Francia apoya militarmente a Mali

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 15/1/13 en http://www.lanacion.com.ar/1545817-francia-apoya-militarmente-a-mali

Era sólo una cuestión de tiempo. El régimen islámico radicalizado conformado por distintos grupos terroristas que se había apoderado de un pedazo del norte del territorio de Mali -más grande que Francia- al no ser rápidamente enfrentado, intentó expandirse. Esto es, seguir sus conquistas hacia el sur. La pesadez y lentitud de reacción de la comunidad internacional parece haber sido, en buena medida, responsable de lo sucedido.

Mali está sumida en el caos, con su integridad territorial afectada por la ocupación del norte, hoy en manos de “Al Qaeda del Maghreb Islámico”, sumado a las fuerzas de “Ansar Eddine” y a las del “Movimiento para la Unidad y el Jihad en el Oeste Africano”. Los ocupantes han rebautizado al pedazo de Mali que controlan como: el “Estado Islámico del Azawad”, el cual no ha sido reconocido por ningún país.

Un torbellino de violencia

El drama que vive Mali se desplegó vertiginosamente. El proceso se inició con el acceso al poder, el año pasado, del presidente Amadou Toumani Touré, quien resultó incapaz de enfrentar la conjunción de una rebelión de los separatistas Tuareg, con la inundación de armas y municiones de última generación producto del colapso de Libia, que terminaron en manos de grupos de terroristas islámicos que operaban en el norte del país, antes llamado el “Sudán francés”.

La impotencia de Touré y su corrupción derivaron en un golpe militar, comandado por un capitán, Amadou Sanogo, el 21 de marzo pasado, gatillado por un sentimiento militar generalizado de humillación derivado de lo sucedido en el norte del territorio de Mali.

Pese a haber procurado defender la unidad de Mali, el golpe militar -en los hechos- aceleró su partición y -ante la pasividad militar- tres ciudades: Kidal, Gao y Timbuktu, todas emplazadas en el llamado Sahel, cayeron fácilmente -una tras otra- en manos de los rebeldes.

Inmediata preocupación francesa

A partir de entonces, Francia (la ex potencia colonial de Mali) procuró afanosamente la intervención de la comunidad internacional, así como el concurso de las fuerzas militares de las naciones del oeste africano (Ecowas) para repeler al terrorismo y reconquistar el territorio perdido. Parecería que la receta que se intenta poner en operación se inspiró originalmente en lo sucedido recientemente en Somalía.

El 12 de octubre pasado, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas decidió que lo sucedido en Mali constituía una “amenaza para la paz internacional” y aprobó, algo más tarde (el 11 de diciembre), una intervención militar para tratar de restablecer el orden, aunque sin determinar un calendario preciso para ello.

La audacia de los rebeldes

Ante la lentitud -e indecisión- que caracterizaran a la reacción de la comunidad internacional en este episodio, los terroristas islámicos decidieron intentar conquistar también el resto de Mali y avanzaron hacia el sur, en dirección a Bamako, la ciudad capital de Mali, en la que viven aproximadamente unos 6.000 franceses, a los que es necesario proteger. Esto hizo inevitable la intervención militar francesa, para proteger a sus nacionales.

La operación, denominada “Serval”, consistió -en un comienzo- en detener el avance de los insurgentes mediante un bombardeo aéreo de dos de las columnas insurgentes, lo que se hizo con cazas Mirage 2000-D y Rafale, y con el apoyo de helicópteros Gazelle provenientes de la base de N’Djamena, en el Chad, todo acompañado por el despliegue de un pequeño contingente militar de la vecina Burkina Faso.

El riesgo era grande: el colapso de las instituciones de Mali. Y el caos consiguiente. Tanto las Naciones Unidas, cuyo Consejo de Seguridad fue informado de la decisión y ha sido convocado de urgencia para deliberar sobre la situación; los Estados Unidos; la Unión Europea; y hasta la cauta Rusia, habían sido advertidos y comunicados e hicieron llegar -informalmente- su aprobación a la rápida intervención militar francesa que, a estar a las autoridades galas, “durará todo el tiempo que sea necesario”. Argelia ha permitido el sobrevuelo de su territorio para así facilitar las acciones aéreas francesas y británicas.

Los aviones franceses detuvieron el avance de las fuerzas rebeldes. La ciudad de Konna -que había caído en manos de los insurgentes- fue atacada y se presume que ha sido recuperada. Gao ha sido bombardeada. Los militares franceses que participaron en las acciones militares sufrieron la muerte de uno de los pilotos de sus helicópteros, Damien Boiteux, alcanzado por disparos de armas livianas en su arteria femoral. Los insurgentes, por su parte, han tenido centenares de bajas. Los rebeldes, sin embargo, contraatacaron de inmediato y tomaron la ciudad cercana de Diabaley.

La “guerra de Hollande”

Esta es la primera operación de guerra puesta en marcha por la administración del presidente socialista de Francia, Francois Hollande. Peligrosa, ciertamente. Tanto por el fanatismo del adversario, como por las armas de que dispone y por su capacidad de operar en un terreno difícil, que conoce bien.

Más allá de los 15,5 millones de habitantes de Mali, lo cierto es que también para los propios ciudadanos franceses las cosas se han complicado. Por esto se ha puesto en marcha el plan “Vigipirate”, parte de un esquema nacional de reacción antiterrorista que está ahora en operación con un alerta roja “reforzada” que incluye a los medios de transportes galos y a los edificios públicos, así como a todo lo que suponga concentración del público. En este plan participan conjuntamente las fuerzas armadas, la gendarmería y la policía de Francia.

Como en su momento ocurriera con el Talibán, en Afganistán, un nuevo conflicto armado contra el fanatismo islámico se ha desatado. En el terreno estará presumiblemente protagonizado inicialmente por las fuerzas armadas de Mali; Burkina Faso, Benin, Togo, Senegal, Níger y Francia, que han comprometido su participación y cuentan con el anunciado apoyo logístico de Gran Bretaña y Canadá, en apoyo de Francia.

Más adelante será presumiblemente necesario poder desplegar, por lo menos, unos 10.000 efectivos y contar con gran capacidad de movilización en zonas áridas y desérticas.

Mientras tanto, la población del territorio controlado desde hace meses por los fundamentalistas insurgentes vive sumida en el terror más extremo. Con una realidad cotidiana realmente de pesadilla, consistente en repetidas violaciones perpetradas contra las mujeres; cortes de brazos y extremidades realizados como pena por la comisión de presuntos delitos; y con pedreas y latigazos utilizados -inescrupulosa y caprichosamente- como instrumentos de “disciplina social”. A lo que debe agregarse los cientos de miles de desplazados ya generados por el conflicto y la desalmada utilización de niños y niñas en distintas operaciones de guerra. De horror. Un nuevo conflicto armado ha explotado en África, con Francia en medio de él y tiempos que se han acelerado repentinamente..

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

 

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