El poder a cualquier costa

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 5/8/12 en http://www.eluniversal.com/opinion/120805/el-poder-a-cualquier-costa

¿Cómo se explica que políticos, como Cristina y Chávez, hablen de “unión” mientras cierran sus fronteras, con aduanas cada vez más restrictivas, coartando el natural entremezclamiento entre pueblos y personas? Algunos dirán que sus discursos son pura demagogia. Pero lo que ahora me ocupa es por qué crean bloques para “unirse”, como el Mercosur, a la vez que impiden las naturales relaciones internacionales. Es simple: la intención real no es unir a las personas, a los pueblos, sino unirse ellos, los dirigentes. En el mejor de los casos, diríamos que se sienten mesiánicos, “salvadores” de los pueblos (las personas), imponiéndose sobre ellos…  y, en el peor, son solo delincuentes.

 Cristina lo dejó claro, bautizó al Mercosur, con Venezuela como socio, como el “nuevo polo de poder”. Claro que del poder para ellos, porque a los ciudadanos comunes les imponen políticas cada vez represivas, como impedirles la compra de moneda extranjera. Y no va a ser poco poder: es uno de los bloques más grandes del mundo, con 300 millones de habitantes y un PIB anual que supera los US$ 3.000 millones.

La Presidenta habló en el encuentro que compartió con sus pares de Brasil, Dilma Rousseff; de Uruguay, José Mujica, y de Venezuela, Hugo Chávez, en Brasilia, quienes habían decidido en junio suspender a Paraguay debido a la destitución del mandatario Fernando Lugo, sin que se consultara a los ciudadanos acerca de esta suspensión que les vino muy bien ya que, el ingreso de Venezuela, estaba pendiente desde 2006 debido a la falta de aprobación por parte del Congreso paraguayo.

Con la incorporación de Caracas al bloque regional, la Presidenta pidió seguir dando “una gran batalla cultural”, es decir, un gran lavado de cerebro porque las personas naturalmente no aceptan lo que ella intenta imponer coactivamente, precisamente porque va contra la naturaleza. En consecuencia, necesita una campaña propagandística feroz, al estilo Goebbels, y por eso además de abusar de la cadena nacional de radio y televisión, intenta doblegar a los medios opositores.

Luego, Cristina embistió contra los “países desarrollados” al atribuirles la responsabilidad sobre “la inseguridad financiera”. Lo dice la jefa de un Estado que produjo una de las mayores cesaciones de pago de la historia global.  Y se quejó, y ahora sí con razón, porque ronda “la idea de poner un precio tope a nuestros commodities”. Aunque poco le importan los precios “de referencia”, ya que ella los impone internamente, lo que le preocupa es que le ponen un tope a sus ingresos, porque ella coactivamente “recauda” cifras astronómicas con las exportaciones de los productores argentinos.

 “Les decimos que se queden tranquilos… Cada vez vamos a producir más y mejor alimento” afirmó la titular de un gobierno que agredió tanto al sector rural que, solo en lo que va de este año, la venta de maquinaria agrícola cayó casi 50% como consecuencia de la caída en la producción del campo. Y reclamó que “terminen con el doble discurso”, dejando claro que los psiquiatras no están de más en este mundo.

 En fin, Chávez aseguró que, con el ingreso de su país, se abre “un nuevo período de aceleración de la historia que estamos construyendo”. Sin dudas, la construcción de su propio poder personal que se impone, usando el monopolio estatal de la violencia, por sobre las personas.

 Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

 

Orden jurídico K: todos somos culpables hasta que se demuestre lo contrario:

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 28/7/12 en: http://www.economiaparatodos.com.ar/ver_nota.php?nota=3756

Vivir hoy en la Argentina y trata de cambiar el país para recuperar la democracia republicana y el crecimiento económico es como si en la cancha hubiese dos equipos: uno que juega con las reglas de fútbol y otro que lo hace con las del rugby. Encima, en esta metáfora, el árbitro siempre falla a favor de los que juegan con las reglas de rugby.

