Kicillof: “Quieren que devaluemos, pero es todo verso”

Por Adrián Ravier. Publicado el 2 de Junio de 2012 en: http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2012/06/02/kicillof-quieren-que-devaluemos-pero-es-todo-verso/

Esta frase posiblemente quede en los registros históricos de la historia argentina.

Y no lo digo por el primer gráfico que acompaña este post, pues si bien el tipo de cambio nominal viene subiendo, el tipo de cambio real que se presenta en el segundo gráfico, se ha apreciado mucho en los últimos años.

El segundo gráfico muestra que la tendencia de los últimos años es un retorno al 1 a 1.

En pocas palabras, a la evolución del tipo de cambio nominal, tenemos que agregar en el análisis la evolución de los precios, y la inflación en Argentina supera el 20 por ciento anual.

La pregunta que me queda para Kicillof es cómo van a impulsar el crecimiento del “modelo K”, sin devaluación, bajo su propia lógica de sustitución de importaciones.

No digo con esto que haya que devaluar… eso es otro debate.(Ver Juan Carlos Cachanosky, “Devaluaciones competitivas frente a ventajas comparativas”)

Lo que digo es que van a devaluar, y las palabras de Kicillof quedarán en la historia.

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

 

Que tan neoliberal fue Argentina en los 90?

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 5/6/12 en http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2012/06/05/que-tan-neoliberal-fue-argentina-en-los-90/

 Con un gobierno que tiene la mirada siempre puesta en el pasado para justificarse a si mismo, no es sorpresa que se insista con el llamado neoliberalismo de los 90 en Argentina. Las “recetas neoliberales,” se sostiene, llevaron al país a una de sus peores crisis en el 2001. Es difícil decir a secas si Argentina fue o no neoliberal en los 90, dado que la palabra ‘neoliberal’ carece de significado concreto, al menos en la arena política, lugar donde es frecuentemente mencionada. Es que la palabra neoliberal se suele usas como comodín de crítica para eludir la tarea de tener que acompañar los cuestionamientos con verdaderos argumentos.

Si el término neoliberal significa algo, es por asociación al llamado Consenso de Washington. John Williamson, economista, resumió en un breve listado de 10 puntos (11 según Wikipedia en español) lo que él consideraba representaban un consenso en las recomendaciones de instituciones basadas en Washington para que países emergentes puedan desarrollarse y estabilizarse. ¿Qué más oportuno para sus críticos que la “receta neoliberal” se haya cocinado en Washington, la capital del “imperio capitalista”?

El Consenso de Washington consiste en los siguientes puntos:

  1. Disciplina fiscal, evitando grandes deficits respecto al PBI,
  2. Redireccionamiento del gasto público desde subsidios hacia la provisión de fondos en lugares claves para el crecimiento como educación, salud pública e inversión en infraestructura,
  3. Reforma impositiva, aumentando la base imponible pero con tasas impositivas marginales moderadas,
  4. Tasas de interés que sean determinadas por el mercado y en términos reales positivas (pero moderadas),
  5. Tipo de cambio competitivo,
  6. Libre comercio: liberar importaciones, con particular énfasis en la eliminación de restricciones cualitativas (licencias, etc.); cualquier protección debe ser a través de tasas bajas y relativamente uniformes,
  7. Liberalizar la entrada de la inversión externa directa,
  8. Privatización de empresas estatales,
  9. Desregulación: abolir la regulación que impida la entrada al mercado o restringa la competencia, excepto para aquellas actividades que puedan justificarse en base a seguridad, medio ambiente y protección al consumidor, así como una supervisión provisional de las instituciones financieras,
  10. Protección legal a los derechos de propiedad.

Presentada la receta neoliberal, ¿cumplió, efectivamente, Argentina con los 10 puntos del Consenso de Washington durante los 90? Esta pregunta se responde de manera negativa.

 

¿Cumplió Argentina con el Consenso de Washington?

Para sostener que Argentina sufrió de neoliberalismo durante los 90, entonces tendría que haber cumplido con todos, o una clara mayoría, de estos 10 puntos. Ese, sin embargo, no fue el caso. Varios puntos centrales del Consenso de Washington estuvieron ausentes, o en clara diferencia a lo que la “receta” sugiere.

La regla de la estabilidad fiscal, por ejemplo, fue claramente ignorada (ver el post déficit fiscal… déficit fiscal… déficit fiscal…); vale agregar: con el visto bueno de los acreedores internacionales. Justamente la acumulación de deuda pública para cubrir los déficits fiscales es lo que empujó la economía Argentina a la crisis del 2001. Sin la acumulación de déficits fiscales no se hubiese sufrido el default a inicios del siglo XXI. El gasto público aumentó un 90.7% entre 1991 y 2001. El stock de deuda externa sobre el ingreso nacional aumentó de 35.6% en el 2001 a 56.9% en el 2001. El primer punto sobre déficit fiscal, clave para la estabilidad económica, no estuvo presente en la supuesta Argentina neoliberal de los 90.

La política de tipo de cambio competitivo, que tanta llegada tiene en varios sectores del país, no es otra cosa que tener una moneda devaluada que facilite las exportaciones al resto del mundo. Dado que el sector industrial no es competitivo por sí mismo (en parte por las regulaciones y presiones sindicales), se recurre a políticas de moneda devaluada para facilitarle el acceso a mercados externos. Desde el punto de vista del gobierno (o banco central), esto ayuda a acumular divisas provenientes de saldos comerciales favorables y hacer frente a la deuda pública. Sin embargo, justamente una de las críticas a la economía de los 90, especialmente en los últimos años, es el del atraso cambiario, que significa lo contrario al tipo de cambio competitivo. Este no es solo otro punto de la receta ausente en la Argentina neoliberal de los 90, sino que el tipo de cambio competitivo es defendido por mas de un critico de “las políticas neoliberales.”

