¿Debemos privatizar el fútbol?

Por  Adrián Ravier. Publicado en febrero 15, 2012 en http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/

Hacia fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX fueron naciendo los clubes grandes del fútbol mundial. En casi todos los casos, estos surgieron como instituciones civiles sin fines de lucro, financiadas con el aporte voluntario de sus socios, los que eligen democráticamente a su presidente por mandatos periódicos.

Con el correr del siglo XX el fútbol fue sumando admiradores y se convirtió en una industria. Se construyeron grandes estadios de fútbol, la prensa fue dedicando cada vez más espacio para cubrir los partidos y los pases de jugadores comenzaron a ser millonarios, la mayoría de ellos, con destino europeo.

Pero también comenzaron a ser recurrentes las malas gestiones, las que dejaron a muchos clubes ahogados en deudas. Tal es el caso del fútbol español, que en junio pasado parecía estar en bancarrota con una deuda de 4000 millones de euros. Diarios como Expansión y El Mundo se han echo eco de la noticia.

En Argentina la situación es similar y ya se ha superado la barrera de los 1000 millones de pesos (unos 250 millones de dólare). En enero de 2011  La Nación ha sintetizado la situación de los clubes donde River (216.8 millones de pesos) encabeza la lista, pero otros clubes grandes como Independiente (144,4 millones de pesos), Rácing (105,3 millones), Boca (97,5 millones) y  San Lorenzo (96 millones) tampoco se alejan demasiado.

Todos los clubes apuestan a ventas millonarias de sus figuras que les permitan financiar estas deudas, pero qué ocurre si estas ventas no aparencen.

Por la multitud de personas que siguen a estos clubes se dice que son de “interés nacional”, por lo que el Estado puede aparecer cuando sea necesario para financiar un club en quiebra. No fue el caso de Deportivo Español, pero sí fue el caso de Racing, siendo la única diferencia el poder de convocatoria de cada uno.

La posible privatización del fútbol es un debate necesario. Carlos Beer resumía ya en 2001 para La Nación la posición de defensores y detractores de la privatización. Gustavo Veiga criticaba esta propuesta para Página 12.

El objetivo, pienso yo, es que alguien asuma con su patrimonio las deudas, y que no sea el Estado quien venga al rescate con el dinero del contribuyente.

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

El regreso del Leviatán

Por Eduardo Filgueira Lima: Publicado el 16/2/12 en: http://cepoliticosysociales-efl.blogspot.com/2012/02/el-regreso-del-leviatan.html

Declararse “Liberal” en nuestro país y seguramente en la mayor parte de la América Latina es convertirse en un asociado al pensamiento más retrógrado y abominable,.. opuesto a las necesidades de las mayorías,… Diferente parece ser en otros países: precisamente en EE.UU. los liberales son criticados por sus simpatías por los más necesitados.

Parecería que no existe una interpretación unívoca acerca de lo que es el liberalismo y en especial que en América Latina el término se ha desvirtuado de tal manera – y no inocentemente – que se lo asocia al conservadurismo, a las políticas económicas monetaristas (que nada tienen que ver él) aplicadas durante los ´90, con el desinterés por el bienestar social y en un reduccionismo extremo solo con la defensa de un Estado Mínimo. 

Thomas Hobbes en el Siglo XVII describió el “estado de naturaleza” del hombre como una condición de permanente confrontación y guerra de los unos contra los otros, en despiadada lucha por satisfacer sus instintos y necesidades, por lo que a los fines de posibilitar una convivencia pacífica se convertía en una necesidad – una suerte de contrato social – mediante el que se otorgaba el poder al monarca,.. soberano,.. de poderes absolutos, sin el que la suerte de los súbditos sería pobre y desgraciada: el Leviatán[1].

Muchos pensadores desde John Locke concibieron la posibilidad de revelarse ante un monarca que no cumpliera sus deberes y finalmente el Liberalismo surge como respuesta liberadora de las monarquías absolutistas que dominaban en Europa: primero en Inglaterra (la Revolución Gloriosa) y luego en Francia (con la Revolución Francesa).

El liberalismo debe sus orígenes al rechazo a toda forma de opresión y despotismo. Sus principios fueron la defensa de la libertad individual, la libertad de comercio y el derecho a la propiedad privada. Más recientemente se ha reconocido además el derecho de cada quien a la búsqueda de su  propia felicidad.