Es obvio que si dos equipos se encuentran en una cancha con estas características de juego, los que usan las reglas del rugby podrán agarrar la pelota con la mano, taclear al adversario o patear por arriba del travesaño y considerarlo gol. En tanto que los que juegan con las reglas de fútbol no podrán agarra la pelota con la mano y si patean al adversario será considerado falta. Además, jugarán 11 contra 15.

Para decirlo directamente: los enemigos de la democracia han tomado el poder y ahora usan las reglas del rugby para sostenerse, mientras en la oposición juegan con las reglas de fútbol, están todos dormidos y, como si fuera poco, no logran hacer tres pases seguidos.

[ Nota relacionada: ¿Qué pasa cuando en nombre de la patria se violan derechos? ]

Antes de continuar quiero aclarar que me gusta el rugby, que —en general— los jugadores de ese deporte tienen códigos y que, a mi juicio, un partido de rugby bien jugado es mucho más divertido que uno de fútbol (y ni que hablar si lo comparamos con los que se ven en el famoso “Fútbol para Todos”).

Pero me arriesgo aún más y sostengo que el Gobierno, que juega con las reglas del rugby, ni siquiera las respeta. Hacen los pases para adelante, nock on o taclean a la altura de cuello. Todas estas faltas son miradas con indiferencia por el árbitro, en este caso la Justicia, que se parece al “siga, siga” del fútbol. En otras palabras, el Gobierno, con el monopolio de la fuerza en sus manos, no respeta las reglas de juego, que no son otras que los límites al poder de una democracia republicana. Usa el monopolio de la fuerza en beneficio propio. Ganar sin respetar las reglas de juego.

¿Qué puede esperarse de un gobierno cuyo único objetivo es quedarse con el poder a cualquier precio, sin respetar reglas ni leyes? Que si la cosa se le complica sea cada vez más autoritario.

[ Nota relacionada: Derechos individuales: transformados en delito por el Gobierno ]

El ejemplo más claro del creciente autoritarismo lo vemos en el tema de los dólares para viajar. El Gobierno ha decidido que los argentinos pueden comprar dólares sólo si demuestran que van a viajar al exterior, es decir, la gente es culpable de querer comprar dólares hasta que demuestre que efectivamente va a viajar. Sin embargo, el autoritarismo crece. En efecto, la AFIP acaba de informar que detectó que 6.800 personas compraron dólares diciendo que iban a viajar y luego no lo hicieron. Ahora, no solo tienen que devolver los dólares, sino que además deben demostrar por qué no pudieron concretar el viaje. Nuevamente, la gente pasa a ser culpable hasta que demuestre lo contrario. Si no demuestran por qué no pudieron viajar, le quitan el CUIT, le aplican una multa y demás sanciones.

El kirchnerismo ha dado vuelta el orden jurídico y todos somos culpables hasta que demostremos lo contrario, cuando en realidad todos deberíamos ser inocentes hasta que se demuestre lo contrario.

A nadie escapa que el mayor riesgo que corre el Gobierno es que la economía le juegue en contra, es decir, que la recesión, la inflación y la desocupación generen tal grado de malestar social que la gente termine manifestándose en las calles y luego en las urnas, siempre y cuando el sistema de conteo de los votos funcione correctamente, o directamente se produzca un altísimo nivel de conflictividad social. Por eso, como la economía es la que va a determinar el futuro político hegemónico del Gobierno, en alguna oportunidad he sostenido que el principal opositor al kirchnerismo es la economía.

[ Nota relacionada: La república y los límites al poder ]

Ahora bien, como el Gobierno ha dado acabadas muestras de no respetar reglas o normas y mucho menos las sentencias de la Corte Suprema (como en el caso de las jubilaciones o la ley de glaciares) es obvio que su tendencia autoritaria se va a acentuar en la medida en que la economía se le complique. Más regulaciones, controles, atropellos y violaciones a los derechos de propiedad, entre otras medidas, serán los parches que aplicará el kirchnerismo cuando no les sea posible mantener relativamente tranquila a la gente desde el punto de vista económico. Obviamente que las mayores regulaciones y controles implicarán otra vuelta de turca en las violaciones a los derechos individuales. Esto ya está demostrado en el libro “Camino de Servidumbre”, escrito por Friedrich Hayek.

