Argentina: a los palos con el mercado.

Por Pablo Guido. Publicado el 14/11/11 en: http://chh.ufm.edu/blogchh/

Desde principios de año que la “fuga” de divisas en Argentina ha acumulado una cifra que ya supera los 22 mil millones de dólares, un 5% del PIB. Es una cifra importante. Pero más importante es que desde hace 8 años a la fecha (a lo largo de todo el gobierno actual) dicha “fuga” haya sido de unos 75.000 millones de dólares, pero el 90% de dicha cifra en los últimos 4 años. Los 75 mil millones de dólares que han salido del sistema productivo argentino, dirigiéndose “debajo del colchón” o a alguna cuenta del exterior, equivalente al 125% de los depósitos totales del sector privado en los bancos argentinos (60.000 millones de dólares).

El 23 de octubre pasado la presidente, candidata a renovar el cargo, ganó con un contundente 54% de los votos. Desde ese momento hasta ahora pasaron dos semanas, en las cuales el gobierno, ante la continuidad masiva de compras de dólares por parte de la gente, ha intentado dos cosas con sus medidas: incrementar la oferta de dólares y reducir la demanda de dólares. La lógica parece obvia ya que si lo lograra el precio del dólar debería ir bajando. El problema es que para aumentar la oferta de dólares ha obligado a las empresas petroleras, mineras y gasíferas a vender todos sus dólares de exportaciones en el mercado local. También obligó en un plazo de 50 días a que las empresas aseguradoras repatríen sus dólares del exterior. Para aplacar la demanda de dólares ha implementado un control de cambios mediante un sistema informático administrado por el organismo recaudador que decide si una persona está habilitada para comprar dólares, además de definir el monto de la operación. ¿Cuál es el resultado de estas medidas? Que son medidas de cortísimo plazo ya que aquellos que estaban pensando ingresar dólares al país (inversiones, etc) no lo hagan y los que estaban decidiendo si compraban o no dólares se vuelquen ahora a hacerlo. La enorme demanda de dólares que en Argentina está ocurriendo parte de un hecho claro: en los últimos años el precio del dólar ha subido un 30% aproximadamente mientras que el resto de los bienes y servicios ha aumentado en promedio un 100% al menos. Es decir, lo más barato que hay en el país es el dólar. Entonces, ante cualquier incremento de incertidumbre, la gente se vuelca a comprar dólares, para cubrirse. ¿Cubrirse de qué? De un nuevo manotazo del Estado a los ingresos o patrimonios de las personas. El gobierno actual no sólo ha incrementado la carga tributaria legal sino también ha sancionado una ley por la cual se apropió de unos 30 mil millones de dólares que estaban ahorrados en cuentas personales del sistema previsional. Además de incrementar las regulaciones que dificultan los negocios en muchos sectores o de establecer controles de precios a ciertos sectores de la economía. Entonces, la gente tiene el temor que ante el faltante de recursos fiscales el gobierno confisque otros ingresos o patrimonios individuales. Si lo piensa así se dirige a comprar lo que estima le podrá reducir la pérdida de la confiscación, en este caso los dólares que están baratos.

Desde que se implementaron estos controles cambiarios comenzaron a aparecer cientos de rumores respecto a nuevos controles: que el gobierno controlaría las ondas telefónicas de las personas que hablen en el centro financiero de la capital del país o que la policía revisaría las mochilas y bolsas que la gente lleve en dicho sector financiero de la ciudad. Seguramente no lo harán, pero lo importante es la percepción que tiene la gente. Estos temores incentivan una demanda aún mayor de dólares. Pero el último rumor es uno que ya ha ocurrido en Argentina hace 10 años. La pesificación de los depósitos en dólares. Esta noticia apareció el domingo 13 de noviembre y de ser percibido por la gente como probable incrementará aún más la “fuga” de dólares del país. Es el problema que muchos gobiernos enfrentan, de no querer solucionar la causa del problema y sí sus efectos. En este caso, el control de precios sobre el dólar, no hará otra cosa que ampliar la brecha entre el precio del dólar “oficial” y el “informal”. Además de complicar las operaciones cambiarias habituales y necesarias para el funcionamiento del proceso productivo.

Pablo Guido se graduó en la Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Doctor en Economía (Universidad Rey Juan Carlos-Madrid), profesor de Economía Superior (ESEADE) y profesor visitante de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala). Investigador Fundación Nuevas Generaciones (Argentina).

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