Un liberalismo

Por Armando P. Ribas. Publicado el 11/7/12 en http://www.libertadyprogresonline.org/2012/07/11/un-liberalismo/

En un reciente artículo Álvaro Delgado-Gal se refirió a la existencia de dos liberalismos. El uno político y el otro económico. Me voy a permitir discrepar con tal ambivalencia. El liberalismo surge del pensamiento de John Locke, tal como lo expresa fundamentalmente en sus dos Tratados Sobre el Gobierno Civil y en La Carta Sobre la Tolerancia. Allí manifiesta expresamente su oposición al derecho divino de los reyes y al respecto dice: “Como si todos los hombres abandonando el estado de Naturaleza, entren en la sociedad, ellos acuerden que todos ellos excepto uno debe estar bajo las restricciones de la ley; pero que deba todavía retener toda la libertad del estado de naturaleza, incrementado con poder, y hacerlo licencioso por impunidad. Esto es como pensar que los hombres son tan tontos que tienen cuidado de evitar las travesuras que pueden ser hechas por las mofetas y los zorros, pero están, más bien, piensan que es seguro, el ser devorado por leones”.

Y tomando en cuenta la naturaleza humana y refiriéndose a los monarcas dijo: “Pero yo deseo que aquellos que hacen esta objeción recuerden que los monarcas absolutos no son más que hombres”. Consecuentemente estableció los límites al poder político reduciendo las prerrogativas del rey y separando los poderes del estado. Por supuesto en contra del pensamiento de Rousseau estableció los derechos individuales incluyendo el derecho a la búsqueda de la felicidad y así como el derecho de propiedad. A partir de este reconocimiento el autor considera que frente al liberalismo político se encuentra el liberalismo económico generado por David Hume y Adam Smith.

Es cierto que concurren diferencias entre Locke y Hume pero ellas no surgen de manifestarse en dos campos distintos que supuestamente serían el político y el económico. En tanto que para Locke los derechos individuales son naturales, para Hume son el resultado del aprendizaje de la historia sobre la naturaleza humana. Por ello considero que el mayor aporte de Hume al concepto liberal es su análisis sobre la naturaleza humana para determinar el origen mismo de la justicia. Así llega a la conclusión de que “la naturaleza humana es inmutable, por tanto si queremos cambiar los comportamientos debemos cambiar las circunstancias”. Y seguidamente sostiene: “Si los hombres fueran generosos y la naturaleza pródiga, la justicia no tendría razón de ser”. Es decir sería posible la anarquía.

Por otra parte no es cierto que Hume proponga un gobierno absoluto, con tal que se atuviese a la ley. Lo que Hume está proponiendo al respecto es precisamente evitar la tiranía que puede surgir del reconocimiento del origen popular de los gobiernos. En ese sentido dice: “Pero si en lugar de protección y seguridad, se encuentran con la tiranía y la opresión, ellos (los pueblos) están liberados de sus promesas”. O sea Hume está opuesto al derecho divino de los pueblos que no es más que la demagogia impuesta desde el socialismo. Y es en este aspecto donde podemos encontrar alguna contradicción en el planteo de Locke.

Entonces no es que existen dos liberalismos, uno político y otro económico. Los principios en que Hume basa la estabilidad que son: “La seguridad en la propiedad, la transferencia por consenso y el cumplimiento de las promesas”, son éticos, políticos y jurídicos. Lo económico es la consecuencia de la aplicación de los mismos. En ese sentido de la defensa de la propiedad privada coincide plenamente con Locke. Pero pasando entonces a la supuesta economía de Adam Smith, debo rescatar igualmente un principio ético fundamental del liberalismo que es la conocida mano invisible y que la describió en la siguiente forma: “Persiguiendo su propio interés, frecuentemente promueve el de la sociedad mas efectivamente, que cuando el intenta promoverla. Yo no he visto mucho bien hecho por aquellos que pretenden actuar por el bien público”.

En la frase anterior encontramos un principio ético fundamental, y que por supuesto trasciende al plano político. En el mismo encontramos la justificación del derecho a la búsqueda de la propia felicidad, que como tal fuera igualmente reconocido por Locke y aplicado por los Founding Fathers, a quienes considero los instauradores iniciales del sistema liberal, al que denominaron the Rule of Law. Ese principio es fundamental en el ejercicio de la libertad. El mismo implica el reconocimiento jurídico de la eticidad de los intereses privados que no son contrarios al interés general. Cuando por el contrario se supone que el estado representa al interés general, tenemos de nuevo la voluntad general y el gobierno se constituye en el poder absoluto, tal como lo propuso Hegel. Como se recordará para Hegel el estado era la expresión de la ética, frente a la concupiscencia de las corporaciones. Principio fundamental del totalitarismo que nos regaló la Europa Continental., como reconociera recientemente Jean Francois Revel.

El liberalismo pues es un sistema ético, político y jurídico, en el cual el proceso económico es un resultado del ejercicio de los derechos reconocidos y respetados. Ese fue el sistema que se iniciara en Inglaterra con la Revolución Gloriosa en 1688 cuando se reconocieron los derechos tal como los había planteado Locke. Como antes dijimos ese sistema fue llevado a sus últimas consecuencias por los Founding Fathers. Fue pues en Estados Unidos donde se adicionó el principio del rol fundamental del departamento de Justicia y la Corte Suprema, para hacer que se cumplan los predicados constitucionales: Judicial Review (Revisión Judicial).

