El regreso del Leviatán

Por Eduardo Filgueira Lima: Publicado el 16/2/12 en: http://cepoliticosysociales-efl.blogspot.com/2012/02/el-regreso-del-leviatan.html

Declararse “Liberal” en nuestro país y seguramente en la mayor parte de la América Latina es convertirse en un asociado al pensamiento más retrógrado y abominable,.. opuesto a las necesidades de las mayorías,… Diferente parece ser en otros países: precisamente en EE.UU. los liberales son criticados por sus simpatías por los más necesitados.

Parecería que no existe una interpretación unívoca acerca de lo que es el liberalismo y en especial que en América Latina el término se ha desvirtuado de tal manera – y no inocentemente – que se lo asocia al conservadurismo, a las políticas económicas monetaristas (que nada tienen que ver él) aplicadas durante los ´90, con el desinterés por el bienestar social y en un reduccionismo extremo solo con la defensa de un Estado Mínimo. 

Thomas Hobbes en el Siglo XVII describió el “estado de naturaleza” del hombre como una condición de permanente confrontación y guerra de los unos contra los otros, en despiadada lucha por satisfacer sus instintos y necesidades, por lo que a los fines de posibilitar una convivencia pacífica se convertía en una necesidad – una suerte de contrato social – mediante el que se otorgaba el poder al monarca,.. soberano,.. de poderes absolutos, sin el que la suerte de los súbditos sería pobre y desgraciada: el Leviatán[1].

Muchos pensadores desde John Locke concibieron la posibilidad de revelarse ante un monarca que no cumpliera sus deberes y finalmente el Liberalismo surge como respuesta liberadora de las monarquías absolutistas que dominaban en Europa: primero en Inglaterra (la Revolución Gloriosa) y luego en Francia (con la Revolución Francesa).

El liberalismo debe sus orígenes al rechazo a toda forma de opresión y despotismo. Sus principios fueron la defensa de la libertad individual, la libertad de comercio y el derecho a la propiedad privada. Más recientemente se ha reconocido además el derecho de cada quien a la búsqueda de su  propia felicidad.

¿Cómo es posible que esos principios hayan sido desvirtuados de tal forma que en muchos de nuestros países, el liberalismo pareciera defender principios obsoletos,.. cuando no retrógrados?

Los motivos son muchos, pero nuestra historia en gran parte, nos condena: América Latina es el subproducto de una serie de relaciones de grupos que se interrelacionan histórica y culturalmente.

La interacción entre los pueblos originarios, las características de la conquista hispánica (de ejercicio brutal, de estructuras jerárquicas, y conformación feudal), sumado a las ideas colectivistas que importaron los inmigrantes a finales del Siglo XIX, nos permite interpretar las relaciones de intercambio para que los reclamos y demandas a veces sustentadas en reales necesidades, fueran concedidas como dádivas por los que podían ejercer el poder de hacerlo.

Pero las dádivas se convirtieron para unos en “derechos”,… que fueron asumidos además como la “propiedad” del derecho a tener, alcanzar o reclamar, por lo que se considerara justo (lo fuera no), y al que lo otorga la creencia que de la misma forma se adueñaba del “derecho” a disponer de la voluntad del receptor. Esto es el resultado de una sutil y poco explícita negociación: los unos reciben (aún de manera disfrazada). Pero se deben a quienes les otorgan (aún de manera desembozada), ya que dueños del poder en realidad lo que otorgan resulta de utilizar recursos que son de todos. Y de esta forma es fácil pasar por benevolente y socializar hacia otros lo que pertenece a terceros,.. seguramente su proceder sería diferente si debieran usar sus propios recursos.

La relación es un perverso vínculo de poder: los unos quieren ejercerlo y conservarlo, mientras los otros – a veces por migajas – lo posibilitan,.. las ideas sirven para disfrazar el vínculo, para fanatizar, para generar una única forma de visualizar la realidad, para permitir un discurso único,… pero en especial permite mantener una relación de mutua conveniencia. Los hombres no se adaptan pasivamente a las circunstancias, sino que son capaces de jugar con ellas: y esta es la dinámica del juego de muchos actores políticos y la sociedad.

Esta relación no puede mantenerse porque los recursos son siempre escasos y las demandas pueden llegar a ser infinitas, en realidad no solo son crecientes: cada uno quiere ser “propietario” de más derechos,.. sino que a su vez una vez otorgadas resulta un enorme conflicto “recortarlas”: ¿Cómo se le quita algo que se le dio a alguien que ahora lo considera una conquista?,.. y asume “su propiedad como un derecho”: la propiedad de ese derecho del que es acreedor.

Si los recursos son escasos el gobernante para sostenerse en el poder recurrirá a cualquier exacción, endeudamiento, emisión,… o artilugio que le permita mantener los recursos necesarios para satisfacer – ilusiones al fin – los “derechos” prometidos y que satisfacen las demandas,.. mucho más si ello, en la intermediación (discrecional), le provee algún beneficio, aunque más no sea el caudal de votos necesarios para mantenerse en el poder.

