Patoterismo populista: ahora con YPF:

Por Pablo Guido: Publicado el 17/4/12 en: http://chh.ufm.edu/blogchh/

Ayer, la presidente argentina anunció que el Estado expropiaría el 51% de las acciones de YPF, la empresa petrolera insignia del país. Solo para ponerlo en contexto: la empresa YPF fue privatizada en la década del 90 porque las pérdidas eran tan grandes que no había manera de mantener la exploración, producción y refinación del petróleo suficiente para abastecer al mercado. El mismo partido gobernante y casi los mismos políticos que aplaudieron a rabiar la privatización hace poco más de 10 años ayer aplaudieron a rabiar la estatización, por ahora parcial de la misma empresa. En segundo lugar, como en otros mercados la intervención estatal ha generado escasez de productos como consecuencia de la falta de inversiones. Desde el año 1998 no sólo ha bajado la producción de petróleo sino también las reservas petroleras (lo que se estima con cierta probabilidad que existe debajo de al superficie por las exploraciones realizadas). Además, la refinación de petróleo también está muy limitada. Algunos números: en el año 2006 las exportaciones del rubro combustibles y energía llegaban a 7,800 millones de dólares y las importaciones del mismo rubro a 1.700 millones, alcanzando un superávit comercial energético de 6.000 millones aproximadamente. En el año 2011 las exportaciones energéticas fueron de 6.500 millones y las importaciones de 9.400 millones, haciendo un déficit energético de casi 3.000 millones de dólares. Claro que esta situación de desabastecimiento fue anunciada hace más de dos años en un informe redactado por 8 ex secretarios de energía de la nación. Obviamente que fueron calificados por el gobierno poco menos como traidores a la patria. 

La pregunta es: ¿por qué no se invierte en la Argentina en el rubro energético? La respuesta es de manual: por los controles de precios, que hacen no rentable dichas inversiones. Pero como el gobierno argentino ha generado esta política populista de “combustible y energía barata para todos” y ahora llega el momento donde la escasez energética provoca una sangría de recursos para pagar importaciones fenomenal, entonces ahora se preocupa y desesperadamente estatiza YPF. Como podemos observar en el gráfico, desde que los rumores de la estatización comenzaron a arreciar a principios de año el precio de la acción se desplomó un 50%: en 3 o 4 meses la caída fue de los $40 a los $20 dólares. Ayer, después del anuncio de la estatización parcial las transacciones de la acción de YPF, tanto en la bolsa de New York como de Buenos Aires, tuvo que ser suspendida por la caída estrepitosa que se venía en el precio de la misma.   

Según los datos oficiales, el valor de mercado de la empresa llega a unos 8 mil millones de dólares, muchísimo menos que los 18 mil que valía hace un par de meses, antes que comenzara su andanada de rumores estatizadores. De todas maneras, el presidente de Repsol dice que reclamará un pago de unos 10 mil millones de dólares. Y a partir de ahí tendría que comenzar a invertir miles de millones de dólares anuales para recomponer no sólo el nivel de reservas perdidas en la última década sino también la producción y refinación de petróleo. Esto, según los expertos, no llevaría menos de 3 o 4 años, si se comenzara ya el proceso de inversiones. Pregunta obvia: ¿quién invertirá en la Argentina, prestándole al gobierno argentino, miles de millones de dólares en el sector petrolero después de lo que ha pasado ayer?

 Mañana seguimos contando esta medida que forma parte de una novela populista de bajo calibre, apoyada por la mayoría del electorado argentino.

Pablo Guido se graduó en la Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Doctor en Economía (Universidad Rey Juan Carlos-Madrid), profesor de Economía Superior (ESEADE) y profesor visitante de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala). Investigador Fundación Nuevas Generaciones (Argentina). Director académico de la Fundación Progreso y Libertad.

 

YPF y la Incertidumbre de Régimen

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 17/4/12 en: http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2012/04/17/ypf-y-la-incertidumbre-de-rgimen/

Se ha dicho mucho en las últimas 24hs sobre la decisión K de expropiar YPF. Independientemente de cómo se quiera llamar a esta medida, qué adorno institucional se le de en la escribanía que se ha vuelto el Congreso argentino, y qué retórica K se use, el caso es que en cuestión de minutos el gobierno se ha hecho cargo de facto de una de las empresas más grandes del país.

No conozco los detalles del mercado de energía en Argentina. Tampoco conozco en detalle cual debería haber sido el camino legal si el estado está interesado en ser accionista de la empresa, pero claramente no es lo que sucedió ayer. Este caso ilustra el efecto del “regime uncertainty” que Bob Higgs ha estudiado en la Gran Depresión.

