Liberalismo, a secas

Por Alejandro Alle: Publicado el 25 de Julio de 2011 en: http://www.elsalvador.com/mwedh/nota/nota_opinion.asp?idCat=6342&idArt=6037196

El adjetivo “liberal”, que según la definición de la Real Academia significa “inclinado a la libertad, comprensivo”, suele producir fuertes reacciones emocionales, siempre más cercanas al hígado que al cerebro.

La palabra comenzó a utilizarse en España a inicios del Siglo XIX, donde se calificaba de “liberales” a quienes se enfrentaban a las tropas napoleónicas. Fue, paradójicamente, adoptada en las colonias españolas por quienes terminarían siendo beneficiarios indirectos de Napoleón: los padres de nuestras patrias, ante la debilidad de Fernando VII, optaron por cortar lazos con Madrid. Urgidos por la libertad política (y por la tributaria…, claro).

Ya desde los himnos nacionales de nuestros países, a la libertad se la invoca con un fervor religioso: el argentino, por ejemplo, comienza con “Oíd mortales el grito sagrado/ Libertad, libertad, libertad”. Grito sagrado, nada menos.

Dicho entusiasmo no amainó, formalmente, en ninguna parte: en el departamento salvadoreño de La Libertad no se escucha a nadie quejarse de su bello nombre. Sólo un enajenado preferiría que se llamase La Esclavitud. O El Totalitarismo. Los autoritarios, sean de derecha o de izquierda, evitan ser tan obvios: prefieren apelar a la ridiculización de ciertos estereotipos.

Como el del supuestamente indefendible “laissez fair, laissez passer”, expresión acuñada por el francés Jean-Claude Gournay, al hacerse eco del reclamo de ciertos comerciantes que con el “laissez faire” pedían libertad manufacturera a las autoridades. Es decir, que se los “dejara hacer”.

Y con el “laissez passer” reclamaban libertad aduanera. Es decir, que se “dejara pasar” libremente las mercaderías en el comercio internacional, en un reclamo para que los gobernantes eliminasen barreras arancelarias decretadas para favorecer a ciertos pseudo-empresarios mercantilistas (autoritarios de derecha, tan frecuentes en nuestros barrios), que no querían competencia externa.

La manipulación dialéctica hizo que una enorme mayoría de personas instruídas asocie en la actualidad, equivocadamente, la expresión “laissez faire, laissez passer” con la apología del caos, con el egoísmo y con la anarquía. Con la miserable libertad del zorro en el gallinero. Triunfó el estereotipo. Perdió la libertad.

Mario Vargas Llosa, en una contundente definición de su pensamiento declaró “… el liberalismo no es una ideología, es decir, una religión laica y dogmática, sino una doctrina abierta que evoluciona y se pliega a la realidad en vez de tratar de forzar a la realidad a plegarse a ella …”.

Agregó luego “… hay liberales que creen que la economía es el ámbito donde se resuelven todos los problemas y que el mercado libre es la panacea que soluciona desde la pobreza hasta el desempleo, la marginalidad y la exclusión social. Esos liberales, verdaderos logaritmos vivientes, han hecho a veces más daño a la causa de la libertad que los propios marxistas, los primeros propagadores de esa absurda tesis según la cual la economía es el motor de la historia de las naciones y el fundamento de la civilización”.

En la tarea de difundir los valores de la libertad, a los centros de pensamiento les corresponde un papel vital: llegar con poder de convencimiento a la opinión pública, para que ésta a su vez levante la vara de lo que una sociedad exige en materia de respeto a las libertades individuales. Desde las cosas más triviales hasta las más excelsas, porque entre un Estado kinder y un Estado cuartel la ruta está pavimentada.

Finalmente, así como provoca una sonrisa escuchar a quienes culpan de todos los males al “imperialismo yankee”, también debe rechazarse que los problemas de El Salvador sean siempre culpa de algún caudillo foráneo. Confundidos, algunos hasta cambian el nombre de las calles (¡?).

La oferta de autoritarismo siempre va a existir en este planeta: hoy sudamericano, mañana quién sabe de dónde. La tarea, ardua, pues tendrá detractores de derecha y de izquierda, será generar mayor demanda de libertad.

Fortaleciendo en la opinión pública la demanda de libertad se reducirá el impacto de cualquier oferta de autoritarismo. Bienvenidos, jóvenes de Alternativa Liberal.

Hasta la próxima.

Alejandro Alle es Ingeniero. Máster en Economía (ESEADE, Buenos Aires). Columnista de El Diario de Hoy. alejandro_alle@yahoo.com

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