¿Cómo es posible que esos principios hayan sido desvirtuados de tal forma que en muchos de nuestros países, el liberalismo pareciera defender principios obsoletos,.. cuando no retrógrados?

Los motivos son muchos, pero nuestra historia en gran parte, nos condena: América Latina es el subproducto de una serie de relaciones de grupos que se interrelacionan histórica y culturalmente.

La interacción entre los pueblos originarios, las características de la conquista hispánica (de ejercicio brutal, de estructuras jerárquicas, y conformación feudal), sumado a las ideas colectivistas que importaron los inmigrantes a finales del Siglo XIX, nos permite interpretar las relaciones de intercambio para que los reclamos y demandas a veces sustentadas en reales necesidades, fueran concedidas como dádivas por los que podían ejercer el poder de hacerlo.

Pero las dádivas se convirtieron para unos en “derechos”,… que fueron asumidos además como la “propiedad” del derecho a tener, alcanzar o reclamar, por lo que se considerara justo (lo fuera no), y al que lo otorga la creencia que de la misma forma se adueñaba del “derecho” a disponer de la voluntad del receptor. Esto es el resultado de una sutil y poco explícita negociación: los unos reciben (aún de manera disfrazada). Pero se deben a quienes les otorgan (aún de manera desembozada), ya que dueños del poder en realidad lo que otorgan resulta de utilizar recursos que son de todos. Y de esta forma es fácil pasar por benevolente y socializar hacia otros lo que pertenece a terceros,.. seguramente su proceder sería diferente si debieran usar sus propios recursos.

La relación es un perverso vínculo de poder: los unos quieren ejercerlo y conservarlo, mientras los otros – a veces por migajas – lo posibilitan,.. las ideas sirven para disfrazar el vínculo, para fanatizar, para generar una única forma de visualizar la realidad, para permitir un discurso único,… pero en especial permite mantener una relación de mutua conveniencia. Los hombres no se adaptan pasivamente a las circunstancias, sino que son capaces de jugar con ellas: y esta es la dinámica del juego de muchos actores políticos y la sociedad.

Esta relación no puede mantenerse porque los recursos son siempre escasos y las demandas pueden llegar a ser infinitas, en realidad no solo son crecientes: cada uno quiere ser “propietario” de más derechos,.. sino que a su vez una vez otorgadas resulta un enorme conflicto “recortarlas”: ¿Cómo se le quita algo que se le dio a alguien que ahora lo considera una conquista?,.. y asume “su propiedad como un derecho”: la propiedad de ese derecho del que es acreedor.

Si los recursos son escasos el gobernante para sostenerse en el poder recurrirá a cualquier exacción, endeudamiento, emisión,… o artilugio que le permita mantener los recursos necesarios para satisfacer – ilusiones al fin – los “derechos” prometidos y que satisfacen las demandas,.. mucho más si ello, en la intermediación (discrecional), le provee algún beneficio, aunque más no sea el caudal de votos necesarios para mantenerse en el poder.

En algunos países con mayor respeto a las instituciones republicanas la tentación puede existir, pero el control es mayor para la remisión de las ambiciones personales. Para prevenir los excesos de los gobernantes, desde J. Locke, J. J. Rousseau, Montesquieu (“El espíritu de las Leyes”) y antes aún, en Aristóteles (“La Política”), se propugna la división de poderes, mediante “Checks and balances” (controles y contrapesos). De tal suerte que los que administran los recursos de “todos”, se limiten en sus apetencias y no se vean tentados a usarlos en supuestos beneficios – que no son tales – para algunos, que resultan finalmente en ganancias personales, de acólitos, adherentes y amigos (impregnados casi sin tapujoscon toda forma de corrupción), pero también en perjuicio del conjunto.

En este juego de controles, la acción colectiva no debería jugar un papel menor, pero es en nuestros países y por nuestra propia historia-cultura, que con facilidad se instaura una “democracia delegativa”: “La esencia de esa concepción es que quienes son elegidos creen tener el derecho –y la obligación– de decidir como mejor les parezca qué es bueno para el país, sujetos sólo al juicio de los votantes en las siguientes elecciones. Creen que éstos les delegan plenamente esa autoridad durante ese lapso. Dado esto, todo tipo de control institucional es considerado una injustificada traba; por eso los líderes delegativos intentan subordinar, suprimir o cooptar esas instituciones”[2] 

Por ello no podemos considerar a nuestros gobernantes como personas impolutas,.. son simples seres humanos con sus virtudes, sus ambiciones, sus defectos y sus bajezas,… pero “el poder corrompe y el poder absoluto mucho más” (Lord Acton), y como a su vez no podemos dejar de reconocer que también existen los honestos: “El poder no corrompe; el poder desenmascara”(Rubén Blades),… pero la tentación, la ambición, el deseo de poder,… siempre existe y frente a ello nos hace falta crecer: fortaleciendo nuestra participación, denunciando el accionar político demagógico y oportunista, para una mejora de nuestras instituciones.

