Palestina vuelve a pedir su reconocimiento como estado ante la ONU:

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 20/11/12 en http://www.lanacion.com.ar/1528502-palestina-vuelve-a-pedir-su-reconocimiento-como-estado-ante-la-onu

Después de haber presentado -hace ya un año- la solicitud de reconocimiento de Palestina como «miembro pleno» de las Naciones Unidas y fracasado (como era previsible) en la instancia del Consejo de Seguridad, donde ese pedido está hoy bloqueado, los palestinos vuelven ahora a la carga y están requiriendo ante la Asamblea General su reconocimiento, aunque sólo como «Estado observador».

Esto pese a las sonoras objeciones de Estados Unidos, que sostienen que ello hoy no ayudará a la marcha del empantanado proceso de paz. No obstante, parece realmente imposible que la solicitud palestina no sea rápidamente aprobada por la Asamblea General, desde que hay una mayoría muy importante que seguramente apoyará -sin reservas- la moción palestina. Los 97 votos que al efecto son indispensables parecen, en rigor, estar virtualmente asegurados. Ab initio. Porque ya hay nada menos que 132 Estados Miembros que ya han reconocido la soberanía palestina, individualmente.

  Una vez obtenido ese reconocimiento de «Estado observador», la Autoridad Palestina, todavía liderada por Mahmoud Abbas -pese a que las profundas divisiones entre los palestinos de Cisjordania (conducida por Fatah) y la Franja de Gaza (dominada por Hamás) no se han superado aún- tendrá, en principio, derecho a controlar su propio espacio aéreo. Así como sus aguas territoriales en la zona de Gaza, los que hoy están, en cambio, bajo control israelí.

También podría presentar denuncias ante la Corte Penal Internacional. A lo que cabe agregar el derecho de pertenecer a los distintos organismos especializados del extenso universo de las Naciones Unidas. Tales como la Organización Internacional de Aviación Civil; o el Tratado de Derecho del Mar; o la misma Corte Internacional de Justicia; así como la Corte Penal Internacional.

Según los palestinos, estas nuevas facultades -y las posibles formas de presión sobre Israel de ellas derivadas- obligarán a Israel a tener que regresar a las negociaciones de paz, hoy prácticamente detenidas.

El intento, pese a sus grandes posibilidades de éxito, tendrá seguramente sus costos. Por ejemplo, puede derivar en que Israel de pronto detenga el flujo financiero que, con destino a la Autoridad Palestina, administra desde hace 18 años, en virtud del cual comparte con los palestinos los ingresos fiscales derivados de la percepción de los derechos aduaneros y del cobro del Impuesto al Valor Agregado.

Puede, además, conducir a que Estados Unidos decida suspender rápidamente los 500 millones anuales de ayuda financiera que aportan a los palestinos. Como ya ha ocurrido en otras oportunidades. 

No obstante, si hubiera solidaridad árabe real, no sería demasiado sorpresivo que, de pronto, esos flujos de ingresos sean remplazados por una asistencia equivalente proveniente de algunos de los países árabes del Golfo. Por ejemplo, de la hiper-activa Qatar, hoy embarcada en una política exterior de enorme visibilidad.

La pertenencia palestina a los organismos especializados de las Naciones Unidas podría eventualmente derivar en acciones ante la Corte Internacional de Justicia, tanto con relación a eventuales violaciones del espacio aéreo que -en más- controlaría Palestina, como a episodios en el mar aledaño a la Franja de Gaza, donde Israel tiene en vigor un duro bloqueo naval para tratar de evitar el flujo de armas ofensivas hacia Gaza, cuya legalidad de pronto podría ser objeto de cuestionamientos.

Habrá que ver si el reconocimiento perseguido por los palestinos genera -o no- presión para reanudar el proceso de paz o si, por el contrario, lo empantana aún más.

A lo que cabe agregar el incierto impacto que la cuestión tendrá en los profundos cambios geopolíticos que se están produciendo en la región como consecuencia tanto de la larga y terrible tragedia siria, como de las llamadas «primaveras árabes».

No sería demasiado sorpresivo que el letargo actual en que está el proceso de paz de Medio Oriente sea de pronto interrumpido. Pero lo que no puede asegurarse es que lo que siga sea necesariamente el avance sostenido del proceso de paz.

Las hostilidades en Gaza -que han vuelto a demostrar que la paz, con los palestinos divididos, es difícil de alcanzar- no debieran ser obstáculo para que Palestina se convierta en «Estado observador» en las Naciones Unidas.

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

 

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