Hume y Mises sobre la “no-neutralidad” del dinero, los precios relativos y el patrón-oro.

Por Martín Krause. Publicado el 17/10/14 en: http://bazar.ufm.edu/hume-y-mises-sobre-la-no-neutralidad-del-dinero-los-precios-relativos-y-el-patron-oro/

 

Hume y Mises sobre un tema central para entender los efectos de las políticas monetarias y de la inflación. Me refiero a la “no-neutralidad” del dinero. Esto es, la emisión monetaria por sobre la demanda de dinero genera un aumento generalizado de los precios que llamamos inflación, pero lo cierto es que no todos los precios suben al mismo tiempo. Esto dicen al respecto los autores mencionados:

David Hume en “Of Money” (1752):

Hume

“Para considerar, entonces, este fenómeno, debemos considerar que aunque el alto precio de los bienes es una consecuencia necesaria del incremento del oro y la plata, no resulta en forma inmediata de este incremento: se requiere cierto tiempo antes que ese dinero circule por todo el reino, y haga sentir su efecto en todo el pueblo. AL principio no se siente ninguna alteración, los precios suben gradualmente, primero en un bien, luego en otro, hasta que todos alcanzan una justa proporción con la nueva cantidad de dinero en el reino. En mi opinión, es solo en este intervalo o situación intermedia, que el aumento de la cantidad de oro y plata es favorable a la industria. Cuando una cantidad de dinero es importada en una nación, no se distribuye entre muchas manos pero es confinada a los cofres de pocas personas, quienes en forma inmediata buscan usarlas en su beneficio.”

Ludwig von Mises en “The Gold Standard and its Opponents”(1931):

“Si todos los otros precious permancen más o menos estables mientras el precio de un bien, digamos el carbón, sube, esto significa una ventaja para los dueños de las minas de carbón. ¿Pero qué sucede si ese aumento es resultado de un aumento de la cantidad de dinero que eleva todos los precios? Si como consecuencia de esta inflación todos los precios subieran al mismo tiempo y todos los precios de todos los bienes y servicios se incrementaran proporcionalmente, no producirían ningún otro reajuste social –excepto por las desventajas para los acreedores y las ventajas para los deudores. Pero, sin embargo, como la teoría económica ha probado en forma irrefutable, los aumentos de precios no ocurren todos al mismo tiempo en la economía, ni suben en la misma proporción, definitivamente causan diversos efectos sociales. Los sectores que llevan al mercado bienes y servicios cuyos precios crecen al inicio del proceso ganan con los cambios en el poder adquisitivo del dinero. Por un cierto período, ellos venden a un precio mayor, y pueden comprar bienes y servicios para su propio uso a precios más bajos que se corresponden más con el poder adquisitivo del dinero antes de la inflación. Si la inflación es frenada, entonces los salarios y los precios de distintos bienes se emparejan en cierta medida. Pero las ganancias obtenidas y las pérdidas sufridas en el curso del proceso inflacionario nunca se recuperan.”

Y, para terminar, un comentario de Mises sobre el patrón-oro:

“El valor del dinero no es ‘estable’, por supuesto, bajo el patrón-oro. Pero, ‘valor estable’ es, después de todo un concepto vago e impreciso. Sólo en una economía estacionaria, en el sentido estricto en el cual todo es igual mañana y pasado mañana de lo que fue ayer y anteayer, tendría precios sin cambios y, por consiguiente, un dinero con poder adquisitivo estable. El logro del patrón-oro es que libera al poder adquisitivo del dinero de la unidad monetaria en mayor medida de los factores políticos que la influencian de lo que sería el caso bajo cualquier otro sistema monetario posible.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

ASALTO LEGAL:

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

En esta nota me refiero a los políticos que permanentemente recurren a la fuerza para expandir las funciones gubernamentales que dicen es para el bien de la gente, no solo más allá de los atributos esenciales en el contexto de un sistema republicano sino en abierta contraposición a esas facultades puesto que no se limitan a proteger derechos sino que los invaden.

 

Es del caso recordar al abrir esta nota que la primera moneda de un centavo estadounidense (el penny) que fue diseñada por Benjamin Franklin y acuñada en cobre en 1787 tenía como leyenda mind your business (ocúpese de lo suyo), léase no se entrometa en lo que es de otros, un consejo, sabio por cierto, aplicable a todos y especialmente dirigido a los gobernantes para que se circunscribieran a garantizar derechos de los gobernados en consonancia con el espíritu y la letra de los Padres Fundadores de aquella nación.

 

Según el célebre Robert A. Nisbet en su ensayo titulado “El nuevo despotismo”, nada hay más peligroso para las libertades de la gente que cuando un gobierno expande sus funciones en nombre del humanitarismo y la bondad. Consigna que habitualmente la gente está en muy guardia frente a los avances del mal declarado pero los encuentran desarmados física y moralmente cuando se sostiene que la política que se encara es para el bien de la sociedad. Sostiene que se prepara el camino al despotismo cuando se ceden libertades frente al discurso político de la comisión y el desinterés con que se invaden espacios privados supuestamente para el bien de los receptores (por supuesto, siempre con coactivamente con el fruto del trabajo ajeno).

 

Nada hay más destructivo que los consejos de quienes apoyan y fomentan nuevas incursiones del Leviatán en las vidas y haciendas de los demás y, como queda dicho, más peligroso aun si se envuelven en el manto de la misericordia y la benevolencia. Estos sujetos siempre hablan recurriendo a la tercera persona del plural, nunca asumen directa responsabilidad por lo que consideran hay que hacer, no usan la primera persona del singular.

 

Es de esta vertiente de donde surgen medidas tales como la guerra contra las drogas, la seguridad social obligatoria, la manipulación monetaria, el incremento de los impuestos, la deuda pública, las mal denominadas “empresas” estatales, la redistribución de ingresos, los aranceles aduaneros, el control de precios, el matrimonio civil consagrado por el gobierno y demás sandeces que nada tienen que ver con gobiernos limitados a proteger derechos. Ya autores como James Buchanan y Gordon Tullock han puesto al descubierto el cinismo de los políticos que se dicen sacrificados por los intereses de la gente y que denominan “gestionar” el desconocimiento más grosero de los derechos a la vida, a la libertad y a la propiedad tal como rezaban todos los documentos de una sociedad abierta.

 

Es de desear que finalmente produzcan cansancio y repugnancia los carteles que pululan por doquier de políticos con sonrisas estúpidas siempre prometiendo que se terminará con la corrupción, la injusticia y la inseguridad que han promovido sus antecesores en una rutina demoledora de calesita perpetua.

 

El principio básico de una sociedad abierta consiste en que cada uno asume la responsabilidad por lo que hace y por lo que no hace. Los gobiernos no son tutores o curadores de los ciudadanos, existen solo para proteger derechos, es decir, que cada uno pueda hacer lo que le plazca con su vida  y propiedad siempre y cuando no lesione derechos de terceros. Tengamos presentes los experimentos mortales de los maoísmos, nazis, stalinistas, guerrillas-terroristas latinoamericanas y sus múltiples imitadores, todo para fabricar “el hombre nuevo” y la felicidad terrenal (que como ha escrito Hölderlin: “Lo que siempre ha convertido al Estado en un infierno en la tierra ha sido precisamente que el hombre lo ha tratado de convertir en el cielo”).

 

Igual que argumentaban Burke, Spencer, Tocqueville, de Jouvenel, Hayek, Friedman, George Stigler, von Mises, Rothbard, Kirzner, Sartori y tantos otros economistas y filósofos políticos, es perentorio pensar en nuevos y más eficaces límites al poder al efecto de minimizar los abusos del poder político que estamos viendo en todas partes para que el “nuevo despotismo” que sigue las líneas principales de la “vieja monarquía absolutista” no termine por imponer dictaduras electas o no electas que aniquilen las autonomías individuales y, por ende, la condición humana.

 

Vamos a la raíz de tema considerado. En el instante en que en esferas gubernamentales comienza el debate sobre la conveniencia para las personas de manejar sus vidas de tal o cual manera, el tema se ha salido de madre: es del todo improcedente y es impertinente e insolente que tal discusión tenga lugar desde el vértice del poder. En todo caso son temas a tratar en el seno de la familia, de amigos, consultores o eventualmente con los médicos que la persona elija (si es que decide consultar al facultativo) pero no es tema de debate en las esferas políticas para concluir como administrar las vidas de otros compulsivamente: la administración de sus finanzas, su salud y demás asuntos personales. Y no es cuestión de si es verdad o no que la elección de activos monetarios o tal o cual dieta es o no perjudicial para el presupuesto personal o para la salud, hay un asunto de orden previo y es el respeto irrestricto por la forma en que cada cual maneja sus asuntos personales.

