Eficiencia Economica versus Derechos de Propiedad

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el  26/6/2012 en http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2012/06/26/eficiencia-economica-versus-derechos-de-propiedad/.

 El domingo pasado fueron los partidos finales del campeonato de fútbol en Argentina. Además de coronarse al campeón, también se definía la situación de descenso de San Lorenzo. Todo esto llevó a que prenda la TV, pero no a que ponga volumen y efectivamente preste atención a lo que pasaba en los distintos partidos. Por algo se empieza…

¿A que viene todo esto? A que mi falta de atención futbolística me llevó a notar un interesante intercambio entre Lucas Llach y Eduardo Stordeur sobre eficiencia económica y derechos por Twitter.

 En Argentina existe un programa del gobierno llamado Fútbol Para Todos a través del cual se financia (por supuesto, vía impuestos) la visualización gratuita de fútbol por TV sin tener que pagar un adicional especial. ¿Debe financiarse dicho programa, dado que el costo per cápita no supera los 3 pesos mensuales y parece genera una gran utilidad a sus consumidores?

Lucas Llach argumentaba que si la valoración subjetiva de la población argentina de fútbol por TV supera los 3ARS por mes, entonces el programa de Futbol Para Todos es eficiente y debe mantenerse. (Entre paréntesis, este tipo de políticas se suele utilizar para casos de bienes públicos o externalidades, no estoy seguro de cuál sería la externalidad o bien público en el caso de fútbol, donde aquel que desea paga la suscripción al proveedor de TV y aquel que no se ahorra el costo).

Eduardo Stordeur respondía que la mayor cantidad de transacciones y fallas del estado podían hacer que este calculo sea demasiado optimista, y que el costo real puede ser superior a los 3ARS per cápita por mes. ¿Y qué hay de los que no valoran el fútbol por TV mas de 3ARS? Llach respondía que ese monto es compensable, pero el Fútbol Para Todos no es compensable.

Tres aclaraciones antes de pasar a mi breve comentario. En primer lugar esto fue un intercambio por Twitter, por lo que viene sólo a modo de ejemplo para ilustrar la cuestión que quiero comentar sobre este tipo de argumentos. Segundo, vamos a asumir que no existen otros problemas asociados con la provisión de Fútbol Para Todos, y que el calculo de 3ARS per cápita por mes es correcto y no hay otros costos escondidos. Tercero, voy a asumir que podemos tener una medición de la utilidad individual y que la utilidad social es una suma simple de las utilidades individuales.

Supongamos que hay 10 personas, cuyas valoraciones de fútbol por TV, el precio máximo que se esta dispuesto a pagar es la siguiente:

  1. 10$
  2. 9$
  3. 8$
  4. 7$
  5. 6$
  6. 5$
  7. 4$
  8. 3$
  9. 2$
  10. 1$

Para mantenerlo de manera sencilla, supongamos que la utilidad social es una suma simple de las utilidades individuales. La utilidad social o total es entonces W = 55$. El costo del programa es de 30$ (3$ por cada una de las 10 personas). Es decir, hay un excedente agregado de 25$.

¿Justifica este excedente que se obligue a pagar a las personas 9 y 10 para que las personas 1 a 8 puedan disfrutar de Futbol Para Todos? ¿Permite un resultado Pareto superior llevar a cabo esta iniciativa? Después de todo, las personas que más valoran el fútbol por TV pueden compensar a las 9 y 10. Este es un problema moral/ético que implica nociones de justicia. En su paper sobre el Problema del Costo Social (1960), Coase da un ejemplo donde los conejos de una persona comen los cultivos de su vecino. Coase argumenta que el dueño de los cultivos es igual de responsable que el dueño de los conejos, y da a entender que la responsabilidad puede (debe?) resolverse siguiendo el principio de eficiencia.

¿Es una teoría moral basada en la eficiencia económica una buena propuesta? Más en abstracto, si el pago de “c” permite la producción de “X” de modo tal que W(con X) > W(sin X), ¿se puede justificar el pago de “c” por parte de todos? (W es la utilidad social).