No hay ningún secreto sobre a qué se debe el crecimiento y desarrollo en los países. Desde que Adam Smith publicó su Riqueza de las Naciones la respuesta es clara y concisa. No hace falta más que ver la historia de los distintos países para tener una ilustración de este fenómeno. Quiero usar el caso de Repsol YPF para ilustrar 4 puntos:

  1. El crecimiento y desarrollo no es fácil. Requiere de recursos, trabajo, acumulación y administración de capital, etc. Todo esto sucede en un entorno de incertidumbre. El productor no sabe a ciencia cierta cuál va a ser el retorno que va a recibir, ni por cuanto tiempo el mercado en el que opera será rentable. Pero esta incertidumbre sucede dentro de ciertas reglas de juego, o régimen. Distinto es al caso cuando la incertidumbre cae sobre las reglas de juego, y no dentro de ellas. ¿Se levantará el presidente algún día con ganas de expropiar una compañía? Si no hay recursos… ¿ajustará gastos e ingresos o decidirá expropiar los fondos de los futuros jubilados? Durante el New Deal, empresarios americanos se encontraban con un alto grado de incertidumbre de régimen dado que muchos de ellos veían posible que el país se volviese la segunda Unión Soviética. No sorprende que ante ese nivel de incertidumbre la economía no se recuperase. En las últimas 24hs han salido notas en el Financial Times, CRMonitor, Free Exchange de The Economist (y posiblemente otras) preguntándose si Argentina no se está volviendo la próxima Venezuela. Indistintamente de qué tan cierto pueda o no ser ese análisis, el hecho es que así es como se ve el país desde el mundo, y evidentemente este nivel de incertidumbre no atrae inversiones, sino oportunismo.
  2. No es sorpresa, entonces, que en este clima las inversiones que vienen al país no sean de largo plazo, sino inversiones con intenciones de corto plazo sin interés de desarrollo a largo plazo, dado que el largo plazo en Argentina parece estar muerto. Estas políticas atraen a los típicos “empresarios” que tanto suelen criticar los populistas y los críticos del “capitalismo corrupto o de amigos.” ¿Qué inversiones puede atraer un país que en su prontuario reciente cuenta con situaciones como el caso Skanska, la valija de Antonini Wilson, la bolsa de Felisa Micelli, los fondos del gobierno desviados por Shocklender y las Abuelas de Plaza de Mayo, la nacionalización de los fondos privados en las AFJP, los billetes de Boudu, la performance de Aerolíneas Argentinas? El Indec es el caso más explícito de un gobierno que le falta a la verdad a sus propios ciudadanos. Es un gobierno que ignora los fallos de la Corte Suprema y el Congreso, supuesto órgano de control del ejecutivo, mira para otro lado.
  3. Es común escuchar la retórica de los “intereses nacionales,” los “recursos del país” y otros similares. No hay ningún beneficio económico particular en que una empresa sea de capitales nacionales o extranjeros. La economía no posee fronteras, las fronteras son una cuestión política, no económica. La riqueza se encuentra en la producción eficiente de bienes y servicios, no en el dinero. Así y todo, este dinero “expatriado” vuelve al país vía exportaciones por parte del país “expropiador de dividendos.” Pero más allá de estos detalles, el mayor problema es que esta actitud no es libre de influencias nacionalistas. ¿Cómo se sustenta este tipo de posición de intereses nacionales sin nacionalismo? Los nacionalismos han creado más problemas que beneficios a lo largo de la historia.
  4. Un último punto sobre la “expatriación de dividendos.” Sólo pueden girarse dividendos en la medida que haya inversiones previas. Las inversiones deben financiar los costos operativos, y sólo después de cubrir estos costos se pueden girar dividendos, que es la tasa de retorno de los accionistas. Para verlo en números redondos, un retorno del 10% implica que por cada dólar de dividendo se han invertido 10USD. Dado que los dividendos se pueden distribuir luego de cubrir los costos operativos, esta inversión permite el pago de proveedores, empleados, etc. Aquel se opone a que se giren dividendos, en los hechos se opone a 10USD de inversiones extranjeras por cada dólar de dividendos.

Es un auto-engaño ver en este tipo de medidas un futuro próspero. Crecimiento y desarrollo es un proceso de largo plazo, en el corto plazo, en el día a día, incluso en el año a año, los efectos nocivos no se ven de manera clara. Para cuando estos efectos son innegables, el tiempo ha pasado, y el costo de alcanzar al resto de los países que no se han vencido a la tentación política de corto plazo no ha hecho más que agrandarse, no sólo en recursos, sino en años.

Argentina no necesita un cambio de gobierno, sino un cambio de estructura de Estado. Un gobierno que puede operar por encima de la ley no es un gobierno que funcione bajo un orden republicano. La división de poderes, el estado de derecho y la república no es una cuestión de papeles, es una cuestión de hechos y actitudes que durante la era K han brillado por su ausencia. Los resultados de la falta de principios repúblicanos y estado de derecho están a la vista: alcanza con mirar la correlación entre libertad económica y bienestar económico.

Nicolás Cachanosky es Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE), y Doctorando en Economía, (Suffolk University). Es profesor universitario.