 

La arrogancia del poder es fenomenal, no solo pretenden jugar a Dios sino ser más que Dios puesto que en las religiones convencionales nos da libre albedrío al efecto de la salvación o la condena, mientras que los megalómanos instalados en la burocracia teóricamente quieren la salvación (o, por lo menos, alegan tal fin)…es, en definitiva, un asalto legal. Nadie puede ser usado como medio para los fines de otro no importa cuan bondadoso se crea quien procede de ese modo y lo mucho que estime está haciendo el bien, si actúa contra la voluntad de una persona pacífica la está violando en sus derechos y ha recurrido a la fuerza agresiva lo cual es inaceptable.

 

Para tomar solo una parte pequeña de El hombre rebelde de Albert Camus es conveniente subrayar que el autor apunta que “hay crímenes de pasión y crímenes de lógica” y en este último caso se pone como coartada la filosofía para sustentar la tiranía que se impone en nombre de la libertad. Asimismo, señala que muchos pretendidos cambios que aseguran es para bien de la gente en verdad liquidan derechos, como cuando describe el alarido de Marat: “¡Oh, que injusticia! ¿Quien no ve que quiero cortar un pequeño número de cabezas para salvar muchas más? […] El filántropo escribía así”.

 

Reiteramos que los espacios privativos del individuo no están sujetos a procesos electorales sino reservados al entendimiento y a la conciencia de cada cual. Para convivir civilizadamente se requiere respeto recíproco, lo cual a su vez reclama marcos institucionales que protejan y garanticen derechos para que cada uno administre su vida, pero de ningún modo para que los gobernantes -no importa el número de votos con los que hayan asumido- son para manejar los destinos individuales de quienes no infringen iguales derechos del prójimo. Nuevamente decimos que lo que le hace bien o mal a los mandantes no es materia de discusión en las esferas políticas.

 

Como hemos puntualizado antes, cabe en una sociedad abierta que se establezcan asociaciones de socialistas que lleven a la práctica sus ideas en la zona que hayan adquirido lícitamente, pero sin comprometer la suerte de quienes mantienen el sentido de autorrespeto, respeto a los derechos inalienables del prójimo y, sobre todo, de dignidad (ser digno de la condición humana), es decir, la imperiosa necesidad de ser libres que consideran como su oxígeno vital e irrenunciable. Es en esta dirección del pensamiento que con toda razón ha sentenciado Tocqueville y que tantas veces hemos citado: “El hombre que le pide a la liberad más que ella misma, ha nacido para ser esclavo”. Es en dirección opuesta a la adoración de leyes mal paridas y contrarias al derecho que en la obra A Man for all Seasons de Robert Bolt, donde se apunta que en definitiva los gobernantes no pueden decidir en dirección opuesta a la realidad (aunque lo intentan permanentemente). Además, como se ha escrito desde tiempo inmemorial, la ley injusta no es ley, es atropello, un asalto con apariencia de legalidad.

 

Para finiquitar esta nota subrayo la imperiosa necesidad de atender la indelegable faena de cada cual de salir al cruce de las falacias comentadas, y no limitarse como dice uno de los personajes de García Márquez a “hablar mucho de nada” o alabar la insignificancia como expresa uno de los de Milan Kundera en su última obra a la que aludí al pasar en mi columna de la semana pasada. Todo en el contexto de lo que ha consignado Marx (no Karl que, en la práctica, estaba convencido de la infalibilidad del monopolio de la fuerza en manos de lo que serían sus secuaces…hasta la próxima purga, se trata en cambio de Groucho): “La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después remedios equivocados”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer rector de ESEADE.

El dólar oficial es el ilegal.

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 12/10/14 en: http://economiaparatodos.net/el-dolar-oficial-es-el-ilegal/

 

Todo sistema autocrático tiende a desvirtuar el sentido de las palabras, las vacía de contenido o les otorga un sentido inverso al que realmente tienen

Varios funcionarios del gobierno, incluyendo a la presidente, suelen afirmar que el llamado dólar blue es ilegal. Otros, como Vanoli, con más grado de obsecuencia hacia la presidente y flamante presidente del BCRA, un tiempo atrás sostuvo que dar el valor del blue es como “publicar el precio de la cocaína”. Lo curioso es que algún funcionario del gobierno acaba de afirmar que habría que permitir el consumo libre de drogas pero al mismo tiempo informar su precio sería un delito. Un mercado poco transparente el de la droga que proponen funcionarios k. En definitiva, han llegado a tal grado de locura en la defensa de un modelo que se derrumba como castillo de naipes que, a esta altura del partido, pueden llegar a ocurrir las contradicciones más insólitas.

Ahora bien, más allá del relato oficial que, como todo sistema autocrático, tiende a desvirtuar el sentido de las palabras, las vacía de contenido o les otorga un sentido inverso al que realmente tienen, en rigor es el dólar oficial el ilegal y el blue es el legal, entendiendo por legal aquellos actos que se ajustan al estado de derecho, es decir, a que el Estado uno use el monopolio de la fuerza para violar el derecho de terceros.

La razón por la cual el dólar oficial es el ilegal tiene que ver con la violación al derecho de propiedad por parte del Estado. O, si se prefiere, hay una confiscación de la propiedad privada sin indemnización previa.

En rigor la moneda no es otra cosa que un medio de intercambio. Si bien en sus orígenes la moneda era una mercadería como cualquier otra, al punto que se usaron el oro, la plata, el bronce, el cuero, los granos de café, etc. como medios de intercambio, hoy día la moneda es puro papel moneda.

Pero el punto central es que la moneda vino a facilitar el intercambio reemplazando el trueque. Yo vendo mis servicios de economista por dinero y con ese dinero le compro el pan, la carne, la ropa, etc. a cualquier persona. En el caso del trueque tendría que encontrar a algún panadero que quisiera tomar clases de economía para intercambiar su pan por mis clases de economía.

Como justamente el dinero vino a reemplazar el trueque, se facilitaron y agilizaron las transacciones. Ahora, pensemos un segundo en el trueque e supongamos que 4 toneladas de trigo equivalen 2 cabezas de ganado. Supongamos ahora que un productor local de trigo le cambia a un vecino uruguayo 4 toneladas de trigo por 2 cabezas de ganado. El productor argentino entrega el trigo y recibe las dos cabezas de ganado. El tipo de cambio oficial viene a confiscar parte de esas dos cabezas de ganado. Supongamos que el blue cotiza al doble que el oficial, si no existiera la moneda es como si el estado confiscara el 50% de la carne que recibe el exportador de trigo. Es decir, que el estado se quedara con 1 cabeza de ganado que por derecho le pertenece al productor de trigo.

Si se piensa el tipo de cambio oficial no como una moneda sino como mercaderías que se entregan a cambio de mercaderías, es decir analizamos el tema desde el ángulo del trueque, podemos ver claramente que el estado, sin ley que lo autorice, en forma arbitraria y sin ningún tipo de respaldo jurídico, utiliza el monopolio de la fuerza para confiscarle al productor una parte de su riqueza. Por eso, el dólar oficial es ilegal, porque le permite al estado confiscar sin ley aprobada por el Congreso ni indemnización previa. En otros términos, el dólar oficial es inconstitucional, viola el derecho de propiedad y constituye un robo liso y llano del fruto del trabajo de la gente, con lo cual no pueden interpretarse como políticas económicas erradas, sino que son  un abuso de poder para violar derechos individuales. Sencillamente el tipo de cambio oficial es un delito que comenten las autoridades contra quienes producen.

Para ponerlo de forma más sencilla, cuándo alguien exporta el fruto de su trabajo, ¿los dólares que reciben son del productor o del estado? Claramente que son del productor y el estado solo puede apropiarse de esos dólares actuando como un ladrón, pero amparándose en un simulacro de legalidad que denomina tipo de cambio oficial.