En este ejemplo, X = Fútbol Para Todos. Pero también puede ser que:

  • X = Que se nos financien el tiempo dedicado a Punto de Vista Económico dado la gran utilidad que a los involucrados nos genera!
  • X = Encarcelar a los pelirrojos (perdón a los lectores pelirrojos -y pelirrojas-, entiendan que tienen que sacrificarse por la eficiencia económica, después los compensamos monetariamente).
  • X = Que la minoría pague autopistas para la minoría que las usa y las valora enormemente (problema similar a Fútbol Para Todos).
  • X = Esclavizar a los pelirrojos -y pelirrojas- (disculpas nuevamente a los lectores/as pelirrojos/as) dada la gran utilidad que genera esclavos pelirrojos.
  • etc… creo que ya se entiende el punto.

Este es el problema de fondo que no suele salir a la luz en estas discusiones, es decir, cuál es el fundamento moral detrás de los argumentos. Lo he encontrado en pocos lugares, como en O’Driscoll (1980), Rizzo (1980, 1985), Kennedy (1981) y Cordato (2000). Si la filosofía moral que soporta este argumento no se basa en la eficiencia económica, entonces el mismo no puede ser justificativo de transferencias o reasignación de derechos de propiedad sin importar que tan grande sea la ganancia económica. El cálculo económico del derecho puede contribuir a calcular una compensación ex-post la asignación de responsabilidad, pero no debe utilizarse para asignar responsabilidad ni justificar transferencias.

Los derechos básicos, derechos de propiedad, filosofía moral, son anteriores al problema de maximizar la eficiencia económica. No se puede elegir el sistema moral en base a la eficiencia económica.

Nuevamente, esto no viene tanto como crítica al intercambio de Eduardo Stordeur y Lucas Llach por Twitter, para eso sería necesario un intercambio más profundo (seguramente ambos tendrían cosas para decir sobre este punto); pero si sirve para dar contexto a este problema.

Nicolás Cachanosky es Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE), y Doctorando en Economía, (Suffolk University). Es profesor universitario.

 

El problema argentino no es “dolarización”

Por Aldo Abram. Publicado el 22/6/2012 en http://www.ambito.com/diario/noticia.asp?id=642328

Si bien el Gobierno se ha ocupado de destacar que no marcha hacia un desdoblamiento cambiario, éste ya existe, de hecho. Hay un mercado controlado oficial, equivalente a un «comercial», y los «paralelos», donde pueden operar todos aquellos que fueron excluidos del «formal», que funciona como un «financiero». Es cierto, este último no es «oficial» y es probable que nunca lo sea; ya que implicaría reconocer otro valor del dólar, que es al que verdaderamente se lo puede adquirir con libertad. Esto acelera la tendencia a tomarlo como referencia.

La pregunta es por qué, luego de mucho tiempo con un Banco Central (BCRA) con capacidad de manejo del tipo de cambio, terminamos en un mercado «controlado». Es falso decir que el problema es la «dolarización» de los argentinos, como si se hubiera puesto de moda el color verde para 2012. La respuesta es otra. Si bien desde 2006 se viene haciendo cada vez más uso del BCRA para financiar el gasto público, en 2010 y 2011, para ganar las elecciones, se terminó haciendo abuso de ese recurso.

Un paso importante en ese sentido fue la decisión de usar las reservas para pagar deuda pública en moneda extranjera de cualquier índole. ¿Cuál es la diferencia entre prestarle al Gobierno los pesos para que compre dólares o que el BCRA los adquiera con emisión y se los transfiera? Ninguna. Por lo tanto, si computamos los recursos aportados al Fondo del Bicentenario como justificativo del incremento de la oferta monetaria, se observa que, en ambos años, supera el 100%. Cabe aclarar que, en 2010, el exceso fue retirado con deuda remunerada del BCRA y, en 2011, con venta de reservas.