Es indudable que Madison estaba influenciado por el pensamiento de David Hume, cuando escribiera la Carta 51 de El Federalista. Allí escribió: “Si los hombres fueran ángeles no sería necesario el gobierno; si fueran a ser gobernados por ángeles ningún control externo ni interno sobre el gobierno sería necesario. Al organizar un gobierno, que es una administración de hombres sobre hombres, la gran dificultad yace en esto. Primero se debe capacitar al gobierno para controlar a los gobernados, y en segundo lugar obligarlo a controlarse a si mismo”. Las anteriores palabras reflejan una paráfrasis del pensamiento de Hume citado anteriormente. En la misma se registra un concepto fundamental de reconocer la naturaleza humana y al mismo tiempo la admisión de que el gobierno no es la entelequia de los ‘universales’ en el sentido de la voluntad general y su consecuencia el Estado. Por la misma razón seguidamente reconoce que las mayorías no tienen el derecho de violar los derechos de las minorías.

Perdón pero confundir el pensamiento de Hume con el utilitarismo de Bentham y de Rawls es un pecado original que impide comprender la naturaleza ética de liberalismo. El utilitarismo per se es la negación del derecho del hombre a la búsqueda de la propia felicidad, y su consecuencia es el supuesto derecho a que se la provea el estado. Y en esa trampa ha caído el artículo 25 de La Declaración Universal de los Derechos Humanos y ahí tenemos el resultado: la crisis europea a través del estado de bienestar y el populismo en América Latina. Lamentablemente el confundir el sistema liberal con el concepto tergiversado de la derecha, le ha permitido a la izquierda apropiarse de la ética acorde con la pretensión de la igualdad económica, cuyo resultado es la desigualdad política que significa el poder absoluto y por supuesto el riesgo de perder la libertad, cuya consecuencia es la pobreza.

En ese sentido es asimismo lamentable que la supuesta civilización occidental no haya tomado conciencia de que la filosofía ética y política de Kant, como complemento de Rousseau, es a su vez el sustento de Hegel. Al respecto puedo decir que en esa carencia ha caído la Escuela Austríaca que en general ha ignorado y confundido el pensamiento kantiano, y a la vez ha intentado mantener la defensa de la libertad en términos de la economía de mercado, y no su sustento ético político. A mi juicio en la filosofía kantiana se encuentran los presupuestos liminares del totalitarismo al desconocer el derecho a la felicidad, por ser un acto deshonesto pues no se hace por deber. De hecho esa descalificación del comercio implica que la alternativa es la guerra. Tanto así que Hegel la consideró el momento ético de la sociedad.

Igualmente Kant siguiendo a Rousseau y la voluntad general, en su Metafísica de las Costumbres, estableció: “El poder soberano de un estado solo tiene derechos en relación a sus súbditos y no deberes coercibles” Y siguiendo esa tesis: “La constitución no puede tener ningún artículo que pueda hacer posible que para cualquier poder del estado el resistir o controlar al supremo ejecutivo en caso que violase la ley constitucional”. Y no olvidemos que en “Idea Para Una Historia Universal con un Sentido Cosmopolita” sostuvo que la razón estaba en la historia y que el progreso de la misma dependía del antagonismo,

No obstante lo dicho anteriormente debo reconocer que en uno de sus últimos ensayos, La Paz Perpetua, Kant dio marcha atrás a su racionalismo moral y político, y bajo la influencia de Hume, reconocida por el mismo, se atuvo al empirismo racional. Fue así que en dicho ensayo distinguió entre la república como el reino del derecho y la democracia como la justificación del despotismo. Este criterio debe ser considerado en los instantes en que vivimos como presupuesto del liberalismo. Seguidamente descartó la racionalidad de la guerra y rescató la importancia del reconocimiento de la naturaleza humana y así dijo: “Tal tarea no envuelve el mejoramiento moral del hombre; solamente significa encontrar como el mecanismo de la naturaleza puede ser aplicado a los hombres de tal manera que el antagonismo de sus actitudes hostiles los hagan exigir uno a otro a someterse a las leyes coercibles y así producir condiciones de paz dentro de las cuales las leyes puedan ser aplicadas”. Como podemos ver estos pensamiento se contradicen con las citas previas en su Metafísica de la Moral, y pueden ser aplicables a la realidad de hoy.

Por último el autor se refiere a la predicción de Schumpeter sobre el triunfo final del socialismo. Al respecto dice: “Este se equivocó al suponer que el futuro sería socialista”. Lamentablemente considero que la predicción de Schumpeter está hoy presente en el estado de bienestar europeo y el populismo “democrático” latinoamericano. Al mismo tiempo se perciben tendencias en Estados Unidos a violar los principios fundamentales del Rule of Law, en nombre de la igualdad económica. O sea lamentablemente la demagogia bajo la denominación “iluminista” del socialismo está monopolizando la ética en la llamada civilización occidental. Esperemos que recuperemos la noción clara del liberalismo y se de un vuelco en la historia que pueda demostrar que Schumpeter se equivocó.

El Dr. Armando P. Ribas, se graduó en Derecho en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en La Habana. Obtuvo un master en Derecho Comparado en la Southern Methodist University en Dallas, Texas. Es abogado, profesor de Filosofía Política, periodista, escritor e investigador y profesor en ESEADE.

