Larga vida a Jersey:

Por Alejandro A. Tagliavin. Publicado el 5/7/2012 en: http://www.elheraldo.hn/Secciones-Principales/Opinion/Columnas/Larga-vida-a-Jersey

 No me gustaría estar financiando ejércitos que encaran guerras (siempre “defensivas”, claro), ni la vida extravagante de los políticos y sus familiares y sus amigos los burócratas, menos me gustaría financiar la corrupción. Tampoco le veo sentido a solventar aduanas y cosas por el estilo, para favorecer a ricos empresarios, con el cuento de “defender la industria nacional”.

No sé qué sentido tiene gastar en “caridad” estatal si la privada es muy superior, más eficiente y menos costosa ya que no pasa por la tremenda burocracia del gobierno. No entiendo por qué se justifica la falta de ética de los Estados.

Si la violencia es, definitivamente, inmoral, por qué los gobiernos la utilizan para recaudar fondos, para recaudar impuestos que la gente no pagaría si no fueran amenazados con la cárcel por el Estado policial.

No entiendo por qué no puedo, como en el mercado natural, decidir qué quiero comprar, qué servicio utilizar y convenir con la contraparte el precio y el modo de pago. No entiendo por qué tengo que pagarle al gobierno lo que no quiero y por qué el Estado tiene que ser inmoral y forzarme a hacerlo.

Con la crisis que recorre a Europa, precisamente porque los políticos se han dedicado a la demagogia con tal de disimular sus vidas ostentosas, ha vuelto al tapete la cuestión de la Isla Jersey que, claro, les quita fondos. El primer ministro británico se hizo el sorprendido porque Jimmy Carr, una estrella de la televisión y la radio, paga solo el 1% de impuestos gracias a que su sociedad, denominada K2, está radicada en la isla de Jersey donde no existe el impuesto de sociedades ni el de patrimonio. Y esto es un abierto desafío para estos gobiernos europeos llenos de deudas y decididos a seguir gastando a costa de los ciudadanos.

Solo son 90,000 habitantes situados sobre esta apacible isla del Canal de la Mancha, a pocas millas de las costas de Normandía, pero cuentan con oficinas de medio centenar de bancos internacionales y cientos de oficinas para administración de fondos y despachos de abogados. La isla de Jersey, de jurisdicción británica, está dotada de una autonomía que le permite excluir el cobro de algunos impuestos. Durante muchos años ha sido uno de los paraísos fiscales consentidos por los europeos, pero el Reino Unido también ha sufrido una crisis bancaria y los fondos públicos están escaseando.

Hablando de crisis bancaria, resulta que ahora acusan a grandes bancos de manipular la tasa Libor en su propio provecho. Pero la culpa no es del puerco, sino de quien le da de comer. No importaría esta tasa de referencia, ya que el mercado continuaría haciendo negocios normalmente con o sin ella, sino fuera que los gobiernos coactivamente inducen su utilización, provocando que de su manipulación puedan obtenerse ventajas.

Lo peor del caso es que son los pobres los más perjudicados por los impuestos ya que, cuanto más elevado es el nivel económico de una persona, más capacidad tiene para derivarlos hacia abajo. Por caso, los empresarios pueden subir precios o bajar salarios o dejar de invertir.

Las autoridades de la isla han sido particularmente contundentes al asegurar que, si se les exigen cambios, pedirán la independencia. Bien por Jersey, bien por defender al ciudadano común, bien por defender a los más pobres.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

 

La República y los límites al Poder

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 1/7/12 en: http://www.economiaparatodos.com.ar/ver_nota.php?nota=3658

Para que una Nación pueda crecer y desarrollarse, es necesario límites certeros y eficientes al poder. Es el Estado el que está al servicio de los individuos, y no el individuo el que debe estar al servicio del Estado. La idea de República busca imponer límites a los poderes estatales. Estos límites se han dejado de lado en Argentina. ¿Cómo funcionan y por qué son tan importantes?