 

 

La nacionalización de YPF II

 Por Adrián Ravier. Publicado e 16 de abril de 2012 en: http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2012/04/16/la-nacionalizacion-de-ypf-ii/

En junio pasado, antes de las elecciones en las que Cristina Kichner resultó victoriosa con más de un 50 % de los votos, hicimos un análisis de la economía argentina bajo el kirchnerismo ( 1),  concluyendo que el gobierno argentino debía encarar tres desafíos si quería evitar una nueva crisis económica en los próximos años:

Cualquiera sea el resultado de la próxima elección presidencial, los desafíos centrales de la política económica post-elecciones son 1) el crecimiento de la economía, 2) el control del gasto público y 3) evitar que se dispare la inflación.

El kirchnerismo amagó con ajustes sobre los subsidios, pero los conflictos sociales no tardaron en llegar. Es por ello que cambió el rumbo, y se volvió sobre la profundización del modelo. A la estatización de las pensiones, se sumaron la apropiación de las reservas del BCRA y ahora la expropiación de YPF, aspecto que temíamos hace unos días.

Nestor Kichner -como muestra el video- (2),  había apoyado la iniciativa menemista de privatizar YPF, pero las necesidades fiscales del gobierno pudieron más. De hecho, si no se recortan los subsidios, ni se reduce al gasto público, la alternativa para financiarlo sería le emisión de moneda, pero eso aceleraría la inflación.

El gobierno tiene ahora -para el corto plazo- un recurso adicional para evitar el descalabro financiero de la nación (YPF en números) (3), pero estimo que el daño “institucional” no tendrá reparos al menos en una década.

Mi pregunta a los lectores es si este daño institucional impactará en la economía en el cortísimo plazo a través de caída de la inversión, lo cual acelerará la llegada de la crisis, o si esta política le dará aire al gobierno, y el daño institucional será un legado más para lo que vendrá después.

(1) http://www.elcato.org/entendiendo-la-economia-argentina

(2) http://www.lanacion.com.ar/1465449-expropiacion-de-ypf

(3) http://www.lanacion.com.ar/1464436-ypf-en-numeros

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

La crisis en cinco actos:

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 13/4/12 en: http://www.diariodeamerica.com/front_nota_detalle.php?id_noticia=7229

En esta nota periodística ensayaré resumir los ejes centrales de esta nueva crisis iniciada en 2008 que, de un tiempo a esta parte, con mayor o menor rigor, tiene en vilo al mundo y que a nuestro juicio todavía no se ha develado en toda su magnitud.
Como los anteriores desbarranques, el origen se sitúa en los atropellos y descalabros de un aparato estatal desbocado que formula promesas de imposible cumplimiento, se entromete en los arreglos contractuales pacíficos entre las personas, manipula la moneda, el crédito y la tasa de interés en el contexto del inaudito sistema bancario de reserva fraccional administrado por la banca central, decreta disposiciones laborales que expulsan del mercado a los que más requieren de empleo, incrementa el gasto de modo astronómico, eleva el déficit fiscal a límites exorbitantes, aumenta el endeudamiento público a alturas inconcebibles para cualquier mente responsable y llena volúmenes y volúmenes con legislaciones, controles, regulaciones y reglamentos que asfixian la economía y relegan el derecho a meras declamaciones sin contenido y sin brújula ni parámetros extramuros de la norma positiva, en un contexto de aniquilación de la división horizontal de poderes.
 
Ese es el primer acto donde se sientan las bases de lo que luego indefectiblemente vendrá. El segundo acto, naturalmente consiste en el crujir de la economía que se nota con mayor intensidad en las grandes corporaciones, industriales, comerciales y financieras que amenazan con despidos en masa y con quebrantos de diversa envergadura.
 
En el tercer acto surge el pánico por la antedicha posibilidad de derrumbe en cadena de colosos del mundo de los negocios con lo que los gobiernos se abalanzan a forzar “salvatajes” en gran escala de aquellos emporios en dificultades, desde luego con recursos provenientes de aumentos adicionales en los gravámenes, con mayores presiones inflacionarias, contrayendo dosis mayores de deuda o haciendo uso de los tres canales simultáneamente.
 
El cuarto acto muestra una escalada de agitadas manifestaciones de “indignados” y otras protestas sindicales y sociales de diversa magnitud y violencia. Son los que sienten en sus bolsillos la severidad de la crisis que están financiando compulsivamente. Son los relativamente más débiles que no han tenido poder de lobby para recibir los mencionados “salvatajes” (por otra parte estas transferencias compulsivas de recursos no pueden generalizarse: siempre se llevan a cabo a favor de algunos y en contra de otros que son los que se hacen cargo de los platos rotos).
 
