¿Acuerdo bueno o malo según la teoría?

Por Martín Krause: Publicado el 10/12/11 en: http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/page/2/

El reciente acuerdo de los países de la Unión Europea, y el desacuerdo británico, ¿cómo pueden interpretarse a la luz de la teoría? Está claro que en las decisiones de cada país entran en juego cuestiones políticas locales, defensa de ciertos sectores, etc, pero eso ocurre siempre.

Propongo dos interpretaciones alternativas:

1. Negativa: los países que firman el pacto no van a cumplir los compromisos fiscales, es todo humo. E Inglaterra quiso quedar afuera para tener flexibilidad monetaria y fiscal “keynesiana”.

2. Positiva: Se dio el mejor resultado que se hubiera podido imaginar. Por un lado, 26 países de la UE se comprometen a nivel constitucional a imponer límites al déficit fiscal (norma que propusiera siempre James Buchanan). Por otro, Inglaterra queda afuera y salva al sector financiero de mayores regulaciones.

¿Qué piensan?

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Keynes, Röpke y Hayek: ¿Qué tan diferentes son sus ideas?

Por Adrián Ravier. Publicado el 27/4/11 en: http://www.elcato.org/keynes-roepke-y-hayek-que-tan-diferentes-son-sus-ideas

Dejemos por un momento de lado al keynesianismo, la economía social de mercado y la escuela austríaca. Concentrémonos en tres autores: John Maynard Keynes, Wilhelm Röpke y Friedrich Hayek. Si bien considero que sería correcto ubicar la filosofía política y el pensamiento económico de Röpke entre los trabajos de John Maynard Keynes y los escritos de Friedrich A. von Hayek, me propongo en el siguiente artículo intentar responder a una sola pregunta: ¿hasta qué punto sería esto cierto? Con un ánimo conciliador, trataré de mostrar consensos y diferencias entre tres de los pensadores más destacados del siglo XX. Es el objetivo final que estas comparaciones ilustren ciertos mitos que surgen en torno a ellos. Dice el profesor Resico sobre el pensamiento de Röpke: “En este sentido, su planteo se apartaba explícitamente, por un lado de la economía coactiva (planificación central, corporativismo fascista, intervencionismo estatista) y, por otro, de la economía de mercado interpretada en la tradición del laissez faire, que excluye la intervención del estado en asuntos económicos”.1 Lucas Beltrán Florez nos ofrece otras precisiones sobre este aspecto, mostrando un Röpke que aceptaba la “intervención conforme” del Estado en la economía, pero rechazaba la “intervención disconforme”: “[L]a diferencia entre la intervención conforme y la disconforme [se comprende] comparándolas con la regulación del tráfico por las calles y carreteras. Mientras tal regulación se limite (como ocurre en la realidad) a exigir pruebas de aptitud a los conductores, señalar vías de tránsito y dictar instrucciones sobre el mejor modo de circular, cumple una misión absolutamente necesaria, y cada uno sigue siendo libre de ir a donde quiera, cuando y como quiera; esta forma de regulación es comparable a la intervención conforme. En cambio, se asemejaría a una intervención disconforme, la regulación del tráfico que tuviera la absurda pretensión de ordenar el movimiento de cada uno de los vehículos, como el capitán que manda una columna en marcha”. “Röpke cree que la eliminación de las intervenciones disconformes y la aplicación racional de las conformes, encaminadas a asegurar el funcionamiento de la economía de mercado y la implantación del programa del ‘tercer camino’, son requisitos necesarios de una sociedad sana y estable”.2 La pregunta que me surge de este “tercer camino” es la siguiente: ¿No estarían de acuerdo tanto Keynes como Hayek con esta apreciación? Keynes y Röpke Concentrémonos primero en Keynes, a quien podríamos calificar como un defensor del “intervencionismo estatista”. 
Ricardo Crespo sostiene que “[e]l caso de Keynes es un ejemplo de construcción social de una realidad donde el Keynes/hombre no siempre coincide con el Keynes/mito”.3 Lo cierto es que posiblemente el error más significativo de Keynes haya sido titular su obra maestra como la “Teoría general”, si consideramos que los estudios y conclusiones presentados en 1936 aplican únicamente al caso particular de una economía con desempleo de recursos, y en especial a aquellas específicas circunstancias de la gran depresión de los años treinta. Como decía su amigo y discípulo Richard Kahn, se ha abusado de la palabra “Keynes”. Con el tiempo (y gracias a la acción de malos políticos), ésta quedó asociada a soluciones inflacionarias, falaces y facilistas, a los problemas de la desocupación y a un Estado fuertemente interventor. Sin embargo, concluye Crespo, sólo con importantes restricciones y matices (y en determinadas circunstancias) Keynes habría estado de acuerdo con las recetas que le atribuyen. Por eso, en 1946, el año de su muerte afirmó: “Yo no soy keynesiano”.4 De este modo, llegamos a un Keynes cuya teoría del intervencionismo económico sólo se acota a “determinadas circunstancias”. Algo similar podemos decir de la “economía social de mercado”. Resico muestra con precisión los “fundamentos de la economía de mercado” existentes en el pensamiento de Röpke, los que se sostienen sobre la base de su correcta comprensión de los órdenes espontáneos y en un marco institucional, social y ético favorable.
¿En qué circunstancias, sin embargo, considera Röpke que el funcionamiento de la economía de mercado se interrumpe? Hansjörg Klausinger, quien caracteriza a Röpke y otros alemanes como proto-keynesianos, nos explica que nuestro autor sólo alentaba la política expansionista en circunstancias específicas, haciendo referencia a la “depresión secundaria”.5 Röpke distinguía claramente la depresión primaria de la depresión secundaria. La primera es aquella depresión normal, que surge en todo ciclo económico y que es necesaria para liquidar la sobre inversión generada en la etapa del auge. Ante esta situación Röpke se podría denominar como un “liquidacionista”, en el sentido que no propone aplicar políticas para paliar tal situación. La segunda es aquella depresión que va un poco más allá de la necesaria liquidación de los comentados errores de inversión. Se trata de una depresión que se retroalimenta por sí misma, y que lleva consigo una destrucción de capital innecesaria, y que es imperioso detener. Podemos dar un ejemplo. En 2001, la tasa de interés de corto plazo en EE.UU., estaba en un 6,75 por ciento. La crisis de las punto com generó una amenaza al crecimiento y al empleo, lo que llevó al presidente de la Reserva Federal a reducir la tasa de interés al 1 por ciento. Los analistas coinciden que dicha tasa estuvo en niveles muy bajos por demasiado tiempo, lo que estimuló el desarrollo de una burbuja inmobiliaria. En 2004, ante una posible aceleración de la inflación, Greenspan decidió subir la tasa de interés, y el mercado inmobiliario, que se sostenía sobre esa política de liquidez, se derrumbó. Hayek y Röpke, colegas en la Mont Pelerin Society, coinciden en que la recuperación de la crisis requiere de cierta liquidación de proyectos de inversión que surgieron en torno a una tasa de interés muy baja. Pero apuntan que puede ocurrir un problema mayor, si la tasa de interés sube por encima de su nivel natural. Para ser más concreto: ¿Qué ocurriría si la tasa de interés sube hasta el 10 %? Esto llevaría a que no sólo se liquiden los proyectos de inversión que surgieron en torno a la reducción artificial de la tasa de interés, sino que la liquidación de inversiones sería aun mayor, y esto es innecesario. La necesaria liquidación de inversiones, que corrige los errores de la política de dinero fácil, es lo que llamamos depresión primaria. La innecesaria liquidación de inversiones , conocida como depresión secundaria, es producto de que la tasa de interés haya subido por encima de su nivel natural. Esto puede evitarse si la Reserva Federal, ya inmersa en la crisis, expande la base monetaria comprando bonos en el mercado. Röpke agrega que la expansión monetaria puede no tener la fuerza suficiente para detener la depresión secundaria, y por ello, debe ir acompañada de políticas fiscales que aseguren que habrá una mayor demanda de los créditos que la política de dinero fácil introduzca en el mercado. Si bien ambos estarían de acuerdo en una política expansionista para circunstancias especiales, es esta explícita e importante distinción de Röpke de la que hoy carece el “intervencionismo keynesiano”. Hayek y Röpke Hayek por su parte, viene a representar al laissez faire, el que “excluye la intervención del estado en asuntos económicos”. Nótese sin embargo, que Hayek también aceptaba –en circunstancias excepcionales- que los hacedores de políticas públicas hicieran algo ante la situación descripta. En términos de la ecuación cuantitativa del dinero (MV = Py), Hayek proponía mantener constante el ingreso nominal (MV). Esto tenía dos implicaciones. En primer lugar, permitir que ante un aumento de la productividad y su consecuente crecimiento económico (y), bajen los precios (P). Ya en Precios y producción, decía Hayek: “El que no haya ningún peligro en que los precios caigan cuando la producción sube ha sido subrayado una y otra vez, por ejemplo por A. Marshall, N. G. Pierson, W. Lexis, F. Y. Edgeworth, F. W. Taussig, L. Mises, A. C. Pigou, D. H. Robertson y G. Haberler”.6 Cabe aquí hacer la distinción -muchas veces ignorada por los economistas que animan políticas anti-deflacionistas- entre el proceso de deflación que surge por aumentos de productividad, de aquel proceso que surge en las etapas últimas del ciclo económico.7 En segundo lugar, que ante una contracción secundaria de dinero, la autoridad monetaria expanda la base monetaria. En pocas palabras, la expansión primaria sirve para compensar la contracción secundaria. Hayek, sin embargo, jamás habló de combinar esta política monetaria con políticas fiscales. Su preocupación, como la de Röpke, no era evitar el ajuste necesario del período de sobre-inversión (que Hayek llamó más bien de mala-inversión), sino evitar que el ajuste sea mayor al necesario para volver a una situación de normalidad.8 Conclusión Estos comentarios acercan el pensamiento de Keynes, Röpke y Hayek, con el único objetivo de mostrar que ninguno representa los extremos con los que muchas veces se los identifica. Resulta fundamental, sin embargo, señalar –como lo hace Resico- que Röpke –al igual que Hayek- realizó una valoración crítica del pensamiento de Keynes, “en el que destacaba una generalización errónea del principio de la ‘demanda efectiva’”, esto es, el conocido modelo keynesiano de demanda agregada. Más precisamente Röpke se separaba de la propuesta keynesiana de pleno empleo, el que representó un manejo activo de la política económica de coyuntura, otorgándole un sesgo inflacionista y de control cada vez más amplio sobre el sistema económico,9 aspecto que se replica en Hayek.10 En otras palabras, la crítica de Röpke -que desde luego compartía con Hayek- estaba destinada a esa propuesta de manejar científicamente las variables monetarias, controlando la cantidad de dinero en circulación, los tipos de interés, el tipo de cambio, y mediante ellos, determinar el nivel de empleo y la tasa de crecimiento económico. Esta “fatal arrogancia” que hoy sostienen muchos economistas, de querer manejar la economía como si fuera un automóvil, mediante unos cuantos controles en un tablero, es el error fatal que Keynes introdujo, y del cual necesariamente debemos distanciar tanto a Röpke como a Hayek. Después de todo, como ha señalado Garrison, “Keynes [en parte] fue un keynesiano”.11