Es claro que Argentina está manifestando serios problemas económicos resultado de una larga trayectoria de erróneas políticas económicas. Pero estos problemas que aquejan al país son a su vez el resultado de una grave deficiencia institucional de fondo. Me refiero a que son las instituciones base de una república lo que esta fallando, y no meramente la política económica. Por ello, actuar sobre los problemas económicos pero despreocuparse por el problema institucional es cómo tomar una pastilla para mitigar los síntomas del exceso de alcohol pero no ver en el alcoholismo el origen del problema. ¿Por qué el concepto de república es tan importante? ¿Qué le corresponde, y no le corresponde, hacer a cada poder y por qué entender estos límites es importante?

Una analogía puede ayudar a entender este problema. Supongamos que los 40 millones de habitantes que viven en Argentina lo hacen en un gran edificio de departamentos (o en un barrio privado), donde cada familia es dueña de su propiedad. Este gran edificio necesita, entre otras cosas, que los servicios públicos (electricidad, agua, etc.) funcionen así como seguridad para que no haya agresiones de terceros (defensa exterior) ni entre vecinos (policía). Hacer de este edificio un reino, por ejemplo, sería una posible forma de administración. Organizarse en una república, sería otra muy distinta.

Claramente es inviable que los 40 millones se pongan de acuerdo sobre cada tema a tratar. Es más fácil, en cambio, elegir un representante por piso que sea la opinión y voz de los vecinos a quienes representan. Estos representantes pueden tener su propia opinión, pero su trabajo es representar de manera fiel las opiniones de sus representados. De este modo, los 40 millones se ponen de acuerdo a través de sus representantes en cuántos recursos poner en una bolsa común y en qué van a ser gastados. Pero este acuerdo requiere de un administrador de consorcio que se encargue de que el edificio funcione correctamente y se lleven a cabo las mejoras acordadas por los dueños. Seguramente el administrador de consorcio podrá hacer sugerencias (por ejemplo, diagramar una propuesta inicial del presupuesto), pero no es su rol decidir sobre el destino de los fondos de los dueños dado que esos fondos no son de su propiedad. La analogía es clara, los dueños que actúan como representantes son el poder legislativo, y el administrador de consorcio es el poder ejecutivo (sobre la justicia diré algo breve más adelante). Este ejemplo permite extraer algunas conclusiones importantes:

El poder ejecutivo no está sobre el poder legislativo. Como su nombre indica, su rol consiste en ejecutar las decisiones de los habitantes del edificio acordadas a través de sus representantes, no en decidir por ellos. El poder legislativo no está sobre el poder ejecutivo. Su rol no es el de la ejecución, sino el de elegir los planes a ejecutar.

Ninguno de los dos poderes se encuentra sobre los soberanos, en nuestro ejemplo, los propietarios del edificio. No es tarea de ninguno de estos poderes planificar la vida ni dar indicaciones de qué hacer con su vida y propiedad. Salvo, por supuesto, que alguna actividad implique algún riesgo o viole derechos de terceros (existen reglas de convivencia como dejar los pasillos libres o no hacer ruidos molestos a altas horas de la noche, etc.)

Permite entender la lógica de ciertas principios republicanos. Por ejemplo, por qué legislar sobre temas impositivos es materia del legislativo y no del ejecutivo: por qué es el pueblo, a través de sus representantes, quien decide (1) cuánto contribuir impositivamente y (2) cómo utilizar esos recursos.

De allí que el ejecutivo deba rendir cuentas al congreso sobre al ejecución del presupuesto. Lo mismo hace un administrador de consorcio con los dueños de los departamentos del edificio; y también hace lo mismo el CEO de una empresa frente a sus inversores. Así como el administrador de consorcio no es dueño del edificio y el CEO no es dueño de la empresa, el ejecutivo no es dueño de la cosa pública, sino que es el gobierno de turno que administra la cosa pública. Ser dueño y ser administrador son dos cosas bien distintas. Así como ni el administrador ni el CEO poseen la facultad de elegir cómo utilizar los recursos que pertenecen a terceros, no es rol del poder ejecutivo dirigir la vida de los ciudadanos.

