Cándido Méndez y el gasto:

Por Carlos Rodríguez Braun. Publicado el 20/5/12 en: http://www.libremercado.com/2012-05-20/carlos-rodriguez-braun-candido-mendez-y-el-gasto-64577/

El secretario general de UGT, Cándido Méndez, escribió un artículo en El País sobre la contención del gasto público, una medida a su juicio incorrecta; además, aunque es a veces justificada asimilándola al ajuste del gasto que realizan las familias, según Méndez esto ni siquiera sería válido en el seno de las familias: “Si eso fuera así, en mi casa, hogar de una humilde familia obrera, no hubieran entrado El Quijote, las obras completas de Blasco Ibáñez y un diccionario enciclopédico de dos tomos, el único al alcance de nuestras posibilidades”.

El argumento identifica poder político y sociedad civil. Don Cándido no distingue entre la decisión libre de un ciudadano con su dinero y la imposición de la Administración que decide arrebatárselo y gastarlo en su nombre. Pero, veamos, si el señor Méndez elogia la decisión de su familia de ajustar el presupuesto, reduciendo unos gastos y aumentando otros, como el importante capítulo de los libros, es notable que no perciba la importancia que reviste el hecho de que esos libros fueron comprados libremente por sus padres con su dinero; y que no observe que si eso está bien, y está muy bien, entonces también vale para todos los demás gastos que hacen los ciudadanos, a saber, que deberían decidir ellos cómo ajustarlos a sus ingresos, y no los políticos.

Don Cándido deja para el final su condena más dura: “De las últimas medidas del Gobierno, la que mayor filo ideológico tiene es la subida de tasas universitarias, que crea un muro económico para obstaculizar que el hijo o la hija de una limpiadora pueda ser economista”. No presta ninguna atención al muro que deben sortear las familias para financiar la educación universitaria, ni al muro que representa un sistema intervenido que produce cada vez más licenciados condenados al paro o a realizar actividades muy diferentes de las correspondientes a sus estudios; no presta atención al hecho de que la sociedad civil descubrió las becas para estudiantes pobres hace varios siglos; en fin, no presta atención a nada más que la ficción conforme a la cual el mayor gasto público siempre es bueno, y quien no lo crea es que padece… ideología.

En fin, sigamos con ideología. Don Cándido Méndez augura terribles catástrofes si la coacción política y legislativa disminuye. “Todo está en riesgo”, dice, dramáticamente, todo, la convivencia, la democracia, Europa, todo, porque igual caemos en una economía “de libre mercado como pretendía, entre otros, Aznar”. Caramba, y usted igual creía recordar que en tiempos de Aznar hubo impuestos, cotizaciones, regulaciones, Seguridad Social y todo el aparato coercitivo de la llamada “economía social de mercado” que Méndez añora. Parece que no hubo nada de eso. Es más, igual no hubo ni subvenciones millonarias a los sindicatos. 

El Dr. Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

 

Sin inversiones no se supera la pobreza :

Por Alejandro Alle Publicado el 15/5/12 en: http://www.elsalvador.com/mwedh/nota/nota_opinion.asp?idCat=50839&idArt=6899985

 El documento publicado por CEPAL hace unos días bajo el título “La inversión extranjera directa (IED) en América Latina y el Caribe” ilustra claramente sobre la diferencia entre los magros US$ 386 millones de IED recibidos por El Salvador en 2011 y los montos muy superiores captados por sus vecinos. Permite, además, reflexionar sobre el camino a seguir para cambiar dicha realidad.

En el año 2011 Panamá recibió US$ 2,790 millones de IED; Costa Rica US$ 2,104 millones; Honduras US$ 1,014 millones; Guatemala US$ 985 millones, y Nicaragua US$ 968. En otras palabras, El Salvador no recibió ni el 5% de los US$ 8,247 de IED que llegaron a la región.

Y tampoco es que Centro América haya sido el paraíso de la IED: Chile recibió US$ 17,299 millones y Colombia US$ 13,234 millones. El Salvador debería dejar esa negativa costumbre autocomplaciente de compararse sólo con Centro América. Una costumbre que, como muestran los números, ya ni de autocomplacencia sirve.

Sean de un color o del otro…, quienes pretendan politizar las cifras carecerán de argumentos: el promedio de IED en el período 2000-2005 fue de apenas US$ 325 millones: la IED era muy baja antes. Y sigue siendo muy baja ahora.

La excepción de 2007, cuando El Salvador recibió US$ 1,551 millones de IED, se explica totalmente por la venta de los bancos. Fue un simple cambio de accionistas y no una nueva inversión.

Ocurre que si bien las cifras de IED sirven como referencia general, hay ciertas distorsiones puntuales como la citada (que tuvo un coletazo en 2008), que deberían computar adjunta una “desinversión nacional directa”…, que eso es lo que fue la venta de los bancos. Ni buena ni mala. Apenas una venta de acciones.

La manía de clasificar las inversiones por nacionalidad suele llevar a la torpeza de olvidar que cuando se trata de una compra-venta de acciones no debería computarse como inversión, porque su neto es cero.

Las evidencias internacionales sobre la correlación entre la productividad de un país y la calidad de vida de sus habitantes son abrumadoras. Los intentos por negarlas sólo pueden provenir de la estupidez.

Y la única manera de mejorar la productividad de un país es propiciando la llegada de nuevas inversiones, tanto en el área pública como en la privada. Haciéndolo con seriedad, porque con US$ 300 millones anuales de IED (neta…) no se supera la pobreza ni se llega a ninguna parte.

Con altos niveles de productividad, además, no sólo se favorece la llegada de nuevas inversiones sino que se mejora la rentabilidad de las inversiones existentes. Y siendo la rentabilidad un formidable aliciente para generar riqueza (al menos así son las cosas en este planeta…), se completa un círculo virtuoso: productividad, rentabilidad, generación de riqueza, crecimiento económico.