Semejante desmadre no podía ser gratis, y el costo fue diluir la solvencia del BCRA (relación de sus pasivos financieros respecto de las reservas); por lo que perdió la posibilidad de manejar el mercado cambiario. La respuesta oficial fue la implementación de controles y restricciones a la compra de divisas, mayores exigencias para la liquidación de exportaciones e inversiones en el exterior, y limitaciones a la importación. De esta forma, la autoridad monetaria armó un «corralito» donde poder comprar dólares más barato de lo que podría hacerlo si permitiera a todos participar de dicho mercado.

La demanda de pesos ha tendido a debilitarse debido a la peor evolución del nivel de actividad, la creciente inflación y la imposibilidad de poder convertirla en otra moneda. Cuando se suma la emisión para comprar divisas y para financiar al Gobierno, se entiende la presión a la baja del valor del peso; lo que se refleja en el mercado «informal» de cambios y en una creciente inflación. Como el Banco Central no está dispuesto a convalidar esa depreciación de la moneda local en el mercado «oficial», el resultado es una brecha creciente. Conclusión: no estamos ante una viciosa «dolarización» de los argentinos, sino frente la huida de los pesos y los activos locales, debido a la percepción de riesgo que generan las actuales políticas, que se canaliza a través de la compra de divisas extranjeras. En los últimos 60 años, la Argentina implementó controles cambiarios en, por lo menos, una decena de ocasiones. Todas ellas terminaron con una crisis cambiaria y bancaria. La gente está empezando a recuperar la memoria y, cuanto más rápido lo haga, mayor será el costo de corregir la actual política.

Existe un remedio. Si el despilfarro desde el sector público nos metió en este lío, la moderación de las erogaciones tiene que ser, necesariamente, parte de la solución. A partir de ello, el Banco Central podría moderar la emisión para financiarlo y tratar de absorber lo máximo posible de los excesos de pesos; lo que implicará asumir más deuda remunerada, y eso tiene un límite.

No parece sencillo evitar una aceleración de la devaluación en la tendencia a la unificación del mercado cambiario en uno de libre acceso. Sin embargo, cuanto más tiempo se tarde en encarar este proceso, más traumática será la salida. Ayudaría tremendamente a minimizar los costos si el Gobierno empezara a desandar el camino al estatismo, los subsidios indiscriminados, las violaciones a los derechos de los ciudadanos y empresas, el proteccionismo creciente, y nos tratara a los argentinos con el respeto al que lo obliga la Constitución Nacional. De esta forma, se incrementaría la confianza en el peso y en el futuro de la Argentina; lo que redundaría en una mayor demanda y valor de la moneda nacional o, lo que es lo mismo, un menor tipo de cambio.

Aldo Abram es Lic. en Economía y director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

 

La ambición pone freno a la ambición:

Por Enrique Edmundo Aguilar. Publicado el 20/6/12 en http://www.elimparcial.es/mundo/la-ambicion-pone-freno-a-la-ambicion-106408.html

  Ha sido frecuente en estas columnas la referencia a la división de poderes entendida como una forma equilibrada de reparto del poder que, cuando menos desde Montesquieu, es vista como remedio a la propensión que han tenido siempre los poderosos a abusar de sus atribuciones. Se sabe que fue su residencia en Inglaterra lo que llevó a Montesquieu a descubrir que, a falta de móviles más altos, la libertad podía originarse en una disposición institucional adecuada. Asimismo, es conocida la influencia que el citado autor ejerció sobre los convencionales de Filadelfia, en 1787, a hora de organizar la unión federal.

Esta influencia resulta ostensible, por ejemplo, en los escritos de James Madison quien se explayó sobre la cuestión de la separación de poderes en varios artículos de los Federalist Papers, fundamentalmente del 47 al 51. En este último, sin embargo, Madison corrige levemente una fórmula de Montesquieu imprimiéndole, si cabe decirlo así, un carácter más “humano”. El francés había dicho: “Para que no se pueda abusar del poder es preciso que, por la disposición de las cosas, el poder frene al poder.” Madison, por su parte, centrará menos su atención en el alcance de las funciones de cada departamento de gobierno (ejecutivo, legislativo y judicial) que en la ocasión que cada uno ofrece para canalizar las ambiciones humanas o, más precisamente, el afán de poder. Leámoslo: “Pero la gran seguridad contra una gradual concentración de los diversos poderes en un mismo departamento consiste en dotar a los que administran cada departamento de los medios constitucionales y los móviles personales necesarios para resistir las invasiones de los otros. Las medidas de defensa, en este caso como en todos, deben ser proporcionadas al riesgo que se corre con el ataque. La ambición debe ponerse en juego para contrarrestar a la ambición. El interés humano debe entrelazarse con los derechos constitucionales del puesto.”