La llamada apertura comercial de los 90 es otro punto que presenta dificultades. La política comercial consistió en una reducción de tasas con sesgo en favor del Mercosur. Sin embargo, el promedio arancelario en Argentina (14%) era tres veces superior al de los países más libres del mundo. La apertura comercial no fue de la magnitud que los críticos suelen implicar (las importaciones no superaron el 13% del PBI en los años de mayores importaciones), sino que el sesgo hacia zonas particulares como el Mercosur produce “desvíos de comercio” que mal-asignan recursos económicos: se compra y se vende ineficientemente. A fin de cuentas, el Mercosur es un ejercicio de proteccionismo ampliado, no un ejercicio de apertura comercial en conjunto con los socios comerciales. Apertura comercial y proteccionismo ampliado son políticas opuestas, no parecidas.

Uno de los puntos más sensibles es el de las privatizaciones, al punto tal que veces pareciera ser que esto es suficiente para justificas el calificativo de neoliberal ignorando los otros 9 puntos. Las privatizaciones, sin embargo, tampoco estuvieron ausentes de graves problemas. Si bien es cierto que se privatizaron un número importante de empresas públicas, eso no quiere decir que todas las privatizaciones hayan sido bien hechas ni que detrás de las privatizaciones no se hayan impuesto fuertes regulaciones que restringen fuertemente a los nuevos actores privados. En el sector de telecomunicaciones, por ejemplo, se dividió el mercado en dos grandes monopolios por varios años. Crear estos mercados cautivos fue necesario para encontrar algún inversor dispuesto a pagar algo por ENTEL. Las privatizaciones no son en sí pro mercado si se realizan bajo regulaciones que restringen la competencia entre actores privados. Los monopolios artificiales no son parte de las políticas neoliberales, sino que son políticas en contra del espíritu de libre mercado. Las privatizaciones no estuvieron inspiradas en principios neoliberales, sino en la necesidad de financiar al Tesoro Nacional, tanto mediante la venta de activos como de la recaudación impositiva de sus actividades. Si bien uno es libre de identificar el término neoliberal con cualquier tipo de presentación, en tal caso ya no se puede asociar “neoliberalismo” con “libre mercado.”

Otro ejemplo recurrente es el de las AFJPs. Sin embrago, las regulaciones impuestas al sector forzaron a las AFJPs a invertir en títulos públicos de un gobierno crónicamente deficitario. Al 2001, el 70% de los fondos en las AFJPs estaban destinados a títulos asociados al gobierno. Si las AFJPs hubiesen sido libres de administrar sus propias carteras de inversión, el default argentino les hubiese afectado en menor medida.

Más allá de las regulaciones asociadas a las privatizaciones, otras interferencias clave no fueron eliminadas, siendo la legislación laboral una de las principales. Las regulaciones en sectores claves del mercado hacen difícil de defender un proceso claro de desregulación durante los 90. Otro punto discutible es el de la reforma impositiva. De hecho, hubo aumentos impositivos en 1995, 1996 y 1998 (más tarde Machinea también subiría los impuestos durante el Gobierno de Fernando de la Rua acelerando la caída de la actividad económica).

Tenemos, entonces, por lo menos 6 de los 10 puntos de la receta neoliberal que no se cumplieron. Otras cuestiones como redireccionamiento del gasto públicos, tasas de interés de mercado, libre entrada de inversión externa directa y defensa de la propiedad privada pueden ser más discutibles. Pero si asumimos que estos 4 puntos se cumplieron perfectamente, tenemos sólo 4 de los 10 puntos del Consenso de Washington.

En la medida que el crítico entienda por neoliberalismo los 10 puntos del Consenso de Washington, y no que haga uso del término como comodín para ahorrarse el trabajo de tener sustentar que su crítica, entonces no puede sostener que esa fue la política imperante durante los 90 cuando en el mejor de los casos se aplicó el 40%. (Aún espero ver en alguna de las tantas entrevistas televisivas donde se menciona este neoliberalismo que el entrevistador le pregunte al crítico qué entiende por neoliberalismo, y que luego le pregunte cuántos de esos puntos el país de hecho cumplió.)

Una aclaración final es necesaria. Señalar que el crítico se equivoca al calificar de neoliberal a la Argentina de los 90 no es en sí una defensa de la política económica de los 90. Pero para que la crítica produzca resultados debe estar correctamente planteada. Como todas las presidencias, la del menemismo tuvo aciertos y desaciertos; para identificar a cada uno de ellos es necesario dejar de usar el término neoliberal como calificativo y discutir los aciertos y desaciertos de las distintas medidas libre de prejuicios.

Sostener que Argentina fue un país neoliberal durante los 90 porque tuvo unos grados más de libertad respecto al gobierno de Alfonsín es quedarse con el árbol y perderse el bosque. El problema no fue el neoliberalismo que no se aplicó, sino el equilibrio fiscal y el libre mercado que no tuvieron cabida.

Nicolás Cachanosky es Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE), y Doctorando en Economía, (Suffolk University). Es profesor universitario.

