Los resultados se parecen a las dirigencias

Por Alejandro Alle. Publicado el 27/8/12 en: http://www.elsalvador.com/mwedh/nota/nota_opinion.asp?idCat=50839&idArt=7201463

Alguien podría agregar que “las dirigencias se parecen a la ciudadanía”…, que sería difícil de refutar pues quienes nos dirigen no llegaron en un plato volador. Surgieron de la ciudadanía. Algo de lo cual, por cierto, los latinoamericanos tendríamos motivo de sobra para estar avergonzados.

Lo concreto es que ninguna sociedad puede progresar si sus dirigentes en general, y los dirigentes políticos en particular, ocupan su tiempo en resolver problemas urgentes…, que ellos mismos se inventaron.

Ignoran, o pretenden ignorar, que vivir en permanente zozobra institucional tiene un costo muy alto para la sociedad.

Los datos económicos de El Salvador, implacables, muestran que ese costo se está pagando en términos de bajo crecimiento, de poca generación de empleo, de carencia de infraestructura, de débil calidad en educación pública, y de tantos otros problemas crónicos que El Salvador siempre padeció. Porque no son nuevos.

Quizás la dirigencia política inventa problemas urgentes para que la sociedad no piense en los problemas importantes…, pues descubriría que para resolverlos hace falta otra dirigencia.

El camino de las urgencias inventadas, y de las zozobras manipuladas, jamás generó riqueza. Un objetivo que debiera ser prioritario en toda sociedad económicamente subdesarrollada. Como El Salvador.

La semana pasada Fusades reportaba en su Informe de Coyuntura que ya son 18 los trimestres de clima de inversión adverso. Y que en el primer trimestre de 2012 la inversión extranjera directa (IED) fue de apenas US$ 59 millones. Anualizados representan apenas US$ 240 millones. Una miseria.

En efecto, el número es muy malo considerando que en 2011 Chile recibió US$ 17,299 millones de IED. Y Colombia US$ 13,234 millones. Aún llevado a valores per cápita, El Salvador sale muy maltrecho en la comparación con esos dos países, con los cuales en algún momento compartió la categoría de grado de inversión.

Incluso si la comparación se hiciera con los países más cercanos, veríamos que en 2011 Panamá recibió US$ 2,790 millones de IED; Costa Rica US$ 2,104 millones; Honduras US$ 1,014 millones; Guatemala US$ 985 millones; y Nicaragua US$ 968.

Ya ni la nefasta autocomplacencia de compararse sólo con vecinos pobres, siempre de desempeño mediocre, sirve de bálsamo.

Quienes pretendan politizar estos datos, sean de un color o del otro…, carecerán de argumentos: el promedio de IED recibida por El Salvador en el período 2000-2005 había sido de apenas US$ 325 millones. Otra miseria.

Para que el crecimiento económico se transforme en desarrollo económico y humano, que al fin de cuentas es lo importante, debe funcionar el “efecto derrame”. Ese por el cual los beneficios de liberar los mercados llegarían a toda la población en términos de mejor calidad de vida. Sin institucionalidad nunca habrá derrame.

Otras dirigencias también debieran reflexionar. No es aceptable que un alto ejecutivo de cierta gremial empresarial alegue desconocimiento sobre los intereses de algunos de sus directores, manifiestamente incompatibles con las funciones que dicha gremial ejercía en una autónoma. Sean serios.

Los fríos números económicos reflejan las consecuencias de malas dirigencias. Pero para corregirlos hay que pensar en las causas. Y pensar es una actividad peligrosa…, que las dirigencias de nuestros barrios latinos siempre evitarán que los ciudadanos practiquemos.

Hablando de pensar…, dicha actividad exige cierto nivel de escolaridad. Y contando El Salvador con una población mayoritariamente joven, la educación pública debería ser abordada con verdadera responsabilidad.

Sin embargo, los vientos que soplan son desalentadores: la larga competencia populista que se avecina entre el “pura sangre” de los unos y el “hueso colorado” de los otros, augura una discusión superficial: el énfasis estará en el tamaño del vaso de leche, en la cantidad de zapatos que regalarán, o en los beneficios que otorgarán a los maestros.

Sería bueno que explicasen qué harán para mejorar la calidad de la educación. Y qué harán por las neuronas de los niños. Porque el futuro de esos niños, que es el futuro de El Salvador, merece total seriedad.

Hasta la próxima.

Alejandro Alle es Ingeniero. Máster en Economía (ESEADE, Buenos Aires). Columnista de El Diario de Hoy.

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