El talón de Aquiles del modelo “nacional y popular”

Por Eduardo Filgueira Lima. Publicado el 21/3/12 enhttp://cepoliticosysociales-efl.blogspot.com.ar/2012/03/el-talon-de-aquiles-del-modelo-nacional.html

 
 Desde la crisis soportada en el 2001/2002 la recomposición de la economía argentina se sustentó en un conjunto de factores que le permitieron una rápida recuperación.  De un PBI de signo negativo en el 2002 ( -10,89%), se pasó rápidamente – devaluación mediante – a un crecimiento importante del mismo (entre 6 y 9%), tanto que se acuñó la frase “a tasas chinas”.
A ello contribuyó la imprevisible y creciente cotización del precio, así como del incremento de la producción de los comodities y productos manufacturados agroindustriales, lo que permitió una favorable balanza comercial, con perspectivas de acumulo rápido de reservas.
Ello se mantuvo hasta fines del 2008 en que se insinúan condiciones de crisis – que fueron tanto económicas como políticas – que  disminuyen el mismo hasta solo un 0,9%.
Esa fase de acumulación es lo que permite a la clase política gobernante disponer de esos excedentes de manera discrecional de tal forma que el gasto público corriente – gravado ya en forma importante por las jubilaciones – se convierte en financiador selectivo a través de diversas formas de subsidios y asciende desde el 25% en términos del PBI de 2002, al 45% del PBI en la actualidad. Entiéndase bien lo significativo del gasto: mucho más (casi el doble) de un PBI mucho mayor (aproximadamente un 70%).
Nuestro país a pesar de considerarse “de ingresos medios”, tiene un PBI que solo alcanza los u$s 400.000 millones/año (es decir $ 1.800.000 millones) y ello nos pone de manifiesto que se encuentra muy por debajo de sus posibilidades (fronteras) de producción, a pesar que en PBI/Cápita, ocupemos el primer lugar en Latino América, lo que no nos ubica entre los países ricos, sino «los más ricos entre los pobres».
Muchas consideraciones podrían hacerse al respecto, por ejemplo: como se distribuyen los recursos que genera esa producción entre subgrupos de la población. Al respecto cabe decir que – a pesar de lo declamado por nuestro gobierno – la dispersión de la diferencia ha permanecido prácticamente constante.
Y el punto anterior nos lleva a una nueva consideración: la disminución de la brecha no ha sido posible ni sustantiva  porque los subsidios asignados a la base han sido diluidos por la inflación y una gran parte fueron direccionados a facilitar el “capitalismo de amigos” mediante contratos exorbitantes para los beneficiados cercanos al poder.
Mientras la política se permitió de esta forma disimular la inflación mediante acuerdos que mantenían quietas las tarifas de servicios (rotulados “subsidiado por el Gobierno Nacional”).
Este gasto público creciente fue el motor de la política, vía subsidios o empleos, generación de agencias y reparticiones públicas, que construyeron un gigante tan improductivo como ineficiente (sin mencionar la corrupción que todo lo impregna).
“….Una vez que existe el estado es imposible limitar la expansión de su poder. Es cierto que, como indica Hoppe, determinadas formas políticas (como la monarquía absoluta, en la que el Rey-propietario será ´ceteris paribus´ más cuidadoso a largo plazo para “no matar a la gallina de los huevos de oro”) tenderán a expansionar su poder e intervenir algo menos que otras (como la democracia, en la que no existen incentivos efectivos para que alguien se preocupe por lo que acaezca más allá de las próximas elecciones)…. (…)…Y no ha dejado de crecer porque la mezcla del estado, como institución monopolista de la violencia, con la naturaleza humana es ´explosiva´….(….)… a pesar de la caída del Muro de Berlín hace ya casi veinte años, los estados no han dejado de crecer y cercenar en todos los ámbitos las libertades individuales de los seres humanos…”
La expansión del gasto público es el más dañino instrumento que poseen los gobernantes para “prometer e intentar dar más de lo que deben”, solo a los efectos de mantener la preferencia del electorado. Y esto si bien preconizado por J. M. Keynes – en una situación particular residual de la crisis de los ´30 – fue planteado para lograr superar la misma en el corto plazo, logrando el pleno empleo como objetivo a través de un incremento de la demanda agregada que se supuso estímulo a la producción.
Keynes olvidó decir que las crisis del sistema capitalista son precisamente por las intervenciones de los gobiernos y la expansión indiscriminada del dinero y el crédito. Es decir: la expansión de la base monetaria.
Es necesario destacar expresamente las interacciones que se producen entre las políticas monetarias, la política fiscal y la balanza comercial. Las consecuencias que hoy comienzan a mostrarse (ver: “La coyuntura y las consecuencias”), porque las necesidades crecientes de recursos llevaron primero a apropiarse de las AFJP, luego de las reservas de libre disponibilidad del Banco Central (ahora con la ley propuesta lo harán explícitamente y sin límites, el endeudamiento con el ANSES, la fallida intentona de la 125 y ahora según el Decreto 366/12 – también legal y explícitamente – de los fondos de la APE que corresponden a porcentajes de las cotizaciones laborales de los trabajadores (aproximadamente $ 1.500 millones/año). Pueden echar mano a todo lo que existe, pero parece que nunca alcanza.
Pueden manipular los índices de precios en el INDEC, pueden intentar controles de precios que nunca se revelaron eficaces, que distorsionan la producción y agravan el problema por su consecuencia la  escasez,.. pueden intentar controlar los salarios, pero si estos no corren al ritmo de la inflación, la depreciación de la moneda hará más difícil la subsistencia de todos, pero en especial la de los asalariados.
También pueden implementar otras medidas para hacerse de recursos: sobre la balanza comercial (controlando las importaciones o la fuga de capitales) y menos sobre la política fiscal (porque esta ya alcanza al 50% y porque aumentar impuestos nunca mejora la imagen del “gobernante benevolente”).
Pueden echar mano a todo lo que existe, pero parece que nunca alcanza.
Pueden echar mano a todo lo que existe, pero como todo nunca alcanza las fisuras del modelo comienzan a hacerse notar. Su «Talón de Aquiles»: la inflación.
La inflación es la resultante, que casi todos verifican como “un aumento de los precios”, pero estos son en realidad la consecuencia y cuyas causas es el incremento en la cantidad de dinero y del crédito. Y ello será más grave aún cuando el BCRA no solo financie con sus reservas de libre disponibilidad, sino también pueda imprimir sin respaldo, bajo las apetencias y el imperio del gobierno.  
El aumento de los precios relativos es la consecuencia de la irresponsabilidad del gobierno, que se siente impune para sostener su gasto discrecional y prebendario, originando un grave desequilibrio fiscal.
¿Cuánto hace que no escuchamos hablar del “equilibrio fiscal”?
Existe hoy un desequilibrio que no es redituable financiar reduciendo el gasto o subiendo los impuestos, ambos denominados “ajustes” y  que en términos de votos terminan siendo para el gobierno tremendamente impopulares.
En los ´90 las teorías monetaristas exigieron precisamente eso: lograr el equilibrio fiscal, mediante una intervención del Estado que mantuviera la relación entre la base monetaria y el crecimiento del PBI. El objetivo ya no era “el pleno empleo” keynesiano, sino una intervención – en especial de la emisión – para el control de la inflación.
Ya era reconocible que la inflación es el mal mayor y que la expansión monetaria es su causa.
El liberalismo reconoce esta condición, pero también considera que el gobierno la ocasiona al tener la potestad de financiar libremente su gasto. Su intervención en este punto es finalmente dañina.
Si bien el liberalismo y la intervención estatal no se excluyen mutuamente «¿Cómo podemos organizar las instituciones políticas para impedir que los gobernantes malos o incompetentes puedan hacer demasiado daño?»
Los ciclos económicos, en todos los casos son producidos por la expansión del dinero fiduciario, que genera “burbujas” que nos suelen explotar en las narices.
Es innecesario decir que la situación puede corregirse, pero para ello los caminos son los inversos a los que recorremos aunque parecería que estamos en un círculo vicioso:
     1.    Se necesitan inversiones. Pero ¿quién quiere invertir en un país que no le genera “confianza”,.. que le cambia día a día las reglas de juego,..?, ¿que la carga impositiva es abrumadora y la rentabilidad es incierta,… porque si la descubren de alguna manera: le echan mano !!,.. ¿No es acaso cierto que para sostener el gasto público debe recurrirse a los que producen – vía impuestos – para sostener un sector no productivo?
      2.    Porque “somos ricos entre pobres” y nuestro país no produce lo que podría, si existieran las inversiones necesarias – y el mundo en estos momentos está con excedentes – que no nos llegan porque “la política” no les genera confianza, podríamos obtener trabajos genuinos y la solvencia fiscal necesaria.
      3.    Estas circunstancias eliminan los incentivos de todos los sectores: de los que producen,.. como de los que no. Los primeros porque ven la discrecionalidad en la asignación de lo que aportan y los segundos porque prefieren continuar subsidiados sin incentivos al trabajo.
      4.    Y como ya L. von Mises nos expusiera, la base del desarrollo es el incremento de la producción, con generación genuina de puestos de trabajo en el sector productivo, con base en el ahorro.
 