A su vez, esas mayores regulaciones, atropellos y violaciones a los derechos de propiedad generarán más pobreza, lo cual exigirá más autoritarismo. No habrá que tener asco en aplicar las medidas más arbitrarias y violar las normas más elementales. Para eso, la Presidente tendrá que rodearse de los peores elementos de la sociedad, personas imbuidas de un ciego fanatismo o de una ambición de dinero infinita, que solo podrán saciar en algún cargo público. Después de todo, para hacer el trabajo sucio hace falta ser fanático o mercenario.

Sin duda el escenario que tenemos por delante no es alentador, salvo que la gente reaccione antes de que sea tarde.

[ Nota relacionada: El gobierno de Cristina sí es una dictadura ]

Un último párrafo para aclarar un punto. Suelen comentarme que soy muy duro cuando digo las cosas. Puede ser, pero me parece que este no es momento para los tibios. Acá no se está discutiendo si nos gusta una política cambiaria u otra, o si el libre comercio es mejor que el proteccionismo. Acá están en juego las libertades civiles más elementales. Por eso, insisto: o se está a favor de la democracia republicana o se es cómplice de la destrucción de la república bajo el argumento de los buenos modales. Porque —no nos engañemos— el kirchnerismo no incluye en su estrategia el diálogo. Su proyecto es imponer atropellando los derechos civiles. ¿Acaso creen los “moderados” que con su discurso de palabras floridas van a convencer a los kirchneristas de que cambien su objetivo de establecer un sistema autoritario? Y si creen que van a salvarse con sus vocabularios floridos, que recuerden aquella famosa frase: ayer fueron por los negros y como yo no era negro no hice nada…

 Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA)y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

 

¿Faltan dólares?

Por Alberto Benegas Lynch. Publicado el 3/8/12 en http://www.cronista.com/contenidos/2012/08/03/noticia_0012.html

En nuestro medio se han vertido opiniones de profesionales de fuera y dentro del gobierno que seriamente sostienen que hay escasez de la divisa norteamericana en la plaza local como si se tratara de una especie de problema estacional de misteriosa procedencia o como consecuencia de que se nos cayó el mundo encima. Estas reiteradas declaraciones formuladas del modo apuntado soslayan la verdadera naturaleza del problema, en el sentido de no comprender que nunca y bajo ninguna circunstancia en el mercado libre faltan dólares ni puede faltar ningún otro bien.
La función de los precios libres (una redundancia, pero en estos contextos tóxicos no está demás el adjetivo) es igualar la oferta y la demanda, en otros términos, los aludidos indicadores limpian el mercado. El precio podrá considerarse alto o bajo pero siempre equipara vendedores y compradores.
Cuando el precio es impuesto por los aparatos estatales se convierten en simples números que nada significan desde la perspectiva económica e inexorablemente provocan faltantes o sobrantes artificiales. Lo primero, si se ubica bajo el precio de mercado (precio máximo) y lo segundo, si se coloca a un nivel mayor que el precio de mercado (precio mínimo).
Además, el así llamado “control de precios” no permite recoger información que en todos los casos está dispersa y es fraccionada para, en cambio, concentrar ignorancia con lo que se desperdician los siempre escasos factores productivos que, a su turno, disminuyen salarios e ingresos en términos reales puesto que éstos dependen de las tasas de capitalización.
Como si esto fuera poco, la desarticulación de precios no solo malguía a los operadores económicos distorsionando las posiciones relativas de los distintos márgenes operativos que conduce al desperdicio de capital, sino que, en la medida de los controles, va entorpeciendo la evaluación de proyectos y el cálculo económico en general que se sustentan en precios falseados.
Por último, la regimentación de precios naturalmente afecta la propiedad puesto que ésta significa el uso y la disposición de lo propio. Tal vez ilustre el punto poner de manifiesto que, en el extremo, el derrumbe del Muro de la Vergüenza en Berlín (más allá de los atropellos a las vidas de las personas) se debió a razones económicas, a saber, la imposibilidad de contar con datos fehacientes en cuanto al rumbo que se sigue allí donde no puede conocerse si hay ganancias o pérdidas ya que no hay precios y, por ende, no existe la propiedad privada. No se puede conocer si conviene construir caminos con oro o de asfalto si no hay precios, y carece por completo de sentido pretender que la decisión resulte definida por “motivos técnicos” que nada significan en ausencia de precios de mercado, situación en la que se opera a ciegas.
Entonces, sin llegar a ese extremo, en la medida en que el gobierno pretenda imponer precios al dólar o a cualquier bien o servicio, en esa medida, tienden a surgir los graves problemas aquí telegráficamente señalados. Por otra parte, es oportuno subrayar que el balance comercial forma parte del balance de pagos el cual siempre está equilibrado si no se manipula el tipo de cambio y estará saneado en la medida en que la deuda pública no sustituya en alto grado la entrada de capitales.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía, Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.