 

La previsible decadencia del modelo K

Por Aldo Abram: Publicado el 30/5/12 en http://www.libertadyprogresonline.org/2012/05/30/la-previsible-decadencia-del-modelo-k/

Desde principios de 2011, la Argentina viene mostrando un proceso de desaceleración de la economía que se fue agravando con el correr de dicho año y que se ha profundizado en lo que va de 2012. Si bien las cifras de actividad oficiales se negaron a reconocer esta realidad hasta las elecciones, comenzaron a reflejarlas partir de fines del año pasado. La pregunta es por qué está pasando esto.

Algunos hablan de una crisis internacional, con origen en los problemas de deuda soberana de la eurozona, que estaría afectando al país. Sin embargo, esto no parecería tener el mismo impacto en nuestros vecinos. Sólo la Argentina lidia con un proceso de fuga de capitales que presiona al alza el tipo de cambio local; mientras el resto tiene dificultades en sostener el valor del dólar en sus mercados, debido al flujo de inversiones externas. Nuestro país fue el único de la región que disminuyó sus reservas internacionales durante 2011. Entonces, el problema parece ser doméstico y no de contexto mundial. Tiene que ver con la imposibilidad de vivir por encima de nuestras posibilidades para siempre, en algún momento se acaba el ahorro y el crédito y la “fiesta se acaba”. En 2003, el gobierno de Néstor Kirchner empezó su camino hacia un modelo populista de redistribución del ingreso. El instrumento principal para llevar a cabo este tipo de políticas es el gasto y la inversión pública. Si bien encontró un Estado quebrado y sin crédito, también recibió una economía que había comenzado a reactivarse a fines de 2002, fundada en la recuperación de la demanda interna, a lo que se sumó un contexto mundial que le permitió navegar con vientos favorables. Por lo tanto, la recaudación tributaria tendió a crecer mucho más rápido de lo esperado, brindando los recursos para recomponer la situación fiscal e incrementar fuertemente las erogaciones estatales.

Un factor adicional para el aumento de la presión impositiva fue la buena performance internacional del precio de los commodities, de gran relevancia en la producción y exportación argentina. No sólo permitió un mayor crecimiento, sino que con retenciones, restricciones a las ventas externas y congelamiento de precios, fue fuente de recursos extras para la redistribución de riquezas. Sin embargo, el crecimiento del gasto público pronto tomó un impulso mayor al incremento de los ingresos. Ante la carencia de crédito, se buscó aumentar la presión tributaria sobre la producción agropecuaria, intentando llevarla a niveles confiscatorios, en algunos casos. La exitosa rebelión fiscal del campo echó por la borda esta posibilidad; pero las erogaciones del gobierno continuaban subiendo y alguien tenía que pagar la cuenta. Por ello, se confiscaron los ahorros de los aportantes al sistema previsional de capitalización y se los obligó a abonar sus aportes al régimen de reparto estatal. Sin esta última medida, el gobierno hubiera entrado en déficit primario durante 2009.

En búsqueda de otras cajas

El problema es que esta medida no fue suficiente y, de todas formas, los recursos alcanzaban a cubrir una porción cada vez menor del pago de ven cimientos de deuda. La solución fue apropiarse de otra “caja”, las reservas internacionales del Banco Central, que inicialmente se utilizaron para pagar pasivos externos con organismos internacionales y, a partir de 2010, todos los nominados en moneda extranjera. El uso intensivo de las arcas del Banco Central implicó un fuerte incremento de la emisión para prestarle pesos al gobierno y, también, para comprar divisas que se usaban para pagar los pasivos externos del Estado. Así es como, para financiar el gasto electoral de 2011, se lo exprimió hasta llevar la relación de reservas con sus pasivos financieros a niveles tan bajos que la autoridad monetaria perdió capacidad de manejo del mercado cambiario. De allí que se decidiera ir a un control de cambios y se exacerbaran las medidas proteccionistas.

El desbarajuste fiscal que el gobierno gestó para ganar los comicios presidenciales (replicado en las provincias por la mayoría de los gobernadores) se volvió insostenible. Inicialmente, el Poder Ejecutivo planteó la reducción o eliminación de gran parte del festival de subsidios indiscriminados de los últimos años. Sin embargo, el alto costo político y algunos eventos que golpearon duro la imagen presidencial lo llevaron a dar marcha atrás. Era necesario volver a incrementar la caja; lo que se logró modificando la Carta Orgánica del Banco Central para reducir las restricciones que tenía para usarlo como fuente de financiamiento. Pues bien, si con el uso hecho hasta ahora hemos perdido la posibilidad de un mercado cambiario libre, con un saqueo mayor del Banco Central será imposible recuperarlo; por lo que estamos condenados al control de cambios y a la cerrazón de la economía.

Otra “caja” de recursos para la redistribución de riquezas es la que surge de las inversiones pasadas en infraestructura, transporte y energía. Esto le permitió al gobierno subsidiar el consumo de estos servicios y bienes obligando a sus oferentes a vender a un precio menor al de mercado. En algunos casos, cuando el costo superó el de las tarifas, el gobierno se hizo cargo con los recursos de los contribuyentes. En el caso del transporte, con transferencias directas a las empresas y, en el de la energía, asumiendo el costo mayor de tener que importarla.

Este fue un rasgo que diferenció a este gobierno de otro con similares objetivos, como el de Venezuela. El Presidente Chávez basó la redistribución del ingreso en la expropiación creciente de la propiedad privada; lo que ha resultado un fracaso, debido a la incapacidad del Estado de manejar las empresas. Por ejemplo, Sidor es una de las compañías estatizadas, hoy produce un tercio de lo que producía cuando la manejaba Techint. Desde 2002, solo dos países petroleros redujeron la producción de hidrocarburos, a pesar del fuerte incremento de su precio. Uno fue Venezuela, donde la producción es dominada por PDVSA, la petrolera estatal. El otro, la Argentina.