De eso, en definitiva, se trata la competitividad, que según la certera definición del Foro Económico Mundial, es el “conjunto de instituciones, políticas, y factores que determinan el nivel de productividad de un país”. Porque productividad y competitividad son sinónimos.

Finalmente, para que el crecimiento económico derive en desarrollo económico y humano, que al fin de cuentas es lo que importa…, tiene que funcionar el siempre invocado pero rara vez verificado “efecto derrame”. Ese efecto por el cual los beneficios de liberar los mercados llegarían, de manera directa o indirecta, a toda la población en términos de mejor calidad de vida.

En gran parte de América Latina, y El Salvador no fue la excepción, no faltaron los ingenuos que creyeron que la institucionalidad ya no sería importante. Y tanto desde la derecha como desde la izquierda se alentó al populismo como alternativa. Quien no lo vea que abra los ojos.

Los latinoamericanos pareciéramos tener una particular predisposición para condimentar los análisis de política económica con argumentos pseudo-ideológicos. Burdas ofensas a la inteligencia. Así nos va.

Pero no tenemos excusas, porque el camino al desarrollo siempre estuvo bien señalizado.

Hasta la próxima.

Alejandro Alle es Ingeniero. Máster en Economía (ESEADE, Buenos Aires). Columnista de El Diario de Hoy.

 

¿En qué se parecen Obama y Evita?

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado en http://www.panamaamerica.com.pa/periodico/edicion-actual/opinion-interna.php?story_id=1189106

“Voy a proponer… la necesaria reducción del déficit con el indispensable estímulo de la economía”, ha dicho Hollande, que exigirá a Merkel el final del “duopolio francoalemán”, cuando asumía con sobriedad republicana como el séptimo presidente de la V República Francesa y el segundo socialista desde la posguerra.

 El PIB de la eurozona evitó la recesión, en el p rimer trimestre de 2012, gracias a que Alemania (que concentra el 27% del PIB euro) supuestamente creció 0.5%, según Eurostat, que asegura que Francia está estancada mientras caen Italia (0.8%), España (0.3%), Holanda (0.2%) y Grecia (6.2%) que ya ha perdido más del 20% en cuatro años. Entre tanto, el PIB de EE.UU. crece 0.5%. En los mercados ya se habla del corralito (gran invento argentino) en España, pero “se quedan tranquilos” cuando el mismo Gobierno que dice ser pro mercado y estatiza Bankia descarta esa hipótesis como “un salto al vacío irracional”.

 Durante un acto en apoyo a su reelección, en Nueva York, convocado por la organización Futuro Fund y la comunidad gay norteamericana, Obama recomendó: “Aquellos que no hayan visto Evita aún, deberían hacerlo”, frente a Ricky Martin que trabaja en el musical sobre la icónica figura argentina en Broadway.

 En fin, al mejor estilo estatista, de derechas e izquierdas, la vieja y trillada propuesta de Hollande de bajar el déficit sin detener “el estímulo” (el gasto) implica aumentar la presión tributaria. Así le va a Europa, es que sucede que, más impuestos, implican menos recursos en el sector privado, que es el que produce. Así, mientras que nadie rehúye pagar por un recurso que le sirve para ganar aún más dinero (para producir), en 2011, mil 780 estadounidenses renunciaron a la nacionalidad para evitar tener que presentar información al Servicio Interno de Impuestos (IRS, en inglés), mientras que en 2010 fueron 485 mil  personas, duplicando la cifra del año previo.

 Cuenta Daniel J. Mitchell, en The Wall Street Journal, que en 2001 en Suiza, el 85% votó a favor de una ley “freno a la deuda”, que exige que el gasto del Estado central no crezca más rápido que los ingresos. Antes de que entrara en vigor, el gasto público se expandía un 4.3% anual y ahora 2.6% anual.

 Aunque el sistema no es lo ideal, lo cierto es que el gasto anual del Estado central hoy no llega al 20% del PIB, y el gasto total en todos los niveles del Estado es del 34% del PIB, 36% menos que antes del “freno a la deuda”.

 Obviamente, los políticos no quieren restricciones a su capacidad de comprar votos con el dinero ajeno, pero las personas están comenzando a tener consciencia de que este negocio “como costumbre” ya no es aceptable, salvo en países políticamente subdesarrollados, discípulos de Evita, como en Argentina y Venezuela, a la que Obama mira con tanta admiración.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

 

DERECHOS HUMANOS

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 21/5/12 en http://gzanotti.blogspot.com.ar/2012/05/derechos-humanos.html

Toda persona tiene derecho natural al fruto de su propio trabajo, o a lo legítimamente heredado o donado sin fraude. Ello incluye al libre comercio.

Por ende, todo impuesto que grave la propiedad o la renta es contrario al derecho natural y por ende intrínsecamente inmoral.

Y toda persona es inocente excepto se demuestre lo contrario.

Por ende, ninguna persona tiene por qué declarar ante nadie sus ingresos, ni el origen o el destino de sus ingresos.

Todo impuesto que grave la propiedad o la renta es contrario al derecho natural y por ende intrínsecamente inmoral.

Toda persona tiene el derecho de entrar, permanecer o salir de su territorio.

Por ende, toda persona tiene el derecho de emigración e inmigración sin declarar absolutamente nada de sus ingresos legítimamente adquiridos.

Si alguien ha adquirido sus bienes por robo, fraude, dolo, violencia o evasión de los pocos impuestos justos que pudiera haber (viejo debate), debe ser previamente procesado y recién allí la justicia tiene derecho a inquirir sobre sus bienes y revisar su propiedad.