Referencias

1. Resico, Marcelo F. La estructura de una economía humana, Reflexiones en cuanto a la actualidad del pensamiento de W. Röpke. Educa (Buenos Aires). 2008.

2. Beltrán Florez, Lucas. Economistas modernos, Cap. XII: Röpke, pp. 136-137. Editorial Teide: Barcelona. 1951.

3. Crespo, Ricardo. El pensamiento filosófico de Keynes: Descubrir la melodía, Ediciones Internacionales Universitarias: Madrid. 2005.

4. Crespo, Ricardo. “John Maynard Keynes, un economista profundamente anti-keynesiano”, Revista digital La Escuela Austríaca en el Siglo XXI, No. 14, Fundación Friedrich A. von Hayek (Buenos Aires). 2009.

5. Klausinger, Hansjörg. “German anticipations of the keynesian revolution?: The case of Lautenbach, Neisser and Röpke”, The European Journal of the History of Economic Thought,

6: 3, Otoño 1999, pp. 378-403. 1999. 6. Hayek, Friedrich. Precios y producción. Unión Editorial: Madrid, pp. 97-98. 1997 [1931].

7. Salerno, Joseph “An Austrian Taxonomy of Deflation”. Presentado en “Boom, Bust, and the Future”, 19 de enero de 2002, The Mises Institute, Auburn, Alabama.

8. Ravier, Adrián. “El mito liquidacionista de Hayek y su regla monetaria”. ElCato.org, 15 de febrero de 2010.

9. Resico, Marcelo. “Wilhelm Röpke: una vida por el humanismo económico”. Acton Institute de Argentina (Buenos Aires). 2008.

10. Ravier, Adrián. En busca del pleno empleo: Estudios de macroeconomía austriaca y economía comparada. Unión Editorial: Madrid. 2010.

11. Garrison, Roger W. “Keynes was a keynesian”, The Mises Institute, 20 de mayo de 2010.

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Nace Otro Adefesio en Caracas

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 15/12/11 en http://diariodeamerica.com/front_nota_detalle.php?id_noticia=7052

En Venezuela, acaba de constituirse una nueva organización continental que, por razones políticas, excluye a Canadá y Estados Unidos, que adoptó el rimbombante y grandilocuente nombre de Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños que naturalmente tiene su sigla: CELAC. Esta novel entidad se agrega y superpone a UNASUR, ALADI, MERCOSUR, CAN, OEA, CEPAL, CARICOM y SELA, todas con sus funcionarios, organigramas, estatutos y demás parafernalia.

 Tengo un libro en mi biblioteca cuyo título ilustra lo que quiero trasmitir en esta nota: Organismos internacionales, expertos y otras plagas de este siglo de Ángel Castro Cid, profesor de derecho en la Universidad de Chile en el que se lee que “Hoy, en cambio, los economistas siembran el oscurantismo en todo el globo; el flagelo de los planificadores azota a la humanidad entera y los expertos muestran por todas partes su lenguaje esotérico y sus mentes difusas. Ni siquiera los esquimales o los watusis se encuentran libres de los organismos internacionales, cuyas misiones pueden caerles en cualquier momento, con la velocidad del avión y la potencia destructiva de la bomba atómica […] Nos infunde respeto la oscuridad del lenguaje de quienes nos guían, y no nos detenemos a meditar si ella obedece a profundidad conceptual o a poca claridad de las ideas”.

Hace años se publicó  en la revista Newsweek un artículo de Philip Brougthton que aludía al léxico sibilino y pastoso de los burócratas internacionales para lo que ilustró su punto con un cuadro de tres columnas de nueve palabras en cada una e invitaba a los lectores a combinar una palabra de cada columna para el armado de expresiones típicas en los ensayos, libros y, sobre todo, documentos de trabajo de megalómanos. Recojo cinco ejemplos traducidos, siguiendo la metodología sugerida: “programación funcional equilibrada”, “movilidad estructural paralela”, “proyección direccional sistemática”, “instrumentación global integrada” y “dinámica operacional coordinada”. Esta palabrería hueca sirve para impresionar a los incautos y es la cáscara que envuelve los deseos superlativos de funcionarios estatales que aspiran a incrementar su poder sobre la vida y la hacienda del prójimo bloqueándoles todo resquicio de confort mientras ellos viajan en primera clase, se hospedan en suntuosas suites de hoteles de lujo, pasan por las aduanas sin ser revisados y obtienen suculentas remuneraciones, todo a cargo de los contribuyentes.

En Venezuela, acaba de constituirse una nueva organización continental que, por razones políticas, excluye a Canadá y Estados Unidos, que adoptó el rimbombante y grandilocuente nombre de Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños que naturalmente tiene su sigla: CELAC. Esta novel entidad se agrega y superpone a UNASUR, ALADI, MERCOSUR, CAN, OEA, CEPAL, CARICOM y SELA, todas con sus funcionarios, organigramas, estatutos y demás parafernalia. Se dice que en este caso no habrá costos adicionales aunque la sola inauguración significó viajes de mandatarios, adiposas comitivas, hotelería, comidas suculentas y bebidas de todo tipo, estrambóticos ramos florales en los salones del evento, equipos de audio, fotógrafos y regalos entre mandatarios.