El quinto acto que tiene lugar en paralelo a las anteriores etapas estriba en el necesario apoyo logístico no solo de las políticas de la primera etapa (que muchos proponen acentuar) sino de las comentadas medidas de financiamiento forzoso. Estos se dividen en cuatro categorías. En primer lugar, los propios agentes gubernamentales que defienden lo hecho. En segundo término, los ideólogos keynesianos y socialistas y las nefastas burocracias internacionales y sus compañeros de ruta que alegan peligros de “crisis sistémicas” sin percatarse que de modo superlativo están contribuyendo a profundizar sus raíces y consecuencias. En tercer lugar, los integrantes de las grandes corporaciones y sus voceros que se mantienen a flote merced a lo ocurrido, sin asumir los costos por su ineptitud e irresponsabilidad, al contrario de los genuinos empresarios que operan en base a la satisfacción de sus clientes. Y en cuarto lugar, los usufructuarios de dividendos y rentas provenientes de esas empresas, quienes declaman en la sobremesa sobre el dolor de los relativamente más pobres pero les importan un bledo a la hora de recoger los frutos malhabidos, situación que es compartida también por buena parte de los administradores de carteras, concentrados y abstraídos en sus arbitrajes como si pudieran seguir con sus negocios con independencia de lo que ocurra en el mundo que los rodea.
 
Si se viera el proceso de la crisis en una secuencia cinematográfica se observaría en una punta a los mal llamados empresarios que acuerdan con el poder de turno y, en la otra, a los esquilmados en el fruto de sus trabajos, cual aspiradora gigante que succiona sus ahorros y carcome todas sus ilusiones. Pero lo llamativo del caso es que cuando estos explotados se quejan, piden más de lo mismo en cuanto a las políticas que precisamente los empobrecieron. Esto último se debe al nefasto clima educativo que hace de operación pinza: por un lado recetas socialistas, intervencionistas y estatistas y, por otro, la propaganda escolar y universitaria que en gran medida enseña que es buena la destrucción del derecho de propiedad y que la solución radica en el autoritarismo de un Leviatán cada vez más adiposo y hambriento, sin necesidad de  que las personas realicen esfuerzos ni asuman responsabilidades y afronten sus deberes.
 
Es de desear que la situación se revierta con el esfuerzo de quienes defienden los valores y principios de la sociedad abierta y combaten la prepotencia del sistemático e inmisericorde atropello gubernamental, paradójicamente encargado de proteger y garantizar los derechos de la gente, pero en los hechos convertido en el peor enemigo de las libertades individuales. Si esto no se revierte, el peso cada vez mayor sobre los más necesitados hará explotar por los aires todo vestigio de civilización. Es tragicómico en verdad que se pretenda responsabilizar de la crisis al inexistente capitalismo en una carrera desenfrenada por acentuar la desaparición de todo vestigio de aquel sistema.
 
Resulta indispensable que los estatistas asuman la responsabilidad por sus propuestas y no pretendan endosarla a corrientes de pensamiento que propugnan la libertad. Tal como ha escrito Antoine de Saint-Exupéry, que vale tanto para esto último como para los que se arrogan derechos sobre el bolsillo del vecino: “Un ser humano significa, precisamente, ser responsable”.
 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía, Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fué profesor y primer Rector de ESEADE.

 

La disolución de los derechos económicos:

Por Aldo Abram: Publicado el 8/4/12 en: http://www.lanacion.com.ar/1462612-la-disolucion-de-los-derechos-economicos

A los argentinos nos cuesta relacionar el respeto del derecho de propiedad o de la libertad económica con nuestra calidad de vida diaria, a pesar de que, por ejemplo, están profundamente relacionados con la tragedia de Once. En cualquier país serio hay tres protagonistas que garantizan la calidad y seguridad de los servicios de las concesionarias de transporte en general:

a) El principal controlador es el usuario, que es la fuente más importante de ingresos de las compañías, por lo que deben garantizarle un viaje seguro y razonablemente cómodo como para que no opte por otro medio de locomoción.

En la Argentina, gracias a la política demagógica del Gobierno, el verdadero «cliente» de las empresas de transporte es el Estado (contribuyentes), que les aporta más de dos tercios de sus entradas. Por lo tanto, si la gente viaja o no, es irrelevante, ya que lo importante es asegurarse que los funcionarios sean lo suficientemente generosos para pagar los costos y dejarles el mayor margen de ganancias posible.

Las empresas tampoco tienen incentivos a ser eficientes, ya que eso implica una mayor conflictividad con gremios y proveedores, lo que ahorra plata al Estado, pero no se traduce en mayores ganancias.

b) El Estado es quien fija las condiciones para la prestación de los servicios de transporte y, por ello, debe controlar que se cumplan dichas pautas de calidad y seguridad. Sin embargo, debido a la distorsiones de la política «K», esto implicaría mayores costos para enfrentar con recursos públicos que son escasos, por lo que el Gobierno no supervisa los servicios en un acuerdo «tácito» con la empresa.

c) La compañía de seguros controla el nivel de seguridad y otras condiciones de prestación que se fijan en la póliza, ya que tendrá que hacerse cargo de los pagos por accidentes. Según una nota de LA NACION, TBA estaba asegurada por dos millones de pesos y pagaba una prima de 800.000 pesos. Es decir, un monto de cobertura extremadamente bajo y a un costo altísimo, lo que refleja que la aseguradora consideraba alta la probabilidad de ocurrencia a la contingencia asegurada y, como no tenía posibilidades de exigirle mejoras en la seguridad del servicio, le cobraba mucho.

