Un liberalismo

Por Armando P. Ribas. Publicado el 11/7/12 en http://www.libertadyprogresonline.org/2012/07/11/un-liberalismo/

En un reciente artículo Álvaro Delgado-Gal se refirió a la existencia de dos liberalismos. El uno político y el otro económico. Me voy a permitir discrepar con tal ambivalencia. El liberalismo surge del pensamiento de John Locke, tal como lo expresa fundamentalmente en sus dos Tratados Sobre el Gobierno Civil y en La Carta Sobre la Tolerancia. Allí manifiesta expresamente su oposición al derecho divino de los reyes y al respecto dice: “Como si todos los hombres abandonando el estado de Naturaleza, entren en la sociedad, ellos acuerden que todos ellos excepto uno debe estar bajo las restricciones de la ley; pero que deba todavía retener toda la libertad del estado de naturaleza, incrementado con poder, y hacerlo licencioso por impunidad. Esto es como pensar que los hombres son tan tontos que tienen cuidado de evitar las travesuras que pueden ser hechas por las mofetas y los zorros, pero están, más bien, piensan que es seguro, el ser devorado por leones”.

Y tomando en cuenta la naturaleza humana y refiriéndose a los monarcas dijo: “Pero yo deseo que aquellos que hacen esta objeción recuerden que los monarcas absolutos no son más que hombres”. Consecuentemente estableció los límites al poder político reduciendo las prerrogativas del rey y separando los poderes del estado. Por supuesto en contra del pensamiento de Rousseau estableció los derechos individuales incluyendo el derecho a la búsqueda de la felicidad y así como el derecho de propiedad. A partir de este reconocimiento el autor considera que frente al liberalismo político se encuentra el liberalismo económico generado por David Hume y Adam Smith.

Es cierto que concurren diferencias entre Locke y Hume pero ellas no surgen de manifestarse en dos campos distintos que supuestamente serían el político y el económico. En tanto que para Locke los derechos individuales son naturales, para Hume son el resultado del aprendizaje de la historia sobre la naturaleza humana. Por ello considero que el mayor aporte de Hume al concepto liberal es su análisis sobre la naturaleza humana para determinar el origen mismo de la justicia. Así llega a la conclusión de que “la naturaleza humana es inmutable, por tanto si queremos cambiar los comportamientos debemos cambiar las circunstancias”. Y seguidamente sostiene: “Si los hombres fueran generosos y la naturaleza pródiga, la justicia no tendría razón de ser”. Es decir sería posible la anarquía.

Por otra parte no es cierto que Hume proponga un gobierno absoluto, con tal que se atuviese a la ley. Lo que Hume está proponiendo al respecto es precisamente evitar la tiranía que puede surgir del reconocimiento del origen popular de los gobiernos. En ese sentido dice: “Pero si en lugar de protección y seguridad, se encuentran con la tiranía y la opresión, ellos (los pueblos) están liberados de sus promesas”. O sea Hume está opuesto al derecho divino de los pueblos que no es más que la demagogia impuesta desde el socialismo. Y es en este aspecto donde podemos encontrar alguna contradicción en el planteo de Locke.

Entonces no es que existen dos liberalismos, uno político y otro económico. Los principios en que Hume basa la estabilidad que son: “La seguridad en la propiedad, la transferencia por consenso y el cumplimiento de las promesas”, son éticos, políticos y jurídicos. Lo económico es la consecuencia de la aplicación de los mismos. En ese sentido de la defensa de la propiedad privada coincide plenamente con Locke. Pero pasando entonces a la supuesta economía de Adam Smith, debo rescatar igualmente un principio ético fundamental del liberalismo que es la conocida mano invisible y que la describió en la siguiente forma: “Persiguiendo su propio interés, frecuentemente promueve el de la sociedad mas efectivamente, que cuando el intenta promoverla. Yo no he visto mucho bien hecho por aquellos que pretenden actuar por el bien público”.

En la frase anterior encontramos un principio ético fundamental, y que por supuesto trasciende al plano político. En el mismo encontramos la justificación del derecho a la búsqueda de la propia felicidad, que como tal fuera igualmente reconocido por Locke y aplicado por los Founding Fathers, a quienes considero los instauradores iniciales del sistema liberal, al que denominaron the Rule of Law. Ese principio es fundamental en el ejercicio de la libertad. El mismo implica el reconocimiento jurídico de la eticidad de los intereses privados que no son contrarios al interés general. Cuando por el contrario se supone que el estado representa al interés general, tenemos de nuevo la voluntad general y el gobierno se constituye en el poder absoluto, tal como lo propuso Hegel. Como se recordará para Hegel el estado era la expresión de la ética, frente a la concupiscencia de las corporaciones. Principio fundamental del totalitarismo que nos regaló la Europa Continental., como reconociera recientemente Jean Francois Revel.

El liberalismo pues es un sistema ético, político y jurídico, en el cual el proceso económico es un resultado del ejercicio de los derechos reconocidos y respetados. Ese fue el sistema que se iniciara en Inglaterra con la Revolución Gloriosa en 1688 cuando se reconocieron los derechos tal como los había planteado Locke. Como antes dijimos ese sistema fue llevado a sus últimas consecuencias por los Founding Fathers. Fue pues en Estados Unidos donde se adicionó el principio del rol fundamental del departamento de Justicia y la Corte Suprema, para hacer que se cumplan los predicados constitucionales: Judicial Review (Revisión Judicial).