Hasta entonces, toda pregunta coactiva sobre cuándo, cuánto, de dónde o hacia dónde, sobre los bienes propios, en viaje o no, es intrínsecamente inmoral.

Por ende, todas las personas que violen estos derechos, requisando, preguntando, expropiando y por ende robando lo que no deben, están haciendo un acto intrínsecamente inmoral, lo sepan o no, del cual son responsables, primariamente, desde los autores intelectuales de esas legislaciones, el poder ejecutivo que la impulsa, los legisladores que las sancionan, y los jueces que las hacen cumplir. Las responsabilidades personales, desde el punto de vista de la conciencia subjetiva, sólo las sabe Dios (no juzguéis y no seréis juzgados), pero ello es aplicable tanto al violador de menores como a los que expropian la propiedad ajena.

Todos los que ejecutan y hacen cumplir esas leyes son por ende los verdaderos criminales y delincuentes, y todo aquel que se resiste es el verdadero inocente que se está defendiendo del robo ejecutado por una banda de criminales, llámese gobierno o Al Capone.

Sólo la conciencia de estos derechos es la verdadera revolución. Mientras tanto, sólo la esclavitud es nuestro destino.

Gabriel J. Zanotti es Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA).  Es profesor full time de la Universidad Austral y en ESEADE es Es Profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

 

¿Son objetivas las noticias?

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 17/5/12 en: http://www.diariodeamerica.com/front_nota_detalle.php?id_noticia=7283

Me adelanto a contestar el interrogante planteado en el título de esta nota: las noticias no son objetivas, ni pueden serlo. La selección misma de la noticia es subjetiva y la interpretación de los “hechos” en ciencias sociales dependen del sujeto que interpreta y, además, esos “hechos” de las ciencias sociales no tienen el mismo significado que en ciencias naturales. En el primer caso, no se observan fenómenos como en el laboratorio puesto que se trata del análisis de propósitos deliberados que solo existen en ciencias sociales. Las piedras y las rosas no tienen propósito deliberado, solo tienen lugar en los seres humanos.
 
Entonces, lo que debemos concluir en esta línea argumental es que subjetivamente se interpretan los fenómenos sociales. No es que se patrocine el relativismo histórico. Muy por el contrario, quienes mejor interpreten esos fenómenos estarán más cerca de la lo ocurrido, es decir, de la verdad, la que se va puliendo en un azaroso camino de corroboraciones provisorias y refutaciones. En un proceso abierto de competencia, los medios que mejor seleccionen noticias, es decir las más relevantes, y los que mejor las interpretan, serán los más creíbles. Lo mismo sucede con los historiadores.
 
Esta cuestión de confundir planos científicos no solo ocurre entre periodistas e historiadores, sino entre economistas y juristas que aluden a los “hechos” en ciencias sociales como si se tratara de constatar la mezcla líquidos en un tubo de ensayo.
 
Friedrich Hayek en su ensayo titulado “The Facts of the Social Sciences” (Ethics, octubre, 1943 y expandido en tres números sucesivos de Economica) explica que los llamados hechos en ciencias sociales “no se refieren a ciertas propiedades objetivas como las que poseen las cosas o las que el observador puede encontrar en ellas, sino a las visiones que otros tienen sobre las cosas […] Se deben abstraer de todas las propiedades físicas de las cosas. Son instancias de lo que se suelen llamarse conceptos teleológicos, esto es, se pueden definir solamente indicando la relación entre tres términos: un propósito, alguien que mantiene ese propósito y el objeto que la persona considera apropiado como medio para ese propósito”. Por eso cuando el periodista o el historiador “explica porque se hace esto o aquello se imputa algo que se encuentra más allá de lo observable” nos explica Hayek en el mismo ensayo en el que concluye que “la teoría social […] es lógicamente previa a la historia”. Es decir, prestamos atención a los fenómenos basados en un esqueleto teórico previo ya que no se trata de cosas que se miran en el mundo físico sino de nexos causales subyacentes e inseparablemente unidos a la interpretación de los sujetos actuantes.
 
Lo dicho en modo alguno permite suponer que el buen historiador o el buen periodista interpongan sus juicios de valor en la descripción de lo que interpretan. Por ello es que se suela dividir el periódico, la revista o el noticiero radial o televisivo en opiniones y noticias, lo cual no quiere necesariamente decir que a veces no se mezclen pero, como señala Ludwig von Mises (en Theory and History, Yale University Press, 1957) resulta impropio que en la descripción histórica se pasen de contrabando los valores del que describe. Entonces, una cosa es la subjetividad presente en la selección de los fenómenos y su respectiva interpretación y otra bien distinta es el incrustar juicios de valor, sin desconocer, claro está, que la declaración de esforzarse y la seriedad por realizar una interpretación adecuada constituye en si mismo un juicio de valor.
 
Robin Collingwood (en The Idea of History. Oxford Univesity Press, 1956) escribe que “en la investigación histórica, el objeto a descubrir no es el mero evento sino el pensamiento expresado en el” y en su autobiografía (Fondo de Cultura Económica, 1939/1974) subraya que a diferencia de la historia “las ciencias naturales, tal como existen hoy y han existido por casi un siglo, no incluyen la idea de propósito entre las categorías con que trabajan […] el historiador debe ser capaz de pensar de nuevo, por si mismo, el pensamiento cuya expresión está tratando de interpretar” y, en ese contexto rechaza “la historia de tijeras y engrudo donde la historia repite simplemente lo que dicen sus  ´autoridades´ [… ] El ser humano que en su capacidad de agente moral, político y económico, no vive en un mundo de ´estrictos hechos´a los cuales no afectan los pensamientos, sino que vive en un mundo de pensamientos que si cambian las teorías morales, políticas y económicas aceptadas generalmente por la sociedad en que él vive, cambia el carácter de su mundo”.
 