Por el contrario, la compra venta de dólares blue, que el gobierno denomina ilegal, es totalmente legítima. Quién tiene pesos no comete ningún delito al comprar dólares a un precio diferente al que se le ocurre al gobierno. Lo que pasa es que nos han metido en la cabeza que el estado tiene derecho a fijar el tipo de cambio y que el que no obedece es un delincuente. Una persona produce un bien, le entregan pesos por ese bien que vende y con esos pesos compra dólares. ¿Cuál es el delito? ¿Acaso los pesos que recibe el productor no son la contrapartida del fruto su trabajo? ¿Con qué derecho el estado se mete con el fruto del trabajo de la gente y le prohíbe comprar dólares porque se le da la gana o porque quiere defender el fruto de su trabajo? Por eso decía al comienzo de esta nota que los sistemas autocráticos deliberadamente distorsionan el sentido de las palabras. Lo que constituye un delito, que es lo que hacen los funcionarios públicos, pasa a ser legal en las autocracias, y lo que es legal en una democracia republicana pasa a ser un delito que cometen los ciudadanos.

Esa tergiversación del sentido de las palabras es deliberada. El autócrata tiene que construir un nuevo idioma por el cual todos los ciudadanos pasan a ser sospechosos o delincuentes por actos que son auténticamente legítimos en una democracia republicana. Pero el autócrata, para justificar el abuso en el monopolio de la fuerza que le fue delegado, da vuelta los conceptos para justificar sus actos.

En definitiva, en los sistemas autocráticos o con fuertes tendencias al autoritarismo son los actos de los gobernantes los ilegítimos. Los que constituyen delitos contra las personas, contra su propiedad, su libertad, etc. Y los actos de los ciudadanos que tratan de defenderse de esos delitos del estado, que éste pretende catalogarlos de delitos, son absolutamente legítimos. Tan legítimos que por eso sostengo que el dólar oficial es ilegal y el blue es legal.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Entendiendo al Nobel de Economía.

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 14/10/14 en: http://opinion.infobae.com/nicolas-cachanosky/2014/10/14/entendiendo-al-nobel-de-economia/

 

El Nobel de Economía fue este año para Jean Tirole (Toulouse School of Economics.) Posiblemente un nombre desconocido fuera del ambiente económico a pesar de que su trabajo ronda las 80.000 citas. Si bien el comité otorgó el premio por sus contribuciones a las regulaciones de empresas bajo poder de mercado, su trabajo es más amplio como bien señala el afamado economista norteamericano Tyler Cowen.

El tecnicismo de los trabajos de Tirole (creciente matematización en el área de organización industrial con uso de teoría de juegos) hacen que sus contribuciones sean esquivas  a la opinión pública, pero su trabajo ha sido influyente en el marco regulatorio de servicios y utilidades en varios países de Europa. En resumen, el trabajo de Tirole muestra que no se puede aplicar el mismo marco regulatorio a diversas industrias y que regular los mercados es sumamente complicado.

Entre otros avances, el trabajo de Tirole (junto a varios co-autores a lo largo de su carrera) contribuyó a modernizar los modelos de regulación. En lugar de aplicar modelos con un contexto estático, Tirole admite que el contexto bajo el cual se toman decisiones cambie al incorporar teoría de juegos. Si ante la decisión de una gran firma con poder de mercado los clientes o el estado van a reaccionar, entonces la firma (y el regulador) deben tener esto en cuenta al momento de tomar sus decisiones.

El blog Marginal Revolucion del propio Tyler Cowen y Alex Tabarrok ofrece algunos ejemplos de las implicancias de su trabajo. En especial, por qué precios que a primera vista parecen ineficientes o discriminatorios, de hecho no lo son. A continuación tres casos que ilustran el trabajo que le mereció el Nobel al economista francés.

Renegociación de contratos

Si un gobierno contrata a un monopolista para que le provea bienes o servicios, al menos una de las partes tiene incentivos a romper el contrato para obtener mayores beneficios. Supongamos que el contratista, sabiendo que es el único oferente, decide apartarse del contrato y cobrar extra al gobierno, por ejemplo, por entregar el producto a tiempo. El contratista sabe que el gobierno, al no poder recurrir a otro proveedor, preferirá pagar el costo extra. De este modo el contratista gana terreno sobre el beneficio de su cliente.  Si en cambio el contrato resulta en grandes beneficios para el contratista, puede ser el estado quien luego de haber firmado el contrato retacee el pago. Dado que  el contratista no puede conseguir otro cliente, bien puede elegir reducir sus ganancias que abandonar el acuerdo por completo. Como diseñar estos contratos es uno de los casos en los que el trabajo de Tirole arroja luz. Por ejemplo, esto ayuda a entender por qué en algunas ocasiones el contratista recibe un acuerdo notablemente beneficioso. El miedo a perder la renta lo lleva a no apartarse del contrato pidiendo desembolsos extra o argumentando que han subido los costos.

Plataformas de mercado

Un mercado de plataforma es aquel donde una firma (Firma 1) diseña una “plataforma” sobre la cual tiene que hacer converger dos agentes económicos. Imaginemos el dueño de un bar (Firma 1) que ofrece la plataforma donde solteros y solteras pueden encontrarse. Dado que el proveedor obtiene beneficios de la participación de dos grupos, ¿cómo debe cobrar los servicios a cada uno de ellos? ¿Es discriminación cuando un bar no cobra entrada a las mujeres pero sí a los varones, o es una decisión de “eficiencia económica” donde por un motivo u otro se cobra más a un cliente que al otro? El problema es que el precio que el proveedor de la plataforma pide a uno de los participantes puede afectar la participación del otro participante por lo que la estrategia de precio al cliente A depende de la estrategia de precio al cliente B (y viceversa). Si los clientes masculinos del bar están dispuestos a pagar una entrada para buscar pareja, el dueño del bar puede maximizar sus ingresos cobrando entradas sólo a un grupo.

Otro ejemplo puede ser el de un centro comercial (plataforma) donde las grandes marcas pagan menores alquileres que las marcas menos conocidas. El objetivo de esto no es discriminar a favor de unas en contra de otras, es la capitalización que la marca conocida hace de atraer clientes al centro comercial beneficiando a las firmas menos conocidas. Lo que la marca conocida atrae es justamente el negocio al traer sus clientes. El proveedor de la plataforma se beneficia de este capital de la marca conocida al ofrecer un espacio común a las marcas menos conocidas, que pagan un premium por tener acceso a una población de potenciales clientes mayor. Un diario (plataforma), tiene dos clientes, los lectores y la venta de publicidad. Es factible que el diario maximize sus ingresos vendiendo el mismo a pérdida a los lectores para maximizar su llegada y obtener mayores beneficios por la venta de publicidad. Lo que a los ojos del regulador puede ser una actitud discriminatoria por parte del proveedor de la plataforma no es otra cosa que el resultado de capturar en los diferenciales de precios maximización de ganancias y diversas cualidades (como la capacidad de atraer clientes al centro comercial.)

Motivación Intrínseca y Extrínseca

En economía se sostiene que los incentivos definen el comportamiento de los agentes económicos. Pero en uno de sus papers más conocidos, Tirole sostiene que puede haber asimetría entre el incentivo esperado de quien impone una regla y quien la recibe. Un padre puede intentar incentivar a su hijo a obtener altas calificaciones en matemática ofreciendo un premio monetario. La intención de la regla es incentivar el estudio, pero la interpretación del hijo puede ser diferente. El hijo puede interpretar que él no tiene las cualidades para obtener una alta calificación por lo que intentará obtener el premio pero no volverá a tomar un curso de matemáticas, puede interpretar que el padre no confía en su juicio o hasta que está intentando controlarlo monetariamente. Si bien el incentivo está presente, la interpretación de la regla depende del contexto y es susceptible de variar según como sea subjetivamente interpretada por cada agente económico. El problema, por lo tanto, ya no es sólo de incentivos, sino de cómo garantizar que el mismo será interpretado de acuerdo a la intención original.

Los avances de Tirole no se limitaron al ámbito puramente teórico, sino que han influenciado en el marco regulatorio de diversos países. En un contexto donde la excesiva regulación en Argentina sólo tiene fracasos para mostrar, el trabajo de Tirole puede servir de recordatorio de los complicado que es regular mercados que a primera vista parecen cometer injusticias o discriminaciones.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver. 

Prólogo a “Las tribus liberales”.

Este es el prólogo, escrito por Carlos Rodriguez Braun, al libro: “Las Tribus Liberales” de María Blanco. Fué publicado en. http://www.carlosrodriguezbraun.com/uncategorized/prologo-a-las-tribus-liberales/

 

A propósito de las absurdas reivindicaciones de quienes pretenden monopolizar las esencias, mi buen amigo, el economista e historiador asturiano Manuel Jesús González –discípulo de Pedro Schwartz, como María Blanco y quien esto escribe– solía relatar un delicioso cuento sobre la confusión que se produce cuando, tras la muerte inesperada de un individuo, sus familiares se precipitan a solicitar los servicios de un sacerdote para que rece un responso en casa del difunto.