Cuando se advierte cómo en algunos países sus gobiernos se desentienden abiertamente del principio de la división de poderes, resulta útil remitirse a esta reflexión de Madison relativa a la ambición y la necesidad de encauzarla. Y me pregunto si una de las causas del ejercicio autocrático de la autoridad por parte de la rama ejecutiva que se ha vuelto cotidiano en estos países (la Argentina es uno de ellos), no residirá precisamente en la falta de verdadera ambición en las otras ramas. ¿Hay legisladores realmente ambiciosos de poder? ¿Hay una oposición movida por el mismo interés? ¿Hay jueces que se afanen en hacer valer su independencia? Francamente lo dudo. De lo contrario, cuesta entender que se consienta tanta arbitrariedad y que no se impongan los límites que la propia Constitución prevé.

 Enrique Edmundo Aguilar es Doctor en Ciencias Políticas. Decano de la Facultad de Ciencias Sociales, Políticas y de la Comunicación de la UCA y Director, en esta misma casa de estudios, del Doctorado en Ciencias Políticas. Profesor titular de teoría política en UCA, UCEMA, Universidad Austral y FLACSO,  es profesor de ESEADE y miembro del consejo editorial y de referato de su revista RIIM.

 

Estado y lealtad

Por Carlos Rodríguez Braun: Publicado el 18/6/12 en http://www.larazon.es/noticia/8060-estado-y-lealtad-por-carlos-rodriguez-braun

En Twitter (@rodriguezbraun), un seguidor (@Luismita) me apuntó: si la Sanidad privada desvía enfermos graves a la pública, ¿no es competencia desleal, porque se quita de encima pacientes poco rentables? Mi explicación es que no se puede hablar de competencia (ni, por cierto, tampoco de «colaboración») entre el Estado y el mercado, que son antitéticos, aunque estén entrelazados. ¿Por qué se conduce así la sanidad privada? La respuesta es: porque puede y es legal. Y puede porque existe la pública, porque la pública obliga a todo el mundo a pagar, y se escuda en que también se compromete a curarnos. Quienes hacen negocios en esas condiciones peculiares, y pueden bajar sus costes derivando enfermos, lo harán. Pero la competencia desleal no es la del sector privado, porque éste tiene un competidor que monopoliza la coacción legítima, y puede forzar a la gente a pagar. Ninguna empresa puede hacer eso. Y eso no es competencia muy leal, desde luego. También se habla en ocasiones de la deslealtad de quienes somos liberales pero acudimos al socorro del Estado, y se supone que eso quebranta nuestros principios. Otra vez, ello ignora la existencia misma del Estado, que no es una institución más. Dijo @Luismita: ¿renunciaría usted al Estado si tiene un accidente y viene el Estado a ayudarlo? Si no renuncia, concluyó, es que el sector público es bueno. Le respondí: renuncio, siempre que el Estado renuncie a cobrarme impuestos.

El Dr. Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

 

 

¿Cuál desigualdad?

Por Alberto Benegas Lynch (h) . Publicado el 21/6/12 en http://www.diariodeamerica.com/front_nota_detalle.php?id_noticia=7331

En nuestro mundo moderno se producen paradojas superlativas respecto al tema de la igualdad o desigualdad. Me referiré a dos igualdades y a dos desigualdades de modo muy esquemático y resumido. Hay una igualdad  a la que se le atribuye gran importancia y a la que los políticos en mayor o menor medida apuntan a lograr, otra igualdad que rechazan, una desigualdad que deploran y una segunda desigualdad que alientan. Sin embargo, la igualdad que aprecian resulta inconveniente y la que repudian es esencial para la vida en sociedad, mientras que la desigualdad que combaten es absolutamente clave para el progreso y la que aplauden presenta un problema de grandes proporciones. En otros términos, todo al revés de lo que indica un juicioso análisis jurídico, económico y social.
 