En algunos países con mayor respeto a las instituciones republicanas la tentación puede existir, pero el control es mayor para la remisión de las ambiciones personales. Para prevenir los excesos de los gobernantes, desde J. Locke, J. J. Rousseau, Montesquieu (“El espíritu de las Leyes”) y antes aún, en Aristóteles (“La Política”), se propugna la división de poderes, mediante “Checks and balances” (controles y contrapesos). De tal suerte que los que administran los recursos de “todos”, se limiten en sus apetencias y no se vean tentados a usarlos en supuestos beneficios – que no son tales – para algunos, que resultan finalmente en ganancias personales, de acólitos, adherentes y amigos (impregnados casi sin tapujoscon toda forma de corrupción), pero también en perjuicio del conjunto.

En este juego de controles, la acción colectiva no debería jugar un papel menor, pero es en nuestros países y por nuestra propia historia-cultura, que con facilidad se instaura una “democracia delegativa”: “La esencia de esa concepción es que quienes son elegidos creen tener el derecho –y la obligación– de decidir como mejor les parezca qué es bueno para el país, sujetos sólo al juicio de los votantes en las siguientes elecciones. Creen que éstos les delegan plenamente esa autoridad durante ese lapso. Dado esto, todo tipo de control institucional es considerado una injustificada traba; por eso los líderes delegativos intentan subordinar, suprimir o cooptar esas instituciones”[2] 

Por ello no podemos considerar a nuestros gobernantes como personas impolutas,.. son simples seres humanos con sus virtudes, sus ambiciones, sus defectos y sus bajezas,… pero “el poder corrompe y el poder absoluto mucho más” (Lord Acton), y como a su vez no podemos dejar de reconocer que también existen los honestos: “El poder no corrompe; el poder desenmascara”(Rubén Blades),… pero la tentación, la ambición, el deseo de poder,… siempre existe y frente a ello nos hace falta crecer: fortaleciendo nuestra participación, denunciando el accionar político demagógico y oportunista, para una mejora de nuestras instituciones.

Es en este marco que el liberalismo – en su concepción de permanente lucha por las libertades individuales y contra todo poder absoluto – resulta un peligro para quienes detentan a su gusto y beneficio, el poder de gobernar. El liberalismo es su opuesto,… el liberalismo es el pensamiento que los descubre y por ello hay que denostarlo: “son las ideas de lo anti-social”,.. “las que los privarán de sus derechos”,… “las que privilegian el mercado, contra sus merecidos derechos”.

El liberalismo es una concepción ideológica que no solo pretende la defensa de las libertades individuales (las libertades negativas), sino la de realizar intercambios libremente, el respeto a la propiedad privada y a que cada uno se permita la búsqueda de su propia felicidad. Sino que a su vez en ese camino pretende la maximización del bienestar social: nadie piensa que puede vivir bien rodeado de miseria,… maximizar el bienestar general significa crear fuentes genuinas de empleo, mejorando la educación y la salud (cuyo deterioro es notable en nuestros días), generando riqueza para “igualar hacia arriba”, significa otorgar oportunidades.

Pero  no por  el irrestricto camino de conceder libertades para obtener seguridad[3] , es decir: permitir al soberano hacerse del poder absoluto para avanzar cada vez más sometiendo a todos a su arbitrio para restringir la libertad de muchos – incrementando el gasto público que limita las libertades porque se obtiene con los recursos de todos[4] – para dar “seguridad”, en tanto: “derechos adquiridos” a otros.

Porque finalmente este es el camino que finalmente perjudica a todos. Si los recursos son escasos y no puede gastarse más de lo que se produce, la economía un día les “pasará la factura” no solo a los gobernantes. Porque el gasto público (podrá disfrazarse, con deuda “externa” como sucedió en el gobierno de Menem, o con deuda “interna”[5] como sucede en nuestro país hoy), pero en los excesos termina pagando todo el país.

También a los que se creen gananciosos portadores de “derechos” que el gobierno mal los cumple, son receptores de migajas que los satisfacen hoy porque es lo que esperan o lo que creen merecer, pero que los obliga a no poder escapar de sus limitadas condiciones de vida, perdiendo y transmitiendo intergeneracionalmente la “cultura del no esfuerzo y el no trabajo”.

Y los que se esfuerzan y trabajan, viven en continua zozobra, por el: “¿podré sostener a futuro lo que me he ganado con tanta dedicación?”,.. mientras soportan una carga impositiva desmesurada (se estima hoy mayor al 50%) para sostener un Estado prebendario, burocrático y que mal gasta porque está teñido de corrupción o lo hace discrecionalmente.    

No es ajena a esta descripción lo que acontece en Europa. ¿Cómo quitarles ahora lo que consideran sus derechos, aunque excedan sus costos lo que sus gobiernos pueden?

