La preferencia temporal y el fin del sistema solar

Por Pablo Guido. Publicado el 4/6/13 en http://chh.ufm.edu/blogchh/2013/06/04/la-preferencia-temporal-y-el-fin-del-sistema-solar/

En las clases de economía uno de los temas que se analizan es la preferencia temporal y la tasa de interés. Muy sintéticamente: las personas tienen preferencias temporales, es decir, valoran el presente y el futuro de diferente manera. No es lo mismo comer hoy que posponer la comida para dentro de una semana. No valoramos en la misma magnitud o intensidad consumir un bien hoy que el mismo bien en el futuro ya que preferimos hacerlo lo antes posible. Entonces, dado que el valor de un bien hoy es mayor que el valor del mismo bien mañana la diferencia de valoraciones es la que expresa la llamada tasa de interés natural. Puesto en otros términos, si una persona está dispuesta a sacrificar el consumo de un bien en el presente y esperar para consumirla dentro de un año la “recompensa” por la espera debe ser positiva. Por ejemplo, una persona estaría dispuesta a posponer el consumo de un litro de agua hoy si mañana le ofrecieran un litro y medio. Esto significa que la tasa de interés natural seria para este individuo del 50%. Si a esta tasa natural le sumamos la variación de precios esperado y el riesgo empresarial obtenemos así la tasa de interés de mercado.

Otros ejemplos. Si de un momento para otro nos dijeran que nuestra expectativa de vida se incrementa unos, digamos, 50 años, nuestra preferencia temporal cambiaría radicalmente. Se generarían cambios en nuestro comportamiento: ahorraríamos una mayor cantidad de recursos y consumiríamos menos en el presente. Esto significaría que disminuye la preferencia temporal de bienes presentes y aumenta la preferencia temporal de bienes en el futuro. Si nos comunicaran que el mundo explotara en 24 horas nuestro comportamiento seria inverso, desapareciendo el ahorro y tratando de consumir la mayor cantidad de bienes en el presente.

Con las herramientas teóricas que expusimos en los párrafos anteriores podríamos analizar el siguiente caso real: un premio Nobel de Física acaba de calcular que nuestra estrella, el Sol, dejaría de funcionar en unos 5 mil millones de año. Sabemos que esto va a suceder en algún momento, lo que no sabemos es cuando. Bueno, supongamos que le creemos al científico: ¿cambiara a partir de mañana nuestra preferencia temporal?

 Pablo Guido se graduó en la Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Doctor en Economía (Universidad Rey Juan Carlos-Madrid), profesor de Economía Superior (ESEADE) y profesor visitante de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala). Investigador Fundación Nuevas Generaciones (Argentina). Director académico de la Fundación Progreso y Libertad.

 

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