Vamos por partes pero de entrada digamos que las desigualdades anatómicas, fisiológicas, bioquímicas y, sobre todo, psicológicas no solo constituyen un hecho entre los humanos sino que la sociedad civilizada se desplomaría si a todos nos gustara la misma mujer y si todos tuviéramos las mismas habilidades e inclinaciones. Más aun, esta igualdad convertiría las relaciones interindividuales en un espantoso e intolerable tedio, puesto que la conversación misma se asimilaría a una conversación con el espejo, sin posibilidad de contrastar ideas y, por ende, desperdiciando las posibilidades de saltos cuánticos en el conocimiento (además de lo ya dicho en cuanto a la parálisis en el progreso material puesto que el sostén de incentivos para la división del trabajo de desplomaría).
 
Empecemos por el final. Por la desigualdad que en esta instancia suele alentarse. Charles Murray en su último libro (Coming Apart) apunta a una desigualdad que, a su juicio, está despedazando las entrañas de Estados Unidos (lo cual es aplicable al resto de mundo) y se refiere al abandono de los valores y principios de la sociedad abierta suscripta por los Padres Fundadores y por todos los pensadores del liberalismo clásico del orbe. Esto es una desigualdad moral que constituye la explicación clave para entender la decadencia de nuestro mundo de hoy. Desafortunadamente Murray correlaciona las distintas posiciones fundamentalmente con niveles de ingresos, cosa que a nuestro juicio, esta generalización, nada tiene que ver con el fenómeno descripto. Además, por razones que no se especifican su estudio está centrado en los blancos en Estados Unidos, situación que tampoco nos parece tenga ninguna relación con lo dicho. Es que las generalizaciones de grupos humanos siempre conducen a callejones sin salida que se pretenden sortear con aquello de que “la excepción confirma la regla”. Distinta es la generalización por roles al sostener que quienes ocupan posiciones dirigenciales, para bien o para mal, suelen trasmitir ejemplos. En todo caso, esta desigualdad moral no solo es desestimada por muchos en cuanto al peligro que representa para la supervivencia de la sociedad abierta, sino que es alentada debido a la convicción socialista de sus propulsores.
 
En el mismo orden inverso que hemos planteado, viene luego la más corriente de las posiciones: la repulsa a las desigualdades de ingresos y patrimonios sobre lo que hemos escrito en otras oportunidades pero ahora basta con decir que en libertad las manifestaciones de los consumidores con sus compras y abstenciones de comprar establecen esos deltas y, por ende, las propuestas políticas de nivelación significan contradecir aquellas previas manifestaciones. La asignación de recursos en el mercado libre permite maximizar las tasas de capitalización que son el único factor que permite elevar salarios en ingresos en términos reales. Por supuesto que no nos estamos refiriendo a patrimonios obtenidos fruto del privilegio y la dádiva otorgada  a favor de los amigos del poder, lo cual constituye un latrocinio.
 
A continuación la igualdad que se desconoce a diario y que produce consecuencias malsanas para la cooperación social. Se trata de la igualdad ante la ley que en la práctica es desconocida debido a que se pretende la igualdad mediante la ley al efecto de lograr la redistribución a la que nos referimos en el punto anterior. Igualdad ante la ley se traduce en igualdad de derechos de todos por parte de la justicia que se ilustra con los ojos vendados precisamente para destacar la referida igualdad sin que se espíen las condiciones de cada cual. Esta es la única igualdad en una sociedad libre y que resulta crucial para la convivencia civilizada, para la paz social y el progreso de todos los habitantes de la comunidad. En este contexto la ley es sinónimo de derecho y antónimo a disposiciones legislativas e ingenierías sociales que desconocen los puntos de referencia extramuros de la norma positiva, mojones que son anteriores y superiores a la existencia misma del gobierno.
 