PANEL INTERRELIGIOSO: JUDAÍSMO, CRISTIANISMO E ISLAMISMO

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Seminario organizado por el Instituto Filadelfia/ESEADE y el Museo Judío de Buenos Aires. El viernes 13 de julio de 9 a 12.45 hs.

Disertarán las tres coordinadoras del Programa Constructores de Puentes: Marisa Bergman, judía; María Eugenia Crespo, cristiana; y Nancy Falcón, musulmana.

Día y hora: viernes 13 de julio, de 9 a 12.45 hs. 

Lugar: ESEADE, Uriarte 2472, CABA.

Entrada libre y gratuita. Se ruega confirmar asistencia a filadelfia@eseade.edu.ar

Cristina Kirchner: Psiquis y política

Por Enrique Edmundo Aguilar. Publicado el 4/7/11 en: http://www.elimparcial.es/america/cristina-kirchner-psiquis-y-politica-107159.html

 Quien haya venido escuchando los casi diarios discursos de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner emitidos por cadena nacional y con motivo de cuanta inauguración, acto conmemorativo o anuncio la tenga por exclusiva protagonista (esta semana hasta se permitió presentarnos a “Cristinita”, una muñeca de trapo que la personifica), habrá advertido seguramente una paulatina involución en su tonalidad y su coherencia interna, que los vuelve cada vez más desordenados e irascibles.

En un comienzo, en sus tiempos de senadora nacional y aun en calidad de primera dama, Cristina parecía más calculadora y racional. Siempre segura de sí, nada componedora y renuente al reconocimiento de cualquier error como no sea atribuible a terceros, difícilmente hubiera dado la impresión de fragilidad que hoy ofrece, envuelta en el ropaje de todopoderosa que su investidura, su fortuna personal y la sumisión que provoca entre sus colaboradores la mueven a exhibir.

Es cierto: Cristina humilla en público hasta a sus propios ministros y secretarios; reparte culpas por doquier (trátese del mundo, las corporaciones o el periodismo no oficialista); dicta cátedra sobre una variedad enorme de temas (desde economía o innovación tecnológica hasta decoración de ambientes o propiedades de la carne porcina); relata en detalle sus exitosa misión comercial a Angola, y se regodea a gusto cada vez que puede fotografiarse junto a sus pares del G 8. Sin embargo, por debajo de todo ello, algunos creemos percibir, insisto, una imagen de debilidad: la de una mujer superada por los acontecimientos, que aparenta dominar, cuando todo induce a pensar que, en realidad, se le han ido de las manos.
Como todavía quedan tres años y medio de su mandato, lo mejor que podría pasarnos es que el diagnóstico que acabo de sugerir sea en un todo equivocado. Cuando menos, sería deseable que no fuera compartido a estas horas por un creciente número de argentinos.

 Enrique Edmundo Aguilar es Doctor en Ciencias Políticas. Decano de la Facultad de Ciencias Sociales, Políticas y de la Comunicación de la UCA y Director, en esta misma casa de estudios, del Doctorado en Ciencias Políticas. Profesor titular de teoría política en UCA, UCEMA, Universidad Austral y FLACSO,  es profesor de ESEADE y miembro del consejo editorial y de referato de su revista RIIM.

 

La verdadera patria y la de los políticos

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 11/7/12 en: http://www.hoybolivia.com/Blog.php?IdBlog=38224&tit=la_verdadera_patria_y_la_de_los_politicos#.T_68Z3pGxKE.facebook

 Patria es “la tierra de los padres”, que merece un amor natural de los hombres y mujeres bien nacidos. Pero para los políticos es una suerte de gueto, para su servidumbre, con fronteras impuestas y defendidas con violencia, con fanatismos “patrióticos”, al mejor estilo barrabrava, e intereses creados a partir de esta servidumbre impuesta a los ciudadanos. Con ridículas aduanas y pasaportes que solo sirven para violar “legalmente” los derechos humanos más básicos.

La disolución de Estados como la URSS, Yugoslavia y otros, la creación de nuevos países, y nuevas fronteras son las principales causas por las cuales unas 12 millones de personas son “apátridas”, no tienen ciudadanía debido a trabas burocráticas. Un clásico han sido los gitanos europeos perseguidos por décadas; hoy existen grupos como los camboyanos que no pueden regresar luego del exilio en Vietnam, los miles de bidoun que se fueron desde Kuwait a Irak o los musulmanes en el norte de Myanmar, que ahora viven refugiados en Bangladesh.

Como “legalmente” no son ciudadanos de ningún país, con frecuencia no tienen derechos básicos, como atención médica, un empleo calificado, entrar y salir del territorio o inscribir a sus hijos en las escuelas y, en algunos casos, llegan a sufrir largos períodos de arresto porque no pueden “probar” quiénes son ni de dónde vienen. Resulta que, para estos políticos, los derechos humanos son solo para aquellos a quienes consideran merecedores, para sus “compatriotas”, el resto no son personas.

Algunos dirigentes argumentan que no dejan entrar a los inmigrantes porque ya hay bastante desocupación en sus países. Pero la falta de trabajo no es natural, ¿cómo puede serlo en un mundo en donde hay tanto por hacer?, tantas viviendas, escuelas, hospitales, rutas, etc. Si existe desempleo es porque alguien lo está impidiendo por la fuerza, y quién sino los Estados, que son los que tienen el monopolio de la violencia (siempre destructiva). Por caso, las leyes de salario mínimo prohíben trabajar a quienes ganarían menos.