Cuando se trasmite la noticia circunscripta a que fulano murió esto corresponde al campo de las ciencias naturales (un fenómeno biológico), pero si se notifica que fulano dejó una carta antes de morir estamos ubicados en el territorio de las ciencias sociales donde necesariamente cabe la interpretación de la referida misiva y todas las implicancias que rodean al caso. En realidad, no cabe la refutación empírica para quien sostenga que la Revolución Francesa se originó en los estornudos de Luis XVI, solo se puede contradecir en el nivel del razonamiento sobre interpretaciones respecto a las conjeturas sobre los propósitos de los actores presentes en ese acontecimiento.
 
Todo esto nada tiene que ver con la objetividad del mundo que nos rodea, es decir, que es, que posee una naturaleza, propiedades y atributos independientemente de lo que los sujetos consideren que son. Es otro plano de debate. Lo que estamos ahora considerando son las apreciaciones y las evaluaciones respecto a las preferencias, gustos y propósitos de seres humanos.
 
Umberto Eco (en su disertación “Sobre la prensa” en el Senado romano y dirigido a directores de periódicos italianos, 1995) consigna que “con excepción del parte de las precipitaciones atmosféricas [que son del área de las ciencias naturales], no puede existir la noticia verdaderamente objetiva”, básicamente por lo que hemos apuntado en este breve artículo sobre la materia, a lo que agregamos nosotros que dado que en las ciencias sociales tiene un gran peso la hermenéutica, debe destacarse que la comunicación no opera como un scaner en el sentido de que el receptor recibe sin más el mensaje tal como fue emitido.
 
En resumen -y esto no es un juego de palabras- podrá decirse que la objetividad precisamente consiste en la adecuada interpretación subjetiva de los fenómenos bajo la lupa…pero, insistimos, hay que  tener bien en cuenta que no es objetiva en la acepción habitual del término, en cuyo contexto las deliberaciones en las que hemos incursionado aquí tal vez sirvan para poner en perspectiva las consecuencias y la importancia de separar metodológicamente las ciencias naturales y las sociales, al efecto de no confundir planos y no llegar a conclusiones apresuradas.
 
Por último en esta materia, debe precisarse una vez más la difundida acepción de la expresión “ideología”: no en el sentido inocente del diccionario en cuanto a conjunto de ideas, ni siquiera en el sentido marxista de “falsa consciencia de clase” sino como algo cerrado, terminado e inexpugnable, es decir, la antítesis del liberalismo en cuyo contexto el conocimiento alude a corroboraciones siempre provisoras sujetas a refutaciones. Sin embargo, en línea con lo que venimos tratando, hay quienes al apegarse al antedicho sentido del diccionario sostienen que debe “desidiologizarse” el análisis de las cuestiones sociales como si se pudieran mirar “hechos” en ausencia de esqueletos conceptuales previos, un error garrafal señalado, entre otros, por el antes mencionado premio Nobel en economía Hayek, en el segundo tomo de su Derecho, legislación y libertad.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía, Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fué profesor y primer Rector de ESEADE.

 

déficit fiscal… déficit fiscal… déficit fiscal…

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 17/5/12 en http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2012/05/17/nicolas-oresme-y-el-primer-tratado-monetario/

Sí, 3 veces déficit fiscal. El déficit fiscal explica tanto la (1) situación Argentina actual, (2) los problemas actuales en Europa (por ejemplo España y Grecia) y (3) el peso que Estados Unidos está empezando a sentir sobre sus hombros como (1) la crisis de fines del 80’, (2) del 2001, y (3) la situación actual Argentina.

No haya nada nuevo bajo el Sol, como explican Pablo Guido y Gustavo Lazzari para el caso Argentino, el problema es invariante, lo que se modifica es como los gobiernos intentan esquivar un problema que no tiene escapatoria.

 

La mayoría de los análisis sobre los problemas actuales, en Argentina o Europa, parecen implicar que los mayores problemas se encuentran no en la acumulación de resultados deficitarios, sino en las instituciones monetarias o métodos de financiamiento. Es como sostener que el problema del adicto al cigarrillo o alcohol son los síntomas, o la marca que consume, pero no la adicción. Errar en el diagnóstico del problema fácilmente desencadena en errar en la solución. Si no se ve el déficit fiscal como el problema de fondo, entonces se puede caer en la tentación de sugerir mayores niveles de gasto público para solucionar el problema. Otra ronda de alcohol para solucionar el problema de la resaca… Ciertamente tener déficit fiscal un año determinado no es en sí un problema, es la acumulación de la misma lo que se vuelve un problema de consecuencias inevitables, del mismo modo que no es una copa de vino el problema, sino la acumulación de las mismas.

Si el estado gasta más que lo recauda, entonces debe recurrir a financiación no impositiva (deuda, emisión monetaria, etc.) para cubrir la diferencia. Durante la década del 80 en Argentina, por ejemplo, el déficit fiscal se financió con emisión monetaria, siendo el resultado una alta tasa inflacionaria que culminó en hiperinflación. Cuando la situación se volvió insostenible, el gobierno de Raul Alfonsín delegó el mandato antes de tiempo a Carlos Menem. La inflación de la década pérdida fue en sí un síntoma del déficit fiscal. La inflación no cae del cielo, hay que buscarle el origen institucional. No es que la inflación no sea un problema, pero es necesario encontrarle la causa para identificar el problema de fondo.