En la sesión en la que hacía uso de la palabra Raúl Castro hubo una multitudinaria y ruidosa marcha de protesta en Caracas, en las inmediaciones del lugar en donde se celebraba la reunión, “por el insoportable desempleo, alta inflación y la inaceptable inseguridad”. El orador interrumpió su discurso para preguntar a que se debían las explosiones y el griterío a lo que Chávez respondió que era “para festejar el establecimiento de la organización”. Por su parte, Rafael Correa de Ecuador, Porfirio Lobos de Honduras y Ricardo Martinelli de Panamá la emprendieron contra el periodismo independiente a lo que se agregaron las reiteradas expresiones de Ortega de Nicaragua en el sentido de condenar enfáticamente la tradición filosófica de Estados Unidos (y no por su actual latinoamericanización), todo ello con el aval del dueño de casa que puso de manifiesto “la valentía” de semejantes declaraciones con el epílogo de suscribir la política de Irán. Por otro lado, Cristina Kirchner de Argentina dijo que había que “aprovechar esta oportunidad para convertirnos en protagonistas del mundo” y “encarar de manera efectiva la crisis económica mundial” que a su modo ejemplifica con el envío de gendarmes y sabuesos al mercado cambiario para amedrentar a los demandante de dólares en Buenos Aires. Por otro lado, informa Prensa Latina que Evo Morales de Bolivia conjeturó que “Luego de 500 años de resistencia indígena, 200 años de independencia, por fin nos juntamos para liberarnos”. Finalmente, dos de los mandatarios presentes declararon “off the record” que asistían “por razones estrictamente diplomáticas”.

Por su parte, la denominada “Juventud Rebelde de Cuba” declaró que CELAC “es un hito en la historia mundial” y que con eso “estamos enviando un mensaje a los indignados y pobres del mundo”, suscribiendo con entusiasmo la Declaración de Caracas de 39 puntos, la mayor parte de los cuales resulta anodina como suele suceder en los ámbitos de organismos internacionales al efecto de recolectar el mayor número de adhesiones posible, salvo el punto 30 que declara la “participación voluntaria” para suscribir una larga serie de otros documentos con fuerte carga estatista y el punto 26 que apunta a la “reducción de desigualdades sociales”, desigualdades que en gran medida se generan, por una parte, como fruto de la cópula entre empresarios que surgen de la dádiva y los aparatos gubernamentales y, por otra, consecuencia de las alarmantes corrupciones de gobernantes, puesto que las desigualdades en el contexto del mercado libre se deben a las votaciones que a diario efectúa la gente en el supermercado y afines, con lo que las consecuentes tasas de capitalización permiten elevar salarios en términos reales.

No solo descreo en general de los organismos internacionales (excepto los del tipo de Interpol, siempre que se incluya en sus funciones el atrapar a gobernantes que se fugan con dineros malhabidos) y creo en marcos institucionales que garanticen y aseguren la protección de derechos individuales, sino que, a esta altura de los acontecimientos, descreo de la existencia de embajadas las cuales se establecieron al efecto de adelantarse a posibles conflictos en vista de la precariedad de los medios de comunicación de épocas remotas. Pero, hoy en día, con Internet y la posibilidad de teleconferencias, no tiene sentido continuar con costosas estructuras del tiempo de la carreta, las cuales pueden suplirse con un simple consulado (la embajada norteamericana que se está construyendo en Irak tiene semejanzas con el Vaticano). Incluso, las actividades comerciales se llevan a cabo de un mejor modo a través de la comunidad empresaria (Guatemala no mantiene relaciones diplomáticas con China y, sin embargo, es el país con el volumen más alto de comercio por habitante de Latinoamérica con China).

Las reverencias, los saludos y las pomposas formaciones en los aeropuertos, las alfombras coloradas, las ceremonias, las marchas militares, los discursos y los elogios desmedidos (nunca tienen en cuenta aquello de que “entre lo sublime y lo ridículo hay solo un paso”), son parte esencial y alimento vital de los demagogos del momento, cuya incontinencia verbal y desproporción en el uso del idioma es directamente proporcional a la pauperización de quienes habitan en sus jurisdicciones. Ese es el sentido por el que propuse retomar el debate en la asamblea constituyente de Estados Unidos sobre la conveniencia de designar un Triunvirato en el Ejecutivo: es para aplacar tanta arrogancia y soberbia y mitigar en algo el deseo irrefrenable del caudillo (y mejor aún si se eligiera por sorteo como sugirió Montesquieu, en cuyo caso la atención se concentraría en limitar el poder puesto que cualquiera lo podría ocupar). Es por eso que en el último debate presidencial en Estados Unidos, Rick Perry ha sugerido que el Legislativo se limite a sesionar dos meses en el año y durante el resto del tiempo cada uno se dedique a actividades útiles ya que constituye un peligro la carrera por dictar leyes (“la inflación de las leyes se traduce en su depreciación” ha sentenciado Palniol). Es por eso que Bruno Leoni insiste en retomar la costumbre del common law y la República romana de contar con jueces en competencia en un proceso de descubrimiento del derecho y no de ingeniería legislativa, limitando al Parlamento a sus funciones originales, es decir, administrar y controlar las finanzas del rey o el emperador y abstenerse de fabricar nueva legislación frente a cada problema que se presenta, que además de encorsetar la situación la estropea. Por último, es por ello que los Padres Fundadores estadounidenses subrayaban la importancia de descentralizar el poder vía el federalismo, al contrario de lo que proponen los entusiastas de los centralizadores y unitarios organismos internacionales.

Si queremos que las cosas cambien pero mantenemos las mismas “vacas sagradas”, el resultado no se modificará un ápice. Afortunadamente hay quienes trabajan denodadamente para revertir la situación con propuestas de fondo que revelan honestidad intelectual y coraje moral que evitan a toda costa lo que Hannah Arendt bautizó como “el síndrome de la indefensión” que es el darse por vencido paralizado por la inacción, el pesimismo, la desidia y el miedo. 

Se requiere más recato y pudor en las funciones gubernamentales que, en esta instancia del proceso de evolución cultural, se limiten a la seguridad y la justicia, que, como hemos dicho una y otra vez, son las faenas que en general no cumplen para dedicarse a otras que no solo no le competen sino que dañan los intereses de la gente. En lugar de crear nuevos organismos internacionales superpuestos a los anteriores, los aparatos estatales debieran retomar la senda del constitucionalismo liberal al efecto de abrir  cauces a la energía creadora que da lugar a niveles de vida más dignos y fortalece el respeto recíproco.

 Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía, Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fué profesor y primer Rector de ESEADE.

Euro. Prevalecerá sobre Escépticos.

Por Enrique Blasco Garma. Publicado el 15/12/11 en http://ambito.com/diario/noticia.asp?id=615824

Los números fiscales de los países de la eurozona son mejores que los de EE.UU. y de Japón. No obstante, están castigados con tasas de interés más elevadas y amenazas de retiro de inversores. Los bancos europeos cargan activos que se deprecian y pasivos que se encarecen, diluyendo sus patrimonios y capacidad de crédito.

Los euroescépticos no advierten el enorme capital político invertido en la construcción de la Unión Europea y del euro, durante más de 60 años. La idea nació con la Segunda Guerra Mundial, un largo proceso que comenzó a formalizarse con la Comunidad del Carbón y del Acero, materiales esenciales para el armamento y la guerra, en 1950. El propósito constitutivo de la Unión Europea es acabar con las guerras a través del comercio e intercambios libres. Eliminando obstáculos a las decisiones privadas, liberando los movimientos de bienes, activos y personas, se lograría una escala de mercado superior al que tendría la suma de las economías nacionales europeas separadas.

Excepción

Los escépticos no reconocen la trascendencia de los acuerdos celebrados el viernes pasado. Veinte y seis de las 27 naciones de la UE sancionaron el Pacto Fiscal para ordenar sus finanzas públicas. El Reino Unido fue la única excepción, condicionado por la división política del partido conservador en el gobierno.

Los escépticos sostienen que el Banco Central Europeo debe obligarse a comprar las deudas soberanas que no tengan interesados. Ello sería la debacle, pues convertiría al BCE en un ente cautivo de la política. Los bancos centrales gozan de prestigio en tanto sean independientes. En pocas palabras, que su política monetaria no esté al servicio de financiar al déficit fiscal y las deudas soberanas. Las monedas valen en tanto los bancos centrales sean independientes y consistentes en el tiempo.