Es en este marco que el liberalismo – en su concepción de permanente lucha por las libertades individuales y contra todo poder absoluto – resulta un peligro para quienes detentan a su gusto y beneficio, el poder de gobernar. El liberalismo es su opuesto,… el liberalismo es el pensamiento que los descubre y por ello hay que denostarlo: “son las ideas de lo anti-social”,.. “las que los privarán de sus derechos”,… “las que privilegian el mercado, contra sus merecidos derechos”.

El liberalismo es una concepción ideológica que no solo pretende la defensa de las libertades individuales (las libertades negativas), sino la de realizar intercambios libremente, el respeto a la propiedad privada y a que cada uno se permita la búsqueda de su propia felicidad. Sino que a su vez en ese camino pretende la maximización del bienestar social: nadie piensa que puede vivir bien rodeado de miseria,… maximizar el bienestar general significa crear fuentes genuinas de empleo, mejorando la educación y la salud (cuyo deterioro es notable en nuestros días), generando riqueza para “igualar hacia arriba”, significa otorgar oportunidades.

Pero  no por  el irrestricto camino de conceder libertades para obtener seguridad[3] , es decir: permitir al soberano hacerse del poder absoluto para avanzar cada vez más sometiendo a todos a su arbitrio para restringir la libertad de muchos – incrementando el gasto público que limita las libertades porque se obtiene con los recursos de todos[4] – para dar “seguridad”, en tanto: “derechos adquiridos” a otros.

Porque finalmente este es el camino que finalmente perjudica a todos. Si los recursos son escasos y no puede gastarse más de lo que se produce, la economía un día les “pasará la factura” no solo a los gobernantes. Porque el gasto público (podrá disfrazarse, con deuda “externa” como sucedió en el gobierno de Menem, o con deuda “interna”[5] como sucede en nuestro país hoy), pero en los excesos termina pagando todo el país.

También a los que se creen gananciosos portadores de “derechos” que el gobierno mal los cumple, son receptores de migajas que los satisfacen hoy porque es lo que esperan o lo que creen merecer, pero que los obliga a no poder escapar de sus limitadas condiciones de vida, perdiendo y transmitiendo intergeneracionalmente la “cultura del no esfuerzo y el no trabajo”.

Y los que se esfuerzan y trabajan, viven en continua zozobra, por el: “¿podré sostener a futuro lo que me he ganado con tanta dedicación?”,.. mientras soportan una carga impositiva desmesurada (se estima hoy mayor al 50%) para sostener un Estado prebendario, burocrático y que mal gasta porque está teñido de corrupción o lo hace discrecionalmente.    

No es ajena a esta descripción lo que acontece en Europa. ¿Cómo quitarles ahora lo que consideran sus derechos, aunque excedan sus costos lo que sus gobiernos pueden?

En mayor o menor grado, todos los gobiernos del mundo se han visto tentados de gastar más de lo que debían,… todos se han visto compelidos a cumplir el papel benefactor de mantener “derechos” que exceden sus posibilidades. Salvo unos pocos han resguardado la austeridad, el valor de su moneda, las inversiones y su correlato la generación de fuentes genuinas de trabajo, todo lo que posibilitará a cada cual según sus medios, según sus capacidades y ¿por qué no?: también por el azar, alcanzar el mejor estándar del que sean capaces.

El otro camino – el que recorremos al compás de algunos países de Latinoamérica – conduce al subdesarrollo, al satu-quo, a mantener los privilegios: “privilegio es una dispensa para el que lo obtiene y un desaliento para los demás”[6], la corruptela de quienes negocian con el poder (el privilegio de ser partícipe de los negocios del Estado), y nos conduce por la pendiente regresiva, aún mayor para los sometidos no ven perspectivas para su futuro.