¿Y qué rol juega en todo esto la democracia? La democracia es un método de elección, pero no es en sí una forma de gobierno. Por ejemplo, un grupo de amigos que tiene que decidir que película ir a ver al cine lo puede hacer democráticamente. Una asamblea de accionistas puede elegir por voto que proyectos de inversión llevar a cabo y cuales no. En el caso de un gobierno presidencialista como el de Argentina, se elige mediante el voto tanto a los representantes como al ejecutivo. En un gobierno parlamentarista como el Inglés, se elige por medio del voto a los representantes, quienes luego entre ellos eligen quien va a ser el Primer Ministro. Volviendo a nuestro ejemplo, en el caso presidencialista todos los dueños eligen a los representantes por un lado y al adminsitrador de consorcio por el otro. En el caso parlamentarista todos los dueños eligen a los representantes, uno de los cuáles será el encagado de administrar el edificio.

Si los límites impuestos por una república se respetan, entonces es claro que la cantidad de votos recibidos no es una medida de qué tan holgados van a ser los límites del poder, sino que es un reflejo de la confianza recibida el día de la elección. El presidente que gana en primera vuelta con 54% de los votos no tiene más facultades ni más poder que aquel que gana con el 50%. Los legisladores son representantes de los ciudadanos y las provincias, no son representantes del ejecutivo en el congreso, por lo que su rol de contrapeso del ejecutivo debiera ser indistinto de los votos que recibió el presidente. Este es, quizás, el mayor desliz que parece sufrir la mayoría de la clase política. El olvido de estos roles y límites no es menor, es lo que hace que el rostro de una nación se desfigure en una democracia ilimitada y la república pase a ser el maquillaje que intenta tapar el verdadero rostro de un gobierno que se vuelve autoritario.

Tampoco es necesariamente correcto exigir al congreso que sesione todos los días. El congreso eficiente no es aquel que legisla las 24hs intentando batir records de leyes y resoluciones tratadas y aprobadas. Sino aquel que se reúne las veces necesarias y legisla lo menos posible, idealmente eliminando regulaciones innecesarias en lugar de intentar taparlas con nuevos parches. ¿Que opinión merecería un consorcio que se debe juntar todos los días intentando constantemente emitir nuevas regulaciones en lugar de hacerlo unas pocas veces al año para monitorear la situación y sólo requiera pequeños retoques en la adminsitración del edificio? Legislar bien no es sinónimo de legislar mucho.

¿Que rol le compete, entonces, a la justicia? En primer lugar, de haber un desacuerdo entre dos propietarios, es un tercero imparcial quien cumple el rol de juez (por ejemplo, algún dueño que viva en otro piso). Posiblemente recaiga en el ejecutivo la obligación de hacer cumplir el fallo. Por otra parte, la justicia evita que se el voto se utilizado como medio para “institucionalizar” injusticias sobre las minorías. La justicia no protege a las minorías menos que a las mayorías. La justicia evita que la mayoría legisle expropiar a la minoría. El 54% de los votos no da derecho a pasar por alto los derechos del otro 46%, que no posee menos derechos ni es menos ciudadano.

El tema institucional, a pesar de ser un tanto abstracto, no es menor y dista de ser una curiosidad intelectual. Sus efectos son bien reales, aunque no siempre sean evidentes. Supongamos que se encuentra con dos embajadores de dos edificios. Estos embajadores representan a dos comunidades que hablan el mismo idioma, tienen la misma historia y cultura, incluso hasta comparten su ascendencia. Estos embajadores intentan convencerlo de que invierta los ahorros del fruto de su trabajo, de lo cual también depende su jubilación, en sus respectivos edificios. Uno de los embajadores representa al Edificio Corea del Norte, el otro al Edificio Corea del Sur. ¿En qué edificio preferiría vivir y confiar su futuro? Toda decisión de inversión se ve afectada por el marco institucional, y si bien sus efectos pueden no ser inmediatos, no por ello son menos reales ni menos importantes.