En la emergencia, que es muy compleja por las apuestas adversas de grandes operadores y confusión sobre las fortalezas de la eurozona, el BCE ha venido adquiriendo bonos para sostener el patrimonio de los bancos, la estabilidad del euro y del proceso de transmisión monetaria son sus objetivos. Por eso no dejará caer a ningún banco y concedió créditos ilimitados a todo el sistema financiero.

El Pacto Fiscal acordado el viernes terminará de anudarse a fines de marzo de 2012, antes de los vencimientos de las deudas soberanas. En tanto, cuando los inversores descubran que la cotización de los bonos no desciende más, que tocó piso, se sentirán atraídos por los rendimientos, tanto mayores que los de EE.UU.

La ilusión de que la Fed intervendría para sostener la deuda del Tesoro es sólo eso, una ilusión sin fundamento. La base monetaria, neta de las reservas excedentes de los bancos comerciales, la que está en el mercado, es 15 veces menor que la deuda del Tesoro. Claramente, no tiene posibilidades de cargarse con esa deuda sin armar un desbarajuste.

Poder de fuego

En cambio, la deuda soberana de las naciones del euro es menos de 9 veces la base monetaria neta. Tampoco podría hacerse cargo, pero tiene mayor poder de fuego relativo. Y los números fiscales de EE.UU. son peores, con un 100% de relación deuda/PBI y el 8,5% de déficit. En la eurozona, los números son mejores (deuda/pbi, el 89%; déficit, el 4,1%).

No obstante, los prejuicios contra el área monetaria común juegan en contra, encareciendo los costos y exigiendo ajustes. Mientras muchos apuestan a cuántos países abandonarán la eurozona, sin decir cómo sobrevivirían aislados, no mencionan la incorporación de Croacia, en 2013, al euro y la UE ni de otros países que también se incorporarán. Tampoco reconocen que, de los 10 países de la UE que no están en el euro, la mitad tiene su moneda pegada l éste, en una cotización invariable y fija. Y que el resto de los flotadores irá convergiendo y se unirá en algún futuro cercano. En ese sentido, es sintomático el discurso ante el parlamento alemán del ministro de relaciones exteriores de Polonia, señalando que su país depende de la suerte del euro.

Enrique Blasco Garma es Ph.D (cand) y MA in Economics University of Chicago. Licenciado en Economia, Universidad de Buenos Aires. Es Economista del Centro de Investigaciones Institucionales y de Mercado de Argentina CIIMA/ESEADE. Profesor visitante a cargo del curso Sist. y Org. Financieros Internacionales, en la Maestria de Economia y C. Politicas, ESEADE.

Un proyecto inconstitucional que perjudicará los intereses nacionales

Por Agustín Etchebarne: Publicado el 15/12/11 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2011/12/15/un-proyecto-inconstitucional-que-perjudicara-los-intereses-nacionales-2/

Durante la celebración del día de la Industria, en Tecnópolis, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner habló de generar confianza para atraer inversiones. Una semana más tarde, durante la presentación del Plan Estratégico Agroalimentario (PEA) exhortó a los productores rurales a agregar valor e invertir en tecnología y conocimiento. Para conseguir esos propósitos es necesario garantizar la calidad institucional. Por eso, si de respetar las reglas de juego se trata, habría que empezar por la Constitución. El proyecto de Ley de Tierras, que pondría límites a la compra por parte de extranjeros, es un claro atentado contra la Carta Magna. El artículo 20 de la Constitución dice con absoluta claridad:

Los extranjeros gozan en el territorio de la Nación de todos los derechos civiles del ciudadano; pueden ejercer su industria, comercio y profesión; poseer bienes raíces, comprarlos y enajenarlos; ejercer libremente su culto; testar y casarse conforme a las leyes. No están obligados a admitir la ciudadanía, ni pagar contribuciones forzosas extraordinarias. Obtienen nacionalización residiendo dos años continuos en la Nación; pero la autoridad puede acortar este término a favor del que lo solicite, alegando y probando servicios a la República.


Nuestros padres fundadores concibieron a la Argentina como un país abierto que invita a los extranjeros a habitarlo. Así quedó establecido en el preámbulo de la Constitución que convoca con entusiasmo a todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino. Además, el artículo 14 les otorga los mismos derechos que a los locales, porque habla de los derechos de los “habitantes, sin hacer ninguna distinción entre extranjeros y autóctonos o naturales.
En principio, esta ley aparentaría perjudicar a los inversores extranjeros interesados en las bondades de nuestras productivas tierras. Sin embargo, no serán ellos los principales perjudicados. Serán los intereses de los argentinos los que terminen dañados. En un país donde hace falta mayor inversión estaremos restringiendo el ingreso del capital que viene del exterior. Eso significará menor productividad, salarios, empleos y, por ende, nivel de vida más bajo para todos.
Otra de las consecuencias esperables de una ley como la que podría llegar a aprobarse es la caída del valor de los campos. La menor demanda que generarán las restricciones de compra a los extranjeros podría provocar una depresión de los precios. Esto perjudicará principalmente a los pequeños productores. Para ellos el menor precio de sus tierras significará también una disminución de sus posibilidades de acceso al crédito productivo; ya que el mismo depende del valor del campo.
Los pequeños tenedores de tierras que no tienen posibilidad de hacerlas producir, verán mermados sus ingresos por alquileres, al cotizarse menos sus propiedades.
¿Por qué hay que suponer que un empresario agropecuario local hará mejor o peor uso de la tierra que uno extranjero? Tampoco tiene fundamento la hipótesis que supone que la extranjerización de la tierra atentaría contra la seguridad alimentaria: cuando se genera competencia necesariamente se incentiva -a locales y extranjeros- a producir más y en forma sustentable. Los que compran tierras son empresarios extranjeros no miembros de algún oscuro poder de otro país.
Serán los grandes terratenientes locales los que terminen beneficiándose con la aprobación de un proyecto como el que envió el Poder Ejecutivo al congreso ya que podrán alquilar más barato o comprar aquellos campos que vendan los pequeños propietarios, a mucho menor precio.
Además, medidas como éstas pueden traer represalias y llegar a afectar interese de los argentinos en el extranjero o alguna limitación para nuestras exportaciones. Es esperable que las personas afectadas se quejen con sus embajadas y logren dictar leyes en respuesta a una ley de tierras como la que se debate.

 Agustín Etchebarne es Lic en Economía (UBA); Máster en Desarrollo Económico (ISVE), posgrado en Comercialización Estratégica de la (UB). Ex profesor de Análisis Económico y Financiero en la Facultad de Derecho de la UBA y profesor de ESEADE.

GNI per Capita e Inequidad:

Por Nicolas Cachanosky. Publicado el 7 de diciembre de  2011 en: http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2011/12/07/gni-per-capita-e-inequidad/

Adrián Ravier hizo un interesante comentario sobre como los países más desarrollados pierden peso relativo en la economía mundial con el paso del tiempo. La relación entre algún indicador de ingreso per cápita y libertad económica es clara. Indicadores como el Index of Economic Freedom son bastante claros. ¿Pero qué sucede con la distribución del ingreso?

 

Hay varios indicadores para seguir la distribución del ingreso. El Coeficiente de Gini, participación sobre el ingreso nacional del x% más rico y x% pobre (10%, 20%, etc.). Todos estos indicadores tienen sus ventajas y desventajas. Por ejemplo, estos indicadores muestran diferencias relativas pero no niveles. Si uno tuviese que elegir entre vivir en Corea del Sur o Corea del Norte, y ambos tuviesen un mismo indicador de Gini posiblemente elegiríamos Corea del Sur.

El siguiente gráfico (hecho con Google Public Data) muestra la relación entre GNI per Capita en PPP y el índice IHDI de inequidad. [No he podido poner el gráfico respecto al GDP per cápita, pero el GNI es suficiente para ilustrar el punto].

GNI corresponde al Gross National Income. El IHDI es calculado por el United Nations Development Program. El IHDI es un ajuste al HDI (Human Development Index) por inequidad. El HDI observa educación y salud además de ingresos, por lo que es más amplio que sólo ingreso monetario. El HDI es un índice de desarrollo humano, el IHDI ajusta este índice por inequidad. A cero inequidad HDI = IHDI, pero si hay inequiedad, HDI > IHDI. El HDI toma valores entre 0 y 1. El gráfico muestra una clara relación entre un mayor ingreso per cápita y mayores indices de desarrollo ajustados por inequidad.