Cuando Menem asume la presidencia, la emisión monetaria ya no era un medio efectivo para financiar al estado. Luego de algunos traspiés el nuevo esquema de convertibilidad puso fin a la inflación de la moneda Argentina. Pero el déficit fiscal no desapareció, lo que se modificó fue el método de financiación. El proceso de privatización implicó un ingreso de recursos por la venta de activos y la eliminación de empresas estatales deficitarias a cambio de grandes empresas contribuyentes al fisco. El proceso de privatizaciones no tuvo nada que ver con un súbito ataque de “neoliberalismo” en el Peronismo, sino que tuvo que ver con una necesidad imperante de recursos. No es sorpresa que el mismo partido (y en algunos casos los mismos políticos) que defendieron las privatizationes hayan defendido las nacionalizaciones del gobierno K si esto les permite solucionar “problemas de caja.” La venta de activos, sin embargo, posee un límite. Eventualmente no hay mas activos que vender.

Otra fuente importante de financiamiento del estado a lo largo de los 90 fue la toma de deuda con organismos internacionales. Dada la ley de convertibilidad, el banco central (BCRA) no estaba autorizado a emitir pesos sin la correspondiente entrada de dólares. Los dólares, sin embargo, llegaban a través de la deuda del estado con los organismos internacionales. El nuevo esquema monetario no eliminó el problema, sino que cambió su método de financiamiento. Es un error de diagnóstico ver en la Argentina de los 90 un gobierno liberal (basta con ver cuántos puntos del Consenso de Washington, la llamada “receta neoliberal,” el país no cumplía), por el contrario, fue una época bien Keynesiana. El problema no fue la convertibilidad, el problema fue nuevamente el déficit fiscal. Del mismo modo que la emisión monetaria no es sostenible de manera indeterminada, como sucedió en los 80, el incremento de deuda pública en dólares tampoco es sostenible de manera indeterminada. Eventualmente el peso de la deuda pública fue tal que el sistema colapsó. A modo de referencia, entre 1991 y el 2002 el gasto público aumentó un 90.8%, el PBI un 49.3% y la deuda pública un 91.6%. Es cierto que en los 90′ no hubo inflación en el sentido de aumentos en el nivel de precios, pero el exceso de la oferta monetaria, dado el régimen de tipo de cambio fijo, se tradujo en los déficits comerciales que atravesaron los 90 (con excepción del 95 dada la Crisis del Tequila). En el mercado internacional, las importaciones Argentinas no tiene poder de alterar los precios internacionales.

Como es costumbre política, cuando el déficit fiscal se vuelve insostenible no se decide eliminar el mismo, sino que se encontró más conveniente instaurar dos corralitos, declarar el default de la deuda y proceder a una devaluación que llevó el tipo de cambio de 1ARS = 1USD a 3ARS = 1USD.

Los primeros años post 2001 mostraron superávit gemelos (en el tesoro y en el comercio exterior). Pero dos problemas quedaron irresueltos. Más allá del atraso cambiario a fines de los 90’, la devaluación de Duhalde no buscó equilibrar el mercado externo, de hecho la devaluación hizo del Peso Argentino una moneda artificialmente barata en el mercado externo. Esto no hace más que trasladar rentabilidades artificiales al sector exportador, que no dudará en protestar cuando esta rentabilidad artificial comience a reducirse hacia su valor real de mercado. Si el precio de los bienes era 100ARS en Argentina o 100USD en el exterior, y el tipo de cambio pasa de 1ARS = 1USD a 3ARS = 1USD, ya sea el nivel de precios o el tipo de cambio deben ajustarse. El incremento de exportaciones que un tipo de cambio nominal barato produce un aumento en la demanda de ARS, por lo que el tipo de cambio nominal se corrige hasta volver al 1ARS = 1USD. Si en cambio el BCRA desea mantener el tipo de cambio 3ARS = 1USD, entonces debe emitir los pesos necesarios para mantener el tipo de cambio estable, lo que resulta en un aumento en el nivel de precios en Argentina hasta que los mismos se ubican en 300ARS o 100USD en el exterior. En términos económicos, una situación similar a la del “1 a 1″ pero con distinto nivel nominal en ARS. No hace falta leer manuales modernos de economía monetaria para entender uno de los drivers principales de la inflación Argentina post 2001, es suficiente con ir a los escritos de David Hume en el siglo XVIII que describen este proceso de manera sencilla y accesible.

El segundo problema que persistió fue el crecimiento del gasto público, que eventualmente erosionó el superávit fiscal. Los problemas no de una, sino de dos décadas pasadas, no alcanzaron para aprender de los errores del pasado reciente. Así como en los 90 se recurrió a vender activos (privatizaciones) para financiar el gasto público, en los últimos años se recurrió a la expropiación de cajas y flujos de fondos por el mismo motivo junto a la emisión monetaria para mantener el tipo de cambio competitivo, eufemismo de un tipo de cambio artificialmente barato. El conflicto con semántica bélica de la “Resolución 125,” la nacionalización de las AFJP, el reciente caso de Repsol y el uso de las reservas en el BCRA para fines que corresponden al Tesoro y no al banco central ni a los ahorros jubilatorios son síntomas de que en los últimos 30 años la Argentina persiste en cometer el mismo error sin atender a los motivos de fondo. Cambiar el método de financiamiento del déficit fiscal no elimina el problema, simplemente le pone otro maquillaje. Parafraseando a un ministro Español, el déficit fiscal no es de derecho ni de izquierda, tampoco es de libre mercado ni de socialistas, es de gobiernos ineficientes.

Hemos mencionado más de una vez la opinión de economistas como Krugman respecto al caso Argentino. Es cierto que hay aspectos que aprender del caso Argentino. Recientemente hemos comentado una de las lecciones. Sin embargo, una de las mayores consecuencias del Keynesianismo fue restar importancia al equilibrio fiscal. Esto es justamente lo que no debe pasar por alto a los hacedores de políticas públicas en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica. Para no incurrir en altos costos de largo plazo es necesario concentrarse en los problemas de fondo. Indistintamente de la eficiencia de los distintos métodos de financiación, las consecuencias de abultados déficits fiscales son inevitables.