¿Que mensaje se envía al mundo, y a los propios ciudadanos, cuando al expropiar una de las empresas más grandes del país, la oposición ni siquiera es capaz de oponerse dada la inconstitucionalidad de la medida? ¿Acaso el fin justifica los medios? En ese caso… ¿qué diferencia al Kirchnerismo del resto de los partidos políticos? El largo plazo de una nación depende en gran medida de sus instituciones.

Una última aclaración, pero no por ellos menos importante. El problema no es solamente tener instituciones que funcionan y permitan el desarrollo de un país. Sino tener las instituciones correctas y que además funcionen. De nada sirve tener las instituciones correctas si las mismas no son respetadas. Tampoco sirve tener instituciones fuertes que atentan contra el desarrollo. Ni Corea del Norte ni Cuba están flojas de instituciones, el problema es que sus instituciones no permiten el desarrollo de sus pueblos.

 Nicolás Cachanosky es Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE), y Doctorando en Economía, (Suffolk University). Es profesor universitario.

 

El invento de la conspiración para no hacerse cargo:

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 3/7/12 en http://www.economiaparatodos.com.ar/ver_nota.php?nota=3656

Recurriendo a las típicas frases hechas y vacías, la semana pasada y en el marco de la Cumbre Social del Mercosur realizada en Mendoza, el canciller Héctor Timerman afirmó que los grupos concentrados de poder y los medios están conspirando contra Cristina Fernández de Kirchner. También habló de oscuros intereses sectoriales. Según Timerman, todos ellos se ven afectados por el modelo nacional y popular, por lo que quieren voltear a la Presidente.

Hablar de “oscuros intereses sectoriales” y “grupos concentrados de poder” es no decir nada en concreto. Puro verso para tratar de sacarse de encima la responsabilidad que le cabe al Gobierno por los desastres económicos que viene generando. Puesto de otra manera, el problema que tiene el Gobierno esta vez es que, a diferencia de otras oportunidades, son ellos mismos quienes armaron el desastre y sin ellos quienes tienen que hacerse cargo de los costos de arreglarlos. En su ambición por acumular poder, heredaron sus propios desastres y ahora tienen que, al más puro estilo autocrático, buscar enemigos imaginarios para tratar de justificarse ante la sociedad por los conflictos económicos que comienzan a aparecer, todos juntos como si fueran un tsunami.

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El cierre del frigorífico Carnes Pampeanas (en realidad todo el sector frigorífico está en crisis por las políticas de Guillermo Moreno, el secretario de Comercio Interior), de la empresa Nucete de La Rioja que no puede exportar a Brasil, y las suspensiones en la industria automotriz y en Alpargatas son solo una muestra de muchas empresas grandes, medianas y chicas que están sufriendo los efectos de los groseros errores de política económica de todos estos años. Como el modelo se agotó, ahora buscan culpables imaginarios para no hacerse cargo de las consecuencias de tanto populismo. Que el modelo se agotó significa, en castellano básico, que no hay más plata para financiar el populismo y la fiesta de consumo. Por algo Hugo Moyano, líder de la CGT, dejó de ser aliado para transformarse en opositor y hasta en enemigo en términos K. Que no quieren hacerse cargo implica, también en castellano básico, falta de honestidad intelectual, por no decir un comportamiento bajo.

Tan bajo es el comportamiento del Gobierno que, más allá de la gestión que puede estar haciendo Daniel Scioli como gobernador en la provincia de Buenos Aires, Cristina Fernández de Kirchner dijo que las provincias tenían que aprender a administrar como “administra esta Presidenta”. Siempre autorreferencial, se puso como ejemplo, como si lo suyo fuera un ejemplo de buena administración.

La realidad es que esta Presidente (y no presidenta) se financia vaciando al BCRA, con emisión monetaria y confiscando activos como fueron nuestros ahorros en las AFJP, por no volver a citar el caso de la destrucción del sistema energético, ganadero y lácteo. Eso no es administrar, eso es financiar el populismo más barato y, además, son mecanismos que las provincias no pueden usar.

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Volviendo al tema de la inventada conspiración, lo que tenemos es a una población cada vez más preocupada por la situación económica por culpa del famoso modelo Nac@Pop.