Expropiar la renta

El gobierno “K” tuvo clara la ventaja de dejar que la producción quedara en manos privadas. En el caso del sector agropecuario, sigue siendo la gente del campo la que siembra, cosecha o cría ganado. En el sector energético, son los empresarios con experiencia en la materia los responsables de la producción. Sin embargo, una vez maximizada la riqueza, el modelo le permite al gobierno apropiarse de la mayor parte de ella para redistribuirla a voluntad. Es cierto que esto funciona mejor que lo del “chavismo”, pero en el corto plazo. Si uno le quita gran parte de sus ingresos a alguien, es esperable que no tenga el necesario incentivo a producir e invertir lo suficiente. Por lo tanto, en el tiempo, esos bienes y servicios tenderán a escasear.

Desde 2003, muchos economistas y especialistas venimos advirtiendo que si no se corregía el rumbo tendríamos problemas de oferta de energía en el futuro. Pues el futuro nos alcanzó. La respuesta razonable para recuperar el autoabastecimiento sería restablecer condiciones y precios de mercado para el sector. De hecho, la historia argentina de los últimos 75 años demuestra que, cuando esto fue así, la producción de hidrocarburos se incrementó fuertemente; por ejemplo, en la Presidencia de Frondizi y en los ´90. En cambio, cuando la injerencia del Estado fue mayor, la evolución del sector fue pobre o negativa. De esto último, el mejor ejemplo es el período del gobierno “kirchnerista” que intervino fuertemente en el mercado de producción y distribución de energía. No es extraño que, además de Venezuela, sea el único otro país petrolero que desde 2002 bajó sus niveles de producción. (Ver gráfico)

La respuesta ideológica del gobierno fue expropiar el 51% de las acciones de YPF que pertenecían a la empresa española Repsol, cuando todas las compañías que operan en la Argentina (incluida Energas, la estatal creada por el “kirchnerismo” para explotar en exclusividad la extensa y rica plataforma submarina argentina) tuvieron, más o menos, la misma mala performance. Cosa que vimos era lógica dada la pésima política sectorial del gobierno “K”. De esta forma, se violentaron las leyes locales, los tratados internacionales y la Constitución Nacional, que regulan la forma en la que tiene que hacerse una expropiación. Este avasallamiento de la seguridad jurídica tendrá un alto costo en término de inversiones y desarrollo futuro. Además, queda claro que, con el actual rumbo, la posibilidad de recuperar el autoabastecimiento se diluye definitivamente.

YPF se transformará en una fuente de recursos para sostener los subsidios a la energía y al transporte, además de un “botín de guerra” donde aumentar los afiliados del gremio o colocar “soldados K” con muy buenos sueldos; por lo que es de preverse que pronto dará pérdidas. Recordemos que, antes de ser privatizada, tenía 10 veces más empleados de los que necesitaba y su resultado anual era negativo en alrededor de US$ 2.000 millones, a valores actuales.

No cabe duda que esta historia de decadencia del modelo continuará; ya que las “facturas” de las erradas políticas económicas “K” seguirán llegando. Más allá de algunas fintas que permitan postergar su pago, las “cajas” a saquear escasean y la economía seguirá resintiéndose. Llevará tiempo tocar fondo y habrá espacio para nuevas violaciones de la libertad económica y de los derechos de propiedad; por ejemplo en sectores del transporte u otros relacionados con la energía. Costará mucho remontar el desastre en que terminará esta gestión populista. Esperemos que, en esta ocasión, los argentinos aprendamos de la experiencia y nos dejemos de tropezar periódicamente con la misma piedra.

Aldo Abram es Lic. en Economía y director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

 

Recesión en ciernes en la Argentina

Por Alejandro Tagliavini: Publicado el 4/6/12 en http://www.territoriodigital.com/edimpresa.aspx?s=6&f=04%2F06%2F2012