Nicolás Cachanosky es Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE), y Doctorando en Economía, (Suffolk University). Es profesor universitario.

 

Autoabastecimiento y soberania: una nota:

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 16/5/12 en: http://www.cronista.com/contenidos/2012/05/16/noticia_0053.html

El principio elemental del comercio descansa en la noción de las ventajas comparativas. Si a alguien se le ocurriera producir todos los bienes que necesita vería su nivel de vida comprimido al nivel de las cavernas. La división del trabajo es lo que permite incrementar la productividad conjunta.
En general, el uruguayo consume diariamente yerba mate pero la importa en su totalidad de Brasil, Japón es un cascote sin recursos naturales que solo el veinte por ciento de su territorio es habitable. En el transcurso de la historia de Estados Unidos no ha regido la opresiva legislación colonial que tanto daño le han hecho a muchos pueblos latinoamericanos.
El autoabastecimiento que ahora se reclama en nuestro país para el petróleo al efecto de decidirla por decreto, constituye una meta autodestructiva. Se necesitan marcos institucionales civilizados que garanticen los derechos de propiedad en lugar de imponer políticas que imposibilitan la inversión (que luego, paradójicamente, es invocada para arrancar empresas de sus dueños y politizar lo que debe operar con todos los rigores del mercado y sin privilegio alguno).
El economista decimonónico Frédéric Bastiat ilustra el derroche y el absurdo del autoabastecimiento a través del proteccionismo y la discriminación en su célebre Petición de los fabricantes de velas en donde sugiere que todas las casas deberían tapiar sus ventanas “para defenderse de la competencia desleal del sol”.
Por otra parte, la idea de la soberanía está mal concebida. Como señala Bertrand de Jouvenel en Los orígenes del estado moderno, la idea estrafalaria de ubicar la soberanía en el rey fue trasladada a los votos mayoritarios en lugar de instalarla en el individuo y el gobierno como garante de aquellos consiguientes derechos. Ahora se ha desplazado la idea a los bienes: así se declama “la soberanía del petróleo” lo cual es tan desatinado como aludir a la soberanía de la zanahoria o del garbanzo.
El texto constitucional de 1853 estaba inspirado en los trabajos de Alberdi quien enfáticamente sostuvo en Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina según su Constitución de 1853 que “tanto la legislación minera, como los reglamentos de caza y pesca, las leyes agrarias y los estatutos rurales que han existido hasta aquí en la República Argentina, deben considerarse derogados”.
Esto marcaba una reacción frente a la legislación estatista-colonial, según Alberdi el “sistema de Carlos V y Felipe II a quienes se atribuye la ruina de la libertad económica” al efecto de mantenerse en guardia respecto a que “después de ser máquinas del fisco español, hemos pasado a serlo del fisco nacional”.
Luego, el llamado Estatuto de Hacienda y Crédito y la Ley Minera de 1886 modifican radicalmente ese espíritu y lo retrotrayeron al esquema colonial debido a que, como ha consignado Luis Roque Gondra, “la voracidad fiscal tiene más poder que las constituciones”.
A esto se agregaron dos artículos en el Código Civil de 1871 que, al decir de Joaquín V. González, “se deduce la vacilación o la incertidumbre del codificador para dar al derecho de propiedad de las sustancias minerales una posición jurídica, clara y terminante”.
Esta situación se viene agravando en los últimos tiempos y ha hecho eclosión con las recientes medidas de público conocimiento. Es de desear que pase esta ola de patrioterismo xenófobo digno de trogloditas y típico del nacionalismo fascista y retomemos la cordura en el contexto republicano, donde se abandonen la políticas del zigzag mezcladas con los negocios de amigos del poder que nada tienen de empresarios y mucho de barones feudales.
No se trata de inventar el círculo cuadrado jugando al profesionalismo en medio de la polítiquería. Hoy todo el cuadro de situación se presenta como de acendrado fascismo que, por definición, simula lo privado pero el aparato estatal maneja el flujo de fondos.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía, Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fué profesor y primer Rector de ESEADE.

Las elecciones en Argelia frustran las esperanzas islámicas

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 16/5/12 en: http://www.cronista.com/contenidos/2012/05/16/noticia_0056.html

Las recientes elecciones parlamentarias en Argelia, como se esperaba, parecerían haber frustrado las esperanzas de aquellos que, pese a todo, anticipaban una buena elección para el islamismo local. No fue así. Para nada. Más bien sucedió todo lo contrario.
En rigor, el partido de gobierno acrecentó su caudal de votos, a costa de los de una endeble alianza de partidos islámicos moderados. Obtuvo el 62% de los sufragios totales, liderando una coalición en alianza con el Partido Agrupación Nacional Democrática.
En cambio, el islamismo, convocado por el brazo político de la Hermandad Musulmana local, logró apenas un 12% de los sufragios. Un resultado por cierto muy diferente del abortado triunfo islámico de 1991, que en su momento, al ser desconocido por el oficialismo y las fuerzas armadas, desembocara en una cruenta guerra civil.
En este caso, el muy particular de Argelia (a diferencia de lo ocurrido en algunos de sus países vecinos) el aumento de la presencia del islamismo, no ha sido el resultado de la “primavera árabe”, según queda visto.
El “Frente para la Liberación Nacional”, el partido oficialista, se quedó con prácticamente la mitad de las bancas parlamentarias. Pese a las vociferantes acusaciones de fraude, la misión de observadores de la Unión Europea (la primera que se desempeña en Argelia) produjo un informe sin mayores críticas, asegurando que los comicios se desarrollaron con la más absoluta normalidad.
De esta manera la administración del Frente de Liberación Nacional, encabezada desde 1999 por el ya anciano líder Abdelaziz Bouteflika -que enfrentara algunas protestas en el 2011 y las silenciara con dádivas y subsidios generados por la riqueza petrolera del país- parecería haberse afirmado. Ese partido, recordemos, ha tenido firmemente en sus manos el timón político de Argelia -constantemente- desde que la nación mediterránea lograra su independencia de la metrópoli colonial, en este caso: Francia.
La concurrencia fue, como siempre, bastante baja. Apenas del 42,9% de los posibles votantes. Lo que supera ampliamente, sin embargo, la poca concurrencia de 2007, que fuera del 35,7%. La apatía general hacia la política es bastante visible, lo que generalmente se atribuye al profundo ambiente de discrecionalidad que genera un larguísimo régimen autoritario, en el que los cambios de mando se negocian y deciden con la participación activa de la cúpula militar.
Para Bouteflika, que hoy tiene 75 años y que, según se espera, habrá de retirarse de la política activa en el 2014, aparece un final de ciclo que previsiblemente puede terminar siendo relativamente tranquilo, entonces. En los próximos meses está prevista la labor que habrá de desembocar en una reforma constitucional y el comienzo de la lenta búsqueda de un sucesor para Bouteflika, que continúe su línea política secular, su trayectoria y su labor.