Con las prisas, resulta que se lo piden a dos religiosos y finalmente acuden ambos, que no se conocen personalmente y ninguno de ellos sabe que no es el único oficiante presente en el domicilio. Tiene lugar entonces la siguiente fantástica escena. Se levanta uno de los curas y proclama:

–Yo soy la Resurrección y la Vida.

Ni lerdo ni perezoso, se incorpora el otro y subraya:

Yo soy la Resurrección y la Vida.

Pues bien, a veces sucede entre los liberales, igual que entre los partidarios de cualquier otro sistema de ideas, que se entablen agrios debates cuyo objetivo no es desentrañar la verdad o refutar el error sino discernir la pureza de sangre y dictaminar si tal persona o grupo es más o menos liberal que otro. El apego a las etiquetas es una majadería en cualquier caso, pero padece tintes particularmente ridículos en el de los liberales, cuyas diferentes “tribus” compensan con gran entusiasmo el escaso respaldo de que gozan numerosas de nuestras teorías y recomendaciones en la política, la Universidad, la cultura, los empresarios, los sindicatos, y el público en general.

María Blanco, profesora en la Universidad San Pablo CEU, se aleja prudentemente de estas disputas provincianas, con frecuencia mezquinas y siempre absurdas, como las del desopilante Frente Popular de Judea en la película La vida de Brian, que retrata con certeza la estéril división entre militantes de diferentes facciones hebreas que dedican la mayor parte de sus energías a combatirse entre sí, en vez de oponerse a un Imperio Romano, al que, en el fondo, no saben muy bien por qué rechazan.

El objetivo de la doctora Blanco no es expedir carnés sino contar, con la cercanía de un texto que tiene bastante de autobiografía, quiénes son los liberales, qué piensan, qué aconsejan y por qué. Su destreza como historiadora del pensamiento económico queda patente cuando apunta los grandes trazos de las diversas ramas del liberalismo, que tiene, por cierto, un distinguido antecedente en España con los llamados escolásticos tardíos de la Escuela de Salamanca.

Pero la autora no es sólo una profesora y una estudiosa sino que también se mueve con solvencia en el ámbito de los medios de comunicación y de la divulgación de las ideas, y esto se nota en su estilo ágil y grato, que hace que este libro pueda ser leído con entretenimiento además de con provecho de un tirón.

La combinación de ambas habilidades explica que en apenas un centenar de páginas pueda abordar de manera razonable y ajustada el grueso de los principales temas del liberalismo, y sus principales protagonistas e instituciones. No puede entrar, lógicamente, en muchas profundidades, pero el retrato general está más que aceptablemente completo.

Algunos aspectos me han gustado especialmente, como su análisis del liberalismo desde el punto de vista femenino, y sus reflexiones sobre el poderoso  atractivo del socialismo y sobre por qué los liberales somos habitualmente objeto de tanto recelo.  Es de aplaudir también que no le eche la culpa de tamaño desapego a los demás sino a nosotros mismos, y que no rehúya asuntos delicados como el aborto o las drogas.

María Blanco plantea muchas y perceptivas preguntas. No tiene, ni pretende tener, todas las respuestas. Más aún, a menudo, como les sucede a los testigos de “En el bosque”, el célebre relato de Akutagawa, las respuestas que sí tiene no coinciden. Pero ya advirtió sabiamente  Ortega que una cosa son las personas de una escuela y otra cosa es un grupo de gramófonos.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Argentina entre los 10 países con menor libertad económica del mundo.

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 14/10/14 en: http://economiaparatodos.net/argentina-entre-los-10-paises-con-mejor-libertad-economica-del-mundo/

 

El 7 de Octubre el Fraser Institute dio a conocer su reporte anual 2014 sobre libertad económica que cubre un total de 152 países. El Economic Freedom of the World, junto al Index of Economic Freedom elaborado por el Heritage Foundation y Wall Street Journal deben ser los dos indicadores más conocidos de libertad económica que hay disponibles. Que Argentina posea una baja calificación relativa en este indicador no es novedad. En los dos últimos reportes Argentina se ubicaba como la decimoquinta economía menos libre entre los países observados. Lo que es novedad en el último reporte es que Argentina cae al puesto 149 de 152 países. Es decir, Argentina se ubica como la cuarta economía menos libre del mundo. Debido a que los datos que el Fraser institute utiliza para elaborar el índice llevan tiempo en publicarse, cada reporte posee resultados de hace dos años. Es decir, el reporte del año 2014 posee calificaciones para el año 2012 (este “delay” es normal en este tipo de indicadores.) Lo que este indicador muestra, entonces, es un serio deterioro en las instituciones económicas luego del 2011: En un solo año Argentina retrocedió 11 lugares. Mientras Argentina cae a los últimos puestos y no se ven signos de liberar la economía del 2012 en adelante, organizaciones como Carta Abierta afirman que al país le falta regulación económica. Estas aseveraciones ponen de manifiesto la desconexión con la realidad Argentina en un contexto mundial por parte grupos afines al Kirchnerismo. Ciertamente, como todo índice, el mismo no es perfecto. No obstante, ofrece una guía sobre el la inclinación relativa de distintos países hacia instituciones de libre mercado cuyos resultados se condicen con lo que se espera sean economías más y menos libres. Preguntarse si la posición 149 en el ranking es precisa es quedarse con el árbol y perderse el bosque. Lo importante es la ubicación “general” de Argentina en el ranking y la tendencia en el mismo. Desde el año 2001, cuando se ubicaba en el puesto 54, Argentina cae de manera sostenida en el ranking.

Las 10 economías menos libres en el reporte 2014 son (1) Myanmar, (2) República Democrática del Congo, (3) Burundi, (4) Chad, (5) Irán, (6) Algeria, (7) Argentina, (8) Zimbabue, (9) República del Congo, y (10) Venezuela. Como se puede apreciar, los países que acompañan a Argentina se encuentran lejos de ser la Alemania o Suiza al que Cristina Kirchner hizo referencia como modelos de país. De hecho, de los países observados, la Venezuela que es fruto de admiración Kirchnerista se ubica en el último puesto. Según el reporte (p. 29), la caída de Argentina en el 2012 se debe principalmente a un deterioro del sistema legal y la protección de los derechos de propiedad (cepo al dólar, etc.), en la restricciones al comercio internacional (debido a la DJAI, etc.), y a la aparición del mercado informal del dólar. Es cierto, sin embargo, que el nivel de vida de Argentina es superior al de países como Chad o Myanmar, pero ese no es el punto de los índices institucionales. Estos indicadores no buscan medir la calidad de vida, sino que informan sobre el marco institucional dado que esto define el nivel de desarrollo económico de largo plazo. La instituciones de un país informan sobre la trayectoria de largo plazo y no sobre la situación económica actual.

Por ello este tipo de indicadores son relevantes y los economistas insisten tanto en la importancia de las instituciones. La comparación entre Corea del Norte y Corea del Sur ofrece un caso único. Son dos países con la misma cultura, mismo lenguaje, y misma historia hasta su separación en 1945. Casi 60 años de dos coreas con distinto marco institucional muestran las inocultables diferencias económicas. No obstante, Corea del Norte no puede alcanzar el nivel de vida de Corea del Sur de la noche a la mañana cambiando su política económica, necesita cambiar su marco institucional y esperar que el crecimiento que no ha tenido en 60 años se materialice. Este efecto de largo plazo que las abstractas instituciones tienen sobre los países pueden hacernos perder la conexión causal dado que los cambios institucionales del presente pueden tener efectos varios años por delante. Imaginemos que congelamos el grado de libertad económica de todos los países por cincuenta años. ¿Dónde creemos que se encontrará el nivel de vida relativo de Argentina cinco décadas más tarde? ¿Más cerca de Venezuela y Zimbabue o de Alemania y Suiza?