 

Boden 2012: el capítulo del default aún no está cerrado

Por Aldo Abram.  Publicado el 2/8/12 en: http://www.cronista.com/contenidos/2012/08/02/noticia_0107.html

El Gobierno ha tomado el pago del último cupón del Boden 2012 como un hito que marca el fin de la deuda dejada por el “corralito”. Lo primero que hay que aclarar es que el origen de estos títulos fue la “pesificación” de las deudas bancarias en dólares en 2002, que tuvo como contrapartida la de los depósitos en moneda extranjera, cuyos dueños pagaron la mayor parte del costo de dicho subsidio a los deudores.  

También, marca un paso más en el proceso de “desendeudamiento” del sector público nacional; que, más allá de los medios, cabe reconocer va a ser una herencia muy positiva para el país. 

Sin embargo, es interesante tener en cuenta que desde 2001 el Gobierno no ha tenido acceso fluido al mercado voluntario de crédito; lo que implica que aunque hubiera querido no hubiera podido refinanciar sus vencimientos. 

Esto tiene diversos motivos. En primer lugar, la reestructuración de la deuda en cesación de pagos fue exitosa en términos de la quita realizada; pero fue percibida (correctamente) por los inversores mundiales como una imposición unilateral y no como una negociación con los acreedores. 

Además, la intervención del Indec  para dibujar a la baja la inflación, implicó subestimar el CER y, por ende, estafar a los tenedores de títulos públicos en pesos que actualizaban por ese índice. Por último, más allá de la infinidad de declaraciones oficiales, no parece haber mucha voluntad de negociar para normalizar los pasivos con el Club de París que permanecen en cesación de pagos; lo que recién permitiría hablar de cerrar el capítulo del “default”. 

Si el Estado se “desendeudó”, debería significar que fue austero y logró ahorrar lo necesario para poder pagar lo que debía. Sin embargo, sobre todo desde 2006, la solvencia fiscal se tendió a diluir. Este proceso de incremento excesivo del gasto se potenció con la crisis internacional y luego con la necesidad de ganar las elecciones presidenciales (2010 y 2011). Entonces, si los recursos no alcanzaban a seguirle el “tren” a las erogaciones, ¿de dónde salió la plata para el “desendeudamiento”?  

Una parte menor surgió del financiamiento a tasas “licuables”, que no eran de mercado,  proveniente  del Banco Nación, el Fondo de Garantía de Sustentabilidad Previsional y otros organismos públicos. Pero fue el Banco Central el gran “proveedor” del Gobierno y, dado que los recursos no se lo dejó Papá Noel en el Arbolito de Navidad, debemos saber que lo aportamos todos los argentinos a través del altísimo impuesto inflacionario que hemos sufrido durante los últimos años. 

El Anses merece un análisis adicional, la eliminación del sistema de capitalización implicó transferirle ingentes recursos, que el Gobierno aprovechó para “cargarle” al organismo gastos que correspondía realizar con fondos de rentas generales (Asignación Universal por Hijo, moratoria previsional, etc.). Ahora, si midiéramos los pasivos netos que se están generando en el régimen de reparto por los compromisos jubilatorios asumidos con los actuales aportantes, no podríamos hablar de “desendeudamiento”; ya que le estamos dejando un gran problema a las futuras generaciones de contribuyentes que tendrán que enfrentar su segura quiebra. 