Más allá de aumentos artificiales en pocos rubros, como la venta de autos que terminará mayo 7% arriba, básicamente debido al aprovechamiento coyuntural de corto plazo que hacen muchos ahorristas de la brecha de cerca del 30% del dólar con el oficial, lo cierto es que el país se encamina a una recesión como consecuencia de la mayor injerencia estatal en la economía.
De hecho, en lo que va del año la fuga (verdadera estampida) de divisas ya ronda los US$ 15 mil millones que han salido del país o están en cajas de seguridad o debajo del colchón. Y la brecha podría aumentar si consideramos que “corregido por inflación” real, el dólar de $ 3, después de desarmada la convertibilidad, hoy llegaría a $ 6,60.
Tomemos como indicador económico el clásico de los clásicos, no sólo como instrumento de inversión sino como motor del PBI y, casi nada, la construcción de viviendas en un país donde el déficit habitacional es tremendo, al punto de que en la mismísima plaza de Mayo, frente a la Casa de Gobierno Nacional y de la Ciudad, duermen cada noche más personas, llegando hoy a unas 30, incluidos inválidos y niños.
Debido al asfixiante control sobre el dólar impuesto por el Gobierno, la compraventa de inmuebles para esta primera mitad del año arroja la peor cifra desde el 2002, y mayo cerrará con una baja de al menos 30% en el total de transacciones, con una tendencia a caer aún más. Sucede que ante la imposibilidad de comprar dólares, entre los propietarios crece la reticencia a vender y los compradores prefieren conservar los billetes verdes, que prometen seguir subiendo descontroladamente. Así, todo indica que, con el dólar blue disparado, los precios en dólares de las propiedades no bajarán.
Por cierto que esto repercute de manera directa sobre la construcción. Durante el primer cuatrimestre del 2012, los permisos de construcción en la Ciudad de Buenos Aires cayeron 40% en relación al mismo período de 2011. Ahora, además de que el crédito hipotecario ya era insuficiente, se le suma que al que quiere comprar dólares para ir ahorrando y adquirir una propiedad le resulta mucho más complicado. A lo que hay que agregarle el ritmo inflacionario que hace que los valores de la construcción seguirán con fuertes aumentos. Algo similar ocurre con los campos, nadie vende, nadie compra, nadie invierte.
Ahora se habla acerca de la posibilidad de “pesificar” las operaciones y que el Estado designe a una entidad financiera pública como “veedora” que apruebe todas las operaciones inmobiliarias. Aunque esto sería el colmo del disparate y seguramente no ocurrirá, viene bien como introito a la explicación filosófica de por qué estas intervenciones estatales están provocando tanto daño.
 Es que una intervención estatal significa la utilización del poder de policía para imponer (en uso del monopolio de la violencia estatal) las reglamentaciones en cuestión. Y la violencia, ya lo sabemos, siempre destruye. Lamentablemente, la tendencia de este Gobierno es a aumentar la utilización de su poder de policía en lugar de retirarlo, es decir, profundizar la destrucción.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

 

Confirmado: se nos ríen en la cara

Por Roberto H. Cachanosky: Publicado el 2/6/12 en http://www.economiaparatodos.com.ar/ver_nota.php?nota=3545

Mientras Cristina Fernández afirmaba que viene un nuevo mundo, pero algunos están atados al viejo y reclamaba que los argentinos no piensen en dólares, que lo hagan en pesos, Aníbal Fernández, en una entrevista radial con Magdalena Ruíz Guiñazú, casi a los gritos decía que el tiene dólares porque se le canta. También a los gritos le respondía a la periodista, cuando le preguntaba si tenía dólares: “Y Ud. que le importa”.
Si esa preguntara me la formularan a mí, la respuesta de Fernández sería la correcta, pero resulta que el ex duhaldista devenido en ultra kirchnerista fue jefe de gabinete, ahora es senador por el oficialismo y pocos días atrás afirmaba, en otra entrevista radial, que los argentinos tenemos que ir acostumbrándonos a pensar en pesos.
Si todo el gobierno viene afirmando esta pavada de tratar de pesificar de facto la economía, la respuesta de Fernández es un descaro. En efecto, él dijo que había comprado dólares en tiempos pasados, no ahora, como una forma de justificar la tenencia de dólares. El problema es que esa no es una excusa para seguir teniendo dólares. Si, como él afirmó y el resto del gobierno insiste, los argentinos tenemos que empezar a pensar en pesos,  lo que debería hacer Fernández, para ser creíble en su discurso, es vender los dólares al tipo de cambio oficial, de la misma forma que el gobierno obliga a los exportadores a vender sus divisas al dólar oficial, y hacer un depósito a plazo fijo en pesos al 9 o 10 por ciento anual. Total, si como dice el INDEC oficial, la inflación es del 9%, no va a perder plata. Salvo que piense que la inflación va a ser del 30% anual.
¿Acaso no es el gobierno el que dice que no hay que pensar en dólares y que los que fugan capitales son traidores a la patria? Bueno, para demostrar su patriotismo y fe en el modelo, que venda sus dólares, los coloque a plazo fijo en pesos así los bancos pueden prestarle a la gente sus ahorros. Esa es la forma en que funciona el mercado crediticio. Unos ahorran vía el mercado de capitales para prestarles a otros para que consuman o inviertan.
Pero con los dichos de Fernández quedó en claro que la inclusión social del kirchnerismo es en base a la plata del trabajo ajeno, porque de la de ellos no parecen estar dispuestos a poner un peso.
Pero aquí no termina la historia. El gobierno fue cerrando la compra de dólares para los particulares mediante mecanismos arbitrarios. La AFIP autoriza al que se le da la gana violando todos los principios constitucionales, persiguen a la gente con perros por la calle para ver quién anda con dólares, hay que explicarle a la AFIP dónde viajo, porqué viajo, con quién viajo, etc. para poder comprar dólares, las empresas no pueden girar utilidades al exterior, las importaciones se autorizan como se le canta a Moreno y ahora se espantan porque dicen que hay una operación mediática para asustar a la gente con la pesificación. Son ellos los que hacen lo imposible para asustar a la gente. Y hacen todo eso porque la realidad es que el Central no tiene los U$S 47.000 millones que dice tener.
Dijo Cristina Fernández: “Quiero convocar a todos los argentinos a que más que lo que leen piensen en lo que pasó en el país en los últimos nueve años, y allí encontrarán la clave de lo que somos capaces de hacer y, también, de lo que nunca seremos capaces de hacer”. Coincido, en estos nueve años ignoraron los fallos de la Corte Suprema de Justicia, confiscaron nuestros ahorros en las AFJP, destrozaron el sistema energético,  la política ganadera hizo que consumieran 15 millones del stock ganadero, nos prohíben comprar dólares como si fuésemos delincuentes, confiscaron las acciones de Repsol sin indemnización previa y ley, Moreno es un burócrata todo poderoso que, sin firmar una resolución, da órdenes por teléfono diciendo qué hay que vender, a qué precio, en qué cantidades, adelantaron a su antojo las elecciones del 2009, y el listado sigue.
Cuando analizo lo que han hecho en estos nueve años para ver qué son capaces de hacer la respuesta es clarísima: pueden sobrepasar todos los límites imaginados a la hora de cometer barbaridades económicas, ignorar el orden jurídico y confiscar a diestra y siniestra, sabemos qué pueden llegar a hacer y qué es seguro que no van a hacer: someterse al Estado de derecho.
En 2003 el Estado Nacional recaudó $ 72.248 millones. En 2012 ingresaron en las arcas estatales $ 540.134 millones, es decir, en pesos multiplicaron por 7,5 veces los ingresos solo del Estado Nacional, es decir, sin contar la carga tributaria provincial y municipal. Y a pesar de haber multiplicado por 7,5 los ingresos fiscales hoy tiene déficit en las cuentas públicas y no saben qué caja manotear. Eso han demostrado de lo que son capaces de hacer en estos 9 años.
Si medimos la recaudación en dólares, pasó de U$S 25.516 millones en 2003 a U$S 130.769 millones en 2012. Multiplicaron por 5,3 los ingresos fiscales medidos en dólares y encima no les alcanzan los dólares para pagar la deuda pública al punto que fuero por las reservas del BCRA y encima no le dejan comprar libremente dólares a la gente. Eso han demostrado de lo que son capaces de hacer en estos 9 años.
Con estos datos solamente podemos advertir de lo que son capaces de hacer: despilfarrar los recursos de los contribuyentes en una orgía populista para acumular poder.
Cristina Fernández también afirmó: “Se han perdido muchos silo bolsa en Carlos Casares, en Azul, por las inundaciones, que no es nada bueno. Yo desde acá les dije no especulen, vendan que está a buen precio. La avaricia, tener mucho y querer más, es un pecado”. La verdad es que el crecimiento patrimonial de los Kirchner no parece coincidir con este párrafo de doña Cristina.
Apelando a la paciencia del lector transcribo otro párrafo del discurso de la presidente: “Olviden la especulación, piensen en sus hijos y vean lo que está pasando en el mundo. A todos nos gusta tener siempre más, es una conducta del hombre, pero cuando esto traspasa algunos límites trasciende la racionalidad humana“. Dígame realmente el lector si, definitivamente, no se nos ríen en la cara amparados en la impunidad que les otorga el monopolio de la fuerza que les delegamos.
Finalmente, ante las denuncias de eventuales coimas en la Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires, el kirchnerista Ottavis dijo: “Es mi teléfono el de la foto. (…) Clarín pone una foto confusa, trucha, poco clara, y dice algo que no es real. La impunidad de este diario, de violar la intimidad de un trabajador, de una persona, asusta. Mienten porque lo de ayer es histórico”. Ottavis se queja porque dicen que violan su intimidad. ¿Qué tenemos que decir el resto de los mortales que para comprar un dólar debemos darle a la AFIP información privadísima o para viajar al exterior tenemos que contar nuestra vida particular? Insisto, amparados en la impunidad que otorga el monopolio de la fuerza, si nos ríen en la cara. Pero, como dice el dicho, ojo que el que ríe último, ríe mejor. No vaya a ser cosa que un día las cosas se den vuelta y se les borre la sonrisa de la cara cuando, restablecida la república, tengan que dar explicaciones de infinidad de causas que hoy duermen en el los escritorios de algunos jueces.  

