Recesión en ciernes en la Argentina

Por Alejandro Tagliavini: Publicado el 4/6/12 en http://www.territoriodigital.com/edimpresa.aspx?s=6&f=04%2F06%2F2012

Más allá de aumentos artificiales en pocos rubros, como la venta de autos que terminará mayo 7% arriba, básicamente debido al aprovechamiento coyuntural de corto plazo que hacen muchos ahorristas de la brecha de cerca del 30% del dólar con el oficial, lo cierto es que el país se encamina a una recesión como consecuencia de la mayor injerencia estatal en la economía.
De hecho, en lo que va del año la fuga (verdadera estampida) de divisas ya ronda los US$ 15 mil millones que han salido del país o están en cajas de seguridad o debajo del colchón. Y la brecha podría aumentar si consideramos que «corregido por inflación» real, el dólar de $ 3, después de desarmada la convertibilidad, hoy llegaría a $ 6,60.
Tomemos como indicador económico el clásico de los clásicos, no sólo como instrumento de inversión sino como motor del PBI y, casi nada, la construcción de viviendas en un país donde el déficit habitacional es tremendo, al punto de que en la mismísima plaza de Mayo, frente a la Casa de Gobierno Nacional y de la Ciudad, duermen cada noche más personas, llegando hoy a unas 30, incluidos inválidos y niños.
Debido al asfixiante control sobre el dólar impuesto por el Gobierno, la compraventa de inmuebles para esta primera mitad del año arroja la peor cifra desde el 2002, y mayo cerrará con una baja de al menos 30% en el total de transacciones, con una tendencia a caer aún más. Sucede que ante la imposibilidad de comprar dólares, entre los propietarios crece la reticencia a vender y los compradores prefieren conservar los billetes verdes, que prometen seguir subiendo descontroladamente. Así, todo indica que, con el dólar blue disparado, los precios en dólares de las propiedades no bajarán.
Por cierto que esto repercute de manera directa sobre la construcción. Durante el primer cuatrimestre del 2012, los permisos de construcción en la Ciudad de Buenos Aires cayeron 40% en relación al mismo período de 2011. Ahora, además de que el crédito hipotecario ya era insuficiente, se le suma que al que quiere comprar dólares para ir ahorrando y adquirir una propiedad le resulta mucho más complicado. A lo que hay que agregarle el ritmo inflacionario que hace que los valores de la construcción seguirán con fuertes aumentos. Algo similar ocurre con los campos, nadie vende, nadie compra, nadie invierte.
Ahora se habla acerca de la posibilidad de «pesificar» las operaciones y que el Estado designe a una entidad financiera pública como «veedora» que apruebe todas las operaciones inmobiliarias. Aunque esto sería el colmo del disparate y seguramente no ocurrirá, viene bien como introito a la explicación filosófica de por qué estas intervenciones estatales están provocando tanto daño.
 Es que una intervención estatal significa la utilización del poder de policía para imponer (en uso del monopolio de la violencia estatal) las reglamentaciones en cuestión. Y la violencia, ya lo sabemos, siempre destruye. Lamentablemente, la tendencia de este Gobierno es a aumentar la utilización de su poder de policía en lugar de retirarlo, es decir, profundizar la destrucción.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

 

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