En esta nota comento sobre diversos resultados económicos y sociales de países con economías libres y economías reprimidas. En esta ocasión sólo quiero reproducir tres resultados centrales y ofrecer luego un comentario final. En primer lugar, los siguientes gráficos (pp. 21-22) muestran que al tomar la totalidad de la muestra (152 países) en lugar de elegir un par (por ejemplo Argentina y Chile) (1) los países más libres poseen un mayor ingreso per cápita (ajustado por costo de vida) que los países menos libres, (2) que las economías más libres crecen más rápido que las economías menos libres [un plazo de 10 años] y (3) que la distribución del ingreso no depende de la libertad económica. Es decir, las economías no sólo son más ricas y crecen más rápido en promedio, sino que el argumento de que el libre mercado genera crecimiento con exclusión no se sostiene si miramos la totalidad de la muestra en lugar de seleccionar unos pocos países. Si el libre mercado generase crecimiento con exclusión, entonces la participación sobre el ingreso del 10% más pobre no podría mostrar valores similares para los distintos grupos de países según su libertad económica. No obstante estos resultados, diversos movimientos que se oponen a las economías libres sostienen que el modelo a adoptar es uno como socialismo de Noruega, el Suecia, o el Finlandia. Sin embargo, Noruega, Suecia, y Finlandia se ubican en los puestos 30, 32, y 10 de países con mayor libertad económica respectivamente. Los tres países “socialistas” se encuentran en el cuartil de las economías más libres del mundo. Los países calificados de “socialistas” por los críticos del libre mercado resultan tener economías bastante libres en el contexto mundial.

 

Si usted va a ser pobre y sabe que va a pertenecer al 10% de la población más pobre, no importa si vive en una economía libre o en una economía reprimida, su grupo va a recibir alrededor del 2.5% del ingreso total del país. Pero si vive en una economía libre su ingreso anual va a ser de $11,610 contra $1,358 en una economía reprimida. Si usted sabe, entonces, va a ser pobre, ¿en qué país prefiere vivir? Si su respuesta es en una economía libre, entonces debe saber que desde la crisis del 2001 que Argentina persiste en ir en sentido contrario hasta haber alcanzado el fondo del ranking en el 2012.

Por último, en Argentina términos como “libre mercado” son tratadas casi como una mala palabra, especialmente desde la crisis del 2001. Peor aún es el caso de los términos “capitalismo” y “neoliberal.” Parte de esta situación se debe al asociar erróneamente la década del 90 con un modelo de libre mercado neoliberal. Los resultados están a la vista. Argentina ha logrado ubicarse entre los últimos puestos de uno de los indicadores más utilizados y respetados internacionalmente en trabajos de investigación. Mientras Argentina y la clase dirigente no entiendan que no se puede ser Alemania o Suiza adoptando las instituciones bolivarianas del Socialismo del Siglo XXI el país podrá oscilar entre mejores y peores gobiernos, pero no podrá cambiar su trayectoria de largo plazo. Argentina no necesita un cambio de “modelo” o de gobierno, Argentina necesita una seria reforma institucional. Para que la clase política dirigente ofrezca un cambio de esta magnitud, la opinión pública se lo debe exigir.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver. 

El monopolio de la compasión.

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 13/10/14 en: http://www.lanacion.com.ar/1735043-el-monopolio-de-la-compasion

 

La pretensión de que sólo el estatismo es sensible al dolor de la pobreza, conspira contra las sociedades abiertas y destruye los incentivos para producir, imprescindibles para el desarrollo.

Resulta escandaloso que los estatistas de nuestro mundo pretendan ser los únicos que cuentan con el sentimiento de compasión hacia los pobres y los que sufren. Como es sabido, compasión significa la participación en la desgracia, compartir el dolor, ser solidario en la tragedia ajena, conmiseración con la pena del otro, sentir como propia la aflicción del prójimo.

Estos sentimientos nobles están presentes en toda persona de bien, nadie puede ser indiferente al padecimiento ajeno. No es patrimonio de cierta corriente de pensamiento. La cuestión de fondo radica en saber cuáles son los medios para aliviar esa situación.

En cualquier caso, la limosna propiamente dicha, la entrega de recursos materiales a la persona necesitada, es un camino. Pero el camino más potente estriba en ayudar a que se comprendan las recetas para el mayor bienestar posible por aquello de que “enseñar a fabricar una red de pescar es más ayuda que regalar un pescado”. Lo primero perdura en el tiempo, mientras que lo segundo se agota cuando se ingiere el alimento (Santo Tomás de Aquino incluye el “enseñar al que no sabe” en la categoría de limosna que denomina “espiritual”).

En ese sentido, por mejores que sean las intenciones (recordemos que “la ruta al infierno está pavimentada con buenas intenciones”), el conspirar contra las sociedades abiertas destruye la creatividad y los incentivos para producir.

¿Cuántos intelectuales del liberalismo y equivalentes han venido trabajando sin cesar desde tiempo inmemorial en pos de valores y principios que mejoran las condiciones de vida de los más débiles? ¿Acaso puede decirse con algún dejo de rigor que los estatistas siempre autoritarios realmente son compasivos de las desgracias ajenas? ¿No son suficientes las experiencias fallidas de megalómanos que con la mayor de las arrogancias han alegado el bienestar de la gente, pero la han hundido en la miseria, al tiempo que con machacona frecuencia se han alzado con dineros públicos en el contexto de una farsa macabra?

Como tantas veces hemos reiterado, además de la necesidad de abrir de par en par las puertas de la creatividad que sólo se logra con marcos institucionales civilizados, quienes consideran que hay que adelantar los tiempos y ayudar a los desamparados de inmediato deben recurrir a la primera persona del singular y proceder en consecuencia o reunir interesados en colaborar con ese muy noble propósito. Lo que no es conducente es recurrir a la tercera persona del plural y pretender arrancar el fruto del trabajo ajeno para tal fin. Siempre que se dice que el aparato estatal debe ocuparse del asunto, hay que preguntar a cuáles vecinos hay que sacarles por la fuerza sus recursos. Esto es lo que suelen hacer los políticos en funciones, mientras acumulan canonjías.

Por otra parte, debe tenerse presente que la caridad y la solidaridad aluden a lo realizado voluntariamente, con recursos propios y, si fuera posible, de modo anónimo. El sustraer billeteras y carteras ajenas compulsivamente no es caridad ni filantropía, sino que se trata de un atraco. Este procedimiento degrada y prostituye la sagrada idea de caridad y se convierte en la mayor de las hipocresías.

Es de interés repasar lo ocurrido en muy diversos países antes de la irrupción del mal llamado Estado Benefactor (como queda dicho, el uso de la violencia es incompatible con la beneficencia). La cantidad de asociaciones de inmigrantes, cofradías, montepíos, fundaciones filantrópicas era notable y para los propósitos más diversos. Luego el ogro filantrópico confiscó jubilaciones e impuso el resto de la batería de medidas estatistas, con los resultados por todos conocidos.

No resulta posible ayudar a que las cosas mejoren si se destruye el derecho que, precisamente, permite incrementar las inversiones que, a su vez, es lo único que hace que se eleven salarios e ingresos en términos reales. La referida demolición ocurre cuando se proclaman pseudoderechos. Esto es así porque la contrapartida del derecho siempre implica una obligación. El que alguien gane cierto monto con su trabajo conlleva la obligación universal de respetar ese sueldo, pero si se alega un ingreso que no se obtiene y el gobierno otorga esa suma, necesariamente quiere decir que otros tendrán la obligación de proporcionar la diferencia, lo cual naturalmente significa que se lesionan sus derechos, por ello se trata de pseudoderechos (aspiraciones de deseos a espaldas del derecho).

Como también es sabido, el socialismo, en cualquiera de sus ramas, en mayor o menor grado, apunta al debilitamiento cuando no la eliminación de la propiedad privada vía el engrosamiento de las más extravagantes funciones del aparato estatal para manejar vidas y haciendas ajenas. Esta situación condena a todos a reducir su nivel de vida, especialmente a los más necesitados porque se contraen las tasas de capitalización.

La aludida institución de la propiedad privada constituye el arma más eficaz y en verdad única para asignar los siempre escasos recursos en las manos que mejor los administran a criterio de la gente, puesto que en el supermercado y afines votan todos los días según sus gustos y preferencias. A los que mejor los atienden los premian con ganancias y a los que no los satisfacen los castigan con quebrantos o menores beneficios. Por supuesto que lo dicho no se aplica cuando los empresarios se convierten en amigos del poder, puesto que sus beneficios los obtienen del privilegio y no del veredicto de sus congéneres, lo cual constituye una tremenda injusticia y una explotación a todas luces inaceptable.

Es muy paradójico que muchos de los que manifiestan sus preocupaciones por la condición social de otros que padecen pobrezas alarmantes se vuelquen a decididas y enfáticas recomendaciones como la redistribución de ingresos, el establecimiento de empresas estatales, reformas agrarias, control de cambios, impuestos asfixiantes, gastos siderales de los dineros públicos, deudas estatales astronómicas (internas y externas), regulaciones absurdas, entrometimientos en los precios, sindicalismos fascistas, entorpecimiento de la libertad de prensa, restricciones al comercio y a la producción, en otros términos, la imposición prepotente del Leviatán que convierte a las personas en engranajes de una maquinaria infernal que afecta gravemente la dignidad y la autoestima de quienes son honorables ciudadanos.