GNI-IHDI

Esto no debería resultar muy sorprendente, a mayor GNI per cápita mayor desarrollo. Los tres gráficos siguientes muestran para GNI per cápita, cuánto se pierde en el índice HDI por inequidad en ingreso, educación y salud respectivamente.

Pérdida en HDI por inequidad en el ingreso

GNI-Income loss

Pérdida por inequidad en educación

GNI-Education loss

Pérdida en HDI por inequidad en expectativa de vida

GNI-Life Expectancy loss


Estos tres gráficos muestran que a mayor ingreso per cápita promedio, menor es la desigualdad en ingreso, educación y expectativa de vida. Más precisamente, el indicador de desarrollo humano pierde menos puntos por inequidad cuánto mayor sea el ingreso per cápita.

Nicolás Cachanosky es Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE), y Doctorando en Economía, (Suffolk University). Es profesor universitario.

Los bancos centrales “inundan” el mercado monetario:

Por Pablo Guido. Publicado el 1/12/11 en: http://chh.ufm.edu/blogchh/

“Dinero barato” suele decirse en estas ocasiones. Los bancos centrales de Europa, de EEUU, Canadá, Inglaterra, Japón y Suiza se comprometieron conjuntamente a reducir el costo de financiamiento de sus líneas de swaps en dólares. El swap es un instrumento por el cual dos partes se comprometen a intercambiar en el futuro una determinada cantidad de dinero. El objetivo sería enviar una señal al mercado que los bancos centrales estarían dispuestos a facilitar el financiamiento al sistema bancario de occidente. El problema sigue sin resolverse, obviamente. Acá no hay un problema de liquidez, sino uno de rentabilidad fundamentalmente. Los bancos de occidente (probablemente también otros) han adquirido activos que hoy no valen lo que creían que iban a valer al momento de comprarlos. Por ejemplo, títulos públicos de países al borde de no pagar sus deudas (Grecia, Italia, España, etc.). El punto central es que si dichos gobiernos no cumplen con sus compromisos de deuda verán afectados a sus acreedores, que mayoritariamente dicen ser bancos. Y éstos, a su vez, afectarían a sus propios acreedores, que son los depositantes.

 ¿Entonces? Como diría Lenin: ¿Qué hacer? El más elemental análisis político nos dice que los gobernantes tienden a “concentrar” los beneficios de sus decisiones (votantes, grupos de presión, burocracia, etc.) y “socializar” los costos de las mismas decisiones. Si nos guiamos por estos principios la probabilidad que se distribuyan los costos de salvar a los bancos es cada vez mayor. ¿Qué significa esto? Que el salvataje que los gobiernos le otorguen a los bancos se repartirá entre la mayor cantidad de personas posible. Se preguntarán cuál es el instrumento que haría esto. Fácil: la inflación. Si los bancos centrales emiten dinero y se los dan a los bancos generarían una caída (la magnitud depende de la variación de la oferta monetaria y cómo reaccionen los demandantes de ese dinero) en el poder adquisitivo del mismo. Cada persona, que tiene dinero “inflado”, sufriría una reducción en su nivel de ingreso real. Compraría menos bienes y servicios con la misma cantidad de dinero.

 ¿Cuál es la otra alternativa? Obtener los recursos para pagar estos salvatajes de otro lado: impuestos, deuda pública o rebajando otros gastos del gobierno. Claro que, frente a estas alternativas, la emisión monetaria lisa y llana luce más “cómoda”, “fácil” y políticamente menos incorrecta.

Pablo Guido se graduó en la Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Doctor en Economía (Universidad Rey Juan Carlos-Madrid), profesor de Economía Superior (ESEADE) y profesor visitante de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala). Investigador Fundación Nuevas Generaciones (Argentina).

La iglesia no es el sustituto de nuestra ignorancia.

Por Gabriel J. Zanotti:  Publicado el 5/12/11 en http://www.institutoacton.com.ar/articulos/22artzanotti05-12-11.pdf

Una nota al pie de un artículo anterior, decía lo siguiente: “…El Compendio dice, en su nro. 64: “….Lo sobrenatural no debe ser concebido como una entidad o un espacio que comienza donde termina lo natural, sino como la elevación de éste, de tal manera que nada del orden de la creación y de lo humano es extraño o queda excluido del orden sobrenatural y teologal de la fe y de la gracia, sino más bien es en él reconocido, asumido y elevado”. Por supuesto que es así.

Nada que objetar, la gracia supone la naturaleza, esto es, la cura, la redime. Pero los teólogos que redactaron esa frase deben explicar entonces qué es lo contingente u opinable en relación al depositum fidei, y deben explicar cómo se entiende la sana laicidad del estado afirmada explícitamente desde Pío XII en adelante y por el Vaticano II en el tema de la autonomía relativa de lo temporal. Deben explicarlo, (y sobre todo en el contexto en el que la afirman) o de lo contrario caen en un integrismo contradictorio con el mismo Vaticano II que proclaman”.

Voy a intentar una respuesta, no como teólogo, pero sí como creyente y filósofo partidario del pensamiento de Santo Tomás de Aquino.

Todo el cristianismo está atravesado por la distinción entre lo natural y lo sobrenatural. No es un debate de autores (aunque puede ser una cuestión de términos), porque la distinción depende de la misma noción de Dios creador y de lo que Dios puede hacer sobre pero no contra el orden creado. Dios crea, y lo creado se identifica con el orden natural, que tiene sus propias naturalezas, esencias y finalidades, y, por ende, sus ámbitos propios de acción. Esa es la relativa autonomía de lo creado según Santo Tomás: lo creado depende de Dios en cuanto a la creación, conservación, concurso y providencia , pero esa dependencia de la causa 2da. en la Causa Primera no quiere decir que la causa segunda sea un títere. No, actúan desde sí misma: sus tendencias, potencias y movimientos dependen coherentemente de su naturaleza. Ese es el orden natural.

En cambio el “milagro” es, en Santo Tomás, que Dios pueda actuar sobre la causa segunda independientemente de su orden natural. El milagro es sobre la naturaleza, pero no contra la naturaleza.

Ello es precisamente lo sobrenatural. En el orden de la salvación, toda la salvación del pecado depende de la libérrima Gracia de Dios, fruto de su Misericordia. La Gracia posterior a la redención inunda, verdaderamente, toda la vida humana porque esa Gracia, gratuitamente donada por Dios, cura de raíz a la naturaleza humana, por eso la supone y eleva. Pero la gracia no surge de la naturaleza humana, viene de Dios, y viene de Dios a través de sacramentos (de modo ordinario) que superan, sin contradecirlo, al orden natural humano. Cada sacramento es un milagro: es algo sobre pero no contra la naturaleza humana, son regalos de Dios que penetran la naturaleza humana, la curan, la redimen (aunque no borran las consecuencias del pecado original), y precisamente por todo ello nada de la naturaleza humana es causa de la Gracia: porque nada finito como el ser humano puede llegar por sus solas fuerzas a la participación en infinito de Dios como inhabitación trinitaria en el corazón del hombre.

A la Gracia corresponde, por ende, todo lo sacro, la Iglesia como Cuerpo Místico de Cristo y las tres virtudes sobrenaturales. Pero todo ello, al asumir la naturaleza humana, implica también las cuatro virtudes naturales, entre ellas la justicia, y por ende un corazón redimido busca la justicia en todos los ámbitos. Ahora bien, ese corazón redimido no ha vuelto al estado de nuestros primeros padres, que gozaban del don preternatural de ciencia. La Revelación de Dios, el plan de salvación, el anuncio de la buena noticia consumada en Cristo, alcanza aquellas cosas necesarias para la salvación, pero no todo lo que corresponda además al orden natural.

