El derecho a la violencia

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 27/8/12 en http://www.hoybolivia.com/Blog.php?IdBlog=38351&tit=el_derecho_a_la_violencia

 Un amigo argentino no puede imprimir en su oficina, además de perder horas de trabajo intentando infructuosamente comprar un cartucho de tinta, porque el gobierno reprime la importación. No asombra que los políticos exploten a las personas con tal de darse la gran vida. Pero impresiona que algunos crean que tienen “derecho” a reprimir de esta manera.  

El destacado columnista Moisés Naím escribió, en El País de España, “¿Qué tienen en común el calentamiento global, la crisis de la eurozona y las masacres en Siria?… Que nadie tiene el poder para detenerlas… Hay… Cumbres de jefes de Estado… Y nada. Es como ver una película en cámara lenta, en la que un ómnibus… se dirige hacia el abismo y su conductor no frena ni cambia de dirección… Pero mi metáfora es defectuosa. Supone que hay un conductor… con el poder de frenar o de cambiar de rumbo”.

Lo cierto es que no existe tal conductor, y no tiene el poder de frenar o cambiar el rumbo. Los políticos, simplemente, no lo tienen. Ellos cuentan con el monopolio de la violencia y creen que eso es un instrumento eficiente. Es como tener una granada y exigirle al ómnibus que vaya en cierta dirección y, si no lo hace, estallar la granada. Lo que hace falta es un mecanismo que naturalmente provoque el desvío, algo así como ¡un volante!

Lo que se necesita es incentivar a las personas, para que sigan el camino adecuado. Según Aldous Huxley, “Las sociedades se mantienen, no por el miedo de los más al poder coactivo de los menos, sino por una difundida fe en la decencia de los demás”. Y es verdad: no habría policía capaz de detener el delito si todas las personas decidieran robar. Es decir que no es verdad que las sociedades existan porque existe un marco coactivo que las “pone en orden”, existen porque así es la naturaleza humana. Y la violencia, dice la filosofía clásica, es contraria al desarrollo natural, a la naturaleza, por tanto, es imposible que sea un instrumento eficiente. 
Aunque “Esto no significa que el poder vaya a desaparecer… (pero su fin es)… una de las principales tendencias que definirán nuestro tiempo” dice Naím y supone una reforma, en la estructura del poder, con la que no concuerdo ya que el problema es más esencial: lo que sucede es que este “poder” nunca existió: el monopolio de la violencia jamás fue un método eficiente de gobierno sino que, por el contrario, siempre destruyó. Ni siquiera en el caso de “defensa propia”. La primavera árabe, por caso, solo ha servido para cambiar un tirano por otro, parecido, y para aumentar la venta de armas: en Siria, antes de la crisis, un fusil AK-47 costaba US$ 1.200 en el mercado negro, ahora supera los US$ 2.100.

El gobierno español decidió crear el Departamento de Seguridad Nacional y reformar al Código Penal que, entre otras cosas, castigará convocatorias por internet de “protestas violentas”, aquellas que no reciban autorización. El dirigente político Felipe Puig, no dejó dudas: “Buscamos… que la gente le tenga más miedo al sistema”. Es que Internet, y el desarrollo humano en general, es la anti política, es por eso que le temen tanto. Es un mundo gobernado por “la red”, es decir, millones de personas cooperando voluntaria y pacíficamente, en tiempo real, que se “autogobiernan” como toda la naturaleza que fluye espontánea y armónicamente.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

 

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