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Unión Cívica Radical: ¿dónde quedaron los principios?

Por Enrique Edmundo Aguilar. Punlicado el 9/5/12 en: http://www.elimparcial.es/america/union-civica-radial-donde-quedaron-los-principios-103975.html

  Muchos argentinos conservamos vivo el recuerdo del presidente Raúl Alfonsín recitando el Preámbulo de la Constitución Nacional para saludar, en diciembre de 1983, la llegada de la recuperación democrática.

La invocación de esa verdadera oración laica había sido determinante, en plena campaña electoral, para inclinar el voto mayoritario hacia la Unión Cívica Radical (UCR) frente a un peronismo nada remozado que enarbolaba banderas de confrontación en manos de dirigentes de dudoso prestigio. Se trataba, por lo demás, de una invocación inscripta en la tradición de un partido cuyas bases doctrinales postularon desde su nacimiento el respeto por la Constitución y las instituciones.

Sin embargo, esa tradición parece haberse desvirtuado con el apoyo que la UCR brindó a la ley que selló la confiscación del 51 % del paquete accionario de YPF. Excepto por algunas voces disidentes (dos diputados radicales abandonaron el recinto y uno solo votó en contra), lo cierto es que la opinión orgánica del partido fue la de acompañar la sanción de una ley que pone al descubierto la falta de seguridad jurídica en la Argentina (esas “palabras horribles”, según nuestro Viceministro de Economía) y la escasa preocupación que esta carencia viene suscitando entre nuestros representantes.

La UCR ha sido infiel a su propio ideario y en nombre de una concepción imprecisa e instrumental de la soberanía ha consentido sin remordimientos la violación del artículo 17 de la Constitución que establece, entre otros conceptos, que “la expropiación por causa de utilidad pública debe ser calificada por ley y previamente indemnizada”. Que este partido histórico haya dejado de ser hace rato una alternativa de gobierno es para mí algo realmente menos grave. De ahora en más, es improbable que me parezca siquiera confiable para canalizar, en ámbitos de deliberación legislativa, una postura independiente o crítica.

 Enrique Edmundo Aguilar es Doctor en Ciencias Políticas. Decano de la Facultad de Ciencias Sociales, Políticas y de la Comunicación de la UCA y Director, en esta misma casa de estudios, del Doctorado en Ciencias Políticas. Profesor titular de teoría política en UCA, UCEMA, Universidad Austral y FLACSO,  es profesor de ESEADE y miembro del consejo editorial y de referato de su revista RIIM.

 

Argentina: El problema es el modelo K, no el mercado

Por Adrián O. Ravier. Publicado el 3/5/12 en: http://www.elcato.org/argentina-el-problema-es-el-modelo-k-no-el-mercado

En este artículo explicaba que Axel Kicillof es un académico serio y que el debate sobre YPF-Repsol es de ideas, no de personas. Mi opinión es que es un error del diario La Nación —el más leído de Argentina junto a Clarín— concentrar la atención en “Kicillof persona”, sea como marxista o sea como keynesiano, y que mejor sería refutar sus ideas, que lamentablemente hoy dominan en la política argentina.

Al respecto quiero poner atención en las palabras del Vice-Ministro de Economía en dos de sus últimas presentaciones.

En el primero de ellos, Kicillof explica —a sólo 48 hs de la nacionalización de YPF— que los empleados de la empresa recibieron muy bien la iniciativa de nacionalización, lo cual él entiende es un fenómeno social que se percibe en toda la Argentina.

Quizás me equivoque, pero mi impresión es que Kicillof entiende que el consenso que él percibe en la sociedad sobre las medidas que se toman, lo avalan a tomar una política inconstitucional. Y digo inconstitucional, no porque ignore que la constitución nacional contempla la posibilidad de expropiar en determinadas circunstancias, sino porque el procedimiento no se ha cumplido como la Carta Magna dicta. En este sentido, este gobierno cae en la democracia ilimitada, no republicana, (donde las mayorías avanzan sobre las minorías) en el que un fin justifica todos los medios, y que tanto daño le hacen a la imagen institucional del país.

Un segundo argumento de Kicillof es señalar que una empresa como Repsol-YPF que opera en varios países al mismo tiempo, pueden —y de hecho lo hicieron— explotar recursos de un país como la Argentina para invertir en otros mercados más atractivos. Al hacer esto, Argentina pierde reservas de petróleo y esto pone en jaque a toda la estructura productiva. Es por ello, que Kicillof entiende que la expropiación está justificada.