En nuestro país se declama un “proyecto nacional y popular”. Muchos voceros se encargan de propalar, alentar, ideologizar e inducir la creencia que este es el camino de la “igualdad” y el crecimiento de todos, cuando es en realidad para unos pocos y la adhesión por conformidad de muchos. Ese discurso se hace necesario para mantener el discurso hegemónico,.. para conformar y expresar una denodada defensa del “bien común”.

¿Cuál bien?,.. ¿es que todos pretendemos lo mismo?,.. ¿es que no puede permitirse que cada uno defina y busque su propio bien?,.. el pensamiento liberal se hace aquí peligroso para quienes nos gobiernan, porque conduce a la libertad de pensar diferente, de buscar alternativas propias.

Y es obvio que ello pone en riesgo el pensar común, por lo que se recurre a la descalificación, a la desembozada propaganda, a la demagogia de los actos públicos vacíos de contenido, a las “actuaciones” y los discursos llenos de simbolismo, al enfrentamiento con quienes se atreven a disentir con el discurso que nos imponen, a través de la “travesura” de la ley de medios, la cooptación de opinólogos independientes.

De la misma manera que se distorsionan las cifras oficiales, se esconde la inflación (que es la pérdida del poder adquisitivo de nuestra moneda), se imponen restricciones,.. cada vez más controles,… y se limitan libertades, quedando presos del entramado del poder aquellos que debieran ser independientes: el Legislativo y el Judicial, desmereciendo así el “Checks and balances”.

Y a la inevitable crisis interna se suma la desconfianza, la pérdida de credibilidad,… ¿Quién va a invertir donde no existe seguridad jurídica?,.. ¿Quién va a arriesgar en un país en el que va a ser acusado de especulador,.. o le cambian las reglas de juego a cada instante,.. o la calidad de las instituciones se pervierte día a día,.. o quién va a asumir un riesgo empresarial cuando es su rentabilidad la que está en continuo riesgo?,… aunque sea precisamente de ese señor que necesitamos para que genere fuentes genuinas de trabajo, que incremente la producción, que genere riqueza y que ofrezca más y mejores oportunidades, a quien no le ofrecemos condiciones de confianza y disminución a niveles aceptables, del riesgo que va a tomar.

El liberalismo entones debe asociarse en un discurso descalificatorio (y aceptado por el colectivo social) a nuestros períodos de retroceso – aunque fueran precisamente en nuestros períodos de grandeza cuando las ideas liberales de Alberdi, Echeverría, Sarmiento, etc., rectoras de nuestras políticas de desarrollo y nuestra otrora situación en el mundo – pero resultan ahora un peligro para quienes detentan el poder absoluto y sus políticas populistas.

La perversa asociación entre un poder político que se recicla y asocia al “capitalismo de amigos”, ante un colectivo social complaciente o creído de ser beneficiado por la declamación de sus “derechos” o la recepción de misérrimas dádivas, o un cargo en el Estado que solo es un voraz depredador, nos sumen en la distorsión del pensamiento liberal y subsecuentemente en un camino sin horizontes.

Pero lo peor que nos sucede – y que subyace en las sombras – es una “democracia devaluada” resultante del regreso del omnipotente Leviatan encarnado en las figuras del poder político.  

(*) Dr. Eduardo Filgueira Lima. Director del CEPyS

Buenos Aires, 16 de Febrero de 2012

Referencias:


[1] Hobbes, T. “El Leviatán” (1651)http://www.gutenberg.org/catalog/world/readfile?fk_files=1451508

[2] Guillermo O´Donnell en La Nación del 28 de Mayo de 2009 “La democracia delegativa”

[3] Foucault, M. “El nacimiento de la bio-política”. FCE (2010)

[4] IDESA “La Nación se queda con 3 de cada 4 pesos de la recaudación”. Inf. Nº 384 (2011)

[5] IDESA “ANSES y Banco Central financian la mitad del déficit fiscal”. Inf. Nº 426 (2012)

[6] Sieyés, E. “Ensayo sobre los privilegios”. Edición digital: www.antorcha.net

Eduardo Filgueira Lima es Médico, Magister en Sistemas de Salud y Seguridad Social,  Aspirante a Magister en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE y Profesor Universitario.