Por último la tan alabada igualdad de oportunidades que es siempre incompatible con la igualdad ante la ley puesto que para otorgar esa mentada igualdad necesariamente deben vulnerarse derechos. En la sociedad abierta de lo que se trata es abrir las posibilidades para que todos cuenten con mayores oportunidades, pero, por las razones apuntadas, no pueden ser iguales sin desmoronar el tejido social que, como decimos, se basa en la igualdad ante la ley.
 
Estos desconceptos son consecuencia necesaria del abandono de principios y valores que constituyen los cimientos de la civilización. Salvo honrosas excepciones, en las facultades de derecho hacen estragos las teorías positivistas. Como hemos apuntado antes, en verdad no egresan abogados (defensores del derecho) sino estudiantes de legislaciones que eventualmente conocen por su número, inciso y párrafo respectivo pero desconocen los basamentos de la norma. En buena parte de las facultades de ciencias económicas, se insiste en la enseñanza de absurdos modelos de “competencia perfecta” que implican la ausencia de competencia y asignaturas que apuntan a la planificación de haciendas ajenas.
 
El debido tratamiento de estos cuatro temas vitales: dos igualdades y dos desigualdades, resulta de gran trascendencia para el mejoramiento de las condiciones de vida de todos, muy especialmente de quienes se encuentran en situaciones de pobreza extrema. La preocupación por la condición del prójimo es en lo que consiste el amor, el resto es puro narcisismo o frivolidad manifiesta. Como nos explica Nathaniel Branden, los sentimientos son expresiones de escalas valorativas decididas en el consciente y archivadas en el subconsciente. “Amar el amor” ha escrito George Steiner refiriéndose a la autobiografía de Paul Feyerabend, lo cual está íntimamente vinculado al intelecto ya que significa alimentar y alimentarse el alma que es lo más preciado que tenemos (no hay amor entre los animales).
 
Pero ya que nos hemos zambullido en el tema del amor debe aclararse que todo se hace por interés personal (en realidad es una perogrullada puesto que toda acción se lleva a cabo porque le interesa al sujeto actuante, ya se trate de un acto sublime o uno ruin). En nuestro caso, quien ama es porque obtiene satisfacción de proceder de ese modo, el que se odia a si mismo es incapaz de amar. La mención del narcisista alude a quien no atina a nada más que mirarse el ombligo. Como queda dicho, la debida comprensión de los temas de las igualdades y desigualdades considerados en estas líneas constituyen aspectos medulares para el progreso moral y material del prójimo y de nosotros mismos. No es posible que se siga con la cantinela de políticas que alegan “amor a los pobres” cuando los arruinan de modo inmisericorde.
 
Concluyo estas líneas con una anécdota que ilustra otra de las desigualdades, tal vez la más sublime: la nobleza. En una oportunidad, el deportista por antonomasia Roberto De Vicenzo, después de un torneo de golf, fue abordado en la playa de estacionamiento por una señora que manifestó que tenía un hijo que se estaba muriendo y necesitaba desesperadamente ayuda monetaria. Después de un breve intercambio, el golfista decidió escribirle y entregarle un cheque por la suma requerida. Inmediatamente después de retirada la solicitante dos de los directivos del club le explicaron a De Vicenzo que se trataba de una embustera que ya había procedido de igual manera con otros incautos y que lo acababan de ver al referido hijo que gozaba de buena salud. El deportista preguntó “¿es cierto que el hijo se encuentra bien de salud?” a lo que los interlocutores reconfirmaron la respuesta con la afirmativa, entonces Roberto De Vicenzo exclamó “¡que suerte!” con lo que se despidió y marchó de las instalaciones.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía, Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.

 

Perón: “eso es simplemente un robo”

Por Agustín Etchebarne. Publicado el 19/6/12 en http://www.libertadyprogresonline.org/2012/06/19/peron-eso-es-simplemente-un-robo/

“En 1956, el Estado, acuciado quizá por la necesidad, echó mano a los capitales acumulados por las cajas (previsionales). Es decir, se apropió de ello. Para mí, eso es simplemente un robo porque no era plata del Estado esa; era plata de la gente (…) Claro que lo descapitalizaron, he visto un decreto secreto por el cual se sacaron 65.000 millones, para hacer otras cosas que no tenían nada que ver con las jubilaciones y pensiones que nosotros habíamos creado”.