Este gobierno desmanteló todas las alternativas de control del servicio de transporte urbano de pasajeros, por lo que pretender resolver el problema cambiando algunos funcionarios es condenar a los usuarios a futuros accidentes. La alternativa de estatización ha demostrado que agrava los problemas de descontrol y déficits a sufragar por los contribuyentes. Basta mirar a Aerolíneas Argentinas.

La verdadera solución es restablecer un sistema de contratos de concesión con empresas prestadoras idóneas y responsables, cuyos ingresos vengan en su mayoría de quienes usan sus servicios, con condiciones de seguridad y calidad adecuadas que el Estado monitoree eficientemente y con pólizas de seguro que verdaderamente cubran las contingencias y que obliguen a la aseguradora a controlar a la empresa asegurada.

Una crisis anunciada

Otro ejemplo del impacto que tiene el avasallamiento de los derechos de propiedad en la vida de los ciudadanos es el de la política energética. Durante los últimos siete años, muchos advertimos que era insostenible y que, en el futuro, nos iba a llevar a una situación de actual escasez. No hacía falta ser vidente, ya que, si alguien tuviera un negocio y el Estado le sacara más de la mitad de sus ingresos, trataría de invertir lo menos posible en él. Pues bien, eso pasó con las petroleras que, durante años, cobraron menos de la mitad de lo que salía el crudo en el exterior y hasta un sexto de lo que le costaba al Estado importar el gas.

Consecuentemente, las empresas invirtieron lo mínimo necesario y la Argentina perdió el autoabastecimiento. Un absurdo que le sale al Estado cada vez más caro, porque tiene que pagar la diferencia con lo que se trae de afuera.

La solución no puede pasar por una mayor intervención del Estado ni por la actual embestida contra las petroleras, ya que eso implicará menor atractivo para un negocio que necesita decenas de miles de millones de dólares de inversión, que el sector público no podría realizar. Con solamente recomponer el valor de sus productos, los incentivos a explorar y producir volverán y, en los próximos años, iremos superando el problema de escasez de energía.

Recientemente, la Fundación Libertad y Progreso presentó un Indice Internacional de Respeto de Derecho de Propiedad, que se realiza para 130 países del mundo. La Argentina figura en el 33% de naciones peor calificadas.

En enero, el indicador de Libertad Económica de la Fundación Heritage mostró que descendimos a la categoría de los represivos de este derecho ( http://www.libertadyprogresonline.org/2012/01/17/preocupante-deterioro-de-la-libertad-economica/ ).

Conclusión, no parece que los argentinos estemos construyendo un futuro con mejor calidad de vida y mayores oportunidades de progreso.

Aldo Abram es Lic. en Economía y director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

 

There Are Two Ways to Fix Monetary Policy: the Fast Way, and the Right Way:

Por Nicolás Cachanosky: Publicado el 4/4/12 en: http://www.soundmoneyproject.org/?p=7044

…and the government way.

The expectations of modest growth in January by the Fed deflated to moderate growth in mid-March. The monetary policy that the Fed and the Treasury have followed have failed to have the desired effects. But that doesn’t stop policy makers from trying the same medicine – even if the name for it changes. As reported by Reuters:

“As widely expected, the Fed reiterated its expectation that overnight interest rates would remain near zero until at least through late 2014 and that it would continue its program to reweight its portfolio toward longer-term securities. That program, known as “Operation Twist,” expires at the end of June.”

Policy makers still fail to attack the underlying problem: Uncertainty and fiscal deficits (with high levels of government debts). Since the interest rate set by the central banks affects the cost of the Treasury’s debt, central bankers are cornered between keeping interest rates low, or increasing interest rates to lower uncertainty on future inflation but at the cost of increasing the debt outlays of the Treasury. It shouldn’t be the role of the central bank to assist the Treasury, and it shouldn’t be the strategy of the Treasury to increase government debt beyond reasonable limits. In addition, it is the role of the representatives in the Congress and Parliaments to put a limit to the spending and issuance of debt to the executive power.

Interest rates affect with different magnitude different industries and projects that are more or less forward looking. Therefore, a monetary policy that drives the interest rates below the market equilibrium produce real distortions on the economy. The QE policy only achieves to postpone the correction of underlying imbalances. But the economy cannot be fixed with interest rates when the fiscal and future regime structure is so uncertain. Will countries default? Will the Euro survive? Will the USD lose market share in the international markets as the reserve currency? etc…

“While the economic recovery is nearly three years old, officials lament that the United States is still far from full employment. Although the jobless rate has fallen significantly over the last six months, it remains stubbornly high.”

Policy makers need to look somewhere else to solve the economic problems affecting Europe and the United States.

Nicolás Cachanosky es Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE), y Doctorando en Economía, (Suffolk University). Es profesor universitario.

Peligrosa rebelión «Tuareg»:

Por Emilio Cárdenas: Publicado el 10/4/12 en: http://www.lanacion.com.ar/1463625-peligrosa-rebelion-tuareg

Los nómades conocidos como los «tuareg» pertenecen al pueblo «bereber». Habitan el norte y occidente del desierto del Sahara. Hablamos de algo más de un millón doscientas mil personas que pertenecen a esa rama que representa el 10% del total de los distintos grupos bereberes.