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA)y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

 

RESPUESTAS A DIEZ OBJECIONES AL ORO:

Por Adrián Ravier: Publicado el 1/6/12 en http://www.elojodigital.com/contenido/10906-respuestas-diez-objeciones-al-oro

Son varios los economistas que han presentado objeciones a un posible retorno al Patrón Oro, desde presidentes de la Reserva Federal como Alan Greenspan y Ben Bernanke, economistas de renombre como Tyler Cowen y Paul Krugman, y analistas como Eduardo Porter, Jesús Fernández Villaverde y tantos otros.

A modo de respuesta, a continuación me propongo —siguiendo a Lawrence H. White— analizar diez argumentos centrales contra el Patrón Oro:

1. El Patrón Oro deja que la cantidad de dinero sea determinada por fuerzas accidentales

Hay un germen de verdad en este punto, puesto que el Patrón Oro permite que la cantidad de dinero en circulación sea determinado por las fuerzas de la oferta y la demanda en el mercado del oro. Sin embargo, en el sistema vigente de banca central y dinero fiat la oferta de dinero es controlada por las decisiones de un comité de expertos de la Reserva Federal. La pregunta que queda es bajo cuál sistema se comporta mejor la cantidad de dinero y su poder adquisitivo.

La experiencia dicta que el stock de oro nunca fue estable. Sin embargo, durante el mayor descubrimiento de oro en California, en 1848, la caída del poder adquisitivo del dinero fue ínfima. En el intervalo de mayor inflación, el índice general de precios para EE.UU. subió de 5,71 en 1849 a 6,42 en 1857, un incremento de 12,4 por ciento en un período de ocho años. La literatura es clara en este respecto, en expertos de historia monetaria como Hugh Rockoff o Rolnich y Weber. (Algunos críticos del oro pueden pensar que un alquimista podría descubrir la forma de convertir plomo en oro, pero aun esto es contrastado con algo un poco más usual o probable: ¿Qué pasaría si el presidente de la Reserva Federal se vuelve loco?)