“Es decir, señores, se las asaltó. Fue un asalto!”

Estas palabras las pronunció Juan Domingo Perón, en 1973, después de su vuelta a la Argentina, tras 18 años en Europa. El 30 de noviembre de ese año dictó una conferencia por Cadena Nacional, respecto al Sistema Previsional. De allí surgen los fragmentos citados. Se trata de una disertación que hoy debieran escuchar todos los argentinos, especialmente todos los que están en el gobierno.

En ese discurso, el General se pronunció con pasmosa claridad, aunque sin perder su tono populista grandilocuente.

“Nosotros empezamos a estudiar esos problemas cuando todos nuestros viejos estaban abandonados”, afirmó.

Pero inmediatamente empieza a dar una clase magistral: “No quisimos hacer un sistema previsional estatal, porque yo conocía, y he visto ya en muchas partes, que estos servicios no suelen ser ni eficientes ni seguros; dejando al Estado libre de una obligación que siempre malcumple. Es la experiencia que tengo en todas las partes donde estos sistemas los he conocido”.

En esa misma conferencia, mostró también la consecuencia inevitable, lógica, que sigue a la descapitalización: la inflación y el empobrecimiento de los salarios reflejado en el aumento del dólar:

“Entonces naturalmente que después de ese asalto, los pobres jubilados comenzaron a sufrir las consecuencias de una inflación que no pudo homologar ningún salario, ni ninguna jubilación. Y llegaron a cobrar en relación con el la desvalorización del poder adquisitivo de esa moneda.”

“Cuando nosotros dejamos el gobierno en el 55 el dólar estaba en el mercado libre a $14,50 y ahora estos pobres tenían que cobrar a razón de un dólar de 1400 pesos. Entonces era lógico señores, cualquiera hubiera sido el arreglo que se hiciera esto no tenía arreglo.”

“Lo que pasaba es que habían desfalcado las cajas, las habían asaltado.”

“Y las cajas, como todas las organizaciones económicas y financieras, tienen su límite. El límite está indicado por su capital. Una vez que se le ha quitado el capital es inútil que se pretenda buscarle soluciones de otra manera.”

La confiscación de los capitales acumulados por los futuros jubilados en 2008 “fue simplemente un robo”. Y el uso del dinero de la ANSES desde 2008 también.

El nuevo programa anunciado ayer de utilizar los fondos de la ANSES para otorgar 100.000 créditos subsidiados para construir casas, significa reiterar el desfalco, el robo, el asalto, según las mismas palabras de Perón. Significa descapitalizar la ANSES, y por supuesto, tendrá la consecuencia lógica de aumentar la inflación, desvalorizar el peso, lo que se reflejará en nuevos aumentos en la cotización del dólar y en el empobrecimiento de los asalariados y los jubilados.

Esto, como dijo el viejo general, ocurrirá natural y lógicamente.

Agustín Etchebarne es Lic en Economía (UBA); Máster en Desarrollo Económico (ISVE), posgrado en Comercialización Estratégica de la (UB). Ex profesor de Análisis Económico y Financiero en la Facultad de Derecho de la UBA y profesor de ESEADE.

 

El ejemplo báltico: no hace falta devaluar:

Por: Enrique Blasco Garma: Publicado el 20/6/12 en: http://www.ambito.com/diario/noticia.asp?id=642010

Es cada vez más numerosa la insistencia de los especialistas en la necesidad de devaluar el peso. Sin embargo, ello no es inexorable. Es ilustrativo el ejemplo de los países bálticos. Al inicio de la crisis de 2008/2009, la mayoría de los especialistas recomendaba la devaluación de las monedas bálticas «para restaurar la competitividad y ajustar las cuentas». Entre ellos, expertos de la talla de Paul Krugman y Nouriel Roubini proponían la receta de la Argentina de 2002. A pesar de los estragos de la crisis europea, los tres países bálticos exhiben significativos ajustes externos, fiscales y recuperaciones del PBI. Y no devaluaron, evitando consecuencias inflacionarias y políticas nefastas.