Venezuela: instancia decisiva para la democracia:

Por Emilio Cárdenas: Publicado el 30/1/12 en http://www.lanacion.com.ar/1444565-venezuela-instancia-decisiva-para-la-democracia

Este año será absolutamente decisivo para el futuro de la democracia en Venezuela. El próximo 12 de febrero la oposición venezolana, encolumnada en un solo movimiento denominado Unidad Democrática, tendrá sus elecciones primarias de las que surgirán los candidatos que, en todos los niveles, procurarán imponerse luego en las elecciones nacionales, previstas para el 7 de octubre próximo. Si la oposición lograra derrotar al régimen de Hugo Chávez, su triunfo resonaría más allá de Venezuela y tendría fuerte impacto en toda la región.

Un extenso documento -consensuado y aprobado por toda la oposición el 12 de enero pasado- titulado: “Lineamientos para el Programa de Gobierno de Unidad Nacional” (2013-2019) detalla la propuesta de acción de gobierno que presenta la oposición unificada. El documento ha sido suscripto por cinco de los seis candidatos presidenciales. Diego Arria, el único que no lo suscribió, hizo público -sin embargo- su decisión de mantenerse unido a los demás.

El programa de gobierno, de 177 páginas, fue elaborado por 31 grupos de trabajo, con la participación de más de 400 especialistas. Es un documento a la vez claro y exhaustivo. Está dividido en cinco grandes capítulos, en los que se aborda sucesivamente la estrategia de recuperación de la institucionalidad democrática; la futura acción de gobierno; la estructuración de una sociedad productiva sobre la base de una alianza estrecha entre los sectores público y privado; y las propuestas específicas para mejorar la deteriorada calidad de vida de los venezolanos. Incluye asimismo los lineamientos de la política exterior que se postula. Se trata de una propuesta seria y concreta, de lectura fácil, producto de un esfuerzo singular que comenzó en el año 2009.

El candidato que hoy parecería contar con más posibilidades de imponerse en las elecciones primarias es Henrique Capriles, un abogado nacido en 1972, hoy gobernador del Estado de Miranda (donde en 2008 venció nada menos que a Diosdado Cabello, uno de los hombres fuertes del régimen de Hugo Chávez). Capriles tiene una amplia experiencia política y de gobierno, desde que ha sido vicepresidente del extinto Congreso de la República, presidente de la Cámara de Diputados y, por dos veces, Alcalde de Baruta. Fundador del partido Primero Justicia, es católico, de madre judía. Como Leopoldo López ha declinado su candidatura a favor de la de Capriles, aparentemente sólo Pablo Pérez podría, quizás, ser un oponente de algún cuidado.

Si en las elecciones presidenciales venezolanas de octubre próximo la oposición lograra derrotar a Hugo Chávez, el triunfo obraría de bisagra política, particularmente en aquellos países cuyos regímenes comulgan o simpatizan con el de Chávez. El resultado impactaría también el futuro de Cuba, cuya deteriorada economía hoy se mantiene a flote gracias a los aportes venezolanos.

Dentro del programa de gobierno de la oposición, me referiré solamente al capítulo particular de la política exterior. Para ella los 12 años de gobierno de Hugo Chávez han generado para Venezuela un balance muy negativo, caracterizado por un creciente intervencionismo en los asuntos internos de otros estados; una estrategia externa sumamente confrontativa; alianzas geopolíticas ajenas a la tradición pacífica y democrática del país (seguramente en referencia a las que Chávez ha enhebrado con Irán, Bielorrusia y la Federación Rusa); y una actitud de corte belicista justificada en supuestas agresiones externas. El petróleo, sostiene, ha sido mal utilizado, esencialmente como arma de chantaje político internacional. Para la oposición todo ello, más el manejo irrespetuoso de la legalidad internacional, ha contribuido al desprestigio exterior de Venezuela, que es evidente. En rigor, es cierto que sólo el petróleo ha impedido su aislamiento en el escenario internacional.

Entre sus diferentes propuestas concretas en materia de acción exterior, cabe mencionar la de crear -dentro de la OEA- una Comisión Interamericana de Protección a la Democracia con el objeto de evitar que otros sufran un proceso similar al que ha sufrido la democracia venezolana. La estrategia propuesta supone asimismo adoptar una política moderada en el seno de la OPEP; el re-examen de las relaciones con Cuba; una actitud firme contra el terrorismo, el narcotráfico y el crimen organizado; y poner en marcha una política activa de desarme, especialmente a nivel regional, en lo que sería una ponderable contramarcha con el armamentismo adoptado desde que Chávez asumiera la presidencia de Venezuela.