Es indudable que Madison estaba influenciado por el pensamiento de David Hume, cuando escribiera la Carta 51 de El Federalista. Allí escribió: “Si los hombres fueran ángeles no sería necesario el gobierno; si fueran a ser gobernados por ángeles ningún control externo ni interno sobre el gobierno sería necesario. Al organizar un gobierno, que es una administración de hombres sobre hombres, la gran dificultad yace en esto. Primero se debe capacitar al gobierno para controlar a los gobernados, y en segundo lugar obligarlo a controlarse a si mismo”. Las anteriores palabras reflejan una paráfrasis del pensamiento de Hume citado anteriormente. En la misma se registra un concepto fundamental de reconocer la naturaleza humana y al mismo tiempo la admisión de que el gobierno no es la entelequia de los ‘universales’ en el sentido de la voluntad general y su consecuencia el Estado. Por la misma razón seguidamente reconoce que las mayorías no tienen el derecho de violar los derechos de las minorías.

Perdón pero confundir el pensamiento de Hume con el utilitarismo de Bentham y de Rawls es un pecado original que impide comprender la naturaleza ética de liberalismo. El utilitarismo per se es la negación del derecho del hombre a la búsqueda de la propia felicidad, y su consecuencia es el supuesto derecho a que se la provea el estado. Y en esa trampa ha caído el artículo 25 de La Declaración Universal de los Derechos Humanos y ahí tenemos el resultado: la crisis europea a través del estado de bienestar y el populismo en América Latina. Lamentablemente el confundir el sistema liberal con el concepto tergiversado de la derecha, le ha permitido a la izquierda apropiarse de la ética acorde con la pretensión de la igualdad económica, cuyo resultado es la desigualdad política que significa el poder absoluto y por supuesto el riesgo de perder la libertad, cuya consecuencia es la pobreza.

En ese sentido es asimismo lamentable que la supuesta civilización occidental no haya tomado conciencia de que la filosofía ética y política de Kant, como complemento de Rousseau, es a su vez el sustento de Hegel. Al respecto puedo decir que en esa carencia ha caído la Escuela Austríaca que en general ha ignorado y confundido el pensamiento kantiano, y a la vez ha intentado mantener la defensa de la libertad en términos de la economía de mercado, y no su sustento ético político. A mi juicio en la filosofía kantiana se encuentran los presupuestos liminares del totalitarismo al desconocer el derecho a la felicidad, por ser un acto deshonesto pues no se hace por deber. De hecho esa descalificación del comercio implica que la alternativa es la guerra. Tanto así que Hegel la consideró el momento ético de la sociedad.

Igualmente Kant siguiendo a Rousseau y la voluntad general, en su Metafísica de las Costumbres, estableció: “El poder soberano de un estado solo tiene derechos en relación a sus súbditos y no deberes coercibles” Y siguiendo esa tesis: “La constitución no puede tener ningún artículo que pueda hacer posible que para cualquier poder del estado el resistir o controlar al supremo ejecutivo en caso que violase la ley constitucional”. Y no olvidemos que en “Idea Para Una Historia Universal con un Sentido Cosmopolita” sostuvo que la razón estaba en la historia y que el progreso de la misma dependía del antagonismo,

No obstante lo dicho anteriormente debo reconocer que en uno de sus últimos ensayos, La Paz Perpetua, Kant dio marcha atrás a su racionalismo moral y político, y bajo la influencia de Hume, reconocida por el mismo, se atuvo al empirismo racional. Fue así que en dicho ensayo distinguió entre la república como el reino del derecho y la democracia como la justificación del despotismo. Este criterio debe ser considerado en los instantes en que vivimos como presupuesto del liberalismo. Seguidamente descartó la racionalidad de la guerra y rescató la importancia del reconocimiento de la naturaleza humana y así dijo: “Tal tarea no envuelve el mejoramiento moral del hombre; solamente significa encontrar como el mecanismo de la naturaleza puede ser aplicado a los hombres de tal manera que el antagonismo de sus actitudes hostiles los hagan exigir uno a otro a someterse a las leyes coercibles y así producir condiciones de paz dentro de las cuales las leyes puedan ser aplicadas”. Como podemos ver estos pensamiento se contradicen con las citas previas en su Metafísica de la Moral, y pueden ser aplicables a la realidad de hoy.

Por último el autor se refiere a la predicción de Schumpeter sobre el triunfo final del socialismo. Al respecto dice: “Este se equivocó al suponer que el futuro sería socialista”. Lamentablemente considero que la predicción de Schumpeter está hoy presente en el estado de bienestar europeo y el populismo “democrático” latinoamericano. Al mismo tiempo se perciben tendencias en Estados Unidos a violar los principios fundamentales del Rule of Law, en nombre de la igualdad económica. O sea lamentablemente la demagogia bajo la denominación “iluminista” del socialismo está monopolizando la ética en la llamada civilización occidental. Esperemos que recuperemos la noción clara del liberalismo y se de un vuelco en la historia que pueda demostrar que Schumpeter se equivocó.

El Dr. Armando P. Ribas, se graduó en Derecho en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en La Habana. Obtuvo un master en Derecho Comparado en la Southern Methodist University en Dallas, Texas. Es abogado, profesor de Filosofía Política, periodista, escritor e investigador y profesor en ESEADE.

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