El costo de seguir perdiendo las libertades económicas:

Por Pablo Guido: Publicado el 3/2/12 en http://www.rionegro.com.ar/diario/rn/nota.aspx?idart=807761&idcat=9539&tipo=2#comentarios807761

Hace unos días la fundación Heritage publicó el índice de libertad económica 2012, el cual evalúa a 179 países en diez variables entre las que se encuentran los derechos de propiedad, la facilidad para hacer negocios, la libertad comercial con el exterior, la corrupción, la inflación, las barreras a las inversiones extranjeras, la carga tributaria, el nivel de gasto público, entre las más relevantes. Todas estas variables permiten obtener una idea aproximada, nunca perfecta, de la libertad que tienen los residentes de un país para consumir, producir, ahorrar e invertir. Argentina se ubica en el puesto 158, cayendo veinte lugares respecto a la medición anterior y registrando así el mayor tercer retroceso (después de Grecia y Guinea Ecuatorial).

Los diez primeros lugares, en materia de libertades económicas, corresponden a Hong Kong, Singapur, Australia, Nueva Zelanda, Suiza, Canadá, Chile, Mauricio, Irlanda y Estados Unidos. Por primera vez en la historia del índice un país africano (Mauricio) se coloca en el top ten del ranking, mientras que Chile regresa a dicho grupo después de unos años, siendo así la economía más libre de Latinoamérica. Otros países sudamericanos ubicados relativamente adelante son Uruguay (29º), Perú (42º), Colombia (45º) y México (54º). Hay que ir más atrás para ubicar a los otros dos socios del Mercosur de nuestro país, ya que Paraguay se ubica 79º y Brasil 99º. La “zona de descenso” del ranking está integrada por países como Corea del Norte (179º), Cuba (177º), Libia (176º) , Venezuela (174º) o Irán (171º).

Nuestro país, con un puntaje del 48%, está a “años luz” de las diez economías más libres, que alcanzan un promedio del 81,2%. Sin embargo, estamos mucho más alejados si hacemos un acercamiento a las variables: mientras que Argentina alcanza una calificación del 20% en derechos de propiedad, el top ten llega al 87,5%; en corrupción la diferencia es abismal también (29% versus 81%); lo mismo sucede en términos de libertades para invertir en el país (30% versus 77%) o libertades financieras (40% versus 80,5%). ¿Cuáles son las consecuencias de tener tan bajas calificaciones en reglas de juego que hacen a las libertades económicas? Por ejemplo, en la última década las economías que más han progresado en el índice tienen un crecimiento per cápita del 3,7%, mientras que las que muestran menor progreso del 2,1%. Esto significa que las primeras duplicarán el ingreso por habitante en casi 19 años y las segundas en 33 años. Otra diferencia es que en todos los continentes y regiones del planeta las economías más libres tienen un ingreso por habitante que supera en varias veces a las de menor libertad: en Europa por ejemplo las triplica; en Asia y Pacífico las supera en doce veces; en Medio Oriente y norte de África en ocho veces, y Latinoamérica en tres veces. O sea, tener libertades económicas paga el esfuerzo para el bienestar de la población.

En el caso de nuestro país, el hecho de tener un colapso institucional en la última década en materia de libertades económicas (derechos de propiedad pisoteados, una economía cada vez más cerrada, mayor corrupción, menores libertades financieras, mayores barreras para el inversor, etcétera) parecería que no nos ha afectado y que podríamos vivir a contramano de lo que en el mundo sí funciona. Pero no es así: la “lotería” que nos han brindado los precios de los commodities y las tasas de interés artificiales en el mundo nos han permitido rifar las tenues y débiles libertades económicas que habíamos mejorado en tiempos anteriores (en 1996 la economía argentina tenía una calificación del 74,7%). Pero en cuanto Papá Noel (“el mundo”) no nos sonría con tanta intensidad van a emerger amplia y plenamente las consecuencias, volviendo a nuestras escuálidas y volátiles tasas de crecimiento.

Los países que logran crecer sostenidamente (y no con el formato de “montaña rusa” que nos caracteriza desde hace seis o siete décadas) son aquellos que lograron crear contextos institucionales que incentivan la aparición de empresarios competitivos e innovadores. Nunca una economía se ha logrado desarrollar tirando al basurero los derechos de propiedad, cerrando sus economías, llevando sus gastos públicos a niveles infinanciables, cargando a su población de impuestos impagables o endeudándolos hasta lo imposible. Una muestra más de este fracaso son muchos países europeos o Estados Unidos, que se debaten entre el estancamiento y el retroceso económico. El siglo XXI le muestra a nuestro país una nueva oportunidad, ya que las regiones que más crecen demandan nuestros productos. Pero violar las reglas básicas de institucionalidad nos puede generar una carga tan pesada que no nos permita avanzar más rápido, y hasta nos haga retroceder quizás. No estamos condenados ni al éxito ni al fracaso, depende de las instituciones que nos podamos y sepamos brindar a nosotros mismos.

Pablo Guido se graduó en la Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Doctor en Economía (Universidad Rey Juan Carlos-Madrid), profesor de Economía Superior (ESEADE) y profesor visitante de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala). Investigador Fundación Nuevas Generaciones (Argentina). Director académico de la Fundación Progreso y Libertad.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s