Pero las condiciones que imponen los Estados en algunos países hacen que valga la pena, incluso, arriesgar la vida para entrar a otro país como ilegal. Desde el pasado mes de enero, 1.300 inmigrantes sin documentación consiguieron cruzar el Mediterráneo desde las costas de Libia y llegar a Italia. Muchos –jamás se sabrá cuántos— mueren durante la travesía. El último caso es el de una barcaza con 55 inmigrantes que, a finales de junio, partió de Libia rumbo a Italia. El único superviviente fue avistado por la noche por unos pescadores tunecinos. Y, para peor, existe la sospecha de que, con frecuencia, sus llamadas de auxilio no son respondidas.

Estas fronteras cerradas provocan que surjan grupos delictivos que trafican personas, como los contrabandistas o los traficantes de drogas y tantos criminales surgidos a partir de las violentas prohibiciones impuestas por los gobiernos. El cura protector de los inmigrantes “ilegales” (según los políticos) que viajan por México hacia EE.UU., Alejandro Solalinde, se auto exilió por las amenazas de muerte de los traficantes y, cuando regresó, comprobó que las investigaciones oficiales no habían avanzado. Ahora encontrará una situación agravada por el descarrilamiento, a mediados de junio, del tren que usan los “ilegales”, conocido como La Bestia, con unos 3.500 indocumentados varados en Veracruz.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

 

¿Y si cambiamos la dirección de la coparticipación?

Por Adrián Ravier. Publicado el 30/6/12 en http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/

La provincia de Buenos Aires vuelve a plantear dificultades fiscales y las miradas vuelven a estar sobre el Estado Nacional. ¿Por qué ocurre esto? Porque la coparticipación federal de impuestos ofrece unos incentivos perversos, al concentrar el gobierno nacional la recaudación, y los gobiernos provinciales gran parte del gasto. Scioli declaró que recibió menos fondos de lo esperado, y entonces trasladó la responsabilidad sobre el gobierno nacional.

El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner plantea entonces que mirará con lupa los gastos de la provincia de Buenos Aires, lo cual abre un debate central acerca de la autonomía de las provincias.

Analistas políticos han explicado que no ha habido otro gobierno antes del kichnerismo que controle y concentre mayor poder. Y aquí aparece el gran problema: ¿cómo descentralizamos el poder? La respuesta la ofrece Martín Krause en extenso aquí.

Lo que intento plantear en este post es algo ya conocido en la literatura, pero que en la Argentina -salvo en grupos muy pequeños de personas- prácticamente no se discute. Se trata de cambiar la dirección de la coparticipación. En lugar de que la Nación recaude los impuestos y coparticipe a las provincias, la alternativa sería que recauden las provincias y éstas coparticipen a la Nación.

Alguna vez se le consultó a gobernadores por qué no exigían esto, para así recuperar la autonomía, pero la respuesta fue casi unánime. Bajo la coparticipación, casi todas las provincias reciben más dinero, que si recaudaran por sí mismas. Es que este sistema viene acompañado por una redistribución de ingresos en favor del interior del país. La Ciudad Autónoma de Buenos Aires y fundamentalmente la Provincia de Buenos Aires pierden con la coparticipación, pero el resto de las provincias ganan! El problema es que Buenos Aires justamente concentra la mitad de los pobres que tiene el país. ¿es justa entonces esta transferencia?

Me interesa abrir una discusión con los lectores acerca de lo conveniente o justo de esas transferencias, y sobre los pros y contras de cambiar la dirección de la coparticipación. Se abre la discusión.

 Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

 

Volver a Keynes. Fundamentos de la Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero

Por Carlos Rodríguez Braun. Publicado el 6/7/12 en: http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/31328/Volver_a_Keynes_Fundamentos_de_la_Teoria_general_de_la_ocupacion_el_interes_y_el_dinero 

Si lo que quería demostrar Kicillof es que Keynes era un enemigo de la libertad, no era necesario escribir medio millar de páginas petulantes para ello.

A España habían llegado noticias o comentarios sobre Axel Kicillof por su labor política, por haber sido subgerente de Aerolíneas Argentinas, la compañía aérea más deficitaria de América Latina, por integrar el importante y privilegiado grupo de poder denominado La Cámpora, ligado al hijo de los señores Kirchner, por haber apoyado la usurpación de los fondos de pensiones privados de la Argentina, por haber sido uno de los padres intelectuales de la confiscación de las acciones españolas de YPF y autor de esta frase, pronunciada nada menos que en el Congreso: “el concepto de seguridad jurídica es horrible”; y en general por su complicidad y protagonismo en la intervencionista, sectaria, y onerosa gestión con la que la dinastía Kirchner ha dañado al pueblo argentino.

Ahora sabemos también que es autor de este libro, que defiende a Keynes explícitamente y reivindica a Marx implícitamente. Las consignas más típicas del marxismo aparecen desde el principio, pero no se le atribuyen. Es Keynes el que se dedica a “desentrañar el carácter histórico de las doctrinas económicas…existe una relación directa entre cada periodo histórico y la teoría económica dominante… La teoría económica debe siempre reflejar con fidelidad los procesos sociales de su tiempo” (pp. 43, 55, 56). Su torpe historicismo encaja con distorsiones habituales, como que el lema del liberalismo es el “egoísmo individual”, tiene “escaso contenido científico”, y no es apoyado porque la gente aprecie la libertad sino por favorecer “los intereses de la fuerza social dominante” (p. 69).

