarioexterior.com/emilio-j-cardenas-42916.htm

 

La noticia periodística viene de Chile. A primera vista luce intrascendente porque no parecería (a primera vista) ser demasiado importante.

Pero, como veremos, ciertamente lo es. Porque se refiere a hechos criminales abominables, que ocurrieron en ese país, aunque hace ya más de tres décadas, que lo cierto es que aún están absolutamente impunes.
La “Fundación Simón Yévenes” -que lleva el nombre de un dirigente vecinal asesinado en agosto de 1970 por una de las organizaciones de la guerrilla marxista chilena, el Frente Popular Manuel Rodríguez (FPMR)- presentó una denuncia formal ante la justicia de su país, solicitando que se investiguen 106 atentados, homicidios, secuestros y lesiones graves. Todos ellos acaecidos a partir del 4 de noviembre de 1970, cuando asumiera el gobierno el ex presidente Salvador Allende Gossens, y todos aparentemente cometidos por parte de las distintas organizaciones armadas marxistas que en Chile recurrieron a la violencia contra civiles inocentes para sembrar indiscriminadamente el terror en ese país. Al mismo tiempo que fenómenos bien parecidos aparecieron también en varios otros países de nuestra región.
Entre ellos, el atentado que dejó muerto a Simón Yévenes, así como el que le costara la vida al ex vice-presidente de Chile, Edmundo Pérez Zujovic, el 8 de junio de 1971. En todos los casos, en clara violación de los derechos humanos de las víctimas y de sus familiares.
La Corte de Apelaciones de Santiago, a través de su presidente, Alfredo Peiffer, acogió la denuncia referida y remitió -como claramente correspondía- todos los antecedentes respectivos a la fiscalía.
La denuncia pide inter alia que se cite a declarar como testigos, al ex presidente del Partido Comunista de Chile, Guillermo Tellier, quien en su momento fuera el ex jefe militar del MIR; a la popular ex presidente de Chile, Michelle Bachelet, ahora nuevamente candidata a la presidencia, quien fuera médico de miembros del FPMR; y a su ex pareja: Alex Vojkovic Tries, quien a su vez fuera el vocero del FPMR, entre 1985 y 1987.
Ocurre que en América Latina las Convenciones de Ginebra de 1949, la columna vertebral del Derecho Humanitario Internacional, son apenas “letra muerta”. Con excepción de Perú y ahora también de Colombia. Pese a que esas normas son jus cogens esto es, de aplicación directa y obligatoria en todos los Estados.
En la mayoría de los países de nuestra región, incluyendo concretamente a la Argentina, Brasil, Chile y Uruguay, esas importantísimas normas -que han simplemente codificado la costumbre internacional- no se aplican. Es como si no existieran. Están rodeadas de un muro sospechoso silencio judicial. No existen, curiosamente, pese a haber sido ratificadas y transformadas en derecho interno. Especialmente, la Cuarta Convención de Ginebra de 1949, aplicable específicamente a los “conflictos armados internos”, como los que estallaran en los cuatro países antes nombrados, en la trágica década del 70.
Esto es así, pese a que la Corte Internacional de Justicia sostuviera que esas normas son aplicables a este tipo de enfrentamientos armados. Lo que ocurrió en el sonado caso “Nicaragua”. Y  a que la propia Comisión Interamericana de Derechos Humanos (en el caso “La Tablada”) adoptara idéntico criterio, recordando que la cláusula común 3° de todas esas convenciones (que es la que sintetiza la protección conferida a los civiles inocentes) es ciertamente de aplicación directa también en los “conflictos armados internos”.
Pero la realidad es que en la Argentina, por ejemplo, se sostiene que no hubo nunca un “conflicto armado interno” y, por consiguiente no hubo “crímenes de guerra” (esto es “delitos de lesa humanidad” cometidos durante los “conflictos armados internos”). Sólo hubo, sostienen, delitos comunes, respecto de los cuales ya no es posible accionar, porque han corrido las prescripciones del caso. Por eso es que hay ex responsables directos o indirectos de gravísimas atrocidades, que hoy están transformados en legisladores, filósofos de la realidad, periodistas con alguna inmerecida notoriedad, o hasta presidentes. Como si ellos simplemente no hubieran sido responsables de nada. Directa o indirectamente. De nada.
Solamente hubo, dicen, insurgencia o en todo caso bandidismo. Esto es enfrentamientos armados desorganizados, aislados, esporádicos y de corta vida. De poca intensidad, entonces. Frente a esto, las miles de muertes que, hoy se sabe, son atribuibles a las organizaciones guerrilleras en la Argentina se disfrazan hábilmente de “actos aislados”. Pese a que sus responsables tenían organización militar, controlaron territorio, operaron con su propia oficialidad y hasta con tribunales militares. Y, peor aún, pese a que además está probado que los conflictos armados internos que asolaron a la región y dieron lugar al también abominable terrorismo de Estado, tenía un fuerte apoyo externo, del que se vanagloriara alguna vez el propio Fidel Castro, cuando -en declaraciones del 4 de julio de 1998- admitiera expresamente su papel activo en la promoción -y sostenimiento- de la subversión marxista regional, en procura de crear lo que el mismo llamara: un “Vietnam gigante”.  Cabe agregar que, advertido que fuera por sus correligionarios, de la gigantesca gravedad de su formal reconocimiento, Don Fidel se llamó -desde entonces- a silencio total. Hasta por su propia seguridad personal al deambular por el mundo, particularmente después de la creación del Tribunal Penal Internacional.
Entre 1969 y 1979, las organizaciones guerrilleras y terroristas, representadas principalmente por el ERP, Montoneros y otras estructuras de menor envergadura militar, cometieron 21.644 atentados (uno cada cuatro horas, durante diez horribles años, entre los que se contabilizaron 1.501 homicidios; 1.746 secuestros, y 5.052 colocaciones de bombas. Estos datos surgen de la causa 13, donde se dictara la sentencia condenatoria de la Junta Militar, en 1985.
Con lo antedicho sobre la mesa, la pregunta es: ¿logrará la justicia chilena que los crímenes de la izquierda marxista de los 70 no sigan en la mayor de las impunidades? Admito que soy escéptico, pero todas las posibilidades están abiertas. Como lo están también en la Argentina, cuando el largo ciclo de los Kirchner, que ya ha comenzado a agotarse, finalmente se termine.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

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