Tengamos en cuenta que la pobreza no se corresponde con los recursos naturales, ni con el clima o la etnia, sino con el respeto recíproco, que es el eje central de la sociedad abierta y que desaparece en la medida en que los gobiernos se extralimitan en sus funciones básicas de garantizar la justicia y la seguridad, que es habitualmente lo único que no hacen.

Países con abundantes recursos naturales como la mayoría de los africanos padecen hambrunas, pestes y miserias espeluznantes y otros países sin recursos naturales como Suiza o Japón gozan de niveles de vida muy altos. La geografía o la geología no son el problema, el tema se ubica de las cejas para arriba, es decir, en el uso adecuado de la estructura neuronal para percatarse de las ventajas de vivir en libertad, de allí la relevancia de la excelencia en materia educativa.

Desde que se comenzó a reflexionar sobre el liberalismo, las contribuciones han sido principalmente para evitar calamitosas situaciones de miseria y para que la gente pueda vivir en mejores condiciones, lo cual se logró en algunos lugares en la medida en que hubo el oxígeno del respeto recíproco en libertad. Así se hizo posible cortar de cuajo con la larga sucesión de hechos miserables que mantenían al planeta en una situación en la cual un grupo privilegiado de reyes, emperadores, sátrapas y sus cortes podían vivir con lujos a expensas de la mayoría que se arrastraba entre la mugre y la desesperanza.

No es posible que todos los esfuerzos para cambiar esta desgracia hayan sido en vano puesto que no pocos de los síntomas actuales parece que van en dirección a retrotraer las cosas a lo señalado. Por la compasión más elemental a los pobres del mundo, habría que estar en guardia frente a esta siniestra posibilidad que está avanzando a paso redoblado. Como bien se ha dicho, “el costo de la libertad es su eterna vigilancia”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer rector de ESEADE.

El dólar se esconde como la moneda de facto de Venezuela y Argentina:

Por Belén Marty: Publicado el 9/10/14 en: http://es.panampost.com/belen-marty/2014/10/09/el-dolar-se-esconde-como-la-moneda-de-facto-de-venezuela-y-argentina/

 

El uso del dólar estadounidense en Argentina y Venezuela parece extenderse en la medida en la que las monedas de ambos países se deprecian a pasos agigantados, y lucen cada vez más como una fachada para el cambio de los verdes. Sobre todo, los habitantes de estos países confían en una moneda más estable para cuidar su dinero, a pesar de que sus Gobiernos señalen como ilegal el valor y cambio libre del dólar.

En Caracas, Venezuela, Andrés* vendió en junio de este año una moto pequeña. Un vehículo escogido por muchos para poder sortear el intenso tráfico caraqueño, que además es posible adquirir a precios asequibles frente a los automóviles —que sufren de escasez.

Andrés compró dicha moto en bolívares, en una agencia, a finales de 2013 y a un precio equivalente a US$500. Pero al momento de la venta consiguió por ella $ 1.400 transferidos a su cuenta del exterior. El negocio fue un éxito. La diferencia de precio se debe a que en Venezuela los medios de transporte tienen precios de venta controlados por el Gobierno, correspondientes con el precio del dólar oficial, pero no del dólar que circula libremente.

Ante la ilegalidad, Andrés considera que no hizo ningún tipo de trampa, porque el precio de la misma moto nueva en otros países de la región era de $1.800. “La vendí al precio del mercado, inclusive con su depreciación, solo que la transacción se hizo en moneda libre, es decir en dólar negro”, explica.

Por el cepo cambiario ya casi no se consiguen carros en Venezuela. (Twitter)

Pero el documento de la notaría donde se registró la venta decía que la transacción se efectuó en bolívares por un monto equivalentes a $280. Andrés acordó con el comprador introducir un cheque con el precio que la notaría aprobaría, es decir, el valor que el Gobierno de Venezuela le da a los automóviles usados —cuestión que también se encuentra calculada y regulada—, sin embargo, dicho cheque nunca fue utilizado, y el comprador simplemente realizó una transferencia internacional a una cuenta de Andrés en el extranjero por el precio que ambos consideraron válido.

Los consumidores venezolanos realizan este tipo de transacciones al cambio de monedas estables porque los productos con precios regulados por el Estado, dentro de Venezuela, simplemente son difíciles de conseguir. Para adquirir un automóvil nuevo en una agencia se pueden esperar hasta dos años, sin tener ninguna garantía de que el vehículo llegará. En muchos casos, los funcionarios de las agencias piden cuantiosas sumas de dinero que casi duplican el precio regulado del automóvil, para vender la prioridad.

Carolina vivió una historia similar a la de Andrés. Vendió su auto, del año 2007, en $8.500 sin recibir un solo bolívar. La compradora le dio $1.500 en efectivo y mediante una transferencia internacional entregó el monto restante. A la notaría le dijeron que la venta se hizo por un monto en bolívares cercano al equivalente de $3.500. Al igual que Andrés, ese era el monto que el Gobierno imponía sobre su auto usado. “La compradora estaba encantada con mi carro. Inclusive accedió a realizar todo el pago en dólares. Además, yo necesitaba los dólares porque me iba de Venezuela, y quería íntegro el dinero, porque en bolívares se me puede esfumar de un día a otro”, relata.

Luis, un revendedor de motocicletas, asegura que es prácticamente normal que las transacciones de compraventa se cancelen en dólares. Explica que por el poco valor del bolívar su sueldo como profesional no le alcanza para mucho, a pesar de tener más de cinco años en el ejercicio. Por eso, opta por revender objetos escasos, como las motos, autopartes, o aceite de motor, entre otros. “Siempre buscando un ingreso extra, porque de mi sueldo no podría vivir”, dice a PanAm Post.

Los sueldos de recién graduados universitarios, que en la década de 1980 se acercaban a los $1.000, ahora son cercanos a los $80 por mes (al cambio libre). Por ello, en Venezuela, muchas personas como Luis mantienen un trabajo formal, pero también participan de la economía informal para anticiparse a la inflación y a la devaluación de la moneda.

La escasez juega aquí un rol fundamental, puesto que vender objetos escasos es sumamente rentable. En los barrios pobres, la reventa de productos de primera necesidad, casi desaparecidos de los anaqueles, se ha convertido en regla. Los vendedores pueden obtener hasta seis veces del precio original de un consumible como la harina de maíz blanco.

Claves para entender la huida del bolívar

Ramón Rey, economista e investigador del Observatorio Económico Legislativo de CEDICE, una asociación civil comprometida con la defensa de los derechos de propiedad en Venezuela, le señaló a PanAm Post que el sector privado del país ha cesado de producir en actividades manufactureras de forma parcial o total a causa de una centralización de la economía y el ajustado control cambiario.

“Tal cambio de paradigma se debe principalmente al establecimiento del control cambiario supervisado por la Comisión de Administración de Divisas (CADIVI) en el año 2003, organismo que introduce una burocracia cada vez más rígida para obtener dólares necesarios para la importación de materia prima, maquinaria e insumos necesarios para la producción de bienes [Actualmente la asignación de divisas se hace a través de los organismos CENCOEX (antiguo CADIVI), SICAD I y SICAD II]”.

Además, explicó que la desconfianza que tienen los venezolanos sobre el bolívar se debe a los elevados niveles de inflación que se registran en el país —61,19% es la inflación anualizada hasta agosto—, la inseguridad jurídica y los controles de precios que desincentivan la inversión en emprendimientos que requieren mucho capital.

“Efectivamente no circula la moneda estadounidense en el mercado interno, pero la dependencia a insumos y bienes extranjeros para producir o comercializar termina por hacer considerar todo gasto, costo o ingreso en términos de la divisa norteamericana”, precisó el analista.

El caso argentino: Think in dollars

Carlos, residente de la ciudad de Buenos Aires y empleado de una inmobiliaria, explica aPanAm Post que cuando se habla de comprar o de vender inmuebles se hace “en precio dólar”. “A la hora de comprar o de vender una casa o un departamento los interesados se reúnen por lo general en un banco, en una escribanía o en una cueva (casa cambiaria ilegal). Es normal que el vendedor se lleve el dinero dentro de un camión blindado, o que lo deposite en una caja de seguridad”, informó Carlos.