En el corto plazo se invitará a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a visitar Venezuela. Además, se reanudarán las relaciones diplomáticas con Israel y se impulsará la profesionalización en el manejo de las relaciones externas del país. En el largo plazo, se procurará reorientar los objetivos de UNASUR hacia la defensa de la democracia y de los derechos humanos, en coordinación con la acción impulsada desde la OEA.

Para la oposición venezolana, la victoria en las elecciones del 7 de octubre es el objetivo. Perfectamente posible, por cierto, pese a la sombra del fraude que algunos creen pudiera ocurrir. Hasta ahora, la marcha opositora en esa dirección ha sido ejemplar. Con un amplio nivel de debate político y conductas transparentes. .

Si el pueblo venezolano consigue desplazar del poder a Hugo Chávez podrá recuperar una democracia hoy seriamente deformada como consecuencia de concentrar excesivamente el poder en manos del Ejecutivo, destruyendo los equilibrios y contrapesos entre los distintos poderes que conforman la esencia misma de la democracia.

Podrá también poner fin a una inédita ola de populismo desenfrenado, basado en las dádivas, la perversión de todos los principios; la demonización del adversario; y la siembra constante de resentimientos con los que se lastima ex profeso al plexo social. Y hasta terminar con una ola de corrupción generalizada. En síntesis, podrá volver a vivir en un estado de derecho, en lugar de un flotar en un ambiente en el que el capricho, la arbitrariedad y la discrecionalidad de un líder reemplazan a la ley.

Para quienes estamos preocupados por el deterioro de la democracia en la región, la interesante gesta que ha puesto en marcha la oposición venezolana apunta a la que -en el plano de la política y las ideologías- puede transformarse en la madre de todas las batallas en América Latina.

Emilo Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

El que apuesta al euro pierde (el metro, un ejemplo)

Por Enrique Blasco Garma. Publicado el 24/1/12 en http://www.ambito.com/diario/noticia_ee.asp?id=621427

El euro cumplió 13 años el 1 de enero. No obstante, importantes economistas y financistas vaticinaron el fracaso del sistema monetario basado en una moneda común para las 11 naciones que lo conformaban al inicio. Criticaban la falta de flexibilidad de un sistema que no permite que un país devalúe, ni reduzca las tasas de interés, independientemente del resto de las naciones. Sostenían que países con culturas y productividades tan desiguales no podrían convivir con la misma moneda, que no se pondrían de acuerdo en las decisiones, que existirían incongruencias insalvables en una unidad monetaria sin control político unificado. Y mil objeciones más. ¿Cómo los griegos, españoles, italianos podrían sobrevivir a la competencia alemana? ¿Cómo los europeos meridionales, perezosos y amantes del sol y del buen vivir podrían compartir la moneda de los industriosos europeos del norte?

Estos 13 años de convivencia efectiva están echando por tierra desconfianzas y vaticinios alarmistas. Los 11 países miembros iniciales se ampliaron ahora a 17 naciones que comparten la misma moneda y otros siete se unirán en los próximos años. Más aún, cinco otros países de la UE mantienen su moneda fijada al euro. Además, Suiza puso un techo al valor del franco, 1,2, en relación con el euro. Los 323 millones de habitantes de la eurozona gozan de una inflación menor que la del dólar y un ingreso por habitante envidiable, 47.700 dólares. El domingo pasado, Croacia aprobó en un plebiscito la incorporación a la Unión Europea; de ser confirmado por los 27 miembros actuales, se incorporará en julio de 2013.

Las nuevas ideas y los avances enfrentan incomprensiones y desconfianzas. El sistema métrico decimal, instaurado en Francia durante la Revolución, sufrió críticas semejantes. Se preguntaban: ¿cómo naciones y pueblos tan diferentes podrían emplear las mismas medidas, despojándose de la flexibilidad de modificarlas según las necesidades? Quienes se rían del argumento deberían saber que antiguamente las medidas eran flexibles según las circunstancias. Cuando las cosechas eran generosas, las medidas se ampliaban. El colmo, el grano que excede del borde del recipiente de medición, era grande cuando la cosecha era abundante y escaso cuando no lo era. Precisamente fue un gran progreso reconocer la ventaja de que las medidas (como las leyes) sean constantes, independientes de las circunstancias, de las personas y las situaciones. Esa concepción revoluciona creencias ancestrales.