Pero lo cierto es que Argentina hace tiempo —bastante antes de la llegada de Kicillof— que practica políticas proteccionistas que buscan aislar al país de los capitales extranjeros. Al hacer esto, ofrecen un claro mensaje a los capitales extranjeros que todavía operan en el país —por herencia del noventismo— que la “fiesta” terminó, y que tarde o temprano se tomarán medidas en contra de sus negocios. Bajo este escenario K, es lógico pensar que los capitales extranjeros deben hacer sus valijas, tomar sus cosas e irse. Así, vemos que la nacionalización de Repsol-YPF es una consecuencia lógica del modelo K, que cambian las reglas de juego sobre las cuales Repsol invirtió en el pais. Y de ahí se deduce la mayor amenaza de este modelo, que a cada paso requiere de profundizar con nuevas medidas que constantemente dañarán las instituciones del país.

Y éste es a su vez, el mayor problema del modelo K, al pensar que la economía argentina puede desarrollarse de forma aislada, sin necesidad de capitales extranjeros, ni inversión, lo que contradice los principios básicos de la economía. Argentina vive una burbuja en la que se supone que no hay escasez, porque abundan recursos tributarios provenientes de la soja y recursos heredados de las “pensiones menemistas”, sin embargo, el modelo estará necesariamente limitado por las restricciones internas del modelo, al cual además, el mundo empieza a cerrarle las puertas.

Como un nuevo argumento hacia el aislamiento de la economía argentina, Kicillof agrega —también en este primer video— que el precio del petróleo es mundialmente “especulativo” y que depende de tantos factores ajenos a la Argentina, que hacen peligrar el futuro económico del modelo K. Kicillof dice abiertamente que el precio del crudo en Argentina tiene que estar aislado de factores externos.

Esto me recuerda a la “fatal arrogancia” y la “ingeniería social” a la cual Friedrich Hayek le dedicó tanta atención. Como primera pregunta: ¿Puede el gobierno aislar el precio del petróleo? ¿Por cuánto tiempo puede hacerlo? Estas son las reglas de juego que el modelo K le quería imponer a Repsol y a las cuales lógicamente la empresa desistió. Durante los últimos años Repsol-YPF se vio limitada en sus exportaciones de crudo para vender en el interior del país este mismo producto a un precio mucho menor que el del mercado internacional. Esto lógicamente cambia los números de la empresa. Repsol invirtió en la explotación de petróleo esperando venderlo a un precio internacional. Cuando el gobierno cambió las reglas de juego, claramente el negocio desapareció. Lo más lógico entonces era vender el crudo ya explotado al precio que el gobierno permite, pagar dividendos a los accionistas para recuperar la inversión realizada y esperar que el gobierno al poco tiempo expropie la compañía. Se dirá que estos capitales sólo miran el negocio y no los intereses productivos del país, pero yo más bien me pregunto cuánto puede durar un modelo de desarrollo productivo que ignora la más elemental lección de la escasez. Dicho en otros términos: ¿Por qué las empresas argentinas necesitan un precio artificial del crudo, en lugar de un precio real de mercado internacional? La respuesta la encontramos en varios años de precios artificiales de combustible que hicieron relativamente productiva a una industria incipiente que se desea sea más productiva que lo que puede ser en condiciones de mercado.

Esto también está sustentado en un mito al cual Kicillof adhiere de que una industria incipiente pueda desarrollarse sin atender a la competencia de mercado. Resumidamente, mi lectura de las experiencias de estas prácticas es que estas industrias sólo se desarrollan en el marco de la protección —en este caso, por ejemplo, bajo un precio de combustible artificialmente más bajo que el que otras empresas tienen en el exterior—, dentro de la economía local, pero que su competitividad desaparece en cuanto se abre la economía y se enfrentan a la competencia mundial. La evidencia empírica representada en numerosos indicadores como el Índice de Libertad Económica muestra que la economía sólo puede desarrollarse en un marco de feroz competencia con el mundo, para lo cual es necesario tener una política abierta al mundo, con reglas de juego claras, seguridad jurídica, lo cual conduce al crédito internacional, a las mejores prácticas de las corporaciones más competitivas del mundo, que bajo otro modelo, se sentirían atraídas por los recursos naturales y humanos de nuestro país. Pero el modelo K claramente mira para otro lado.

Anticipándome a las críticas hay que decir que este modelo de apertura nada tiene que ver con el que se practicó en los noventa, aunque Kicillof y tantos otros se han preocupado por identificar con el neoliberalismo a otro modelo populista-justicialista, como el que él mismo acompaña en este momento.

“Agitar fantasmas” es la frase con la cual cierra Kicillof este primer video y que repite incesantemente. En este caso lo hizo frente a las palabras del presidente español Rajoy, quien se pregunta qué pueden esperar otros capitales españoles o extranjeros que aun operan en el país. Lo que debe quedar claro es que el modelo K tiene un objetivo de desarrollo interno y aislado, al cual todas las empresas deben contribuir.

El segundo video es más claro aun sobre este último punto. Kicillof muestra plena consciencia de que el precio del crudo en Argentina está fijado a un precio más bajo que el que se tiene en el resto del mundo. En su exposición ante el Congreso acusa a Repsol de querer fijar precios “internacionales” del petróleo, cuando debiera entender que tal cosa provocaría un descalabro total de la economía.

Y esta es la pregunta que quiero dejar planteada. ¿Cuánto tiempo más pueden mantenerse los precios artificiales? Y cuando digo “artificiales” quiero significar que estos no son de mercado. Hoy Argentina se da el lujo de ignorar la escasez, porque abundan recursos sojeros, dinero de los futuros jubilados tomados como impuestos y a los cuales muy pronto habrá que agregar el crudo. Pero mi impresión es que este modelo de “sustitución de importaciones” no se sostiene y la historia ya lo ha demostrado.

Decía Ernesto Merimé: “¿Para qué demonio sirve la historia si nadie aprovecha sus enseñanzas?”

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.