¿Ante el abismo cambiario, el suicidio?

Por Enrique Blasco Garma. Publicado el 7/5/13 en http://www.ambito.com/diario/noticia.asp?id=687062

 La depreciación del peso, medida por el dólar «blue» o marginal, despierta temores a alteraciones de parámetros, con consecuencias imprevisibles, e incentiva propuestas de urgentes acomodamientos. Reclamos de ajustes inmediatos, para corregir la inflación y el abusado «atraso cambiario». Todo lo cual genera gran inquietud. En estas circunstancias, los gobiernos que se apresuraron y dispusieron medidas no bien evaluadas fueron siempre suicidas. En poco tiempo, el salto devaluatorio precipitó desplomes de la demanda global, del poder adquisitivo del salario, quebrantos empresarios, del sistema financiero, conflictos sociales que recortaron la aceptación y sustentabilidad de los gobiernos. Un hito dramático fue el Rodrigazo de 1975, que devaluó el peso y elevó las tarifas de servicios públicos dramáticamente, fulminando los activos financieros y patrimonios de los ahorristas, empresas y diezmó la clase media y llevó la miseria a estratos desconocidos. Enseguida, el desorden y conflictos resultantes también alumbraron la caída del Gobierno y el golpe del último Gobierno militar.

No sólo gobiernos democráticos sufrieron las consecuencias de devaluaciones apresuradas. El proceso militar, al final de la gestión Videla-Martínez de Hoz, alteró la «tablita» cambiaria, con un ajuste de «apenas» un 10%. Ese quebrantamiento de expectativas alimentó perspectivas de nuevas «correcciones», que se materializaron en pocos meses, con sendas devaluaciones del 30% cada una, para «reacelerar» la economía y «corregir el atraso cambiario». Si bien el ministro y su jefe duraron poco, los argentinos volvieron a experimentar los rigores de «correcciones» para alentar la economía, que no hicieron más que contraer los ingresos y engrosar desazones y descontentos.

Ya en democracia, la devaluación del 6 de febrero de 1989 no sólo tumbó al gabinete si no que aseguró la pérdida del Gobierno en las próximas elecciones. En consecuencia, el desprestigio del Gobierno de Alfonsín fue tan grave que precipitó un traspaso anticipado, aun antes del término del mandato constitucional, a Menem, triunfador en los comicios. Repasando la historia argentina, no existe ninguna circunstancia en que un Gobierno produzca una devaluación brusca, a mitad de su mandato, y lo concluya.

En los análisis y recomendaciones de propulsores de medidas correctoras se advierten algunas fallas gruesas. La cotización del «blue» es un valor de salida, y al mismo tiempo de entrada, el precio del billete para sacar, unas personas, y entrar otras, capitales al país, en las actuales circunstancias. Cada comprador encuentra un vendedor, ambos dispuestos a efectuar la transacción contraria, unos compran la misma y exacta cantidad que otros venden. El valor del billete no incide en los niveles generales de precios, que vienen anclados, fundamentalmente, por el tipo de cambio único oficial. Los salarios, precios y tarifas se pactan con una expectativa cambiaria y de evolución de la demanda y condiciones productivas y normativas. No es verdad que la suba del «blue» eleve los niveles generales de precios. La competencia de oferentes y demandantes comprime los precios del mercado en una franja acotada por costos de importación e ingresos de exportación, salarios, impuesto, regulaciones y otros costos. El «blue» no tiene injerencia, aunque algunos pretendan utilizarlo como excusa.

Si queremos realmente atenuar la inflación, nunca se puede proponer devaluar la moneda. Devaluar es siempre elevar precios internos. No obstante, muchas propuestas para combatir la inflación comienzan recomendando devaluar.

El actual abismo cambiario guarda similitud con el abismo fiscal y las discusiones de la deuda pública en EE.UU. Frente al abismo, los funcionarios y legisladores responsables lo evitaron. En nuestro medio, advierto una pulsión suicida, similar a la de los experimentos de Henri Laborit, biólogo francés nacido en Hanoi. De sus experimentos con cobayos, Laborit saca las siguientes conclusiones, que extrapola al psiquismo humano:

1°) Ante una situación displacentera, un cobayo huirá o intentará controlarla. 2º) Si el cobayo no puede ni huir ni dominar la situación distresante, sufrirá afecciones psicosomáticas y le bajarán las defensas del sistema inmunitario hasta que probablemente muera como consecuencia de un «suicidio» instigado. Esas condiciones incentivan el salto «hacia adelante», el hacer algo aunque finalmente provoque su propia destrucción.

Enrique Blasco Garma es Ph.D (cand) y MA in Economics University of Chicago. Licenciado en Economia, Universidad de Buenos Aires. Es Economista del Centro de Investigaciones Institucionales y de Mercado de Argentina CIIMA/ESEADE. Profesor visitante a cargo del curso Sist. y Org. Financieros Internacionales, en la Maestria de Economia y C. Politicas, ESEADE.

 

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