Finalmente, quien acaba con el liberalismo no es el Estado sino “la historia” (p. 100), mientras que el Estado adquiere protagonismo “de manera espontánea” (p. 95), y el patrón oro, que fue liquidado por los estados, murió “de muerte natural” (p. 105). Eso sí, el mercado es ciego (pp. 96, 255, 273, 405, 409). Sobran otros errores y confusiones en ámbitos técnicos de teoría económica, y también el relativismo y la arrogante demonización de las ideas no intervencionistas, que no son solo erradas sino reaccionarias, inconfesables, etc. Pero es increíble que un historiador del pensamiento económico sugiera que no hubo teorías del paro, ni de los sindicatos, ni de los efectos expansivos del gasto, anteriores a Keynes, o que prevaleció el liberalismo a ultranza en el siglo XIX, o que antes de Keynes todo el mundo daba por sentado el pleno empleo como axioma, o que J.S.Mill se adhirió abiertamente a la ley de Say. Nada de esto puede sostenerse con el aval de los textos originales y la historiografía.

Finalmente, en la página 424, Kicillof llega a esta conclusión: “Para Keynes, el trabajo, ayudado por el estado de la técnica y operando en cierto ambiente natural, es la única fuente de nuevo valor”. Esto, independientemente de que es un clamoroso disparate, es en un punto indudable: se trata del eje de la teoría de Marx, es la base de su noción de la explotación del obrero por el capitalista, teoría que sus seguidores intentaron defender a capa y espada ante sus flagrantes deficiencias y contradicciones. Asombrosamente, es algo que Keynes no reconoció ¡y tampoco reconoce el propio Kicillof! ¿Cómo dejar de mencionar algo tan trascendental? Kicillof lo suelta, y habla de Ricardo, que precisamente no tenía, al revés de Marx, una teoría del valor-trabajo al 100 % (parafraseando a Stigler). Caben tres hipótesis, a cual más inquietante: o el autor no sabía que esa es la teoría de Marx, o no le pareció importante señalar la identificación, o bien prefirió no aclararla.

Ahora bien, si lo que quería demostrar Kicillof es que Keynes era un enemigo de la libertad, no era necesario escribir medio millar de páginas petulantes para ello. Eso es sabido, no solo por los análisis de los economistas e historiadores sino porque el propio Keynes se ocupó de subrayarlo una y otra vez, aunque quizá nunca como en el prólogo a la edición alemana de la Teoría General de 1937, del que Kicillof evita citar estas líneas: “La teoría del producto como un todo, que es lo que el presente libro procura plantear, se adapta con mucha más facilidad a las condiciones de un estado totalitario que… a las condiciones de libre competencia y un amplio grado de laissez-faire”.

El Dr. Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

 

CFK confesó que le pide información a la AFIP sobre los que piensan diferente

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 11/7/12 en: http://www.economiaparatodos.com.ar/ver_nota.php?nota=3695

Durante el último discurso en cadena hasta redactar estas líneas, CFK dijo que un empresario inmobiliario, que se había quejado por la falta de actividad, no tenía declaraciones juradas desde 1997. Previamente había aclarado que lo había llamado a Echegaray para pedirle información tributaria sobre este señor.
En primer lugar, CFK viola el secreto fiscal. En segundo lugar quedó transparentado que la AFIP parece actuar más como una KGB que como una agencia de recaudación.
En tercer lugar, antes de reclamar que la gente pague impuestos, el gobierno debería dar información precisa y bien transparente sobre en qué está gastando el fruto de nuestro trabajo.  
En cuarto lugar, pagamos impuestos para que el Estado, con el monopolio de la fuerza que le delegamos, defienda nuestro derecho a la vida, la propiedad y la libertad y resulta que por la inseguridad los delincuentes nos mata como perros. Además, la propiedad es violada cuando no se le permite a la gente disponer libremente del fruto de su trabajo, como, por ejemplo, comprar dólares, vender, comprar, etc. todos actos que están consagrados en nuestra constitución. Y, en tercer lugar, resulta que ahora, CFK vino a confesar que le pide información a la AFIP sobre las declaraciones públicas de aquellos que no están conformes con su gobierno, con lo cual el monopolio de la fuerza es usado para violar el derecho a la libertad.
Al decir que había pedido información a la AFIP sobre el empresario inmobiliario me recordó a aquel dicho: “el pez por la boca muere”.

 Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA)y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

 

Falsas recetas frente a la crisis

Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 2/7/12 en Ámbito Financiero.

En Estados Unidos el gasto del gobierno central se ha duplicado en términos reales durante la última década, de cada dólar 43 centavos es deuda (que hoy representa el 95% del PBI y que se ha monetizado en grado superlativo), el déficit significa el 13% del producto, las regulaciones asfixiantes ocupan 75.000 páginas y el quebrado sistema de pensiones carcome una parte tal de los ingresos gubernamentales que proyectados al 2017 se consume todos los tributos federales. En Europa la situación no es muy diferente, región que también adopta un sistema bancario insolvente a través de las reservas fraccionarias manipuladas por la banca central.

En ambos lados del Atlántico los “indignados” piden más de lo mismo frente a un debate inaudito: los que piden más ajuste a los contribuyentes y los que proponen gastar más de los recursos de la gente. Los dos lados de la discusión no parecen percatarse que las los platos rotos recaen sobre el fruto del trabajo de quienes no tienen poder de lobby ya que ningún gobernante ni miembro de los organismos burocráticos internacionales ofrecen financiar de su propio peculio.