Dios ha creado un orden natural, tanto en lo físico como en lo social, pero el Plan de Salvación no ha revelado la naturaleza de esos órdenes naturales. Sí, es verdad que los mandamientos tienen consecuencias sociales, pero Dios no ha revelado directamente el régimen político y socio-económico específico que en cada situación histórica sea el mejor. Por ende es verdad que lo sobrenatural no es un espacio después de cuyo límite venga lo natural, porque Dios ha penetrado con su Gracia todo el espacio de la naturaleza humana, pero ello no implica que la naturaleza redimida sea igual a la naturaleza humana elevada previa al pecado original. Las consecuencias del pecado original se mantienen, hemos perdido el don de ciencia y por ende, en todo aquello que no es necesario para la salvación, necesitaremos hasta el fin de los tiempos el falible juicio de nuestro intelecto para todo aquello que Dios no ha revelado. Ahora bien, cuando el ser humano, redimido por la Gracia, piensa y actúa en aquello que no es directamente sacro y-o no directamente revelado, mantiene aún la influencia de la Gracia: porque su corazón redimido busca la justicia y porque intenta llegar, con el hábito de la prudencia, a la verdad. Pero si la historia de la salvación no se identifica con la historia humana , ¿de qué manera eclesial se realiza ello en la historia humana? Con la acción de los laicos en el mundo, que buscan iluminar las estructuras temporales de su tiempo con una mente y un corazón cristianos, sabiendo que, sin embargo, Dios no ha revelado “el” sistema social perfecto y por ende esa acción de fermento de las estructuras temporales no debe  comprometer a la jerarquía de la Iglesia, la cual debe abstenerse de intervenir directamente en esas decisiones laicales, de igual modo que el laico debe abstenerse de pretender consagrar el pan y el vino como si tuviera propiamente sacerdocio ministerial.

Siglos y siglos de clericalismo han hecho que, sin embargo, jerarquía y laicos actuaran en un círculo vicioso integrista, como si hubiera un único sistema político y económico cristiano que tuviera que ser directamente dictado por la jerarquía y demandado por los laicos. El párrafo que ha dado origen a estas reflexiones, dado en un contexto de cuestiones muy opinables, muestra que ese integrismo, sea del color que fuere, no se ha terminado en la praxis y en el discurso de los católicos (a pesar de que la Iglesia, a partir del Vaticano II, habla permanentemente de sana laicidad del estado y legítima autonomía de lo temporal en un contexto de libertad religiosa).

 El problema actual de la Iglesia no consiste tanto en que un mundo laicista, no laico, no entienda esos valores. El problema consiste en que los católicos, jerarquía o laicos, los entiendan. A ojos de los no creyentes, la Iglesia aparece como un estado más, el estado del Vaticano. A ojos de los creyentes, también. ESE es el problema.

Gabriel J. Zanotti es Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA).  Es profesor full time de la Universidad Austral y en ESEADE es Es Profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

“Progresismo o regresismo”

Por Eduardo Filgueira Lima: Publicado el 5/12/11 en: http://cepoliticosysociales-efl.blogspot.com/2011/12/progresismo-o-regresismo.html

Es imposible sustraernos a la idea referida a que los pueblos tienen los gobiernos “que pueden”,… en reemplazo de aquella tan mentada que “tienen los que se merecen”,… la que – quiérase o no – culpabiliza a la víctima.
 
Los pueblos tienen los gobiernos que pueden no solo porque sus decisiones aún siendo muy concretas, responden a objetivos inmediatos y cercanos, sino porque por lo mismo son carentes de la visión de largo plazo.
 
Y no es la cuestión de remitirnos simplemente a las “preferencias agregadas” que supone la The Social Choice Theory, sino que entiendo que se trata de un fenómeno más complejo. Siempre y aún agravado en nuestros tiempos por la idea de inmediatez,.. de obtener beneficios próximos y cercanos,.. de mantener cierto grado de certidumbre,  en un mundo cada vez más acosado por su opuesto y en el que no nos es preferible vivir.
 
La vida por si misma nos ofrece las oportunidades de crecimiento y desarrollo precisamente en las diferencias,… la tolerancia y en saber elegir lo mejor – aún en el marco de lo no deseado – en circunstancias que pueden no resultar lo mejor que esperamos.
 
Sin embargo y en esto creo que existen factores culturales: nos es preferible la certeza o cuando menos la menor incertidumbre. Preferimos acostumbrarnos y acceder a menores condiciones de vida digna, a cambio y siempre y cuando se nos asegure – o prometa – algo que nos permita perdurar y alcanzar aunque sean objetivos menores,… tangibles y cercanos.
 
¿Cuál es el límite de esas preferencias?,.. siempre esos límites son diferentes para cada uno. Algunos que nunca han tenido nada podrán ser satisfechos con poca cosa,.. otros seguramente tendrán más herramientas para defenderse  y no aceptarán sino mejores condiciones, incluso aquellas que les permita acceso a bienes que no resultarían para otros imprescindibles.  Tal como los individuos: las preferencias y la aceptabilidad de cada uno son diferentes.
 
Sin embargo en esta sociedad en que nos ha tocado vivir se da la paradoja de recursos escasos para satisfacer necesidades que pueden llegar a ser ilimitadas – y lo son, porque muchos viven en condiciones de indignidad – o por lo menos no son suficientes para satisfacer a todos en la misma medida.
 
Cuestión que se intenta resolver desde un falso discurso político “igualitarista”, ya que solo somos iguales – o deberíamos serlo – ante la ley,.. debiéndose comprender que en todo lo demás somos diferentes: capacidades, intereses, expectativas, posibilidades y preferencias.  Y que de esa diversidad y diferencias surge la riqueza del conjunto social, pues unos aprenden de otros y estos de aquellos, posibilitándose el enriquecimiento mutuo y permitiendo que nuestros nietos superen a nuestros hijos y estos a nosotros mismos, lo que solo puede darse en una sociedad que permite la movilidad en función de las capacidades, crece en libertad, respeta la propiedad (que es también respetar los contratos) y permite a cada uno la búsqueda de su propio proyecto de vida.
 
Sin embargo vivimos en una sociedad que de una manera u otra ha incorporado la idea del “igualitarismo”. Probablemente desde la Revolución Francesa que mantuvo sus no respetados paradigmas de “Libertad, Igualdad y Fraternidad”, ya que cada uno se creyó portador de la “la verdad” y los intereses del conjunto.
 
Ni somos iguales (salvo – como debería serlo – ante Ley), ni somos libres, ni somos fraternos. Tal como los mismos revolucionarios franceses se encargaron de demostrar, creyendo encarnar cada uno la voluntad del pueblo y en su nombre aniquilar a quienes pensaban diferente (incluyendo sus propios compañeros de empresa). Baste recordar las noches del terror de Robespierre (que no fueron las únicas formas de persecución, ni las menos sangrientas).
Y esas conductas de intolerancia se han extendido hasta nuestros días.
 
A pesar de la influencia de la revolución americana y de la asunción de sus valores por los fundadores de nuestra patria (en especial la generación del ´37), también nosotros provenimos de una larga tradición de enfrentamientos y aniquilamiento del adversario.
 
Nadie que piense de manera autónoma y no se adecue al discurso hegemónico del momento puede ser aceptado,..  ser discutido y aún aceptado en cuanto exprese algo de una verdad “diferente”. Pero no es así: desde hace años quienes con discursos facilistas, que conforman a todos los que – de manera muy concreta – votan por su aparente bienestar próximo (ya que no tienen  instrumentos como el jugador de ajedrez para adelantarse 20 o 30 jugadas en el “futuro mediato”) y en los que los factores emocionales tienen un importante peso.
 
Y son aquellos que “los vendedores de ilusiones”[1] les hacen creer – el discurso hegemónico – que  vivimos en un país maravilloso, integrado al mundo, al que los países desarrollados les solicitan sus “recetas magistrales” para poder salir de la crisis que están soportando, donde la inflación es apenas la que se dibuja desde el INDEK, donde las libertades individuales están conculcadas (todo tipo de intervención es eso lo que logra), como la libertad de expresión es a su vez parte de un “relato” construido, como lo construirá a gusto del poder político el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico “Manuel Dorrego”, recientemente creado.
 
Cualquier referencia a las ideas sustentadas por el liberalismo – que pocos en estas circunstancias saben bien que es y mucho más por la tergiversación que se ha hecho del mismo – será identificado con lo retrógrado y cuasi abominablemente represor  y por supuesto confrontado al supuesto “progresismo”.
 
Parece olvidarse que cuando nuestra Patria fue grande, cuando realmente “progresó”, fue cuando las ideas de sus precursores (Alberdi, Sarmiento, Mitre, Echeverría, Avellaneda, entre otros[2]), fueron precisamente las que ahora serán señaladas como retrógradas.
 