¿Por qué la gente se queda desocupada en empresas que no pueden exportar? Porque Moreno, al ponerle trabas arbitrarias a las importaciones recibió represalias de los países afectados. Por eso es una ironía que Cristina Fernández de Kirchner haya dicho que este modelo cierra la economía para defender el trabajo nacional. Que le vaya a preguntar a los operarios de la industria automotriz, de las papas congeladas, de las aceitunas y de los frigoríficos, si el modelo Nac@Pop les defiende las fuentes de trabajo con las medidas de Moreno.

Pero más irónica resultó la afirmación de Cristina Fernández de Kirchner cuando dijo que había que exportar carne de cerdo. ¡No podemos cumplir con la cuota Hilton, rubro en el que seríamos competitivos, y quiere exportar carne de cerdo!

La inflación que genera el Banco Central con su emisión desmesurada es la causante de los problemas de caída del salario real y, encima, el aumento del impuesto a las ganancias al no actualizarse el mínimo no imponible. El descontento de la gente es fogoneado por el mismo Gobierno y no por supuestos grupos concentrados, intereses oscuros y demás inventos del canciller.

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La caída del tipo de cambio real es consecuencia de haber tenido clavado el tipo de cambio durante años con una inflación galopante que, ahora, le pega en el sector externo achicándole el saldo de balance comercial. La solución genial de Moreno, con el visto bueno de Cristina Fernández de Kirchner, fue frenar las importaciones, profundizando la recesión, frenando más la actividad industrial y abriendo frentes de conflicto en todo el mundo con nuestros socios comerciales (Brasil, Uruguay, EE.UU., toda la Unión Europea, entre otros).

La locura de los proyectos de pesificación y la existencia de un dólar virtual oficial al que nadie puede acceder, paralizó la actividad inmobiliaria y frenó la construcción, dejando gente en la calle.

El gasto público récord, en nivel e ineficiencia, obligan al Gobierno a llevar a cabo un ajuste que consiste en aumentos de salarios menores a la inflación real y el pago de más impuesto a las ganancias.

Este Gobierno, que tanto critica a Cavallo, está haciendo lo mismo que hizo el ex ministro de economía en 2001 cuando ya no había caja. Al menos Cavallo fue más honesto y bajó en términos nominales los salarios para reducir el gasto. Esta gente baja los salarios licuándolos con la inflación y aumentando la presión del impuesto a las ganancias.

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Mientras tanto, como la Nación no puede financiarse a sí misma, deja a las provincias libradas a su suerte y, como medida precautoria, ya anunció que retira a la Gendarmería de las provincias para que cada una se haga cargo del orden público. ¿Qué hay detrás de esta jugada? El Gobierno sabe que el país es un polvorín por el acelerado deterioro económico, por lo tanto, ante un posible desborde social en las calles tampoco quiere hacerse cargo y asumir el costo político de controlar el eventual desorden en las calles. Que los gobernadores se arreglen. Esa es la forma en que les paga a todos los besa manos que durante todos estos años fueron clapers en sus discursos desde el atril.

En síntesis, la destrucción económica que ha generado el Gobierno con su modelo económico, que está totalmente agotado, está produciendo ese malestar social al que hacía mención anteriormente. El Gobierno sabe que hay creciente malestar y sabe que puede haber conflictos sociales, porque está fumando en la destilería. Como no quiere hacerse cargo del problema que ellos generaron y decir que toda la fiesta de consumo de todos estos años fue una mentira basada en artificios, ahora pretende inventar culpables hablando de grupos concentrados, intereses oscuros y demás sandeces con intensiones destituyentes. Es decir, una expresión tan vaga e imprecisa que, llegado el momento, cualquiera puede ser señalado como conspirador y sufrir las consecuencias de un gobierno autoritario.

Que quede claro, acá no hay ninguna conspiración. Lo que hay es un Gobierno que no quiere hacerse cargo de pagar el costo político de haber lanzado al país al populismo más exacerbado.

 Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA)y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.