Frente a este cuadro de situación, los hay quienes todavía tienen la osadía de sostener que estaríamos frente a “la crisis del capitalismo” cuando en verdad van quedando muy pocos vestigios de aquel sistema que se basa en el respeto a los derechos de propiedad y en severas limitaciones al Leviatán.

En este contexto es de interés subrayar la falacia de mantener que los aparatos estatales deben incrementar el gasto en momentos de crisis como “mediadas contracíclicas”, sin percibir que, como ha puesto de manifiesto el premio Nobel en economía Friedrich Hayek, el origen de las crisis debe verse en las intervenciones irresponsables de los gobiernos y, por tanto, no pueden resolverse intensificando las recetas que provocaron el mal. Esas denominadas políticas anticíclicas inexorablemente se traducen en una succión de factores productivos del sector privado que hubiera asignado recursos en direcciones distintas de las realizadas por los gobiernos, con lo que se desperdicia capital que, a su vez, disminuye salarios e ingresos en términos reales puesto que éstos dependen de las tasas de capitalización.

Incluso si hay privados que guardan dinero bajo el colchón, esto significa que esa inversión en efectivo traslada poder adquisitivo a otros ya que la cantidad de moneda en relación a los bienes disponibles será menor y, por ende, los precios tenderán a bajar. La única manera de progresar desde el punto de vista crematístico es ahorrar, es decir, abstenerse de consumo presente al efecto de invertir lo cual incrementa la productividad que permite niveles de vida mejores que, en última instancia, abren las puertas a consumos más suculentos. No se trata de poner el carro delante de los caballos alentando artificialmente gastos de consumo. No se puede consumir lo que no se produjo y para tal fin es indispensable ahorrar, cosa que fue comprendida desde Robinson Crusoe en adelante sin necesidad de ser un experto en economía. Ningún país se hace rico consumiendo mucho, los ritmos crecientes de consumo son consecuencia de ahorros previos.

Posiblemente una de las políticas más inmorales de nuestro tiempo consistan en los “salvatajes” a empresarios ineptos con el fruto del trabajo que quienes fueron prudentes e hicieron bien los deberes. Socializar las pérdidas es una de las manifestaciones más grotescas e infames de cuanto ocurre ya que debilita a los que más necesitan, quienes, simultáneamente, son  expulsados del mercado laboral debido a legislaciones mal paridas. Son a todas luces indefendibles los amigos del poder que hacen negocios en los despachos oficiales explotando miserablemente los consumidores.

Cierro esta nota periodística con dos pensamientos que ilustran los desvíos que producen los planificadores y el valor de las autonomías individuales. El primero pertenece a Mafalda: “La vida es como un río, lástima que hayan tantos ingenieros hidráulicos”, y el segundo es de Tocqueville en su obra sobre el antiguo régimen y la Revolución Francesa en donde afirma que “De hecho, aquellos que valoran la libertad por los beneficios materiales que ofrece nunca la han mantenido por mucho tiempo […] El hombre que le pide a la libertad más que ella misma, ha nacido para ser esclavo”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía, Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.

 

El remedio K es romper el termómetro

Por Aldo Abram. Publicado el 1/7/12 en:

Algunos funcionarios minimizaron el alza del tipo de cambio “paralelo” por su poca operatoria relativa. Es como si uno mirara el termómetro con el que acaba de medir la temperatura del paciente y, como marca 40 grados, lo rompe; porque ¿a quién le importa un pequeño termómetro?

No es la primera vez que el kirchnerismo decide que el mejor remedio es romper el termómetro. A partir de 2007, lo hizo con el Indec y, desde entonces, la inflación es de un dígito; la pobreza y la indigencia están en los niveles de los países desarrollados y, en 2011, crecimos a “tasas chinas”. Sería mejor que el gobierno comprendiera que el problema no es el termómetro, que señala la elevada temperatura que tiene el paciente. Al ignorar ese indicador, corremos serios riesgos de que el enfermo se agrave por no recetarle los “remedios” adecuados.

Es un error diagnosticar una “fiebre del dólar” y recomendar la “desdolarización” como solución. En realidad, no es que los argentinos se hayan vuelto locos por tener “billetitos verdes”, porque es el color de moda. Lo que sucede es que residentes y extranjeros están huyendo de los pesos y de todo lo que tenga riesgo argentino, para lo cual demandan activos externos.

Entonces, el remedio es recuperar la confianza en el peso y en el futuro del país. Sin embargo, todas las restricciones y controles a la compra de divisas, todas las medidas tendientes a obligar a los argentinos a demandar moneda local, lo único que generan son más incertidumbre y temor. Se interpreta que el Gobierno no está dispuesto a hacer nada para que los atesoremos voluntariamente.

Hasta el tercer trimestre de 2011, nadie hubiera dudado de la capacidad del Banco Central (BCRA) de ejercer cierto manejo del mercado cambiario. Pero el corralito cambiario dejó claro que esa facultad se perdió. No es casualidad. Si bien el Gobierno ya financiaba su gasto con recursos del Central, durante 2010 y 2011, hizo abuso de esa posibilidad, quitándole solvencia y, por ende, capacidad de moderar la suba del valor local del dólar. Para recuperarla, solamente había que acotar el despilfarro motivado por los comicios y bajar la presión para emitir pesos.