2. El Patrón Oro produciría una deflación dañina

Si bien el Patrón Oro ofreció bastante estabilidad mientras operó, es cierto que en ciertos momentos hubo deflación de precios. Por ejemplo, entre 1880 y 1900, EE.UU. evidenció un prolongado período de deflación récord. Sin embargo, dicho período no fue para nada desastroso en la economía real. El producto real per cápita comenzó dicho período en $3.379 y terminó en $4.943 (ambos en dólares de 2000). El crecimiento real per cápita fue más que saludable con un 46%, lo que implica que el producto real más que se duplicó.

Es así que, como explica George Selgin, los economistas debemos aprender a distinguir un proceso de deflación benigna y saludable, de otro dañino, como el que en efecto ocurrió entre 1929-1933 en la conocida Gran Depresión. La deflación benigna sería aquella que viene acompañada por aumentos de productividad, donde la caída de precios sólo redunda en un aumento del salario real.

3. El Patrón Oro fue responsable de los pánicos bancarios del siglo XIX y de la contracción monetaria de 1929-33, con la consecuente Gran Depresión

La contracción monetaria de 1929-33 es precisamente el ejemplo clásico de la deflación dañina. Pero hay que notar que esta no se generó bajo la existencia de un sistema de Patrón Oro, sino precisamente bajo la atenta mirada de la Reserva Federal. Uno podría observar el caso de Canadá en el período 1929-33 y ver que efectivamente bajo Patrón Oro no hubo pánico. Tampoco encontramos pánicos en Canadá en el siglo XIX. Fue el Sistema de Banca Central en definitiva el que debilitó al sistema bancario.

4. El beneficio del Patrón Oro (controlar la inflación) se podría alcanzar con un costo menor, simplemente controlando la cantidad de dinero fiat

Si bien este condicional es cierto, en la práctica no ocurrió tal cosa. El propio Alan Greenspan ha explicado que lo mejor que la Reserva Federal puede hacer en política monetaria, es intentar replicar exactamente lo que un sistema de Patrón Oro habría hecho en cada caso. Greenspan incluso ha reconocido que en los años 1970 la Reserva Federal generó una inflación acelerada porque el Patrón Oro no limitó la política monetaria. Y es que en ausencia de competencia las autoridades monetarias no tienen conocimiento ni incentivos para administrar bien el dinero.

Además, aun reconociendo que en los últimos 30 años la inflación ha sido más baja que en el período de posguerra, aun estos niveles de inflación actuales son mayores que los que evidenció el sistema de Patrón Oro.

Por otro lado, el costo del sistema de Patrón Oro ha sido exagerado por los economistas, incluso por Milton Friedman, al asumir que el 100 por ciento de la oferta monetaria (M2) debía estar respaldada en oro. Pero Lawrence H. White ha demostrado bajo su estudio de la historia monetaria que un sistema de banca libre con reserva fraccionaria puede operar con sólo un 2% de los billetes respaldados en oro, lo cual reduce drásticamente la cantidad de oro necesaria para retornar a dicho sistema.

Finalmente, debemos señalar que dicho costo es realmente muy bajo en relación con los daños que el sistema de banca central ha generado en la sociedad en el último siglo.

5. El Patrón Oro no implica ningún límite, porque el gobierno podría devaluar o simplemente suspender la obligación de respaldar sus billetes en cualquier momento que lo desee

Objeciones como esta podrían presentarse a otras normas o reglas, como es el caso de la Constitución. Pero aun así, las reglas constitucionales resultan útiles. Kydland y Prescott han señalado exitosamente la necesidad de fijar reglas para la política monetaria, lo cual redunda en un compromiso de parte de las autoridades monetarias, al mismo tiempo que ofrecen previsibilidad.

Demás está decir que el Patrón Oro no es la única regla. El propio Milton Friedman ha ofrecido su regla de una tasa de crecimiento monetario fija para cada período, o los objetivos de inflación regulan hoy la política monetaria de varios bancos centrales. Pero el Patrón Oro tiene una historia mucha más extensa y exitosa que estas reglas alternativas y es la única alternativa que no requiere de un banco central. Dejar la política monetaria en manos de banqueros privados bajo competencia, en lugar de la institución gubernamental, como era el caso de EE.UU. antes de 1913, elimina la posibilidad de las dañinas sorpresas monetarias.

También es cierto que el gobierno puede suspender el Patrón Oro en situaciones de emergencia como fue el caso en la Guerra Civil, pero el espíritu del Patrón Oro presiona para retornar al sistema y a la paridad, como de hecho ocurrió en EE.UU., según han demostrado Bordo y Kydland.

6. El Patrón Oro, como cualquier sistema de tipo de cambio fijo, es vulnerable a la especulación

Nicolás Cachanosky ha explicado que en un sistema de Patrón Oro no hay tipos de cambio, por lo que no puede haber especulación sobre ellos. Lo que sí tenemos es paridad, pero la aclaración es necesaria.

Lo que abre la puerta a la especulación es la debilidad de la paridad que ofrece un sistema monetario, sea el sistema de Patrón Oro o cualquier otra moneda de reserva. Un banco central puede ser débil, y ese es precisamente cuando combinamos un sistema de banca central con el Patrón Oro. Afortunadamente, el Patrón Oro no requiere de un banco central. White y Selgin muestran que con un sistema de emisores privados de dinero descentralizado, no hay institución capaz de devaluar, por lo que no hay razones para esperar la peligrosa especulación.