Desde J. Locke, D. Hume y otros grandes pensadores – así como después Montesquieu, Sieyès, Constant, A. de Tocqueville y muchos más – la idea de progreso: el “progresismo”,  estaba vinculado al desarrollo de la sociedad para lo que eran fundamentales las libertades individuales (inluyendo la libertad económica), el derecho a la vida y a la propiedad, así como  reconocido el derecho de cada quien a la búsqueda de su propia felicidad.
 
Para ellos y que esto pudiera concretarse, la “separación e independencia de poderes” era fundamental.
 
Pero cuando en una sociedad el Leviatán se apodera de nombre de todos del poder absoluto, e identifica el “progresismo” con la “igualdad” (aunque ambos sean incompatibles, porque las “diferencias” no solo existen, sino que además inducen el crecimiento), entonces quienes se han apoderado del Estado – “vendedores de ilusiones la fin” – son capaces de intervenir en cada cuestión de la sociedad: las libertades, las relaciones entre los individuos y en su intervención más procaz pretende también manipular las variables económicas, exacerbando su discurso populista: a medias nacionalista y a medias modernosamente socialista.
 
Es cuando no hay que ser un erudito para comprender que el pretendido “progresismo” se transforma en “regresismo”. Más aún cuando conduce inexorablemente al descontrol de dichas variables (salvo cuando transitoriamente puedan responder a extorsiones patoteriles), lo que tarde o temprano vulnera las expectativas de la gente: con un refugio desesperado en cualquier activo, que proteja el fruto de su trabajo, del deterioro del poder adquisitivo de nuestra moneda y su innombrable correlato “la inflación”.
 
¿Quiénes se ven perjudicados, sino la gente misma, frente a las medidas – proteccionistas – de control e imposición aduanera?, ¿Quiénes sino todos pagamos los subsidios – que ahora al final de la fiesta – comienzan necesariamente a recortarse?, ¿Quiénes son los que se perjudican cuando pagan sus impuestos para que los servicios que el Estado brinda no puedan calificarse más allá que mediocres?, ¿Quiénes son los más perjudicados por la inflación,… por el desaguisado de Aerolíneas Argentinas,.. por las pretensiones de los nóveles imberbes de La Cámpora,… por los reclamos de los sindicalistas que ponen en evidencia lo extemporáneo de las políticas económicas,… por la corrupción ya generalizada,.. por los manejos discrecionales del Régimen de Coparticipación Federal de Impuestos (para obtener la sumisión de los “caudillos locales” al poder central),… por la apropiación de los fondos de la ANSES,.. de los de la AFJP,…?
¿Cuántas cajas quedan para permitir un gasto público prebendario? ¿A cuántos más le echarán mano en el bolsillo para satisfacer las inagotables apetencias del gasto público?,…
 
No sería tan cuestionable si ese gasto fuera inteligentemente asignado, pero lamentablemente responde siempre a las apetencias personales de los intereses políticos de los gobernantes. Parece no entenderse que el “mercado asigna mejor”, porque debe responder a las necesidades de la gente y no a los intereses del gobierno de turno.
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¿Son suficientes acaso los aislados llamados a la cordura de ciudadanos sensatos y al diseño de un país que nos permita ser “progresistas” en base al crecimiento y al desarrollo del conjunto de la sociedad?,  ¿puede ser que algún día nos incorporemos detrás de un proyecto que, además de desarrollarnos, nos permita sentirnos como una Nación, con algún grado de cohesión social, en vez de ser la sociedad fragmentada que hoy somos y que este gobierno se ha encargado de “profundizar”?
 
O seguiremos permitiendo que los “vendedores de ilusiones”, asalten el poder y dilapiden el  patrimonio de quienes – pocos al fin para lo que el país podría – aportamos, para que los que nos administran lo despilfarren en sus propias apetencias: los votos!!
 
De esta forma los que se benefician son los que pueden mantener sus pautas culturales, víctimas de ser subsidiados por una vía – los que más necesitan – o por otra los socios del poder que acceden a esta suerte de “capitalismo de amigos”,… socios,… conocidos,… intermediarios,…. que comparten el mismo espacio social y de poder. Y como el poder así administrado les sirve, pueden reírse en la intimidad, porque sucede que entre “bueyes no hay cornadas”.
 
Esta asociación ilícita resulta temporalmente artificiosa. La supuesta mayoría de los votos puede hacer creer que se acompaña de la razón. Pero también puede esconder inesperadas sorpresas futuras, que con seguridad serán achacadas a los permanentes conspiradores contrarios al “modelo: progresista, distribucionista e igualitario”.
 
Sin lugar a dudas la The Social Choice Theory adolece de un problema: que – de la “apatía racional” – el votante se vuelve ante el discurso, racional de “corto plazo” y carece de la posibilidad de ver que es a la larga presa de sus propias decisiones, al otorgarle un poder sin contrapesos al Leviatán.
 
La Sra. Presidente parece haberse dado cuenta de la endeblez del “modelo”, sabe que debe lograr un país que “produzca” más y por un lado acusa a los industriales de que solo desean tener “rentabilidad”. Por lo que parece desconocer que “solo a la rentabilidad responde la producción” y no a su voluntarismo político.
 
Pero para ello el Estado solo debe intervenir ofreciendo reglas claras, esto es “seguridad jurídica” y libertad en los intercambios, sin interferencias distorsivas,.. a sabiendas que nuestros empresarios (salvo excepciones) no desean realmente “competir”, lo que implica mucho riesgo, sino ser protegidos y/o subsidiados, lo que es mucho más cómodo y seguro. 
 
Todo lo que este gobierno – con su “modelo” – se ha encargado de “profundizar”.
 
Referencias:
[1] Expresión acuñada por J. Iacobbe
[2] López Göttig, R. “Los fundadores de la República”. Fundación F. von Hayek  (2011).

Eduardo Filgueira Lima es Médico, Magister en Sistemas de Salud y Seguridad Social,  Aspirante a Magister en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE y Profesor Universitario.

 

Revolucionarios Eran los de Antes

Por Martín Krause: Publicado el 5/12/11 en: http://www.lanacion.com.ar/1430133-revolucionarios-eran-los-de-antes

Las rebeliones estudiantiles en Chile llamaron la atención por su extensión y por su violencia, teniendo en cuenta que ese país había llegado a convertirse en un modelo de buena conducta cívica, con políticas consensuadas entre el gobierno y la oposición, tanto en el actual gobierno como en los anteriores. La rebelión puso en el candelero y la cima de la fama a una joven de 23 años, Camila Vallejo, militante de la Juventud Comunista y presidenta de la Federación de Estudiantes. Los principales reclamos se envuelven bajo la bandera de la educación pública gratuita.

Esta misma consigna se destacaba en forma prominente en la remera de René Pérez Joglar, líder de Calle 13, durante la ceremonia en la cual el grupo musical puertorriqueño se llevó la mayoría de los premios Grammy Latinos.

Es curioso, los jóvenes revolucionarios de hoy levantan banderas que llevaron a la práctica los liberales del siglo XIX. Todos sabemos que el gran impulsor de la educación pública en la Argentina fue Domingo Faustino Sarmiento. Luego, la primera ley de “educación universal, obligatoria, gratuita y laica” (Nº 1420) se sancionó durante la presidencia de Julio Roca. El Día del Maestro, aún hoy, se celebra el 11 de septiembre, aniversario de la muerte de Sarmiento.

Canta René en el tema “Canta Pueblo”, parte del álbum Entre los que quieran , que recibió un Grammy al álbum del año: “Yo uso al enemigo, a mí nadie me controla. Les tiro duro a los gringos y me auspicia Coca-Cola. De la canasta de frutas soy la única podrida. Adidas no me usa, yo estoy usando Adidas./ Mientras bregue diferente, por la salida entro. Me infiltro en el sistema y exploto desde adentro. Todo lo que les digo es como el Aikido. Uso a mi favor la fuerza del enemigo”.

Y mientras todos los jóvenes saltan al ritmo de la canción en sus zapatillas y jeans de marca, con el puño cerrado en alto, se sienten parte de la revolución. Al final del recital, todos a comer a McDonald’s.

Los revolucionarios de unas décadas atrás se planteaban cambiar el mundo (con intenciones para bien, aunque con resultados para mal) y estaban dispuestos a dar la vida por una utopía, además, internacionalista. Las agrupaciones en las universidades en los años 70 discutían si la insurrección armada incluiría a los campesinos o a los pequeñoburgueses; los de ahora piden más apuntes o mayores facilidades para aprobar las materias. ¿Qué explica esto?