Con frecuencia son objeto del calificativo de «azules», porque -con el calor- sus vestimentas de ese color se destiñen de modo que la piel incorpora una atractiva tonalidad azul. Se llaman a si mismos: «los libres». Aún hoy, sin embargo, los «tuareg» viven divididos entre nobles y vasallos. Los últimos desempeñan las tareas propias de una servidumbre doméstica.

Tienen ciertamente una bien ganada fama de indómitos. No sólo porque históricamente se dedicaron alguna vez a saquear poblaciones, sino porque -hasta no hace mucho- se distinguieron por su feroz resistencia al colonialismo. En los últimos tiempos muchos de ellos, como milicianos o simplemente como mercenarios, formaron parte del multicolor ejército libio en tiempos de Gadafi.

Poco antes de caer el tirano regresaron apresuradamente a sus propias tierras. Lo hicieron aprovechando la situación de caos para llevar consigo el moderno armamento que les había sido suministrado por el depuesto gobierno libio, así como misiles tierra-aire de corto alcance (Sam-7) y explosivos poderosos como el Semtex, aparentemente fruto del saqueo.

Desde hace algunos años, células de Al Qaeda y grupos vinculados o emparentados con ese movimiento terrorista han estado -cual infección- operando activamente en la zona del llamado Maghreb, al norte de África. Hasta ahora se habían concentrado más bien en los secuestros y en un activo tráfico de drogas, armas y personas. Actuaban particularmente en la paupérrima Mauritania y en algunos otros rincones del Sahara Occidental. También en el Chad, Mali, Níger, y en el sur de Argelia. Cabe acotar que los grupos islámicos del Maghreb parecerían tener también conexiones con los que actúan en el norte de Nigeria perpetrando atentados contra los cristianos, al mando del desalmado Boko Haram.

Todo ello parece haber generado una mezcla explosiva que acaba de producir su primer gran sorpresa cuando, de pronto, los «tuareg» -aparentemente (pese a las desmentidas) asociados con Ansar Dine (un conocido grupo «tuareg», pero de claro perfil islámico) y Al-Qaeda (Aqmi)- a través del llamado «Movimiento Nacional para la Liberación de Azawad», se apoderaron del noreste de Mali, incluyendo a sus tres ciudades más importantes: Kidal; la estratégica Gao, económicamente la más importante de la región; y la emblemática (y romántica) antigua ciudad santa islámica: Timbuktu.

En Timbuku -ciudad que, por su enorme valor cultural, está especialmente protegida por las Naciones Unidas- no sólo hay tres famosas mezquitas. También cementerios históricos y bibliotecas y anaqueles que guardan miles de insustituibles manuscritos que contienen hasta obras pertenecientes a la era pre-islámica.

 Los insurgentes aprovecharon la circunstancia que Mali ha sido objeto -el 22 de marzo pasado- de una alocada asonada militar, comandada por un joven capitán de etnia «senufo» (negra), Amadou Aya Sanogo, ahora en vías de superación. Una vez en control del territorio desértico que ahora ocupan, los «tuareg» proclamaron que su objetivo era «gestionarlo». Lo cierto es que la insurrección «tuareg» tiene un claro perfil secesionista, que amenaza a la integridad territorial de Mali. Hablamos ciertamente de la posibilidad de que -de pronto- se organice una nueva «república islámica». Por lo pronto, sus líderes ya han anunciado su vocación de independizarse e impuesto en el territorio que controlan tanto el uso del velo islámico como la ley islámica, el «sharia». A la manera de Afganistán, cuando era gobernado por el Talibán. El riesgo es volver a repetir esta historia, pero difícilmente obtengan apoyo externo en su pretensión independentista.

Francia, la antigua potencia colonial, ha expresado su alarma y su preocupación por lo que está sucediendo y está convocando a los países vecinos a sofocar las dos insurrecciones acaecidas en Mali: el golpe militar y la peligrosa insurrección «tuareg». La vecina Argelia, cuyo personal en Gao ha sido detenido, también contempla con alguna alarma lo que sucede. Porque el fundamentalismo es también una amenaza en su propio interior.

Porque parte del supuesto que los «tuareg» apuntan, en rigor, a controlar todo Mali. Pese a ello, Francia ha anunciado que -a diferencia de lo que no hace mucho hiciera en Costa de Marfil- por el momento no enviará sus tropas a Mali.

 Por ello, la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (Ecowas) está bajo presión para eventualmente (fracasadas que sean las gestiones políticas y las sanciones económicas ya dispuestas contra Mali) decidir una intervención militar, con todos los riesgos que ello implica.

Esta es, históricamente, la sexta insurrección de los «tuareg». La primera se remonta a 1916. La última es mucho más reciente; es la del 2006 que terminara concediendo un alto grado de autonomía a la zona del Sahara maliano, denominada, precisamente: Azawad.