Las restricciones sobre la moneda extranjera implican, además, mayores riesgos al obligar a la gente trasladarse con billetes físicos, pese a ello la gente prefiere asumir el riesgo de ser asaltada que asumir la pérdida de valor de la moneda de curso forzoso en Argentina.

La cotización del dólar y del euro se publican diariamente en la mayoria de los medios. (Foto de Pantalla del Cronista)

De esta manera, si el contrato se pactara en pesos argentinos sucedería que mientras el comprador verifica que no haya un embargo sobre el inmueble, ni deuda por impuestos —un proceso que puede llevar hasta un mes—, ya no le alcanzaría la suma original para realizar la transacción, dado que el peso se habrá depreciado con respecto al dólar durante ese tiempo de negociación.

Guillermo Covernton, profesor de la Universidad Católica Argentina de la ciudad de Rosario, explicó que los argentinos se manejan en otra divisa porque, al igual que el bolívar, el peso fluctúa su valor en poco tiempo.

Las empresas también se ven afectadas por la depreciación del peso. Los planes empresariales —señala el académico— llevan tiempo desde la etapa de producción hasta la venta, y el costo de la pérdida de valor del peso los asume el productor. “Te obligan a comprar o vender como un delincuente, para recibir dólares a cambio de un bien”, indica Covernton sobre los inquisidores controles a las transacciones que no sean en moneda local.

Por supuesto, todo depende del tipo de actividad. Aquellos que se dedican a los rubros de importación tienen tres alternativas para escapar al peso argentino: La primera es dejar de importar; la segunda es postularse para un cupo del Banco Central para comprar dólares oficiales a AR$8,50; la tercera opción consiste hacer una operación a través del mercado de valores para conseguir dólares.

Dadas las trabas y demoras del Banco Central para vender divisas, la mayoría de los importadores terminan comprando lo que en la jerga argentina se denomina el “dólar contado con liqui”. Para adquirir esos dólares, el importador compra bonos argentinos que coticen en el exterior (o acciones), luego los transfiere a su cuenta broker del exterior y desde allí vende esos bonos por dólares que termina transfiriendo a su cuenta bancaria del exterior. De esta manera puede llevar a cabo la transferencia para que su proveedor libere la mercadería.

Al 9 de octubre el “dólar liqui” cotizaba en Argentina a AR$13,85, lo que significa que es más barato que el dólar blue o ilegal que se cotizaba ese día en AR$14,65. La cotización del “liqui” se se calcula mediante el costo en el que incurre el empresario al comprar el bono en Argentina y el monto por el cual lo vende en el exterior.

Para Covernton la única salida para que los argentinos empiecen a aceptar pesos en las transacciones es la estabilidad monetaria, porque de lo contrario, las empresas dejan de producir y terminan perdiendo todos en el largo plazo.

*Los nombres propios señalados en los testimonios de esta historia son seudónimos.

Con la contribución de Elisa Vásquez

 

Belén Marty es Lic. en Comunicación por la Universidad Austral. Actualmente cursa el Master en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE. Conduce el programa radial “Los Violinistas del Titanic”, por Radio Palermo, 94,7 FM.

NOVELA DENTRO DE LA NOVELA.

Por Alberto Benegas Lynch (h)

El último escrito de Valdimir Nabokov fue El original de Laura que no pudo completar antes de morir y le pidió a su mujer que quemara el manuscrito, lo cual no se atrevió a hacer cuando se produjo el desenlace fatal y, en cambio, delegó en su hijo la faena, quien tampoco procedió en consecuencia y lo publicó reproduciendo las fichas que conservaba su padre bajo el argumento de la conjetura que su progenitor procedió como Kafka con Max Brod. Una extraña psicología que suponía que el encargo no se llevaría a cabo debido a que la persona indicada no tendría el coraje de incendiar, en este último caso, las tres obras encomendadas para las llamas. Situaciones en realidad sumamente extrañas desde la perspectiva psicológica: querer y no querer al mismo tiempo, ¿piromaniacos o bomberos? Si en verdad hubo autores que querían deshacerse de sus manuscritos ¿por qué no los destruyeron ellos mismos?

 

En realidad,  el caso de Kafka no es el mismo que el de Nabokov puesto que en el primer caso el autor ya había completado las obras, mientras que en el segundo la indicación consistía en que el destino debía ser el fuego siempre y cuando la novela quedara inconclusa por su muerte (debida a un virus intrahospitalario que contrajo en una internación). De todos modos, queda el galimatías para eventualmente ser descifrado por psicólogos.

 

La referida novela póstuma e inconclusa de Nabokov consiste en una novela dentro de otra novela, una construcción también borgeana de bastante atractivo. Pero no es a esta narrativa a la que quiero aludir en esta nota sino a su formidable Curso de literatura rusa (sus clases en la Universidad de Cornell) que junto con Pensadores rusos de Isaiah Berlin estimo es lo mejor sobre la materia.

 

También en el curso de Nabokov hay “una novela dentro de una novela” en sentido figurado puesto que al dirigirse a los alumnos, describir autores y pensamientos varios, deja testimonio de su rechazo radical a los sistemas totalitarios. Sin duda no es el único escritor ruso que ha renegado con vehemencia de los sistemas donde prima la fuerza bruta y, por tanto, la negación de los derechos individuales. Lo han hecho de diferentes modos y en diferentes épocas, pero siempre con gran calado, Mandelstam, Herzen, Dostoyevski, Sakharov, Bukouvsky, Tolstoy, Solzhenistyn, Chéjov y tantos otros; unos contra el terror blanco, otros contra el terror rojo y ahora contra el estado gangsteril. En el caso de Tolstoy está implícito en sus célebres novelas, excepto en el segundo epílogo de La guerra y la paz donde se explicita pero muchos más expuestas sus ideas en Confessions y en The Kingdom of God is Within You.

 

Es largo de explicar pero Tolstoy siendo un muy aguerrido opositor a toda manifestación de poder político en una forma sumamente didáctica y enfática, se inclinaba por rechazar la institución de la propiedad con lo que su tesis necesariamente se derrumbaría. Consideraba que la propiedad derivaba de un inaceptable privilegio otorgado por los gobiernos sin percatarse del rol fundamental de esa institución en el contexto de su origen en el trabajo (véase Locke, Nozick y Kirzner en ese orden). Es que en verdad,  en su país, en gran medida, efectivamente la propiedad la daba y la quitaba el poder político (hoy sigue igual en Rusia y en otros lares). Esta incongruencia no fue óbice para los magníficos razonamientos de Tolstoy que no son ni remotamente el caso del marxismo, inconsistencia aquella que no tuvieron autores como Dostoyevski sobre quien se conjetura influyeron los dos becados por Catalina la Grande a la cátedra de Adam Smith en Glasgow (Iván Tretyyakov y Seymon Desnitsky).

 

Es de interés detenerse en algunos pasajes de Nabokov en el aludido curso, especialmente en dos de sus apartados titulados respectivamente “Escritores, censores y lectores rusos” y “Filisteos y filisteísmo”.

 

En el primer ensayo el autor se detiene a comentar las severas restricciones a los escritores en la época zarista pero consigna que nada es comparable a la insoportable y constante persecución policíaca de la pesadilla soviética. En la etapa de los zares “en sus tratos con la musa rusa fue en los peores momentos un matón, en los mejores un payaso” mientras que los soviéticos “instauraron el reinado del terror [por lo que] la mayoría de los escritores rusos marchó al extranjero […] El gobierno soviético, con una franqueza admirable, muy distinta de lo que fueron las tentativas tímidas, desganadas y confusas de la antigua administración, proclamó que la literatura era un arma del Estado”.

 

Nabokov explica un punto que a veces parece que les cuesta entender a muchos, lo cual ha sido reiterado por distinguidos pensadores como J. F. Revel y es que en lo substancial no hay diferencia entre los socialistas y los fascistas. En un caso se apunta a limitar grandemente la propiedad privada o eliminarla para que los aparatos estatales usen y dispongan de ella transformándola en “la tragedia de los comunes”, mientras que los fascistas permiten en registro nominal de la propiedad en manos de particulares pero usa y dispone el aparato estatal. Este último camino es el más empleado en el mal llamado mundo libre con el natural resultado de una socialización creciente. Pues Nabokov, referido al campo literario, nos dice que “no existe verdadera diferencia entre lo que los fascistas occidentales pedían de la literatura y lo que piden los bolcheviques […] que planifican el trabajo del escritor con el mismo rigor con que se planificaba el sistema económico del país […], a lo largo de cuarenta años de dominio absoluto, [estas clases universitarias fueron dictadas en 1958]  el gobierno soviético no ha dejado de controlar las artes jamás”.