Cabe recordar que ya tuvimos un esquema similar que entró en crisis a finales de los ´80, porque sus fondos fueron despilfarrados de la misma forma que se hace actualmente; lo que permite prever que difícilmente tenga un final distinto.  

Aldo Abram es Lic. en Economía y director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

Chávez y Cristina, “uniendo” a América Latina

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 1/8/12 en http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/otroscolumnistas/chavez-y-cristina-uniendo-a-america-latina-alejandro-a-tagliavini-columnista-el-tiempo_12083114-4

 México asegura que el decreto de la Casa Rosada, que en junio terminó con el acuerdo automotor, es ilegal y que no habrá conversaciones con Argentina si no se levanta la suspensión del régimen de intercambio bilateral de autos, sumando así un nuevo capítulo a las tensas relaciones. La actitud argentina se debe al miedo por el creciente déficit en el comercio de automóviles con México, que llegó a 832 millones de dólares en el 2011.

El modelo represivo argentino no podía tener otra consecuencia que la destrucción y, como todo ente depresivo, no encuentra otra solución que encerrarse sobre sí mismo, asilándose del exterior a pesar de su demagógico discurso a favor de la “unión latinoamericana”. Argentina es el país que más normas aplica para reprimir el comercio exterior, según el informe ‘Global Trade Alert’, del Centro de Investigación de Política Económica, sumando 168 medidas sólo desde el 2009. Los países más afectados por estas medidas fueron China, Brasil (otro “hermano” latinoamericano) y EE. UU., restricciones que afectan al 37 por ciento de los productos, porcentaje muy alto comparado con Alemania (2 por ciento) o EE. UU. (11 por ciento).

Tanta depresión, tanta cerrazón, tanto ánimo destructivo tiene consecuencias lógicas. Los latinoamericanos que más dinero enviaron a los paraísos fiscales entre 1970 y el 2010, según la Tax Justice Network (TJN), fueron Brasil (520.000 millones de dólares), México (417.000 millones), Venezuela (406.000 millones) y Argentina (399.000 millones). En proporción al tamaño de sus economías, Venezuela y Argentina son las primeras en la lista. Los fondos latinoamericanos en paraísos fiscales (2,058 billones de dólares) doblan su deuda externa (1,01 billones).

Dicho sea de paso, el dinero global en paraísos equivale al PIB combinado de EE. UU. y Japón (entre 21 y 32 billones de dólares), contando solo riqueza financiera, excluyendo activos como propiedades inmobiliarias. Según TJN, si esas sumas reportaran un rendimiento anual del 3 por ciento (que es bastante bajo) y se les aplicara un impuesto a los ingresos del 30 por ciento, se generarían entre 190.000 y 280.000 millones de dólares en ingresos fiscales anuales, casi el doble de la ayuda para el desarrollo aportada por los países de la Ocde.

En fin, son muchas las cosas que “unen” a los gobiernos de Argentina y Venezuela (además de su desesperación por aferrarse al poder como consecuencia de su estado depresivo). Entre las últimas, está su deseo de quedarse con toda la actividad energética posible. Chávez desaconsejó a la petrolera Repsol que realice su denuncia contra la Argentina, tras la expropiación del 51 por ciento de sus acciones, defendió la “recuperación” de YPF y aseguró que quiere que la petrolera participe en la explotación de hidrocarburos en su país.

Pero el presidente venezolano no solo alienta delitos como “expropiaciones” que no fueron, sino robos sin previo aviso, con uso de personal armado y sin compensación de ningún tipo, sino que es el principal aliado en América Latina de Irán, otro paria aislado del mundo civilizado. Así, ambos gobiernos intensificaron en los últimos años sus relaciones económicas y políticas.

Recientemente, el primero de cuatro petroleros gigantes destinados a Venezuela fue terminado por la compañía Sadra, relacionada con los Guardianes de la Revolución, la organización militar del fanático régimen islámico iraní. Chávez, que apoya el programa nuclear de Irán, asegura que juntos “destruirán el imperialismo”.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.