Como suele suceder, ante estos tristes escenarios de extrema inestabilidad, la gente huye de la violencia. Por esto aparece rápidamente el desgarrador sufrimiento que representan las clásicas olas de refugiados y desplazados que estas situaciones disparan. Las Naciones Unidas sugieren que ya hay más de 200.000 personas que han huido de Mali. Muchos han marchado hacia Burkina Faso. Otros hacia Níger.

Lo cierto es que la presencia de Al-Qaeda en África no sólo es, queda visto, una grave realidad, sino que está ahora ganando presencia, terreno y hasta dimensión.

Emilo Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

 

Religión y libertad:

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 3/4/12 en: http://www.larazon.es/posts/show/religion-y-libertad

El sentimiento religioso en Estados Unidos nos provoca a algunos admiración y a otros escarnio. Pero ¿por qué se produce? James Q. Wilson planteó en el Wall Street Journal una hipótesis: tiene que ver con la libertad: “somos más religiosos que ningún país europeo porque aquí nunca ha habido una iglesia nacional contra la que rebelarse”.

Los antepasados de los estadounidenses se mataron por la religión, pero el conflicto era entre iglesias con poder político, o relacionadas con el poder político, la Católica y la Anglicana. Reconoce las excepciones de Polonia e Irlanda, no habla de Italia y España, también excepcionales por distintos motivos. “Pero en general hay poco en Europa que se parezca a la Primera Enmienda de la Constitución Americana”. Al no haber una iglesia nacional la religión se mantuvo fuera del panorama político. Pero en EE UU, como en el resto del mundo, ha habido ataques contra el sentimiento religioso alegando el argumento de “la separación de la Iglesia y el Estado”. Es una trampa. “Nuestra libertad no se basa en la supresión de los reconocimientos de la fuerza de la religión, sino en que durante muchas generaciones hemos aceptado un Gobierno secular que opera dentro de una cultura religiosa”. Mientras aquí los progresistas insisten en arrancar crucifijos o en recelar de las expresiones de la fe, conviene recordar que quien arrebata la libertad no es la Iglesia sino el Estado. 

El Dr. Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

¿CREEMOS EN LO QUE FESTEJAMOS HOY?

Por Gabriel J. Zanotti: Publicado el 8/4/12 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2012/04/creemos-en-lo-que-festejamos-hoy.html

¿Qué es la Pascua de Resurrección?

Nada más ni nada menos que Dios, en su Segunda Persona, se hizo hombre, murió en la cruz por nuestros pecados, resucitó y está sentado a la derecha del Padre.

A ver, meditemos un momento.

Quiere decir que Dios es uno y tres. ¿Lo creemos? ¿Qué razones tenemos para creerlo?
Quiere decir que Dios murió en la cruz por cada uno de nosotros, conociendo nuestro nombre y apellido, todo nuestro pecado y asumiéndolo para víctima expiatoria.

¿Creemos que Dios murió? ¿Cómo explicamos que Dios “murió”?

¿Creemos que murió, además, por cada uno de nosotros? ¿Creemos realmente que nos tenía y tiene en su corazón, a cada uno de nosotros, a nuestras vidas, a nuestros pesares e ilusiones, a nuestros pecados?

¿Creemos realmente que sólo Cristo podía responder por nuestros pecados? ¿Por qué?

¿Cómo explicamos que sólo Cristo puede salvarnos?

¿Creemos realmente que resucitó? No lo podemos creer realmente si no creemos que murió. ¿Cómo podía morir Dios?

¿Creemos en todo ello de tal modo que podamos dar razón de todo ello? Porque todo ello es nuestra esperanza, y el cristiano está llamado a DAR RAZÓN DE SU ESPERANZA.

¿Creemos en todo ello de tal modo que transforma nuestras vidas, en el sentido de que nuestras vidas hubieran sido otras si no lo hubiéramos creído?

Quiera Dios que lleguemos a la próxima Pascua habiendo meditado todo esto.

Gabriel J. Zanotti es Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA).  Es profesor full time de la Universidad Austral y en ESEADE es Es Profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

Apunte sobre un buen ejemplo argentino

 Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 5/4/12 en: http://diariodeamerica.com/front_nota_detalle.php?id_noticia=7218

 Lamentablemente hay muchos pésimos ejemplos de los gobiernos argentinos de los últimos largos tiempos. Sin embargo, después de la tiranía rosista, la Constitución de 1853/60 permitió convertir a ese país sudamericano en la vanguardia del mundo libre. Los inmigrantes competían entre Estados Unidos y Argentina para “hacerse la América” debido a que los salarios del peón rural y los obreros de la incipiente industria eran superiores a los de Alemania, Francia, España e Italia. Todos los indicadores de progreso más relevantes ubicaban a la Argentina en los primeros puestos del concierto de las naciones más civilizadas del orbe.