 

En todos los regímenes autoritarios siempre se sospecha de la creatividad, de que se exploren nuevas avenidas, de la independencia de criterio. Se combate todo aquello que se desvíe de los parámetros limitados y empobrecedores impuestos por las mentes liliputenses de los jerarcas de turno. En definitiva se sospecha del pensamiento, se induce al coro y al aplauso de las nimiedades de megalómanos siempre temerosos de la libertad.

En este sentido, nuestro autor proclama que “En la filosofía del Estado no cambió un tilde cuando Lenin fue sustituido por Stalin, no ha cambiado ahora, con la llegada al poder de Jruchev, o Jruschov, o como se llame. Permítaseme citar una palabras de Jruchov sobre literatura, pronunciadas en una reciente asamblea del partido (junio de 1957). He aquí lo que decía: ´Es preciso que la actividad creadora en el terreno de la literatura y el arte esté impregnada del espíritu y la lucha por el comunismo, que infunda en los ánimos la confianza, la fuerza de las convicciones, que desarrolle la conciencia socialista y la disciplina de grupo ´. A mi me encanta este estilo de grupo, estas entonaciones retóricas, estas cláusulas didácticas, esta jerga periodística en avalancha […] el verdadero protagonista de toda novela soviética es el Estado soviético”.

 

No son pocos los que admiraban el régimen comunista que comenzó en 1917 en Rusia hasta que se percataron de las purgas, las hambrunas, los campos de concentración, el pacto con el nacionalsocialismo hitleriano y las matanzas a escala desconocida hasta entonces, pero que siguen adhiriendo al socialismo sin ver que la raíz del autoritarismo estriba en facultades otorgadas al monopolio de la fuerza para manejar vidas y haciendas ajenas, con lo que se estrangulan libertades que hacen a la condición humana y perjudican a todos, especialmente a los más necesitados.

 

Da por terminada esta clase de la siguiente manera: “Mi espíritu de lucha […] es no rendir cuantas a nadie, ser vasallo y señor de mi mismo, no doblegar ni la testuz, ni el proyecto interior, no la conciencia, a cambio de lo que parece poder y no es sino librea de lacayo; seguir tranquilo la propia senda”.

 

En el segundo ensayo anunciado -muy para el momento- el autor centra su atención (y su desprecio) en los mediocres, en los timoratos, en la vulgaridad, en los conformistas, a los “loritos” que “repiten perogrulladas y lugares comunes”, a los desesperados por la figuración en cualquier lado como sinónimo de existir, para concluir que “El filisteísmo no supone sólo una colección de ideas banales, sino también el uso de frases hechas, clichés, trivialidades expresadas en palabras manidas. El auténtico filisteo no lleva dentro más que esas ideas triviales que componen todo su ser” (recuerdo la sentencia de Mario Vargas Llosa para estos sujetos: “un hombre de superficie sin mayor trastienda”).

 

El motivo central del libro consiste en los largos y jugosos comentarios de otros autores rusos y sus obras lo cual le ganó merecidamente gran prestigio a Nabokov a lo que también agrega un estudio pormenorizado del arte de la traducción, todo en casi seiscientas páginas de la edición española de Barcelona (Zeta), escrita originalmente en inglés igual que la novela a que aludimos más arriba: “la más dulce de las lenguas” según este celebrado pensador ruso.

 

Es que el oficio de escritor, el oficio del pensamiento, resulta incompatible con la cópula hedionda que se concreta con el poder político, la independencia, que es una manifestación de la libertad, no puede escindirse del espíritu de quien escribe por vocación profesional (ni de cualquier persona decente). Los que no proceden en consecuencia son impostores que manejan la pluma para la degradación personal y para la vergüenza de los demás. Milan Kundera en La fiesta de la insignificancia le hace decir a uno de sus personajes, dirigido a casi todos los políticos y generales: “Me importan un bledo los llamados grandes hombres cuyos nombres coronan nuestras calles. Se volvieron célebres gracias a su ambición, su vanidad, sus mentiras y su crueldad”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer rector de ESEADE.

¿Cómo puede Adam Smith cambiar tu vida? Lecciones de la Teoría de los Sentimientos Morales.

Por Martín Krause. Publicado el 7/10/14 en: http://bazar.ufm.edu/como-puede-adam-smith-cambiar-tu-vida-lecciones-de-la-teoria-de-los-sentimientos-morales-2/

 

Kyle Smith publica en el New York Post una revisión del libro de Russ Roberts cuyo título es “Cómo puede Adam Smith cambiar tu vida”: http://nypost.com/2014/10/05/how-adam-smith-can-change-your-life-for-the-better/

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Dice allí:

“El rey Pirro de Epiro planeaba atacar Roma. Un confidente suyo no pensaba que fuera necesario o que saldría bien. ¿Y qué si derrotamos a Roma, qué luego? El rey dijo que atacaría el resto de Italia. ¿Y entonces? Libia y Cartago. ¡Luego toda Grecia! ¿Y entonces? ‘Viviremos tranquilos, mi querido amigo’, dijo el rey, ‘beberemos todo el día, y nos divertiremos con agradables conversaciones’.

El asesor contestó: ‘¿Y qué le impide a Su Majestad hacer eso ahora?’

Evaluar la esencia de una buena vida no parece ser una cuestión económica. ‘Cómo ser bueno’, ‘cómo ser feliz’, ‘cómo ser querido’ y (tal vez especialmente) ‘cómo ser querible’ suenan como tontos títulos de capítulos de un libro de auto-ayuda o una revista especialmente insípida. Y sin embargo son las preguntas centrales de un libro de un autor realista, amante del libre mercado, economista de tendencia libertaria, Russ Roberts.”

El libro se refiere a la conocida polémica sobre los “dos Adam Smith”, el de “La Riqueza de las Naciones” donde el individuo parece solo perseguir su interés material, y el de “La Teoría de los Sentimientos Morales” donde aparece como atento a los demás.

“EL libro menos conocido de Smith, dice Roberts, ‘me ayudó a entender mi simpatía por mi IPad y mi Iphone, cómo conversar con extraños sobre mis problemas puede calmar el alma, y cómo la gente puede tener pensamientos monstruosos pero raramente actúa según ellos. Me ayudó a entender por qué la gente adora a los políticos y cómo la moralidad es parte de la trama básica del mundo”.

Smith decía que entre nuestros principales objetivos se encuentre el de ser queridos –por lo que no solamente decimos romance sino el respeto de nuestras comunidades- y ser queribles, es decir que merecemos ser queridos. Bernie Madoff [famoso estafador] no se dormía feliz con sí mismo porque sabía que no merecía la adulación de su clientela (Madoff dijo que estaba aliviado cuando fue capturado).

¿Cómo nos mantenemos querido y queribles? Retorno de la comunidad. Y los estándares comunitarios son un orden emergente, un fenómeno vivo, democrático, de base, que funciona como un mercado.

Roberts se Maravilla cómo, en el Mercado de normas, la práctica usual de pegarle a los niños ha desaparecido. ‘Nunca he pegado a mis hijos’, dice, ‘y estoy encantado con eso. La mayoría de mis amigos tampoco lo hacen. Esta revolución silenciosa ha sucedido sin ninguna legislación.

Sucedió como Smith predijo. El hombre tiene una necesidad innata de ‘respetar los sentimientos y los juicios de sus pares; para estar más o menos satisfecho cuando ellos aprueban su conducta, y para ser más o menos dañada cuando la desaprueban’. De la misma forma que el mercado funciona en base al retorno –si el precio de la manzana sube, menos gente la compra-, también lo hacen las normas.

El mensaje de Smith, dice Roberts, fue que “siendo confiable y honesto y un amigo o pariente confiable no solamente lleva a una placentera interacción con la gente alrededor…, también mantiene y ayuda a extender la cultura de la decencia más allá de uno mismo”.

Así es como uno hace del mundo un mejor lugar: reconociendo que se es parte de un sistema y simplemente siendo una mejor persona.

Y, sin embargo, el villano de los “sentimientos morales” es el “hombre del sistema”- el que busca rediseñar todo según un plan maestro, como si la sociedad fueran piezas en un tablero de ajedrez. Esos hombres no entienden que cada pieza tiene una mente y objetivos propios, tal vez ‘totalmente diferentes de los que la legislatura quieren imponerle’, dijo Smith.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

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