Se plantearán aquí dos respuestas posibles, aunque sin ninguna intención de que prueben algo en forma definitiva.

En Chile, más que un movimiento revolucionario, parece ser que luego de tantos años de crecimiento que han llevado al país a los primeros lugares en PBI per cápita de América latina, y al primer lugar en el Indice de Desarrollo Humano (desplazando a la Argentina luego de muchos años), la clase media se ha vuelto muy numerosa y ahora siente que tiene el derecho político de demandar una redistribución en su favor: quieren subsidios.

La educación superior en Chile, tanto la pública como la privada, se paga, pero los alumnos que no pueden obtienen préstamos para cubrir esos pagos. La lógica del sistema no es difícil de entender: los universitarios que se gradúen pasarán a ser el 20% de mayores ingresos del país; el préstamo los endeuda ahora, pero como van a generar altos ingresos una vez graduados, los devolverán entonces. Pero claro, la deuda ahora, en el corto plazo, parece muy gravosa. Según un informe reciente de la OCDE, las familias chilenas financian el 79,3% del costo de la educación superior, un porcentaje muy superior al del resto de los países desarrollados que integran esta institución. Sin embargo, la estadística es engañosa porque incluye como gasto privado a las becas y créditos subsidiados que entrega el Estado. Es decir, el Estado chileno les entrega el dinero a las familias, quienes luego eligen dónde estudiarán sus hijos, no a las universidades. Esas ayudas estudiantiles representan el 60% del gasto público en educación superior, y han crecido a un ritmo del 20% anual en el período 2005-2010.

La reacción, sin embargo, no es pedir plazos más largos para devolver los préstamos, sino demandar educación estatal gratuita y condenar al lucro del sector privado en la educación. Hay que tener en cuenta que a partir de la apertura al sector privado, la educación universitaria de Chile ha desarrollado algunas de las mejores universidades de la región.

La diferencia entre plantear la educación pública gratuita ahora y lo que se planteó en el siglo XIX es que más de un siglo y medio de experiencia ha permitido aprender, algo que parece que estos nuevos líderes no han hecho. Los continuadores de aquellos liberales no plantean ya esa consigna porque han percibido el deterioro de la educación que resulta de una educación pública copada por los sindicatos, sin competencia y con sucesivas reformas. Los liberales de ahora entienden aquel esfuerzo sarmientino, pero proponen superarlo dadas las fallas evidentes.

La primera es el siempre presente intento de manipulación de los contenidos, dada la revisión histórica del momento, y el constante sometimiento de los alumnos a reformas curriculares y organizativas que los convierten a todos en conejillos de Indias del gobierno de turno. La segunda tiene que ver con el nivel de la educación. Comenta Raquel San Martín: “Según los datos del Operativo Nacional de Evaluación [ONE 2007], que el Ministerio de Educación tomó en ese año, pero que sólo difundió ahora, dos años después, los alumnos de escuelas privadas que alcanzan un nivel alto en lengua y matemática duplican y casi triplican, según el grado, a los de las escuelas estatales” (La Nacion, 29/9/2009).

Y todo esto deja de ser barato. Por ejemplo, la educación pública universitaria en la Argentina es tan costosa que le cuesta mucho más al Estado un graduado de lo que hubiera costado pagarle toda la carrera en una universidad privada, incluso entre las mejores del exterior. Si se divide el presupuesto universitario por la cantidad de graduados que habrá en 2012, la cifra es de 52.386 dólares. Si se la divide, en cambio, por los inscriptos, la suma es de 3083 dólares. Son evidentes los efectos de una política permisiva para el ingreso que permite un influjo masivo que luego deserta en una alta proporción.

En cuanto a la educación primaria, los fracasos de la educación pública para los pobres están, realmente, bien documentados. Un informe del organismo británico de ayuda al exterior, Oxfam, señala que “no se puede dudar del atroz estándar de la provisión de educación pública en todo el mundo en desarrollo”.

No sólo los liberales han entendido esto. Incluso los suecos, el “modelo” del socialismo democrático y progresista, han introducido un sistema de vales a partir del cual son los padres de los alumnos quienes deciden a qué colegio enviar a sus hijos y pueden elegir tanto colegios públicos como privados (horror) con fines de lucro. Están vigentes desde 1993, cuando se estableció que todos los gobiernos locales debían financiar las escuelas que eligieran los padres, sujetos a limitaciones de espacio, asignando un presupuesto por alumno del 85% del costo de las escuelas públicas. En caso de exceso de demanda, en las escuelas públicas se da prioridad a los alumnos vecinos y en las escuelas privadas es por orden de inscripción; con la excepción de Estocolmo, donde en las escuelas secundarias se admite sobre la base del desempeño. En 2004, el 10,3% de los alumnos secundarios y el 6,2% de los alumnos primarios cursaban en escuelas privadas.

En Holanda, el programa de vales comenzó en 1917 y actualmente abarca a un 76% de todos los alumnos primarios y secundarios. La mayoría de las escuelas privadas son religiosas, pero también las hay que no lo son.

En Irlanda, casi todas las escuelas son parroquiales y reciben financiamiento del Estado, por lo que podríamos clasificarlas como escuelas “chárter”, pero como pueden cobrar adicionalmente a los fondos que reciben y si no atraen alumnos terminan siendo cerradas y sus maestros trasladados a otras escuelas, entonces se asemeja a un sistema de vales por el que cual el presupuesto sigue al alumno.

En Hong Kong se introdujo un sistema de vales en 2007, ya bajo la soberanía china, para todos los niños de 3 a 6 años, en edad preescolar. El total de vales es de unos 1700 dólares anuales, de los cuales una parte va para pagar la cuota y otra para la formación de los docentes, aunque está limitado a instituciones sin fines de lucro.

La segunda explicación de por qué estos revolucionarios de hoy plantean consignas del liberalismo del siglo XIX es que luego de la caída del Muro de Berlín como resultado de una rebelión masiva y pacífica, no de cruentos militares, y la adopción del capitalismo por parte de China (al que llaman “socialismo de mercado”), no quedan muchas banderas para levantar. Todos los experimentos de generar sociedades perfectas terminaron en las peores dictaduras y el abyecto enriquecimiento de unos pocos. ¿Qué se puede decir ahora? ¿Acaso que la próxima vez será diferente? ¿O que Camila Vallejo y René Pérez Joglar parecen buenas personas?

Lo cierto es que no hay una nueva utopía, y a falta de ellas se trata de levantar todo tipo de quejas hasta que una de ellas prenda, dado el comprensible desencanto de los ciudadanos con tanto gobierno inútil que anda por ahí. Pero, en definitiva, incluso si la rebelión, hoy por la educación, mañana por un crimen, o por la caída de las bolsas, tuviera éxito, simplemente catapultaría algún nuevo líder, pero sin ninguna visión concreta. Estos revolucionarios de hoy parecen levantar una bandera con aquella frase del tema de Sumo: “No sé lo que quiero, pero lo quiero ya”.

Tal vez se les pudiera ofrecer una nueva utopía por la cual reclamar revoluciones. Provendría de una fuente poco usual: el filósofo Robert Nozick, profesor de Harvard fallecido en 2002. En su libro Anarquía, Estado y Utopía plantea en realidad una “meta-utopía”. Un mundo de pequeñas jurisdicciones, que sólo se comprometerían a respetar el derecho de “salida” de cualquier persona. Estas elegirían en qué tipo de jurisdicción quieren vivir trasladándose entre ellas, algo que sería más sencillo cuando son pequeñas.

Así, por ejemplo, todos los que quieran sólo educación estatal elegirían una jurisdicción de ese tipo. Claro que, no podrían financiarla con los aportes de otros, pero podrían cobrarse impuestos entre sí y darse toda la educación “gratuita” que quisieran. También podrían marchar por sus propias calles e incendiar sus propios autos. Otros se ubicarían en jurisdicciones donde toda la educación sería privada, otros en aquéllas donde hay una mezcla. También habría opciones en cuanto a los contenidos y los métodos de enseñanza.

El único problema con esa propuesta es que quien tiene una utopía cree que es tan buena como para imponerla a los demás. En este caso tendría que renunciar a ese objetivo. Pero tal vez es hora de dejar de intentar imponer el mejor mundo para todos y dejar que cada uno elija el que le parezca mejor.

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).