En mayor o menor grado, todos los gobiernos del mundo se han visto tentados de gastar más de lo que debían,… todos se han visto compelidos a cumplir el papel benefactor de mantener “derechos” que exceden sus posibilidades. Salvo unos pocos han resguardado la austeridad, el valor de su moneda, las inversiones y su correlato la generación de fuentes genuinas de trabajo, todo lo que posibilitará a cada cual según sus medios, según sus capacidades y ¿por qué no?: también por el azar, alcanzar el mejor estándar del que sean capaces.

El otro camino – el que recorremos al compás de algunos países de Latinoamérica – conduce al subdesarrollo, al satu-quo, a mantener los privilegios: “privilegio es una dispensa para el que lo obtiene y un desaliento para los demás”[6], la corruptela de quienes negocian con el poder (el privilegio de ser partícipe de los negocios del Estado), y nos conduce por la pendiente regresiva, aún mayor para los sometidos no ven perspectivas para su futuro.

En nuestro país se declama un “proyecto nacional y popular”. Muchos voceros se encargan de propalar, alentar, ideologizar e inducir la creencia que este es el camino de la “igualdad” y el crecimiento de todos, cuando es en realidad para unos pocos y la adhesión por conformidad de muchos. Ese discurso se hace necesario para mantener el discurso hegemónico,.. para conformar y expresar una denodada defensa del “bien común”.

¿Cuál bien?,.. ¿es que todos pretendemos lo mismo?,.. ¿es que no puede permitirse que cada uno defina y busque su propio bien?,.. el pensamiento liberal se hace aquí peligroso para quienes nos gobiernan, porque conduce a la libertad de pensar diferente, de buscar alternativas propias.

Y es obvio que ello pone en riesgo el pensar común, por lo que se recurre a la descalificación, a la desembozada propaganda, a la demagogia de los actos públicos vacíos de contenido, a las “actuaciones” y los discursos llenos de simbolismo, al enfrentamiento con quienes se atreven a disentir con el discurso que nos imponen, a través de la “travesura” de la ley de medios, la cooptación de opinólogos independientes.

De la misma manera que se distorsionan las cifras oficiales, se esconde la inflación (que es la pérdida del poder adquisitivo de nuestra moneda), se imponen restricciones,.. cada vez más controles,… y se limitan libertades, quedando presos del entramado del poder aquellos que debieran ser independientes: el Legislativo y el Judicial, desmereciendo así el “Checks and balances”.

Y a la inevitable crisis interna se suma la desconfianza, la pérdida de credibilidad,… ¿Quién va a invertir donde no existe seguridad jurídica?,.. ¿Quién va a arriesgar en un país en el que va a ser acusado de especulador,.. o le cambian las reglas de juego a cada instante,.. o la calidad de las instituciones se pervierte día a día,.. o quién va a asumir un riesgo empresarial cuando es su rentabilidad la que está en continuo riesgo?,… aunque sea precisamente de ese señor que necesitamos para que genere fuentes genuinas de trabajo, que incremente la producción, que genere riqueza y que ofrezca más y mejores oportunidades, a quien no le ofrecemos condiciones de confianza y disminución a niveles aceptables, del riesgo que va a tomar.

El liberalismo entones debe asociarse en un discurso descalificatorio (y aceptado por el colectivo social) a nuestros períodos de retroceso – aunque fueran precisamente en nuestros períodos de grandeza cuando las ideas liberales de Alberdi, Echeverría, Sarmiento, etc., rectoras de nuestras políticas de desarrollo y nuestra otrora situación en el mundo – pero resultan ahora un peligro para quienes detentan el poder absoluto y sus políticas populistas.

La perversa asociación entre un poder político que se recicla y asocia al “capitalismo de amigos”, ante un colectivo social complaciente o creído de ser beneficiado por la declamación de sus “derechos” o la recepción de misérrimas dádivas, o un cargo en el Estado que solo es un voraz depredador, nos sumen en la distorsión del pensamiento liberal y subsecuentemente en un camino sin horizontes.

Pero lo peor que nos sucede – y que subyace en las sombras – es una “democracia devaluada” resultante del regreso del omnipotente Leviatan encarnado en las figuras del poder político.  

(*) Dr. Eduardo Filgueira Lima. Director del CEPyS

Buenos Aires, 16 de Febrero de 2012

Referencias:


[1] Hobbes, T. “El Leviatán” (1651)http://www.gutenberg.org/catalog/world/readfile?fk_files=1451508

[2] Guillermo O´Donnell en La Nación del 28 de Mayo de 2009 “La democracia delegativa”

[3] Foucault, M. “El nacimiento de la bio-política”. FCE (2010)

[4] IDESA “La Nación se queda con 3 de cada 4 pesos de la recaudación”. Inf. Nº 384 (2011)

[5] IDESA “ANSES y Banco Central financian la mitad del déficit fiscal”. Inf. Nº 426 (2012)

[6] Sieyés, E. “Ensayo sobre los privilegios”. Edición digital: www.antorcha.net

Eduardo Filgueira Lima es Médico, Magister en Sistemas de Salud y Seguridad Social,  Aspirante a Magister en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE y Profesor Universitario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s