¿Qué hicieron? Teniendo los mayores déficit externos del planeta (como proporción del PBI), contrajeron el gasto interno hasta la capacidad productiva, al tiempo que introdujeron flexibilizaciones y otras medidas para elevar la productividad. Al conseguirlo sin devaluar afirmaron el prestigio de su moneda y sus autoridades. Además, en medio de tremenda crisis y contra los pronósticos de economistas prestigiosos, Estonia entró en el euro en 2011; Letonia y Lituania mantienen la convertibilidad fija con esa moneda y se incorporarían al euro en 2014. Sin alterar su paridad, los tres países volvieron al equilibrio y crecimiento. La receta de devaluar no es inescapable.

Competitividad. Cuando hay déficits externos, los expertos suelen dictaminar falta de competitividad y necesidad de devaluar. Sin embargo, la competitividad global de un país es una relación entre gasto interno y capacidad productiva (otra forma es decir que los costos exceden a los ingresos o el tipo de cambio real está atrasado). El déficit externo siempre conlleva un gasto interno que desborda a la capacidad productiva. La sintonía de las cuentas pasa por adecuar el gasto a la capacidad productiva (que puede incrementarse mejorando la productividad, con inversiones y suprimiendo gastos improductivos). Cuando los gastos se reducen sin devaluar, la inflación no se desmadra y las autoridades nacionales ganan prestigio.

Los cuadros exponen estadísticas de Eurostat evidenciando los cambios.

 
 
 

En 2007, los tres países presentaban déficit externos -cuentas corrientes negativas- entre un 14,4% y un 22,4% del PBI, los mayores del mundo. Con esos guarismos, el FMI y especialistas de la valía de Krugman y Roubini no acercaban mejor alternativa que devaluar. A pesar de ello, esas naciones resolvieron no devaluar. Superaron la emergencia reduciendo sus gastos justo cuando sus ingresos nacionales se derrumbaban. La magnitud del ajuste fue inmensa. Estonia pasó de un déficit externo del 15,9% del PBI a un superávit del 3,2%. Letonia, de un déficit del 22,4% a uno del 1,2%; y Lituania, de un déficit del 14,4% a uno del 1,6%, en cuatro años.

El cuadro No. 2 expone las caídas sin precedentes, en 2009, y las recuperaciones posteriores de los PBI nacionales. En 2012, Estonia tendría un PBI un 2,5% superior al de 2008; Letonia y Lituania todavía están por debajo.

El ejemplo de estas naciones confirma: se puede recuperar el equilibrio externo, en poco tiempo sin devaluar. Los tres países superaron los mayores déficit externos del planeta manteniendo la paridad monetaria fija. En 2012, serán las economías más dinámicas de la UE.

El camino elegido por las tres naciones bálticas evitó que los sistemas financieros, propios y de los otros países de la UE, sufrieran el contagio de una devaluación, con las consiguientes fugas de capitales y quiebre de confianza. Al hacerlo, Estonia ganó su incorporación al euro y las otras dos naciones probablemente ingresen en 2014. Grecia y los demás países en dificultades tienen un ejemplo concreto de ajuste sin devaluación. Los líderes políticos bálticos elevaron su prestigio entre propios e inversores de todo el mundo. Los argentinos podríamos advertir que hay otra opción a la devaluación, que siempre empobrece y deteriora a los gobiernos. La pertenencia a un grupo selecto como el euro genera incentivos que ayudan en ese empeño. La declinación argentina está marcada por devaluaciones exageradas. El peso actual equivaldría a 10.000.000.000.000 de pesos de 1967.

Enrique Blasco Garma es Ph.D (cand) y MA in Economics University of Chicago. Licenciado en Economia, Universidad de Buenos Aires. Es Economista del Centro de Investigaciones Institucionales y de Mercado de Argentina CIIMA/ESEADE. Profesor visitante a cargo del curso Sist. y Org. Financieros Internacionales, en la Maestria de Economia y C. Politicas, ESEADE.