Reflexión rápida sobre Europa y el euro:

Por Pablo Guido. Publicado el 18/5/12 en http://chh.ufm.edu/blogchh/

En los últimos meses en Europa casi todos (un 90% aproximadamente) los gobiernos han perdidos las elecciones. No importa si son gobiernos conservadores, socialdemócratas o lo que sea. La noticia es que el oficialismo pierde las elecciones a manos de la oposición. Evidentemente acá hay un común denominador: la crisis económica en la eurozona. Y la crisis económica, fundamentalmente, tiene raíces fiscales. Los estados son demasiado grandes como para ser financiados con una carga tributaria “civilizada”. Por lo tanto, se suben impuestos, se incrementan las deudas y, en menor medida, el banco central europeo emite euros para comprar títulos públicos. Así, la población se opone a dichas medidas. Ya sea porque trabaja en el Estado (empleados públicos), o depende de un flujo de transferencias del estado (pensionados o proveedores), o es un contribuyente que paga impuestos (individuos y empresas). El resultado es que en las elecciones votan por los partidos que no están gobernando y tomando estas medidas. Hace poco más de un par de semanas ganó en Francia el candidato socialista, opositor: Hollande. Este candidato dijo, más o menos lo siguiente: que había que abandonar el ajuste e iniciar una agenda de crecimiento económico. Mi pregunta es: ¿qué quiere decir este señor cuando se refiere a que está en contra del ajuste y a favor del crecimiento? Nadie en sus cabales quiere un ajuste, por ejemplo, en su vida cotidiana: cuando en la familia hay que reducir un gasto porque no alcanzan los ingresos, a nadie le gusta. Pero dada la situación de restricción presupuestaria no quedan alternativas muchas veces. El ajuste fiscal en Europa es consecuencia de un desajuste previo del pasado: que los gastos han crecido y no hay dinero que alcance ahora en tiempos de recesión. Entonces viene el ajuste, bajando gastos o subiendo impuestos. La otra reflexión del ganador francés es que, abandonando el ajuste, hay que perseguir el crecimiento. También me pregunto: ¿quién no quiere el crecimiento? ¿quién no quiere mejorar el bienestar, tener más ingresos, acceder a más bienes y servicios? Que un candidato o gobernante dice que quiere una agenda de crecimiento no nos dice nada, porque es lo obvio. La pregunta es: ¿qué quiere decir un político cuando, en un contexto recesivo y de ajuste fiscal, dice que quiere el crecimiento? Mi suposición es que está pidiendo una alquimia monetaria. Esto es, reducir los límites del banco central europeo para emitir más y más euros y así, evitar el ajuste. El punto es que la emisión de euros de manera inflacionaria también será un ajuste, pero vía una pérdida de poder adquisitivo por parte de la gente cuando los precios de los productos suban a un ritmo mayor al actual.

 En síntesis, el ajuste en los estados europeos es un hecho. Lo que se está debatiendo es quién lo hace, cómo se hace, cuándo y por cuánto es el ajuste. Si será con mayores impuestos presentes o futuros (por aumento de deuda), emisión monetaria o reducción de gasto. No hay otra salida cuando hay un desajuste que el ajuste. El resto son declaraciones políticas que no hay que tener en cuenta.

Pablo Guido se graduó en la Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Doctor en Economía (Universidad Rey Juan Carlos-Madrid), profesor de Economía Superior (ESEADE) y profesor visitante de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala). Investigador Fundación Nuevas Generaciones (Argentina). Director académico de la Fundación Progreso y Libertad.

 

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