7. El dinero fiat es necesario para que un prestamista de última instancia responda a las necesidades de liquidez del sistema bancario

La historia muestra que un prestamista de última instancia prácticamente no sería necesario bajo un sistema monetario sólido y estable. Nuevamente vale la pena comparar el caso de EE.UU. y Canadá en el siglo XIX. En los casos excepcionales donde tal cosa fuera necesaria, Richard H. Timberlake enseña que las cámaras de compensación pueden resolver el problema.

8. El cambio a un sistema de Patrón Oro involucra costos masivos de transición

El costo de transición para retornar al Patrón Oro sería muy bajo. A diferencia del caso europeo con la transición al Euro, no sería necesario re-denominar los precios, porque la denominación del dólar se mantendría. A la tasa adecuada entre dólar y oro, los precios no necesitarían pegar un salto.

9. Abandonamos el Patrón Oro en primer lugar por buenas razones

Como bien explica Juan Carlos Cachanosky, en 1933 el Presidente Roosevelt devaluó el dólar de $20,67 a $35 por onza de oro, pero el problema no era el Patrón Oro, sino la debilidad del sistema de la Reserva Federal. La deflación se podría haber resuelto con una mejor política monetaria y reforma bancaria, pero sin abandonar el Patrón Oro.

En 1971 Nixon declaró la inconvertibilidad del dólar con el oro porque la propia Reserva Federal había expandido la oferta monetaria demasiado como para mantener la paridad del dólar en $35 la onza. Se hubiera evitado esto si la Reserva Federal no hubiera aplicado políticas monetarias tan agresivas en los años 1960.

Benjamin Anderson o Murray Rothbard explican que no fueron las reglas del Patrón Oro las que fallaron. Fue, más bien, la Reserva Federal la que falló.

10. No hay oro suficiente y EE.UU. no puede recrear el sistema de Patrón Oro internacional por sí mismo

Sí hay oro suficiente para retornar al Patrón Oro “si definimos correctamente el precio del dólar en términos de oro”.

Pero la segunda parte de este argumento ha quedado para el final porque representa la objeción más fuerte presentada contra el retorno a este sistema. Un retorno unilateral de EE.UU. al Patrón Oro privaría a su economía de los beneficios de un sistema de Patrón Oro internacional. Es por ello que un acuerdo global resulta necesario.

Esto, sin embargo, no parece ser un gran obstáculo. En tiempos tan inestable como los actuales, la búsqueda de un sistema monetario sólido está a la orden del día. Un retorno global al oro puede ser la solución real a la crisis financiera global de los últimos años.

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

 

Imprecisiones canarias:

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 3/6/12 en: http://www.libremercado.com/2012-06-03/carlos-rodriguez-braun-imprecisiones-canarias-64697/

Gracias a mi amigo Antonio Salazar, destacado periodista canario y gran benefactor de esta columna, tuve acceso a estas notables palabras publicadas en el Diario de Avisos, y correspondientes a José Miguel Ruano, exconsejero de Educación y de Presidencia en Canarias, y actual presidente del grupo parlamentario de Coalición Canaria: “En el esquema clásico de derecha e izquierda, nos oponemos a los neoconservadores, que quieren que la regulación esté exclusivamente vinculada a los mercados. Frente a ellos, mantenemos una posición liberal clásica: creemos en la emprendeduría, en la iniciativa privada, en la responsabilidad y en el esfuerzo como forma de construir la sociedad. Y, paralelamente, frente al dirigismo socialista, entendemos que la socialdemocracia introduce valores relacionados con la sostenibilidad de los servicios públicos y con el funcionamiento de un modelo de bienestar”. Si lo que don José Miguel deseaba era precisar la posición política e ideológica de Coalición Canaria, temo que no lo haya conseguido, porque casi nada de lo que afirma resiste el menor análisis.

De entrada, no está claro lo que quiere decir una regulación “vinculada a los mercados”. Cabe suponer que es lo que habitualmente se denomina autorregulación. Ahora bien, es patente que tales neoconservadores que quieren someter la regulación exclusivamente a los mercados, es decir, que las normas que regulan la vida económica solo broten de los acuerdos voluntarios, no existen. Ningún político de derechas, conservador o neoconservador, etc., ha pedido, propiciado o practicado jamás un criterio tan exquisitamente liberal de la regulación económica.

Hablando de liberales, el señor Ruano también distorsiona en cierto sentido el liberalismo, que, aunque ciertamente apoya la iniciativa privada y la responsabilidad individual, no lo hace “como forma de construir la sociedad”. Precisamente, por su énfasis en la libertad individual, el liberalismo no aspira a construir la sociedad sino a dejar a los individuos en paz.

Por último, su visión del socialismo es otro desatino. O sea que Coalición Canaria rechaza el dirigismo socialista, pero aplaude el socialismo por sus “valores relacionados con la sostenibilidad de los servicios públicos y con el funcionamiento de un modelo de bienestar”. Pero ni los servicios públicos ni el Welfare State son valores que puedan ser separados del dirigismo, porque no se da a los ciudadanos la opción de elegir si quieren pagarlos o no, ni su sostenibilidad es un valor que quepa separar de la sostenibilidad de las carteras privadas.

Esa sostenibilidad importa poco en general a los políticos, y en particular a los de Coalición Canaria, cuyo gobierno se ha sacado de la chistera una veintena de tasas y varios impuestos. A ver si próximamente don José Miguel Ruano nos aclara la posición de su grupo sobre estos “valores”. 

El Dr. Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.