Es lo mismo con la medida de valor. Que muchos países compartan la misma moneda revuelve las ideas de mucha gente y quita poder a los políticos locales. Especialmente, cuando las naciones se ponen de acuerdo en construir un banco central independiente. Con una política monetaria y financiera con objetivos estables. En el euro, el objetivo es la estabilidad de precios, definida como una inflación cercana al 2% anual, y la estabilidad del sistema financiero.

Los prejuicios contra el euro se intensificaron con la actual crisis económica, la más grave en 80 años. Para atenuar su impacto, los países emprendieron gastos y rebajas de impuestos, que acentuaron los déficits fiscales. Recordemos que las depresiones económicas reducen ingresos fiscales y expanden los gastos, especialmente subsidios al desempleo y otros. De modo que en 2010, varios observadores gritaron: ¡Ojo! Las deudas soberanas crecieron demasiado y resultan impagables. Decían: al carecer de un banco central propio, nadie asegura que se pagarán los servicios de esas deudas. La reacción de los inversores, naturalmente temerosos, fue desprenderse de bonos soberanos de las naciones más cuestionadas. Dado que los bancos poseen gran cantidad de esos bonos, sus patrimonios se contrajeron y los depositantes se retiraban. La crisis se agravaba y los rendimientos de los bonos alcanzaron valores insostenibles a largo plazo.

Sin entrar en las particularidades de cada situación nacional, la falta de un ente que coordine la política fiscal permitió diferentes evoluciones de la deuda. Los spreads se separaron según la visión de los analistas.

No obstante, la crisis seguía siendo financiera. Los inversores querían retirar sus acreencias, por desconfianza. Pero tampoco el mundo ofrece demasiados refugios rentables. La solución lógica vino de los dirigentes europeos: superando antagonismos, un pacto fiscal para ordenar las decisiones de endeudamiento soberano, apuntando a contener los déficits. Y el Banco Central Europeo BCE que saliera a cumplir sus objetivos, puntualmente el funcionamiento del sistema financiero, proveyendo de liquidez a los bancos.

Los que apuestan por el rompimiento perdieron y perderán, pues las ventajas de la Unión superan los posibles costos. Más de un milenio de carnicerías fratricidas, guerras, enfrentamientos civiles y comerciales fue demasiado costoso. Antes del euro, devaluaciones para aventajarse mutuamente y trabas a las importaciones. Los mercados y las potencialidades de las naciones aisladas que la integran son muy inferiores a los de la Unión Europea. «La suma de las partes es inferior al conjunto» es el precepto que guía a los dirigentes de cada nación de la UE, según demostraron con sus decisiones en la crisis.

Muchos analistas no comprenden la singularidad del euro, con sus instituciones singulares. Decía Jean Monnet, el inspirador de la UE: Europa se forjará en las crisis y será el resultado de esas crisis. Los gobiernos de los principales países saben que ayudando a Europa sostienen sus economías, el empleo y la paz mundial.

Enrique Blasco Garma es Ph.D (cand) y MA in Economics University of Chicago. Licenciado en Economia, Universidad de Buenos Aires. Es Economista del Centro de Investigaciones Institucionales y de Mercado de Argentina CIIMA/ESEADE. Profesor visitante a cargo del curso Sist. y Org. Financieros Internacionales, en la Maestria de Economia y C. Politicas, ESEADE.

Sustituir importaciones, un error:

Por Agustín Etchebarne. Publicado el 16/1/2012 en http://www.lanacion.com.ar/1440824-sustituir-importaciones-un-error

El fin de semana pasado, en la costa, escuché una conversación entre empresarios que analizaban la posibilidad de crear una empresa para producir localmente artículos que hasta hoy se importan. La idea consistía básicamente en hablar con el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, quien está muy bien dispuesto a escuchar a los ejecutivos que se sumen al modelo, y pedir una protección arancelaria y paraarancelaria para montar una fábrica nacional para reemplazar importaciones.

En una primera visión suena muy positivo, todos parecen ganar. Los empresarios calculaban un retorno del 19% anual, atractivo principal con el cual buscaban socios para la aventura. El Gobierno logra que aumente la inversión, el empleo, la recaudación impositiva tanto por los aranceles como por los impuestos a la nueva fabricación nacional. Además, aumentan el consumo y la demanda agregada, y la economía aparentemente crece. ¡Qué fácil parece dirigir la economía!