 Luego comenzó el populismo yrigoyenista y los nacionalismos de los Manuel Gálvez, Leopoldo Lugones y Manuel Carlés que contribuyeron a crear un ambiente de xenofobia y estatismo incompatible con el progreso, y la revolución fascista del año treinta y sus continuadores de tradición conservadora introdujeron la banca central, el impuesto progresivo y las juntas reguladoras, todo lo cual fue acentuado en grado exponencial por el peronismo de la década siguiente con el agregado de la corrupción alarmante y la persecución política hasta extremos inconcebibles. Félix Luna en su Breve historia de los argentinos escribe que “Perón, que llegó con un lenguaje nuevo, trajo también una serie de elementos del pasado, como por ejemplo el plan económico de Miguel Miranda de 1947, que tenía varios elementos del de Pinedo establecido en 1940 por un régimen conservador” y Emilio Hardoy se queja amargamente en No he vivido en vano de las impugnaciones electorales de los conservadores y del denominado “fraude patriótico” patrocinado por esa corriente política.

 Pero en esta nota me propongo destacar muy brevemente un extraordinario ejemplo de la mejor tradición liberal del constitucionalismo argentino lo cual señala con notable enjundia Jorge Labanca en su ensayo titulado “El que preside no gobierna”, publicado en la compilación organizada por Ezequiel Gallo en homenaje a mi padre (Liberalismo y sociedad. Ensayos en honor de Alberto Benegas Lynch, Buenos Aires, Editorial Macchi, 1984).

 En este comentario telegráfico me baso en el muy documentado trabajo de Labanca en donde cada afirmación se sustenta en el respectivo texto constitucional y donde el autor subraya la sustancial modificación del rol del Ejecutivo que, de un considerable tiempo a esta parte, ha tenido lugar y que en un proceso de contrabando se le ha ido otorgando de facto potestades que son propias del Legislativo a contracorriente del pensamiento que dio origen a la República Argentina y, en cambio, ha inflado de modo superlativo los poderes de la presidencia hasta límites que la convierten en “un monarca electivo” según una ajustada expresión del mencionado autor.

 En el referido ensayo se apunta que el texto constitucional hace que el Ejecutivo se constituya en un órgano administrador que ejecuta lo sancionado por el Congreso, al contrario de lo que viene ocurriendo, situación en la que aparece como el primer mandante que incluso subordina a los gobernados a la condición de mandatarios, invirtiendo el orden de las cosas en el contexto republicano.

 Así, como Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas el Ejecutivo depende del Congreso para declarar la guerra y definir al enemigo, para designar oficiales superiores, establecer el número de la tropa y declarar el fin de las hostilidades. Como representante del gobierno en materia de relaciones exteriores, recibe y envía funcionarios, pero es el Congreso el órgano que aprueba tratados entre naciones. Su poder de veto está limitado a que la Cámara de origen y la revisora no insistan en la promulgación con las mayorías necesarias. La presentación de un proyecto de ley por parte del Ejecutivo no obliga al Congreso ni siquiera a tratarlo y la apertura de las sesiones parlamentarias constituye una rendición de cuentas ante el Legislativo. Por otra parte, la convocatoria a sesiones extraordinarias es precisamente para contar con la legitimidad en la administración y, por último, la designación de jueces y la declaración del estado de sitio durante el receso del Senado operan bajo el contralor de los organismos correspondientes y dentro de las limitaciones que exige el derecho en un clima de pesos y contrapesos propio de la división horizontal de poderes.

 Jorge Labanca con razón se alarma frente a la “progresiva transferencia del las prerrogativas concretas de gobierno del Parlamento al Ejecutivo […] A través de la asignación de fines a la acción administradora del Poder Ejecutivo se verifica una mutación progresiva y a veces insensible de los fines del Estado. No parece muy difícil demostrar que la Constitución de 1853/60 está moldeada sobre el ideal de la libertad individual […] Esta finalidad se desdibuja y se transforma cuando la ley impone al administrador, como fines perseguidos por éste, cada vez que le atribuye una responsabilidad prestacional o reguladora.”

 Como una nota al pie destaco que durante un gobierno argentino de muy reciente data, el Congreso delegó las funciones de la hacienda pública en el Jefe de Gabinete con lo que sus miembros podrían haber renunciado a sus bancas en masa (y a sus dietas) ya que el contralor de las cuentas fiscales es responsabilidad primordial del Legislativo. Estas funciones fueron el eje central del nacimiento del Parlamento: cuidar de las finanzas administradas por el rey en tierras inglesas o del emperador en tiempos de la república romana, al contrario de lo que se considera hoy, es decir, que el Congreso está facultado para dictar leyes a diestra y siniestra en una carrera inaudita de ingeniería social y de diseño arrogante, en contraste con aquellos fallos judiciales en competencia tal como ocurría en los comienzos del common law. Hoy un adiposo Leviatán está desbocado en no pocos lugares: las reiteradas manifestaciones de la tan temida “tiranía de los jueces”, poder integrado muchas veces por magistrados mediáticos con actitudes impropias de su investidura que, además, frecuentemente renuncian a la indispensable independencia, la soberbia patética y tragicómica del Ejecutivo y el desborde del Legislativo que no reconoce mojones o puntos de referencia extramuros de la ley positiva.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía, Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fué profesor y primer Rector de ESEADE.