Sin embargo, la respuesta fue reformar la Carta Orgánica del BCRA para eliminar o flexibilizar las restricciones vigentes para financiar al Gobierno. Queda claro, entonces, que el objetivo será hacer mayor uso, aún, del impuesto inflacionario para permitir que el gasto público siga creciendo en exceso. Para lograrlo es necesario forzar al máximo a los argentinos a atesorar pesos, que es la base imponible de dicho tributo. Conclusión: hay que olvidarse de que los controles cambiarios se vayan a revertir mientras esta estrategia persista.

Así es como el BCRA excluyó del mercado oficial a la mayor parte de los compradores particulares y empresas para comprar reservas a un precio más barato, con emisión. Estas divisas se transfieren al Gobierno, lo mismo que una gran cantidad en moneda nacional. Como la gente no demanda tantos pesos y, mucho menos, sabiendo que no pueden cambiarse libremente por otras divisas, el resultado es una caída en su valor. En una palabra, no es que el “dólar libre” sube, es que el peso baja y seguirá siempre que la medida que la actual política continúe. Sin embargo, como el BCRA querrá acotar lo que paga por las reservas, el resultado será una brecha creciente con la cotización oficial, además de una creciente inflación.

Historia repetida

En los últimos 60 años, la Argentina implementó controles cambiarios más de una decena de veces y todas terminaron mal. No es raro que los argentinos dejemos de consumir y de invertir. Para colmo, los exportadores perdieron competitividad como consecuencia de las trabas a las importaciones que los obligan a mantener mayores stocks de los necesarios y/o comprar insumos locales de peor calidad y mayor precio.

Además, por el control de cambios, cobran por las divisas que traen un menor valor del que justifica la depreciación del peso; lo que se transforma en una retención sobre sus ingresos. No es que el “mundo se nos cae encima”, sino que las erradas políticas oficiales aplastan la producción al bajar la demanda interna y las posibilidades de vender al exterior; lo que se nota en los “termómetros” económicos.

Si comprendemos el origen del problema podemos evitar repetir las recurrentes crisis argentinas. Lo antes posible, hay que establecer una estrategia para volver a un mercado único y libre de cambio, disminuyendo el crecimiento de las erogaciones del Estado, para permitir que baje el ritmo de emisión para financiarlo. Además, el BCRA debe contraer la oferta monetaria excedente usando, razonablemente, los instrumentos con los que cuenta.

Habrá que acelerar la suba del tipo de cambio “oficial”; pero cabe tener en cuenta que el “salto” necesario para unificar los mercados será mayor cuanto más se demore en resolver este problema. Un tema que puede bajar muchísimo el “costo” de salida es mostrar voluntad de rever las políticas intervencionistas y estatistas que han diluido la seguridad jurídica en el país. Esto podría incrementar la demanda de activos locales, moderando la presión sobre el mercado cambiario.

Aldo Abram es Lic. en Economía y director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

 

Cuba como una mancha de sangre:

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 5/7/12 en: http://www.diariodeamerica.com/front_nota_detalle.php?id_noticia=7361

 Escribo estas líneas a raíz del suceso que tuvo lugar la semana pasada que, sin duda, fue el espectáculo del más grande y morboso humor negro de estos tiempos por el que el gobierno cubano se opuso a que se retirara la confianza al presidente de Paraguay puesta de manifiesto por la Cámara de Diputados y confirmada por la de Senadores de ese país, objeción debida a que el aparato político de la isla estima que se ha incurrido en “un golpe de Estado”. Sin entrar ahora a juzgar el hecho en si mismo ocurrido en tierras paraguayas, si no fueran dramáticas las circunstancias la declaración cubana de marras movería a carcajadas homéricas debido la fuente de donde proviene la condena que constituye una tomada de pelo colosal y una estruendosa bofetada al sentido común. Esta admonición fue acompañada por algunos de los gobiernos que aplauden entusiastamente la tiranía impuesta a rajatabla en Cuba.
 
Es inconcebible pero cierto que la isla-cárcel cubana se ha mantenido por más de medio siglo en las garras y fauces criminales de los sátrapas castristas donde irrumpe por doquier la miseria más espeluznante y sobrecogedora, las golpizas y encierros en truculentas mazmorras a quienes se atreven a levantar la voz de queja, la inexistencia de la prensa y el asfixiante parloteo del partido único. Este clima bochornoso y nauseabundo parte el corazón de cualquier persona normal, pero todavía hay cretinos que alaban el régimen totalitario, organizaciones internacionales que aceptan que las integre representaciones de los antedichos asesinos seriales y hay quienes viajan a las playas cubanas reservadas como emboscada para recoger divisas a turistas que no parece importarles el hecho de que sirven para alimentar las tropelías de los carceleros hacia su pobre gente (si se me permite la grosería, re-coger es un término muy apropiado del léxico argentino) en el contexto de los balseros que cruzan el mar en busca de libertad, asumiendo los tremendos riesgos de los fusileros de la isla, los tiburones o el naufragio.
 