Sin embargo, Federico Bastiat nos alertó, hace ya 150 años, que no creamos en falsas ilusiones; el buen economista tiene que investigar “lo que se ve y lo que no se ve”. Lo que se ve es la nueva fábrica, su producción, la recaudación fiscal, el superávit comercial. Pero lo que no se ve es que los consumidores se encontrarán con productos más caros. Es decir, que tendrán menos dinero para consumir en otros bienes y servicios. Al bajar la demanda de esos productos, caerá su producción, se reducirán las fábricas, despedirán empleados y reducirán sus aportes impositivos. Con lo cual el resultado final ya no parece tan simple. Habremos subsidiado a una industria inicialmente ineficiente a costa de otras industrias que logran competir en el mundo. Incentivamos a los ineficientes y desincentivamos a los más productivos.

La conversación con los empresarios continuó. Con una cerveza en la mano y los pies en la arena, inocentemente les pregunté qué iban a hacer si el próximo gobierno decidía reabrir la economía y reducir la protección. ¿Cómo van a competir con China y la India? ¿Cuál es nuestra ventaja comparativa en ese rubro o qué ventaja competitiva piensan desarrollar para competir a largo plazo en el mundo? La respuesta fue breve y concisa: “Los accionistas apuntaríamos a recuperar la inversión dentro de los 4 años del gobierno actual [de ahí el retorno esperado del 19% anual]. Y luego nos quedamos con la fábrica gratis y ya veríamos cómo negociar con el próximo gobierno para no cerrar y generar desempleo, o bien vender a algún extranjero”. Esta conversación fue real y estoy seguro de que se repite hoy por todo el país.

Esta película siempre termina de la misma manera. Casi todos los países de América latina mantuvieron la sustitución de importaciones, impulsada por las ideas de Raúl Prebisch, en las décadas posteriores a la segunda gran guerra. Mientras, en el sudeste asiático los países promovieron las exportaciones y la inserción en el mundo donde existía una tendencia a la apertura de las economías. Europa eliminó las barreras entre todos sus países y Estados Unidos propugnó tratados de libre comercio (TLC) por doquier. Otros países, como Chile, sucumbieron inicialmente a la tentación de la protección a la industria nacional, pero se sumaron tardíamente a liberar su comercio y ya tienen TLC con países que producen el 80% del PIB mundial.

Bela Balassa, en diversos artículos de la década del 70 y 80, mostró una abrumadora evidencia de que los países que se cerraron para desarrollar las industrias infantes crecieron mucho menos y perdieron posiciones, mientras que los países que se abrieron al mundo y acrecentaron su comercio, multiplicaron su PIB per cápita y destruyeron la pobreza.

La Organización Mundial del Comercio ha llevado los registros del flujo mundial de bienes y servicios y es sencillo comparar el resultado de los países que se abrieron y los que se cerraron.

La sustitución de importaciones protege a los empresarios de la competencia, al costo de perjudicar a los consumidores. Pero al final, la protección torna a la industria cada vez más ineficiente y menos competitiva en términos internacionales. En la conversación con los empresarios es fácil observar que el énfasis está puesto en la protección y en los contactos con el gobierno y no en los nuevos descubrimientos y las mejoras tecnológicas. Esa es la principal diferencia entre los entrepreneurs de Silicon Valley y nuestros empresarios vernáculos.

Nuestra industria, alejada de la competencia internacional, será progresivamente más vieja y obsoleta, y nuestros empresarios estarán cada vez más acostumbrados a caminar los pasillos oficiales y serán menos frecuentes las charlas con sus ingenieros. Hasta que alguien pretenda reinsertarnos en el mundo. En ese momento, el proceso de destrucción creativa reinstalado por la apertura de la economía va a arrasar con todas las vetustas fábricas y el costo, en términos de empleos y sufrimientos, inevitablemente será muy grande, tal como lo fue en los años 90.

La alternativa será seguir sin intercambio como lo hicieron los soviéticos durante muchas décadas. En ese caso, bastará viajar al exterior para observar la rapidez con la que nos distanciaremos de los países competitivos; dado que la velocidad del cambio tecnológico parece agigantarse, igual será la velocidad con la que nos separaremos del mundo desarrollado.

Agustín Etchebarne es Lic en Economía (UBA); Máster en Desarrollo Económico (ISVE), posgrado en Comercialización Estratégica de la (UB). Ex profesor de Análisis Económico y Financiero en la Facultad de Derecho de la UBA y profesor de ESEADE.