El ejemplo báltico: no hace falta devaluar:

Por: Enrique Blasco Garma: Publicado el 20/6/12 en: http://www.ambito.com/diario/noticia.asp?id=642010

Es cada vez más numerosa la insistencia de los especialistas en la necesidad de devaluar el peso. Sin embargo, ello no es inexorable. Es ilustrativo el ejemplo de los países bálticos. Al inicio de la crisis de 2008/2009, la mayoría de los especialistas recomendaba la devaluación de las monedas bálticas «para restaurar la competitividad y ajustar las cuentas». Entre ellos, expertos de la talla de Paul Krugman y Nouriel Roubini proponían la receta de la Argentina de 2002. A pesar de los estragos de la crisis europea, los tres países bálticos exhiben significativos ajustes externos, fiscales y recuperaciones del PBI. Y no devaluaron, evitando consecuencias inflacionarias y políticas nefastas.

¿Qué hicieron? Teniendo los mayores déficit externos del planeta (como proporción del PBI), contrajeron el gasto interno hasta la capacidad productiva, al tiempo que introdujeron flexibilizaciones y otras medidas para elevar la productividad. Al conseguirlo sin devaluar afirmaron el prestigio de su moneda y sus autoridades. Además, en medio de tremenda crisis y contra los pronósticos de economistas prestigiosos, Estonia entró en el euro en 2011; Letonia y Lituania mantienen la convertibilidad fija con esa moneda y se incorporarían al euro en 2014. Sin alterar su paridad, los tres países volvieron al equilibrio y crecimiento. La receta de devaluar no es inescapable.

Competitividad. Cuando hay déficits externos, los expertos suelen dictaminar falta de competitividad y necesidad de devaluar. Sin embargo, la competitividad global de un país es una relación entre gasto interno y capacidad productiva (otra forma es decir que los costos exceden a los ingresos o el tipo de cambio real está atrasado). El déficit externo siempre conlleva un gasto interno que desborda a la capacidad productiva. La sintonía de las cuentas pasa por adecuar el gasto a la capacidad productiva (que puede incrementarse mejorando la productividad, con inversiones y suprimiendo gastos improductivos). Cuando los gastos se reducen sin devaluar, la inflación no se desmadra y las autoridades nacionales ganan prestigio.

Los cuadros exponen estadísticas de Eurostat evidenciando los cambios.

 
 
 

En 2007, los tres países presentaban déficit externos -cuentas corrientes negativas- entre un 14,4% y un 22,4% del PBI, los mayores del mundo. Con esos guarismos, el FMI y especialistas de la valía de Krugman y Roubini no acercaban mejor alternativa que devaluar. A pesar de ello, esas naciones resolvieron no devaluar. Superaron la emergencia reduciendo sus gastos justo cuando sus ingresos nacionales se derrumbaban. La magnitud del ajuste fue inmensa. Estonia pasó de un déficit externo del 15,9% del PBI a un superávit del 3,2%. Letonia, de un déficit del 22,4% a uno del 1,2%; y Lituania, de un déficit del 14,4% a uno del 1,6%, en cuatro años.

El cuadro No. 2 expone las caídas sin precedentes, en 2009, y las recuperaciones posteriores de los PBI nacionales. En 2012, Estonia tendría un PBI un 2,5% superior al de 2008; Letonia y Lituania todavía están por debajo.

El ejemplo de estas naciones confirma: se puede recuperar el equilibrio externo, en poco tiempo sin devaluar. Los tres países superaron los mayores déficit externos del planeta manteniendo la paridad monetaria fija. En 2012, serán las economías más dinámicas de la UE.

El camino elegido por las tres naciones bálticas evitó que los sistemas financieros, propios y de los otros países de la UE, sufrieran el contagio de una devaluación, con las consiguientes fugas de capitales y quiebre de confianza. Al hacerlo, Estonia ganó su incorporación al euro y las otras dos naciones probablemente ingresen en 2014. Grecia y los demás países en dificultades tienen un ejemplo concreto de ajuste sin devaluación. Los líderes políticos bálticos elevaron su prestigio entre propios e inversores de todo el mundo. Los argentinos podríamos advertir que hay otra opción a la devaluación, que siempre empobrece y deteriora a los gobiernos. La pertenencia a un grupo selecto como el euro genera incentivos que ayudan en ese empeño. La declinación argentina está marcada por devaluaciones exageradas. El peso actual equivaldría a 10.000.000.000.000 de pesos de 1967.

Enrique Blasco Garma es Ph.D (cand) y MA in Economics University of Chicago. Licenciado en Economia, Universidad de Buenos Aires. Es Economista del Centro de Investigaciones Institucionales y de Mercado de Argentina CIIMA/ESEADE. Profesor visitante a cargo del curso Sist. y Org. Financieros Internacionales, en la Maestria de Economia y C. Politicas, ESEADE.

 

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