Como es sabido, desde que los aborígenes descubrieron la expedición de Colón se asentaron en la isla los españoles imponiendo su esquema colonial hasta la trifulca del siglo dieciocho con los británicos que en su carácter de victoriosos se les entregó a cambio de Cuba la península de La Florida, etapa en la que España reforzó el envío de tropas y redobló su cerrado mercantilismo hasta el episodio del Maine por el que la metrópoli perdió la susodicha base de operaciones y luego de la breve ocupación estadounidense Cuba se independizó, en términos muy generales con la idea básicamente liberal (aunque con desvíos mayores o menores según la época) que había esbozado con anterioridad el por entonces muerto José Martí, un admirador de Estados Unidos y residente durante largos períodos en ese país donde escribió que “ Estoy, por fin, en un país donde todos aparecen como amos de sí mismos. Uno puede respirar libremente, aquí la libertad es el fundamento, el escudo y la esencia de la vida” (citado en John M. Kirk “José Martí and the United States: A Further Interpretation”, Journal of Latin American Studies, Cambridge University. noviembre de 1977). Por su parte, Hugh Thomas en sesuda obra titulada Cuba. La lucha por la libertad señala que después de la independencia “gracias a la ayuda norteamericana […] La Habana era aún una ciudad española, pero a punto de adoptar el estilo norteamericano”.
 
Como he apuntado antes, a pesar de las inauditas e inaceptables  barrabasadas de Batista, Cuba era la nación de mayor ingreso per capita de Latinoamérica, eran sobresalientes en el mundo las industrias del azúcar, refinerías de petróleo, cerveceras, plantas de minerales, destilerías de alcohol, licores de prestigio internacional; tenía televisores, radios y refrigeradores en relación a la población igual que en Estados Unidos, líneas férreas de gran confort y extensión, hospitales, universidades, teatros y periódicos de gran nivel, asociaciones científicas y culturales de renombre, fábricas de acero, alimentos, cigarros, turbinas, porcelanas y textiles. La divisa cubana se cotizaba a la par del dólar. Pero debido a los pasos de Batista en dirección al paulatino cercenamiento de libertades, el pueblo cubano recibió de buen grado el levantamiento contra ese estado de cosas en vista de las promesas de los insurrectos en cuanto al establecimiento de la democracia, todo lo cual, de más está decir, a poco andar se transformó en una tiranía de infinito peor calado en el contexto de permanentes fusilamientos a los miles de detractores que surgían e incluso a los anteriores amigos de la revolución que se iban percatando de las características nefastas del nuevo régimen.

Como también he escrito en otras oportunidades, hoy resulta inadmisible que alguien con dos dedos de frente insinúe que la educación en Cuba es aceptable puesto que, por definición, un régimen tiránico exige domesticación y solo puede ofrecer lavado de cerebro y adoctrinamiento (y con cuadernos sobre los que hay que escribir con lápiz para que pueda servir a la próxima camada, dada la escasez de papel). Del mismo modo parecería que aun quedan algunas mentes distraídas que no se han informado de las ruinas, la miseria y las pocilgas en que se ha transformado el sistema de salud en Cuba y que solo mantiene alguna clínica en la vidriera para impresionar a necios fogoneados por la mala fe, pese a los múltiples registros de esta lamentable e infrahumana situación.

Y no se trata de aprobar los inconducentes bloqueos estadounidenses a la isla que sirven de pretexto al régimen para explicar sus desventuras, bloqueo que por otra parte es abiertamente violado a través de operaciones trianguladas y equivalentes. Se trata de un tema de decencia elemental por el que toda persona con un mínimo de espíritu independiente debería condenar en todos los frentes este agravio y esta herida abierta que sangra en sentido literal de manera abundante y en sentido figurado como un estremecedor alarido en busca de apoyo moral, a contracorriente de tantas instituciones civiles y religiosas que la juegan de imparciales pero que esconden un puñal bajo el poncho Solo para citar un par de ejemplos, las autoridades de la Facultad de Derecho -si, la casa de estudios donde se enseña derecho- de la Universidad de Buenos Aires, dieron cabida al tristemente conocido barbudo para que cante loas a su régimen totalitario desde las escalinatas de ese edificio educativo y, tal como consta en documentos oficiales del Vaticano, desde las más altas esferas se ha reiterado que el régimen imperante en la isla promueve “el espíritu de solidaridad” y constituye un “pilar del edificio de la paz” (sic).

Y ¿que me cuentan estimados lectores de los imbéciles que jamás contribuyeron a la libertad de nadie (siempre fueron free-riders del trabajo de otros) y dicen que adquirir activos en Cuba puede ser “una excelente oportunidad de un jugoso arbitraje” para cuando caiga la tiranía comunista? Frente a situaciones críticas siempre se pone al descubierto quien es quien, como ha sentenciado Warren Buffett “cuando la marea baja se descubre quienes nadaban desnudos”.

Los liberales herederos de las Cortes de Cádiz que integraban la llamada Generación del 98 en España -puesta en primer plano a raíz de la antedicha guerra por Cuba- se oponían tenazmente a todo autoritarismo, movimiento que puede decirse representaba bien Miguel de Unamuno quien resumió su pensamiento al escribir que “El socialismo, última transformación de los sistemas absolutistas, subordina la sociedad al Estado, sacrifica la libertad a la igualdad”, en cambio, consigna que “el liberalismo es la fórmula suprema del alma del hombre”.

Para cerrar este apunte telegráfico -aunque me consta de las muchísimas personas que contribuyen diariamente a la liberación de la Cuba castrista fuera y dentro del ese país- quiero rendir sentido homenaje a un muy célebre y reconocido cuarteto contemporáneo de ejemplar coraje y valía: Carlos Alberto Montaner, Armando Valladares, Huber Matos y al ya desaparecido Guillermo Cabrera Infante, a quienes todos los hombres libres debemos estar sumamente agradecidos.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía, Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.