El día después del primer día.

Por Pablo Guido. Publicado el 1/11/11 en: http://chh.ufm.edu/blogchh/

Ayer comenzaron a regir en Argentina diversos controles cambiarios, con el objetivo de reducir la demanda de dólares y otras divisas por parte de la población. El gobierno, a través del organismo recaudador, emitió una resolución en la cual estableció los requerimientos para poder comprar moneda extranjera. Por lo que se observó ayer en todo el país prácticamente para el comprador minorista no hubo operaciones, se frenaron todas por orden del organismo recaudador (AFIP) que era el que daba o no el visto bueno para la compra de divisas. ¿Cómo operaba el sistema? Básicamente la persona que quería comprar divisas tenía que registrar en la casa de cambio o banco su identificación tributaria y mencionar el destino que le iba a dar a la mismas. A partir de ese momento el sistema enviaba los datos a la AFIP para que habilitara o no la operación en función de su declaración patrimonial y de ingresos. Me pregunto: ¿cómo puede saber el gobierno si, en función de la declaración patrimonial e ingresos del año anterior, una persona tiene la cantidad suficiente de moneda local para comprar moneda extranjera? Imposible que un funcionario público pueda establecer en un par de minutos si el comprador está habilitado o no para comprar moneda extranjera en función de la declaración de ingresos y patrimonio realizada hace ya más de medio año.

 

¿Qué sucedió entonces en el mercado cambiario? A pesar del virtual bloqueo de compras para el público minorista en las calles el banco central tuvo que vender 100 millones de dólares para sostener el precio del dólar.  Mientras tanto el ministro de economía dijo que la creciente demanda de dólares era fruto de los intentos de generar una histeria colectiva. ¿Por parte de quién? Siempre la teoría del complot típica de los gobiernos en general y en particular de los gobiernos de tinte más policíaco que creen que pueden controlar la economía como si fuera un juego de mesa, a través de órdenes que restrinjan de manera permanente el accionar de las personas. Como si quisieran eliminar las leyes de la oferta y la demanda. Como si pudieran evitar que la gente quiera salvar su patrimonio cuando la inflación lleva ya cuatro años de aumentar entre 20 y 25% anual. Como si pudieran evitar que la gente compre dólares en un país donde en los últimos cuarenta años se han destruido 4 signos monetarios y han pasado por dos hiperinflaciones. Como si pudieran evitar que la gente compre un “bote salvavidas” en medio de pronósticos de tormentas en el medio de altamar. En los próximos días o semanas veremos cuál es el desenlace de estos controles cambiarios. No hay mucha alternativa para el gobierno: o permite que el tipo de cambio aumente en función de la mayor demanda de la gente o continúa vendiendo divisas para evitar la suba del dólar. Dado que los recursos son limitados ya sabemos cuál estrategia fracasará primero.

Pablo Guido se graduó en la Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Doctor en Economía (Universidad Rey Juan Carlos-Madrid), profesor de Economía Superior (ESEADE) y profesor visitante de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala). Investigador Fundación Nuevas Generaciones (Argentina).

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