Los políticos echarán culpas en otros sectores: los “formadores de precios”,.. ¿Dónde habrán encontrado tan disparatada afirmación?: Si un oferente vende a un precio mayor al que la demanda está dispuesta a pagar sencillamente no le compran y se funde !!
También serán culpables los especuladores,… los trabajadores con sus demandas,… lo que el gobierno nunca dirá es que él mismo, con su incremento del gasto público – para dar más allá de lo que puede y quedarse con “el vuelto de los votos” – es el irresponsable del desfasaje y la tragedia que lo sucede.
La inflación distorsiona los precios relativos, que son la “señal” para el sector de la producción,.. son el faro que indica qué y cuánto producir,.. son los que permiten tomar riesgo empresarial y acompañar su dinámica, que permite convertir a un país en desarrollado. Los sectores no productivos de la economía nunca podrían lograr eso,.. solo sufrir mientras los precios se alejan de sus salarios (salvo los funcionarios).
Solo un gasto equilibrado y tan bajo que además de ser solvente, pueda estimular a los sectores de la producción podrá evitar la pendiente negativa. Y en este punto no estoy hablando de un empresariado que solo visualice el corto plazo: que prometa mucho, pero solo espere ser monopólico desde la protección arancelaria, hasta los subsidios de sus amigos en el poder.
Los gobiernos deben lograr presupuestos que eviten los gastos superfluos, innecesarios y sin impacto para cumplir claros objetivos inherentes a sus funciones , sin recurrir a la suba de los impuestos pues ello gravará negativamente la producción. Así como mejorar la calidad de sus instituciones para ofrecer ese condimento tan preciado como es la confianza para el inversor.
Y los empresarios deberían asumir que “los riesgos” son parte implícita a su función y una necesaria visión de largo plazo.
La asociación entre los gobernantes y los grupos de interés – que ejercen un gran poder de lobby – son una combinación letal para el desarrollo del país.
Y eso es gran parte de lo que sucede en el nuestro: el «Talón de Aquiles» del modelo será nuestro desencanto y desconcierto.
 

Eduardo Filgueira Lima es Médico, Magister en Sistemas de Salud y Seguridad Social,  Aspirante a Magister en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE y Profesor Universitario.

 

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